Archivo mensual: junio 2014

“El 30S fue el comienzo de un golpe suave”

TOMADO DE: EL TELEGRAFO
http://www.telegrafo.com.ec/politica/item/el-30s-fue-el-comienzo-de-un-golpe-suave.html
 
Junio 24 de 2014Entrevista
Eva Golinger. Periodista e investigadora estadounidense

La estrategia del golpe blando continúa en Ecuador, advierte la analista. Ella aconseja fortalecer los vínculos entre fuerzas de seguridad, sociedad civil y gobierno para neutralizar la conspiración.

“El 30S fue el comienzo de un golpe suave”

Orlando Pérez, Director

Quito

Estos días, a propósito del informe de la Comisión 30-S, se ha cuestionado el concepto de golpe blando. ¿Es posible aplicarlo efectivamente para casos como el ocurrido aquella fecha en Ecuador?
Creo que el 30-S fue el comienzo de un golpe suave en Ecuador que fue controlado en su momento, pero que sigue bajo la superficie. Hubo un proceso de desestabilización a través de sectores de la llamada sociedad civil vinculados principalmente con agencias estadounidenses, como la Usaid, NED y la CIA que buscaba derrocar al Presidente. El 30-S ya habían logrado uno de los principales objetivos del golpe: la unificación de la policía con las acciones de desestabilización. Esa parte de la estrategia es normalmente lo más difícil de lograr porque se supone que la policía y las FF.AA. están comprometidas con la defensa del Estado, pero justamente aquí en Ecuador la sublevación de la Policía fue la mecha que incendió la acción directa contra el Presidente. Eso hace aún más peligrosa la ejecución del golpe suave porque ya han debilitado el pilar fundamental de la seguridad y defensa del Estado.

Si hay golpes blandos o suaves, ¿qué rol cumplen en ellos los medios de comunicación?
Los medios de comunicación cumplen un papel fundamental en el golpe suave. De hecho, la estrategia del golpe suave no funciona sin los medios de comunicación. Medios alineados con los intereses golpistas preparan el terreno ante la opinión pública. Repiten y reciclan información que distorsiona y desacredita al gobierno y particularmente a la figura del Presidente, quien es el blanco principal del golpe. Intentan proyectar una imagen de un país en crisis, ingobernable, exagerando problemas existentes y dando una plataforma mediática a una pequeña minoría, presentándola como si fuera la mayoría. Ante cualquier confrontación al momento entre Estado y golpistas, los medios están allí para proyectar ante el mundo la imagen de un Estado represor y violador de los derechos humanos. Los medios involucrados presentan a los golpistas como víctimas, y al Estado como agresor.

¿La democracia puede crear ‘anticuerpos’ para estos intentos o acciones que derivan en los golpes blandos? 
Hay que conocer bien cómo funciona esta estrategia y entender cómo podría ser aplicada en la realidad de cada país. Se adapta a las circunstancias y características culturales de cada nación. Algo urgente y necesario es desmontar la grosera usurpación del concepto de las ONG –organizaciones no gubernamentales- que supuestamente representan los intereses de los ciudadanos. Lamentablemente, la figura de las ONG ha sido captada por las agencias de EE.UU. y sus servicios de inteligencia, y hoy muchas ONG –no todas– son realmente representantes de los intereses estadounidenses. Hace unos años, el director de la Usaid, la agencia financiera del Departamento de Estado, declaró que las ONG eran un brazo fundamental de la política exterior de Washington. En 2009, la Usaid se incorporó como parte de la estrategia de contrainsurgencia de EE.UU., junto al Pentágono y el Departamento de Estado. El Pentágono se encarga de  temas militares, el Departamento de Estado de la diplomacia y la Usaid de la sociedad civil. Eso significa que quienes reciben financiamiento o colaboran con la Usaid están trabajando como agentes ejecutores de la política injerencista de Washington. Hay que recuperar el concepto de las ONG como entes que sirven a la sociedad y defienden a los pueblos.
Es fundamental impedir el flujo de dinero de la Usaid, la NED y otras agencias financistas del exterior que intentan fomentar y alimentar conflictos. También el papel de ciertos medios de comunicación como voceros de intereses que atentan contra el bienestar del país tiene que cambiar. Más allá de cumplir con su deber de informar, los medios tienen una responsabilidad social. Los medios deberían contribuir al desarrollo intelectual y cultural del país y no ser fuentes de desestabilización.

¿Hasta dónde militares y policías pueden salvaguardar efectivamente la democracia ante amenazas inscritas en la lógica del golpe blando?
Un concepto que ha salvado a Venezuela de varios intentos de golpe suave, incluso en sus momentos más vulnerables y débiles como pasó a principios del 2014, es la unión cívico-militar. El golpe suave busca debilitar y destruir los pilares del estado: su fuerza laboral, su institucionalidad y credibilidad y las fuerzas de seguridad. Sin una fuerte conexión y entendimiento entre los militares y policías y el gobierno y sociedad civil, la amenaza del golpe suave se hace más peligrosa. En los países que viven grandes procesos de transformación a favor de la justicia social y el bienestar de los pueblos se hace aún más importante el vínculo profundo con las FF.AA. y la policía. Ellos tienen que entender la importancia de su rol en la defensa de estos procesos de cambio que finalmente tienen como objetivo la construcción de un país más desarrollado y próspero para todos. También las FF.AA. y la policía tienen un papel fundamental en la defensa de la soberanía de la nación y en la protección de la integridad del Jefe de Estado. Detrás de un golpe suave siempre hay intereses externos que están buscando imponer su agenda y lograr el control sobre importantes recursos estratégicos. La unión cívico-militar es la única garantía del avance duradero de un proyecto que favorece a las mayorías, pero que enfrenta grandes y poderosos intereses nacionales e internacionales.

¿Los gobiernos populares de América Latina están preparados para asumir las amenazas de acciones desestabilizadoras como las que se expresan bajo el concepto de golpe blando?
Hay fortalezas y debilidades en todos los procesos de cambio en América Latina. Obviamente el bienestar económico es algo fundamental para mantener la estabilidad dentro del país. Vulnerabilidades económicas abren la puerta al descontento social, lo cual puede ser aprovechado por los sectores desestabilizadores, como ha sucedido en Venezuela en los últimos meses. Venezuela se resiste justamente porque hay un nivel de conciencia política muy desarrollada entre la población. Y también se conoce bien quién está detrás de la desestabilización. Un factor fundamental en la derrota del golpe suave es la solidaridad regional e internacional. La integración latinoamericana funciona como escudo frente a los intentos de golpe en la región. La unión suramericana logró frenar golpes en Ecuador y Bolivia, y ahora en Venezuela, pero en otros momentos, como en Paraguay y Honduras no pudo neutralizar la desestabilización. Creo que es necesario y urgente crear un observatorio regional de la defensa de los pueblos que pueda servir como un centro de investigación y análisis sobre estas tácticas y estrategias de injerencia y desestabilización y que cuente con la capacidad de desarrollar e implementar mecanismos de defensa ante escenarios de conflicto.

El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, señala que está en marcha una restauración conservadora. ¿Es posible que esto ocurra en América Latina también? Si fuese así, ¿qué resortes están impulsando esta restauración conservadora?
Siempre es posible una restauración conservadora en cualquier parte del mundo. La derecha está lista y preparada para llenar todos los espacios vulnerables, olvidados y debilitados. No hay que ceder espacios ganados por la izquierda a la derecha, es un grave error político. La derecha cuenta con más recursos y con un objetivo claro: la derrota de la izquierda y  retomar el poder. La izquierda a veces no es tan concisa con sus objetivos ni en cómo alcanzarlos. Y demasiadas veces, la izquierda cede poder bajo la bandera de la reconciliación o la paz. América Latina es la región más rica en recursos naturales y estratégicos a nivel mundial. Es el blanco principal de las grandes potencias, particularmente de aquellas que han perdido su influencia y dominación sobre la región debido al crecimiento de gobiernos progresistas e izquierdistas.

¿Estados Unidos es ajeno a todo este proceso de restauración conservadora? ¿Hasta dónde sus banderas de libertad y mercado están en esa perspectiva restauradora?  
Estados Unidos es el principal impulsor de la desestabilización en América Latina, como siempre lo ha sido. Hay que entender que la política exterior de Washington no es de derecha ni de izquierda, es una política de Estado. No es la extrema derecha solamente la que está detrás de la injerencia y desestabilización de la región, los demócratas están en la misma página. Obama ha sido uno de los presidentes más bélicos de EE.UU. Ha ejecutado acciones militares en Pakistán, Yemen, Libia y Siria, aumentó el programa de asesinatos selectivos con los drones, incrementó el espionaje masivo contra todo el mundo, apoyó el golpe en Honduras en 2009 y ha aumentado el financiamiento a través de Usaid y Ned para alimentar conflictos en países donde Washington quiere promover cambios.

 

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Atilio Borón: “La batalla de Venezuela es nuestro Stalingrado”

Atilio Borón: “La batalla de Venezuela es nuestro Stalingrado” Katu Arkonada
Por: Katu Arkonada/ Bolivia

KATU ARKONADA: Atilio, ¿de qué manera caracterizas el momento histórico en el que nos encontramos, en el que parece claro que por un lado se profundiza la crisis del capitalismo a la vez que se recrudecen las agresiones imperialistas en todo el mundo?

ATILIO BORON: Considero que el capitalismo enfrenta hoy a su crisis más aguda de toda la historia. Este es un dato que desgraciadamente no parece estar en la mente de muchos inclusive dentro de la izquierda, que hablan de una crisis capitalista comparándola a la recesión que hubo en los años 70, o incluso los más audaces a la crisis del 29. Pero esta crisis es mucho más grave que todas las anteriores.

Si uno lee la literatura sobre la crisis del 29 la palabra petróleo no aparece, la palabra agua no aparece, la expresión cambio climático no aparece. La crisis del 29 es una crisis mucho más acotada a la esfera económico- financiera. La actual, en cambio, es una crisis integral que explota por lo financiero pero que se combina con una crisis del modelo energético, con la crisis climática, con una crisis del agua, nada de lo cual estaba presente en las crisis anteriores.

Además tenemos una situación muy crítica en un sistema internacional que había se había constituido, a partir de la segunda guerra mundial y la post guerra, como un esquema bipolar. Este se derrumba con la implosión de la Unión Soviética dando lugar a un momento excepcional de unipolarismo estadounidense que algunos intelectuales orgánicos del imperio pensaron que duraría un siglo (de hecho, el think-tank que los nucleaba se llama “El Nuevo Siglo Americano”) pero que apenas duró unos 10 años. Y de repente tienes por encima de toda esta gran conmoción económica del capitalismo, un cambio fundamental en las placas tectónicas del sistema internacional con la aparición de China a punto de convertirse ya en pocos meses más en la mayor economía del mundo y de una India que viene avanzando a pasos agigantados siguiendo la misma ruta.

Ante esta emergencia de nuevos actores geopolíticos la respuesta del capitalismo y las clases dominantes del imperio ha sido simplemente profundizar las recetas que provocaron esta crisis. De esta manera nos encontramos en una situación en donde hay condiciones objetivas que permitirían pensar una salida por la izquierda de la crisis, pero Lenin ya decía que las condiciones objetivas no bastan por sí solas para producir un desenlace revolucionario; por lo tanto el gran problema lo encontramos en las condiciones subjetivas. Y ese problema de la condiciones subjetivas podemos verlo en lo ocurrido en los últimos días con las elecciones europeas o, sin ir tan lejos, lo que ha pasado en Colombia en donde la votación de los candidatos del uribismo más el santismo y los votos del Partido Conservador, suman prácticamente el 80% de un electorado que ha decidido votar por sus verdugos.

Para resumir: nos encontramos ante la crisis capitalista más grave de toda la historia del capital, pero una crisis en donde como nunca antes, el retraso en la maduración de los factores subjetivos ha sido tan importante, y esto es  lo que impide  vislumbrar una salida por la izquierda de esta crisis.

KA: Y en las crisis, en los momentos de transición entre lo viejo que no termina de morir, y lo nuevo que no termina de nacer, surgen los monstruos…

AB: Sí, fíjate como ha crecido el racismo, el fascismo, el extremismo de todo tipo, en un contexto internacional sumamente peligroso.

KA: Y ya que hablas de América Latina, como caracterizas este 2014, ¿cómo ves esta segunda mitad de año en la que enfrentaremos procesos electorales importantes como precisamente la segunda vuelta en Colombia, o las elecciones presidenciales en Brasil, Bolivia y Uruguay en el mes de octubre?

AB: Con mucha preocupación, incluso lo hemos conversado mucho con Álvaro García Linera cuando estuvo en Buenos Aires, y evidentemente lo que el Vicepresidente de Bolivia plantea va en la línea del planteamiento marxista clásico señalando que las revoluciones nunca siguen un curso lineal y ascendente. Lo que vemos ahora en América Latina es que consumada la gran derrota del imperio en Mar del Plata en 2005 se ha producido una especie de reflujo, o por lo menos una significativa desaceleración del proceso de avance revolucionario en la región, agravado por la muerte de Hugo Chávez. Esto ha sido un golpe muy duro porque con su deceso desaparece el gran motor del proceso emancipatorio y de integración de América Latina. Chávez no era la única fuerza que impulsaba este proceso, pero sin duda era la más importante.

Me parece que estamos en un momento de estancamiento, lo que no quiere decir que tal cosa sea irreversible. Pero si te fijas en las alternativas electorales que se plantean en América Latina, digamos en Colombia, la opción menos mala es la del ex Ministro de defensa de Uribe Juan Manuel Santos, el de las fosas comunes y los falsos positivos; mientras que en Uruguay la alternativa es Tabaré Vázquez, un señor que llamó por teléfono a George W. Bush cuando se produjo el conflicto por las plantas papeleras para preguntarle si eventualmente mandaría tropas para enfrentar a la Argentina.

KA: Un Tabaré Vásquez que coqueteaba con la Alianza del Pacifico…

AB: Se acercó a la Alianza del Pacifico que es una estratagema del imperialismo clara y raspada, como se dice en Venezuela.

En Brasil, a su vez, la continuidad de Dilma plantea las grandes limitaciones que ha tenido el gobierno del PT, que ha arrojado por la borda su proyecto originario de los años ochenta. El proyecto fundacional del PT está muerto. Yo recuerdo siempre una frase de Fernando Henrique Cardoso que fue uno de los más brillantes profesores que tuve en la década de los sesenta en Chile. Él ofrecía en la FLACSO un seminario sobre Método de Análisis Marxista, y una de las cosas que nos decía era que los pueblos prefieren siempre el original a la copia. Y la verdad contenida en esa afirmación la comprobamos hoy en día en Brasil, Chile o en otros países del continente, y en Europa ya ni hablemos, en los que ante la copia de un modelo neoliberal o una propuesta de carácter neoliberal enarbolada por partidos supuestamente socialistas los pueblos optan por la formación de derecha más dura; si van a hacer lo mismo, dicen, que la hagan los inventores y no aquellos que la copiaron. En el caso de Brasil el abandono de las grandes banderas del PT es un tema realmente muy delicado y que además no ha sido encarado con seriedad.

A veces veo con gran preocupación gente que habla de posneoliberalismo para referirse a estos países y en realidad son muy pocos los países que han transitado por la senda del neoliberalismo y ciertamente no es el caso de Brasil. Tal vez un poquito la Argentina, donde ha habido  un proceso de estatización de los fondos de pensión, una recuperación de Aerolíneas Argentinas y una mayor intervención del Estado en general; pero todavía  tenemos la rémora del neoliberalismo muy fuerte y extendida por toda la economía. Las candidaturas que se vislumbran para 2015 en la Argentina no son más tranquilizadoras que las de Tabaré Vásquez en Uruguay, por lo que nos encontramos ciertamente ante un escenario muy poco promisorio.

KA: De hecho esos cambios que se están produciendo en el Cono Sur simbolizan de alguna manera el reflujo que estamos viviendo a nivel continental, el cambio por ejemplo de un eje Cristina-Mujica, aun con todas sus limitaciones, a un hipotético eje Scioli–Tabaré.

AB: Por supuesto, es un retroceso muy fuerte. Como respondió una vez István Mészáros, que aparte de ser un gran filósofo es un hombre con un agudísimo sentido del humor, cuando se le preguntó, “¿usted cuál cree que será nuestro futuro: socialismo o barbarie?” y Mészáros respondió: “y bueno, barbarie si tenemos suerte”. Nosotros podríamos decir, Scioli–Tabaré si no nos va tan mal, porque del lado argentino de este eje rioplatense, podríamos tener alternativas inclusive peores. Concretamente hay dos o tres candidatos que son peor que Scioli, simples mandaderos de la Embajada de Estados Unidos, como Sergio Massa o Mauricio Macri por ejemplo.

KA: Nos encontramos participando los dos en el Congreso por la Integración Política Regional que plantea como eje central de discusión respecto de los procesos el de profundizar para sostener, y sostener para profundizar; ¿Cuáles serían en tu opinión los avances de los procesos de cambio en el continente?

AB: En primer lugar debemos trazar una línea fina que separe procesos como los de Bolivia, Ecuador y Venezuela, de los que están en curso en el Cono Sur. Estos carecieron de la radicalidad que tuvieron los procesos bolivarianos donde se produjo una recuperación de los recursos naturales, del patrimonio petrolero, que no se ha dado en los países del Sur. En Argentina se suele tomar como ejemplo el caso de YPF, pero esta sigue siendo una Sociedad Anónima que cotiza en la bolsa de Nueva York y que para el gran emprendimiento de Vaca Muerta, se crea una subsidiaria con sede en Delaware, Estados Unidos. Y algo similar sucede con Petrobras en Brasil, pero no es el caso de Bolivia, Ecuador o Venezuela en donde esta reapropiación de las riquezas naturales antes en poder del imperialismo asumió una radicalidad desconocida en el Sur del Continente.

Por eso es debemos subrayar la importancia de los procesos de los países bolivarianos como yo les llamo, que han logrado avances muy significativos en ese terreno, y junto con ello progresos muy importantes en materia de redistribución de ingresos, combate a la pobreza y autonomía frente a los grandes poderes del sistema internacional. No podemos ignorar tampoco que Rafael Correa en Ecuador logró que se fueran los estadounidenses de la Base de Manta, auditó la deuda externa, abandonó el CIADI y desahució el TIAR. Por no hablar de un Evo Morales expulsando a embajadores de Estados Unidos, USAID y la DEA, abandonando el CIADI, recuperando el patrimonio nacional y renegociando los contratos petroleros, es decir, recobrando un grado de soberanía que nosotros por ejemplo hemos perdido en Argentina, Uruguay, Brasil o Chile.

Lo mismo puede decirse del caso de Venezuela y los grandes avances logrados por la revolución bolivariana. No es casualidad por tanto que los procesos de cambio en general, y Venezuela en particular estén en la mira del imperio, y por eso debemos tener claro que la batalla de Venezuela es nuestro Stalingrado. Si Venezuela sucumbe ante la brutal contraofensiva de los Estados Unidos, que trata de aplicar en este país el modelo de “cambio de régimen” puesto en práctica en Ucrania y antes en Libia, el resto de   los procesos de cambio en curso en el continente, no importa si muy radicales o muy moderados, terminará por correr la misma suerte.

KA: Precisamente hay una conexión entre la recuperación de los recursos naturales y por lo tanto de la soberanía económica y política, y el recrudecimiento de las agresiones imperialistas…

AB: He publicado en mi blog una noticia importante que salió publicada en Los Ángeles Times reportando que las estimaciones sobre las cuales se había basado el supuesto de la independencia energética de los Estados Unidos se han venido abajo. Estados Unidos lleva tiempo diciendo que tienen enormes reservas de gas y petróleo no convencional (gas shale) en California, en la faja de Monterrey. Pero ese periódico acaba de publicar un informe completo -que fue ratificado después por una agencia especial del Departamento de Energía estadounidense- constatando que se había producido una tremenda sobreestimación de esas reservas del orden del 96%. En 2011 habían anunciado que las mismas eran de 13.700 millones de barriles y las estimaciones actuales son de 600 millones, que es aproximadamente la cuantía de las reservas petroleras que tiene Bolivia.

Esta rectificación a la baja va a significar más presión sobre Venezuela y Brasil, que son los países donde se encuentran los grandes depósitos de petróleo del continente, y más presión sobre Argentina por el yacimiento no convencional de Vaca Muerta. No es casualidad que hace pocos días haya visitado la Argentina el Secretario Adjunto de Energía de los Estados Unidos, Daniel Poneman, que visitó la zona de Vaca Muerta y suscribió un acuerdo con el Ministro de Planificación Federal con el objeto fortalecer y profundizar el intercambio y la cooperación entre ambos países; y ya sabemos lo que significa, para Washington, la palabrita “cooperación.”

KA: Es claro por tanto que esta presión que van a sufrir los procesos se convierte en un límite para la profundización de los mismos…

AB: Sin duda, presión que en el caso de Venezuela se traduce en una campaña de terror que no es sólo mediática en contra la revolución bolivariana.

KA: Hemos repasado algunos de los avances de los proceso de cambio en el continente, ¿cuáles serían los principales desafíos que enfrentan nuestros procesos en el futuro inmediato?

AB: El primer desafío más urgente es desarrollar una estrategia continental adecuada para evitar que Estados Unidos arrase con estos procesos. Venezuela no se va a poder defender sola, como Ecuador, como Bolivia, como Brasil; por eso la integración y la unidad son importantes. Por eso Chávez nos reclamaba unidad, unidad y más unidad.

Y ahí está uno de los grandes problemas, o límites como tú dices, porque el mapa sociopolítico de América Latina es un mapa muy heterogéneo donde tienes por un lado gobiernos de izquierda radical que están avanzando, con mayor o menor intensidad, pero avanzan por una senda de cambios profundos, junto a gobiernos mucho más moderados; y por otro lado tienes una espina en el Pacífico sudamericano con gobiernos de una derecha dura, fundamentalmente Colombia y Perú, y más al norte México. Entonces me parece que la primera cuestión es el desafío de sostener la unidad, lo cual será muy difícil y a veces obligará a hacer algunas concesiones.

El segundo de los desafíos es librar una gran batalla en el terreno ideológico y comunicacional, donde todavía tenemos con falencias muy serias. Nos estamos oponiendo a un poder mediático inmenso y lo hacemos con armas muy primitivas, por decirlo suavemente. Estos gobiernos deben ser mucho más efectivos en comunicar lo que quieren hacer y porque lo que se proponen hacer es lo sensato, razonable y conveniente para el bienestar de los pueblos. Me parece que tenemos una gran falla ahí, y los enemigos que tenemos son muy poderosos, con un poder de fuego mediático fenomenal que influye muy negativamente sobre la conciencia de nuestros pueblos. Los gobiernos bolivarianos deberían saber explicar que a veces es necesario hacer algunos sacrificios y que la revolución no siempre marcha hacia arriba y adelante sino que, como lo decíamos más arriba, a veces se estanca e incluso retrocede, a veces para tomar impulso. Ninguna revolución puede realmente avanzar en todos los frentes.

Hay una experiencia en América Latina que es muy clara y sobre la cual es preciso meditar, la de Salvador Allende con la Unidad Popular en Chile. El principal error cometido por ese proceso fue comenzar una estrategia donde se atacaron, prácticamente al unísono, varios frentes. No se puede hacer una reforma agraria, nacionalizar ITT, pelearte con los gringos que dominaban la gran minería, hostilizar (con razón) a la Iglesia por su presencia en el sistema educacional, y encima atacar a los medios, todo ello al mismo tiempo; no tienes fuerza para ello. Tienes que elaborar una estrategia de prioridades; primero combato con uno, lo derroto, construyo una nueva alianza y ataco a otro, y así sucesivamente. Lo que no puedes hacer es atacar a todos al mismo tiempo. En Venezuela Estados Unidos está provocando a Nicolás Maduro para que ataque en todos los frentes simultáneamente y el Presidente Maduro no debe responder a esa provocación porque es una celada que te lleva a la derrota.

En resumen, es necesario enfrentar por tanto el desafío de la unidad continental, tratar de fortalecer los procesos a cualquier precio, porque eso le duele a los gringos, como les duele mucho la CELAC, la UNASUR, les duele hasta el MERCOSUR; es más necesaria que nunca la batalla de ideas que nos decía Fidel, mejorar el tema mediático; y es fundamental la cuestión de la organización, organizar el campo popular pues tenemos procesos como Venezuela donde la cuestión organizativa es muy compleja, aunque afortunadamente tenemos otros procesos, como Bolivia, con estructuras organizativas de base muy ricas, que son las que en última instancia van a defender los procesos ante las agresiones tanto externas como internas. Lo de Bolivia es un logro extraordinario: formas de organización de los pueblos originarios, precolombinas, puestas al servicio de un proyecto de construcción socialista. Pero no en todos los países tenemos un cuadro igual, el problema de organización en Venezuela, Chávez lo dijo cien veces, es un problema crucial. Y en su magnífico libro “Antes de que se me olvide”, Alí Rodríguez lo dice con todas las letras, la debilidad y flaqueza de un partido revolucionario es el talón de Aquiles del proceso bolivariano.

KA: Continuemos profundizando en el proceso boliviano, ¿Cuál es la caracterización haces del mismo?

AB:
De los diferentes procesos de transición, incluyendo la revolución cubana, Bolivia es uno de los casos más interesantes porque ha demostrado tener un acertado manejo de la gestión macroeconómica. Esto no es un dato menor para los procesos de transición. En Cuba ya vemos los problemas que hay, aunque la desquiciante influencia del bloqueo constituye un obstáculo insalvable. Ya hemos hablado de Allende y la Unidad Popular en Chile, y lo mismo pasa hoy en Venezuela, que enfrenta una situación económica tremendamente complicada para un país que exporta en petróleo unos cien mil millones de dólares por año. Bolivia y Ecuador han manejado la economía incluso mejor que los países del Cono Sur como Brasil, Argentina o Uruguay, en donde la gestión macroeconómica demuestra numerosas deficiencias.

Además de la buena gestión económica, Evo ha logrado armar una maquinaria electoral imbatible y en esto la verdad es que no hay como ganarle, lo mismo que sucedía con Chávez. Al no haber cómo ganarle la alternativa de la derecha es el golpismo, sea por la vía de los “golpes suaves” que auspicia Washington o por la ruta más truculenta ensayada en Libia y Ucrania. Ante este escenario electoral, de victoria asegurada de Evo, hay que redoblar la vigilancia revolucionaria porque el imperio atraviesa una situación muy difícil, y en cualquier momento puede movilizar sus influencias al interior de las Fuerzas Armadas o la Policía para golpear desde adentro el proceso de cambio boliviano.

KA: Más allá de la buena gestión macroeconómica, ¿cuáles consideras que son los retos del proceso boliviano respecto de su nuevo modelo económico y su modelo de desarrollo?

AB: El esquema económico que pueda armar Bolivia para sostener su proyecto a largo plazo tiene un eje fundamental que es el litio y ahí se plantea un falso debate en torno al desarrollo y la contraposición entre sociedad y naturaleza, en donde se postula que para preservar la segunda, la primera debe renunciar al crecimiento y al bienestar, porque sin crecimiento económico -¡que no tiene por qué ser capitalista!- no habrá progreso social posible. Ese planteamiento asume la exterioridad de la sociedad humana en relación a la naturaleza, lo que es falso. La sociedad es parte de la naturaleza. Siendo esto así hay que pensar cómo se pueden aprovechar racional y responsablemente los bienes comunes que ofrece la Madre Tierra. Concretamente, ¿qué va a hacer Bolivia con el litio, que puede llegar a ser en este siglo lo que el petróleo fue en el pasado? Bolivia dispone de aproximadamente el 80% de litio del planeta, y por lo tanto tiene incluso una responsabilidad moral de desarrollar esa industria. Ahora viene un problema, y es que los gobiernos anteriores no hicieron absolutamente nada para formar técnicos, ingenieros y especialistas, con lo cual el gobierno boliviano tendrá pocas opciones aparte de sentarse a negociar, en duros términos, con las transnacionales que manejen esa tecnología. De lo contrario no va a poder aprovechar esa riqueza enorme que sería imperdonable terminara siendo desperdiciada, o alienada en provecho de las multinacionales.

Si creemos que hay que mejorar más las condiciones de vida de nuestros pueblos y que la gente tiene que tener derecho a tener agua potable, saneamiento básico, más escuelas y hospitales, amén de una vivienda digna, todo eso implica más alambre de cobre, hierro, cal, cemento, zinc, petróleo, más energía. En suma, el Vivir Bien no se puede alcanzar sin una estrategia de crecimiento económico -¡no lo llamemos desarrollo porque es un término que confunde!- pero indiscutiblemente la economía boliviana tiene que crecer. Yo he visto con desesperación en Ecuador como alguna gente plantea la tesis del no crecimiento y me pregunto cómo vamos a tener crecimiento cero si la población ecuatoriana está creciendo al 2.5%, lo que significa que en unos treinta años esa población se duplicará, y requerirá más escuelas, hospitales, viviendas, caminos, puentes, tendidos eléctricos, cañerías de agua, alcantarillado, etcétera. Por eso creo que la antinomia pachamamismo vs extractivismo es un falso debate. Lo que tenemos que ver es cómo se utilizan esos recursos de la naturaleza de manera responsable, pero evidentemente hay que utilizarlos. Sin ello, y con una tasa de crecimiento demográfico como la señalada más arriba, el standard de vida de la población, y sobre todo de los sectores populares, descendería dramáticamente.

KA: ¿Qué lectura haces de esa otra tensión creativa que es la de que el proceso boliviano sea un Gobierno de los Movimientos Sociales?

AB: Como decías en la conferencia conjunta que dimos en el Centro Cultural de la Cooperación, es fundamental la búsqueda de equilibrio. Hay dos situaciones extremas que es preciso evitar. Una, que con su dinámica movilizacionista los movimientos terminen por arrollar al Estado, impotente para contener y canalizar sus aspiraciones. Si eso llegara a ocurrir se pondría en riesgo la gobernabilidad del proceso, lo que inmediatamente atizaría la intervención estadounidense para potenciar la desestabilización y, en una tercera etapa, provocar, en medio de un caos generalizado (y promovido, organizado y financiado por la Casa Blanca) la caída del gobierno de los movimientos sociales y el restablecimiento de la dominación burguesa y el estado neocolonial. La otra situación extrema se constituye cuando el Estado fagocita a los movimientos sociales, los copta y desmoviliza como ocurriera en México (que es el caso paradigmático en esta materia) cuando sobre la oleada revolucionaria se organiza el estado priísta. Se instituye en este caso una suerte de revolución pasiva que, por otro camino, también termina liquidando a la revolución.

Por lo tanto se requerirá de la sensibilidad de un estadista y de un líder popular como Evo Morales para transitar por ese estrecho sendero que sitúa al proceso revolucionario a salvo de los dos mortales peligros arriba señalados. Será un gobierno de los movimientos sociales que deberá evitar ser avasallado por el estallido de demandas estrechamente particularistas e impedir, al mismo tiempo, que la maquinaria burocrática del Estado asfixie a los movimientos sociales, que son quienes transmiten la savia vital de la revolución. Su sofocamiento precipitaría el Termidor del proceso revolucionario y marcaría la bancarrota del Estado Plurinacional.

FONDOS BUITRES

La ruta de la cancharina

El escritor Alfredo Molano Bravo recuenta los días en que un grupo de guerrilleros y campesinos asentados en Marquetalia (Caldas) salieron huyendo hacia el Cauca, de donde surgieron nuevas repúblicas independientes y nacieron las Farc, hace 50 años.

Por: Alfredo Molano Bravo

Especial para El Espectador. Junio 21 de 2014

El Ejército se tomó Marquetalia el 18 de mayo de 1964. Más allá de las fotografías en primera plana de los diarios y de las condecoraciones por servicios distinguidos, los militares no supieron ni cuándo ni cómo se les había escapado la guerrilla. El entonces coronel Matallana, que había comandado el asalto, declaró que por las noches se oían estallidos de bombas que a la luz del día resultaban minas que, según su versión, habían podido ser activadas por los animales de la selva. El oficial estaba perdido. Lo que había era un laberinto de trochas que no llevaban a ninguna parte, como lo confesó siendo general, salvo una que conducía a otra por donde se replegaron Marulanda y sus hombres. “Era una trocha ancha, estructurado su piso… oculta a la observación aérea… una obra con una magnitud verdaderamente estratégica. Además, con gran acierto, ellos concibieron la trocha de tal manera que no salía propiamente del puro Marquetalia, sino de bien adentro de la selva”. Y llevaba a Riochiquito, una región que Charro Negro, Ciro Trujillo y Marulanda venían preparando como retaguardia desde el comienzo mismo desde los días de El Davis. Ciro Trujillo, Mayor Ciro, fue uno de los primeros guerrilleros liberales que incursionaron en la región. Había organizado en el año 50 el comando de El Pajuil, desde donde marchó con su gente hacia El Davis. Cuando el Ejército entró, en el año 52, Trujillo se refugió en Villarrica y regresó al sur del Tolima en los días que Charro Negro y Marulanda fundaban Marquetalia.
Riochiquito es una zona de Tierradentro, Cauca, territorio de los indígenas paeces o nasas. Un pliegue de la falda del nevado del Huila, donde llegaron también Charro Negro e Isaías Pardo, ambos de sangre pijao, a organizar un comando en Símbula, en las goteras de Riochiquito. Cabe recordar que esa región fue un campo de sangrientos enfrentamientos entre los paeces y los pijaos antes de la conquista española. Por esa razón, sin duda, los guerrilleros al principio no fueron bien recibidos por los indígenas. Con ayuda de colonos blancos y de un indígena que llegaría a ser comandante, Laurentino Perdomo, los forasteros hicieron mejoras en medio de la selva, sembraron maíz y caña, y aprendieron a cocinar la cancharina, una arepa de maíz y panela. Poco a poco fueron llegando otros campesinos que huían de la violencia en Tolima cuando Rojas Pinilla ilegalizó el Partido Comunista. Debieron ser muchos, porque pronto apareció una tienda, después un billar, una escuela, y así las bases de un poblado. Monseñor Enrique Vallejo, prefecto apostólico de Tierradentro, informado de la punta de colonización que se establecía, y sabiendo su origen y su propósito, presionó al Gobierno para que la sacara; un tal Miguel Valencia, alias Renco, fue utilizado para hostigarla. Rechazado por las guerrillas, entró el Ejército, se apoderó del pueblo que estaban trazando los guerrilleros y lo incendió. Se bloqueó la región. No entraban mercancías ni salían productos. Desde Marquetalia llegó la Comisión de los Treinta, compuesta por guerrilleros que no habían entregado las armas a Rojas Pinilla, comandada por Marulanda y Charro. El historiador inglés Malcolm Menzies afirma que Tirofijo aprendió a leer en esa Comisión. Fue otro intento de autodefensa, ya que los guerrilleros concentraron su fuerza en sembrar comida para burlar el bloqueo, pero también organizaron a los pobladores como sindicato agrícola.
Como parte de la política de pacificación de Lleras Camargo (1959), llegó a Riochiquito una comisión encabezada por el padre Reinaldo Ayerbe Chaux, según documento publicado por José Jairo González en su libro El estigma de las Repúblicas Independientes. El cura quedó admirado con los “lindísimos sembrados de maíz y fríjol” y, sobre todo, con los colonos organizados “por hombres de fila del Tolima”. “En todo este personal no encontré ni crueldad, ni sevicia, ni maldad. Hay un fondo maravilloso de rectitud, de sinceridad y de bondad que deseo pregonar”. Y remata el hermano del general Ayerbe Chaux, perteneciente a una de las familias más aristocráticas de Cauca: “Hay propiedad privada y completa independencia en la administración de dicha propiedad. El trabajo comunitario, como me explican los jefes, fue necesario para poder sustentarse en el tiempo de la guerrilla. Actualmente cada cual tiene su parcela y trabaja para sí … Esa gente tiene labranzas que abrir y prefiere el trabajo campesino a vivir asalariada y pendiente de un patrón”. El jefe de los “hombres de fila” era Ciro Trujillo, alias Mayor Ciro. El VIII Congreso del Partido Comunista —diciembre de 1958— había recomendado: “La lucha por el poder se debe concebir como actividad de las masas en diferentes frentes; no únicamente como acción guerrillera. Dejen quietas las armas. Incluso en descanso pueden continuar siendo elementos de disuasión frente a la reacción y a la injusticia”. Charro Negro asistió a las sesiones del Congreso. Un año antes había sido lanzado al espacio, por la entonces URSS, el primer satélite, el Sputnik. Ciro fundó la Unión Sindical de Trabajadores de Tierradentro y Riochiquito, organización que carnetizó a sus miembros —lo que en realidad equivalía a emitir registros civiles—, distribuyó parcelas a los excombatientes, construyó escuelas y abrió caminos. Marulanda y Ciro acordaron una relativa y estratégica independencia de los dos movimientos de autodefensa con mandos separados y normas de convivencia propias. Fue un período de paz incómoda, porque ni monseñor Vallejo ni la Fuerza Pública dejaron de vigilar los desarrollos de esta singular —hasta entonces— colonización, que a pesar de todo nunca pudo integrar bien indígenas y campesinos. Los directorios liberal y conservador de Belalcázar, centro político y religioso de la región, le escribieron al gobernador de Cauca diciéndole que “la benévola tolerancia con que han sido tratados los antisociales de Riochiquito ha determinado la absoluta falta de protección de los vecinos de Tierradentro y como consecuencia de ello el que se haya garantizado la impunidad a la cuadrilla de Ciro Castaño”. Informes de inteligencia dieron cuenta de que se trataba de una “organización comunista cuyo número de hombres se considera en 1.000 con una organización y disciplina casi perfectas, de los cuales 500 se hallan en actividad y 500 en receso. Están armados con ametralladoras y fusiles, tienen uniformes y un equipo de transmisiones cuyo sistema se desconoce”.
La paz de Lleras fue rota en dos puntos: en Gaitania, con el asesinato de Charro Negro a manos de Mariachi, y en un violento enfrentamiento que tuvieron las autodefensas campesinas, al mando de alias Teniente Antonio, en el páramo de Moras. Marulanda y Ciro se prepararon para la ofensiva del Gobierno contra las que comenzaron a llamarse repúblicas independientes. Ciro expulsó de la región a quienes fueran desafectos a la recién fundada Unión Sindical de Trabajadores de Tierradentro y Riochiquito.
El entonces capitán Valencia Tovar, pariente del poeta Guillermo Valencia —el gran enemigo de Quintín Lame— y del presidente Guillermo León Valencia —que preparaba la invasión a las repúblicas independientes—, tomó contacto con Mayor Ciro en abril de 1964, cuando estaba a punto de iniciarse la ‘Operación Marquetalia’. Su objetivo fue: “Neutralizar Riochiquito mediante una aproximación de acciones psicológicas y cívico-militares, y buscar un entendimiento sobre la base de desmovilización y desarme”. Encontró a Riochiquito “bastante cultivado en combinación con extensiones selváticas, y partido por quebraduras profundas”. Llegó en un helicóptero; Ciro no salió al encuentro previamente convenido, pero el capitán conversó con un dirigente del sindicato a quien felicitó “por haber organizado la comunidad agraria que todos estábamos dispuestos a apoyar” y recibió “quejas amargas contra las autoridades y gentes armadas del Cauca”. Unos días después regresó el alto oficial. El Mayor apareció en un caballo blanco y revólveres a la cintura. “Era bajo, fornido, tez oscura y torso ancho”. Se quejó de que “el Gobierno no se asomara si no a echar bala y a matar campesinos”. Valencia le propuso trabajar en compañía haciendo escuelas y puentes con la dirección del Ejército y mano de obra local. El alto oficial regresó a proponerle al Gobierno que “Riochiquito quería vivir en paz, pero Tirofijo lo forzaba a secundar sus embestidas feroces. Si se le daban 20 carabinas Cristóbal de repetición y 300.000 pesos, él se comprometía a matarlo y así asegurar la paz de todos”. En efecto, la escuela se construyó mientras Mayor Ciro decía: “Nos están dando el dinero para que les construyamos no una escuela, sino el local para alojar al Estado Mayor de Tierradentro… pero se van a quedar con un palmo de narices porque cuando venga la agresión, lo primero que va a arder es ese local”. Guaracas dice que “Ciro fue tan fiel, que todo lo que conversaba con Valencia lo consultaba con el movimiento”. En la última visita de Valencia Tovar, según su relato, Mayor Ciro le reclamó los fusiles y el dinero. “Es una decisión del Gobierno y no del Ejército”, respondió el oficial, que presumía que una vez entregadas las armas, Ciro podía secuestrarlo para impedir la ofensiva militar. No obstante —escribió Valencia—, las obras prometidas no se suspendieron y se nombró coordinador al coronel Petronio Castilla, mientras el Plan Meteoro contra Marquetalia tenía lugar. Marulanda y su gente saldrían de la región por la antigua trocha abierta por los indígenas paeces. Así lo cuenta Miguel Pascuas, que luego sería fundador del Sexto Frente de las operaciones militares y que vive hoy en Cuba: “Después de muchos combates salimos hacia el comando de Ciro Trujillo en Riochiquito. Eso significaba ocho días por trocha para llegar hasta allá, pasando por el Símbula. Ya asentados por esos lados, veníamos intermitentemente a Marquetalia a pelear unos días y otra vez regresábamos a Riochiquito. Ahí generalmente, promediando, entre ida y vuelta y los ratos de pelea, nos gastábamos 20 días, pero cuando montábamos emboscadas y la tropa enemiga demoraba en pasar por el lugar preparado, el tiempo de espera se nos alargaba hasta por un mes, pero no nos regresábamos sin pelear, había que pelear”. Esa trocha, verdadera ruta de la cancharina, fue la correa de transmisión entre estos movimientos campesinos armados y la cuna de todas las demás repúblicas independientes.
A mediados del año 65, el grupo de civiles armado por el Ejército y auspiciado por monseñor Perdomo, al mando del nombrado Miguel Valencia, mató a siete personas en el Cocuyal, entre las que se encontraban un hijo y un sobrino de Mayor Ciro, quien le escribió a Valencia Tovar: “A mi hijo Abacup lo remataron de 17 machetazos después de herirlo con un tiro de fusil en la espalda. Cuando llegué ya era tarde, se había desangrado”. La inteligencia militar identificó a todos los criminales, pero nunca los persiguió. No era el único grupo paramilitar socorrido por el obispo, quien, se dice, encabezaba comisiones armadas; sobre el Símbula actuaba Apolinar López con notoria persistencia. Con todo, Ciro conservó la calma e incluso acordó con el Ejército patrullar con su gente el camino de Cocuyal a Riochiquito. Sin embargo, el 10 de septiembre se produjo un combate y el 15, según Jacobo Arenas, “ocho aviones a reacción acometieron violentamente con nutrido bombardeo y ametrallamiento”. El Ejército desembarcó tropa de siete helicópteros muy cerca del pueblo y Ciro dio la orden de incendiarlo. El 17 escribió Jacobo: “Sobre la región apenas se nota una leve neblina de humo azul”. La población civil había sido evacuada unas semana antes “con fardos y líchigos a cuestas: niños, perros, gatos, mulas, vacas y gallinas e incluso en el hombro de Anita Ortiz, una lora”, y se concentró por los lados de Mazamorra. En esos días entraron a la zona de guerra los cineastas franceses Jean Pierre Sergent y Bruno Muel, acompañados por Pepe Sánchez, y filmaron los bombardeos y combates de la guerrilla. Sería una pieza histórica de la época. Tratando de sacarlos del área cayó en una emboscada Hernando González, que había llegado a Marquetalia un año atrás.
Más tarde concluiría Jacobo, en su “Diario de Campaña”: “Todo indica que nuestra táctica fue burlada, que nuestro dominio del terreno, que conocemos como las manos, no corresponde a la táctica nueva del Ejército (que) va ocupando los puntos débiles sin lucha… nos ha ganado ayer con la inteligencia antes que con la fuerza del número y de las armas”. Con todo, Marulanda rompió el cerco y concentró a su gente —más de cien hombres— cerca de Inzá, Cauca, un pueblo de intensa actividad comercial, con Caja Agraria, cuartel de Policía y distante del teatro de guerra. El 26 de septiembre los guerrilleros montaron un retén en la carretera a Belalcázar. El primero en pasar fue un bus escalera que transportaba unos presos guardados por un piquete de Policía. El combate fue muy corto y murieron dos monjas que iban en el bus. La guerrilla se tomó Inzá, robó la Caja Agraria, atacó a la Policía y se adueñó del armamento. Jacobo y Marulanda, en el atrio de la iglesia, se echaron sendos discursos explicando las razones de su lucha. Recordaron que el Indio Quintín Lame había hecho lo mismo en 1916. Pocas horas después, cuando aún los insurrectos no habían acabado de asaltar los almacenes, llegó a Inzá en un helicóptero el capitán Belarmino Pinilla. “Yo pedí apoyo de fuego, porque cuando aterricé la cola de la columna guerrillera estaba entrando al monte. Yo iba con el general Currea Cubides y él pidió los T-33; llegaron tres aviones, pero no bombardearon porque de Bogotá la Presidencia de la República no lo autorizó. Si lo hubiera hecho, habría muerto mucha población civil”. El bombardeo no fue sobre el pueblo de Inzá; la película de los franceses muestra que sí lo hubo en la cordillera, tal como Guaracas lo dice: “Donde acampamos, aparecieron los aviones bombardeando”. El general Pinilla afirma que en ese asalto estaba ni más ni menos que el Che Guevara, que iba bajando hacia Bolivia”. Para Guaracas, la muerte de las religiosas fue un problema de repercusión nacional. “Como si le hubiéramos echado fuego a una caneca de gasolina”. La respuesta del Ejército fue inmediata: ocupar Riochiquito para destruir las guerrillas comandadas por Marulanda y Ciro Trujillo, cuidando de “obtener la cooperación necesaria de la población civil para evitar su éxodo”. Las presiones de los políticos caucanos y la voz indignada del vicario de Tierradentro por la muerte de las monjitas hicieron cumplir la invasión militar a Riochiquito, “un conglomerado apacible de agricultores dominado por la guerrilla”, como escribiría más tarde el general Valencia Tovar. Guaracas pensaba algo parecido: “La oligarquía terrateniente del Cauca pedía una intervención militar contra la zona agraria de Riochiquito”. “Se había cumplido por fin lo inevitable”, remató Valencia Tovar.
El Secretariado de la Resistencia —Marulanda, Ciro, Yosa— convocó una conferencia para analizar las invasiones de Marquetalia, Riochiquito y las que esperaban sobre el Guayabero y El Pato. Los comandos más importantes estuvieron representados y se reunieron en un lugar de Cauca, donde definieron planes operativos de lo que dio en llamarse Bloque Sur, que adoptó el Programa Agrario como bandera política. La conclusión más importante fue sin duda la citación de una nueva conferencia que tendría lugar en el río Duda. En las “profundidades de ese cañón” Jacobo Arenas instaló, entre el 25 de abril y el 5 de mayo de 1966, la Segunda Conferencia del Bloque Sur que creó las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), con un secretariado ejecutivo a la cabeza, un estado mayor, un reglamento y una estructura jerárquica.
De allí salió un plan militar nacional operativo, cuyo principio Marulanda resumió así: “Ahora volveremos a buscarlos en la orilla del río de donde un día nos sacaron, volveremos a buscarlos en la montaña de la cual un día nos hicieron salir a la huyenda, volveremos a buscarlos en la región de la que un día nos hicieron correr”. Jacobo y Marulanda fueron enviados a El Pato y el Guayabero, desde donde desplegaron fuerzas por los ríos Guaviare y Caquetá, y sobre el pie de monte que ya habían abierto las columnas de marcha llegadas de Villarrica, y los colonos expulsados por las guerras de Marquetalia, Natagaima y Riochiquito. Poco a poco esa colonización fue derramándose a lo largo de las aguas que desembocan en el Orinoco y el Amazonas. En esta zona selvática —aún hoy selvática, en particular la hoya del río Papamene, donde murió Pedro Antonio Marín— se formó gran parte de los comandantes que abrirían frentes en el occidente de Cundinamarca, el norte de Tolima, el noreste antioqueño, el oriente de Huila, el sur de Cauca, el Magdalena Medio, los Llanos Orientales, Urabá y Perijá.
Las llamadas repúblicas independientes se habían salido de madre y habían formado un ejército. Si se quisiera saber hasta dónde están las Farc, bastaría saber si la gente come cancharina. Ciro Trujillo fue enviado al Quindío para operar sobre el Valle y sobre la zona cafetera, pero en 1966 fue estruendosamente derrotado porque, según Marulanda, “todo el mundo sabía dónde vivía la guerrilla, qué hacía la guerrilla, cuáles eran sus planes, cuáles sus contactos”. En la acción quedó muerto alias Arrayanales, un guerrillero tan fuerte como su nombre de guerra

TELESUR: La decadente monarquia española

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DOSSIER JUNIO 20-2014 – INDEPENDENCIA DE PUERTO RICO: ENTREVISTA A MARIA DE LOURDES SANTIAGO NEGRON

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Un ejemplo claro de qué es el Imperialismo: Discurso de Barack Obama en la Academia Militar de West Point

fuera+imperialismo

 Gracias, muchas gracias. Muchas gracias a ustedes. Gracias general Caslen por su presentación. […]

Cuando hablé por primera vez aquí en West Point en el año 2009, todavía teníamos más de 100.000 soldados en Iraq. Estábamos preparando el aumento de tropas en Afganistán. Nuestros esfuerzos contra el terrorismo se enfocaban en el centro del liderazgo de al Qaeda, aquellos que habían realizado los ataques del 11S. Y nuestra nación estaba apenas comenzaba la larga subida para salir de la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

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Cuatro años y medio después, cuando ustedes se gradúan, el panorama ha cambiado. Hemos retirado nuestras tropas de Iraq. Estamos reduciendo nuestra guerra en Afganistán. El liderazgo de al Qaeda en la región fronteriza entre Pakistán y Afganistán ha sido diezmado y Osama bin Laden ya no está. (Aplauso). Y habiendo pasado todo eso hemos reenfocado nuestras inversiones en aquello que siempre ha sido una fuente clave de la fuerza de Estados Unidos, una economía en crecimiento que puede brindar oportunidades para todo aquel que quiera trabajar arduamente y asumir su responsabilidad aquí en nuestro país.

De hecho, en cuanto a casi todas las medidas, rara vez Estados Unidos ha sido más fuerte en relación con el resto del mundo. Quienes argumentan en otro sentido, los que dicen que Estados Unidos está en declive o que su liderazgo global se ha esfumado, lo dicen por que se equivocan al leer la historia, o están absortos en la política partidaria. Piénsenlo. Nuestra fuerza militar no tiene parangón. La posibilidad de una amenaza directa contra nosotros por parte de cualquier país es reducida y no se acerca a los peligros que enfrentamos durante la Guerra Fría.

Mientras tanto nuestra economía sigue siendo la más dinámica en la Tierra, nuestras empresas son las más innovadoras. Cada año crecemos siendo más independientes a nivel energético. De Europa a Asia somos el centro de alianzas sin rival en la historia de las naciones. Estados Unidos sigue atrayendo a inmigrantes luchadores. Los valores de nuestros fundadores inspiran a los líderes en los parlamentos y los nuevos movimientos en las plazas públicas de todo el mundo. Y cuando un tifón azota a Filipinas, o cuando niñas escolares son secuestradas en Nigeria, u hombres enmascarados ocupan un edificio en Ucrania, es a Estados Unidos donde el mundo va en busca de ayuda. Por ello Estados Unidos es y sigue siendo la sola nación indispensable. Eso es cierto en el siglo pasado y será cierto en el siglo que venga.

Sin embargo el mundo cambia con acelerada velocidad. Esto presenta oportunidades, pero también nuevos peligros. Todos sabemos muy bien, tras el 11S, como es que la tecnología y la globalización han colocado poder, antes reservado a los Estados, en manos de individuos, aumentando la capacidad de los terroristas para hacer daño. La agresión de Rusia contra los antiguos estados soviéticos pone nerviosas a las capitales en Europa, mientras que el crecimiento económico y el alcance militar de China preocupan a sus vecinos. Desde Brasil a la India las crecientes clases medias compiten con nosotros y los gobiernos quien hacer escucharse más en los foros globales. E incluso cuando los países en desarrollo asumen la democracia y las economías de mercado, las 24 horas de noticias y los medios sociales hacen imposible ignorar la continuación de los conflictos sectarios y de los estados fallidos, de los levantamientos populares que hace una generación apenas se habrían notado.

Le toca a la generación de ustedes la tarea de responder a este nuevo mundo. La cuestión que enfrentamos, la cuestión que cada uno de ustedes ha de enfrentar no es si Estados Unidos será el líder, sino cómo hemos de liderar. –no solamente para asegurar nuestra paz y prosperidad, sino también para ampliar la paz y la prosperidad en todo el globo.

La pregunta no es nueva. Por lo menos, desde que George Washington sirviera como Comandante en Jefe, ha habido quienes advirtieron en contra de enredos extranjeros que no afectan directamente a nuestra seguridad o bienestar económico. Hoy, de acuerdo a esos autocalificados de realistas, los conflictos en Siria o Ucrania, en la República de África Central no nos corresponde resolver. Y no es de sorprender, que luego de guerras costosas y constantes desafíos aquí en el país, ese punto de vista sea compartido por muchos estadounidenses.

Un criterio diferente de los intervencionistas de izquierda y derecha dice que el ignorar esos conflictos es ponernos en peligro, que la disposición de Estados Unidos a aplicar la fuerza en todo el mundo es la última salvaguardia contra el caos en el mundo y que el que Estados Unidos no actúe frente a la brutalidad siria o las provocaciones rusas no solamente viola nuestra conciencia, sino que invita a la escalada de agresiones en el futuro.

Y cada lado puede señalar la historia para apoyar sus argumentos. Pero creo que ninguno de esos criterios responde plenamente a las demandas de este momento. Es absolutamente cierto que en el siglo XXI el aislacionismo estadounidense no es una opción. No tenemos la posibilidad de ignorar lo que ocurre más allá de nuestras fronteras. Si los materiales nucleares no están seguros, eso plantea peligros a las ciudades estadounidenses. A medida que la guerra civil en Siria cruce las fronteras, la capacidad de grupos extremistas endurecidos de venir a por nosotros solamente aumenta. La agresión regional que transcurre sin medida, ya sea al sur de Ucrania o en el mar del Sur de la China, o en cualquier otro lugar del mundo, finalmente tendrá efectos en nuestros aliados y podría arrastrar a nuestro ejército. No podemos ignorar lo que ocurre más allá de nuestras fronteras.

Y más allá de esas estrechas racionalidades, creo que tenemos un verdadero interés, un interés propio obligatorio, en asegurarnos que nuestros niños, y nuestros nietos, crezcan en un mundo donde no se secuestre a niñas escolares y no se masacre a personas por ser de una tribu, por su credo, o sus convicciones políticas. Creo que un mundo con más libertad y tolerancia no es solamente un imperativo moral, sino que también nos ayuda a estar a salvo.

Pero decir que tener un interés en buscar la paz y la libertad más allá de nuestras fronteras no quiere decir que cada problema tenga una solución militar. Algunos de nuestros errores más costosos desde la Segunda Guerra Mundial no se debieron a que nos contuvimos, sino a nuestra disposición a apurarnos en aventuras militares sin pensar en las consecuencias, sin lograr apoyo internacional y legitimidad para nuestras acciones, sin explicar al pueblo estadounidense los sacrificios que se requerían. Las palabras duras a veces consiguen ser titulares, pero las guerras rara vez se conforman con lemas. Como el general Eisenhower, alguien que se ganó con gran esfuerzo su conocimiento de este tema, dijo en esta misma ceremonia en el año 1946 que “la guerra es la locura más trágica y estúpida de la humanidad, el buscar o aconsejar su provocación deliberada es un crimen oscuro contra todos los humanos”.

[…]

Este es mi criterio final: Estados Unidos debe siempre liderar en el escenario internacional. Si no lo hacemos, ningún otro lo hará. La fuerza militar a la que ustedes se han incorporado es, y siempre será, la espina dorsal de ese liderazgo. Pero las acciones militares de Estados Unidos no pueden ser el único, o incluso el principal, componente de nuestro liderazgo en cada instancia. No solamente porque tengamos el mejor martillo ello significa que todo problema sea un clavo. Y dado que los costos asociados a las actuaciones militares son tan elevados, ustedes deben esperar que cada líder civil, y en especial su Comandante en Jefe, sea claro en la manera en que ese abrumador poder debe utilizarse.

Por ello permítanme usar el resto de mi tiempo para describir mi visión de cómo los Estados Unidos de América, y nuestra fuerza militar, debe liderar en los años venideros, dado que ustedes han de ser parte de ese liderazgo.

Primero, permítanme repetir un principio que planteé al comienzo de mi presidencia. Estados Unidos usará su fuerza militar, unilateralmente si es necesario, cuando nuestros intereses básicos lo exijan, cuando nuestro pueblo sea amenazado, cuando nuestros medios de vida estén en juego, cuando la seguridad de nuestros aliados esté en peligro. Aún en esas circunstancias necesitaremos plantearnos cuestiones difíciles para determinar si nuestras actividades son proporcionales, eficaces y justas. La opinión internacional importa, pero Estados Unidos jamás debe pedir permiso para proteger a nuestro pueblo, a nuestra patria, a nuestra manera de vivir. (Aplauso).

Por otro lado, cuando los temas de preocupación mundial no impliquen una amenaza directa a Estados Unidos, cuando esos temas sean los que nos jugamos, cuando surjan crisis que sacuden nuestra conciencia o empujen al mundo en una dirección más peligrosa pero que no nos amenace directamente, entonces el umbral para la acción militar debe estar alto. En esas circunstancias no debemos ir solos. Más bien debemos movilizar a aliados y asociados para tomar medidas colectivas. Tenemos que ampliar nuestras herramientas, para incluir a la diplomacia y el desarrollo, las sanciones y el aislamiento, apelar al derecho internacional, y si es justo, necesario y eficaz, emplear la acción militar multilateral. En tales circunstancias debemos trabajar con otros, porque la acción colectiva en esas circunstancias es mucho más posible que tenga éxito, más posible que sea sostenida, y posiblemente menos proclive a llevar a errores costosos.

Esto me lleva a mi segundo punto. En el futuro más previsible, la amenaza más directa a Estados Unidos, en el país y el exterior, sigue siendo el terrorismo. Pero una estrategia que involucre invadir cada país que alberga redes terroristas es ingenua e insostenible. Considero que debemos reapuntar nuestra estrategia antiterrorista, basándonos en los éxitos y los errores en nuestra experiencia en Iraq y Afganistán, para asociarnos más eficazmente con países donde las redes terroristas pretenden asentarse.

Y la necesidad de una nueva estrategia refleja el hecho de que la principal amenaza de hoy ya no proviene de un liderazgo centralizado de al Qaeda, sino de afiliados descentralizados de al Qaeda, y de extremistas, muchos con agendas enfocadas en los países donde operan. Y esto disminuye la posibilidad de un ataque a gran escala al estilo del 11S en contra del territorio nacional, pero aumenta el peligro de ataques contra el personal de Estados Unidos en el extranjero, como vimos en Benghazi. Aumenta el peligro ante objetivos menos defendibles, como vimos en un centro comercial en Nairobi.

Por ello debemos elaborar una estrategia que corresponda a esta amenaza difusa, una que amplíe nuestro alcance sin enviar armas que adelgacen mucho nuestras filas militares, o que provoquen resentimientos a nivel local. Necesitamos asociados que combatan junto con nosotros a los terroristas. Y potenciar a los asociados es un gran componente de lo que hemos hecho y de lo que estamos haciendo ahora en Afganistán.

Junto a nuestros aliados Estados Unidos golpeó fuertemente el centro de al Qaeda e hizo retroceder a los insurrectos que amenazaban con apoderarse del país. Pero sostener este progreso depende de la capacidad de los afganos de cumplir la tarea. Y es para eso que hemos entrenado a cientos de miles de soldados y policías afganos. A principios de esta primavera esas fuerzas, esas fuerzas afganas, dieron seguridad a una elección en la que los afganos votaron por la primera transferencia democrática de poder en su historia. Y a fines de este año un nuevo presidente afgano estará en su cargo y la misión de combate de Estados Unidos habrá terminado. (Aplauso).

Ahora bien, esto fue un enorme logro, posible gracias a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Pero a medida que pasamos a una misión de entrenamiento y asesoría en Afganistán, nuestra reducida presencia nos permite atender con mayor efectividad las amenazas emergentes en Oriente Medio y el norte de África. Por ello, a principios de año le pedí a mi equipo de seguridad nacional que elaborase un plan para una red de asociaciones que vayan desde el sur del Asia hasta Sahel. Hoy, como parte de ese esfuerzo, solicito al Congreso su apoyo para un nuevo fondo para asociaciones contra el terrorismo de hasta 5.000 millones de dólares, que nos permitirá entrenar, crear capacidad, y facilitar a los países asociados en las líneas frontales. Y esos recursos nos darán flexibilidad para cumplir diferentes misiones, incluyendo la capacitación de fuerzas de seguridad en Yemen, que han salido en ofensiva contra al Qaeda, apoyar a la fuerza multinacional para mantener la paz en Somalia, trabajar con los aliados europeos para capacitar a una fuerza de seguridad y patrulla fronteriza en Libia, y facilitar las operaciones francesas en Mali.

Un punto crítico en este esfuerzo será la crisis en curso en Siria. Aunque es muy frustrante, no tiene respuesta fácil, ninguna solución militar puede terminar en un término próximo con el terrible sufrimiento. Como Presidente tomé la decisión de que no debemos poner tropas estadounidenses en medio de esa guerra cada vez más sectaria, y considero que es la decisión correcta. Pero ello no significa que no podamos ayudar al pueblo sirio a levantarse contra un dictador que bombardea y hace pasar hambre a su propio pueblo. Y al ayudar a quienes combaten por el derecho de todos los sirios a elegir su propio futuro, también estamos haciendo retroceder a la creciente cantidad de extremistas que hallan refugio en el caos.

Por ello, con los recursos adicionales que hoy he anunciado, aumentaremos los esfuerzos para apoyar a los vecinos de Siria: Jordania y Líbano, Turquía e Iraq, dado que deben atender a refugiados y confrontar a terroristas que operan a lo largo de las fronteras de Siria. Trabajaré con el Congreso para aumentar el apoyo a aquellos en la oposición siria que ofrezcan la mejor alternativa al terrorismo y los dictadores brutales. Y seguiremos coordinando con nuestros amigos y aliados en Europa y el mundo árabe para impulsar una resolución política a esta crisis, y asegurarnos de que esos países, y no solamente Estados Unidos, contribuyan con una aportación justa en apoyo del pueblo sirio.

Permítanme un punto final sobre nuestros esfuerzos contra el terrorismo. Las asociaciones que he descrito no eliminan la necesidad de tomar acciones directas cuando sea necesario para protegernos. Cuando tengamos inteligencia respecto a la que se pueda actuar, eso es lo que haremos, por medio de operaciones de captura como la que encontró a un terrorista involucrado en un plan para atacar con bombas a nuestras embajadas en 1998, para que enfrente la justicia, por medio de ataques con aviones teledirigidos como los que hemos realizado en Yemen y Somalia. Hay momentos en que esas acciones son necesarias y no podemos dudar en proteger a nuestro pueblo.

Pero, como dije el año pasado, al tomar medidas directas debemos mantener las normas que reflejan nuestros valores. Eso significa golpear solamente cuando enfrentemos a una amenaza constante e inminente, y solamente cuando haya certeza, haya casi certeza de que no habrá víctimas civiles. Porque nuestras medidas deben cumplir una prueba sencilla: no podemos crear más enemigos de los que tenemos en el campo de batalla.

También creo que debemos ser más transparentes tanto sobre la base de nuestras medidas contra el terrorismo como sobre la manera en que se aplican. Tenemos que poder explicarlas públicamente, ya sean ataques con aviones teledirigidos o capacitación de asociados. Me apoyaré cada vez más en los militares para que tomen el liderazgo y brinden información al público sobre nuestros esfuerzos. Nuestra comunidad de inteligencia ha hecho una labor sobresaliente, y tenemos que seguir protegiendo las fuentes y los métodos. Pero si no podemos explicar nuestros esfuerzos con claridad y públicamente enfrentaremos la propaganda terrorista y la sospecha internacional, lo que erosiona la legitimidad ante nuestros asociados y nuestro pueblo, y reduce la rendición de cuentas en nuestro propio gobierno.

Y este tema de la transparencia es directamente importante respecto a un tercer aspecto del liderazgo estadounidense, y ese es nuestro esfuerzo para fortalecer y hacer cumplir el orden internacional.

Después de la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos tuvo la sabiduría de establecer instituciones para mantener la paz y apoyar el progreso humano – desde la OTAN a las Naciones Unidas, desde el Banco Mundial al FMI. Esas instituciones no son perfectas, pero han sido un multiplicador de fuerza. Esas instituciones reducen la necesidad de medidas unilaterales por parte de Estados Unidos, y favorecen la contención entre otros países.

Ahora, dado que el mundo ha cambiado, esta arquitectura también debe cambiar. En el clímax de la Guerra Fría, el presidente Kennedy mencionó la necesidad de una paz basada en la “gradual evolución de las instituciones humanas”. Y la evolución de esas instituciones internacionales para cumplir las exigencias de hoy, debe ser un elemento decisivo en el liderazgo estadounidense.

Pero hay mucha gente, muchos escépticos, que frecuentemente descartan la efectividad de la acción multilateral. Para ellos, trabajar por medio de instituciones internacionales como la ONU o respetar el derecho internacional es una señal de debilidad. Considero que están equivocados. Permítanme dar dos ejemplos de por qué.

Las recientes actividades de Rusia en Ucrania recuerdan los días en los que los tanques soviéticos arrollaban Europa Oriental. Pero esta no es la Guerra Fría. Nuestra capacidad para dar forma a la opinión mundial ayudó a aislar a Rusia de inmediato. Debido al liderazgo estadounidense, el mundo de inmediato condenó las acciones rusas; Europa y el G7 se nos sumaron para imponer sanciones; la OTAN reforzó nuestro compromiso con los aliados de Europa Oriental; el FMI está ayudando a estabilizar la economía de Ucrania; los monitores de la OSCE pusieron los ojos del mundo en lugares inestables de Ucrania, Y esta movilización de la opinión mundial y de las instituciones internacionales sirvieron como contrapeso a la propaganda rusa y a las tropas rusas en la frontera y a los milicianos armados y cubiertos con pasamontañas.

Este fin de semana los ucranianos votaron por millones. Ayer hablé con su próximo presidente. No sabemos cómo se desarrollará la situación y habrá graves desafíos por delante, pero estar firmes junto a nuestros aliados en nombre del orden internacional, trabajando con instituciones internacionales, le ha dado al pueblo ucraniano la posibilidad de elegir su futuro, sin que nosotros hayamos disparado una sola bala.

De modo similar, a pesar de las frecuentes advertencias por parte de Estados Unidos e Israel, y otros, el programa nuclear de Irán ha avanzado continuadamente durante años. Pero al comienzo de mi presidencia establecimos una coalición que impuso sanciones a la economía iraní, mientras que al mismo tiempo se extendía al gobierno iraní la mano de la diplomacia. Y ahora tenemos una oportunidad para resolver pacíficamente nuestras diferencias.

Las posibilidades de éxito todavía son lejanas, y nos reservamos todas las opciones para impedir que Irán obtenga un arma nuclear. Pero por primera vez en una década tenemos una posibilidad muy real de lograr un acuerdo novedoso, uno que sea más eficaz y duradero que el que pudimos haber logrado con el uso de la fuerza. Y en todas estas negociaciones ha sido nuestra disposición a trabajar por medio de los canales multilaterales lo que ha mantenido al mundo de nuestra parte.

El punto está en el liderazgo de Estados Unidos. Esa es la fuerza de Estados Unidos. En cada caso establecimos coaliciones para responder a un desafío específico. Ahora precisamos hacer más para fortalecer las instituciones que pueden prever y evitar que los problemas se amplíen. Por ejemplo, la OTAN es la alianza más sólida que el mundo haya conocido. Pero ahora trabajamos con los aliados de la OTAN para cumplir nuevas misiones, tanto en Europa donde nuestros aliados del Este deben sentirse asegurados, como también más allá de las fronteras europeas donde nuestros aliados en la OTAN deben poner su peso contra el terrorismo y responder ante los estados fallidos y capacitar a una red de asociados.

De la misma manera, la ONU aporta una plataforma para mantener la paz en estados afectados por los conflictos. Ahora tenemos que asegurarnos que aquellos países que aportan al mantenimiento de la paz tengan la capacitación y los equipos para poder mantener la paz, de manera que podamos evitar las matanzas que hemos visto en el Congo y en Sudán. Hemos de profundizar nuestra inversión en los países que apoyan estas misiones para el mantenimiento de la paz, porque al hacer que otras naciones mantengan el orden en sus propios vecindarios se disminuye la necesidad de desplegar nuestras tropas ante el peligro. Es una inversión inteligente. Es la manera correcta de liderar. (Aplauso).

Tengan en cuenta que no todas las normas internacionales se relacionan directamente con los conflictos armados. Tenemos un grave problema con los ataques cibernéticos, razón por la cual estamos trabajando para forjar y hacer cumplir reglamentos encaminados a asegurar nuestras redes y a nuestros ciudadanos. En la zona Asia-Pacífico apoyamos a los países del sudeste asiático en sus negociaciones sobre un código de conducta con China para las disputas marítimas en el mar del Sur de la China. Y trabajamos para resolver esas disputas por medio del derecho internacional. Ese espíritu de cooperación necesita aportar energía al esfuerzo mundial para combatir el cambio climático, una temible crisis de seguridad nacional que ayudará a dar forma a su tiempo en el Ejército, así como estamos llamados a responder a los flujos de refugiados y a los desastres naturales y conflictos a causa del agua y los alimentos, por lo cual el año próximo pretendo asegurarme de que Estados Unidos esté al frente para congregar un marco de referencia global para preservar nuestro planeta.

Lo pueden ver, la influencia de Estados Unidos es siempre más fuerte cuando lideramos con el ejemplo. No podemos eximirnos de las reglas que se aplican a todos los demás. No podemos pedir a los otros a que asuman compromisos para combatir el cambio climático si una gran parte de nuestros líderes políticos niegan que esté ocurriendo. No podemos tratar de resolver esos problemas en el mar del Sur de la China cuando rehusamos asegurar que la Convención sobre el Derecho del Mar sea ratificada por el Senado de Estados Unidos, a pesar del hecho de que nuestros principales jefes militares dicen que el tratado favorece nuestra seguridad nacional. Eso no es liderazgo, eso es retirarse. Eso no es fuerza, eso es debilidad. Eso sería totalmente extraño para líderes como Roosevelt y Truman, Eisenhower y Kennedy.

Con cada fibra de mi ser creo en el excepcionalismo de Estados Unidos. Pero aquello que nos hace excepcionales no es nuestra capacidad para eludir las normas internacionales o el mandato de la ley; es nuestra disposición a reafirmarlas con nuestras acciones. (Aplauso). Y es por ello que seguiré intentando dar impulso al cierre de Gitmo, porque los valores estadounidenses y las tradiciones jurídicas no permiten la detención indefinida de personas más allá de nuestras fronteras. (Aplauso). Es por ello que estamos estableciendo nuevas restricciones sobre la manera en que Estados Unidos recopila y utiliza la inteligencia, porque tendremos menos asociados y seremos menos eficaces si se implanta la percepción de que estamos vigilando a los ciudadanos comunes. (Aplauso). Estados Unidos no simplemente está a favor de la estabilidad o la ausencia de conflicto, sin que importe el costo. Estamos a favor de una paz más duradera que solamente puede producirse por medio de la oportunidad y la libertad para las personas en todas partes.

Lo que me trae al cuarto y final elemento del liderazgo de Estados Unidos: nuestra disposición a actuar en nombre de la dignidad humana. El apoyo de Estados Unidos a la democracia y los derechos humanos va más allá del idealismo, es un asunto de seguridad nacional. Las democracias son nuestros amigos más cercanos y están mucho menos dispuestos a ir a la guerra. Las economías basadas en los mercados libres y abiertos tienen mejor desempeño y se convierten en mercados para nuestros productos. El respeto a los derechos humanos es un antídoto a la inestabilidad y a las quejas que atizan la violencia y el terror.

Un nuevo siglo no ha traído el fin de la tiranía. En capitales de todo el mundo, incluyendo desafortunadamente a algunos de los asociados de Estados Unidos, ha habido represión de las sociedades civiles. El cáncer de la corrupción ha enriquecido a demasiados gobiernos y a sus cómplices, y ha enfurecido a los ciudadanos desde pueblos remotos a plazas que se han convertido en emblemáticas. Y al observar estas tendencias, o los violentos levantamientos en partes del mundo árabe, es fácil ser cínico.

Pero recuerden que debido a los esfuerzos de Estados Unidos, debido a la diplomacia de Estados Unidos y la ayuda al exterior, así como al sacrificio de nuestros militares, más gente vive hoy con gobiernos elegidos, más que en ningún otro momento de la historia humana. La tecnología está potenciando a la sociedad civil de maneras que ningún puño de hierro puede controlar. Los nuevos descubrimientos están sacando de la pobreza a cientos de millones de personas. E incluso la convulsión en el mundo árabe refleja el rechazo a un orden autoritario que era todo menos estable, y ahora ofrece la posibilidad a largo plazo de una gobernabilidad más responsable y eficaz.

En países como Egipto, admitimos que nuestra relación se basa en intereses de seguridad, desde los acuerdos de paz con Israel a los esfuerzos conjuntos contra el extremismo violento. Por ello no hemos cortado la cooperación con el nuevo gobierno, pero podemos y presionaremos con persistencia en favor de las reformas que el pueblo egipcio ha exigido.

Y mientras tanto, miren a un país como Birmania, que hasta hace pocos años era una dictadura intratable y hostil a Estados Unidos, 40 millones de personas. Gracias al enorme coraje del pueblo en ese país, y porque asumimos la iniciativa diplomática, el liderazgo de Estados Unidos, hemos visto reformas políticas que abren una sociedad una vez cerrada; un movimiento de liderazgo birmano para alejarse de Corea del Norte en favor de un compromiso con Estados Unidos y nuestros aliados. Ahora estamos apoyando reformas y la tan muy necesitada reconciliación nacional por medio de la ayuda y la inversión, mediante la persuasión y a veces la crítica en público. Y los progresos pueden retroceder, pero si Birmania tiene éxito habremos ganado un nuevo asociado sin haber disparado una sola bala. Ese es el liderazgo de Estados Unidos.

En cada uno de esos casos no debemos esperar que el cambio ocurra de la noche a la mañana. Es por ello que forjamos alianzas no solamente con gobiernos, sino también con la gente común. Porque a diferencia de otros países, a Estados Unidos no le asusta el empoderamiento individual, más bien eso nos fortalece. La sociedad civil nos fortalece. La prensa libre nos fortalece. Los empresarios audaces y las pequeñas empresas nos fortalecen. Los intercambios estudiantiles y las oportunidades para toda la gente, y las mujeres y niñas nos fortalecen. Eso es lo que somos. Eso es lo que representamos. (Aplauso).

El año pasado pude ver esto en un viaje a África, donde la ayuda estadounidense ha hecho posible la perspectiva de una generación libre de SIDA, al ayudar a los africanos a atender y cuidar a sus enfermos. Estamos ayudando a los agricultores a llevar sus productos al mercado, a alimentar poblaciones que una vez estuvieron en peligro por la hambruna. Pretendemos duplicar el acceso a la electricidad en el África subsahariana, de manera que la gente pueda acercarse a la promesa de la economía global. Y todo esto crea nuevos asociados y reduce el espacio para el terrorismo y el conflicto.

Cierto, trágicamente ningún operativo de seguridad estadounidense puede erradicar la amenaza que plantean grupos extremistas como Boko Haram, el grupo que secuestró a esas niñas. Y es por ello que tenemos que enfocarnos no solamente en el rescate de esas niñas ahora mismo, sino también en apoyar los esfuerzos nigerianos para educar a su juventud. Esa debe ser una de las difíciles lecciones aprendidas en Iraq y Afganistán, donde nuestros militares se convirtieron en el defensor más fuerte en favor de la diplomacia y el desarrollo. Ellos entendieron que la ayuda extranjera no es una ocurrencia cualquiera, algo bonito que hacer aparte de nuestra defensa nacional, aparte de nuestra seguridad nacional. Sino que es parte de lo que nos hace fuertes.

Finalmente, el liderazgo mundial requiere que veamos el mundo tal cual es, con todos sus peligros e incertidumbres. Debemos estar preparados para lo peor, preparados para cualquier contingencia. Pero el liderazgo de Estados Unidos también requiere que miremos al mundo como debiera ser, un lugar en el que las aspiraciones de los seres humanos individuales realmente importen; donde gobiernen las esperanzas y no solamente el miedo; donde las verdades escritas en nuestros documentos fundacionales puedan dirigir las corrientes de la historia en dirección a la justicia. Y eso no lo podremos hacer sin ustedes.

TOMADO DE : http://www.resumenlatinoamericano.org/?p=3768