Archivo mensual: mayo 2014

Dossier, Walter Martinez… la situación en Ucrania y las republicas populares…

30 de mayo de 2014. Como va la situación en Ucrania y las republicas populares…

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ELECCIONES EN COLOMBIA… INCERTIDUMBRE EN LATINOAMERICA

Por: JulioCésar “Cuadernos de Reencuentro”

Este 25 de mayo se celebraron elecciones presidenciales en Colombia. Ninguna sorpresa: el presidente candidato Juan Manuel Santos y el candidato de la burguesia internacional y el imperialismo, Oscar Iván Zuluaga, pasan a segunda vuelta. para ninguno de los dos alcanzó la votación para definir en primera vuelta.

Este corto periodo que se abre de aquí a la segunda vuelta (15 de junio) es de una delicadeza tal para el pueblo colombiano y para américa latina… a partir de este momento tenemos la obligación de mirar a Oscar Iván Zuluaga como el representante de la burguesía internacional y de la jerarquía imperialista de los EE.UU. El imperialismo hará todo lo posible (legal o ilegalmente) para que Zuluaga llegue a la presidencia. Esto le garantizará incendiar los procesos revolucionarios que han avanzado en latinoamerica. La probabilidad de que Oscar Iván Zuluaga sea el nuevo presidente de Colombia es altísima, y un problema para Colombia y Latinoamérica. Solo la unidad latinoamericana, impedirá que este representante del imperio llegue a la presidencia. De suceder esto estaríamos ante el fin del proceso de paz con las fuerzas insurgentes de Colombia, arremetida violenta contra demócratas y la izquierda colombiana, miseria y violencia, fortalecimiento de los carteles de la droga, reorganización de las burguesias en Venezuela, Bolivia, Ecuador, etc, conflictos con los países vecinos, aumento de las bases militares en el continente, implantación del terror como arma política, patente de corzo en la aplicación de las teorías de Gene Sharp en latinoamerica. Solo la unidad latinoamericana logrará detener este esbirro internacional al servicio de la inteligencia norteamericana.

Por: JulioCésar “Cuadernos de Reencuentro”

Las elecciones del 25 de mayo en Colombia: Entre la derecha y la extrema derecha

Por: Ricardo Montes “Cuadernos de Reencuentro”

Las elecciones presidenciales de este domingo en Colombia lo único que hacen presagiar es que continuaremos por la oscura senda que han trazado la derecha y la extrema derecha para los próximos años.

Sus programas de gobierno son, esencialmente, similares, toda vez que, se sujetan a una relación de continuidad desde hace años: la aplicación de las recetas del Banco Mundial y el FMI impuestas por el imperialismo norteamericano en el Consenso de Washington, la implementación de los TLC, el favorecimiento con pocos controles a la inversión extranjera, principalmente de capitales provenientes de E.U. y Europa, con un énfasis muy fuerte en el extractivismo.

La gran contradicción que se exhibe en la actual campaña electoral está, aparentemente, relacionada con los contenidos de los diálogos de paz del gobierno con las insurgentes FARC en La Habana.

Mientras para el uribismo, el gobierno le está poniendo en bandeja de plata el país a las FARC, cobijándolos con impunidad, el gobierno afirma que lo que se busca es que las FARC se desmovilicen y, sin impunidad, se reintegren a la sociedad como fuerza política con las debidas garantías. De hecho, la negociación ha estado enmarcada dentro de cinco puntos cerrados, de los cuales ya se han acordado tres y, aunque no se conocen puntualmente, podría decirse que es poco lo que afectarán la estructura del estado y, prácticamente nada, el modelo de desarrollo neoliberal. Las FARC mismas son conscientes de lo estrecha que es esta negociación y, es por eso que, insisten en la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente, que pudiera abrir el paso a transformaciones de mayor envergadura. El gobierno, por su parte, tiene la posición inamovible de que lo que se está negociando en La Habana está encerrado estrictamente en esos cinco puntos y que esos acuerdos, para completar, serán sometidos a referendo, es decir, a que los electores solo puedan votar “sí apruebo” o “no apruebo”. Es, si se quiere, una negociación con resultados más bien pobres en comparación con las grandes transformaciones que requiere el país y con las reivindicaciones que necesita el pueblo colombiano. Sin embargo, para el uribismo, pareciera ser el acabose.

Pero, el trasfondo parece ser más bien una pugna sin resolver entre dos grandes bloques de poder en Colombia.

El primero, el bloque oligárquico tradicional que ha gobernado históricamente en Colombia, con matices diversos, pero con un profundo pragmatismo a la hora de asegurar el control del poder, como cuando acordaron el tristemente célebre Frente Nacional, para superar la violencia que ellos mismos desataron con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948.

En ese bloque oligárquico tradicional, volvieron a mimetizarse quienes, por las décadas del 30, 40 y 50 del siglo XX, enarbolaron las banderas del fascismo, el nazismo y el falangismo, expresiones más desarrolladas de la extrema derecha mundial y que terminaron derrotadas después de sumergir a la humanidad en la mayor catástrofe de la historia. El mimetizarse, de nuevo, en los partidos tradiciones y fuerzas armadas no significó nunca su desaparición. Al contrario, su actividad siempre se desarrolló de forma camaleónica entre gremios económicos, sectores políticos, militares, organizaciones sociales y su accionar criminal se dijo siempre provenir de “fuerzas oscuras”.

El segundo, es un bloque de poder emergente, surge de una amalgama de sectores muy disímiles: grupos de mafiosos con sus ejércitos privados de sicarios, ejércitos privados conformados como “autodefensas campesinas” por grupos de terratenientes y ganaderos, ejércitos privados financiados por sectores empresariales, personas y grupos provenientes de las guerrillas desmovilizadas, sectores de las fuerzas armadas del estado y de organismos de inteligencia que con su accionar coordinado terminan conformando el paramilitarismo como expresión armada, además de todo su engranaje político conformado por políticos provenientes de los partidos tradicionales y de fuerzas políticas desgranadas de ellos, intelectuales de extrema derecha, individuos y grupos de jóvenes con formación neonazi, sectores ultrarreligiosos, organizaciones sociales ultratradicionalistas, etc, con un gran apoyo financiero e intelectual de entidades de extrema derecha internacional y de los inmensos recursos provenientes del narcotráfico. Ese es el origen del bloque de poder que hoy disputa nuevamente la presidencia de Colombia y que tiene como candidato a Oscar Iván Zuluaga y como principal figura a Alvaro Uribe.

Ese es el bloque de poder que algunos políticos tradicionales trataron de minimizar viéndolos como una simple colcha de retazos sin futuro o como una cuestión pasajera y coyuntural. Cuando Uribe ganó la primera elección presidencial en 2002, quizás podía haber algo de razón en esas visiones. Entre la derecha y la extrema derecha son hay unos pasos de distancia y esa distancia se puede recorrer de ida y vuelta con cierta rapidez y facilidad cuando de por medio solo hay pragmatismo, una visión utilitaria del poder y beneficios particulares. Eso propició que el Partido Conservador, un gran sector del Partido Liberal, el partido Cambio Radical y múltiples pequeños partidos políticos conformados previamente, fueran presurosos a apoyar a Uribe durante esos 8 años de su mandato presidencial. Fueron partícipes de dos gobiernos de Uribe que se caracterizaron por sistemáticas violaciones de los derechos humanos, tan criminales que dejaron, según investigaciones de Codhes, entre 1.500 y 3.000 muertos solo en los llamados “falsos positivos”, 7 millones de hectáteas de tierra desalojadas por los campesinos por procesos de desplazamiento forzado, cerca de 400 mil colombianos desplazados a países vecinos por amenazas en Colombia y 5 millones y medio de desplazados internos, de los cuales, 3 millones y medio se dieron en los gobiernos de Uribe y que hacen de Colombia el país con el mayor número de desplazados internos del mundo. Hay muchas cosas más que se conocen de sobra. Pero, allí estuvieron con Uribe no solo los que ahora lo acompañan, sino los miembros de la derecha que ahora son sus “contradictores”. Allí estuvieron apoyando a Uribe muchos de los miembros de la más rancia oligarquía: Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras, los Gómez Hurtado, los Pastrana, los Turbay, Nohemí Sanín, Martha Lucía Ramírez, por mencionar algunos, pero, también, estuvieron los más poderosos gremios económicos como ANIF, ANDI, SAC, FEDEGAN, entre otros, además de los más poderosos empresarios como Sarmiento Angulo, Ardila Lulle, etc. Y los medios masivos de comunicación haciendo coro en todo momento. Todos acompañaron el “embrujo autoritario” de Uribe. Los perjudicados, los diferentes sectores del pueblo colombiano; obreros, campesinos, líderes populares, políticos de izquierda, demócratas, intelectuales, mujeres, niños, jóvenes fueron víctimas de masacres, torturas, asesinatos, desapariciones, persecuciones arbitrarias, desplazamiento forzado interno y externo, chuzadas, espionaje, falsos positivos, despojo, víctimas de leyes reaccionarias en materia laboral, en salud, libre movilidad, derecho a la protesta y derecho a la libre asociación, irrespeto a la intimidad y sería interminable la lista.

La historia de Colombia ha estado marcada por esos ires y venires de la oligarquía tradicional entre opciones de derecha y extrema derecha. La convivencia y connivencia ha sido norma. Las oposiciones democráticas y de izquierda legal han sido exterminadas y, en los momentos más benignos, han sido víctimas de las más terribles y denigrantes formas de propaganda sucia.

Hoy, de cara a estas elecciones, como se decía más arriba, aparentemente el contenido de los acuerdos de los diálogos de paz son la manzana de la discordia entre la derecha y la extrema derecha. El asunto va más allá. El uribismo soñaba con perpetuarse a través de Santos con una opción de extrema derecha, sin embargo, el bloque oligárquico tradicional precisaba retomar las riendas y el control del poder del estado y se reorganizó en tal sentido. Presurosos retornaron a recuperar y fortalecer su institucionalidad, debilitada por el “unipersonalismo” autoritario de Uribe. La oligarquía tradicional, con Santos, ha asestado los más duros golpes militares a las FARC, más que el propio gobierno Uribe con toda su retórica y práctica militarista; sobre esa base, la oligarquía se juega la opción de negociar con las FARC, a la vez que, le sigue asestando golpes. La estrategia va dirigida no a conceder importantes reivindicaciones para el pueblo colombiano sino a abrir un espacio de participación a la fuerza política que creen las FARC en la democracia burguesa, sin muchos costos para la oligarquía.

Pero, para la extrema derecha el asunto es otro. También se ha reorganizado, su principal carta, Uribe, cuenta con relaciones de primera línea con la extrema derecha mundial, especialmente, la derecha neoliberal de E.U., Europa e Israel; ocupa un lugar prominente y privilegiado dentro de la extrema derecha latinoamericana y está al servicio incondicional de la derecha imperial; no en balde recibió de Bush la estrella de la “libertad”, la máxima distinción que otorga el imperio gringo a civil por su contribución a la “protección de la seguridad nacional de Estados Unidos”. Atilio Borón, conocido investigador y revolucionario argentino denomina a Urbe “el caballo de Troya” de la derecha imperial en América Latina.

El uribismo, según el propio Uribe, no puede seguir siendo un proyecto para las coyunturas electorales. Requiere ser un proyecto político a largo plazo. Por eso, el uribismo se ha agrupado en el Partido Centro Democrático. Sin embargo, sus consignas de exacerbado nacionalismo (huero, abstracto y demagógico) y patrioterismo (no de patriotismo) con un fuerte componente militarista para poder consolidarse necesita tener siempre al frente un enemigo real o imaginario a quien combatir y aniquilar por todos los medios. Con una habilidosa artimaña, convierte las consecuencias de la violencia en causas y las causas en consecuencias. Eso le permite a Uribe convertir a las FARC, en el frente interno, en el supuesto causante de todos los problemas que vive Colombia, y al “castro-chavismo” en el frente externo como el causante de todos los problemas que vive América Latina. En este sentido, el uribismo no puede permitir el éxito de una negociación política con las FARC porque perdería su enemigo interno ni puede permitir el fortalecimiento de relaciones con la bolivariana Venezuela porque perdería su enemigo externo. Uribe, no se olvide, solo puede sostener su proyecto a largo plazo manteniendo la confrontación militar con las FARC y, no se olvide, Uribe solo puede sostener su proyecto, manteniendo a Venezuela como el enemigo externo que hay que controlar y/o destruir a un punto tal que no oculta su irrestricto respaldo a la extrema derecha que en Venezuela ha desatado una ola de violencia sin precedentes desde febrero de este año. No se olvide que hace algún tiempo Uribe manifestó que le faltó tiempo para invadir a Venezuela.

Esos son los dos grandes bloques de poder que nos controlan y que continuarán definiendo nuestro futuro en los próximos años.

Los anhelos del pueblo colombiano de transformación real en sus condiciones de vida y de democratización real del país seguirán engavetados y la izquierda aún no encuentra la llave.

Por: Ricardo Montes “Cuadernos de Reencuentro”

Maldita trampa la de la derecha colombiana! Mayo 25 de 2014: elecciones presidenciales

Por: JulioCésar “Cuadernos de Reencuentro”

La situación para el pueblo colombiano es de tal gravedad, que las “alternativas democráticas” que tiene en la contienda electoral de este próximo domingo 25 de mayo es elegir a sus verdugos implacables: La farsa mediática muestra dos opciones fundamentales de decisión, entre el sector de la derecha gobernante, representado por el presidente Juan Manuel Santos, o la opción del exterminador de la extrela derecha y agente internacional del imperio noteamericano, el expresidente Alvaro Uribe Vélez (y su instancia incondicional el candidato Oscar Iván Zuluaga).

La fuerza mediática en Colombia ha iluminado el escenario de estos dos candidatos y opacado el resto. Desafortunadamente la oposición (centro izquierda) representada por Clara López, no tiene ninguna opción en esta confrontación. De un lado ha estado esperanzada en que los medios iluminen sus propuestas (cosa que no ha ocurrido) y de otro lado su propuesta no aglunina la totalidad del pensamiento de la izquierda colombiana ni canaliza la enorme inconformidad social que existe en este maltratado país suramericano. A la izquierda parlamentaria se le dificulta consolidar una propuesta de país, no tiene el poder de convocatoria suficiente a nivel nacional y permanece sometida a los estragos y exterminio de la extrema derecha con la conplicidad de los sectores moderados de la derecha nacional e internacional. Además el caudal de votos que logren movilizar los dialogantes de la Habana se canalizarán hacia el presidente Juan manuel Santos, quien es prenda de garantía para el proceso de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC (y el ELN).

La orfandad política para el pueblo es grande. Los dos movimientos armados que existen, hace mucho que extraviaron la brújula y cayendo en la trampa estratégica, diseñada para su destrucción, se encuentran esperando el momento final del proceso de paz (silencioso y no deliberante para el pueblo), en el que se trabaja con la plena convicción de que todo llegará a un final feliz: la reinserción en el sistema.

Maldita trampa la de la derecha colombiana! Ha colocado al pueblo votante ante una disyuntiva que esta netamente en los terrenos de la derecha: en las elecciones del próximo domingo 25 de mayo el pueblo perderá con cara o con sello. Pese a todos los golpes al pueblo colombiano éste y su  su juventud sólo les queda el camino de comenzar una lucha olvidada por muchos y por mucho tiempo: la lucha por el socialismo.

Por: JulioCésar “Cuadernos de Reencuentro”

URIBE Y LAS FARC, EL RETO DE COLOMBIA

Tomado de : Marlene Singapur

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LA MENTALIDAD MAFIOSA

 Bajo la apariencia de estar defendiendo una postura contraria al proceso de paz iniciado por Juan Manuel Santos, el senador electo Álvaro Uribe Vélez ejerce la típica actitud de un Capo de la mafia, dispuesto a mantener con amenazas y terror sus lealtades delincuenciales, de las que demanda idolatría, obediencia total y ciega.

 El gran equivoco nacional en la coyuntura electoral, reside en que aún insistimos en creer que Santos y Uribe representan dos posiciones encontradas frente al manejo del proceso de paz con las FARC, cuando lo que hay es el intento de venganza de una mente mafiosa, herida en su ambición de completo control y dominio, convencida de poder aplicar al manejo del Estado la racionalidad organizacional y administrativa de las empresas criminales.

 Es el proyecto que tenía Pablo Escobar Gaviria, jefe del Cartel de Medellín, que con el mismo espíritu vengativo y resentido pretendía reinar y abrirse paso entre el mundo social y político nacional, dinamitando el país y matándonos a todos en caso de que alguno se resistiera a hincar las rodillas frente a sus exigencias personales.

 Así nos lo hizo saber ‘El Patrón’ en una comunicación interceptada por las autoridades, que en ese momento le buscaban a lo largo del país, donde se le oye decir: “A mí nunca en la gran puta vida me van a coger, yo desde la selva los mando a matar a todos, y a la larga los que van a perder van a ser ellos”.

 ¿Notan el mismo tono encarnizado y bandolero de “le voy a dar en la cara marica”?…

 Es la confianza que tiene hoy Uribe Vélez en que la justicia colombiana y la internacional no podrán capturar nunca a un ‘verraco’, armado hasta los dientes, dispuesto a predominar sobre las instituciones y las leyes, a ingresar a nuestras vidas privadas para espiarnos y controlarnos, y a mentirnos y manipularnos públicamente cuando le da la gana. Y si no nos gusta, pues de malas…

 ¿MUY TARDE PARA ENFRENTAR EL MONSTRUO?…

 Provenientes de una cultura cacical y patriarcal, siempre a la defensiva y persuadida a tener que demostrarle a todo el mundo su ‘verraquera’, sea con dinero o con revolver, a Uribe Vélez y Escobar Gaviria les importa un pito el país y su futuro.

 Empecinados en gozar de la polarización y la guerra, no saben exactamente quién, pero en su paranoia y complejo de inferioridad intuyen que alguien les irrespeta, que alguien les menosprecia y se burla de ellos por la espalda. Un alguien del que tienen que desquitarse, un alguien que al final serán millones de personas. Número que les importa poco a la hora del engaño y la represalia.

 La historia nacional colombiana ha consistido en tolerar la existencia y crecimiento de unos monstruos públicos, por lo pronto inofensivos y beneficiosos, tolerables mientras nos puedan solucionar con recursos delincuenciales los problemas que no asumimos enderezar desde la ley. Hasta el inevitable momento en que deberemos pagar caramente nuestra costumbre paraestatal.

 En esos límites sin retorno, nos damos golpes de pecho, tratamos de enmendar y encubrir con discursos moralistas nuestra afición extrajudicial, y, claro, le pedimos ayuda a los Estados Unidos, que también nos vieron escalar, complacidos, hacia la cúspide de la tormenta mafiosa.

 Sólo cuando se pone en riesgo su poder, nuestra clase política y empresarial reacciona. Es lo que está haciendo hoy Cesar Gaviria, ad portas de unas elecciones que pueden perder, diciéndole a Uribe Vélez las verdades que siempre y cada día ha debido decirle, impidiendo que se tomara las instituciones para socavarlas.

 EL FINAL DE LOS CAPOS

 En esos límites sin retorno, decía, no sólo conoceremos nítidamente lo que de Uribe Vélez y sus secuaces no quisimos conocer, mientras ejercía de Gobernador, Alcalde, Director de Aerocivil, Senador y Presidente.

 Uribe Vélez, con la confianza autodestructiva de los mafiosos incapaces de sostener por siempre el ocultamiento de su lastre, y arrastrado por sus ambiciones mesiánicas, se emborrachará de poder hasta perder el norte, momento en el que tendrá que entregarse a la justicia o esconderse detrás de una opinión pública cada día más lejos del hipnotismo, incómoda con sus mentiras públicas y recursos marrulleros. Aunque, como Pablo Escobar, tengo la intuición que preferirá morir acribillado por la policía en un tejado.

 Uribe Vélez, sin embargo, no es un obstáculo personal para el proceso de paz, sino la cara pública de una mentalidad feudal que siempre ha estado en las entrañas del Estado republicano, el colombiano y el de gran parte de  América Latina, mezcla de terrateniente, capataz, cacique electoral, ejército personal, y numerario del Opus Dei. Léase mafia.

 Mentalidad que sólo ahora, cuando intentamos desenredar la madeja histórica de la guerra, podemos reconocer como tal. En ese sentido, tenemos que hacer de Uribe Vélez, no un enemigo, sino nuestra inmejorable oportunidad de mirarnos en un espejo en el que siempre nos hemos hecho los pendejos.

 Frente a la agresión de Uribe Vélez a la sociedad colombiana, y, por otro lado, frente al propósito gubernamental de desmontar la guerra, tenemos dos únicas opciones: seguimos aplazando y evadiendo el enfrentamiento con las tradicionales estructuras y procedimientos mafiosos, conformándonos con la extorsión a cuenta gotas y el ‘hagámonos pasito’, o asumimos la grandeza histórica que nunca tuvo la clase política y empresarial colombiana frente a la evolución del Cartel de Medellín.

 De esta forma, Colombia está en una inmejorable oportunidad histórica para eliminar un enemigo de dos cabezas: el conflicto armado, y el Estado medieval y cacical. Y para que la tarea sea completa, Señor presidente Juan Manuel Santos, se requiere más que una firma de paz con las FARC, y más que una cárcel para Uribe Vélez… aunque sería un buen comienzo…

 

Marlene Singapur

http://gusanoenlafruta.blogspot.com
msingapur@yahoo.es

Este es el “regalo” que niños ecuatorianos le enviarán a Michelle Obama

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Ojo al elegir gobernantes en Colombia

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