Intervención de Gabriela Rivadeneira en Argentina

Procesos de cambio: la palabra y la acción de las mujeres
Buenos Aires, Argentina.
9 de abril de 2014
Gabriela Rivadeneira Burbano
Presidenta de la Asamblea Nacional del Ecuador

Surgimiento de procesos transformadores en la región latinoamericana y construcción de propuestas antihegemónicas y postneoliberales.
El siglo XXI ha sido inaugurado por el surgimiento de procesos de transformación en América Latina: nuevos actores individuales y colectivos – los invisibilizados y los excluídos –, nuevos espacios desde donde se hace la política, nuevas prácticas, que profundizan la democracia.
Con diferencias, por supuesto, pero con innegables afinidades, los pueblos latinoamericanos hemos levantado nuestra voz y logrado desnudar el andamiaje ideológico tenazmente construido durante las décadas neoliberales, denunciarlo y construir propuestas alternativas. Se perfilan así, en nuestra región, propuestas contrahegemónicas al dogma neoliberal y alternativas a la crisis civilizatoria que afecta no sólo a nuestra Latinoamérica sino a toda la Humanidad.

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Las luchas políticas y sociales que acompañan a estas propuestas alternativas aprendieron que la revolución no es sólo económica o jurídica, sino cultural. Es así que los cambios reposan, en primer lugar, en procesos constituyentes que han significado una ruptura epistémica –en el pensamiento-, respecto de la dirección civilizatoria ahora en crisis. Esto ha implicado la lucha por la eliminación de relaciones sociales patriarcales, misóginas, de exclusión y desigualdad. Y la construcción de patrones culturales emancipadores, que implican cambios en la concepción y el ejercicio del poder, cambios educativos y paradigmático cambios radicales en el sentido martiano de la palabra: de ir a la raíz de las cosas y transformarlas, subvertirlas. En este sentido, la batalla es también simbólica, pues debemos cumplir una tarea de recuperación de la memoria histórica y cultural de nuestros pueblos, tantas veces invisibilizada desde la colonialidad del poder y del saber. Debemos crear nuestros propios relatos y representaciones, a la luz de una revitalización del pasado y un claro compromiso político con los olvidados de la historia, que son nuestro presente. (Hacer mención al encuentro con las madres, abuelas, hijos y familiares de Plaza de Mayo). Esta, evidentemente, es una lucha a largo plazo, que involucra a las nuevas generaciones y ese es el camino revolucionario que las y los jóvenes hemos decidido emprender.

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El Buen Vivir como horizonte utópico – la reactualización del legado de los pueblos ancestrales y la recuperación del sentido ético de una política de izquierda
Herederos de las tradiciones de nuestros pueblos indígenas y conscientes, a la vez, de la crisis de civilización – crisis material e ideológica – que atravesamos, nos hemos aventurado a imaginar una utopía orientadora en el concepto del Buen Vivir que en la lengua de nuestro pueblo kichwa es el Sumak Kawsay. Se trata no sólo de reavivar los imperativos morales que guiaron la práctica de los abuelos y las abuelas que nos precedieron, sino también de recuperar el sentido ético de una política de izquierda, el compromiso que tenemos como representantes populares de llevar a cabo todos los días el principio de mandar obedeciendo. Se trata de situarse en la continuidad histórica de mujeres y hombres que hicieron de la política una acción y un compromiso liberador, para los individuos y para las sociedades. Más que nunca, mujeres y hombres, jóvenes y viejos, hemos asumido la posta histórica con valentía y conciencia de nuestra tradición de pensamiento emancipador, revolucionario y crítico latinoamericano. La Revolución Bolivariana nos recordó a todos sus hermanos la vigencia del diálogo permanente con el Libertador Simón Bolívar, Manuela Sáenz, Martí, Sandino, Espejo, Fidel, el Che, Nela Martínez, Dolores Cacuango, Ugarte, Evita, el General Perón y tantas otras y otros hermanos latinoamericanos que en distintas épocas han contribuido a la construcción de una perspectiva antiimperialista y emancipadora latinoamericana.

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El Socialismo del Buen Vivir (ecuatoriano)
La lucha en Nuestra América ha apelado a la tradición socialista, superando la experiencia fallida del socialismo real en el siglo XX, para reconstruirlo a partir de las realidades y necesidades de cada pueblo. Esa postura y esa búsqueda las traduce el llamado “Socialismo del siglo XXI”, o como nosotros en el gobierno de la Revolución ciudadana lo hemos llamado: “El socialismo del Buen Vivir”.
¿Cómo se concibe el Estado dentro de ese Socialismo del Buen Vivir? Obedeciendo a los fundamentos éticos de una política de izquierdas, el nuevo Estado se fundamenta en la búsqueda de una mayor justicia social. Esto ha significado, en primer lugar, reconceptualizar su papel, a partir de las necesidades y requerimientos populares, como un Estado reparador. De ahí que la figura del Estado neoliberal, regulador, que daba rienda suelta al mercado, bajo la creencia de que éste era el artífice de la maximización del bienestar social, dé paso a un Estado que se constituye como el garante de los derechos de las personas y los colectivos y, de manera más general, del Buen Vivir de la sociedad. Un Estado cuya lógica obedece ya no a intereses individuales que determinan el empleo del excedente generado por los trabajadores sometidos a los caprichos del capital, sino a decisiones colectivas que corrijan paulatinamente las desigualdades estructurales en la distribución de la riqueza. Así, el gasto del Estado debe ser guiado por el imperativo del uso social del excedente, fruto de un plan concertado técnicamente y aprobado de manera democrática de tal forma que dicho gasto, la acumulación y el consumo apunten, primordialmente, hacia la capitalización de conocimiento y
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formación humanas que sostengan los procesos de transformación revolucionarios.
Resignificar el papel del Estado requiere, necesariamente, replantear su lugar dentro del sistema mundo, por lo tanto, reformular su relacionamiento con los centros de poder y afirmar su capacidad de toma de decisión autónoma de toda ingerencia externa. De ahí que, junto a los gobiernos progresistas de la región, el gobierno de la Revolución Ciudadana haya desarrollado una política exterior fundamentada en: la afirmación de la soberanía nacional (cristalizada, por ejemplo, en la negativa a la renovación de la cesión de la base de manta a militares estadounidenses, TLC, en el asilo a Julian Assange, la auditoria de la deuda y la renegociación de los contratos petroleros); el despliegue de una estrategia antiimperialista en clave de integración regional a la par de la afirmación de un mundo multipolar, desplazando así el poder tradicionalmente concentrado en Estados Unidos y las potencias europeas, hacia un Sur global emergente.
La lucha contra las formas de opresión y la injusticia, auspiciados por el sistema capitalista, en su fase neoliberal e imperialista, apela a una fuerte voluntad de transformar las estructuras pero también supone asumir un compromiso ético que nos acerque primera y fundamentalmente, a los más vulnerables, a los invisibilizados, a los excluídos.
Apelar a la construcción del Socialismo del Buen Vivir pasa por una toma de consciencia de la existencia de un sistema opresivo que empobrece a los trabajadores y campesinos, discrimina a los pueblos afrodescendientes y a los herederos de los pueblos indígenas, excluye a las mujeres y a los jóvenes. Los
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gobiernos de izquierda de la región, tenemos la impronta histórica de solidarizarnos con estas poblaciones subalternizadas cuyas exigencias de justicia social, de superación de la matriz cultural hegémonica que exalta los valores de un Norte global, ahora, en crisis, son condiciones necesarias para la construcción de una sociedad más justa.
En el caso de Ecuador y Bolivia se ha avanzado muchísimo en la incorporación de un enfoque de género, plurinacional e intercultural en las constituciones y en el marco conceptual de las políticas de Estado y la actividad legislativa, cuya misión ha sido garantizar e instrumentalizar en normativa estos principios constitucionales.
Ahora las mujeres, las y los jóvenes, somos herederos de la senda en la que prevalece el bien común como determinación del sentido de lo justo, lo bueno y lo ético.

Maduración de la sociedad
Comentar los 10 ejes de la Revolución Ciudadana.
Palabra y acción de la mujer en Ecuador (y América latina)
Frente a la exclusión, frente a la subalternización, frente a la invisibilización, ¡la lucha!. Hablemos de la mujer y de su papel fundamental como agente transformador de la historia y del devenir de los pueblos del mundo y de nuestra América, de la Patria Grande. Son innegables sus aportes y aunque el camino por recorrer sea largo, se ha cosechado mejoras sustanciales no sólo
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en la condición de la mujer, en el ejercicio legítimo de sus derechos, sino en las sociedades en su conjunto.
La América Latina del siglo XXI no se puede comprender sin el rol protagónico de la mujer en la vida pública, como un sujeto político revolucionario y transformador. Muestra de ello es que la Presidencia de este país haya sido confiada a Cristina, que Brasil sea enrumbado por Dilma, que Michelle haya asumido el mando en el vecino Chile por segunda ocasión, acompañada de Isabel Allende, presidiendo el Senado, a Gabriela Montaño que presidió su parlamento y centenas de mujeres en espacios de toma de decisión.
Si los años setenta estuvieron marcados por el ímpetu de algunos movimientos antiimperialistas, por el contrario, durante las décadas de los ochenta y de los noventa, asistimos a un resurgimiento del conservadurismo y al triunfo del neoliberalismo. Todo ello, en medio de un agotamiento de las formas más cristalizadas de las ideologías surgidas en el siglo XIX que coincidió con el colapso del socialismo real. No obstante, el (los) movimiento (s) feminista (s) permanecieron como espacios de resistencia, a pesar de que su capacidad de movilización en torno a sus reivindicaciones se viera comprometida. La heroica tarea de las organizaciones feministas de base ha sido la punta de lanza de la recuperación progresiva de la organización y fuerza alrededor de lo que hoy se denomina feminismo institucional. Y es que las organizaciones de base han sabido desarrollar un repertorio de acción y estrategias diversas: formación de grupos de presión, acuerdos interclasistas, creación o integración de instancias institucionales, sean éstas ministerios, institutos, organizaciones,
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etc. que, finalmente, han perfilado el arduo camino emprendido por estas organizaciones.
En Ecuador, la Constitución de Montecristi, que no es sino el fruto de un proceso constituyente de largo aliento, que fue un proceso participativo y diverso, representó un paso importante en el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Ese fue, a la vez, la culminación de un proceso sostenido de militancia de las organizaciones de mujeres y el punto de partida para una mayor participación política. La composición de la Asamblea Nacional ecuatoriana es un claro ejemplo de ello, la transición de la anterior legislatura a la nueva legislatura significó un crecimiento al 38% de participación femenina en ese espacio cuando antes de la Revolución ciudadana apenas si el 10% de los curules eran ocupados por las mujeres. Ecuador, junto con Cuba, son ahora los países con mayor porcentaje de participación política femenina en Latinoamérica.
A pesar de lo conquistado, la lucha deberá ser siempre permanente y voraz, como la lógica de la acumulación capitalista, pero creemos firmemente que el ejercicio del poder obediencial que brota de los procesos políticos, histórico/populares a los que nos debemos como líderes, como militantes, nos otorga la legitimidad suficiente para luchar contra esas fuerzas. El único camino efectivamente es la soberanía del poder popular, para pensar de otra manera como queremos vivir mujeres y hombres. Adaptar la realidad a ello es un deber revolucionario que nace de la capacidad transformadora y creativa del ser humano como constructor de sentido y realidad.
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Y en esto, compañeras y compañeros, tenemos un papel central como cuadros jóvenes de nuestros procesos. Por eso la importancia de estos encuentros, que podamos llevarnos las lecciones necesarias pera poder articular las iniciativas consecuentes con los principios que defendemos y la preparación de la que participamos.

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