De Productores a Consumidores… a Marginados

Gonzalo Salazar, junio 18 de 2018

“El ser humano es visto en su totalidad como un medio de producción.

Es a la vez capital, mercancía, trabajo y mercado. Vale sólo si funciona como capital.

Se gesta, de esta manera, un proyecto en donde es y se le trata como capital

y sólo si se reconoce como tal puede entrar en un proceso de valorización

que se toma creciente en la medida en que sea capaz de inscribirse

como necesario a un proyecto transnacional.”

Marco Raúl Mejía -Educación en las globalizaciones

La época del trabajo como principal función y obligación moral de los individuos ante la sociedad, como único medio de subsistencia de las clases empobrecidas y del proletariado, parece que ha llegado a su fin; por lo menos el trabajo como alquiler de mano de obra dependiente jurídicamente de una empresa o empleador, no está en la agenda de solución a la crisis estructural del capitalismo, al contrario, al generar puestos de trabajo estable se reducen los índices de acumulación, mientras la dinámica del desarrollo tecnológico acelera el crecimiento del desempleo estructural.

Con la biotecnología, la ingeniería genética, la robótica, la nanotecnología, la informática y la inteligencia artificial, integradas en complejos equipos industriales, en todas las áreas de la producción y de servicios, se suplanta la fuerza humana de trabajo, aunque con todo este desarrollo el capitalismo sigue necesitando de esta fuerza para existir. Razón por la cual los capitalistas orientan el desarrollo de sus negocios a reducir los costos de producción automatizando, reduciendo el valor y la cantidad de mano de obra, acumulando mercancías, promoviendo, globalizando y masificando el consumo, utilizando instrumentos ideológicos como el racismo y la xenofobia para regular la movilización y los salarios de los trabajadores.

En su etapa imperialista el capitalismo multiplicó por mil sus fuerzas productivas (conocimiento, infraestructura y tecnología) mediante la explotación de los trabajadores –fundamental fuerza productiva- como nunca lo hizo otra civilización, despojó de los medios de subsistencia a la mayoría de la humanidad, lanzándola de los campos y la periferia a las ciudades, a las fábricas, a las calles, como mano de obra semi-esclava, luego también los incluye como consumidores de la superproducción industrial y tecnológica. Este desarrollo tecnológico y científico amplía la esclavitud de las/los trabajadores; obliga a millones de pobres de los países “subdesarrollados” o dependientes, a emigrar a las metrópolis imperialistas para servir en la producción, en los servicios, en la investigación científica, en la creación de alta tecnología de los países ricos.

El desarrollo industrial de las metrópolis lo fue gracias a la mano de obra y al saqueo de materias primas y recursos naturales de las colonias y de los países dependientes. Sin embargo, hoy los países imperialistas no pueden absorber toda la avalancha de mano de obra migrante del sur, generada por la aplicación de sus modelos económicos extractivistas neoliberales o neocolonialistas, cuando no pueden garantizar el empleo calificado a sus naturales en medio de la actual crisis sistémica; los capitalistas del norte le echan la culpa de sus crisis a los trabajadores migrantes, -nunca al sistema bancario-financiero- promoviendo la tercerización, la “flexibilizaciónlaboral” y la pauperización del salario, junto al creciente desempleo estructural, dejando en la incertidumbre a las nuevas generaciones de trabajadores, quienes pasan a ser prescindibles en el mercado laboral e invisibles en las estadísticas como consumidores.

Después de haber elaborado toda una ética del trabajo, obligando a campesinos y artesanos a salir de sus espacios y ocupaciones para vender su fuerza de trabajo, creando alrededor de las fábricas un ejército de reserva laboral (obediente y disciplinado mediante el terror y el discurso moralista) disponible para ser explotado, con salarios que escasamente alcanzaban a cubrir las necesidades básicas de subsistencia, el capitalismo moderno promueve el consumismo como única forma de existir de la sociedad, en la cual la consigna es trabajar, trabajar y trabajar en las condiciones que sea necesario para adquirir el dinero y cumplir con la función de consumidor-a.  En el comienzo de la manufactura, el capitalismo instruye al obrero en la realización de una tarea; cualifica técnicamente esa mano de obra a través del estado “benefactor” en su etapa industrial, formando una élite tecnócrata, que con la automatización avanzada del años 40 del siglo pasado y la cibernética como forma operativa a distancia, (TICs) este sector técnico profesional empieza a ser desplazado, primero de sus sitios de trabajo en las plantas de producción y en las oficinas, y luego de sus empleos, echándolos al moderno sector de los excluidos o desechables del siglo XXI.

El problema central que enfrentaban los pioneros de la modernización, era la necesidad de obligar a la gente –acostumbrada a darle sentido a su trabajo a través de sus propias metas, mientras retenía el control de las tareas necesarias para hacerlo- a volcar su habilidad y su esfuerzo en el cumplimiento de tareas que otros le imponían y controlaban, que carecían de sentido para ella, la solución fue la puesta en marcha de una instrucción mecánica dirigida a habituar a los obreros a obedecer sin pensar, al tiempo que los privaba del orgullo del trabajo bien hecho, y se les obligaba a cumplir tareas cuyo sentido se les escapaba. Como comenta Werner Sombart, el nuevo régimen fabril necesitaba solo partes de seres humanos: pequeños engranajes sin alma integrados a un mecanismo más complejo. Se estaba librando una batalla contra las demás “partes humanas“, ya inútiles: intereses y ambiciones carentes de importancia para el esfuerzo productivo, que interferían innecesariamente con las que participaban de la producción. La imposición de la ética del trabajo implicaba la renuncia a la libertad.(Bauman).

El desarrollo tecnológico (diseño, automatización y producción de nuevas y más eficientes máquinas) concentró el proceso de producción en la fábrica, desplazando mano de obra del campo a la ciudad; este desarrollo es el que utiliza Frederick Taylor a finales del s. XIX para  aplicar su método mecanicista de producción para maximizar la productividad de los medios de producción (mano de obra e instrumentos de producción) industrial, dividiendo sistemáticamente las labores en una organización del trabajo, desarticulando el proceso de producción, llevándolo a tareas simples y especializadas, este método controla cronológica y cuantitativamente la producción. De esta forma el trabajador artesanal pierde el control y el conocimiento de todo el proceso de producción. Ante el rechazo de los trabajadores a este desarrollo industrial, los patronos ofrecen más pago y primas, promoviendo la formación de un sector consumista en la clase obrera.

A principios del s XX la producción industrial intensifica más la explotación profundizando y generalizando la división y especialización del trabajo, integrando el proceso de producción en cadenas de ensamble y la producción en serie en las fábricas de automóviles de Henry Ford, generando acumulación de mercancías con destino a un nuevo sector de consumidores, lo que vino a llamarse el modelo fordista de producción. Este modelo creó un nuevo trabajador especializado con una formación técnica diferente al proletario no calificado de la manufactura, que se fue perfilando como una aristocracia obrera con mejor capacidad de consumo y organizados en los modernos sindicatos de USA y Europa. Al mismo tiempo que se consolidaba el fordismo en el mundo capitalista, en la URSS se impulsaba el estajanovismo para multiplicar la producción mediante la súper-explotación “voluntaria” de los trabajadores por el capitalismo de Estado, un método que también ofrecía incentivos personales, que empezó en las minas, una forma de competencia en la productividad y en el desarrollo de las fuerzas productivas con el capitalismo.

El fordismo se fortaleció y se generalizó con la aplicación de la teoría económica keynesiana, que buscaba alternativas a la Gran Depresión de los años 30, comprometiendo al Estado como dinamizador de la economía, mediante el gasto público, y el estímulo a la productividad (modelo económico sobre el que se asentaría el Estado de Bienestar después de la segunda guerra mundial) que multiplicaría la demanda, y daría la posibilidad al pleno empleo y a la concertación de las empresas con los sindicatos. En los 50 vendría la automatización y nuevamente el rechazo de los trabajadores a esta innovación, que aceleró el proceso de producción y la dinámica de la sociedad en torno al consumo.

En los 70 del s. XX el fordismo-keynesianismo es superado por un modelo de explotación más sofisticado basado en la “cooperación de los trabajadores en alcanzar las metas de las empresas, en coherencia con el productivismo, en el que los obreros identifican sus intereses con los de la empresa, algo parecido al estajanovismo pero de compromiso colectivo con autocontrol; los obreros no solo aportan su capacidad laboral, sino también su creatividad y su multifuncionalidad para asumir cualquier tarea con tal de mejorar la calidad del producto o el servicio, en este sentido también similar al artesano que se esmera para que el producto sea de óptima calidad (trabajo en equipo, conciliación de clases); este modelo propuesto por el ingeniero Ohno y  desarrollado en la fábrica Toyota en Japón, permite la racionalización de los recursos porque no se produce para mantener existencias, sino principalmente para la demanda.

En los últimos 35 años el neoliberalismo desestructuró el proceso productivo, convirtiendo al mundo en una gran maquila, en el que la dirección es externa a las plantas de producción, que estas, individualmente solo hacen una parte del producto, o producen para transnacionales (marcas) que nada tienen que ver con los medios físicos de producción ni con el capital variable (salarios). Estas corporaciones subcontratan para cada parte de la producción y la distribución a pequeñas, medianas y grandes empresas que muchas veces operan clandestinamente, pagando salarios inferiores a los mínimos locales, utilizando mano de obra esclava, evadiendo impuestos y controles de calidad en los países donde se ubican por algún tiempo. Incluso utilizan barcos como plantas de producción, cargando materias primas y descargando mercancías terminadas en los puertos por donde pasan.

El fin último de todos los métodos de organización del trabajo en la producción capitalista es intensificar la explotación de los trabajadores, reduciendo el tiempo, los costos de producción y la mano de obra; concentrando, especializando y separando el conocimiento del proceso de producción en los ingenieros y tecnólogos en la era industrial; hoy con la cibernética, estos conocimientos se concentran en los discos duros y programas informáticos, siendo patentados y codificados cada uno de los conocimientos, procedimientos, materiales y modelos utilizados en la fabricación del producto o en la prestación del servicio.

En Colombia, como Neocolonia, se han aplicado estos métodos de explotación, predominando el fordismo por la formación económica, en la que los empresarios industriales no desarrollaron industria pesada ni tecnología de punta, (no hubo un desarrollo al estilo clásico europeo o norteamericano) sin embargo algunas grandes empresas multinacionales y una pocas “nacionales” intentaron aplicar el toyotismo sin incentivos o compensaciones a sus trabajadores, esta tendencia la llegaron a impulsar en los 80 y 90 algunos sindicalistas y ONG que se identificaban con el pensamiento socialdemócrata, los mismos que después apoyarían la flexibilización y la tercerización neoliberales.

Los trabajadores en su historia han buscado su organización y su unidad en la lucha contra la explotación y el capitalismo, han juntado sus fuerzas en la movilización, como han acogido con emoción y esperanza las experiencias, la filosofía emanada de su práctica social, de la solidaridad y la fraternidad, sintetizada en los movimientos socialista, comunista y anarquista mundial, han aprendido de sus derrotas, han alcanzado reivindicaciones para toda la humanidad. Desde la revolución francesa, pasando por la heroica Comuna de Paris, por la revolución socialista de octubre, por todas las revoluciones de los pueblos, los trabajadores y trabajadoras hasta hoy, han estado en la primera fila en el combate junto a todos los oprimidos y explotados. Aunque el movimiento obrero surge de la necesidad de la unidad y la solidaridad de los trabajadores a nivel internacional contra la explotación capitalista, siempre ha tenido influencias de las diversas corrientes políticas, tanto de la izquierda como de la derecha, (creada por la cultura Occidental eurocéntrica) que lo han llevado a su división y a defender diferentes modelos económicos y políticos.

Desde la comuna de Paris los trabajadores comprobaron que unidos a los campesinos y demás sectores populares podían enfrentar y derrotar al capitalismo, partiendo de su propia organización; formaron cajas mutuales, organizaron comités de ayuda y organizaciones que exigían mediante el paro y la movilización a los empresarios garantías laborales y derechos sociales; hasta conformar los sindicatos y TradeUnions con aportes y el compromiso de intelectuales revolucionarios como Carlos Marx, Federico Engels, defensores del Socialismo Científico, y Mijail Bakunin, representante del anarquismo, que contribuyeron a la formación política de los trabajadores y a la creación de la primera Asociación Internacional de los Trabajadores (Londres 1864-1876), con objetivos políticos en defensa de los proletarios y de los pueblos y de la lucha de estos por el socialismo; aunque estas dos tendencias diferían en la concepción y los objetivos de la lucha que llevaron a su división, (entre Marxistas y Bakuninistas en 1872)[1] esta organización fue muy activa en organizar a los trabajadores industriales de las metrópolis capitalistas, en practicar y defender el internacionalismo como herramienta en la unificación de las luchas de los trabajadores y de los pueblos del mundo.

Sin embargo dentro de esta organización se dieron luchas ideológicas y políticas que propiciaron la división por las contradicciones que se daban  en su interior, pasando de la primera a la Segunda Internacional (1889-1916), con gran influencia de la socialdemocracia, hasta la primera guerra mundial, cuando la lucha ideológica en torno a la defensa de la unidad y la solidaridad con los pueblos y los trabajadores del mundo la desarticuló, dividiendo al movimiento obrero mundial ante el compromiso de la socialdemocracia alemana de apoyar al Estado burgués imperialista, orientando a sus trabajadores a enfrentarse a los trabajadores de otros países, igualmente explotados por el capitalismo, en una guerra que destruiría a pueblos y países a favor del imperialismo que se consolidaba en Europa y Norteamérica con una nueva repartición del mundo.

En 1901 se crea la Federación Sindical Internacional, considerada opuesta a la Segunda Internacional (llamada Internacional de Ámsterdam) recogía inicialmente centrales sindicales de Dinamarca, Noruega, Suecia, Bélgica, Alemania y Gran Bretaña hasta 1945, cuando se crea la Federación Sindical Mundial (en plena Segunda Guerra Mundial); promueve la formación de la Organización Internacional del Trabajo (1919). Desde su fundación (como parte del Tratado de Versalles), la OIT se perfila como organismo rector de las relaciones laborales, definiendo derechos, normas, acuerdos, convenios –prácticamente la legislación laboral en el mundo se rige por las disposiciones y conceptos de la OIT-  pues está conformada por representantes de gobiernos, de empleadores y de los trabajadores, en la que estos son la cuarta parte en su dirección; “En 1946, la OIT se convirtió en una agencia especializada de la recién creada Organización de las Naciones Unidas”[2].

La FSM, de corte socialista, integra en su estructura ideológica y política el marxismo leninismo, la lucha contra el racismo, el apartheid, el colonialismo, el imperialismo norteamericano y el Estado sionista de Israel, sin embargo, mantiene representantes en la Organización Internacional del Trabajo, la FAO, la Unesco. Como contrapeso a la FSM, los defensores del capitalismo en el movimiento sindical crean en 1949 la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres Siols, con presencia en 148 países; conformó en su estructura organizativa, regionales para: América la ORIT (1951), Asia Pacífico APRO (1951), África (1957), Europa ERO (1950 – 1969), que han apoyado las políticas imperialistas de EUA y el proyecto neoliberal. La lucha gremial y política dentro del movimiento internacional de los trabajadores continúa, ya no por ser la vanguardia, sino, por sostener lo poco que queda de sus reivindicaciones y por enfrentar al Sistema Mundo Capitalista, junto a otros sectores populares, buscando alternativas anti sistémicas, incluyendo otras problemáticas como la ecología. Con la desaparición del Campo Socialista y la implantación de la llamada globalización neoliberal el movimiento sindical se ha visto reducido en todo el mundo, y la FSM fue perdiendo protagonismo, lo que propició la creación de la Confederación Sindical Mundial en 2006 en Viena (participaron 1700 delegados de 304 Centrales Nacionales que representaban a 168 millones de trabajadores) con la fusión de la CIOSL y la Confederación Mundial del Trabajo ((9 millones de afiliados)[3] mientras los trabajadores han perdido muchos de sus derechos y beneficios convencionales.

El movimiento de los trabajadores en el continente tuvo un gran referente de la lucha contra el capital, desde los sindicatos norteamericanos que conquistaron la jornada laboral de 8 horas, con el aporte de las mujeres obreras que también pusieron su cuota de sangre junto a los obreros de Chicago, Detroit y otras ciudades industriales, ellos enfrentaron al capitalismo oponiéndose a la cadena de producción y a la automatización de los años 50. América Latina y el Caribe tuvo sus expresiones durante el siglo XX, en las centrales de Cuba CTC, Argentina CGT, México, Brasil CUT, Chile CUT, Bolivia COB, que han sido activas en los cambios políticos de esos países, algunas con protagonismo en la movilización popular, en defensa de los intereses nacionales y en contra de las dictaduras militares y del imperialismo a partir de los años 50. Estas centrales influyeron en el resto de sindicatos del continente, especialmente en el sindicalismo colombiano, asumiéndolas la izquierda sindical como paradigma del movimiento obrero en el cambio social

El movimiento sindical en Colombia tiene en su historia varias etapas, con raíces en el movimiento de los artesanos y las Sociedades democráticas del siglo XIX y la CON (Confederación Obrera Nacional) fundada en la primera década del siglo XX, compuesta por artesanos y obreros, desde las luchas agrarias de los años 20 y 30 y el surgimiento de la clase obrera en las áreas productivas agroindustrial (bananera, azucarera algodonera cafetera), infraestructuras, obras públicas, de transportes ferroviario y fluvial,  la explotación minera y energética (petrolera) y la incipiente industria del siglo XX, que marcaron las luchas obreras por mejores condiciones de vida y de trabajo, con dos potentes instrumentos de combate: la unidad de los trabajadores y la huelga de solidaridad, enriquecidas y orientadas con el pensamiento socialista del siglo XIX y las experiencias del movimiento obrero norteamericano, europeo y especialmente de la revolución de octubre de 1917 en Rusia, (donde fueron determinantes el Partido Bolchevique y el proletariado como dirigente y vanguardia política y social) ideas divulgadas por un grupo revolucionario de la clase media intelectual, en el que participaban socialistas, anarquistas y comunistas, que integraban el Partido Socialista Revolucionario (1926). Dirigentes como Tomás Uribe Márquez, Ignacio Torres Giraldo, Raúl Eduardo Mahecha, María Cano, Vicente Adamo, recorrían el país acompañando y compartiendo con los trabajadores rurales y urbanos sus luchas, como la huelga de los petroleros en 1924, la de los bananeros en 1928 (que terminó en una gran masacre, como se repetiría después con la masacre de Cementos El Cairo), los portuarios, los conflictos de los braceros del río Magdalena, y los ferroviarios en los años 40 y 50, los corteros de caña, los cafeteros en los 50 y tantos más

El movimiento obrero enfrentó desde el principio al capital transnacional –al imperialismo norteamericano- presente en el país y la represión del Estado cipayo en defensa de esos intereses, sin embargo, los trabajadores con sus luchas alcanzaron muchas de las reivindicaciones que hoy les  quita el modelo neoliberal extractivista. En los años 30 y 40, durante los gobiernos del liberal Alfonso López Pumarejo con la presión ejercida por los trabajadores les fueron reconocidos derechos como la contratación colectiva a través de los sindicatos, el derecho a la huelga, las 8 horas de trabajo, algunas prestaciones sociales, derecho a la salud, a la educación; por esta misma época el Estado reconoció la central obrera Confederación de Trabajadores de Colombia CTC de filiación liberal, en la que también tenía influencia el Partido Comunista. La UTC, promovida y orientada por la Iglesia católica, reconocida por el gobierno conservador de la época como “oposición” a la liberal CTC, pero más por dividir y mantener en el redil del conformismo y la sumisión a los trabajadores. Ante la posición conciliadora patronal de estas Centrales, algunos de sus sindicatos, otros influenciados por el partido comunista y algunos independientes, deciden fundar la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia CSTC en 1964.

En los 60 los triunfos revolucionarios en Asia y África, los cambios políticos en Europa oriental y en la misma URSS y la división en el campo socialista (incluida China), y sobre todo la revolución cubana, influyeron  en la formación de nuevas corrientes políticas en el movimiento revolucionario internacional, por consiguiente en el sindical, llevando a la conformación de grupos y comités de estudio y trabajo sindical (CTS, CIS… trotskistas, marxistas leninistas, maoístas, castristas) en el país, dentro y por fuera de las Centrales, a la creación de  federaciones regionales y por ramas de industria y servicios, generalmente promovidas por organizaciones políticas de izquierda, que reunían sindicatos disidentes  de las Centrales oficiales, conformando un grupo “revolucionario” en lo que se llamó el sindicalismo “clasista”, “independiente” que confrontaba política e ideológicamente con la CSTC (influenciada por el Partido Comunista) catalogada por los otros como “revisionista”. Producto de esta discusión el sector socialdemócrata del sindicalismo se reúne en la Confederación General del Trabajador. Época de caloroso debate político entre los trabajadores, que, aunque divididos por tendencias políticas, confluían en las luchas por sus intereses comunes, la solidaridad y la unidad de acción de la clase obrera, con las centrales “patronales” CTC y UTC, cuyo máximo evento de unidad y acción fue el gran paro cívico de 1977. Esta gran movilización concitó a estudiantes y demás sectores populares de las ciudades, a indígenas y a los campesinos de la ANUC línea Sincelejo.

La necesidad de una central única de trabajadores, gran preocupación de la izquierda, en medio de la vorágine neoliberal, solo alcanzó para la unidad del sector independiente junto a la CSTC, acoger disidentes de la UTC, la CGT y la CTC, en la nueva Central Unitaria de Trabajadores CUT en 1986. Este sueño de la unidad total en una Central única que reúna a todos los trabajadores sindicalizados, se fue perdiendo en el tiempo, reduciéndose el sindicalismo en la actualidad a la expresión de tres pequeñas Centrales: CTC, CGT y CUT, que con todas sus taras, debilidades y limitaciones, con los vicios de burocratismo, gremialismo y corrupción de algunos de sus dirigentes, son la estructura que los trabajadores con verdadera conciencia política de clase, tienen que depurar, fortalecer, ampliar y transformar en una fuerza política y social junto a los demás sectores populares para construir una sociedad justa y solidaria.

La utópica teoría liberal de pleno empleo dejó de ser una posibilidad a partir de la automatización de las cadenas productivas de los años 50; hoy, con el desarrollo de la informática, la robótica y las telecomunicaciones, ha dejado de ser base del discurso de políticos y economistas neoliberales para ampliar la productividad, al contrario, el objetivo es la reducción del salario y del número de trabajadores en las empresas para ser exitosas y competitivas.

La “globalización” del capital y el  modelo neoliberal eliminaron el concepto de salario en las relaciones laborales a través de la flexibilización laboral, (imponiendo el “pago por prestación de servicios”) que en la práctica anula el contrato de trabajo, la estabilidad y las llamadas prestaciones sociales que formaban parte del salario. De la misma manera los trabajadores ven reducidas las posibilidades de pensionarse y de tener acceso a la seguridad social en la incertidumbre del mercado laboral. Hoy es la supuesta inversión extranjera en megaminería, commódities y las maquilas en los países de la periferia, las actividades de mayor crecimiento económico, que requieren un mínimo de fuerza de trabajo humana.

La mundialización del capital acabó con el concepto de trabajo o empleo clásico; la desarticulación del proceso de producción en la nueva distribución internacional del trabajo, distribuyendo temporalmente partes de éste en diferentes lugares del mundo (maquilas) donde la mano de obra, las materias primas y las obligaciones fiscales sean de ínfimo valor; esto descentralizó la producción industrial, intensificó la explotación de los trabajadores, la superautomatización y la administración y control de la producción a distancia mediante las telecomunicaciones y la informática; desarticulando las relaciones laborales (no las relaciones sociales de producción) reduciendo al mínimo la reglamentación laboral que garantizaba estabilidad, seguridad social y salario al trabajador-a, que tanto defendieron los sindicatos en el siglo pasado.

Este proceso en Colombia fue a la par con la reducción del Estado y la entrega de algunas de sus funciones al sector privado, entre ellas la prestación de servicios públicos domiciliarios, la administración de las pensiones y las cesantías, las telecomunicaciones y la paulatina privatización de la educación y la salud, limitándose a adecuar el ámbito jurídico -militar y represivo- para garantizar el ingreso de la inversión extranjera, para lo cual también entrega empresas altamente productivas como TELECOM, ECOPETROL y el sistema de generación y distribución de energía eléctrica ISAGEN al capital privado y transnacional (como las intenciones con ETB, EEB, EMCALI, EPM), sin embargo las empresas que aparecen a nombre del Estado ejercen sus funciones a través de terceros contratistas privados; lo que trae consigo aumento permanente de tarifas, la pauperización del empleo, la multiplicación del desempleo, la entrega de nuestros recursos naturales y energéticos a las corporaciones transnacionales y por consiguiente, más miseria.

Con las nuevas Tecnologías de la Informática y las Telecomunicaciones TIC, cualquier persona puede trabajar, (en el tiempo o la cantidad de trabajo que le exija la empresa o su jefe, al que no conoce) incluso operar equipos electromecánicos, desde su casa sin necesidad de conocer todo el proceso de producción ni a sus colegas, mientras viaja o mientras está sentado en el inodoro, trabajo en el que puede involucrar a toda su familia por la misma paga; la contratación, la supervisión de su trabajo y el pago de su salario lo hacen a través de su propio computador o su teléfono celular a sus cuentas; lo que llaman ahora teletrabajo. Igualmente, si el trabajador opera en la planta de producción, tampoco puede conocer a sus compañeros porque un día son unos y al otro día otros, que los traslada la bolsa de empleo o la CTA. A la vez que pone a competir a los trabajadores entre sí, los aísla de sus organizaciones de clase.

Los trabajadores desocupados ya no tienen posibilidad de un empleo “digno” -una falacia que justifica la esclavitud asalariada, que el gremialismo ayudó a mantener como un derecho, cuando es una imposición-. En el capitalismo ningún trabajo es digno, porque quien vende su fuerza de trabajo (física o mental) tiene que obedecer sin poder cuestionar las condiciones de su esclavitud. Entre más dinero gana el trabajador, es más explotado, entre más dinero adquiere, más esclavo se vuelve del consumismo y más individualista -si no se educa políticamente-. Ni la explotación ni el sometimiento hacen digno a nadie, al contrario, niegan la dignidad.

“Que, durante el esclavismo, la esclavitud no fuese considerada delito no implica que se acepte, mansamente, una campaña burguesa exculpadora de todo atropello contra el género humano.  Que el capitalismo no considere a la explotación como un delito, en los hechos punible, no implica que debamos entonces celebrarlo como un triunfo de la legalidad burguesa ni como un ejemplo de fortaleza moral jurídica.”[4]

La capacitación para el trabajo es otra máscara que encubre la ineptitud del sistema laboral capitalista para supuestamente ubicar al trabajador en el puesto y sueldo adecuados. Cada día surgen nuevas especialidades y carreras que no tienen utilidad para generar ingresos ni aplicación en el área laboral, solo sirven para alcanzar otro escalafón, para “actualizarse” en la materia o para complementar la carrera profesional, lo que hace que el trabajador permanezca estudiando toda la vida para ser más “competitivo” y alcanzar un nivel de vida “digno” que nunca llega –técnicos, tecnólogos, semi-profesionales, profesionales, posgrados, diplomados-. Estas capacitaciones no mejoran en ninguna medida su nivel cultural ni su conciencia social para luchar políticamente contra los causantes de su situación económica y social, al contrario, obliga al trabajador o trabajadora a someterse y aceptar esta forma miserable de vivir.

Los movimientos gremiales de los trabajadores colombianos -desde los 90-, dispersos por la disolución del pacto laboral, las políticas de flexibilización, la utilización de mecanismos no contractuales, perdieron visión y capacidad de lucha con la desaparición de la vinculación directa; entrando el neoliberalismo a administrar la fuerza de trabajo mediante la tercerización en todo tipo de empresas (CTA, Bolsas de Empleo, Contrato Sindical, Contratos de Prestación de Servicios). Más del 30% del empleo calculado por el DANE en realidad es desempleo disfrazado, cuando incluye al rebusque y el trabajo ocasional, generalmente de los y las jóvenes.

Para el trimestre móvil junio – agosto de 2013, la población de 14 a 28 años representó 32,5% de la población en edad de trabajar, su tasa global de participación fue 58,1%, la tasa de ocupación se ubicó en 48,5%, y la tasa de desempleo fue 16,4%.

 La tasa de desempleo de las mujeres jóvenes fue 21,6% y la de los hombres jóvenes 12,4%.

 El 41,9% de la población de 14 a 28 años correspondió a población económicamente inactiva.[5]

El mercado laboral es mediado por el desempleo (superior al 9% según DANE sept. 2013) y la tercerización de la economía; la mayoría de los trabajadores y trabajadoras participan en el sector terciario, mientras una minoría, en nuestro país, están vinculados al sector productivo.

En el 2002 para el caso de las mujeres el 81.3% están en el sector terciario, distribuidas en un 42.3% en servicios, 30.4% en comercio, 6.3% servicios financieros, 2% transporte y el 0.3% electricidad gas y agua. Y los hombres con un total del 69.1% en el sector terciario distribuidos en un 23.2% en servicios, 25.3% comercio, 11.6% transporte, 8.2% servicios financieros, 0.8% electricidad, gas y agua. “…el sector agropecuario y la industria manufacturera respectivamente generan 17.5 por ciento y 12.8 por ciento del total del empleo. El primero apenas creció 2.6 por ciento y el segundo decreció -0.7 por ciento.[6]

La tercerización laboral, la fragmentación del proceso productivo en la nueva distribución internacional del trabajo y la operación automática a distancia; sumado a la persecución sindical, a la despolitización de las dirigencias sindicales y a la penalización de la protesta popular, han llevado a la pérdida de operatividad, capacidad de convocatoria y de dirección, además porque los sindicatos no trascendieron la lucha económica local y por estabilidad en sus puestos de trabajo; separados del resto de trabajadores que no tienen garantías laborales ni salarios mínimos legales, ni sindicatos que los defienda; aislando así a sus trabajadores de las luchas sociales y políticas de los otros sectores populares y del movimiento internacional de los trabajadores. De defensores, organizadores y educadores, muchos dirigentes sindicales se convirtieron en negociantes de los derechos de los trabajadores, únicamente orientando sus luchas por mejoras salariales y “estabilidad” dentro de las empresas que los explotan, algunas veces aceptando el chantaje de la competencia en eficacia y productividad, algunos simplemente se conformaron con mantener el nombre del sindicato y una pequeña oficina alquilada, porque hasta la sede la vendieron. Reemplazaron las directivas débiles y entreguistas la acción directa de los trabajadores por pactos en los que fueron entregando algunas de sus reivindicaciones alcanzadas con muchos esfuerzos por todos los trabajadores; delegaron la solución de conflictos laborales en Tribunales de Arbitramento que los empresarios no respetan ni el Estado obliga cumplir. Los sindicatos se separaron del cooperativismo (les habría brindado mejores condiciones a los trabajadores en esta época neoliberal), prácticamente permitieron su extinción por el Estado;

Estas actitudes del sindicalismo nublaron la visión de su propia emancipación, olvidando la premisa de Marx: “los proletarios no tienen nada que perder, solo sus cadenas”, aunque en realidad perdieron muchos de sus derechos y aumentaron sus cadenas; pues la mayoría de los trabajadores no son sindicalizados, no trabajan en la producción industrial ni tienen derechos laborales. Los sindicatos representaron la vanguardia en las luchas populares en la época del fordismo-taylorismo dando status al trabajador industrial, después el sindicato pasó a ser una institución más dentro del Estado capitalista, con mucha semejanza con este, empezando por la representatividad, la estructura y las funciones que tiene para mantener un ambiente de beligerancia y conciliación con el Estado, quien avala como árbitro y protector, de todos los acuerdos logrados en las negociaciones que desarrolla la junta directiva, con la lucha de los trabajadores por sus reivindicaciones.

La lucha de los trabajadores alejada de los demás sectores populares, actuando exclusivamente dentro de los códigos laborales burgueses, amansa a los rebeldes; el capital los encierra con sus leyes represivas y los despoja de sus reivindicaciones; los somete política e ideológicamente,  los obliga a jugar con sus cartas, aceptando entregar sus reivindicaciones y sus puestos laborales a cambio de dinero (retiro voluntario individual y colectivo, jubilaciones anticipadas, promovidos por algunos dirigentes sindicales) como en los casos de los fueros sindicales de dirigentes consecuentes incómodos para los patronos, convirtiéndose en negocios jurídicos que permite sacar al trabajador consecuente de su puesto de trabajo y de la empresa.

En este proceso influyeron las políticas de mundialización del capital neoliberal (impulsadas por Reagan y la Tacher en los 90), aplicadas con mayor fuerza a partir del desprestigio y desintegración del llamado Socialismo Real, pues gran parte de los movimientos sociales que enfrentaban el capitalismo, lo tenían como punto de referencia y paradigma (a pesar de los errores y desviaciones). El amedrentamiento, el chantaje, la cooptación y la corrupción inducida que hace el capitalismo, de individuos e incluso sectores sociales  opositores beligerantes, termina con la desmovilización, claudicación y el desmonte de esos movimientos, en este caso el sindical.

Obtenían más reivindicaciones los trabajadores de los años 20 y 30 del siglo pasado -cuando no había tanta legislación laboral- con sus movilizaciones y paros de solidaridad, luchando contra las multinacionales y el Estado, que lo que han logrado los sindicatos en los últimos 30 años, quienes han perdido lo ganado con lágrimas, sudor y sangre por los trabajadores del mundo desde la heroica lucha por los tres ochos. Claro que hay una explicación de la tragedia que ha vivido el pueblo colombiano, especialmente los trabajadores del campo y la ciudad con los regímenes terroristas y fascistas que la oligarquía y el imperio han impuesto en los últimos 89 años mediante la violencia política y económica, desde la masacre de Las Bananeras; llegando a ser en los últimos 25 años el país que ejerce más violencia contra los trabajadores, en que se han asesinado, torturado y desaparecido a cientos de trabajadores sindicalizados por el solo hecho de defender sus organizaciones y sus derechos, pero esto no justifica la traición a los trabajadores por parte de algunos de sus dirigentes gremiales y políticos, que han cambiado sus puestos de trabajo en las empresas, por cargos burocráticos en los sindicatos y las centrales, adquiridos politiqueramente a perpetuidad (y en la administración del Estado, nombrados y electos), sirviendo de comodines al gobierno de turno, que supuestamente da participación a representantes de los trabajadores en las entidades del Estado, y que también le sirve para justificar sus políticas antipopulares, como en los casos de la imposición de la flexibilidad laboral, la aplicación de los TLC y en la “concertación” del salario mínimo anualmente.

 Violaciones del derecho a la vida, a la libertad personal y a la integridad física de las y los sindicalistas colombianos. 2011-2012

Tipo de Violación 2011 % 2012 % Variación
Amenazas 542 75,2 431 68,9 -20,5
Hostigamiento 61 8,5 49 7,8 -19,7
Desplazamiento forzado 51 7,1 90 14,4 76,5
Asesinatos 30 4,2 20 3,2 -33,3
Detención arbitraria 16 2,2 20 3,2 25,0
Atentado con o sin lesiones 12 1,7 7 1,1 -41,7
Desaparición 3 0,4 5 0,8 66,7
Secuestro 3 0,4 0 0,0 -100,0
Tortura 2 0,3 2 0,3 0,0
Allanamiento ilegal 1 0,1 2 0,3 100,0
Total 721 100,0 626 100,0 -13,2

Fuente: Escuela Nacional Sindical, Sistema de Información Sindical y Laboral (Sislab), subsistema Sinderh

La desaparición de muchos sindicatos de base o de empresa en la desindustrialización del país y la venta de las empresas del Estado, la desafiliación “voluntaria” y obligada, la no afiliación de nuevos trabajadores a los sindicatos, la no creación de mejores organizaciones gremiales por los propios trabajadores, la aceptación de los contratos sindicales, el reclutamiento por CTA y bolsas de empleo y la prestación de servicios individualmente fuera de las plantas de producción y de las oficinas, además de las causas arriba anotadas, han contribuido a que el movimiento de los trabajadores se haya reducido en su unidad, en su formación política, en movilización y en combatividad. La mayoría de los trabajadores sobreviven del rebusque y el subempleo –lo que llaman informalidad- sin ningún tipo de organización, generalmente indiferentes ante las movilizaciones de los trabajadores sindicalizados, situación que afecta mayormente a los y las jóvenes.

Por otro lado está el problema de los trabajadores pensionados y jubilados (que ganan menos de cuatro SMLV) que ven reducidas y hasta gravadas sus mesadas y aumentados los costos en salud, así mismo, los que reciben la pensión mínima -la mayoría- no puede cubrir sus necesidades básicas, pues muchos pensionados ahora tienen que sostener a sus hijos que no encuentran la forma de generar ingresos para el hogar; mientras los congresistas, magistrados y altos funcionarios del Estado multiplican a su gusto los salarios y pensiones cada vez que quieren. Las nuevas generaciones de trabajadores-as pierden paulatinamente las posibilidades de pensionarse, así aporten a fondos de pensiones. Esta situación tiene unos beneficiarios directos, los fondos de pensiones; después de ser capital social solidario de los trabajadores, fueron convertidos en fondos privados unidos al capital financiero transnacional, entrando a jugar en la ruleta de las pirámides Bursátiles, contribuyendo a financiar infraestructura en otros países y guerras, generalmente contra pueblos pobres y contra los mismos trabajadores, en este juego; los fondos de pensiones también son respaldo para deuda pública interna y externa que pueden utilizar los Fondos Buitre y los inversionistas.

“En la actualidad el 75 por ciento de las acciones de los fondos de pensiones en Estados Unidos financian empresas de guerra, es decir, por la vía de los fondos de pensiones los trabajadores pagan las guerras internacionales; vía fondos de pensiones los trabajadores adquieren deuda pública que luego van a justificar los planes de ajuste. Esta es la contradicción ideológica tan fuerte que ha logrado el neoliberalismo en el marco de su expansión; en Colombia el 50 por ciento de los títulos de deuda pública son títulos de los fondos de pensiones, y contra esto nos aplican sostenibilidad fiscal, recortes, reducción de derechos sociales.”[7]

 

La CUT, clasificada como de izquierda por la influencia que han ejercido las organizaciones y movimientos políticos de izquierda a su interior; por su combatividad frente al Estado y el sector privado, recoge a la mayoría de los trabajadores sindicalizados, entre los cuales más de la mitad corresponde a trabajadores al servicio del Estado, siendo de la FECODE (magisterio) la mayoría de integrantes de la CUT. La cantidad de trabajadores-as al servicio de la empresa privada es mínimo en las centrales de trabajadores-as colombianos, sobre todo cuando dentro de la misma central  -y federaciones-  se da la división por puestos burocráticos y de aspiraciones personales electoreras (Fecode) utilizando a los afiliados, a veces en una misma empresa existen varios sindicatos (en EMCALI hay mas de 10, algo similar ocurre en el sector aeronautico) estas prácticas son el mejor apoyo a los empresarios y al neoliberalismo. Esta situación de desprotección y dispersión de los trabajadores es consecuencia además del terror agenciado por el Estado oligárquico, utilizado por las empresas privadas en la desindustrialización y en la aplicación de las políticas neoliberales.

Número de sindicatos activos y afiliados, según clase de sindicato. A 2011

Clase de sindicato Sindicatos % afiliados % hombres % mujeres %
Sindicato de gremio 1.746 50,48 444.047 53,45 258.886 49,4 185.161 60,37
Sindicato de empresa 1.285 37,15 198.605 23,91 136.498 26,05 62.107 20,25
Sindicato de industria 414 11,97 185.703 22,35 127.119 24,26 58.584 19,10
Sindicato oficios varios 14 0,40 2.377 0,29 1.522 0,29 855 0,28
Total 3.459 100,00 830.732 100,00 524.025 100,00 306.707 100,00

Fuente: Sistema de información Sindical y Laboral (Sislab), subsistema Censo Sindical, alimentado con información suministrada por Ministerio de la Protección Social, CUT y Sindicatos.

El proletariado no ha desaparecido, al contrario, se ha multiplicado engrosando la fuerza laboral en el sector de los servicios en los últimos treinta años, se ha degradado recogiendo a gran parte de la población lanzada de sus puestos de trabajo por el neoliberalismo con sus políticas de despojo y exclusión, a las periferias de las grandes ciudades, creciendo permanentemente con los jóvenes que entran al mercado laboral, permaneciendo la mayoría en la informalidad, la indigencia y el desempleo, pasando muchos trabajadores al moderno sector de marginados y excluidos que ya no entran en las estadísticas del capital, (que no consumen, ni producen ni reproducen el modelo económico) que el establecimiento los trata como parias y lumpen prescindibles, y que a la vez le sirve a las mafias legales e ilegales de caldo de cultivo de violencia y botín politiquero  en los planes de dominación del gran capital nacional y transnacional, pues el número de ricos disminuye inversamente proporcional a como las clases medias se proletarizan. El Neoliberalismo convierte a técnicos, profesionales y mandos medios en simples trabajadores calificados en proceso de proletarización; elimina los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad; mientras la instrumentalización de la ciencia, la tecnología, y el chantaje de la supuesta superioridad de la “sociedad de libre mercado”, como medios para multiplicar las tasas de acumulación, han llevado a que el campesinado prácticamente haya desaparecido en los países “desarrollados” y que en la periferia los productores directos del agro estén en extinción mediante el extractivismo (minero y agroindustrial), la violencia y los TLC, como es el caso colombiano.

Si bien la clase obrera se ha reducido en la producción industrial, con la desindustrialización del país en los últimos 30 años, la mayoría de los trabajadores han pasado del sector primario y del secundario al sector de los servicios, en el que los jóvenes y las mujeres son la inmensa mayoría. Estos nuevos sujetos insurgen por mejores condiciones laborales y por oportunidades de empleo; la izquierda y los revolucionarios deberían multiplicar esfuerzos en su formación política, en su organización y movilización.

La organización gremial de los trabajadores es necesaria para autoeducarse y luchar contra sus explotadores, pero no los libera de la esclavitud; la lucha de los trabajadores sin visión política de clase, termina legitimando al capitalismo, renunciando a su emancipación. No debería haber exclusión en los sindicatos, de los trabajadores de la misma rama industrial que no laboran dentro de las empresas, ni trabajadores con profesión y oficios o de servicios por fuera de los respectivos sindicatos, tampoco los trabajadores pensionados, despedidos y cesantes deberían estar por fuera de sus organizaciones de clase; así como estas organizaciones también deberían incluir representantes de usuarios y o consumidores de los productos y servicios que realizan los correspondientes trabajadores. Frente a las condiciones de dominación en la “democracia” burguesa colombiana, los sindicatos deberían plantearse objetivos políticos no electoreros, más amplios y radicales junto a los demás sectores populares, recuperar el cooperativismo, promover y fortalecer la economía solidaria y comunitaria integrándose a estas con los demás sectores populares. Las luchas gremiales solo pueden ser por reivindicaciones particulares y se dan dentro del ámbito institucional del Estado, pues se trata de renegociar las condiciones de explotación y opresión cada 2 o 4 años, no de abolir la explotación; las luchas de los sectores populares y sus movimientos sociales pueden trascender el gremialismo y el economicismo si se unen y articulan sus luchas en movimientos político-sociales plurales e incluyentes o en Consejos Populares o comunales, planteándose estrategias ofensivas anticapitalistas, antisistémicas en sus resistencias, en sus territorios, realizando desde abajo un programa mínimo de transformación de la sociedad, consensuado entre todos los sectores populares

La lucha de los trabajadores no debe ser exclusivamente por el salario y la estabilidad laboral, es necesario la pelea por las 4 horas de trabajo, 4 horas de estudio, 4 horas de recreación e integración social, 8 horas de sueño y 4 de arte –creación-,  cultura y cuidado colectivo del medio ambiente, por el mismo salario, reducir el tiempo de trabajo para disfrutar de actividades intelectuales, sociales y placentero descanso, no para esclavizarse consiguiendo otros empleos para aumentar la explotación y el consumismo como lo impone el capital; ningún trabajador debería permanecer en un puesto de trabajo operando o desempeñando una misma función por más de cuatro años, su actividad laboral debería ser rotativa dentro de la misma empresa y en diversas ramas de la producción, conocer diferentes procesos productivos y o de servicios y, estudio permanente en su vida laboral. Incluso con su transformación los sindicatos podrían obligar al Estado, mediante la movilización popular, a concertar y estabilizar precios y salarios, la calidad de los productos y servicios en mejores condiciones económicas y políticas.

En esta época la lucha popular debería ser por la abolición del trabajo (capitalista) y del salario, junto a la solidaridad de clase en la lucha internacional por la redistribución equitativa de la riqueza, en la que la acción de los trabajadores es determinante para la destrucción del sistema de explotación capitalista y la construcción de una sociedad democrática, igualitaria y solidaria, en un proceso de transición fundada y sostenida principalmente fuera de la institucionalidad capitalista. Estas organizaciones en América Latina podrían movilizar a los trabajadores sindicalizados y sin organización y demás sectores populares para alcanzar algunas reivindicaciones económicas, pero enfocando sus luchas unificadas por su liberación del capitalismo, empezando porexigir al Estado actual y en un posible gobierno de transición en nuestro país hacia una democracia popular:

  • Expropiar sin ningún tipo de indemnización, entregando en propiedad colectiva a los trabajadores y a las comunidades locales, las empresas industriales, agroindustriales, mineras y de servicios de las transnacionales que hayan saqueado nuestros recursos naturales, que hayan destruido nuestra biodiversidad y nuestros ecosistemas,que hayan violado los derechos humanos mantenido a sus trabajadores explotados en la miseria y hayan financiado la guerra contra el pueblo en los últimos 60 años. De igual manera a las empresas de colombianos que hayan cometido los mismos crímenes.
  • Exigir resarcimiento social para las comunidades locales, regionales y nacional y, restauración del medio ambiente, a todas las empresas privadas y públicas, que con sus actividades productivas, comerciales y o financieras hayan afectado negativamente nuestros ecosistemas,  la salud física y mental de sus trabajadores, de la población local y la organización social de los sectores populares en los últimos 70 años,
  • establecer transitoriamente una Renta Básica familiar como existe en muchos países de Europa y América, equivalente a un salario mínimo, a los trabajadores que pierdan sus puestos de trabajo por el cierre de industrias o por el desempleo estructural generado por la innovación tecnológica, y a los que por incapacidad física no puedan trabajar, que cubra las necesidades básicas en condiciones dignas, con garantías en seguridad social, asignándoles a estas personas actividades culturales, ecológicas, educativas, comunitarias en que se puedan desempeñar, no como asistencialismo.
  • Hacer un frente común con los demás sectores populares para obligar al Estado (o al gobierno popular en transición) a apoyar, subsidiar y fortalecer las actividades en educación, salud, recreación, artísticas, en recuperación ambiental y social, generadas y desarrolladas por las comunidades en campos y ciudades, respetando su autonomía.
  • Exigir al Estado actual o al gobierno de transición promover y proteger el desarrollo de la industria necesaria no contaminante ni lesiva a los ecosistemas, especialmente asociativa, cooperativay comunitaria, apropiada al bienestar de todos los colombianos y colombianas.
  • Exigir la entrega del manejo de los fondos de pensiones y cesantías a los trabajadores y pensionados organizados en alianza con el sector solidario, comunitario, cooperativo, local y regionalmente;
  • De igual manera unir las organizaciones de los trabajadores urbanos con los productores directos del agro (campesinado y proletariado agrícola) en una lucha política por la revolución agraria y agroindustrial a partir de la ejecución de la ansiada Reforma Agraria con soberanía alimentaria

Las nuevas asociaciones integradas por trabajadores, usuarios y consumidores populares podrían plantearse una plataforma de lucha humanitaria por la desaparición de industrias y tecnologías innecesarias y peligrosas para la humanidad y el planeta, por ejemplo la explotación de minerales no necesarios para el buen vivir, empresas depredadoras y contaminadoras (minería a cielo abierto y de socavón, Industria química tóxica), la producción de autos consumidores de combustible fósil y agrocombustibles, la fabricación y utilización de armas de guerra, la producción y uso de agrotóxicos, la explotación petrolera y los bancos; lucha que debiera ser liderada por los mismos trabajadores de estas industrias y servicios; se podría exigir la utilización de robots para tareas peligrosas como la minería, la siderúrgica, la química y otras de alto riesgo. Claro que estas organizaciones ya no serían sindicatos, sino organizaciones populares por sectores de la producción y de los servicios, que podríamos llamar Asociación popular de Productores-Consumidores, Consejos Populares, o Societatos, similar a la propuesta del periódico desde abajo, que junto a los demás sectores populares sería laconstructora de una economía propia del pueblo.

Las organizaciones gremiales de los trabajadores, como sector, ya no como vanguardias individuales, sino como partes de un sujeto político colectivo, están llamadas a crear instrumentos políticos, económicos, sociales y culturales de poder popular para enfrentar al capitalismo e integrar una sociedad justa y democrática. La izquierda ha involucrado a los sindicatos en la lucha electoral como única forma de lucha política posible, apoyando sus partidos y alianzas, lo que ha llevado a algunos sindicatos a apoyar a representantes de la oligarquía. La lucha política de los trabajadores, como la de todos los sectores oprimidos y explotados debe ser por la emancipación, la libertad y la construcción de una sociedad justa y solidaria, no por el embellecimiento del capitalismo.

Esta nueva organización política-social revolucionaria, con elementos antisistémicos, (ecologista, antipatriarcal y antiautoritaria) lo más horizontal posible, que trascienda el gremialismo, requiere de la unidad con las demás clases y sectores populares, que es urgente integrar, en unidad con las organizaciones sociales, culturales, comunitarias y de autonomía como los Cabildos indígenas, las organizaciones Campesinas territoriales, los Consejos Comunitarios, las Coordinadoras Barriales y regionales, organizaciones de defensa del territorio contra megaminería y megaproyectos, asociaciones populares de productores del campo y de la ciudad, de profesionales, artistas, etc. que cumpla con las tareas de coordinación, articulación, planeación colectiva, en la construcción de la democracia popular para un mejor país, para nuestro bien vivir, para nuestro socialismo.

Gonzalo Salazar, junio 18 de 2018

[1] Algunas de las diferencias políticas e ideológicas al interior de la I AIT. Los anarquistas consideraban que la Internacional debía ser una coordinadora de movimientos revolucionarios autónomos, sin una dirección centralizada; que para los marxistas significaba una centralización unificadora, directora del movimiento obrero. Para los marxistas la historia era la historia de la lucha de clases, entre los explotados y los explotadores; mientras los anarquistas pensaban que los hombres en la lucha por la libertad, son capaces de vencer las fuerzas de la historia que se le opongan. Los marxistas veían necesario la toma del poder del Estado, bajo la dirección de un partido, instalando la dictadura del proletariado, en que era necesario el desarrollo de las fuerzas productivas para la extinción del Estado. Por otro lado, los anarquistas rechazaban todo tipo de Estado y de autoritarismo, así fuera a nombre del proletariado, sin asignar a éste el papel de vanguardia; lo que llevaría a la no participación en expresiones de la democracia burguesa como las elecciones.

[2]Página web de la OIT www.ilo.org octubre de 2014

[3]¿Hacia una nueva arquitectura sindical en América latina?AchimWachendorfer – publicado por Fundación Friedrich Ebert Stiftung en la revista Análisis y propuestas noviembre de 2007

[4]“Filosofía de la Justicia Socialista” – Fernando Buen Abad Domínguez – Rebelión/Universidad de la Filosofía – 2012

[5]DANE: Resumen ejecutivo – mercado laboral de la juventud trimestre junio-agosto 2013

[6]Escuela Nacional Sindical ENS – WWW.ens.org.co

[7]Los retos que nos plantea el capital para ser poder hoy”. Por  Daniel Libreros www.desdeabajo.infoEdición N°197 Jueves, 28 de Noviembre de 2013

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Ivan Duque, nuevo presidente de Colombia

Elecciones presidenciales 2018, Colombia: Noticia sobre esta elección presidencial

Construir un acuerdo social sobre lo fundamental

Por: Ricardo Robledo

Comentarios sin fundamento anunciaban que en el 2012 se acabaría el mundo. Por coincidencia, la fecha correspondía al fin de los ciclos del calendario maya, lo que significaba que debería ocurrir un cambio de civilización; pero lo magistral fue la interpretación que de tales hechos hizo el Subcomandante Marcos a su comunidad hablándoles entonces del tiempo del no y del tiempo del sí; es decir, ya estaba claro que lo se quería no se encontraba en la sociedad burguesa y era necesario pasar a dar vida a lo que se quiere construir; cambios en los procedimientos que el profesor Eugene Gogol ve como la dialéctica viviente en la lucha de los pueblos.

En el caso de la sociedad colombiana, la gran mayoría de la población tiene claro lo que no se quiere, lo que debe llamar a que los dirigentes, líderes y pensadores populares pasen ya de las denuncias a la difusión de la propuestas y del modelo que se quiere construir en el país. El momento histórico abre las oportunidades para aclarar qué sería un acuerdo sobre lo fundamental para que a la vez sea fundacional con la fuerza y la asimilación por el constituyente primario. Algunos puntos son:

  1. Aplicar los acuerdos los acuerdos de paz porque han evitado miles de muertos y la afectación de la población. A la vez abre las opciones a formas más civilizadas de hacer la política y de construir verdaderas instituciones republicanas basadas en el estado de derecho. Los responsables de los crímenes de lesa humanidad deben comparecer ante la justicia, como garantía de no repetición. Sólo los cobardes responsables de masacres temen dar la cara al pueblo colombiano, reconocer su compromiso con tales delitos, pedir perdón y ser investigados dentro de la ley.
  2. Combatir y dar fin a la corrupción que desangra el presupuesto nacional con maquinarias perversas que impiden la inversión social. Sólo lo corruptos pueden oponerse a que se implementen controles en este tema tan crucial para el desarrollo del país.
  3. Fomentar el agro, sector primario de la economía, base del valor agregado que permite construir riqueza y mejorar los ingresos de los campesinos. Sobre la agricultura se construye la soberanía alimenticia de un país y la calidad de vida de la población.
  4. La salud como derecho ciudadano y deber del estado y no como negocio que pone énfasis en las ganancias, abandona a la población y les pisotea el sagrado derecho a vida digna.
  5. Educación gratuita y de calidad con el fin de formar los técnicos y administradores que le permitan al país resolver sus problemas y construir su grandeza sobre la inversión tecnológica. A un pueblo pensante sólo se oponen los tiranos que tienen su fortaleza de fomentar la ignorancia.
  6. Democratizar la vida nacional y sus instituciones colocándolas al servicio de los ciudadanos. Entendiendo como tal la inversión social, puesto que la grandeza de un país se mide en la calidad de vida de sus habitantes. Para que a partir de la democracia, la población pueda ser protagónica en las grandes decisiones del país.
  7. Cuidado del ambiente como región privilegiada en la biodiversidad y recursos hídricos para bien de la humanidad.
  8. Planes de vivienda para que la población pueda solucionar esta necesidad tan sentida y significativa en la búsqueda de condiciones de vida digna.
  9. Respeto a la autodeterminación de las naciones.

Estos son unos marcos muy generales que tienen que ser detallados en el momento de aplicación pero que deben recoger unas reivindicaciones históricas, legítimas y necesarias de la población colombiana. También hay que precisar qué se quiere decir con la palabra fundamental; pues, la derecha también dice luchar por la libertad y de la democracia y ahí se llega al contenido de las palabras y de ahí a la interpretación, intereses y significado diferenciado.

Como se puede apreciar, las propuestas de la Colombia Humana, no corresponden a un programa socialista, no tanto para que no asusten al pueblo colombiano sino porque hay que considerar en qué momento del proceso estamos. Sólo el marco del egoísmo puede hacer ver estas propuestas como peligrosas para el país.

La sociedad debe enfocarse a que los ciudadanos puedan alcanzar la felicidad entendida como la posibilidad de implementar su proyecto de vida, en donde se respete su derecho a vivir y a disfrutar de los beneficios de la actividad económica social. Para esto un gobierno debe basarse la democratización, la inversión social y el desarrollo tecnológico, como factores que debe estar presentes en un modelo de construcción social. Sus bases deben ser el humanismo, la solidaridad, la democracia y el respeto como aplicaciones correspondientes a una propuesta filosófica, económica, política y cultural. Acciones que más que acuerdos organizativos deben ser construcciones con la sociedad colombiana en los que deben participar todos los sectores sociales para poder construir un país en armonía y que se convierta en ejemplo de civilización en el mundo.

Junio 3 de 2018

España: Caída de Rajoy

https://lahistoriadeldiablog.wordpress.com/2018/06/02/cae-el-gobierno-de-rajoy-y-el-socialista-sanchez-es-el-nuevo-presidente/

 

Senador denuncia fraude electoral

OEA denunció compra de Votos en elecciones Colombia 2018