Adam Schaff: entrevistas historicas

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DOMINGO, 26 de octubre de 1980

ENTREVISTA:

Adam Schaff: “El filósofo materialista debe ser ante todo realista”

Entrevista con el director de la Academia de Ciencias de Polonia

·         ‘Estoy contra una lógica dialéctica’

CARLOS GURMÉNDEZ 26 OCT 1980

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El filósofo polaco Adam Schaff ha participado en Madrid en el Congreso Internacional sobre «Vías democráticas al socialismo», organizado por la Fundación de Investigaciones Marxistas. El profesor Schaff es director del Instituto de la Academia de Ciencias de Polonia y autor de varias importantes obras filosóficas, tres de ellas traducidas al español: La filosofía del hombre, Ensayo sobre la filosofía del lenguaje y La alienación.

Pregunta. Usted es un filósofo analítico y, a la vez, un marxista humanista. ¿Cómo explica esta contradicción?Respuesta.Personalmente, no me clasificaría como un filósofo analítico dentro de la filosofía anglosajona contemporánea. Sin embargo, hay un elenento especial que me liga a la filosofía analítica en el sentido más amplio: todo cuanto significa un análisis del sentido de las palabras y de los conceptos, que exige del filósofo, una precisión rigurosa de su pensamiento. Desde este punto de vista, la filosofía polaca del análisis semántico ha tenido ciertamente una influencia sobre mí y también sobre todas las corrientes filosóficas de Polonia. Yo diría que el análisis semántico es un postulado metodológico que distingue a la filosofía polaca de todas las corrientes de pensamiento semejante. Mi marxismo humanista parte de una antropología filosófica para llegar a una filosofía del hombre. No hay contradicción ni dualidad en mi obra filosófica porque, en mi antropología, trato de utilizar los instrumentos de precisión del análisis semántico para dilucidar el problema del hombre. La antropología filosófica, sin un instrumento de analisis científico, puede caer en un misticismo vagaroso.

P. En sus obras se ha pronunciado contra la teoría del reflejo, uno de los dogmas clásicos de la teoría marxista del conocimiento.

R. Yo no rechazo la teoría del reflejo, es un error interpretativo. Pienso que un filósofo materialista debe ser, ante todo, realista en el dominio de la teoría del conocimiento y, siendo realista, debe admitir que existe fuera de sí un objeto del conocimiento. En este sentido, es indudable que el conocer humano recibe una imagen de las cosas, es decir, es un reflejo de la realidad objetiva. Yo entiendo por subjetivo diversos dominios de interacción entre el sujeto y el objeto, pero el sujeto es siempre activo. Ese dominio lo constituyen las lenguas, los factores psicológicos ligados a la ontogénesis del individuo, su saber científico del mundo. Además, nuestro reflejo de la realidad objetiva cambia de una época a otra, de una sociedad a otra, de un individuo a otro; y, por ello, no podíamos admitir en el marxismo una teoría mecanicista y pasiva del reflejo. Debemos reemplazarla por una actividad dinámica subjetiva.

P. ¿Qué diferencia existe entre su teoría de la verdad y la de Alfred Tarski?

R. No pienso que exista una diferencia, de principio, entre mi concepción de la verdad y la de Tarski. Partimos ambos de la definición clásica aristotélica de la verdad. La única diferencia radica en que Tarski desplegó un aparato lógico para probar que no hay contradicción como consecuencia de la aceptación de que existen proposiciones verdaderas, no demostrables, del lenguaje, lo que constituye un testimonio de que este no es contradictorio, pero sí incompleto. Yo hablo de este mismo tema, pero de una forma muy sencilla, porque la finalidad de mi presentación del problema es diferente.

P. Usted niega la lógica dialéctica, pero reconoce la necesidad de, un método dialéctico para comprender la realidad en proceso, coincidiendo con la concepción de la dialéctica de Piaget y Geymonat.

R. Es exacto, estoy contra una lógica dialéctica, como se ha presentado en la teoría marxista tradicional. Pienso que la lógica formal y la dialéctica son dos dominios diferentes de la reflexión humana sobre la realidad. El malentendido proviene de una concepción de Hegel, retomada después por los clásicos del marxismo, que consiste en que no se puede comprender el movimiento sin introducir el concepto de la contradicción objetiva en nuestra interpretación del proceso.

P. En su obra El marxismo y el individuo humano sostiene que el hombre no es una abstracción, sino una individualidad concreta. Por ello, Galvano dellaVolpe le acusa de individualismo liberal.

R. Pienso que Galvano dellaVolpe no tenía razón en su crítica. Comprender que la individualidad juega un papel básico en la filosofía marxista es el abecé. Verdad es, sin embargo, que se ha esquivado este problema por, razones políticas que se atribuyen, sumariamente, a ese chivo expiatorio que es el estalinismo. Debo confesar que yo no comprendo por qué el reconocimiento de la existencia de los individuos humanos concretos debe llevar a un individualismo liberalizante.

 

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MARTES, 24 de mayo de 1983

Adam Schaff considera que el paro y la tecnología hacen variar el concepto ‘trabajo’

El filósofo cree que Occidente es responsable de la crisis polaca

JUAN JOSÉ NAVARRO ARISA Barcelona 24 MAY 1983

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El profesor Adam Schaff, uno de los grandes especialistas mundiales en estudios sobre las sociedades socialistas, ha permanecido en Barcelona en su calidad de consejero científico del Comité Ejecutivo del Consejo Internacional de Ciencias Sociales (CICS), que se reunió la semana pasada en esta ciudad. Adam Schaff, que acaba de retirarse a los 70 años de su cargo de profesor de Filosofía en la universidad de Varsovia, ve los problemas de las sociedades humanas y la crisis por la que atraviesa su país, Polonia, con una mezcla de esperanza y escepticismo siempre subrayados por su perspectiva marxista y sin negar la aportación católica al problema. Para él, el paro y la nueva tecnología obligan a modificar el concepto trabajo.

“Los problemas que hemos discutido en estas jornadas barcelonesas del Consejo Internacional de Ciencias Sociales y en la reunión tripartita del CICS, la Pontificia Academia de Ciencias y el Club de Roma no son simplemente el embrión de proyectos de investigación”, dice Adam Schaff, “sino una empresa mucho más amplia. El punto crucial de esta empresa consiste en mentalizar a la opinión pública y a los dirigentes del mundo de los desafíos que se avecinan”.Para Adam Schaff, el mayor de estos posibles desafíos es “la profunda alteración del concepto del trabajo humano que traerán consigo las nuevas tecnologías, especialmente la informática y la microelectrónica. Debo recordar que el último informe del Club de Roma se centra precisamente en las consecuencias de las nuevas tecnologías en el desarrollo mundial, y que las reuniones de esta semana entre el CICS, el Club de Roma y la Pontificia Academia se trata del desafío tecnológico y sus efectos sobre la juventud, que será el estrato social más afectado por el paro estructural que padecerán dentro de unos años las sociedades avanzadas

Este “paro estructural” que vaticina Schaff vendrá dado básicamente por la mecanización y la robotización. “Las sociedades humanas tendrán que cambiar sus estructuras económicas, o de otra manera será imposible resolver los problemas que se avecinan. En un futuro no muy lejano, habrá grandes cantidades de personas que no tendrán trabajo porque el sistema productivo no las necesitará. Con esto desaparece lo que hasta ahora había sido el aspecto más importante de las actividades humanas en el seno de una colectividad. Es un grave problema humano y social, y no desaparecerá aunque los estados proporcionen todas las soluciones materiales. Es necesario, pues, redefinir el concepto de trabajo y pensar más bien en un concepto deocupación humana. En los países industrializados, este problema ya existe hoy, y afecta sobre todo a los jóvenes, con los agravantes de que estamos en una fase de transición y de que los problemas materiales elementales distan mucho de estar resueltos”.

Polonia y Occidente

Además de sus actividades en las reuniones científicas del CICS, el profesor Schaff dedicó una de sus jornadas barcelonesas a dictar una conferencia en la Escuela Superior de Administración de Empresas (ESADE) acerca de las perspectivas económicas y sociales en los países de Europa del Este, y de la encrucijada en que se halla el movimiento comunista. El comunismo en la encrucijada es precisamente el título de uno de los más conocidos libros de Adam Schaff (publicado en España por Grijalbo). Su visión de los problemas socioeconómicos en los países de Europa del Este es extremadamente cautelosa. En primer lugar, aclara que “si bien los países de Europa, Oriental pueden contemplarse desde la perspectiva de que todos tienen un sistema socialista, éste es un punto de vista engañoso, ya que los diferentes países del Este están sometidos a variables históricas, lingüísticas y culturales que los convierten en sistemas diferentes. Por ejemplo, la sociedad polaca se caracteriza por el profundo arraigo que las creencias religiosas tienen en la colectividad, y esto es algo que no se da en ningún otro país”.”Polonia”, admite Adam Schaff, “se encuentra ante una profunda crisis económica, política y social, esto no se puede negar. Sin embargo, en Occidente se ha exagerado y tergiversado el sentido de la crisis polaca. La administración norteamericana es especialmente responsable de esta exageración, pues sus dirigentes han utilizado a Polonia como excusa para convencer a los gobiernos de Europa Occidental de la justeza de su política de confrontación con la Unión Soviética”.

Lo que se ha dicho y publicado en todos los medios de comunicación occidentales acerca de lo ocurrido en Polonia durante los tres últimos años forma parte, en opinión de Adam Schaff, “de una campaña de histeria antipolaca y antisocialista que intenta influir en los asuntos internos polacos y sólo puede conducir a acrecentar el clima de guerra fría que se está apoderando del mundo”. La teoría de Schaff es que la administración Reagan “después de intentar activamente el desmontaje del sistema socialista en Polonia, ha tratado de privar al país de sus fuentes de progreso tecnológico, que se hallan en Occidente. Éste es el objeto de la política de sanciones económicas a los países de Europa Oriental, una política hipócrita, pues el presidente Reagan no vacila en seguir vendiendo trigo a la Unión Soviética mientras impide a sus aliados que contribuyan a la construcción del gasoducto transiberiano. Pero quiero creer queEuropa Occidental no caerá en esta trampa”.

La intervención militar y la implantación de la ley marcial en Polonia, así como la prohibición de las actividades del sindicato Solidaridad fueron para Adam Schaff “asuntos internos de Polonia”. “Además”, dice, “hay que deshacer los equívocos que rodean a Solidaridad en Occidente. Solidaridad no era un sindicato, sino un casi-partido político que además no era, ni mucho menos, homogéneo, sino que estaba compuesto por facciones que iban desde socialistas progresivos hasta la extrema derecha pasando por los católicos. Solidaridad, o por lo menos su corriente mayoritaria, tuvo una gran posibilidad de institucionalizar las conquistas sociales que había conseguido desde el verano de 1980, pero los agentes provocadores que había entre sus miembros hicieron degenerar el sentido del movimiento e intentaron desmontar el socialismo en Polonia. En este sentido, hay que decir que el ejército polaco salvó a Polonia, pues sin su intervención hubiese estallado una guerra civil”.

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Adam Schaff:”El problema no es de capitalismo o socialismo, sino de civilización”

JOSÉ F. BEAUMONT Madrid 9 SEP 1984

Dos de los actuales pensadores marxistas más conocidos en el mundo occidental, el polaco Adam Schaff y la húngara AgnesHeller, están aplicando en los últimos tiempo! sus conocimientos teóricos al análisis de las nuevas formas de vida social y los cambios en la relación de fuerzas productivas que está causando la revolución tecnológica. Los dos autores tienen en común que su pensamiento es de inspiración marxista. Defienden también que no existe un análisis específico marxista de la llamada sociedad de la información. Los dos, disidentes en distinto grado de los regímenes de sus respectivos países, han coincidido recientemente en el marco de las actividades de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander. Schaff ha analizado las consecuencias sociales de la revolución microelectrónica. Heller ha participado en un curso sobre la ética de la sociedad civil. Schaff y Heller han conversado con un enviado especial de EL PAÍS a Santander.

La preocupación más inmediata de Adam Schaff, nacido en Polonia en 1913, es el análisis de las consecuencias sociales de la revolución tecnológica y especialmente de la microelectrónica -lo que él llama segunda revolución industrial-, tema sobre el que trata su próximo libro a punto de aparecer. El filósofo polaco ha explicado en su conversación con EL PAÍS que existen algunos puntos difíciles de determinar en estanueva sociedad pero ha sido rotundo en una cuestión de metodología: “No hay dos formas distintas, una capitalista y otra socialista, de interpretar o analizar la sociedad tecnológica. Nos enfrentamos a un problema de civilización, a un problema empírico, no ideológico”.Schaff es un polémico profesor de filosofía (antes en Varsovia y ahora en Viena) y uno de los grandes especialistas mundiales en el estudio de las sociedades socialistas. Tanto por su trayectoria intelectual como política ha logrado irritar a los liberales de su país -por su defensa del generálJaruzelski- y a los dogmáticos -debido a sus ataques contra el Partido Obrero Unificado Polaco (comunista) del que ha sido expulsado a pesar de que durante 11 años ocupó un puesto en el comité central. Entre sus libros traducidos al castellano figuran Historia y verdad (Grijalbo),Ensayos sobre filosofía del lenguaje (Ariel) y El comunismo en la encrucijada (Grijalbo).

La actual tesis de Schaff es que estamos viviendo una segunda revolución industrial en la que las máquinas no sólo han sustitúido a la fuerza fisica sino que también están acercándose a la sustitución de muchos casos de la inteligencia humana. “La actual revolución se sustenta, por lo menos, en tres elementos: la microelectrónica, la biotecnología y la energía nuclear. Los tres no actuan de forma aislada sino interrelacionados y producen en ocasiones serios desajustes sociales”.

El desempleo, como desajuste

Uno de estos desajustes, el más importante para Schaff, es el desempleo, y concretamente el paro juvenil producido por la automatización y la robótica. “Para analizar la sociedad del año 2.000 hay que empezar estudiando lo que sucede en la actualidad. Si continuamos a este ritmo podemos encontramos con millones de gente a los que estructuralmente les sea imposible encontrar un trabajo”. “¿Quién va a asumir este problema?”, se pregunta el filósofo polaco.”Para resolverlo es necesario cambiar las estructuras sociales y económicas de las sociedades tradicionales. Deberá cambiar la sociedad capitalista porque al desaparecer los obreros entrará en crisis el capitalismo. Por otra parte e n las sociedades socialistas totalitarias deberán cambiar las condiciones políticas en el sentido de que se hará necesaria una democracia real”. Adam Schaff se muestra más pesimista cuando habla de las consecuencias de la revolución informática el Tercer Mundo. “Si se mantiene su actual alienación y dependencia económica y cultural de otros países el Tercer Mundo está abocado a la catástrofe”.

Adam Schaff se muestra especialmente crítico con algunos de los llamados profetas de las nuevas tecnologías como AlvinToffler, John Naisbit… “Nos ofrecen mucha información sobre el presente y sobre todo acerca del futuro, pero evitan la referencia a los problemas que está produciendo la sociedad de la segunda revolución industrial. Han elegido el camino más cínico para evitar la verdad, y la verdad es que nos encontramos con un grave problema de paro. Olvidan el análisis de los problemas básicos económicos, sociales y políticos”.

El filósofo polaco se muestra, no obstante, optimista ante la sociedad de las nuevas tecnologías “siempre que existe la participación de todos y un control social. El nuevo paraíso será posible si nos mantenemos en una postura constructiva y evitamos las consecuéncias desastrosas. Entonces cobrará más sentido que el hombre sea liberado del trabajo físico y repetititivo y que la sociedad sea cada vez más rica”.

 

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JUEVES, 23 de mayo de 1985

Adam Schaff

El filósofo polaco, miembro del Club de Roma, cree que el “marxismo está más vivo que nunca”, pero augura un futuro “sin clase obrera” y marcado por el paro

ROSA CULLELL Barcelona 23 MAY 1985

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Adam Schaff nació en 1913 en la ciudad polaca de Lvov. Fue durante 53 años miembro del partido comunista polaco, hasta que lo expulsaron. Escribió El comunismo en la encrucijada y los comunistas ortodoxos se rasgaron las vestiduras. En 1966 mantuvo una fuerte polémica con Jean-Paul Sartre sobre el papel del individuo en la marcha de la historia. Casi 20 años después, “Sartre está muerto y el estructuralismo también, mientras que el humanismo marxista sigue vivo”. Ahora, este filósofo marxista es el único miembro procedente de los países del Este en el comité ejecutivo del Club de Roma. “Estoy con ellos porque se preocupan por el futuro de la humanidad: un futuro sin clase obrera marcado por el paro estructural y el tiempo libre”.

A Adam Schaff, con sus 72 años bien vestidos, aún le quedan ánimos para enfadarse cuando se le pregunta si aquellos libros suyos publicados en los sesenta y que defendían el humanismo marxista siguen teniendo validez en los ochenta. Las manos se agitan, la ceja se levanta, el ceño se frunce y su mirada, antes de contestar, fulmina al interlocutor: “Claro que son válidos. El marxismo está ahora en una posición más fuerte que nunca. Han sido los marxistas los que han aplicado el marxismo en contra del propio Marx”. Schaff se refiere a esos dirigentes que consiguieron su expulsión del partido comunista polaco “tras 53 años de militancia” o a esos políticos “que han aplicado erróneamente el socialismo”. Todos ellos son calificados por el autor deMarxismo e individuo humano como “dogmáticos e incapaces de aceptar la crítica”.Schaff habla sin parar de lo que le interesa y rechaza, golpeando el aire con sus manos grandes y cuadradas, “esos temas del pasado”. Ya no le interesa hablar de sus discusiones con Jean-Paul Sartre, que le llevaron a publicar, en 1966, su libro Polémica Adam Schaff versus Jean-Paul Sartre. “Jean-Paul, que era un gran pensador, está muerto y el estructuralismo también está muerto. Ninguna filosofía ha podido sustituir al marxismo”, afirma.

Ahora, Schaff, que reside en Viena y trabaja en el Centro Europeo de Investigación y Documentación, se entusiasma con “esta segunda revolución industrial”. Una revolución fomentada por las nuevas tecnologías que, afirma, “provocará un paro estructural duradero e irreversible y cuya consecuencia será la desaparición de la clase obrera y el incremento del tiempo libre”. Schaff sabe que “algunos marxistas” criticarán duramente sus opiniones. Pero parece importarle bien poco.

“Esta revolución”, advierte, “e irreversible y positiva, pero hemos de buscar un nuevo sistema económico y social para el mundo del futuro”.

El mundo del futuro es el centro de los sueños y del trabajo actual de Schaff, que ha entablado y conversaciones con una editorial española para que le publique en castellano su último libro, titulado ¿Hacia dónde vamos? Un libro que ha producido el gotha de los poderosos, el Club de Roma Schaff es el único miembro del comité ejecutivo del club procedente de un país del Este.

El filósofo polaco no encuentra inconvenientes en compartir sus ideas marxistas con los hombres más destacados del capitalismo. “A mí me gustan. Son los únicos que se atreven a hablar del futuro de la humanidad: de la polución de los mares, de la escasez de recursos, del paro masivo… Son independientes y no tienen miedo”. Durante un segundo deja de hablar, sonríe y admite: “Son tan poderosos que no tienen nada que temer”.

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DOMINGO, 4 de octubre de 1987

Adam Schaff: “La clase trabajadora está condenada a desaparecer”

El pensador marxista estima que los países del ‘socialismo real’ pierden la carrera hacia el siglo XXI

HERMANN TERTSCH Bonn 4 OCT 1987

 

Adam Schaff, uno de los máximos pensadores del marxismo de nuestro tiempo, asegura que el mundo se encuentra en una encrucijada histórica, que “la clase trabajadora está condenada a desaparecer” y que los países del socialismo real “han perdido la gran guerra en la carrera hacia el siglo XXI”. El filósofo polaco aprecia los esfuerzos de modernización del régimen soviético, pero no es optimista. “Me gustaría que la URSS lo consiguiera”, dice, “pero lo dudo mucho”. Para Schaff, Gorbachov no es el artífice de la nueva tendencia, pero sí el símbolo.

Nacido en 1913 en la ciudad polaca de Lvov, hoy en territorio soviético, Adam Schaff ocupó cargos importantes en el Partido Obrero Unificado de Polonia en la posguerra, hasta que, como judío, sufrió la ola de antisemitismo que sacudió al país en la última fase del mandato de OskarGomulka. En una larga conversación con EL PAÍS, Schaff expone su visión de la sociedad futura desde su óptica marxista, lejos de todo dogmatismo. Éste es un resumen de sus palabras.”Gorbachov no es el artífice de esta nueva tendencia en la URSS, y esto es bueno. De haberlo sido, se correría de nuevo el peligro de un culto a la personalidad, cuyas consecuencias ya conocimos. Gorbachov es un símbolo de estos cambios, y, sin embargo, éstos aún son superficiales. Incluso si ahora se realiza la rehabilitación de las víctimas del terror estalinista, lo decisivo está aún por hacer. Los cambios son muy, muy difíciles; empiezan con la reforma interior del partido”.

“Lo importante, lo sintomático, es que en todos estos países, en socialismos distintos, en la URSS y China, en Yugoslavia y en Polonia, se produce simultáneamente una crisis que es básicamente económica. Estas sociedades que se creían que las economías planificadas estaban a salvo de las crisis se ven todas al mismo tiempo inmersas en una muy profunda y no saben qué hacer. Y las propuestas de algunos, como Aganbegian y Zazlavskaya (asesores económicos de Gorbachov), me parecen vergonzantes. De repente descubren el mercado, cuando en los países capitalistas del mercado libre se perciben cada vez más sus limitaciones”.

“La segunda debilidad de estas reformas es que se intentan separar sus aspectos políticos y económicos, en una actitud claramente antimarxista. Cierto es que la oposición a las reformas es muy fuerte. Estas sociedades tienen los pies metidos en bloques de hormigón. El fundamento del mal es la burocracia, esa inmensa fuerza social negativa. Pero hoy hemos llegado a un punto en que el socialismo real no puede seguir como hasta ahora. Si no, vamos hacia la catástrofe”.

“Para entender el problema de los países socialistas tenemos que analizarlo en el contexto general de las consecuencias políticas de la segunda revolución industrial, la revolución tecnológica. Quien niegue el período revolucionario que estamos viviendo no puede entender nada. Estamos en un punto de ruptura histórica. Todos estamos dentro. Es la revolución de la microelectrónica. Su primer fenómeno es el paro. En Occidente, declarado; aquí, encubierto. En el socialismo real hay millones de parados. Para funcionar económicamente tiene que eliminar todos estos puestos inútiles de trabajo, y se le presenta el mismo problema que a las sociedades capitalistas: cómo reorganizar la nueva sociedad, qué hacer con toda esta gente”.

“Dentro de 20 o 30 años tendremos una sociedad completamente nueva, al menos en Occidente. El peligro capital de los países comunistas está en que ya hoy parece que han perdido la gran guerra que es la carrera hacia el siglo XXI. Están tan retrasados que se hallan ya en otra época. Teóricamente puede que sea posible hacer aún algo. Prácticamente es muy difícil. Gorbachov es sólo un epifenómeno de un movimiento de enorme importancia, vinculado orgánicamente a la revolución tecnológica en todo el mundo. Me gustaría que la URSS lo consiguiera, pero lo dudo mucho”.

Socialismo y futuro

“En Occidente los retos son, asimismo, enormes. El paro estructural aumenta continuamente y es sólo un síntoma de una situación totalmente nueva: las consecuencias de la revolución tecnológica. El microprocesador comenzó a ser aplicado industrialmente en 1975. En 11 años han ocurrido milagros impensables. Pronto se aplicarán los microprocesadores de la quinta generación, y sus repercusiones aún son inimaginables. Es un proceso vertiginoso y revolucionará la existencia de la sociedad misma. Creo que la única salida será la de una sociedad colectivizada. Ya no se necesita la fuerza humana para la producción. La clase trabajadora está condenada a desaparecer. Políticamente tendrá que cambiar asimismo; estamos viviendo una revolución en el sentido más marxista del tiempo. Tendremos una sociedad enormemente rica, con increíbles dificultades de adaptación de unas estructuras políticas y sociales no preparadas para tal cambio. Hay clases que abandonarán el escenario. La nueva sociedad no tendrá clase obrera. También la clase capitalista desaparecerá. Se formará una nueva clase: la de los propietarios de la información”.”Yo tengo una hipótesis que planteo en mi próximo libro [se publicará en España el verano próximo], según la cual serán los partidos socialistas democráticos occidentales, que no tienen la hipoteca del socialismo realhoy existente, los que protagonizarán este cambio”.

 

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DOMINGO, 15 de noviembre de 1987

ENTREVISTA:

Adam Schaff: “La nueva tecnología abre las puertas del paraíso, pero no sabemos lo que hay dentro”

El filósofo polaco cree que la revolución tecnológica liberará al hombre de la maldición bíblica del trabajo

FRANCESC ARROYO Barcelona 15 NOV 1987

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Adam Schaff es polaco y tiene 74 años. Ha sido durante años militante del partido comunista de su país, pero en el mundo es conocido por su aportación al pensamiento filosófico, formando parte de la llamada escuela polaca. Actualmente reside en Viena. Ha trabajado la filosofía del lenguaje y de la historia, pero en los últimos años se esfuerza en pensar sobre la evolución del futuro de la sociedad. Schaff cree que las nuevas tecnologías van a estar en la raíz de una nueva revolución que, al liberar al hombre del trabajo asalariado, abrirá las puertas del paraíso, “aunque no sabemos lo que hay dentro”, y afirma tajantemente la validez de las tesis del materialismo histórico enunciadas por Marx.

 

Adam Schaff impartió el pasado jueves una conferencia en Barcelona, dedicada al análisis de la segunda revolución industrial y su relación con el marxismo, dentro de un ciclo organizado por la Fundación Comín y la Caixa de Barcelona. En ella realizó afirmaciones polémicas sobre la futura desaparición del proletariado y sobre los cambios que esperan al presente, al tiempo que diseño un nuevo concepto de civilización y de cultura.Pregunta. A tenor de su análisis del presente, de la evolución que prevé hacia una sociedad del ocio total, ¿cómo ve usted la cultura en ese nuevo mundo?

Repuesta. ¿Qué va a ocurrir con la cultura? Ésa es una pregunta que admite una formulación más general: ¿qué va a ocurrir con nuestra civilización? La civilización no es sólo lo material, también lo cultural. Creo que el movimiento es tan profundo que vamos a cambiar la civilización.

La gran revolución

P. ¿En qué sentido va a producirse ese cambio?R. El mayor economista de nuestro siglo fue lord Keynes. Él formuló la teoría económica dominante hasta el final de la II Guerra Mundial. Las actuales doctrinas del libre mercado de Friedrnarin y otros, en realidad, son un fracaso. Keynes escribió, en 1930, un pequeño libro, La economía para mi nieto.Dice allí que estamos frente a una nueva sociedad. Viene algo que no hemos conocido nunca y ese algo está marcado por el paro tecnológico, él lo llama así. Debemos prever, sigue diciendo, que en 100 años el mundo será completamente diferente. Cincuenta años después, hoy, va a empezar la gran revolución en la que el hombre será reemplazado por la máquina. Faltan 50 años para la gran ruptura, pero él ya la previó en 1930. No se trata de una profecía religiosa, sino a partir del conocimiento de la situación económica, social, tecnológica, y de la previsión de lo que había de venir. Ahora bien, nosotros estamos mucho más cerca de esos cambios y podemos, debemos, prever con mucha más precisión de la que pudo tener Keynes hace 50 años. Es indudable que nadie con información sobre la revolución tecnológica puede negar que vamos al encuentro de una sociedad en donde el trabajo humano, en su sentido tradicional, va a cambiar de una forma revolucionaria. Decenas de millones de hombres estarán parados, pero parados tecnológicamente, que decía Keynes, estructuralmente, que decimos nosotros. Nos encontraremos frente a una situación completamente nueva en la que el trabajo humano ya no será necesario.

P. Lo harán las máquinas.

R. En efecto, a finales del siglo XVIII, la máquina reemplaza al trabajo físico; hoy, la máquina empieza a ser capaz de reemplazar el trabajo mental del hombre. La discusión sobre la inteligencia artificial se ha acabado. La discusión filosófica es incomprensible para los técnicos. La máquina no va a reemplazar al hombre en sus sentimientos, no puede amar ni llorar ni tener emociones, pero tampoco es necesario. Una máquina no está pensada para convertirse en un hombre, sino para reemplazar el poder humano del pensamiento. Se trata de un cálculo. En los años noventa tendremos los ordenadores de la quinta generación, nos encontraremos con máquinas capaces de realizar 400 millones de operaciones lógicas por segundo, sobre la base de un sistema binario. Ningún hombre, ni siquiera un ejército de hombres, puede hacer eso. ¿Qué vendrá después? No lo podemos imaginar, no es humano, es sobrehumano. ¿Cuáles serán las consecuencias de la aplicación de estos ordenadores a robots? Son inimaginables. También en el plano social. Estos robots serán flexibles, capaces de tomar la decisión en una fábrica sin hombres. Y lo harán mejor que un hombre por rapidez y precisión y sin emociones. ¿Qué significa todo esto? Que el hombre será liberado de la maldición bíblica del trabajo.

Un ser activo

P. Volverá al paraíso.R. La nueva tecnología abre de nuevo las puertas del paraíso, pero no sabemos lo que hay dentro. Es imposible para un hombre de hoy vivir en una situación de Adán y Eva, cuando no hacían nada. El hombre debe tener una actividad. El ocio podría convertirse en lo contrario de lo que ahora, cuando es una excepción, pensamos que es. Debemos decir con firmeza que en toda la historia del ser humano el hombre ha sido activo, ha tenido ocupación. Durante toda su vida el hombre ha sido un ser social. Siempre ha tenido ocupaciones, eran necesarias para vivir, pero también era necesario para él. Sólo durante un pequeño fragmento del tiempo de la historia, el período del capitalismo, sus ocupaciones han tenido la forma del trabajo asalariado. Unos cientos de años y no en todo el mundo. Ahora nos dirigimos hacia una nueva época sin trabajo asalariado, pero no sin actividad. Habrá una multitud de ocupaciones que serán útiles a la sociedad y también al individuo. Es la nueva cultura: una nueva cultura para el hombre en sociedad y para el hombre individual. Debemos comprenderlo bien porque es necesario dar al hombre algo que reemplace al trabajo asalariado. Podemos vernos inmersos en un largo período de transición con una sociedad patológica o prever los esfuerzos que faciliten esta transición. La sociedad pagará a cada uno para que sobreviva. No sé si es socialismo, pero significa, seguro, una forma de sociedad colectivista.

P. Esto exige un nuevo papel para la educación.

R. Se puede pensar en una educación permanente. No con la forma de la escuela actual, que también debe ser cambiada radicalmente. Hay millones de posibilidades: estudiar matemáticas o historia, pero también actividades manuales. También tendrá que haber formas de control. El control es necesario. No vamos hacia una sociedad anarquista, pero debemos ver que se trata de un camino para todos: la educación permanente, hasta el fin de la vida del hombre.

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VIERNES, 22 de septiembre de 1989

El POUP ‘recupera’ a Adam Schaff para mejorar su imagen

PIOTR ADAMSKI Varsovia 22 SEP 1989

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La búsqueda desesperada de figuras de renombre internacional acaba de llevar al partido comunista polaco (POUP), políticamente destrozado por el éxito electoral de Solidaridad, a readmitir en sus filas al profesor Adam Schaff, de 76 años. El veterano comunista fue expulsado del partido en 1984 a raíz de que se publicara en Occidente su libro El comunismo en la encrucijada.

Si bien éste fue el argumento oficial, Schaff explicó entonces que la verdadera razón fue una entrevista concedida a la revista norteamericana Newsweek en la que comentaba la lucha entre los duros y los liberales en el seno del POUP y pedía al entonces presidente, Ronald Reagan, que apoyara al sector reformista.

La comisión de control del partido, al decidir devolver el carné comunista a Schaff, pide al profesor que contribuya “con su saber y su experiencia a la elaboración del programa del partido con vistas al próximo congreso del POUP”, cuya celebración se espera a finales de este año o comienzos del próximo. Schaff, que en estos momentos está en Viena y que la próxima semana asistirá en Madrid a un debate sobre el futuro del socialismo organizado por el PSOE, no se ha pronunciado aún sobre la oferta de sus antiguos correligionarios.

La ambigüedad de los dirigentes y la desorientación de las bases marcan los preparativos del futuro congreso comunista. Los militantes han sido convocados para participar en un referéndum interno sobre el procedimiento de elección de los delegados, la posibilidad de que se presenten plataformas políticas alternativas, el programa, los estatutos e, incluso, el propio nombre del partido.

La decisión de readmitir a Schaff en el POUP se interpreta como un gesto desesperado de la dirección del partido para atraer a las personalidades que abandonaron, voluntariamente o no, sus filas en los últimos 20 años, provocando una grave crisis intelectual en su seno.

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MIÉRCOLES, 27 de septiembre de 1989

EL ESTE CAMBIA

 

Adam Schaff: “Nunca me dejo manipular”

El teórico del socialismo vuelve al partido comunista polaco tras cinco años de expulsión

ANA CAMACHO Madrid 27 SEP 1989

 

El profesor polaco Adam Schaff no se sorprendió cuando el partido comunista de su país expresó la semana pasada su deseo de devolverle el carné que le había sido retirado en 1984. “Hacía año y medio que me habían ofrecido la posibilidad de volver al partido y olvidar esa vieja historia de mi expulsión”, explicó a este diario el veterano militante comunista a su paso por Madrid. “Pero yo impuse para mi vuelta unas condiciones bastante duras; ahora que el partido las ha cumplido voy a aceptar su oferta de reintegrarme a sus filas”.

Cuando en 1984 Schaff fue expulsado del Partido Obrero Unificado Polaco (POUP) tras la publicación en Occidente de su libro El comunismo en la encrucijada, el anciano profesor prometió que nunca volvería a sus Filas mientras no le pidieran perdón. “No se trata de una cuestión personal”, afirma en Madrid, donde asiste a unas jornadas sobre el futuro del socialismo organizadas por la Fundación Sistema.”Soy un viejo elemento del partido; cuando me expulsaron contaba con más de 54 años de militancia, durante los que desempeñé un papel muy activo en cuestiones ideológicas. Para mí, el asunto de 1984 no sólo fue el fruto de una batalla ideológica, sino la actuación de una mafia, que existía y sigue existiendo, dentro del partido que quería hacerse con las riendas del poder frente al general WojeciehJaruzeIski”. Y puesto que ello fue utilizado de forma propagandística, incluso en el exterior, para atacar a los intelectuales -porque no fui el único-, consideré que no bastaba con que el partido hiciera borrón y cuenta nueva tácitamente, sino que debía deshacer el entuerto y reconocer su error”, añade el profesor.

Schaff impuso tres condiciones al POUP para reintegrarse a sus filas: que, “de forma apropiada”, en la primera página del periódico del partido, TrybunaLudu, se reconociera que habían sido injustos con él; que se condenara a los responsables de su expulsión, y que se le presentaran excusas. “Eran unas condiciones muy duras”, reconoce Schaff. “Hasta ahora, este tipo de rehabilitación en los países del Este sólo se había dado de forma póstuma”, añade.

Fuerzas reformistas

Tras muchos titubeos, el POUP accedió a sus exigencias. Para Schaff, la razón de que el hecho se produjera ahora se debe no sólo “a la difícil situación en la que se halla el partido tras su derrota en las pasadas elecciones y el proceso de desintegración y crisis interior que está padeciendo”, sino “al creciente poder de las fuerzas reformistas existentes en su interior”.Schaff considera que el partido comunista polaco no debe desaparecer, sino afrontar una transformación que lo convierta “en el nuevo partido de izquierdas” que resulta necesario en la vida de cada país europeo.

En su opinión, este proceso de reestructuración debe encaminarse hacia un tipo de “socialismo ligado al pluralismo, la democracia y la libertad”.

Schaff se considera plenamente satisfecho por la reparación efectuada por su partido y va a aceptar su oferta “con gusto”. Es optimista respecto a su capacidad de maniobra para empujar al partido a que abandone la falsa ideología” que le ha arrastrado a su actual crisis. ¿Podrá actuar con libertad dentro del POUP? “Todo depende de mí”, afirma con seguridad. Y agrega: “La acción del hombre sólo depende del hombre”.

¿No tiene miedo de que su regreso sea manipulado por los dirigentes del POUP con vistas al congreso previsto para finales de este año? El profesor no duda de sus fuerzas: “Yo nunca me dejo manipular por nadie”, dice.

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