URIBE Y LAS FARC, EL RETO DE COLOMBIA

Tomado de : Marlene Singapur

http://gusanoenlafruta.blogspot.com

LA MENTALIDAD MAFIOSA

 Bajo la apariencia de estar defendiendo una postura contraria al proceso de paz iniciado por Juan Manuel Santos, el senador electo Álvaro Uribe Vélez ejerce la típica actitud de un Capo de la mafia, dispuesto a mantener con amenazas y terror sus lealtades delincuenciales, de las que demanda idolatría, obediencia total y ciega.

 El gran equivoco nacional en la coyuntura electoral, reside en que aún insistimos en creer que Santos y Uribe representan dos posiciones encontradas frente al manejo del proceso de paz con las FARC, cuando lo que hay es el intento de venganza de una mente mafiosa, herida en su ambición de completo control y dominio, convencida de poder aplicar al manejo del Estado la racionalidad organizacional y administrativa de las empresas criminales.

 Es el proyecto que tenía Pablo Escobar Gaviria, jefe del Cartel de Medellín, que con el mismo espíritu vengativo y resentido pretendía reinar y abrirse paso entre el mundo social y político nacional, dinamitando el país y matándonos a todos en caso de que alguno se resistiera a hincar las rodillas frente a sus exigencias personales.

 Así nos lo hizo saber ‘El Patrón’ en una comunicación interceptada por las autoridades, que en ese momento le buscaban a lo largo del país, donde se le oye decir: “A mí nunca en la gran puta vida me van a coger, yo desde la selva los mando a matar a todos, y a la larga los que van a perder van a ser ellos”.

 ¿Notan el mismo tono encarnizado y bandolero de “le voy a dar en la cara marica”?…

 Es la confianza que tiene hoy Uribe Vélez en que la justicia colombiana y la internacional no podrán capturar nunca a un ‘verraco’, armado hasta los dientes, dispuesto a predominar sobre las instituciones y las leyes, a ingresar a nuestras vidas privadas para espiarnos y controlarnos, y a mentirnos y manipularnos públicamente cuando le da la gana. Y si no nos gusta, pues de malas…

 ¿MUY TARDE PARA ENFRENTAR EL MONSTRUO?…

 Provenientes de una cultura cacical y patriarcal, siempre a la defensiva y persuadida a tener que demostrarle a todo el mundo su ‘verraquera’, sea con dinero o con revolver, a Uribe Vélez y Escobar Gaviria les importa un pito el país y su futuro.

 Empecinados en gozar de la polarización y la guerra, no saben exactamente quién, pero en su paranoia y complejo de inferioridad intuyen que alguien les irrespeta, que alguien les menosprecia y se burla de ellos por la espalda. Un alguien del que tienen que desquitarse, un alguien que al final serán millones de personas. Número que les importa poco a la hora del engaño y la represalia.

 La historia nacional colombiana ha consistido en tolerar la existencia y crecimiento de unos monstruos públicos, por lo pronto inofensivos y beneficiosos, tolerables mientras nos puedan solucionar con recursos delincuenciales los problemas que no asumimos enderezar desde la ley. Hasta el inevitable momento en que deberemos pagar caramente nuestra costumbre paraestatal.

 En esos límites sin retorno, nos damos golpes de pecho, tratamos de enmendar y encubrir con discursos moralistas nuestra afición extrajudicial, y, claro, le pedimos ayuda a los Estados Unidos, que también nos vieron escalar, complacidos, hacia la cúspide de la tormenta mafiosa.

 Sólo cuando se pone en riesgo su poder, nuestra clase política y empresarial reacciona. Es lo que está haciendo hoy Cesar Gaviria, ad portas de unas elecciones que pueden perder, diciéndole a Uribe Vélez las verdades que siempre y cada día ha debido decirle, impidiendo que se tomara las instituciones para socavarlas.

 EL FINAL DE LOS CAPOS

 En esos límites sin retorno, decía, no sólo conoceremos nítidamente lo que de Uribe Vélez y sus secuaces no quisimos conocer, mientras ejercía de Gobernador, Alcalde, Director de Aerocivil, Senador y Presidente.

 Uribe Vélez, con la confianza autodestructiva de los mafiosos incapaces de sostener por siempre el ocultamiento de su lastre, y arrastrado por sus ambiciones mesiánicas, se emborrachará de poder hasta perder el norte, momento en el que tendrá que entregarse a la justicia o esconderse detrás de una opinión pública cada día más lejos del hipnotismo, incómoda con sus mentiras públicas y recursos marrulleros. Aunque, como Pablo Escobar, tengo la intuición que preferirá morir acribillado por la policía en un tejado.

 Uribe Vélez, sin embargo, no es un obstáculo personal para el proceso de paz, sino la cara pública de una mentalidad feudal que siempre ha estado en las entrañas del Estado republicano, el colombiano y el de gran parte de  América Latina, mezcla de terrateniente, capataz, cacique electoral, ejército personal, y numerario del Opus Dei. Léase mafia.

 Mentalidad que sólo ahora, cuando intentamos desenredar la madeja histórica de la guerra, podemos reconocer como tal. En ese sentido, tenemos que hacer de Uribe Vélez, no un enemigo, sino nuestra inmejorable oportunidad de mirarnos en un espejo en el que siempre nos hemos hecho los pendejos.

 Frente a la agresión de Uribe Vélez a la sociedad colombiana, y, por otro lado, frente al propósito gubernamental de desmontar la guerra, tenemos dos únicas opciones: seguimos aplazando y evadiendo el enfrentamiento con las tradicionales estructuras y procedimientos mafiosos, conformándonos con la extorsión a cuenta gotas y el ‘hagámonos pasito’, o asumimos la grandeza histórica que nunca tuvo la clase política y empresarial colombiana frente a la evolución del Cartel de Medellín.

 De esta forma, Colombia está en una inmejorable oportunidad histórica para eliminar un enemigo de dos cabezas: el conflicto armado, y el Estado medieval y cacical. Y para que la tarea sea completa, Señor presidente Juan Manuel Santos, se requiere más que una firma de paz con las FARC, y más que una cárcel para Uribe Vélez… aunque sería un buen comienzo…

 

Marlene Singapur

http://gusanoenlafruta.blogspot.com
msingapur@yahoo.es

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