Modelos para Mirar, la Necesidad de Crear

Por Gonzalo Salazar

Los modelos económicos, políticos y sociales de países como Islandia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Alemania, Inglaterra USA o Canadá, nos plantean un desarrollo de la democracia burguesa en medio de la opulencia (alcanzado mediante el despojo, guerras y colonialismo contra los pueblos de Asia, África y América latina en más de 500 años), muchas comodidades, gigantesca infraestructura industrial y de servicios, tecnología de punta (TIC), un gran acumulado de conocimientos, un alto nivel académico y profesional de los ciudadanos, siempre obedientes con el orden establecido. No olvidemos que en esos paísesde Occidente, incluídosBelgica, España y Portugal (muchos enriquecidos con el negocio de la esclavitud y el despojo a otros pueblos) la educación cumple el papel homogeneizador de una cultura y de una ideología que encubre su racismo y niega los genocidios ejecutados por ellos mismos, lleva a sus individuos a autocontrolarse, a autoreprimirse, a vigilarseunos a otros para impedir cualquier disensión o critica al sistema, lo que les hace  sentirse “libres y autónomos; incluso equiparan su Estado de Bienestar con un “capitalismo con rostro humano”, supuestamente superior al Socialismo.

La socialdemocracia nos ha querido vender la idea del paradigma del Estado de bienestar estilo europeo como alternativa de desarrollo, -a través de organizaciones y corrientes de “izquierda” eurocéntritas- omitiendo las realidades históricas, económicas, sociales y culturales de nuestros pueblos, diametralmente opuestas a esos países “desarrollados” del norte. Igualmente, los modelos estadounidense y canadiense,  los más destructores y expoliadores del continente, por ser nuestros verdugos, son los modelos a imitar que nos muestran los medios masivos de desinformación  del capitalismo como paradigmas de democracia, progreso, bienestar y libertad.

Para optar por, o construir un modelo de sociedad equitativa y democrática para nuestros países, es necesario tener en cuenta que los países más “desarrolladosy cultos” de Occidente –Francia, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos- en su expansión imperialista, han realizado los más horrendos crímenes contra la humanidad conocidos hasta hoy (esclavitud, genocidio, masacres con bombas atómicas y guerra permanente contra los pueblos) en el siglo XX y lo que va del XXI, con el uso de la ciencia desarrollada por toda la humanidad, con la tecnología construida por sus complejos industriales militares, utilizando los minerales, combustibles y materias primas robadas a los pueblos sometidos por el capitalismo.

Modelos del norte “desarrollado” europeo, que durante la segunda mitad el siglo XXse dirigió a superar la situación de pobreza de sus pueblosy la destrucción de su economía tras las dos Guerras-que ellos llaman mundiales-, que entre los Estados imperialistas triunfantes y sus corporaciones planearon, en lo que se llamó acuerdos de Bretton Woods, (1944) ejecutado por los aliados con el programa de Estado de Bienestar, que incluía la reconstrucción de los países, reactivación y modernización y financiación de la producción industrial, seguridad social y subsidios para los más pobres, como una forma de impedir la disidencia de estos pueblos hacia el modelo socialista que se ampliaba en Asia y Europa del este. En EE.UU. reestructurando su Sistema Mundo, también se utilizó un modelo de “bienestar” para algunas minorías como la población afroamericana, llamada Acción Afirmativa, basada en una ley de 1935, enmarcada en el ámbito laboral (la 4ª Enmienda), ante las movilizaciones de los trabajadores negros en los años 50 contra la automatización y la discriminación racial, junto a otras “minorías” en la lucha por los derechos civiles.

En América Latina no se implementó Estado de Bienestar al estilo europeo o Acción afirmativa alguna, simplemente los regímenes liberales en los años 30 y 40 del siglo pasado introdujeron algunas reformas liberales –intento de una modernidad tardía e incompleta- que para el caso colombiano se concretó en los años 30 y 40, (gobiernos de López Pumarejo) en una legislación laboral que permitió mitigar algunas condiciones de explotación a los trabajadores; reconocía a los sindicatos como representantes de los trabajadores, la jornada laboral de 8 horas, algunas prestaciones sociales. Más adelante algunas reformas que posibilitaban la reproducción de la fuerza laboral en mejores condiciones con la creación del Instituto Colombiano de Seguros Sociales (1946) creación de las Cajas de  Compensación Familiar (1954), creación del Instituto de Crédito Territorial para regular el mercado de la vivienda, en los 60, creación del SENA, y el ICBF en 1968; la educación y la salud para los estratos bajos hasta los 70 fueron garantizadas por el Estado, hasta existió un Instituto de Mercadeo Agropecuario (IDEMA, antes INA) que de alguna manera regulaba el mercado agroalimentario. Este modelo liberal que no alcanzó a consolidarse en América Latina se empezó a desmontar a partir de los 80, cuando comienzan las Aperturas Económicas que abrieron las puertas al neoliberalismo.

Las formas de redistribución en América Latina en la segunda mitad del siglo pasado no obedecieron al humanismo de las burguesías, sino, a la presión ejercida por los trabajadores, al miedo a que estos pueblos siguieran el ejemplo de Cuba, y a las necesidades de modernizar las economías para implementar los planes ordenados desde Washington; que en Colombia se plasmó en una industria liviana con poco desarrollo tecnológico, pero con gran apertura para el consumo; que también aprovechó el desplazamiento del campesinado, (generado por La Violencia expoliadora) como mano de obra barata; esto acompañado del plan contrainsurgente Alianza Para El Progreso para ganar la simpatía de otros sectores populares del campo y la ciudad y aislarlos de la insurgencia armada, con un amago de Reforma Agraria (Sincelejo 1968) que fue borrado rápidamente junto a la división del movimiento campesino en el 71 (pacto de Chicoral) ante el auge de las luchas campesinas de recuperación de “la tierra para el que la trabaja”.

Reformas que se tradujeron en un modelo económico de incipiente desarrollo industrial y proteccionista, conocido como Sustitución de Importaciones, propuesto por la CEPAL[1] en los años 50, que se expresó en lo que fuera el Pacto Andino entre los 60 y 80, Comunidad Andina de Naciones CAN a partir de 1997; fue un acuerdo comercial entre cinco países del área andina de Suramérica, inicialmente eran: Ecuador, Colombia Perú, Bolivia, y Chile, luego ingresaría Venezuela, y saldría Chile en 1976 (comienzo de la dictadura fascista). Este grupo de “integración” comercial también llamado Acuerdo de Cartagena, por su fundación en esta ciudad en 1969, se propuso la adopción de un arancel común, la armonización de instrumentos y políticas de comercio exterior y política económica, pero terminó obedeciendo las órdenes de Washington, aceptando en los 80 las aperturas económicas, los TLC, decayendo en los 90 con el intento de imposición del ALCA en el continente, con la resistencia de los pueblos, la consecuente derrota de este proyecto neocolonial y la creación del ALBA por los países progresistas de la región (sin Brasil).

No podemos tomar como referencia de progreso y bienestar los modelos europeo ni norteamericano, ni de lo que fuera el “Socialismo Real”, para el presente, menos para el futuro de nuestros países (así tuviéramos los recursos financieros para hacerlo, o el apoyo ciego de los pueblos), esto implicaría intensificar la destrucción de la naturaleza, llegar a la escala más alta de opresión, explotación, despojo y genocidio a otros pueblos para que una minoría plutócrata y burócrata pudiera disfrutar del desarrollo del capitalismo supuestamente avanzado o de un capitalismo de Estado ya superado, que nos llevaría a reencauchar los centrismos que el capitalismo ha impuesto, a aceptar el poder de los emergentes –BRICS- como paradigmas de progreso y democracia, o a magnificar los experimentos progresistas en América Latina, que en sus presupuestos nunca estuvo la destrucción de las estructuras del capitalismo en sus países. Es más, si queremos cambiar radicalmente esta situación, no podemos pensar en el desarrollo, crecimiento o progreso que nos impuso occidente, sino, buscar el buen vivir deteniendo las dinámicas del capitalismo que destruyen la naturaleza y a la humanidad; la gran minería, el monocultivo y la ganadería extensiva, las industrias contaminantes y peligrosas para los trabajadores, la explotación a los trabajadores, el consumismo; la deuda pública interna y externa, y la dependencia económica, deben eliminarse; los nacionalismos a ultranza, el racismo, el etnocentrismo, el patriarcado, las exclusiones y las opresiones en contra de cualquier sector popular deben desaparecer.

Verdadero bienestar es poder disfrutar de los bienes y placeres que nos brindan la naturaleza, la cultura y la sociedad humanizada; disfrutar del ocio gratificante, enriquecedor cultural y espiritualmente, reduciendo al mínimo el tiempo de trabajo (a menos de 4 horas diarias) producir lo suficiente para las verdaderas necesidades internas; utilizar las tecnologías indispensables y apropiadas, incluso, reducir los índices de crecimiento económico, hasta el decrecimiento debe ser aplicado para la recuperación de los ecosistemas en todo el planeta; el mercado debe ser regulado por los consumidores y los productores directos, emprender campañas de descontaminación ambiental, desintoxicación de la población reduciendo el consumo de medicamentos nocivos y alimentos producidos industrialmente con agroquímicos tóxicos y modificados genéticamente.

En las condiciones de escases en que se encuentran las reservas de combustibles fósiles, el agotamiento de los minerales en los almacenes del suelo y el subsuelo del planeta, la reducida capacidad de regeneración de los campos agrícolas, el deterioro del medio ambiente y la avaricia desproporcionada de los capitalistas por la ganancia, hacen físicamente imposible  mantener los modelos de bienestar de las metrópolis capitalistas, como para emular este sistema de desperdicio, explotación, miseria y violencia contra los pueblos del mundo; sobre todo cuando los pueblos de la periferia hemos sido las principales víctimas en este proceso.

El Estado obsoleto debe dar paso a la libre asociación de los productores directos, al autogobierno de las comunidades, con una ética que defienda la dignidad de las persona y de los pueblos; con la cooperación y solidaridad entre los pueblos y entre las personas; buscando eliminar la ley del valor, por lo que no se requerirá de bancos ni de aparatos represivos armados, ideológicos ni judiciales controladores de la comunidad; desmovilizando los ejércitos, eliminando las cárceles; cada comunidad puede proveerse su propia educación y su propio ordenamiento jurídico que dé tratamiento a los conflictos mediante el diálogo, la conciliación, la concertación y el consenso, (mediante tribunales populares que juzguen directamente los crímenes de lesa humanidad y lesa naturaleza); esto podrá parecer imposible hoy, cuando el capitalismo nos quiere quitar la capacidad de sentir-pensar, individualizando los afectos y los sentimientos, secuestrando la esperanza a las personas y a los pueblos; pero los pueblos, los humanistas, mantienen la utopía y hacia ella debemos caminar si queremos conservar la dignidad y la vida en la madre tierra. En síntesis, construir autonomía y Poder Popular Transformador por fuera de las instituciones y de las dinámicas de capitalismo.

Mirando hacia la región, tenemos mucho por aprender,  reconocer y, recuperar la memoria histórica de nuestros pueblos, aprendiendo de las experiencias de los pueblos hermanos, del pasado y del presente para equivocarnos menos, sobre todo si tenemos en cuenta las singularidades de cada uno de los diferentes países; pues tenemos la tendencia a confundir democracia y justicia social con reformismo y asistencialismo del Estado capitalista, a identificar participación popular y construcción social con el manejo clientelista politiquero de los gobiernos y los partidos políticos, de los programas de asistencia, quienes definen las cuotas de poder por el número de votos, y no por la capacidad de transformación y autodeterminación de los pueblos; así mismo, muchos confunden progresismo con revolución. Tengamos en cuenta que los partidos políticos nacen con la democracia burguesa para dividir, excluir y controlar a la sociedad y asegurar el poder de las clases dominantes, son parte esencial del Estado moderno, presentados como únicos instrumentos para ejercer la política y la democracia, excluyendo la capacidad político-social de transformación de los sectores populares.

Los modelos de progresismo en la región, en su centralización, parecen dirigirse más hacia un liberalismo que hacia un socialismo de nuevo tipo, con la particularidad de preferir la inversión extranjera extractivista de otros ejes de poder, y aceptar la agenda neoliberal, que los puede llevar a la misma dependencia de la que dicen haber salido. Si los pueblos y sus organizaciones políticas  defensoras del buen vivir no inciden en las transformaciones que sus sociedades y países requieren, a lo más que puede llegar este modelo es a un capitalismo de Estado con orientación extractivista pos-neoliberal, (no pos-capitalista) maquillado con un poco de asistencialismo que se agotará en poco tiempo, como se videncia con la caída de los precios del petróleo y de la demanda de materias primas o de las commodities de la actual crisis económica. O sea, estos procesos si no consolidan cambios estructurales pueden terminar en un retroceso histórico y social, como se empieza a evidenciar en Argentina, Brasil, Ecuador Venezuela y Nicaragua.

Nuestro modelo del bien vivir, queriendo que sea revolucionario, tampoco puede partir o terminar como una revolución que cambie unos dominadores por otros, o convirtiendo a las víctimas en victimarios; si bien los pueblos deben juzgar a los criminales de lesa humanidad, de lo que se trata es de eliminar las causas originarias de la injusticia y la desigualdad; o sea, es pasar a otra época de convivencia pacífica y de buen vivir, con base en el respeto, la tolerancia, la alegría y la solidaridad. Por el bien de la humanidad y de la madre tierra, tampoco podemos propiciar la formación de potencias hegemónicas industriales-militares a nombre del progreso o del desarrollo, que opriman, exploten recursos naturales energéticos y mineros destruyendo los ecosistemas, que desplacen y repriman a sus comunidades indígenas y campesinas, que amenacen o invadan territorios de otros países; como de otras formas de capitalismo de estado que oprima y atente contra la libertad y la diversidad cultural de los pueblos en nuestra AbyaYala, ni de bloques económicos hegemónicos que opriman a otros pueblos para un bienestar egoísta, aunque se autodenominen democráticos, progresistas, socialistas o revolucionarios.

No podemos salir de la barbarie construyendo una superestructura, una ideología de superioridad del sur (sur-centrismo), pues estaríamos negando la diversidad, la libertad, la dignidad y la inteligencia de todos los pueblos del mundo; las centralidades de occidente han generado imperialismos, colonialismos, fascismos, racismos y genocidios; si construimos una nueva civilización procuremos que sea de justicia, de solidaridad, de paz con todos los pueblos, que garantice nuestro bien vivir, respetando y conservando la naturaleza, enfocados hacia el biocentrismo con una armonización más equilibrada; sería abrir la puerta al reino de la libertad, como lo pensaron Marx, Guevara, Quintin Lame y Camilo, como lo anhelan los y las humanistas del mundo,

No es éticamente necesario, por las razones expuestas arriba, copiar los procesos que se han venido desarrollando en los últimos 70 años en Europa y Norteamérica (estado de bienestar y acción afirmativa, construyendo gigantesca infraestructura, o centrándonos en el desarrollo tecnológico e industrial, o creando gigantescas corporaciones que acumulen riquezas a nombre de nuestros pueblos. Tampoco podemos reproducir la experiencia de Chile en los 70, de ganar electoralmente el gobierno sin desmontar estructuralmente el Estado, sin ceder el poder al pueblo organizado para una transición; o las que se dieron en Centroamérica en los 80 y 90 mediante revoluciones populares violentas (Guatemala, Nicaragua, El Salvador) que terminaron en negociaciones y revanchas genocidas de las oligarquías y del imperio, volviendo estos pueblos a las anteriores condiciones de dependencia, violencia y pobreza; debemos revisar las metodologías, las visiones  los Sujetos, las coincidencias históricas, económicas, políticas, sociales y culturales de esos procesos, en los que clases y sectores populares (campesinos, trabajadores, indígenas, estudiantes …) conformaron frentes políticos y militares, con la participación de  sectores de la iglesia católica junto a marxistas y socialdemócratas (con apoyo de la socialdemocracia europea y la solidaridad de Cuba); tampoco podemos comparar o asimilar esas experiencias con las particularidades económicas, políticas y sociales de nuestro país acríticamente.

Situándonos en el contexto actual, en la búsqueda de un modelo propio de país, de socialismo propio o del bien vivir; sobre todo cuando llevamos más de 60 años en la última guerra (con más de un millón de muertos, desposesión y desplazamiento de más de 6 millones de campesinos, con la eliminación física de varias generaciones de líderes populares e intelectuales revolucionarios) tras la toma del poder político del Estado por unas insurgencias y unas izquierdas esquemáticas, divididas, sectarias, mesiánicas y vanguardistas; debemos superar las experiencias de los hermanos centroamericanos y las frustraciones que se dieron en nuestro país y en Suramérica en el siglo XX.

Las revoluciones en Latinoamérica, desde la cubana, la de Nicaragua y El Salvador, que utilizaron la insurrección y la guerra popular de liberación nacional, no fueron (inicialmente) socialistas en la configuración de sus Estados ni en la transformación de sus economías -las centroamericanas- aunque tuvieron gran influencia del marxismo, no se ciñeron a esquemas europeos o asiáticos; aun siendo su base social indígenas y campesinos, no consolidaron una real reforma agraria, no alcanzaron a desarrollar industria propia para generar un proletariado vanguardista, no entregaron ni reconocieron autonomía a las comunidades para que definieran su propio bienestar; tampoco construyeron una nueva economía que pudiera eliminar la aplicación de la teoría capitalista del valor. A excepción de Cuba, los cambios revolucionarios no redujeron el poder del capital imperialista de las transnacionales, ni rompieron totalmente con los organismos financieros y comerciales “multilaterales” de dominación: las centroamericanas no consolidaron un proceso de integración intercultural, económica, social y política regional  que rompiera las fronteras políticas de “repúblicas bananas”, impuestas por los colonizadores y el imperio norteamericano, conformando una sola nación pluridiversa o una confederación de naciones, como tampoco lo hicieron los progresistas suramericanos en la conformación de un bloque antiimperialista-anticapitalista..

No hay una sustentación científica, condiciones económicas, sociales y o culturales para definir que el nuevo modelo para nuestro país deba ser el socialismo intentado por la revolución de octubre, la china, la cubana ni de ningún otro ejemplo, que terminaron en el capitalismo de estado, y que se ha intentado realizar en América Latina por las izquierdas eurocéntricas en el siglo XX y lo que va del XXI; además este modelo de socialismo fue diseñado por los europeos en base a sus historias, economías, culturas y sociedades para superar al capitalismo en sus territorios. De igual manera, los experimentosprogresistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, triunfantesmediante la movilización popular pacífica y la participación electoral, de nuevos Sujetos, con discursos autonomistas anticapitalistas, pachamamistas, no logran plasmar en sus sociedades y en sus economías estos principios, (así los hayan incluido en sus Constituciones) como para pensar en que estas experiencias puedan superar el capitalismo, generando un nuevo modelo de democracia radical que conduzca al Bien Vivir que prometieron; estos ejemplos son referentes para tener en cuenta con sus logros y fracasos (tácticas, estrategias, programas, organización) en la formación de un imaginario de mejor país, pero no para copiar nuevos esquemas.

En América Latina y El Caribe ya vivimos desde las izquierdas la difusión de ideologías y propuestas de modelos políticos y económicos basados en experiencias y teorías que venían con la misma concepción de poder y de progreso occidental (aplicados también en oriente), que no pudieron concretarse en un verdadero modelo socialista humanista; pues los dirigentes de esos procesos privilegiaron el desarrollo industrial tecnológico, la acumulación del Capitalismo de Estado y el crecimiento económico sobre la dignidad de la humanidad y la integridad de la naturaleza, a nombre del socialismo y en contra de la voluntad de sus pueblos. De este lado, los intentos de cambio en su mayoría se hicieron mirando el futuro como copia o repetición de las tragedias de otros pueblos, no como creación y construcción de nuestro Bien Vivir, del bienestar o del socialismo, como nos lo propone  Mariáteguidesde 1929; “No queremos ciertamente que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano”.

Los aportes teóricos de grandes dirigentes revolucionarios europeos, asiáticos y del resto del mundo, son muy importantes y necesarios por ser análisis, síntesis y aprendizajes de las luchas de sus pueblos, para enriquecer la visión que como revolucionarios o transformadores necesitan tener todos los movimientos sociales revolucionarios y los pueblos sometidos, como el nuestro, pero no son los únicos ni los principales cuando se trata de dar forma y contenido a una teoría, a una filosofía, a un pensamiento propio para la transformación democrática económica, política, social y cultural de nuestras sociedades; por esto repetimos, lo fundamental de esta filosofía está en el conocimiento, el autoreconocimiento y apropiación de nuestras cosmovisiones, historias y culturas; o sea, nuestra identidad diversa, que también incluye elementos culturales de occidente en nuestro mestizaje, tal como lo entendieron Bolívar, Martí, Zapata, Sandino, Guevara y muchos otros, como lo tratan de hacer los pueblos originarios y raizales y las comunidades populares rurales y urbanas, hoy movilizados en nuestra AbyaYala.

En este sentido, los pueblos indígenas con sus luchas por autonomía, por la reconstrucción y defensa de sus territorios, la recuperación de sus culturas, el mantenimiento de la propiedad colectiva de la tierra, su vida comunitaria y respeto por la naturaleza, nos muestran a los demás sectores populares del continente y del mundo, una posibilidad humanista y de reconciliación con la madre tierra. En Chiapas los zapatistas, en Argentina y Chile los Mapuches, en Bolivia, Ecuador y Perú, quechuas y Aimaras, las comunidades Nasa del norte del Cauca en Colombia, asumen posiciones anticapitalistas, antisistémicas, aunque los gobiernos de derecha y progresistas pretendan invisibilizarlos y suplantarlos. Otros sectores oprimidos, reprimidos, excluidos, los piqueteros, marginados, ninguneados por el Estado, se toman las calles en Argentina exigiendo todos sus derechos, proponiendo nuevas formas de organización social y la solidaridad en sus Villas, donde las mujeres son la fuerza de la organización; los Sin Tierra del campo y la ciudad se movilizan en Brasil por la autonomía y la supervivencia con economía de equivalencias y soberanía alimentaria, lo mismo que la juventud trabajadora y estudiantil por la gratuidad del transporte (passelivre); también en las ciudades la juventud se moviliza indignada contra el neocolonialismo y la aculturación (además  del desempleo) que se ejerce a través de la educación y de los medios; en Ciudad de México los sectores populares urbanos construyen alternativas económicas y sociales autogestionarias y democráticas por fuera de la institucionalidad del Estado y de las llamadas instituciones internacionales y transnacionales; igualmente en Venezuela los Consejos Comunales (promovidos por el gobierno bolivariano) y el sector cooperativo y solidario con CECOSESOLA nos dan una lección de democracia, autonomía, reciprocidad y mercado justo, de participación y respeto, donde las mujeres cumplen un papel determinante en el trabajo, la dirección y la creatividad. En pequeños espacios, con esfuerzos propios, sin grandes aparatos, sin tutela del Estado ni de ONG ni partidos políticos autoritarios, con democracia horizontal, germina la nueva sociedad.

Estos y muchos más ejemplos en el mundo, como el pueblo kurdo con sus mujeres combatientes emancipadas, nos muestran nuevas maneras de caminar para recuperar la dignidad y la justicia social, como nos lo muestra sencillamente Raúl Zibechi al presentarnos una radiografía de la dependencia y un inventario del acumulado social y político en desarrollo de radicales alternativas autonomistas de los sectores populares en América Latina, dentro de los que el protagonismo lo asumen las mujeres, los jóvenes, junto a los campesinos, indígenas y trabajadores del campo y la ciudad. En todo el mundo los trabajadores y las comunidades populares rurales y urbanas, defienden a muerte sus bienes naturales y culturales comunes, sus soberanías, contra el despojo de las transnacionales y las oligarquías lacayas; las mujeres de los sectores populares no solo defienden sus derechos sexuales y reproductivos, sino también políticos, económicos, ambientales y culturales, desde sus comunidades y organizaciones contra la sociedad patriarcal, construyendo las bases de la nueva sociedad.

Estos sectores sociales aportan elementos antisistémicos a sus movimientos, exigen transformaciones radicales a los estados y a sus sociedades, construyendo simultáneamente instrumentos de poder popular,  diferenciándose de sus pares indignados europeos y norteamericanos (Indignados y Okupas) en sus formas de lucha y en sus objetivos, sin demeritar la gran lucha de los indignados del norte que reclaman su antiguo Estado de Bienestar y el respeto que las oligarquías neoliberales les han quitado. Estas rebeldías, estas resistencias articuladas o en unidad política, en nuestra AbyaYala, traducidas en la construcción de alternativas, autonomías y poder popular, nos dicen que está viva la utopía, que es posible vencer al capitalismo.

Gonzalo Salazar, septiembre 12 de 2018

[1]Comisión Económica Para América Latina, fundada por el Consejo Económico y Social de la ONU en 1948

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Mendicidad, Mala Consejera

Por Gonzalo Salazar

Sueñan  las  pulgas  con  comprarse  un  perro  y  sueñan  los nadies  con  salir  de  pobres,  que  algún  mágico  día  llueva  de  pronto  la buena  suerte,  que  llueva  a  cántaros  la  buena  suerte;  pero  la  buena suerte  no  llueve  ayer,  ni  hoy,  ni  mañana,  ni  nunca,  ni  en  lloviznita  cae del  cielo  la  buena  suerte,  por  mucho  que  los  nadies  la  llamen  y  aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el  año  cambiando  de  escoba.  Los  nadies:  los  hijos  de  nadie,  los  dueñosde nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la Liebre, muriendo  la  vida,  jodidos,  rejodidos:  Que  no  son,  aunque  sean.  Que  no hablan  idiomas,  sino  dialectos.  Que  no  hacen  arte,  sino  artesanía.  Que no  practican  cultura,  sino  folklore.  Que  no  son  seres  humanos,  sino recursos  humanos.  Que  no  tienen  cara,  sino  brazos.  Que  no  tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica  Roja  de  la  prensa  local.  Los  nadies,  que  cuestan  menos  que  la bala quelos mata.

“Los nadies”  Eduardo  Galeano

 Todas las organizaciones especializadas dependientes de la ONU actúan como medios de asistencia y cooperación con los países dependientes empobrecidos, distribuyendo ayuda “humanitaria” promueven desarrollo de ciencia, salud y educación, auspician una supuesta democracia, “defienden” los derechos humanos,“protegen” a las mujeres, a los niños, a los desplazados y refugiados, al medio ambiente, pero estas políticas no terminan con la desigualdad, con la violencia contra la mujer, con la pobreza, con la desnutrición infantil, con la ignorancia, con la destrucción de los ecosistemas ni con el “atraso” económico de los países, tampoco con la corrupción, por el contrario, generan dependencia y sometimiento de los pueblos a los regímenes autoritarios y terroristas de los países empobrecidos por el sistema bancario-financiero mundial, controlados y disciplinados por las instituciones “multilaterales, expoliados por las corporaciones imperialistas. Esas supuestas cooperación y asistencia son como paliativos, que no dejan morir al paciente pero tampoco permiten su sanación.

En los países del norte, llamados “desarrollados”, existen Organizaciones privadas “No” Gubernamentales para proteger el medio ambiente, para ayudar a las mujeres, a los niños, a los desplazados, a los perseguidos políticos, a los pobres de los países del “tercer mundo”, la mayoría financiadas y/o dependientes política y económicamente de corporaciones transnacionales y de instituciones estatales e internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial, la Unión Europea y la OTAN, que en realidad están al servicio de esos estados e instituciones, son las que en últimas ejecutan sus programas; algunas lo hacen con buenas intenciones, pero generalmente esas ayudas les niegan a los pueblos las posibilidades de reivindicación de sus derechos, de ejercer su autonomía y lograr su emancipación para combatir las causas reales y originarias de sus problemas.

Estas “ayudas” en muchos países empobrecidos solo han servido para dividir, corromper y enfrentar sectores populares entre sí por las migajas que envían dichas agencias filantrópicas del norte a los mendigos del sur “subdesarrollado”, muchas veces con la complacencia de supuestas organizaciones y partidos de izquierda que también han sido financiadas por esas ONG, mientras las multinacionales y transnacionales de los países del norte continúan saqueando y oprimiendo a los pueblos del oriente y del sur, usándolos como carne de cañón de sus guerras o como esclavos expulsados de sus territorios para repartírselos entresus metrópolis de occidentales, labor que complementan las ONG especializadas e instituciones como la Acnur. Las ONG internacionales hacen parte de los planes imperialistas de dominación neoliberal y posneoliberal en la aplicación de políticas económicas y financieras como las Reformas Estructurales a los Estados, los Ajustes Macrofiscales, los TLC y los planes de extracción de recursos naturales y materias primas.

De esos países (USA, Canadá, Israel, Inglaterra, Francia, España, Holanda, Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania…) llegan a nuestros países científicos de todas las áreas la ciencia y asesores militares que entrenan y arman a los militares y paramilitares, los mismos que asesinan, violan, torturan y desplazan  a nuestras comunidades; vienen con sus ONG de investigación social (antropólogos, arqueólogos, sicólogos, sociólogos, lingüistas) a robar tesoros culturales, a cambiar las cosmovisiones de los pueblos para justificar la extracción de sus recursos biológicos, minerales y energéticos; vienen con técnicos exploradores como parte del plan neocolonial.. Muchas de esas instituciones a la vez son financiadas por las mismas transnacionales que explotan, expolian y financian las guerras contra nuestros pueblos.

El coltan, el oro, el cromo, la plata, el estaño, el litio, el níquel, el cobre, el aluminio y muchos minerales que utilizan las corporaciones transnacionales de las telecomunicaciones y la cibernética para fabricar aparatos eléctricos y electrónicos (teléfonos móviles, ordenadores, controles digitales, televisores)  los extraen de nuestros territorios violenta, legal e ilegalmente, utilizando mafias esclavistas; empresas protegidas por los gobiernos cipayos de sus colonias y por los autodenominados Estados “democráticos” y “pacifistas” de Europa y Norteamérica, de donde viene la supuesta Cooperación Internacional, de la cual es parte la ayuda de sus ONG. Antes, durante y después de cada plan colonialista (extractivista), de cada invasión y/o guerra “preventiva” del imperialismo llegan las ONG al país víctima como ocurre en África en algunos países asiáticos y en América Latina, para neutralizar la resistencia y la rebelión popular. En Colombia, como es lógico, en el llamado “posconflicto” se intensifica la presencia de ONG internacionales y se multiplican las nacionales, después vendrán las ONG o sus equivalentes, de las corporaciones de los emergentes (BRICS) que compiten con el imperialismo occidental  con los mismos métodos y objetivos.

La injerencia de ONG internacionales y agencias de asistencia y “cooperación” norteamericanas en las organizaciones indígenas, campesinas, comunidades negras y en las periferias de las ciudades, “preocupadas” por la situación que éstas viven, generalmente terminan cumpliendo objetivos nocivos (esterilización y utilización como conejillos de indias a nuestras comunidades, robo de sus conocimientos ancestrales, apropiación de los bancos genéticos, apropiación de sus territorios); recordemos el Instituto Lingüístico de Verano ILV y su proyecto Lomalinda, supuestamente antropológico, con objetivos colonizadores de sometimiento cultural y lingüístico al estudiar las lenguas nativas para traducir la biblia cristiano-sionista a estas comunidades, promoviendo el individualismo, el egoísmo, el amor por el dinero, el consumismo y el desprecio a sus propias autoridades y comunidades, sustituyendo sus religiones y cosmovisiones ancestrales. Los Cuerpos de Paz, creados por el gobierno estadounidense en 1961 como medio para contener la ola revolucionaria en Asia, África y América Latina, que luego fue declarada “independiente”, prácticamente ha cumplido los mismos objetivos de la USAID, especialmente en lo político, influenciando en sectores de la juventud de la mayoría de los países de estos continentes. Hasta el “filantrópico” Plan Padrinos que ayuda a familias pobres en asistencia y educación, su objetivo es neutralizar políticamente promoviendo la xenofilia, la dependencia, el conformismo y la mendicidad en sectores de escasos recursos económicos.

Existen muchas ONG norteamericanas especializadas en investigación, espionaje, de conspiración política en todo el mundo, incluso en países “desarrollados”, dos de las más nombradas son: Red Atlas, de ultraderecha, defiende la propiedad privada y el capitalismo principalmente en América Latina; Center for International PrivateEnterprice CIPE, hace parte de la NED recibe apoyo de USAID y de otras organizaciones, igual función cumple la Fundación Soros de George Soros (otro de la élite financiera mundial al nivel de los Rockefeller y los Rothschild, que financian a ambos bandos en las guerras y a los candidatos opuestos en las elecciones de casi todos los países) pues su verdadera tarea es desestabilizar países en Asia, África y América Latina y El Caribe, creando grupos terroristas, movimientos  y partidos de “oposición”, iglesias cristiano-sionistas e institutos académicos de formación política; todas esas ONG reciben aportes de las grandes corporaciones industriales, armamentísticas, biotecnológicas, farmacéuticas, de ingeniería genética, mediáticas y financieras.

Estas organizaciones “sin ánimo de lucro” además de inspeccionar nuestros territorios en busca de minerales y riquezas naturales, de reunir información política, cultural, sociológica y genética en un gigantesco banco de datos (Big Data) de todos los pueblos del mundo, desvían sus luchas por autonomía, condicionándolos, creando dependencia con programas de beneficencia y la ejecución de micro-proyectos (con microcréditos extorsivos) productivos individuales y locales en algunas comunidades, aislándolas políticamente de los demás sectores sociales, impidiéndoles su propia organización, cambiando sus culturas; como lo han hecho las fundaciones Rockefeller, la Ford, la Palmolive, entre otras en Colombia. Muchas ONG “nacionales” son financiadas por otras ONG internacionales y por empresas transnacionales que monopolizan grandes sectores agroalimentarios, laboratorios de genética, bioquímica y biotecnología y del mercado minorista de alimentos (Monsanto, Cargill, Tyson).

Dichas organizaciones llenan de hambre y pobreza a habitantes rurales y pobladores de nuestras ciudades; otras hacen el trabajo de acondicionamiento ideológico cambiándoles sus cosmovisiones generalmente mediante asesorías técnicas y de “desarrollo comunitario” que incluyen la cooptación y el reclutamiento político y religioso, en los territorios donde se tiene programado la instalación de plantas extractivas o donde se van a construir megaobras que benefician a las transnacionales (claro que cuando esto no les funciona, recurren al método utilizado en Ituango y en muchas regiones del país). Sectores sociales como indígenas, afros, campesinos, jóvenes y mujeres son víctimas de esa estrategia de fragmentación del tejido social popular. La más grande y antigua organización asistencialista, supuestamente humanitaria, es la iglesia católica romana, la que hizo el trabajo sucio de castrar la dignidad de los pueblos para sumirlos en la ignorancia y someterlos al arbitrio del capital imperialista en Africa y América Latina, aunque dentro de sus miembros hayan existido y sobrevivan algunos verdaderos héroes de la justicia social y de la libertad.

En pleno proceso de negociaciones del gobierno con la insurgencia, algunos funcionarios –entre ellos el presidente de la república- expresaron que los recursos y la ejecución de los programas sociales que surgieran del proceso de paz serían administrados por la Agencia Internacional para el Desarrollo USAID, por sus siglas en inglés, -fundada en 1961 por John F. Kennedy como parte del plan contrainsurgente Alianza para el Progreso con la política de la Seguridad Nacional- que distribuye recursos de una supuesta cooperación a través de ONG internacionales y nacionales,  además de la NED (fundada en 1983), supuesta fundación para el “desarrollo de la democracia”, que junto a la CIA cumple funciones de sabotaje, planeación, organización y dirección de atentados terroristas, revueltas y golpes políticos y militares a los gobiernos progresistas y disidentes de la égida norteamericana, tal como sucedió en Honduras, Paraguay, Venezuela, Ecuador y Bolivia,  donde Evo Morales decidió expulsar la USAID junto al Instituto Lingüístico de Verano, ejemplo que deberían seguir los demás progresistas, pero además prescindir de las embajadas y empresas norteamericanas y europeas que utilizan esta estrategia) y en muchos países con las “revoluciones de colores”, utilizadas en la supuesta primavera árabe, en el norte de África y Europa del este, en la estrategia de las guerras de cuarta generación o asimétricas.Estas agencias de espionaje y desestabilización de gobiernos crean y dirigen partidos políticos, grupos de ultraderecha y “ultraizquierda” para controlar, dividir y desorientar comunidades y pueblos, mientras las ONG dependientes de esas agencias cumplen tareas de espionaje e inteligencia militar en contra de los mismos campesinos, indígenas y demás sectores populares que dicen ayudar.

No serán solo ONG y agencias de “cooperación” norteamericanas las que van a asesorar y ejecutar programas y proyectos sociales en el “Postconflicto” colombiano, pues las europeas han sido muy activas y continuarán en este proceso. También las empresas transnacionales invierten en lo que ahora llaman responsabilidad social –además para reducir el pago de impuestos- con  las comunidades donde explotan  nuestros bienes mineros y energéticos, como la Pacific Rubiales, la Drumond, la Anglo Gold Ashanty, Smorfit, y los latifundios del agronegocio, con gran despliegue publicitario de pequeños proyectos “comunitarios” y microproyectos productivos individualistas, insostenibles a mediano plazo en sus zonas de operación, financiados a través de sus propias fundaciones; de la misma manera cada partido político apoyado por ONG crea su propia fundación, mientras los mismos partidos, de derecha y de la izquierda institucionalizada actúan como ONG para administrar el clientelismo.

En las grandes ciudades muchas ONG causan daños a los sectores populares con sus programas de educación y de asistencia social, destruyendo sus organizaciones, convirtiendo en indiferentes sociales o en aliados del régimen oligárquico y en mendigos a los pobres. Esas ONG y la proliferación de sectas religiosas venidas del norte (funcionan con la misma lógica), dividen a los movimientos sociales, promoviendo el individualismo, la dependencia y el conformismo, igual que lo hacen los politiqueros. Claro que existen unas pocas ONG que prestan ayuda a sectores vulnerables como las víctimas del conflicto (de Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario y de investigación social), y a los perseguidos políticos, pero son la excepción. Las ONG de diversas procedencias han tenido asiento en nuestros territorios. En los 50 del s XX estuvieron algunas europeas, en los 60, en su mayoría norteamericanas, como las fundaciones Rockefeller y Ford, “cooperaron” con programas asistencialistas y de formación profesional dentro del programa estratégico Alianza para el Progreso con sus componente militar y cívico-militar (plan LASO) similar al Plan Colombia, con la CARE, que donaba alimentos enlatados a las comunidades y escuelas en las zonas de guerra y barrios populares de las grandes ciudades; en la educación superior con algunos programas de investigación científica en las universidades públicas, tratando de frenar la lucha del estudiantado popular contra el imperialismo norteamericano.

Recordemos que los ataques a las colonias campesinas, -El Pato, Guayabero, Marquetalia, Rio Chiquito- integradas por desplazados y perseguidos, quienes conservaban sus Autodefensas, se da en los años 60 en el marco de este plan contrainsurgente que tenía su componente cívico-militar (con la Care, El Tiempo, El Siglo, Radio Sutatensa y la iglesia católica), como parte de su estrategia anticomunista y en apoyo al pacto liberal-conservador del Frente Nacional, formado después de masacrar a más de 300.000 campesinos; dichas organizaciones de asistencia y cooperación internacional y la guerra fratricida, hicieron posible la derrota del movimiento social transformador en el siglo pasado y en lo que va del XXI

Hoy también lo hacen ONG españolas, holandesas, canadienses, alemanas, noruegas, además de las estadounidenses, “extraño”, cuando empresas de estos países están invirtiendo en ramas como la energética, la alimentaria, la mega-minería, la generación y distribución de energía eléctrica, la banca, las telecomunicaciones, las tecnologías digitales y del negocio de las armas. La mayoría de ellas son parte de los planes imperialistas europeos y norteamericanos, que preparan el terreno político y social para el despojo y el saqueo de nuestros recursos naturales energéticos y mineros, dividiendo a las comunidades objeto de sus actividades.

En los países empobrecidos de África (Somalia, Ruanda, Etiopia …) permanecen muchas ONG “humanitarias” supuestamente aliviando el dolor de la violencia y el hambre, llevándoles a las víctimas ayudas y consuelo, pero la situación empeora, puede que algunas lo hagan de muy buena voluntad, pero las mafias internas y transnacionales continúan financiando guerras intestinas, para saquear los recursos naturales mineros, energéticos, biológicos y humanos, cada una con su ejército privado, destruyendo la soberanía alimentaria, sumiendo en la miseria y la ignorancia a todo un continente, con billones de dólares de ganancias ilícitas, en complicidad con la ONU y sus instituciones (FAO, OMS,  UNICEF, PUND, ACNUR, UNESCO).

La mejor ayuda que pueden hacer los pueblos, los humanistas, los demócratas, los trabajadores los revolucionarios y las ONG verdaderamente humanitarias de los países“desarrollados” del norte es no ayudarnos con migajas, por el contrario, deberían:

  • Educar y movilizar a sus sociedades para que frenen el consumismo y produzcan con sus propios medios lo que necesiten para vivir, utilizando sus propios recursos, conocimientos y tecnologías, como lo hacían siglos atrás.
  • Denunciar el despojo a los pueblos del mundo obligando a sus estados y corporaciones transnacionales a devolver a los pueblos las riquezas naturales (recuperación de ecosistemas, especies en vía de extinción, limpieza de los océanos, fertilidad de la tierra) y los tesoros históricos y culturales que se robaron y que ostentan en lujosas mansiones, museos, bancos e infraestructuras.
  • Obligar a sus Estados a resarcir económica y moralmente por sus prácticas colonialistas, genocidas y racistas ejercidas contra los pueblos del sur y oriente históricamente.
  • Acusar judicialmente y Denunciar internacionalmente a sus gobiernos y transnacionales de los daños ecológicos y sociales que ocasionan con sus acciones de saqueo de recursos naturales y de endeudamiento de nuestros países;
  • Obligar a las transnacionales de sus países a entregar a los pueblos donde explotan recursos naturales, todas las plantas de explotación (fabricas, infraestructura, bancos) sin ningún tipo de pago o indemnización, como parte del pago por los daños causados en los últimos 300 años.
  • Exigir a los organismos financieros (FMI, BM, BID) a condonar todas las deudas impuestas a los pueblos del sur, o cobrárselas personalmente a los funcionarios que recibieron y dilapidaron dichos recursos; exigiendo a su vez la desintegración de estos organismos.
  • Exigir la desaparición de la Organización Mundial de Comercio, eliminando las leyes sobre patentes y propiedad intelectual, reconociendo la propiedad colectiva de los conocimientos y saberes que de la naturaleza han desarrollado y acumulado los pueblos originarios y modernos en sus territorios
  • Obligar a sus estados a acabar con los Complejos Militares Industriales europeos y norteamericanos, prohibiendo la producción y exportación de armas de guerra, exigiendo desmovilizar a sus ejércitos involucrados en guerras de exterminio y despojo contra otros pueblos; exigiendo la anulación de los planes, alianzas y tratados militares de agresión contra los pueblos del sur y de las periferias, desintegrando la OTAN.
  • Convocando al tribunal de los pueblos para que juzgue a esta organización y demás organismos “multilaterales”, a los gobiernos y empresas que promovieron, financiaron y se beneficiaron de estas atrocidades, y a los militares ejecutores, por los crímenes de lesa humanidad y lesa naturaleza.
  • Oponerse, a las guerras contra los pueblos del sur, denunciando los crímenes, vetando comercial, política y diplomáticamente a los gobiernos represivos, genocidas, ilegítimos que oprimen y reprimen a sus pueblos.
  • Exigiendo trato igual y respeto para los países de la periferia, sus pueblos, sus culturas y autodeterminación, rechazando las políticas intervencionistas de las metrópolis capitalistas, sus gobiernos, instituciones internacionales y corporaciones transnacionales
  • Defendiendo las luchas de liberación nacional y social de nuestros pueblos, reconociendo y respetando la Autodeterminación de los pueblos; pero sobre todo: Eliminando política y económicamente a sus oligarquías y monarquías imperialistas colonialistas, guerreristas, construyendo una nueva sociedad humanista, justa y solidaria en sus países, que para subsistir no necesiten oprimir, explotar, asesinar y saquear a otros pueblos.

La solución a los problemas de corrupción, despilfarro y apropiación personal del erario no se puede dar con el perfeccionamiento del sistema capitalista; en los países enriquecidos por despojo y exterminio se pueden dar el lujo de “depurar” y adecuar sus estados a las necesidades de sus élites, dando la sensación de una democracia justa, pero no olvidemos que esos países son ricos por la expropiación y el despojo que han realizado sus burguesías durante siglos a sus propios pueblos ya diversos países de Asia, África y América Latina, mediante el colonialismo y las guerras imperialistas de despojo, razón por la cual las multinacionales y los millonarios de esos países les tiran migajas a sus ciudadanos; haciéndoles creer que el capitalismo es justo, democrático y bueno. Manteniendo a sus pueblos contentos, impiden que estos se preocupen por la situación política y social de los otros pueblos, solo pueden ver la miseria y la violencia como un mal imposible de cambiar, y por lo tanto lo único que se puede hacer es ayudarles a los “atrasados” o subdesarrollados con pequeños proyectos humanitarios o con el asilo político a las víctimas, con la supuesta Cooperación Internacional; no están interesados en eliminar al capitalismo.

Tampoco podemos obviar las ONG nacionales (fundaciones, corporaciones), que en su mayoría cumplen la misma función, reemplazando y ayudando al Estado en el asistencialismo y en el desvío de recursos para necesidades básicas, cuando administran programas educativos, culturales o de generación de recursos para las comunidades pobres, además, algunas veces actúan como supuestos representantes de las comunidades y de sectores sociales; otras veces como bancos, como organizaciones políticas y o religiosas. En general, estas organizaciones ejercen como empresas privadas al servicio de ONG internacionales, de grupos políticos, de empresas privadas y del mismo Estado, por lo que se les puede llamar Organizaciones Pro-Sistémicas. Como en todo, hay dignas excepciones, pero este tipo de organizaciones no deben existir en una sociedad democrática, equitativa y solidaria.

Es deber de los demócratas, revolucionarios, humanistas y de los pueblos, denunciar los crímenes y daños causados por las agencias de asistencia y cooperación y ONG internacionales a nuestras comunidades y sectores populares; expulsar estas organizaciones de nuestros territorios, como ejercicio de dignidad y autonomía.

La mentalidad de mendicante que se mantiene con el asistencialismo y la Cooperación Internacional viene de la misma oligarquía, que siempre necesita de otros, internos y externos, para despojar, mantener su poder económico y político, y servir al capitalismo nuestras riquezas; por esto vemos y escuchamos campañas mediáticas promovidas por el capital privado (bancos, industriales, comerciales, Medios Masivos de desinformación, por ONG e instituciones del Estado para ayudar a los soldados lisiados en la guerra contra el pueblo: Solidaridad por Colombia, el Banquete del Millón de la iglesia católica, y las que diariamente hacen los Medios por los niños descalzos, enfermos, sin casa, sin estudio Etc., todo por la incapacidad del Estado oligárquico, tanto, que la mendicidad se palpa todos los días en las calles, en los semáforos, en los buses, reprimida, estigmatizada y escondida cuando les conviene a los gobernantes, como en la cantidad de loterías, chance y rifas -que alimenta la ilusión de salir de pobre con un golpe de suerte a millones de colombianos-, de donde supuestamente salen los recursos para la salud, -y la educación financiada con el impuesto a la borrachera embrutecedora de nuestro pueblo- por eso la salud y la educación son loterías que las adquiere quien tenga con que comprarlas.

Las ONG vuelven a la palestra en el supuesto post-conflicto para apaciguar las ansias de justicia social, dando dulcecitos a las víctimas y despojados para que la estructura del Estado siga igual, al servicio del capitalismo criollo y transnacional. Sin embargo, el inconformismo continúa creciendo y los sectores populares buscando alternativas a la pobreza y la dependencia, se expande la preocupación por la construcción de un mejor país por fuera de la institucionalidad de este Estado violento y corrupto, se impone en el orden del día la organización y la solidaridad, las iniciativas colectivas, la producción y el intercambio de productos e ideas, la creación de redes y bases del poder popular con nuestros propios recursos, simultáneamente a la protesta y a la exigencia al Estado de soluciones reales a los problemas del pueblo, como compromiso constitucional.

Gonzalo Salazar, septiembre 1 de 2018

 

 

“Hay una guerra de clases de los ricos contra los pobres”. (Monique Pinçon-Charlot)

El criminal bloqueo al pueblo venezolano

Por: Ricardo Robledo

Ustedes los han visto: atléticos, robustos, rozagantes; no muestran en sus cuerpos el hambre que dicen estar aguantando en su país, como si se nota en Colombia en los niños de la Guajira, de la Costa Atlántica, del Pacífico, de las cuatro grandes ciudades y de cualquier sitio del territorio nacional. Ustedes los han visto repartiendo bolívares en los buses; un delito financiero como lo es el sustraer el papel moneda de un país; si usted ha recibido los billetes, ha contribuido eficazmente a llevar la penuria a los hogares venezolanos.

¿Usted se imagina qué pasaría en su país, si de un momento a otro desaparecieran los billetes? Piense en cómo haría para pagar el transporte diario, mercar, pagar los servicios, cumplir pagos bancarios, etc. Muchas de las robustas personas que se ven en los buses entregando bolívares, son pagados por la derecha internacional; no fue casual que a la señora tintori se le encontraran doscientos millones de bolívares en la cajuela de su automóvil; en Brasil, se han encontrado cuartos llenos de la moneda venezolana. ¿Quiénes tienen el poder económico para hacer esto, porqué los hacen y con qué propósito?

Los que se hablan en los buses como sufridos venezolanos, tienen que representar un drama ya que sin este no se conmueve a los oyentes y no hay ayuda. Es una crisis creada por poderosas fuerzas a las que no les interesa el sufrimiento de las personas y las hunden en penurias reales como retaliación a sus deseos de libertad y soberanía.

Desde los países de la alianza del Pacífico, se inducen migraciones para mostrarle al mundo que huyen de la crisis humanitaria que hay en Venezuela por culpa de la Revolución Bolivariana y del Socialismo. De esta forma se ambienta el panorama para incrementar la intervención hasta llevarla al plano militar, que podría sumir a la región en un conflicto de grandes proporciones y que afectaría a las poblaciones del área con consecuencias inmanejables.

En esta tramoya participa la oligarquía y demás derecha colombiana, con acciones tan supuestamente humanitarias, que a diario muestran en sus noticieros cómo les facilitan a los inmigrantes venezolanos su tránsito a Perú -pero que no se queden en este paraíso porque no hay cómo atenderlos- Al llegar a Perú, los mandan para Chile y de allí son devueltos a su país de origen. Pero el daño ya está hecho y ya se recreó para el mundo la magnitud de la crisis que lleva a los habitantes al desespero. Los países donde gobierna la derecha, proceden así luego de haber fomentado la inmigración con falsas promesas de mejor vida en los paraísos colombiano y peruano, sitios en los cuales la población pasa por crudas penurias. En la programada ola migratoria se cuelan avivatos, vagos y delincuentes que entran a engrosar la podredumbre que deja el capitalismo en las hacinadas ciudades latinoamericanas y que generan ondas de violencia.

A la vez se aprovecha para asustar efectivamente a los pueblos locales con el fantasma del socialismo y de lo que les pasará si intentan procesos revolucionarios. Con estas manipulaciones obtienen jugosos resultados en las urnas que les aseguran la continuidad de sus privilegios, la explotación y opresión de la población. Se suman así a las acciones del imperialismo y a sus intereses, como socios que los protegen a cambio de la traición a los pueblos latinoamericanos.

Pero el peso humanitario de la revolución bolivariana, permite que luego de haber salido para la nación andina y tras conocer una cruda realidad, venezolanos y venezolanas sean incorporados al Plan vuelta a la Patria, impulsado por el gobierno popular. No abandonan a sus compatriotas a su suerte, como sí ocurre en los países donde gobierna la derecha, que mantienen a sus pobladores en el olvido y no se acuerdan de los millones de emigrantes que huyen de la miseria, de la represión y de las violaciones de los derechos humanos. Pero este retorno ya no ocupa grandes titulares en la prensa burguesa.Gloria al bravo pueblo.

Agosto 28 de 2018

Por qué se debe votar en la “Consulta anticorrupción”

La destrucción de la cultura paisa

Por: Ricardo Robledo

Todavía no eran las cuatro de la mañana y ya se sentía el trajín en la casa campesina. Se podía escuchar el crujir de la leña en el fogón, que comenzaba a quebrarse por la acción de la candela. Cuando los muchachos se levantaban, el abuelo ya había partido para el surco, con el azadón al hombro y el machete al cinto. Sobre la florida colcha de retazos construida por la abuela, descansaba un bebé que rebosaba de salud.

De esa base sobre la que se construyó lo que se puede considerar como cultura paisa, sólo quedan los recuerdos.

Las novelas y películas como las de la serie narcos y el patrón del mal, que entretienen al pueblo colombiano, se han hecho gobierno. A muchos se les cumplió el sueño y materializaron de esta forma a sus héroes. Colombia pasa de las manos de la oligarquía más sanguinaria de América Latina, a los de la lumpen burguesía (¿Habrá existido una que no lo sea?), con lo que el país caerá en la oscuridad, puesto que nunca este sector podrá construir una sociedad basada en un estado de derecho.

En la sociedad se fue imponiendo el estilo de vida de los narcotraficantes; los mafiosos convirtieron en su clientela a la juventud paisa; se calcula que un treinta por ciento de los jóvenes antioqueños son consumidores habituales, quienes andan enloquecidos en motos, dispuestos a cualquier fechoría para poder acceder a la dosis; para cuando la vida los llame a cuentas, se comprenderán que llenaron su cuerpo y su mente de basura y que otros que no consumían, se enriquecieron con su lucha diaria para conseguir el billete para el bareto. La idea de un negocio es que crezca. A los mafiosos, de sombrero y poncho, sólo les gusta una línea del himno antioqueño: “deja que aspiren mis hijos tus olorosas esencias”

Hoy, el acento paisa, se identifica en lo nacional e internacional como la forma latina de hablar del hampón, el matón o la prepago; el sombrero y el poncho, símbolos de traquetos y paramilitares; las arepas y el aguardiente, negocio de los combos; los trovadores y la música parrandera, diversión de mafiosos; los campesinos, masacrados, despojados, desterrados y desplazados. Le dejan claro a la nación y al mundo que, cuando pasa un traqueto, es Antioquia la que pasa.

No es por tanto casual que en Antioquia, el estado haga presencia en los barrios, por medio de los combos. Con paciencia y con habilidosos políticos, hoy exitosos, han ido copando los cargos de gobierno que les permiten definir el rumbo del país, especialmente de los recursos; para ello se rodean de funcionarios expertos en firmar contratos los 24 y 31 de diciembre a las 12 de la noche, como traídos del niño dios y regalos de año nuevo para sus amigos contratistas escogidos a dedo.

La legalización de fortunas ha sido un recurso necesario para el disfrute local de las ventajas que da el dinero fácil. Sólo un buen fajo de billetes permite explicar el salto político del joven izquierdista José Obdulio, quien cargando en sus espaldas un fardo de billetes, rodó cuesta abajo y en su caída soltó la ideología, pero no su carga; todo sin sufrir trastornos mentales ni sentir náuseas.

– Ya sabes Sancho cuál es la esencia de la naturaleza humana.

Fue allá en el fondo donde se encontró con su presidente. Así, Uribe, recubriendo con política sus intereses personales, se burla de 6 millones de antioqueños y ahora de 40 millones de colombianos (los otros 10 millones lo respaldaron y se convirtieron así en sus cómplices). Su poder económico, político y militar, se vuelve control social sobre buena parte de la población.

Es tal fervor que entre ellos hay quienes están convencido de que los orines de Uribe tienen propiedades curativas. El cura de la dos biblias, Ordóñez y la familia dirigente del movimiento mira, certifican que estos tienen un  grado de pureza mayor al que se obtiene en los altares; tanto más, mientras más frescos y calienticos se recojan; por eso no es extraño ver a paloma valencia corriendo desaforada con un frasquito, cuando desde el capitolio, él quiere hacerse pis sobre el pueblo colombiano, que es así bendecido y protegido por los sacros efluvios corporales de este magnánimo patriarca paisa, tenebroso genocida. Aleluya, alabado, alabado, ha lavado; muchas veces ha lavado; este gran colombiano, superior al inmortal Hermes Trismegisto, el tres veces grande. Muchos de sus seguidores, consideran que el frasquito alcanzaría cotizaciones record, si se vendiera entre los commodities en la bolsa de Nueva York.

Uribe mancilla a Antioquia. Ojalá pudiera efectuarse un diálogo sensato con la derecha colombiana con el fin de que a la otra Colombia se le respete la vida y se le reconozca su condición humana.

Agosto 22 de 2018

En busca de las raíces y la identidad

Por Gonzalo Salazar

Los anhelados Estados Nacionales del liberalismo no tuvieron plena realización ni en Europa, ni en América Latina, pues desde la invasión a nuestro continente, en Europa se realizó una forma de colonialismo interno, dividiendo historias, expulsando comunidades étnicas y religiosas, destruyendo y fusionando culturas y territorios violenta y arbitrariamentepara formar los Estados modernos, mientras en los territorios de América se destruían y avasallaban pueblos y culturas, se destruían procesos de autonomía, homogeneizando a estas comunidades, denominándolas razas inferiores (reduciéndolos a indios y negros, cuando eran diversos pueblos y culturas, los nativos y los otros extraídos de distintos territorios de África)  para dominarlas, despojarlas  y explotarlas mediante las políticas colonialistas e imperialistas, hasta las guerras de independencia, en que el liberalismo pretendía constituir Estados-nación  en estos territorios recién “independizados” de las potencias europeas, pero no fue posible por la formación económica y social que heredó la oligarquía al asumir el poder político, con el que ha mantenido gran parte de la estructura colonial en la mayoría de los países de América Latina, y que aún hoy someten a nuestros pueblos al neocolonialismo también llamado neoliberalismo, que derrumbó las fronteras comerciales para continuar el saqueo a nuestros países por el capital transnacional.

Hasta la primera guerra mundial los últimos intentos de consolidar nuevos Estados-nación en Europa oriental (con la disolución de los imperios II alemán, austrohúngaro y otomano), luego en Medio Oriente y norte de África, fue abortado por la dinámica del capital imperialista, que tras invasiones y nuevas reparticiones de territorios, recursos naturales y energéticos entre los hegemónicos, denominaron a estos nuevos países Estados-Nación, que como en el caso del Medio Oriente fueron países diseñados por los vencedores de cada guerra, que nunca cumplieron –también en América Latina- con las características que el mismo liberalismo definía, pues allí permanecen dinastías (algunas impuestas por las potencias imperialistas) estilo medieval que les roban a sus pueblos todas sus riquezas, manteniéndolos en la pobreza, la ignorancia y el fundamentalismo religioso y misógino patriarcal.

Los pueblos de estos nuevos Estados en la mayoría de los casos en Asia, África  y América Latina, dejaron de ser libres y soberanos, quedando generalmente bajo la tutela de otra potencia o de la metrópoli, (o fueron anexados como Hawái, Filipinas y Puerto Rico) como sucedió con algunas colonias “liberadas” y gobernadas por  élites oligárquicas siervas de los colonialistas en África y Asia en el siglo XX, que pasaron de manos de una potencia imperialista a otra, como Vietnam y Corea. Sin embargo en El Caribe continúa el colonialismo sobre la mayoría de las islas y las Guayanas por parte de USA, Inglaterra, Francia y Holanda.

En América Latina no fue posible un modelo capitalista basado en ese Estado-nación, mucho menos en el desarrollo industrial y agroindustrial como sucedió en Europa y Norteamérica, pues con la economía colonial agromineraextractivista heredada por las oligarquías, se continuó endosando la protección-dependencia a los nuevos imperios a través de acuerdos comerciales y préstamos para un supuesto desarrollo[1], que en Colombia gestionaban las élites o aristocracias regionales, quienes no pudieron integrar totalmente un Estado centralizado por estar en guerras entre ellas por las tierras y los bienes naturales de las regiones.

Esa dependencia neocolonial es la que sometió a nuestro pueblo a la pobreza y al atraso, a soportar una oligarquía incapaz de desarrollar un capitalismo propio, una industria y un desarrollo agrícola que le permitiera alguna autonomía, una infraestructura en comunicaciones y servicios que rompiera el aislamiento interno (y con el mundo en la modernidad) de un regionalismo feudal, que solo sirvió para mantener unas aristocracias que soportan su poder político y su riqueza en la propiedad de la tierra, con ejércitos propios; clase social parásita que bañó en sangre el país hasta nuestros días, para no permitir el más mínimo progreso de las clases populares; clase que se enriquece con la venta de todos nuestros bienes territoriales (Panamá) ecológicos, energéticos y culturales, las más rentables y estratégicas empresas del Estado, entregando nuestra soberanía  (siete bases militares con personal y dirección norteamericana) y nuestras riquezas al peor postor. Burguesía subdesarrollada negadora de su propia historia y de las grandes posibilidades de progreso humanitario del país, pero supuestamente erudita e intelectual ante las oligarquías de los demás países de la región porque “conoce” y adora la historia y la cultura Occidental; de ahí la cantidad de “poetas” eurocéntricos señoriales, que mientras escribían odas a Occidente, viajaban a Europa y a Norteamérica por negocios y placer, o se iban de caza, o de bohemia, ofrecían partes de nuestro territorio a las grandes potencias a cambio de protección ante el “enemigo interno” o pedían la anexión del país a los EE.UU.; ordenaban (y ordenan) las masacres de indígenas, campesinos, obreros y estudiantes, el asesinato de líderes sociales y comunitarios, (incluso calcinando una Corte Suprema de Justicia) entregando todos los recursos naturales al capital transnacional. Crímenes por los que hasta hoy no existe un proceso judicial que se haya iniciado contra algunos de estos mandatarios apátridas, mucho menos una condena moral o política por algún ente jurídico o de control (nacional o internacional) por las acciones de los representantes de la oligarquía en el poder del Estado, en el que en lugar de la división de los tres poderes del supuesto Estado-nación, existe es una confabulación de poderes facticos corruptos para mantener en el atraso económico, político y social a los sectores populares y, defender su statu quo a sangre y fuego.

Existe gran variedad del concepto de Estado-nación elaborado por la academia, sin embargo, tomamos el de Aníbal Quijano que nos amplía la visión desde el sur en este sentido:

Un Estado-nación es una suerte de sociedad individualizada entre las demás. Por eso, entre sus miembros puede ser sentida como identidad. Sin embargo, toda sociedad es una estructura de poder. Es el poder aquello que articula formas de existencia social dispersas y diversas en una totalidad única, una sociedad. Toda estructura de poder es siempre, parcial o totalmente, la imposición de algunos, a menudo cierto grupo, sobre los demás. Consecuentemente, todo Estado-nación posible es una estructura de poder, del mismo modo en que es producto del poder (Quijano 2000 p.15)[2].

Con la Globalización neoliberal, el capitalismo derrumbó las últimas fronteras comerciales que quedaban en el Sur, desestructuró al Estado Nación, lo redujo a su expresión represiva y de control social, en que los tales Estados Nacionales pasan de administradores y ordenadores de los recursos públicos, a  siervos de las instituciones autodenominadas multilaterales, (realmente son unilaterales) a protectores locales de los bienes expropiados por los capitalistas “nacionales” y transnacionales, a rectores de las políticas que el capital mundializado impone, a  legitimar la ley del Libre Mercado, a través de los órganos legislativos o constituyentes permanentes (parlamentos), a garantizar la acumulación de las grandes corporaciones transnacionales comerciales y financieras, no solo en la periferia, sino, también en sus propios Centros, con el desmonte del Estado de Bienestar, dándole forma al actual Estado Global. Llaman a esto Estado social de derecho, concepto falaz que algunos ingenuos de la izquierda defienden y reclaman, cuando  lo único que queda de dicho Estado son los derechos de las oligarquías nacionales y de las grandes corporaciones transnacionales a enriquecerse a cualquier precio, y la socialización de la pobreza, como lo están haciendo en México con la privatización del petróleo y la eliminación de la soberanía alimentaria, en Brasil con la destrucción de la selva amazónica, en Argentina con el monocultivo de la soja, en toda América Latina con la megaminería, en todo el mundo con la expropiación de los recursos naturales y la explotación de mano de obra que cada vez se parece más a la esclavitud.

Para el tema que nos ocupa es necesario abordar la discusión sobre el carácter de nuestro ser como comunidad diversa, habitante de un territorio también diverso. Nos encontramos con la definición académica de nación; muy amplia y de infinitas interpretaciones, pero que en últimas, casi todas parten de, o llegan a la concepción eurocéntrica liberal, construida a partir de la Revolución Francesa, para dar sustento jurídico al Estado-nación[3];definición sujeta a intereses de clase, herencia (genética y económica) de raza, en las que priman conceptos como una lengua, una cultura, una religión unas características antropomorfas (biométricas) o de raza y un área geográfica determinada común de nacimiento de un grupo social, que determinan su identidad y pertenencia a una nación; fundamentalismo occidental que deja un amplio espacio para justificar el racismo, la xenofobia, el chovinismo, el colonialismo, el fascismo y los imperialismos. Europa podría haber sido una nación diversa cultural y étnicamente, si no lo hubiera impedido el capitalismo, homogeneizando sus culturas, enfrascando a sus pueblos y territorios en el Estado nación, a los que separó violenta, lingüística y territorialmente para concentrar las riquezas de sus países y saquear las de otros pueblos con su expansionismo colonialista.

Nación sigue siendo un concepto en construcción por los pueblos de las periferias, en el que podemos encontrar los componentes de nuestras identidades, caracterizándolas a partir del nacimiento y o convivencia dentro de nuestro territorio durante un tiempo prudencial, dentro del cual logramos asumir nuestra pertenencia, (con diferentes orígenes geográficos y étnicos de individuos y comunidades) pero no el único, o el principal componente, pues desde la óptica democrática popular no podemos priorizar ninguna de las condiciones o particularidades exigidas por Occidente; se puede nacer y emigrar asumiendo una u otras nacionalidades en otros países, o asentarse con raizalidad –inmigración- en el territorio, como se han construido las grandes naciones y los imperios; hablando  diferentes lenguas ancestrales o vernáculas además del castellano colombiano, ser fiel o no a una o varias comunidades religiosas, compartir o diferir con tendencias políticas y filosóficas, poseer diferentes cosmogonías y cosmovisiones; sin embargo, si tenemos raíces sociales, características culturales e históricas comunes dentro del territorio, si hemos aportado al desarrollo de este país, si nos hemos beneficiado y disfrutado de sus bienes, de su diversidad cultural, de su interculturalidad, si tenemos sentido de pertenencia, amor por el pueblo, por el territorio y los bienes comunes de este país, nuestra nacionalidad diversa, además de las particularidades de cada región o sector social del país, es Colombiana Latinoamericanaabyayaliana, hasta que nuestros pueblos emancipados decidan otra forma de convivencia e integración que borren las estructuras sociales y económicas, las leyes, los nombres de nuestros territorios y las fronteras impuestas por los dominadores, e integren una sola nación abyayaliana, plural, diversa, equitativa, libre y solidaria.

Algunos académicos del siglo XIX toman al Estado como superior a la nación, por lo que muchas veces los intelectuales y dirigentes de la oligarquía tratan de confundir al  pueblo colombiano al equiparar el concepto de nación con el de Estado (solo pueden explicar lo nacional a través del Estado-nación burgués y sus instituciones), llegando a sostener que el Estado somos todos, porque lo plantea algún teórico europeo o norteamericano, sin diferenciar clases sociales, comunidades étnicas, pueblos, diversidad cultural, cosmogonías, cosmovisiones, lenguas y regiones existentes en nuestros territorios; encubriendo el origen y el papel del Estado como producto de la división de la sociedad y de la lucha de clases, como aparato represivo y defensor de una o varias clases dominantes; aparato “perfeccionado” a los intereses del moderno capitalismo, como una entidad política constituida supuestamente para administrar los bienes comunes y la economía y mantener una supuesta la armonía en la sociedad.

Con la rica diversidad étnica cultural territorial biológica y ambiental de nuestra América Latina y Caribeña y por consiguiente de nuestro país, el concepto occidental de nación no puede tener plena asimilación o adaptación mecánica, en ninguno de los territorios  en que nos dividieron los europeos y en que pretenden mantenernos las oligarquías criollas y el imperio Norteamericano; será la creación  colectiva de los pueblos, en lucha -contra los opresores- por el buen vivir o el socialismo, por una nación de naciones  desde el rio Bravo hasta la Patagonia, como lo proponía Simón Bolívar, como lo deseaba José Martí, como lo soñó el Ché, como lo quieren los pueblos indígenas y urbanos y los humanistas en la construcción de la patria abyayaliana, que vuelva a reunir historias, pueblos y culturas por fuera de las arbitrarias fronteras establecidas por los invasores y los dominadores, objetivo que no alcanzaron los procesos revolucionarios independentistas del siglo XIX ni las revoluciones en todo el continente en el XX, pues el socialismo o el buen vivir no puede ser solo un propósito local de ningún país, debe ser un proceso de unidad, de articulación y de construcción por todos los pueblos del AbyaYala y los del mundo. De tal manera, Simón Bolívar en su carta de Jamaica nos describe y nos reconoce a los americanos como pueblo diferente a los europeos, a los africanos, a lo puramente indígena con sus particularidades étnicas, excluyendo el carácter de raza.

Tengamos en cuenta que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del norte, que más bien es un compuesto de África y de América que una emancipación de Europa, pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado; el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza, trae un reato de la mayor trascendencia.

En este sentido son importantes desde diferentes ángulos académico-teóricos e intelectuales, los aportes de  quienes desde una visión local-regional identifican símbolos, paradigmas, tradiciones, economías, historias y cosmovisiones convivientes en un territorio, como elementos constitutivos de las culturas de una gran nación latinoamericana con particularidades regionales: centroamericana, suramericana, andina, caribeña; y dentro de estas, las expresiones propias de cada país;  que bien nos lo recuerda Carlos Gutiérrez desde la literatura de nuestros hermanos latinoamericanos cuando retratan, narran o describen nuestros territorios y a los seres humanos que los habitan con todas sus tragedias, sus valores, sus tradiciones, sus emociones, sus sueños, sus alegrías, sus utopías.

Consumada la lucha anticolonialista, correspondía sentar las bases de los proyectos nacionales. En cada país, en distintos momentos de su historia, la literatura retoma y asume esta problemática. En Argentina, Martín Fierro, de José Hernández; en Ecuador, Huasipungo, de Jorge Icaza; en Perú, Ríos profundos, de José María Arguedas; para toda la región y en otro momento de su historia, Pablo Neruda, con el Canto General, logra dibujar nuestra realidad y ahondar en el tema identitario. Con igual brillantez abordan la temática Alejo Carpentier y Arturo Uslar Pietri. He ahí obras y autores de obligatoria recordación o memoria. Hay más, no hay duda.[4]

De la misma manera harán lo propio Fernando González (“Los Negroides”), José Eustasio Rivera (“La Vorágine”), Antonio García Nossa, Gabriel García Márquez (Cien años de soledad), Luis López de Mesa (“De cómo se ha formado la nación colombiana”), Germán Colmenares, Mario Arrubla, Orlando Fals Borda (“Socialismo raizal”) y tantos otros colombianos, desde diferentes ángulos en diferentes épocas, que van desde lo histórico, lo político, lo sociológico, lo antropológico, lo económico, lo cultural, en escenarios locales, regionales y nacional, confluyendo en rasgos comunes y particularidades  -con sus diferentes visiones políticas y personales- en la caracterización de una nación colombiana diversa, con raíces en lo regional-rural, que tanto nos preocupa reconocer y reconstruir en un proceso liberador-transformador.

En la historia nacional e historias locales y regionales vividas por nuestros pueblos y comunidades, orales y escritas con la visión de los oprimidos, de los victimizados, de los excluidos, con las cosmovisiones de los pueblos originarios y raizales, de las comunidades urbanas, están los elementos de nuestra nacionalidad plural, no en la llamada historia “universal”, de la cultura occidental que la escuela oficial nos enseña, ni en los anecdotarios ni en los árboles genealógicos de la oligarquía, menos en el supuesto fin de la historia que el neoliberalismo globalizado quiso imponer con los inventarios de su geoestrategia y de su geopolítica, pues para Occidente los demás pueblos no tienen historias ni filosofías ni culturas o sea, no existimos.

La formación de nuestra nación se ha dado desde los intereses de los dominadores nacionales y foráneos, con la disputa por el poder regional de jefes y caudillos, en un principio militares y políticos descendientes de los conquistadores (enriquecidos por la corona al entregarles grandes cantidades de las mejores tierras de los indígenas) y los criollos, que adquirieron más riquezas a través de las guerras civiles, el saqueo al erario, y de conflictos regionales  -a algunos “generales” se les pagó el favor de participar en la guerra de independencia con inmensidades de territorio, otros compraron rangos militares para exigir reconocimiento, tierras y pensiones- tal como lo hacen hoy los altos funcionarios del Estado, (nombrados y elegidos) integrando junto a la aristocracia criolla otrora sirviente del imperio español, el estamento oligárquico, del cual una parte manejaba el mercado de exportaciones de materias primas y minerales e importaciones de manufacturas y otro, el sector financiero, que se encargó de endeudar el país a nombre de la “independencia” y de un progreso que nunca llegó. La disputa por poderes regionales se expresa en las docenas de conflictos regionales y guerras civiles (36) de los últimos 200 años, la última que lleva más de 60, de la oligarquía terrateniente-narcotraficante, contrabandista, financiera y comerciante contra los campesinos y los trabajadores, generada por el mismo problema: la propiedad sobre la tierra y los recursos naturales.

Desde mediados del siglo XIX se produjo una sensible valorización de las tierras colombianas, debido al aumento de la población (entre 1825 y 1851 la población creció en 81%, al pasar de 1,2 millones a 2,3 millones de habitantes; a principio del siglo XX alcanzó los 4 millones), el incremento del cultivo del tabaco para la exportación, el desarrollo de otros cultivos agrícolas producto de la prosperidad de los negocios tabacaleros (papa y trigo –en las tierras altas- caña de azúcar, algodón, cacao, añil, plátano y yuca –en las tierras medias y bajas- y el maíz, base de la alimentación de la población, en todos los pisos térmicos), la intensificación de las actividades ganaderas (la introducción de los pastos Guinea y Para en los años 1845-1850 constituyó un hecho de capital importancia para el desarrollo de la ganadería del país y desató la codicia por la apropiación de la “tierra caliente”), y las mejoras en las vías de comunicación (articuladas a la navegación por el río Magdalena, columna vertebral del comercio exterior). El poder de los hacendados y el sensible aumento en el valor de las tierras despertó la ambición de acumular riqueza territorial.[5]

La formación de un mejor país no puede quedarse en las particularidades locales “nacionales” aislado del contexto regional suramericano,  abyayaliano, y mundial, pensando que basta con construir nuestro buen vivir, pues somos parte de esa gran plural y diversa nación latinoamericana y caribeña, con problemas sociales y ambientales, con características culturales comunes; también tenemos objetivos políticos y económicos comunes que nos indican la integración, la fraternidad y la solidaridad de los pueblos como única opción para superar la pobreza la dependencia y la desigualdad social. El socialismo o el bien vivir no puede estar supeditado a la lucha de un solo pueblo, a la experiencia de un solo país, solo será posible consolidarlo a través de un movimiento emancipatorio de todos los pueblos del mundo.

La simbología patriotera que la oligarquía colombiana ha impuesto, en gran medida representa valores eurocéntricos, mitología judeocristiana, copiada de territorios lejanos, (bandera, escudo, himno, nacional) simbología que no une, que no representa valores históricos o culturales de nuestros pueblos, pues en ninguno de estos símbolos aparece el pueblo ni su diversidad; si se mira bien, son valores racistas, significados de una gesta de clase dominante; memorias y alegorías de otros mundos ajenos al nuestro en su canto épico. Un escudo que es el menú de las riquezas y recursos disponibles para el capital transnacional, cuernos llenos del oroexpropiado,  de la diversidad alimentaria que ha sido erradicada. Un cóndor que prácticamente desapareció con la biodiversidad de su hábitat, que solo se puede ver en algunos museos (zoológicos); la corona de laurel, como el gorro frigio, símbolos europeos de gloria y libertad que no representan nada para el pueblo, un istmo que fue vendido por los apátridas, con mares que surcan y explotan naves pesqueras y comerciales privadas, y armadas foráneas. Lo que siempre ha estado presente es la libertad del capital para despojar y someter, y el orden de terror que la oligarquía impuso para mantenerse en el poder. Hoy esta clase social apátrida pretende que el patriotismo sea la defensa a ultranza de unas camisetas en otros colores e idiomas sobre los cuerpos de unos deportistas pagados y/o esclavizados por mafias transnacionales con negocios por cientos de millones de dólares, y la existencia de supuestos héroes de un ejército fratricida y cruel, de ocupación en su propia patria, que muestran las campañas mediáticas.

Este patrioterismo no tiene nada que ver con la defensa de la soberanía nacional ni de los recursos naturales, más que el discurso militarista contra los que realmente defienden y construyen la patria, pues el mismo territorio nacional pasa a ser propiedad privada del extractivismo y del sector financiero, que ordenan al parlamento legislar, al poder judicial, castigar, y al ejecutivo gobernar para ellos, todos, en defensa del mercado; las corporaciones transnacionales –protegidas por la fuerzas armadas y paramilitares y por el Estado- utilizan la bandera y el nombre de Colombia como divisa de sus productos comerciales y proyectos extractivos, mostrando que ellas son las que aportan desarrollo  y defienden el medio ambiente, exigiendo reconocimiento de soberanía al pueblo como propietarios de esta colonia; mostrando que además de su poder económico tienen más poder político, jurídico y cultural que el Estado.

Si queremos otro país, también debemos recuperar la memoria histórica y las culturas propias, desconociendo la simbología y los monumentos de la oligarquía, o por lo menos invirtiendo sus significados, como en los casos de las estatuas de los conquistadores, a las cuales se les rinde pleitesía, se les celebra y conmemora como héroes o benefactores, lo mismo que los caudillos criollos (sátrapas genocidas que nos han gobernado por 200 años) descendientes de aquellos que inundaron de sangre y miseria a nuestro pueblo, poniendo sus nombres a municipios, barrios y en cuanta obra de infraestructura se erige. En un proceso de emancipación todos esos monumentos y simbologías deben ser destruidos y sus nombres borrados de nuestras identidades y culturas Los actuales nombres  de nuestro continente y país son epónimos de quienes lideraron la invasión y el genocidio, algún día nuestros pueblos emancipados restituirán el nombre originario, AbyaYala y nombrarán nuestro territorio nacional con creatividad y dignidad.

Es posible en el proceso de recuperación de la memoria y las identidades,  construir y descubrir héroes, hitos, símbolos, monumentos, valores culturales populares, tradiciones, lugares de valor histórico, cultural, ecológico Etc. representativos de nuestra identidad actual como nación diversa, construidos en la lucha cotidiana por un país libre y soberano. Nuestros héroes y grandes líderes políticos populares están en las regiones, en las luchas de los negros y los indígenas, en el movimiento campesino, en los movimientos cívicos barriales, en las mujeres que también gestan rebeldías y paren posibilidades, en los jóvenes que estudian, trabajan y luchan, en intelectuales que investigan, descubren, critican y proponen, en artistas que expresan creativamente lo que somos y lo que soñamos. No necesariamente tienen que ser héroes de la guerra, -que son millones de nuestros muertos anónimos en esta guerra que nos involucró occidente desde 1492- Reconozcamos las diferencias étnicas culturales, las biodiversidades locales y regionales, enmarcadas en el contexto económico-social, como grandes riquezas de nuestra nación en las actividades políticas y culturales, para unir y articular sectores sociales, comunidades y proyectos, enfocando la nueva nación hacia el futuro que deseamos, hacia esa utopía que nos hace actuar con alegría por la vida, la justicia y la libertad.

Nuestra diversidad indígena-raizal, mestiza, dispersa en todo el territorio nacional, -incluyendo las grandes capitales, donde han constituido cabildos y Consejos Comunitarios urbanos-  con más de 80 pueblos vivos, dentro de  los cuales conservan sus lenguas y cosmovisiones, pueblos que hablan más de dos idiomas, igual que las comunidades negras (palenque de San Basilio y San Andrés y Providencia), y gitanas que recorren el país y el mundo con su lengua romaní; en su conjunto suman más de 65 lenguas  ancestrales y vernáculas vivas[6]Recordemos que antes de la llegada de los invasores europeos se hablaban más de 1000  lenguas con diferentes dialectos y derivaciones en el continente americano; podemos decir que somos una nación políglota, característica que la oligarquía niega, imponiéndonos un bilingüismo anglo-hispano, cuando todo colombiano debería hablar por lo menos una lengua ancestral o vernácula además del español, como parte de nuestra identidad cultural; de hecho algunas comunidades indígenas y raizales se comunican en más de dos lenguas con sus comunidades vecinas y mestizas, luchando por sus identidades con la educación propia en sus idiomas ancestrales.

La imposición del inglés como segunda lengua no se origina en una necesidad interna o cultural nacional, como que dentro del territorio continental (excepción del departamento de San Andrés, donde además del español se habla el creole) existiera una comunidad nacional que conservara como lengua principal este idioma (en el siglo XIX se era “intelectual y culto” si se hablaba y escribía en francés). Realmente es una imposición del imperio norteamericano, para la explotación de nuestra fuerza de trabajo, para que el colonizado entienda las órdenes del amo extranjero, para obedecer (tal como lo hicieron los europeos cuando nos invadieron y esclavizaron), no para hacernos más cultos ni para dialogar con ellos de igual a igual.

Hoy se ha integrado una gran comunidad trabajadora de habla hispana (millones de inmigrantes) que hace de nuestra lengua, la segunda en los EE.UU. el idioma mayoritario de su fuerza de trabajo; sin embargo es importante conocer algún idioma de occidente, del oriente, del norte o del sur, (aprendido por la necesidad de saber)  pues cada lengua es una cosmovisión, una cultura más, que nos enriquece. La formación de la nueva nación, del nuevo país, parte del reconocimiento, respeto y expresión de antiguas, presentes y nuevas subjetividades, en las que son determinantes las lenguas y las culturas de las comunidades indígenas y raizales, en las regiones por todos los sectores sociales y comunidades existentes en todo el territorio, formación orientada a la superación de la desigualdad social, la pobreza, la ignorancia, la violencia.

La protección, recuperación y enriquecimiento de nuestras lenguas ancestrales o nativas, parte del ejercicio de autonomía de los pueblos hablantes de éstas, orientando desde sus autoridades propias el diseño por estas comunidades de sus propias pedagogías y programas educativos en la escuela, en las familias, en todas sus actividades culturales y sociales en sus territorios, proceso en el que han venido concertando algunas comunidades con el Estado, quien ha dirigido una transculturación, imponiendo el castellano, prohibiendo el uso de sus lenguas nativas, a través de políticas como la Etnoeducación –oficial- y los programas de protección a la infancia con instituciones como el ICBF. Sin embargo son importantes los avances que desde la legalidad se han logrado con el reconocimiento que el Estado hace a través de decretos como el 1142 de 1978 sobre Educación de las comunidades indígenas, de la ley 1381 de 2010 o Ley de Lenguas Nativas como desarrollo de los artículos 7, 8, 10, y 70 de la Constitución Política de 1991; pero de las que los pueblos y comunidades indígenas y raizales pueden exigir su aplicación, mejoramiento y participación decisoria en la reglamentación y corrección de estas, como también en la elaboración y aprobación de nuevas leyes y políticas en este tema. Pues las lenguas nativas en un territorio o región deberían ser lenguas oficiales y enseñadas a sus habitantes como bilingüismo local, regional y nacional, o sea, todo colombiano debería conocer por lo menos una lengua nativa como segunda lengua, antes que el inglés.

Lo más significativo de nuestras identidades son los lenguajes, que no solo nos comunican, porque son construcciones colectivas, con los que aprehendemos y expresamos nuestras cosmovisiones, que le dan sonido, color y forma a nuestros pensamientos, a nuestros sentimientos, a nuestras emociones, a nuestras ideas; de los cuales no podemos aceptar la eliminación de nuestra diversidad lingüística, como tampoco aceptamos la tergiversación ni la inversión de los significados de las palabras de nuestra lengua mestiza castellano-colombiano, que hacen los dominadores para disminuirnos e invisibilizarnos como pueblos; por esto es indispensable dar sentido propio a conceptos como democracia, autonomía, justicia y solidaridad, que desde los sectores populares se definen y materializan en la lucha por la dignidad y la soberanía popular, por los derechos individuales y colectivos, por el buen vivir.

De un proceso de aculturación impuesto por los conquistadores -con su pensamiento único occidental- a los pueblos originarios y la colonización de nuestros territorios y nuestras mentes por las ideologías del capitalismo, pasamos a otro de transculturación con mayor arraigo en las ciudades en las nuevas generaciones y en las migraciones internas y procedentes del exterior, con apoyos en las últimas tecnologías, con la globalización y su pensamiento único; sin embargo, en esta transculturación persisten diferentes niveles de mestizaje que nos dan diversas caracterizaciones locales y regionales en una multiculturalidad dinamizada por nuevos movimientos sociales y culturales (indígena, feminista, ecológico, comunidades virtuales) en una interculturalidad que articula, dialoga y se enriquece, contra la que el Estado oligárquico utiliza todos los medios para dividir y confrontar, conminando a permanecer a todos y cada uno de los pueblos, comunidades y sectores sociales en su gueto cultural y o territorial. Realmente nuestra nación es una cobija de retazos étnica y culturalmente, con matices, sincretismos y mestizajes europeos, africanos, suramericanos, caribeños, con oleadas de inmigrantes árabes, japoneses, gitanos –y de otras latitudes-, con fuerte presencia en regiones y zonas de las grandes ciudades, quienes contribuyen con su trabajo y sus aportes culturales a enriquecerla.

Los estímulos a la creatividad, la conservación y la promoción de las tradiciones y expresiones culturales como identidades propias de las comunidades y grupos étnicos, no los podemos encontrar en las políticas que desde el establecimiento se imponen y se difunden sino, en la valoración propia como sujetos sociales en un proceso emancipador, en un poder popular que recupere la memoria histórica-cultural, que proteja y difunda nuestros valores populares no etnocéntricos ni patriarcales. La inmensa variedad de tradiciones, de músicas, danzas, gastronomía,  artesanías (arte popular), además de las lenguas, modismos literaturas y cosmogonías locales y regionales, dispersas en la también diversa geografía, algunas en proceso de extinción, otras en recuperación,expresiones culturales que nos dan identidad regional y nacional; el sancocho del Valle del Cauca es diferente al bogotano, el bambuco caucano es diferente al antioqueño y al boyacense, los mitos y leyendas de la costa pacífica tienen personajes diferentes a los de la costa atlántica y a los de los llanos orientales, lo mismo pasa con las músicas y los bailes que evolucionan en fusiones incrementados con otros instrumentos, arreglos y ensambles, aunque los medios y las empresas culturales tratan de imponer ritmos foráneos con antivalores como el reguetón que expresa violencia y misoginia, pero quetambién subvaloran y manipulan lo nuestro cuando reúnen a cientos de miles de fanáticos en conciertos de artistas extranjeros (a cientos de miles de pesos la entrada) que en su decadencia llegan a nuestro territorio mientras nuestros artistas de provincia o con propuestas nuevas son excluidos de publicidad y de oportunidades, solo surgen los que alaban al sistema cantando o dibujando un país paradisiaco para la clase dominante y el turismo, una forma maniquea de la cultura, los que engrandecen al narcotráfico y la violencia como la llamada música “popular” (algunos artistas del vallenato, del despecho y de la salsa que le cantan al terrateniente, narco y al imperio); nuestro arte no lo podemos dejar en manos de las empresas culturales, utilizadas como mercancías folclóricas que se promocionan en el turismo depredador y corruptor, mientras llenamos nuestras casas y nuestras mentes de productos prefabricados por el capital transnacional de cualquier parte del mundo. Indudablemente que el arte que se crea en el mundo permea nuestras formas culturales, con interculturalidades que se dinamizan inicialmente entre la juventud, con la inclusión de ritmos, tendencias y modelos, en su mayoría originados desde las metrópolis occidentales, difundidas por los medios masivos de propaganda dentro de una supuesta cultura universal, que no aporta nada nuevo, sin embargo es una tradición la adopción de ritmos latinoamericanos desde el Caribe, Centroamérica y del sur, que nos hacen sentir latinoamericanos.

Nuestras artes escénicas (teatro, cine, danza) son de excelente calidad a nivel internacional, en el caso del teatro, es la actividad más importante en sectores estudiantiles y en la clase media intelectual (desarrollada por pequeños grupos que surgen generalmente en los barrios con escasos recursos económicos y publicitarios), tanto en la actuación como en los contenidos de las obras, recrean obras de autores clásicos y actuales junto a la creación colectiva en la mayoría de los grupos, de este salen los actores para el cine y la televisión, de los cuales la mayoría vuelven o permanecen  simultáneamente en las tablas; aunque en las tres grandes ciudades se han creado escuelas de actuación y en algunas universidades facultades de artes escénicas, es mínimo el aporte del Estado y no existe una escuela especializada en cine; el mejor cine es el de género documental, en el que es importante la participación de actores naturales, también el de tipo literario de autores nacionales, generalmente con argumentos históricos y sociales; desafortunadamente no se cultiva la cinefilia en nuestro país, mientras en el extranjero es apreciado y premiado nuestro séptimo arte por la crítica independiente y alternativa. A pesar de ser buena la actuación, contar con los medios logísticos, técnicos y de infraestructura para la producción, la televisión en el área artística muestra una baja calidad en temáticas y contenidos, pues como medio masivo de los poderes facticos obedece a las políticas internacionales de las grandes corporaciones del entretenimiento y la propaganda, su producción está orientada a estimular el consumismo y difundir la cultura violenta, mafiosa, sexista, individualista superficial a través de novelas, películas de “acción”, realitys imitando Hollywood. Realmente las artes están apropiadas por sectores medios de la sociedad, al servicio se las clases dominantes, al pueblo le llega solo lo que los grandes medios difunden y lo que las empresa culturales privadas promueven y realizan, como en el caso de la plástica, disciplina que generalmente realizan pintores y escultores de clase media alta en sus talleres secretos, pero que son reconocidos cuando ganan algún premio internacional o exponen en las metrópolis de Occidente; igualmente ocurre con la literatura, cuando el autor edita miles de ejemplares de su obra en muchos idiomas y gana premios o concursos internacionales.

En un proceso emancipatorio y transformador es necesario el rescate, defensa y promoción de las culturas del país, utilizando todos los medios artísticos y tecnológicos, pero también la producción literaria, histórica y científica, además de las expresiones autóctonas cotidianas de la sociedad y los conflictos, para mirarnos y reconocernos en las obras de los artistas populares, no dependiendo de un Estado autoritario excluyente antipopular ni de mecenas capitalistas; la realización del arte debe estar al alcance de los y las interesadas de todos los sectores populares en todo el territorio nacional, apoyado, defendido y nutrido por las comunidades y sectores populares organizados autónomamente.

Por otro lado, utilizando abierta y críticamente las redes virtuales y la televisiónvía internet, los discos, las memorias USB, podemos reconocer afinidades e intercambiar bienes culturales con otros pueblos y grupos o sectores alternativos de todo el mundo, con nuevas propuestas a través de las redes sociales virtuales políticas y culturales independientes, que a la vez generan y difunden mesclas, fusiones en ritmos, tendencias y expresiones culturales (música, escénicas, literatura, plástica) que se van haciendo universales, llevando a otras latitudes nuestras cosmovisiones, sin perder nuestras identidades ni la diversa y plural nacionalidad, movimiento cultural que debe promover y defender toda organización o movimiento popular que busque la emancipación.

En nuestra sociedad mayoritariamente autoritaria y machista patriarcal, conviven diferentes tipos de familia, pues la familia nuclear tradicional (matrimonio cristiano) ya no es mayoritaria; crece el número de matrimonios civiles, se multiplican los hogares con diversas relaciones entre sus integrantes, unión libre, parejas que reúnen sus hijos comunes y de otras relaciones (poligenéticas), muchas veces hogares sin lazos de sangre comunes; con sus jerarquías y relaciones que cambian de una región a otra, de un grupo étnico a otro con diferencias entre pueblos rurales y comunidades urbanas, (cada comunidad indígena, campesina y afro, tienen su propio modelo de familia) en una composición que incluye monogamia, poligamia, endogamia, exogamia, hasta el matriarcado, hogares plurifamiliares y hogares LGTBI. En los sectores populares predomina la mujer cabeza de hogar –mono parental-, generalmente separada o divorciada; desde los 60 la tendencia es hacia la madre soltera trabajadora con uno o dos hijos, con planificación familiar que garantiza la permanencia de la fuerza laboral femenina en la producción.

Si combatimos democráticamente al machismo, al patriarcado, al autoritarismo y el fundamentalismo misógino religioso en todas las actividades productivas, sociales y culturales, podremos fortalecer los modelos de hogares más amplios, más equitativos, más tolerantes, más dialogantes y felices; pero esta transformación no se puede realizar por el actual Estado ni sin criticar ni transformar en nuestras cosmovisiones los conceptos sobre las mujeres y la familia nuclear patriarcal, implica transformar la familia tradicional, eliminar el machismo de la sociedad. La búsqueda de este objetivo debe empezar individual, familiar y colectivamente en la transformación de las relaciones autoritarias y represivas, en relaciones de igualdad, respeto y solidaridad; la lucha contra el autoritarismo, el patriarcalismo y por igualdad de géneros debe asumirse por las organizaciones populares interesadas en cambios estructurales de la sociedad, debe convertirse en un amplio y fuerte movimiento social, al interior de un gran movimiento social transformador –articulado nacional e internacionalmente- integrado por todos los sectores populares.

La misma topografía del país, con sus diferentes climas, ha contribuido a la formación de idiosincrasias, tradiciones, expresiones culturales y económicas diversas, regionales y locales que nos identifican como llaneros, costeños caribeños, costeños del Pacifico, cundiboyacenses, santandereanos, paisas, amazónicos, caucanos, pastusos, tolimenses, isleños, rolos. Pero sobre todo, campesino-as, jornalero-as, obrero-as (activos y desempleados), indígenas, trabajadores del comercio y los servicios, profesionales, pobladores de las periferias urbanas (en su mayoría expulsado-as del campo violentamente), por supuesto, unas clases medias rural y urbana que luchan por no perder su condición, todos como sectores populares integrantes del pueblo colombiano, frente a la oligarquía terrateniente capitalista mercantilista unida al capital transnacional, que nos domina con poderes políticos, económicos, culturales y militares locales, regionales y nacionales. Por esto, al convocar para la refundación de la nación, no podemos excluir a ninguno de los sectores populares, donde cuentan los movimientos sociales, las mujeres, los jóvenes y las mal llamadas minorías; en la que los sectores populares, las comunidades, las organizaciones políticas y los pueblos, tenemos que tratarnos como iguales, con los mismos derechos, capacidades y oportunidades que solo las podemos ejercer y garantizar nosotros mismos-as en una democracia popular, pues esta no se decreta ni se impone al pueblo, se construye desde el hogar, la localidad y la comunidad.

El término minoría encierra características socioeconómicas, culturales, étnicas y lingüísticas que nos llevan a concluir, desde la concepción occidental, en algo pequeño, menor, inferior, minusválido, reducido, incapaz de definir por sí mismo, que tiene que ser protegido, por eso tienen que ser dirigido/a y representadas/os por otros. Así pues, es como el imperio español y la oligarquía consideraron a los indígenas, cuando en realidad son culturas milenarias diversas, (incluso anteriores al imperio español y a la misma civilización occidental), que como los/las campesinos/as mestizos/as siempre han sido mayoría frente a los colonialistas, a los  terratenientes y a toda la oligarquía racista-patriarcal, lo mismo han hecho con los negros, las mujeres y los demás sectores populares. Por muy reducido que sea el número de integrantes de una comunidad o de un grupo social con identidad territorial y o cultural, no puede ser menor ni inferior en el concierto de los pueblos, tiene la capacidad e igualdad de derechos para decidir sobre sus problemas y sobre los del país. O sea, existen pueblos y comunidades locales, regionales, nacionales e internacionales, no existen minorías ni “grandes mayorías” que puedan decidir legítimamente por el resto de la sociedad, por esto la democracia capitalista es opuesta a la democracia popular. La negación de estas capacidades a los pueblos es lo que ha “justificado” el genocidio, el despojo, el abuso, la esclavitud y la extinción por los dominadores que siempre serán una ínfima minoría en la sociedad.

Otra cosa es la forma de gobernarse o autogobernarse los pueblos, las posibilidades de crear formas legítimas de autoridad territorial más horizontales, con instituciones comunitarias (educativas, de salud, justicia, protección, cultura) autogestionarias, integradas, articuladas y coordinadas local, regional y nacionalmente (municipios, provincias, regiones confederadas) de acuerdo a las necesidades en el tiempo; que funcionen alrededor de proyectos y programas concertados en consultas y asambleas decisorias en cada territorio y con cada sector social. Las formas de gobierno o autogobierno regional, local y nacional, es una tarea de elaboración política de cada sector social, de cada comunidad y de todo el pueblo; no solo de la academia o de la intelectualidad de las organizaciones de izquierda; debe ser un proceso de participación y de definiciones políticas que convoque, debata y mandate simultáneamente en sus respectivos territorios, recogiendo las experiencias y propuestas de los pueblos indígenas con sus resguardos y cabildos, las ETIS (Entidades Territoriales Indígenas reconocidas por la Constitución de 1991); de los raizales, de las comunidades negras con sus palenques y consejos comunitarios territoriales, con sus asociaciones de agricultores, de pescadores y de mineros, también reconocidos por  la misma Constitución y en la ley 80; de los campesinos con sus ligas, cooperativas, sindicatos y asociaciones agrarias, con sus Zonas Productivas Agroalimentarias, colonias en baldíos y Parques Nacionales (llamadas por la oligarquía repúblicas independientes en los 50 y 60 del siglo pasado), y las actuales Zonas de Reserva Campesina; los movimientos cívicos urbanos con toda su experiencia en movilización y resistencia; pero también las organizaciones creadas, no reconocidas por el Estado y las que no desean este reconocimiento. Es imprescindible recoger  experiencias históricas como las de los artesanos y sus sociedades democráticas de finales del XIX y principios del XX; la de los bolcheviques del Líbano Tolima, la de los obreros bananeros, la de los obreros petroleros de Barranca (improvisaron una comuna emulando la de Paris), la de la comunidades de paz de San José de Apartadó, la de los movimientos populares regionales –la lucha de los Pueblos Originarios de Base como los llama Orlando Fals Borda- de los últimos 100 años.

En las grandes ciudades con todas las problemáticas de deficientes y ausentes servicios públicos, desempleo, racismo y exclusión en la diversidad de sectores sociales en lucha permanente, hay mucho por aprender y recodar, pero también por crear, cultivar y defender en la cotidianidad, en las coyunturas. Con organización, movilización y protesta, se llega a momentos de coordinación, articulación y cooperación que propician una autoridad temporal que define responsabilidades, planifica, orienta acciones y controla el territorio, a través de los movimientos sociales, cívicos, JAC, JAL, los comités barriales, sindicatos e infinidad de organizaciones populares, comprometiendo a todos y cada uno de los sectores sociales. Pero también podemos aprender de las experiencias de los zapatistas, los aimaras, los quechuas, de los Sin Tierra y de los estudiantes brasileños, de los piqueteros argentinos, de los mapuches chilenos y argentinos de la autonomía de los y las kurdas y  demás experiencias de autonomía y gobierno popular del continente y del mundo para ampliar los conceptos de soberanía y autogobierno popular en nuestros territorios.

Dentro de la agenda de mejor país estará la nueva configuración territorial, que pasa por un nuevo Ordenamiento Territorial realizado por cada comunidad territorial con participación decisoria de todos los sectores populares de la localidad –rural, urbana insular- y región, exigiendo el apoyo de profesionales e intelectuales de la geografía, la antropología, la sociología, la ecología, la biología, las ingenierías,  comprometidos con el proyecto de nuevo país; que redefina los usos y propiedad del suelo y el subsuelo, los espacios productivos –agropecuarios, agroindustriales, industriales, mineros-, culturales-recreativos, las áreas de protección ecológica, la frontera agrícola, la infraestructura y los servicios necesarios en cada territorio y localidad, identificando particularidades económicas, sociales, ecológicas y culturales por regiones, que pueden ser provincias autónomas integradas a otras entidades como zonas Campesinas de Producción Agroalimentaria,  las Zonas de Reserva Campesina, Zonas de Reserva Forestal con presencia campesina, y territorios de comunidades raizales, palenques, territorios de consejos comunitarios, resguardos Indígenas; en las áreas urbanas definir los tipos de vivienda digna, los espacios culturales, educacionales, recreacionales, los entornos ecológicos, comerciales, los sistemas de transporte, la infraestructura de servicios básicos domiciliarios, los sistemas y redes de salud, adecuados a las necesidades de los sectores poblacionalesen cada ciudad. Esta tarea no puede ser realizada correctamente por instituciones del Estado actual, ni por instituciones dependientes de grupos económicos o políticos de las clases dominantes o por ONG; la nueva configuración territorial elaborada por el pueblo podría ser asumida por un Estado Democrático en transición como un mandato; no es necesario tomar como modelos los entes territoriales o administrativos existentes, como departamento, zona franca o distrito, en este sentido hay propuestas como la del maestro Orlando Fals Borda[7] de recuperar e integrar nuevas provincias y regiones similares a las de la Colonia, sin embargo es el pueblo quien con su sabiduría diseñará no solo un mapa, sino, que construirá un mejor país.

En algunas zonas de frontera, de puertos e insulares, la composición  de la población es cosmopolita, (Cúcuta, Ipiales, San Andrés y Providencia, Maicao, Leticia) producto de las migraciones y de la convivencia en territorios comunes que les da derecho a otras nacionalidades, a estos grupos humanos, de reclamar autonomía; esas regiones podrían constituirse como territorios del Buen Vivir. En extensas regiones conviven comunidades indígenas con territorios ancestrales, algunas nómadas, otras en aislamiento voluntario, junto a comunidades y pueblos mestizos y negros  que comparten espacios semiurbanos y urbanos  delimitados por el Estado; pequeñas ciudades con culturas comunes y economías complementarias en torno a grandes ciudades-región en la diversidad biológica y topográfica de nuestro territorio, que se asimilan a países dentro de un país de regiones, de un pueblo de pueblos, configurando nuestra posible nación pluridiversa como un posible Estado plurinacionalen transición o una Comunidad Pluricultural Confederada

En lo administrativo el Estado ha venido configurando el concepto de Área Metropolitana en torno a las grandes ciudades, que integra a municipios vecinos absorbidos, aunque su fin es planear el desarrollo urbanístico (negocio del sector financiero-bancario y de las constructoras de vivienda e infraestructura), localizar centros de producción industrial, cuantificar consumidores, demanda de servicios, el mercado de votos y el control de la población; igualmente las Zonas Económicas Especiales, Zonas Francas anexas a las ciudades para explotar mano de obra (maquilas) y servicios que garantizan y protegen la inversión extranjera y la extracción de recursos para el mercado mundial; los distritos como el Distrito de Buenaventura que garantiza seguridad y servicios al mercado de importación y exportación en medio del mar de pobreza y violencia que este proyecto genera; que se ampliará y modernizará con el mega plan IIRSA y el proyecto de extracción Alianza Pacífico. Distritos Turísticos como el  de Cartagena, reducido al mercado turístico en la parte “histórica” hotelera y las playas privatizadas, que cuenta con moderna infraestructura y amplia red de servicios, mientras el resto de la población sobrevive en la miseria y la insalubridad.  Estas figuras con fines más económicos que sociales son parte de dichas áreas Metropolitanas y del plan extractivista.

De la misma manera el Estado centralista organiza la economía del resto del país creando grandes áreas de producción agroindustrial de monoproducto como las ganaderas, azucareras, palmeras, cafetera, etc.  y zonas de explotación minera y energética, anexando territorios campesinos, indígenas, afros, baldíos, de reserva hídrica y ecológica a megaregiones ZIDRES (Zonas de Desarrollo Rural Económico y Social), cumpliendo los mandatos del capital financiero y transnacional, consignados en planes como IIRSA, tratados como la Alianza Pacífico y los TLC con las grandes potencias; pero un POT democrático debe dar paso a la unión de territorios adyacentes, no necesariamente del mismo departamento, que integran particularidades geográficas, económicas y culturales, como Circuitos Económicos Alternativos (definiendo áreas de producción agroalimentarias populares alrededor de las grandes ciudades), tradiciones y cosmovisiones que se pueden asimilar al concepto de Ciudad Región, y/o de Provincia, que el maestro Fals Borda explica muy bien; estas entidades en una democracia popular pueden abrir espacios y oportunidades de integración, participación equitativa  y de autonomía de las comunidades; que a su vez deben formar parte de territorios más amplios que podemos identificar como Regiones, cambiando la actual división política del país, de departamentos Áreas Metropolitanas, zonas francas y Distritos Especiales. Varias provincias y/o regiones con autonomía podrían asociarse o confederarse y constituirse como territorios del bien vivir

El nacionalismo a ultranza conduce al racismo, a la xenofobia, al chovinismo, al fascismo, como formas de dominación y de justificar la agresión a otros pueblos. Este nacionalismo, soportado en el aparato militar, con los conceptos del “enemigo interno” y de la seguridad nacional, es el que  ha tratado de imponer al pueblo la oligarquía colombiana.

Gonzalo Salazar agosto 16 de 2018


[1]A excepción de Cuba, que con su revolución implementó una forma de socialismo, que contó con apoyo y protección de la URSS, hasta el período especial, en que prácticamente se extingue esta alianza con la desintegración del “campo socialista”.

[2]Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. Quijano Aníbal. En libro: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander (comp.) CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina. Julio de 2000. Centro de Investigaciones sociales (CIES), Lima.

[3]El término nación viene desde el imperio romano, lo utilizaron los comerciantes, las universidades y la iglesia católica como forma de identificar grupos dentro de sus instituciones

[4]Los colombianos, ¿quiénes somos? Escrito por  Carlos Gutiérrez M. Sábado, 12 Octubre 2013  en – Le Monde Diplomatique

[5]Daniel Libreros Caicedo y Libardo Sarmiento Anzola– “La hegemonía de la oligarquía financiero-terrateniente en Colombia”  (“Una aristocracia de hacendados europeizantes”) en la revista Espacio Crítico – http://localhost/espaciocritico.com/articulos/.

[6]“Las sesenta y cinco lenguas indígenas que subsisten hoy se pueden reagrupar en 12 familias lingüísticas y 10 lenguas aisladas, no clasificadas hasta el momento. Tenemos: la gran familia lingüística Chibcha, de probable procedencia centroamericana; las grandes familias suramericanas Arhuaca, Caribe, Quechua y Tupí; siete familias solamente presentes en el ámbito regional (Chocó, Guahibo, Sáliba, Macú, Huitoto, Bora, Tucano). Las diez lenguas aisladas son: andoque, awá- cuaiquer, cofán, guambiano, kamentsá, páez, ticuna, tinigua, yagua, yaruro.” FUENTE: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/antropologia/lengua/clas2.htm

[7]Socialismo raizal y el ordenamiento territorial” – Orlando Fals Borda – Ediciones desde abajo noviembre de 2013