Ucrania o el espejismo de la prosperidad capitalista

                   

Ni con las hienas ni con los chacales

¿Qué ha provocado la crisis actual en Ucrania? Si nos guiamos por lo que se plasma en los medios de comunicación parece que estemos ante una película de “buenos” y “malos”, y que la única dificultad para entender la trama estriba en descubrir el carácter bondadoso o malvado de cada uno de los personajes. 

Para unos, la mayoría de los medios de comunicación pro-occidentales y pro-burgueses, el “malo” era Yanukovich que, como “títere” de Putin, quería impedir que Ucrania se integrase en el muy “democrático” club europeo rompiendo sus opresores lazos con la Gran Rusia. 

Para otros, sobre todo entre la izquierda, el “malo” es la CIA, el imperialismo americano, que organizó un golpe de estado contra un gobierno elegido democráticamente, poniendo en su lugar a otro basado en dirigentes de partidos de extrema derecha o fascistas.

Pero no estamos ante una película del oeste. Estamos ante una crisis económica, política y social de tremendas dimensiones. Lo cierto es que se ha desarrollado una dinámica en Ucrania que no siempre controlan los dirigentes ni los instigadores. No se trata de descubrir las conspiraciones (que juegan un papel secundario) sino de entender los procesos que subyacen en la sociedad y que, en última instancia, determinan la actuación de los personajes.

Lo primero que debemos destacar es que la crisis de Ucrania deja algo muy claro: El capitalismo es un callejón sin salida para los pueblos del Este de Europa. Han pasado de las brasas al fuego. Vieron un espejismo de prosperidad en el capitalismo, pero la implantación de “la economía de mercado” está causando un sufrimiento tremendo.

Del colapso del burocratismo al fracaso del capitalismo

El burocratismo, los regímenes de bonapartismo proletario que gobernaron en Ucrania, la URSS y el resto de los llamados países del Este, llegaron al colapso por falta de una revolución política. Decimos bonapartismo proletario, partiendo del análisis de Marx del proceso posterior a la Revolución Francesa y que personificó Luis Bonaparte, para definir un proceso y un régimen en el que, sobre todo en la URSS, se había producido un retroceso respecto a los logros y conquistas de la Revolución de Octubre (control del Estado y de sus instituciones por parte de los trabajadores rusos), pero no en las relaciones de propiedad conservando su carácter público hasta la caída de estos regímenes. 

Esa contradicción entre la ausencia de una auténtica democracia obrera, que había sido sustituida por una burocracia cada vez más parasitaria, sólo se podía superar con una revolución política que conquistara los derechos democráticos que la clase obrera no podía ejercer, es decir el verdadero socialismo, o bien la vuelta al capitalismo, que es lo que deseaban una gran parte de los altos cargos, la nomenklatura. Pasar de ser administradores a propietarios con el fin de incrementar sus privilegios y convertirlos en hereditarios. Putin es el ejemplo más claro, proviniendo del KGB (los servicios secretos de la URSS) se ha convertido en el máximo representante político de la nueva oligarquía burguesa.

Pero el capitalismo ha tenido más de veinte años para demostrar que no era una alternativa, sino un espejismo. La caída del muro de Berlín y de la URSS supuso para Ucrania una debacle económica que comienza en 1990 y provocó un colapso en el PIB del 40% y un largo proceso de crisis que se prolongó durante una década. 

Incluso en el caso de que se pretendiera achacar una parte de esa crisis a la herencia del régimen burocrático, lo cierto es que la economía de mercado también ha demostrado sobradamente su incapacidad para sacar a Ucrania del atraso. Tras unos años de crecimiento económico irregular entre el año 2000 y el 2008, en 2009 la economía ucraniana sufrió una de las caídas más profundas en todo el mundo con un retroceso en su PIB del 15% mientras el PIB per capita caía en un 31%.

 

 

 El resultado de todo ello es que el PIB de Ucrania se sitúa hoy en los niveles de mediados de los años 70, lo que indica que ha retrocedido cuatro décadas, en menos de 20 años. De hecho lleva más de dos años, desde 2012, con cifras de crecimiento en torno al cero. Un -0,2% en 2012 y un 0% en 2013, cuando la previsión de este último año era la de crecer un 4%.

Si el estalinismo condujo con la asfixia burocrática de la economía, a un callejón sin salida que llevó al colapso del régimen, estas cifras demuestran la incapacidad del capitalismo para suponer una alternativa. Han saltado de la sartén al fuego.

Un nuevo espejismo: la Unión Europea

Pero para tratar de comprender mejor la psicología que domina en la sociedad ucraniana debemos comparar su realidad con la de sus vecinos. 

Ucrania es un país con una población muy similar a la del Estado español, alrededor de 46 millones de habitantes, con una superficie algo mayor. Sin embargo su PIB, según el Banco Mundial, es sólo el 13% del español. Tanto su PIB como su renta per cápita son 7,5 veces menor que la española. Por eso, y ante la ausencia de una alternativa de cambio revolucionaria, tanto en Ucrania como en Europa, no es de extrañar que la aspiración de las masas en ese país sea “ser europeos”. Más aún si tenemos en cuenta que la verdadera comparación se hace con Alemania, que está mucho más cerca, quien tiene una renta per cápita 11 veces superior. Mientras los ucranianos tienen una renta per cápita de 3.867 euros, en el caso alemán es de 41.863. Alemania es un imán para una parte de la sociedad ucraniana como no lo es probablemente en estos momentos en ningún otro caso de Europa. 

En definitiva, tener en cuenta que en un estado con ciertas similitudes al español, viven con un PIB equivalente al de Andalucía, nos puede ayudar mucho a hacernos una idea de cómo se vive y dónde están las raíces del descontento social. 

De Rusia, salvo el sector de la población rusa, no hay confianza en esperar una alternativa positiva. La identifican con el estalinismo y no es ninguna broma. Ucrania que formó parte de la URSS en su fundación, sufrió los efectos de la colectivización forzosa en los años 30 (se cuentan por millones los muertos de hambre en el invierno del 32-33). Y no sólo con el estalinismo sino que también relacionan a Rusia con una relación de dominio bajo la bota imperial de Putin.

Los enfrentamientos en líneas nacionalistas, que han sido bien utilizados, tanto por el imperialismo ruso, como por las formaciones de extrema derecha, están sirviendo para enmascarar las cuestiones de clase. Bajo una u otra bandera, Ucrania ha estado regida por gobiernos corruptos que se enriquecían a costa de las masas desde la desintegración de la URSS.

La consecuencia es que para un sector de la sociedad ucraniana todo lo bueno viene de Europa; y todo lo malo, de Rusia, del Estalinismo. Y hay otro sector que se identifica con Rusia como refugio. Esto es lo que da pie a que se pueda dar un enfrentamiento.

Ver la evolución política de los últimos 10 años puede ayudar a entender cómo se ha gestado esta dinámica.

 – En 2004, gana las elecciones presidenciales Yanukóvich (proruso), pero se anula por fraude por el Tribunal    Supremo. Se repiten y las gana Yúschenko (y Yulia Timoshenko, la “princesa del gas”).

– En 2006 hay elecciones parlamentarias con cambio de signo: gana Yanukóvich obtuvo el 33,28% de los          votos; el bloque de la ex primera ministra Yulia Timoshenko, el 22,7%; mientras que el bloque Nuestra              Ucrania, la principal base de apoyo del presidente Yuschenko, se ubicó tercero, con el 13,53%. El Partido        Socialista de Ucrania, miembro de la coalición gobernante, consiguió el 5,37%, seguido del Partido                    Comunista, con el 3,46% y del bloque Oposición Popular, con el 3,35%.

– En las elecciones de 2007, gana Yulia Timoshenko. (el PCU aumenta 2 puntos).

– En 2010 Viktor Yanukóvich, vuelve a ser Presidente de Ucrania al ganar las elecciones presidenciales y            fuerza la dimisión de Yulia Timoshenko, que era la Primer ministro.

– En 2012 gana de nuevo las elecciones parlamentarias Yanukovich. El PC asciende a un 15% y la extrema        derecha a un 8% (Svoboda). Hace ya dos años que los resultados electorales mostraban elementos claros      de polarización política con el crecimiento de los “extremos”.

El “gran juego” entre las potencias

Ahora las potencias se intentan repartir el cuerpo de Ucrania. Rusia, lo considera su territorio, EEUU quiere debilitar aún más la posición de Rusia, y la UE quiere aprovechar la situación (especialmente Alemania) para su política expansionista (como con Polonia…).

EEUU y la UE llevan muchos años tratando de separar a Ucrania de la esfera de influencia rusa. El imperialismo europeo esperaba integrar a Ucrania como un miembro más de la UE lo que ha sido considerado por la nueva clase dominante rusa como que los imperialistas europeos han hubiesen ido a mear a su puerta. Se afirma que EEUU lleva financiando a la oposición en Ucrania los últimos 20 años.

Tras años de presiones y negociaciones la UE confiaba en que Yanukovich iba a firmar el tratado comercial. Pero Rusia contraataca ofreciendo unos fondos de 11.000 millones de euros y una rebaja en el precio del gas del 30%. Yanukovich anuncia en noviembre su renuncia al acuerdo comercial con la UE.

Es evidente que mucha gente ve ese paso como una amenaza para su sueño europeo y una garantía de seguir bajo el dominio ruso.

Un movimiento de masas sin alternativa revolucionaria

Esto prende el malestar social provocando un movimiento de masas, no un “golpe de estado”, que acaba con un Gobierno que carece de respaldo social. Nadie sale a defenderlo, quedó suspendido en el aire, acorralado y haciendo uso de una torpe y bestial represión que aceleró su aislamiento. Sólo la extrema derecha, organizada, con financiación y con un proyecto fue capaz de capitalizar el movimiento.

No es la primera vez que vemos en la historia un movimiento de masas que acaba siendo capitalizado por fuerzas reaccionarias por falta de alternativa revolucionaria. Pero una cosa es disturbios por la descomposición de una sociedad sin orientación y otra muy distinta pretender que en Ucrania se ha producido una “revolución”. El gobierno ha caído al quedar sin base social a pesar del respaldo obtenido por el Partido de las Regiones en las dos últimas elecciones. No sólo tenía oposición en la calle, sino que, además, ningún sector de la población lo defendió. Ya quisiera la CIA ser capaz de sacar a la calle a cientos de miles de personas y provocar ese movimiento a su capricho. Sólo sobre el fundamento de los procesos objetivos que hemos analizado, se puede explicar semejante convulsión de la sociedad.

Pero da la sensación de que EEUU, que ha impuesto a su títere, ha calculado mal. Han dado cuerda a un proceso que se les ha escapado de las manos. 

Si el nuevo gobierno de Ucrania o alguno de los grupos fascistas envalentonados provocan alguna masacre darán a Putin la excusa perfecta para intervenir militarmente. Y no es difícil teniendo en cuenta el carácter nazi, anticomunista, racista, xenófobo y antisemita de estos grupos de extrema derecha nacionalista herederos del nazi Stepán Bandera. Ya ha habido pogromos contra el PC y contra alguna sinagoga, y podría haber conatos de limpieza étnica como vimos en los Balcanes, en caso de una agudización del conflicto. No es casualidad que el primer acto del Parlamento en la primera sesión después de su reapertura fuera un voto para abolir el ruso como segunda lengua oficial. No beneficiaría en nada a EEUU y UE que Ucrania cayese bajo el dominio militar de Rusia pues perderían una zona de expansión que llevaban mucho tiempo trabajándose.

Desde un punto de vista de la clase trabajadora, una invasión rusa de Ucrania sería un desastre porque, desde luego, no lo haría para defender los derechos democráticos ni del pueblo ruso ni del ucraniano. Exacerbaría los enfrentamientos nacionales, fortalecería el militarismo ruso y al régimen bonapartista de Putin durante un tiempo. En consecuencia también se endurecerían las condiciones de desarrollo de un proceso de cambio social, pues una situación de estas características absorbe las energías de las masas desplazando el conflicto de clase durante todo un período. 

Y la intervención rusa es posible porque no estamos hablando de un escenario lejano, Ucrania para Rusia es su casa. Estamos ante uno de los escenarios de la lucha interimperialista en el mundo. 

El imperialismo ruso es relativamente débil frente al de EEUU: 15,6 billones de dólares de PIB frente a 2 billones. Eso determina que Rusia no puede jugar el papel que jugaba la URSS en el mundo en los años 70.

Pero eso es una cosa y otra muy diferente es meterse en su zona de influencia más cercana poniendo en peligro no sólo sus intereses económicos, sino también otros, como los geoestratégicos, políticos, militares… La base militar de Sebastopol es la principal para su Armada. Por eso Crimea ya es suya. Hablar en este caso de que se ha ejercido el derecho de autodeterminación es una broma de mal gusto, sobre todo para los tártaros, hoy en minoría que eran originariamente la población mayoritaria. Se trata de una simple anexión.

Antecedentes históricos y riesgos de la situación

Conviene repasar un poco una parte de la historia de Crimea. Esta península es parte de Rusia desde el siglo XXVIII. En 1944, Stalin deportó  a los tártaros de Crimea, para dejar esta zona en manos de población rusa mayoritaria. En 1954, Nikita Kruschev (de origen ucraniano), incorporó la república autónoma de Crimea a Ucrania.

En el referéndum celebrado en Ucrania por la Independencia en 1991, el 90% de los votantes lo hizo a favor. Pero en cuanto se formó la Comunidad de Estados Independientes (CEI), Ucrania firma un acuerdo de cooperación con Rusia. Y, además, como respuesta muy significativa a la declaración de independencia, en mayo de 1992, el parlamento ruso, declaró “ilegal” la cesión de Crimea a Ucrania (no hizo “nada más”, pero la amenaza era clara).

No olvidemos lo sucedido en las dos guerras de Chechenia (1994-96 y 1999-2000) o en Georgia en 2008 cuando el imperialismo ruso no dudó en intervenir.

También es cierto que Ucrania no es lo mismo que Georgia. Tiene 46 millones de habitantes y es más grande que todo el estado español. El ejército ucraniano es, sobre el papel, el más grande de Europa, pero ante una invasión rusa no está claro cuál sería su respuesta. Por eso mismo han creado una nueva Guardia Nacional de 60.000 miembros, porque no se fían. Lo ocurrido con el Almirante Berezovsky en Crimea demuestra que el ejército ucraniano podría dividirse en dos. El nuevo gobierno le nombró y le envió a Crimea. Nada más llegar Berezovsky se puso a disposición de las autoridades pro-rusas de la península.

La crisis ucraniana ha abierto la posibilidad de una intervención militar rusa, pero también hay otras posibles vías de desarrollo del conflicto. 

Podría desencadenarse una guerra civil que crearía las condiciones para la partición de Ucrania y que forzase la intervención rusa. Sería la desintegración de ese Estado tal y como lo conocemos hoy. Si el gobierno del presidente ucraniano Arseni Yatseniuk no puede ofrecer otros “éxitos” pueden verse empujados al conflicto por su propio discurso nacionalista.

A ninguno les interesa una guerra

Pero también hay que contemplar la posibilidad de que el gobierno actual se consolide si convoca elecciones de forma inmediata y controla a los grupos más violentos. Aunque se ha creado una situación prebélica, lo cierto es que parece que a nadie le interesa una guerra que complicaría enormemente el escenario económico mundial. 

Según señala Vicenç Navarro “Rusia es el tercer socio comercial de la UE después de EEUU y China, con un intercambio comercial de más de 500.000 millones de dólares en 2012. Alrededor del 75% de todas las inversiones extranjeras en Rusia proceden de la UE, siendo Rusia la mayor proveedora de gas de la UE. Y el capital de los grandes oligarcas rusos está en bancos europeos, en su mayor parte en la City de Londres”.

El problema es que Rusia se juega mucho. El 84% del petróleo y 76% gas ruso va a Europa, y una gran parte pasa por Ucrania. 

Ucrania también se juega mucho pues Rusia es su primer socio comercial, representa ¼ parte de su comercio exterior, y depende totalmente de Rusia en el terreno energético.

La UE, sobre todo Alemania, también se juegan mucho. Una guerra en Ucrania teniendo en cuenta la dependencia alemana de los suministros energéticos rusos tendría graves consecuencias en el corazón de Europa. 

Por eso, aunque las noticias destaquen todos los elementos que alimentan un enfrentamiento fatal, lo cierto es que también hay muchos intereses amenazados si estalla un conflicto armado de grandes dimensiones en Ucrania. No estamos en el año 14 de hace un siglo. Al menos, de momento. 

La propia Rusia, que es presentada como la más decidida belicista, no es fácil que vaya más allá de Crimea por iniciativa propia porque no está en su mejor momento. Su economía está cercana al estancamiento con un PIB creciendo un 1,4% en 2013 y una previsión del 2% para este año. Un parón en las exportaciones energéticas a Europa podría afectar al 20% de su PIB.

Europa podía haber jugado un papel determinante, pero lo único que le interesa a los grandes empresarios y a los actuales gestores del imperialismo europeo es hacer negocio. Al mirar a Ucrania ven gas y cereales, y un nuevo mercado a conquistar, no un pueblo que padece. La ambición imperialista de la UE ha colaborado a alimentar la crisis.

Tanto las revueltas, como el crecimiento de los fascistas, como el crecimiento del Partido Comunista Ucraniano (PCU), son la consecuencia directa de una crisis económica, política y social muy profundas y prolongadas en el tiempo. Hay un vacío en la izquierda por la carencia de alternativa al burocratismo y al capitalismo que, al menos en parte, será ocupado por el PCU. El problema es que este partido después de 2004, en lugar de mantener una posición de independencia de clase, respaldó al sector de la oligarquía representado por Yanukovich y el Partido de las Regiones con el argumento de que era “el mal menor”. Fue un grave error que ha impedido que el PCU jugase un papel más importante hasta ahora. La cuestión es qué evolución va a tener este partido. O bien aprende de los errores y levanta un programa independiente y de unidad de la clase trabajadora por encima de las distintas nacionalidades, lo que permitiría a los trabajadores de Ucrania tener una referencia común, o, de lo contrario, si sigue en su línea de apoyo a Yanukovich le puede llevar a defender una línea nacionalista pro-rusa.

¿A quién apoyamos, a las hienas europeas y estadounidenses o a los chacales rusos que están devorando el cuerpo del pueblo ucraniano? El pueblo de Ucrania tiene que buscar su alternativa sacudiéndose a los carroñeros.

No podemos aceptar la lucha por áreas de influencia de los grandes monopolios, se disfrace como se disfrace. La lucha que asumimos los trabajadores, la lucha que nos hará un poco más libres, en Ucrania y el resto del mundo, es aquella que nos acerque a sustituir la fatal competencia por la colaboración entre los pueblos.

TOMADO DE: REVISTA CLARIDAD: http://www.nuevoclaridad.es/revista/index.php/revista/internacional/525-ucrania-o-el-espejismo-de-la-prosperidad-capitalista

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