Sucesos de Venezuela: los noticieros colombianos miran la paja en el ojo ajeno.

 

Muchos de los periodistas de los noticieros colombianos son premeditamente tendenciosos. En una mesa de “expertos politólogos” sobre la situación en Venezuela, -no tienen otro tema- uno de ellos se refería en términos despectivos al Presidente venezolano y cuestionaba su formación intelectual, rematando con este comentario: “dígame ¿de qué sabe Maduro?”. Este tipo de actitudes de los medios de comunicación tradicionales, conduce a muchas reflexiones. Una respuesta inmediata a la pregunta es: lo que sabe Maduro es defender a su país y a sus recursos para ponerlos al servicio de su población, usando algo que estos periodistas no tienen: Dignidad.

 

 A una persona hay que juzgarla considerando para qué, por qué y por quién lucha; no existe otra intelectualidad. Por muy intelectual que alguien sea, siempre expresará su punto de vista, a no ser que sea nombrado vocero de alguna organización.

 

 La exigencia del supuesto peso intelectual es otra forma de decirles a los pobres que no están preparados para gobernar; entonces deben esperar a que los “expertos” piensen y les solucionen los problemas; es decir, las madres que viven en la pobreza ni siquiera saben lo que necesitan. Pero como decía Lula Da Silva, no se imaginan lo que puede hacer una madre necesitada, con 50 dólares en la mano; una forma de contribuir a acabar con la miseria en el mundo, sería preguntarles a ellas: ¿Qué hay que hacer? No hay mejores ministros de economía. Si se considera su papel social en la formación de los hijos y en mantenimiento de una familia, no habría mejores asesores de gobierno que las madres expertas en sufrimientos, graduadas con honores en la escuela del abandono.

 

 Parece que los únicos que ven la escasez en Venezuela son los periodistas oficiales colombianos; lo que se quiere dar a entender es que los gobernantes venezolanos, no lo captan, no les interesa o son incompetentes para tomar las medidas. No se ponen a pensar si es que a las empresas en el mundo, en crisis, con baja rentabilidad y sedientas de mercados no les atrae el de este país y se pueden dar el lujo de despreciarlo. Hay muchas más cosas de fondo, como el sabotaje a una sociedad, para torpedear el que las personas adquieran sus productos básicos.

 

 Es peligrosa esta influencia sobre la población colombiana; pues, de tanto repetir se termina formando opinión y no son pocos los que se nutren de ahí para sus análisis simplificados; al menos así se capta en los comentarios callejeros. Estos son viejos métodos que se utilizan para que los sectores más incautos de la población, reproduzcan contenidos si tener que hacer el esfuerzo de pensar.

 

A partir de estos recursos se construyen caricaturas de la realidad; esto es, sucesos explicados con pocos trazos fáciles de asimilar y de comunicar a otros como la verdad que se dice, como lo común y aceptado en el sentido social. Así por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial se produjo porque Hitler era un loco que se quería apoderar del mundo; Stalin era un asesino; los gringos, los salvadores; Maduro una persona sin formación; Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva; Gaddafi era un terrorista; los iraníes son fundamentalistas; a Petro lo destituyeron porque no botó las basuras; un marido mata a su esposa porque no le aplanchó bien la camisa.No se necesita comentar lo que dicen de Fidel, Chávez, Correa, Evo, Ortega, Cristina Kirchner.

 

Sorprende que después de muerto el Comandante Chávez y de hacerle en vida tan mala prensa en Colombia, ahora digan en los noticieros que ese si era un líder, pero que el actual presidente no; para muestra como tiene a Venezuela aguantando hambre- y esto es lo que repiten en la calle. Como si Maduro se parara en un balcón de Miraflores y dijera: “no produzcan papel higiénico, no importen ni siembren alimentos, escóndanlos”; como si así se manejara la economía de un país y dependiera de una sola persona. Para esta interpretación caricaturesca reproducen la visión de la estructura piramidal del capitalismo en donde hay un patrón que ordena lo que hay que hacer y que debe ser obedecido ciegamente sin lugar a cuestionamientos.

 

 Algunos periodistas actúan así porque esta es la formación que recibieron; otros, porque se los dice el director y para eso les pagan. Hasta en los programas de música romántica, cuando canta un venezolano, hablan de la “triste situación de estas personas que son como hermanos”. Los análisis que quieren hacer aparecer como la verdad objetiva, como la simple presentación de los sucesos, son apenas muestras mutiladas de la realidad. No existe algo así como los conceptos puros, veraces, inmaculados, como pensamientos que se toman del pedestal de la sabiduría neutral inspirada de los dioses; no existen teorías extraterrestres de la democracia, por ejemplo –a no ser que estos periodistas hayan cursado el preescolar en Marte; la escuela elemental en Saturno y la educación media en Júpiter, lo que no sería de extrañar en una sociedad como la colombiana, en donde a los ricos y a muchos intelectuales, algunos con razón, les da vergüenza ser de aquí.

 

 El pensamiento de estos periodistas, de los demás funcionarios y también el mío (pero hago repulsa), es un resultado cultural de la humanidad, es un producto histórico formado en el proceso de civilización que conocemos como la Modernidad; es decir de la sociedad que se organiza alrededor del sistema capitalista, con sus valores, creencias, intereses, propósitos. No existen conceptos puros, ajenos a esta influencia social, presente en cada una de las acciones sociales, como la escuela, el arte, lo científico, lo filosófico, el habla, lo cotidiano. En el caso de la destitución del alcalde de Bogotá, cuando el procurador y los magistrados, deciden “en derecho”, deberían aclarar que es en el que les formó la sociedad oligárquica colombiana para protegerse. Cuando una persona cumple el papel de “experto” debería aclarar en qué, sobre qué valores culturales, para qué intereses. El carácter de “gran intelectual” de una persona, se aprecia y se define también sobre un conjunto de paradigmas válidos para unas interpretaciones y visiones sociales.

 

 Muchos estudiosos desarrollan trabajos respetables y de valía para la humanidad; a otros se les otorgan hasta Premios Nobel por sus servicios al capital; es el caso de los de economía que se les concede por armar un caos en el mundo y condenar a miles de millones a la miseria. Entonces ¿Qué saben? ¿Cuál intelectualidad?

 

 Es más, las acciones contra Petro obedecen directrices geopolíticas; así tuviera inobjetables políticas sociales y una administración sin corrupción, no se puede permitir que al lado de Venezuela, Bogotá, como capital del país aliado de los intereses del imperialismo, sea gobernada por la oposición y que los ciudadanos vean que las sociedades se pueden organizar de forma diferente a lo establecido y que pueden funcionar mejor. Si el anuncio de destitución se combina con un programado mal funcionamiento en el transporte masivo y con protestas, las personas van a percibir la mala administración que ejecutan los opositores. Son los mismos métodos de bloqueo usados en Venezuela, para que los ciudadanos sientan que las cosas no pueden tener otro orden que el existente y vean lo que pasa cuando gobierna un pensamiento de izquierda. La conclusión para los ciudadanos deben ser: no saben gobernar, el caos y el desorden se generalizan. Pero aquí cabe también observar que muchas veces el desorden es otro orden posible. Es un juego de intereses. Para unos el TLC es la mejor alternativa para el país porque les deja grandes ganancias, así sea la ruina para muchos más. Hegel habla del trabajo, la paciencia, el dolor y la seriedad de la negación; el mundo, la naturaleza viven en constante cambio. Las percepciones de orden, desorden, caos, se aprecian desde referencias paradigmáticas. La ley de la gravedad, que nos mantiene sobre este cascarón, es un caos porque si se nos cae un huevo, se quiebra; si es una pelota, rebota.

 

 Lo que muestran los hechos

 

 En Colombia, los líderes campesinos son asesinados paulatinamente y en el silencio, como ocurrió en el 2013, con: Iván Darío Restrepo de 44 años; Ever Antonio Cordero el 9 de mayo; Ermes Enrique Vidal Osorio de 60 años, el 21 de marzo; Gustavo Adolfo Pizo; César García, el 2 de noviembre (que denuncio los efectos negativos de la mina “La Colosa” sobre los agricultores); José Alonso Lozano (Defensor de Derechos Humanos); Ana Isabel Valencia, el 1° de noviembre; Edier Otero, el 30 de octubre; la pareja: Milciades Cano Trujillo y Nancy Vargas, el 30 de octubre; Adelina Gómez de 30 años, el 30 de septiembre; Roberto Cortés; Sergio Ulcué; Emel Antonio Varela Tuberquia, el 26 de julio; Elmer Antonio Serna Usuga, el 22 de julio; Alvaro Quenguán, en abril; Edgar Sánchez; Mao Enrique Rodríguez; Martha Cecilia Fuerva (desaparecida); Henry Díaz (desparecido).

 

 No buscaban derrocar al gobierno, ni estaban apoyados por mercenarios extranjeros, ni por francotiradores armados con fusiles con mira telescópica, no estaban en barricadas, ni murieron en protestas o enfrentando a la fuerza pública.

 

 En los últimos 20 años los campesinos han sido despojados de 7 millones de hectáreas; entre 2006 y 2011 han sido asesinados más de 70 de sus líderes; 14 millones de ellos viven en la pobreza y hay un millón de familias sin tierras; según cifras de la ONU cerca de 37 defensores de derechos humanos fueron asesinados entre enero y septiembre de 2012; en el 2013, la cifra fue de 78.

 

 Ante estos hechos los periodistas de los noticieros colombianos oficiales, no se rasgan las vestiduras, no hacen análisis frecuentes con expertos politólogos, no colocan titulares continuos, no convocan a la solidaridad, no lanzan el mensaje repetido, no están informando de cada muerto, no solicitan la intervención de la ONU, la OEA o las fuerzas de la OTAN para defender a los campesinos. Tal vez actúan así porque saben que podría correr la misma suerte. No son las mismas reacciones cuando los sucesos son de Venezuela; ni siquiera llaman a respetar la institucionalidad, la democracia, ni convocan a la cordura, a la prudencia, al diálogo o a la paz.

 

 Toda persona está en su derecho de interpretar los acontecimientos, de asumir la posición que quiera y de hacerse al lado del que desee; pero, a lo que no tiene derecho es a presentar sus preferencias como la “verdad”; pues, los intereses de cada quien determinan el carácter de la verdad.

 

 Algo cierto es que miles de colombianos huyen de la miseria y de la represión; asumen todo tipo de riesgos para entrar como ilegales a Estados Unidos, Europa y otros destinos; se calcula que tan solo en Venezuela, hay alrededor de 4´500.000 nacionales, donde han encontrado mejores condiciones de vida y de apoyo estatal.

 

Este panorama tampoco es ajeno a los países capitalistas que ponen el ojo en Venezuela, pero que mantienen a su población en la miseria y que han asesinado y asesinan sin escrúpulos a los opositores. El capitalismo es una aberración social que da asco.

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