Paro Agrario en Colombia 2014

Por Eduardo Pérez, “Cuadernos de Reencuentro”

No son necesarias más cifras sobre la pobreza, la situación de los campesinos y la violencia en Colombia. No se requieren más discursos; los sucesos son claros, pero involucran intereses de personas y grupos poderosos que enturbian las soluciones.

 Los campesinos dicen que las papas, el arroz, el maíz, la leche, el café son necesarios para la alimentación de los colombianos; no piden privilegios, sólo algo muy simple: que les dejen cultivar estos productos para poder venderlos a las familias colombianas. La siembra es su trabajo y eso es lo que quieren: poder trabajar para llevar comida a la mesa de todos, sin distinciones ni discriminaciones, pues toda persona, sea quien sea, debe comer. Como respuesta, el gobierno los enfrenta, los persigue, desatiende sus peticiones y los maltrata; los escuadrones anti disturbios vestidos con uniformes fabricados en el imperio y para cuidar los intereses del imperio, golpean a los nacionales que debería proteger; con estos ataques y actitudes no muestran ningún compromiso patriótico.

 El gobierno dice que el TLC es muy importante para las empresas y países extranjeros, así como para los pocos particulares que manejan los negocios de importación de alimentos, que se enriquecen a partir del infortunio de los campesinos y de la especulación de las necesidades de la población. Los que usufructúan este comercio a favor de foráneos, piden y obtienen, sin tener que marchar en la calle, privilegios en aranceles, carros blindados, escoltas y son cuidados por la fuerza pública. Evidente contraste con la actitud ante los campesinos que sólo quieren trabajar a favor de las personas y de la nación.

 El poder económico de una nación se sustenta en el poder del campo, no sólo por los alimentos directos, sino por todas las industrias que surgen de dar valor agregado estos productos: las papitas fritas, las conservas, los cárnicos, los lácteos, jugos, cereales, panadería, cueros, fármacos, textiles y otros. Si son industrias nacionales crearán empleo y riqueza para los colombianos. Por ejemplo, en una leche de marca extranjera, ni las vacas que ordeñan ni el agua que le echan son extranjeras; entonces, se debe comprar lo nacional. A los productos importados se les agregan conservantes químicos que aguanten los largos trayectos de transporte, los golpes y variaciones climáticas. Para poder cumplir con los embarques, las frutas son recolectadas verdes y no sufren un proceso natural de maduración.

 Si los alimentos se importan, sus derivados también lo serán y así no se genera riqueza ni empleo para los colombianos, por el contrario, habrá pobreza, desempleo, violencia, hacinamiento, desesperanza, prostitución, abusos.

 Los colombianos deben ser verdadera y eficazmente solidarios con los campesinos porque luchan por el país y por garantizar comida fresca y sana en nuestras mesas, a bajo precio y con generación de empleo; así se previene el abandono del campo y el hacinamiento en la ciudad, a donde llegan los desprotegidos como población en riesgo.

 Los colombianos todavía no reaccionan ante este tipo de arbitrariedades económicas y las respuestas son tardías y sin contundencia. Cuando se inició la llamada “apertura económica” en la década de los noventa, muchas voces se levantaron y alertaron sobre las consecuencias que esto traería para la industria, el agro, los campesinos y los ciudadanos de a pié. Fueron desatendidos y ahora hay que enfrentar las desgracias en condiciones muy desventajosas.

 No se aprecia ninguna lógica en que se elijan gobernantes que legislan a favor de los sectores poderosos y en contra de la población, para luego protestarles – y tener que enfrentar los escuadrones que los protegen- porque legislan a favor de los poderosos y en contra de la población.

 Es de esperar que en las próximas elecciones presidenciales los votos no reelijan a los ministros de hacienda que, durante todo este periodo y de forma abusiva, han favorecido a los mecanismos de apertura y de los TLC en contra de la mayoría de los colombianos. Hay que cortar de raíz los desastres y mirar más el presente y el futuro por un mejor país.

 La ruina del campo representa pobreza y hambruna para los colombianos. La lucha de los campesinos por el agro es de carácter vital y de interés estratégico para el país. Una forma de ser realmente solidarios es elegir gobiernos de cara a la nación y con políticas favorables a los intereses de la población.

Por Eduardo Pérez, “Cuadernos de Reencuentro”

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