La opresión imperialista se enfoca contra la liberación del Bravo Pueblo venezolano

Por Eduardo Pérez, “Cuadernos de Reencuentro”

El capitalismo es un sistema en decadencia, incapaz de resolver las necesidades básicas de las poblaciones; en el mundo miles de millones de personas viven en la miseria.

 

 Es un sistema que funciona a partir del despojo; los campesinos y pequeños propietarios del campo son acosados económicamente, perseguidos por la vía de las armas y del terror y concentrados en las ciudades para luego convertir las necesidades de alimentación, vivienda, salud y educación, en ganancias para unos pocos. Las élites que lo manejan hacen que el trabajo y la creatividad de las personas, se conviertan, por fuerza del mercado, en esclavitud asalariada y en alienación social.  

 

 No es este tipo de sociedad la que los pueblos del mundo quieren que persista. A lo largo de la historia los seres humanos han luchado por la libertad; en todo el planeta la esperanza ha guiado los movimientos por el derecho a una vida digna, aquí y ahora. En unos sitios y momentos han salido victoriosos y en otros han sucumbido –temporalmente- bajo el terror; una vez derrotados, siempre han encontrado razones y condiciones para rescatar sus luchas; la historia no se detiene. En Colombia, los Comuneros fueron derrotados en 1781, para que luego de 30 años, se sellara la libertad de la mano de Bolívar.

 

 Vivimos en un mundo en efervescencia. Las personas se levantan en Europa, Africa, Asia, América, en los países centros de poder; el descontento se generaliza, ya sea por que las clases revolucionarias persisten en sus reivindicaciones y derechos o por que los reaccionarios no quieren perder los privilegios de la vieja sociedad. Tal es la lamentable historia de las sociedades que dividen a la especie humana en clases y castas sociales.

 

Bajo los discursos por la libertad y la democracia, están los intereses de las minorías oligárquicas que tradicionalmente han oprimido a la población y que han explotado los recursos de la nación para el beneficio del poder extranjero y de particulares que así reciben su premio a la traición. Resulta que ahora sí, los corruptos se volvieron paladines de la justicia después de haber dejado a los ciudadanos olvidados por décadas en el abandono. Por fortuna muchos saben para qué los lobos hablan de la libertad y del cuidado de la ovejas.

 

Existe algo así como la paradoja del mal; los malos siempre están pensando en hacer el mal; los buenos no; entonces los malos matan a los buenos y son estos los que van predominando en el manejo de los gobiernos, en la conducción de la sociedades y en el ejercicio del poder estatal. Esto fue lo que sucedió en los procesos de colonización, en los cuales las naciones con mayor desarrollo de tecnologías para matar, se apoderaron de los territorios, las personas, la cultura y los recursos de los que carecían de armas o eran más artesanales. Si los buenos empiezan a matar, entonces, se vuelven malos y el mundo no cambia.

 

Este es el malestar de las clases tradicionales cuando los pueblos se organizan y quieren formar un nuevo orden social basado en el respeto, en el bien común y en “la mayor suma de felicidad”-como quería Bolívar. Esto se les hace inaceptable  recurren a todo tipo de artimañas y alianzas macabras.

 

Es bueno alertar al pueblo venezolano, sin distinguir sus preferencias políticas, acerca de la participación de paramilitares colombianos en el conflicto social; los que usan sus siniestros servicios, están muy mal aliados; son expertos en el uso de motosierras, violaciones, torturas y desapariciones; las más espeluznantes acciones de terror que la imaginación pueda crear, ya las aplicaron en Colombia. Con estos métodos nunca saldrá algo bueno.

 

En Colombia ahora predominan miles de bandas que atemorizan a la población, extorsionan todo tipo de negocios, no pocas veces con la connivencia policial; son dueños de la virginidad de las niñas en los barrios; hoy es destino del narcoturismo, en el que se ofrecen paquetes de sexo y droga y en el que se acuerdan violaciones de niñas previamente seleccionadas a la fuerza. Ustedes venezolanos que tienen la opción de construir un mejor país, aprovéchenla. Es un compromiso histórico; los que persisten en la opresión habrán de asumir su responsabilidad ante la Historia, los tribunales y los pueblos del mundo.

 

 Esto es lo que deben tener en cuenta las personas demócratas y los jóvenes venezolanos que de todo corazón sueñan con un país mejor. Deben acompañar a su gobierno y a los que siempre han sido oprimidos, en la construcción de un país libre y soberano, con derecho al bienestar, orientado al beneficio de los seres humanos y basado en el respeto a la vida; deben decir no a la explotación extranjera y al privilegio de minorías. Tienen que mostrar la prudencia y la inteligencia para construir e impulsar lo propio, venciendo todo tipo de tropiezos; no para destruir y atacar a sus compatriotas. Como dice la sabiduría popular: “el exceso de simpatía con los poderosos es pura mediocridad”.

 

 No es una buena causa en lo personal, lo familiar ni para la historia de la humanidad, quedar como mártir por el capitalismo decadente, héroe de la oligarquía que quiere frenar la historia, o como juguete de los intereses foráneos de los imperialistas que oprimen a los pueblos del mundo y quieren instaurar un reino de terror; en caso de ser derrotada la revolución en Venezuela, van a tener que recoger el petróleo mezclado con la sangre de su pueblo, no van a alcanzar los cementerios y como ocurrió con la Comuna de París, no van a descansar hasta fusilar al último comunero.

 

 La lucha libertaria de Venezuela guiada por la Revolución Bolivariana, por su Bravo Pueblo y por el Presidente Maduro, es la lucha de los pueblos del mundo y son estos los que recibirán el apoyo popular.

Por Eduardo Pérez, “Cuadernos de Reencuentro”

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