De un congreso de los pueblos a un gobierno del pueblo

Por Eduardo Pérez

La izquierda en Colombia- y quizás esto aplique para todo el mundo- debe ir más allá del análisis, del diagnóstico, de la denuncia, de la protesta, para enfocar sus energías con acciones reales hacia la transformación revolucionaria de la sociedad. Es necesario sacudir, con propuestas, toda la estructura de la organización social de la burguesía.

El estudio que ha hecho Carlos Marx del capitalismo ha sido muy amplio y acertado, también ha sido ilustradora y abundante la producción literaria de los líderes, intelectuales y luchadores populares en todo el mundo. Es claro que este sistema es realmente nefasto para la humanidad.

En el capitalismo cada vez se reducen los ingresos económicos de la mayoría de la población. El sistema funciona con base en el despojo y no puede seguirse soportando sobre una realidad social en la que los beneficios los recibe sólo una minoría privilegiada de la población. La reducción en las ganancias obliga a maromas, a fórmulas fantásticas que nunca conducirán a enderezar los resultados; estos hechos, junto con la llamada “flexibilidad laboral”, develan la crisis social.

A pesar de la plasticidad del sistema, los regímenes están anquilosados y cada vez más atados para maniobrar. Ante las opciones de conservar sus ganancias o de recortar la protección social y los ingresos de los trabajadores, ya se sabe por cual han optado y seguirán optando los capitalistas. Las pérdidas para los sectores populares son significativas por que son recortes a las reivindicaciones sociales logrados con la tenacidad de generaciones de luchadores en todo el mundo.

Las protestas se riegan por el mundo; en Europa los inconformes parece como si le gritaran a un muerto; es como si le pasaran las cuentas de cobro de deudas económicas a un difunto. Es inútil esperar una recomposición del sistema capitalista. En España, las masivas marchas se concentran en el rechazo a los recortes. Otros, más radicales, eran los objetivos de la República durante la Guerra Civil Española: se buscaba cambiar de gobierno, de enfoque del estado, todo el modelo social.

Los sepultureros vienen mucho más atrás que el cadáver. Puede ser que algunos quieren ocultar el muerto, pero la fetidez se siente a leguas. Los enterradores deben cumplir su misión. Para los organismos, la corrupción es sinónimo de putrefacción. La población sufre. ¡Proletarios y pobladores del mundo, actuad ante el llamado de la Historia.! No aguantamos más la vergüenza de ese cadáver insepulto.

La situación social del país es lamentable. Por ello, es necesario que las propuestas no oligárquicas avancen hacia la conformación de una Gran Coalición para cambiar los estilos políticos y la clase política en Colombia -¿para qué los necesita el país?-. Se tiene con qué y se cuenta con el suficiente intelecto en las comunidades para salir airosos de manera independiente. No se trata de ocupar cargos en la estructura política de la oligarquía sino de entender que allí existen los recursos para contribuir a solucionar parte de los problemas del pueblo colombiano y para llevar al país a una situación de dignidad en el entorno mundial.

El nepotismo que ha aplicado la oligarquía colombiana a lo largo de toda la vida republicana, no ha permitido configurar un contrato social que haga el tránsito de la sociedad, sus estructuras políticas y concepción de los ciudadanos, hacia la modernidad, mucho menos va a facilitar una estructuración social humanista que prepare al país para enfrentar los futuros retos de sobrevivencia.

No se puede seguir permitiendo que se use el erario en beneficio personal o en contra de la misma población. La oligarquía ocupa los cargos públicos y privados, para utilizar lo público en beneficio de lo privado mientras el pueblo sufre. No tiene sentido dejar que se nombren funcionarios que van a gobernar a favor de la oligarquía, para después presentar reclamaciones, llegar a acuerdos, hacer protestas, enfrentar la legislación estatal y a los escuadrones antimotines. Hay que colocar en las instancias de gobierno a personas que legislen a favor de la población

La burguesía tiene un poder muy grande: el del capital, con este compra mano de obra, conciencias, países. Los pobres tienen el poder de las mayorías y deben ejercerlo.

En el país existen suficientes personas capaces de dirigir un gobierno sobre bases éticas, con cero corrupción, humanista y biocéntrico. Hay que intentarlo, así nos equivoquemos. Vale la pena ensayarlo, aún más, sabiendo que el sistema capitalista está desarrollando una presión sobre los recursos naturales capaz de poner en riesgo la vida sobre el planeta. No se justifica esta destrucción para el beneficio de una minoría. No se puede permitir que los corruptos sigan viviendo del erario. Es importante mirar que destino se le dan a los impuestos que paga la población.

Significado de un congresos de los pueblos.

En el país existen 102 pueblos indígenas. Debe entenderse que el Congreso no convoca solamente a estos sino también a todos los excluidos en Colombia. Se debe romper la visión indigenista y pasar a un congreso y gobierno del pueblo colombiano.

El Congreso debe dotarse de las instituciones necesarias para conformar formas de gobierno. No podemos seguir viviendo en un país falso, de papel; tenemos la misión de construir uno grande. El que nos merecemos.

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Por Eduardo Posada

Agosto de 2013

“CUADERNOS DE REENCUENTRO”

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