CopyCat

CopyCat. El porqué del Copiar los símbolos del Chavismo.

08/04/2013

Orlando Romero Harrington

Twitter: @orhpositivoatak

 La percepción es un actividad constante, que envuelve muchos procesos independientes. En el plano que nos interesa, la comunicación, es la manera conque el ser humano se relaciona con el constructo social a partir del uso fisiológico de los sentidos, como puerta para elaborar relaciones, ideas, conceptos y también, acciones y sentimientos. Por tanto este campo resulta vital en la sociedad contemporánea, y su investigación o manipulación en favor de intereses concretos es habitual en campos publicitarios, institucionales y sobre todo, políticos.

Vamos al grano. Llamo CopyCat a la estrategia usada en el entorno del mercadeo para copiar los símbolos del competidor (entendamos que la publicidad es concebida como batalla, y el usuario como trofeo. Bueno, el dinero del usuario) y lograr traspasar a lo propio, algunas connotaciones ganadas por el antagonista. Hay que dejar claro lo siguiente: no se encuentran referencias concretas a esta estrategia, ni en los anales del marketing, ni en publicidad, ni en política. El gran laboratorio mediático que es Venezuela nos brinda de nuevo la posibilidad de generar reflexiones a partir de una estrategia imperial, de carácter psicológico.

Contextualizaremos el espacio. La metodología es clara: Utilizar los símbolos del chavismo con un doble propósito: primeramente, apropiarse de la carga simbólica acumulada durante 14 años por el Gobierno Bolivariano, que ha desarrollado con sus virtudes y defectos, un Sistema Icónico concreto. Estrellas, tricolor nacional, Simón Bolívar y sus imágenes, logos, símbolos, etc. Es importante destacar la formidable labor de rescatar la conciencia nacional, la tradición y la historia realizada por Chávez. Con su accionar cotidiano, Chávez era un referente histórico, un pulsar entre el pasado y el presente que posibilitaba a los espectadores la reflexión, la imaginación y el valor de la historia como plataforma de nacionalidad. El arraigo de un pueblo expresado en lenguaje fácil de entender, contundente, emocional. Debido a esta singular manera de entender la importancia del pasado para desarrollar el futuro, el pueblo venezolano se dotó de una inmensa carga de referencias audiovisuales, que forman parte del imaginario colectivo y que son asociadas perse, a Hugo Chávez. Los ejemplo serían innumerables, basta decir que el tricolor nacional tiene una estrella más por Chávez.

Decía que los investigadores del antichavismo, los representantes de la derecha y maltrecha burguesía transnacional pretenden apropiarse de estos símbolos bajo el método del CopyCat.

El primero objetivo, es claro y transparente: Desgastarlos. Para el espectador promedio, los símbolos son signos que muchas veces, tienen un significado amplio (el cual viene dado por el uso del mismo en diferentes espacios sociales, o geográficos). Tomemos por ejemplo el emblema de la cruz roja. Es un signo, porque re-presenta a la Institución Cruz Roja. Pero es un símbolo, porque también re-presenta salud, asistencia médica, seguridad, doctores, neutralidad, etc. La diferencia entonces con uno de nuestros símbolos, el emblema del Bicentenario con un Bolívar cabalgando sobre (en, con) la América Latina radica en que el poder simbólico del signo es expansivo. Batalla, unión, liderazgo, independencia, historia, homenaje, Revolución, este símbolo engloba en su naturaleza gráfica prácticamente todos los valores y conceptos en que se basa la Revolución Bolivariana. Sin embargo, el valor más importante es el valor emocional, afectivo y pasional que el pueblo chavista ha desarrollado ante su presencia. Miles de franelas, afiches, pancartas, promociones, han sido vehículo para su uso. Inclusive, en la celebración del Bicentenario de la Independencia Venezolana, era usado como colofón o coletilla para toda la información de estado. De allí se concluye que es un símbolo con raíces dentro de la población.

Qué significa entonces, el uso de este símbolo por la derecha? Hábilmente, el candidato del antichavismo montó un tinglado con un sector de la población autonombrado como exchavistas, que apoyan su candidatura. Y precisamente, el símbolo de esta “agrupación” era el del Bicentenario. Segmentado. Sin América Latina.

Esta acción no sólo es electoral. Podría decirse que la utilización del símbolo tiene un espectro, un espacio de acción que se limita a las elecciones del 14 de Abril. Y quiere demostrar, mediáticamente, que hay un sector descontento (chavista) con el Gobierno Bolivariano. Esta es la perla, el tesoro más apetecido por los think thanks del antichavismo. Segmentar la conciencia popular, a partir de campañas y guerra psicológica para debilitar la estructura de la Revolución Bolivariana y al menos a nivel electoral, ganar sus votos. Realmente se desviven pensando en esto, y es lógico. Con 16 elecciones perdidas de 17 realizadas, es una vergüenza internacional su pésima labor en estas tierras. No contaban con Bolívar y sus hijos, parece.

No sólo electoral, es una estrategia de consolidación de fractura icónica. El desgaste se produce cuando el espectador se encuentra repentinamente, con un significado totalmente contrario al habitual. La reacción esperada es rechazo, olvido, pérdida del valor simbólico agregado. Esta no es una estrategia a corto plazo, repito. Busca suprimir la connotación para las generaciones futuras; es decir, el antichavismo apuesta por borrar la carga histórica de la Revolución Bolivariana. En su morfología (la del símbolo usado por el antichavismo) está bastante clara la idea. Segmentar a América Latina de la composición, negando el carácter internacionalista, la solidaridad y el concepto de Patria Grande, pilar de las relaciones internacionales del Bolivarianismo. Además, esta sección también elimina (simbólicamente) el liderazgo asumido por Venezuela en la región y la figura de Bolívar Libertador y su homónimo, Hugo Chávez. El uso del color rojo alude definitivamente a una situación local (el pretendido voto de chavistas por Capriles, buscando su identificación). Pero no esconde la intención. Fracturar. Confundir. Relegar al olvido.

Ya hay ejemplos concretos. El uso de la gorra tricolor con las 8 estrellas fué una inicitaiva del Presidente Chávez, aficionado además a la práctica del deporte. En sí, era una demostración de patriotismo, de pertenencia a una nueva patria que nacía en Revolución. El antichavismo tomó para sí el uso de la gorra como identificación de pertenencia a una nación, y automáticamente borró el sentido originario del objeto. Y esto, nos lleva al segundo objetivo. Aislar al chavismo como un movimiento político, y atribuírle a la derecha el carácter patriota, regional.

Se entiende entonces, el nombre dado por el antichavismo a su Comando de Campaña, Simón Bolívar. Se entiende la apropiación de símbolos para su contraposición con la Revolución Bolivariana. Buscan autoeregirse como seguidores de Bolívar, con símbolos que tengan la connotación precisa en el pueblo para atacar desde el nacionalismo al candidato de la Revolución. Y este nacionalismo pasa por delimitar el perfil del enemigo, asociándolo con Cuba, diciendo que regala nuestros recursos a países extranjeros, elaborando un dossier sobre unos supuestos padres colombianos, etc. Peligrosamente, el antichavismo recurre a uno de los más siniestros fenómenos sociales: la xenofobia, el nacionalismo exacerbado con tintes fascistas. Valor total y absolutamente contrario a la ejecución y desarrollo de la política progresista, solidaria, internacionalista y motor de la Unión Sudamericana y multipolar contra el Imperio Norteamericano.

Lo mismo pasa con el brazalete tricolor que usa el pueblo chavista para demostrar su luto ante el fallecimiento de Chávez. De re-presentar patriotismo, afecto, tristeza y una demostración pública de apego al proceso bolivariano, el antichavismo lo ha convertido en simplemente, un artículo de ornamento que anuncia el slogan de la campaña de Capriles. Y así, en esta dinámica de guerra psicológica, asistiremos aún a un proceso inminente de CopyCat  no sólo de artefactos ni emisiones audiovisuales. Contemplaremos atónitos como la derecha local, indolente y enemigo acérrimo de las políticas públicas revolucionarias se las atribuye como propias, prometiendo defenderlas y mantenerlas. Discurso cuidado, pensado y proyectado por sus asesores que ya encontrarán la manera más idónea para tapar el exterminio de las mismas, si es que llegan al poder.

Concluyendo, lo que queda por hacer es resistir; esta resistencia pasa por dignificar nuestros símbolos, no caer en provocaciones y mantener los afectos. No soy profeta. Pero la verdadera tristeza, la depresión vendrá un 15 de abril del 2013 en varios sectores del este capitalino. Después de la derrota, quemarán gorras, franelas y brazaletes mientras ordenan a sus empleadas hacerles las maletas y con pasaje en mano, buscarán una nueva vida en un contexto menos revolucionario, sin tanto olor a pueblo y a reinvindicación. Un nuevo espacio que los explote pero les brinde alacenas de supermercado variopintas. Que les brinde seguridad para disfrutar las noches, porque los pobres están en la guerra o en la cámara de gas. Un espacio menos mestizo. Un espacio menos chavista, pues. Au revoir.

THE COPYCAT EFECT: http://wp.me/p3Fa3t-5J

 

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