Las conversaciones exploratorias con el ELN: tres tesis desvirtuadas*

Por Germán Darío Valencia Agudelo**

Revista Debates, Universidad de Antioquia. Ed. 67 enero – abril de 2014

 Introducción

Soplan nuevos vientos de paz en Colombia. El gobierno nacional y el Ejército de Liberación Nacional –ELN– vienen reuniéndose de manera reservada, en conversaciones preliminares y desde hace varios meses, con la intención de ponerse de acuerdo en temas sustantivos, operativos y procedimentales que permitan avanzar, de manera segura, a una segunda fase de un eventual proceso de paz. En octubre de 2012, cuando se dio inicio a las conversaciones formales con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Farc–, se advirtió lo inminente que sería una negociación con el ELN. El terreno para estas conversaciones exploratorias se venía preparando, por lo menos, desde agosto de 2013, cuando el presidente de la República, Juan Manuel Santos, confirmó los acercamientos con esta agrupación guerrillera (EFE, 2013). Y aunque “no hay claridad sobre plazos para el inicio de negociaciones formales” (International Crisis Group, 2014, pág. 11), lo más probable es que antes de finalizar el presente año la sociedad colombiana y la comunidad internacional estén frente a un nuevo proceso de paz.

La historia reciente había mostrado que el ELN era la agrupación armada que mayores posibilidades tenía de iniciar un proceso de paz con el gobierno colombiano. Desde principios de la década de 1990 esta organización ha venido apostándole de manera insistente a una salida negociada al conflicto armado1; incluso al iniciar el mandato del actual gobierno el ELN de nuevo ratificó el deseo de negociar la paz (El Espectador, 2010). Pero la mayor muestra de que pronto se iniciará un nuevo proceso de paz la dieron en tiempo reciente el presidente Santos y el comandante de la organización política armada, Nicolás Gavino, alias “Gabino”. Los dos advirtieron que estaban dispuestos a negociar la paz: el primero lo hizo en agosto de 2012, justo en el momento en que dio a conocer el Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera firmado con las Farc (Gobierno de la República de Colombia y Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo, 2012; Internacional Crisis Group, 2012); el segundo, un año después, en una entrevista que dio a la cadena de televisión NTN24 (Rodriguez, 2013).

Estas manifestaciones expresas habrían bastado para que hoy (principios de abril de 2014) las partes estuviera negociando la paz; sin embargo aún no se presencia un acto similar al ocurrido en octubre de 2012 con las Farc. Las explicaciones más comunes que se ofrecen a este fenómeno político son diversas y se pueden agrupar en tres tesis. La primera puede llamarse la tesis del optimista desinformado, que representa aquel grupo de personas que consideran innecesaria una negociación con una agrupación armada que se dirige a la desaparición o el aniquilamiento. Los que defienden esta idea se imaginan al ELN como una agrupación política armada en declive, que está a punto de su final. Consideran que tanto las Fuerzas Armadas de Colombia –FAC– como las desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia –AUC– provocaron mucho daño a la organización en las últimas dos décadas, colocándolas al borde del abismo. En conclusión, para este tipo de personas “no se percibe al ELN como una amenaza nacional” (Nuñez & Vargas, 2014, pág. 1) y sugieren, por tanto, al Gobierno seguir explorando la vía armada como estrategia infalible para conseguir la paz.

El segundo grupo de personas se puede agrupar en la tesis del ladino, que parte por reconocer la existencia del ELN como actor armado, pero lo pone en un nivel bajo de importancia en el conflicto colombiano. Lo considera una especie de enemigo de segunda categoría. En este sentido, ve como adecuada la decisión del gobierno nacional de negociar primero con las Farc y una vez firmada la paz con esta agrupación continuar la negociación con el ELN. Los defensores de esta idea ponen al gobierno en una situación similar a la que se encontraría una persona que debe elegir una opción entre varias; y recomiendan como criterio de acción echarle mano primero a la presa más grande y no soltarla; lo peor sería tratar de agarrar varias presas a la vez. En otras palabras, considera este tipo de personas que el presidente Santos hace bien al negociar primero con el “pez grande”, que en este caso es las Farc, y luego con el “pez chico”, que sería el ELN.

Finalmente se tiene el grupo de los ciudadanos que podrían defender la tesis del cándido. Estos confían en que una eventual negociación con el ELN será muy fácil y rápida; por tanto, advierten al Gobierno lo innecesario e ineficiente que resulta en estos momentos destinar muchos recursos y tiempo en un proceso que requiere tan solo de dos reuniones: una para firmar la desmovilización y otra para recoger las armas. Consideran que este es un actor armado que quiere regresar de manera prioritaria a la vida civil y solo requiere crear unas condiciones mínimas legales que le permita la reinserción social y económica. Esta tesis ha sido construida a través de la experiencia de los últimos gobiernos colombianos y ahora toma más fuerza cuando se observa a un ELN que insiste en querer negociar la paz (Núñez & Vargas, 2014, pág. 1).

A pesar de lo popular y generalizado que resultan estas tres tesis, lo cierto es que una mirada razonada al ELN y al actual proceso de paz que está cocinando en el país con esta agrupación evidencia todo lo contrario. El ELN no es una organización armada débil, a punto de desaparecer. Tampoco es cierto que sea conveniente para el gobierno, para las Farc, para el propio ELN y para la sociedad en general negociar primero con una agrupación y luego con la otra. Y mucho menos es cierto que el proceso de paz con los elenos es y será fácil; por el contrario, hay asuntos difíciles de acordar tanto en temas sustanciales como los operativos y procedimentales; esto es evidente al encontrarse en una situación donde aún no se ha iniciado la segunda fase del proceso de paz, a pesar de que las partes están dispuestas a negociar.

Este texto intentará presentar algunos argumentos que desvirtúan las tres tesis enunciadas; tanto la teoría como la realidad evidencian la falsedad de las mismas. En primer lugar se mostrará que el gobierno no está frente a una organización débil: el ELN es una agrupación política armada en crecimiento, con una plataforma ideológica muy actual y pertinente, y con una legitimidad considerable tanto de la comunidad internacional como de la población donde tiene presencia. En segundo lugar, se llamará la atención sobre lo necesario y urgente que resulta para el país iniciar diálogos de negociación con el ELN de manera paralela a la mesa de La Habana; esto si se quiere que el proceso con las Farc sea exitoso y preparar adecuadamente el terreno para construir un posconflicto firme y duradero. En último lugar, se defenderá la idea que el proceso de paz con el ELN exige mayores condiciones para la negociación de lo que comúnmente se piensa: el gobierno se enfrenta a un actor político muy distinto a las Farc, lo cual ha creado “obstáculos más serios de los que se habían previsto” (International Crisis Group, 2014, pág. 12), y ha impedido que hasta el momento las partes se pongan de acuerdo en temas sustantivos, operativos y procedimentales.

 A. El ELN no es una guerrilla en declive

Desde su creación, en 1964, al ELN se le ha considerado un actor armado relevante en el conflicto armado colombiano. Nace como una organización política caracterizada por trabajar en la construcción de redes de apoyo y el trabajo de masas. En las décadas de 1960 y 1970 se definió por apoyar a los obreros en sus luchas de clase, especialmente los trabajadores del sector petrolero; luego fue vinculándose con sectores estudiantiles universitarios y miembros de guerrillas liberales, con los cuales construyó la idea de una organización política marcada por el trabajo de educación política en centros urbanos. En la década de 1990, debido a la presión de la inteligencia militar, muchos de sus miembros se replegaron a las zonas rurales, provocando un reacomodo en su accionar y destinando un mayor tiempo a trabajar con la población en las zonas marginadas de su dominio y a proteger las riquezas en recursos naturales (Vargas, 2006).

A partir de 1996, con la realización del III Congreso de esta organización se da un giro priorizando el “componente militar y rural” (Núñez & Vargas, 2014, pág. 5), lo cual le permite crecer militarmente y soportar la lucha armada que las fuerzas del Estado y de las AUC estaban ejerciendo; pero también se generó una disminución en el número de hombres y de su accionar territorial (ELN, 2006, pág. 10) (Figura 1). Finalmente, desde 2006 el ELN vienen presentando de nuevo un crecimiento bélico y organizativo. La reducción en la presión militar debido a la desmovilización de las AUC y la reconfiguración que tuvo como organización en recuperar el énfasis político que la había caracterizado ha provocado que tanto el número de acciones bélicas como el número de combatientes esté creciendo (Núñez & Vargas, 2014, pág. 15). A finales de 2013 (30 de noviembre), por ejemplo, esta organización “había realizado 279 acciones superando el número de acciones ejecutadas por el grupo durante todo el año 2012 cuando desarrolló 280 acciones” (Núñez & Vargas, 2014, pág. 23). Además, el número de hombres, según cifras oficiales, se acerca a los 1.500 actualmente, convirtiéndola en la segunda guerrilla en el país (figura 2) y en el tercer grupo armado más grande, después de la bacrim “Los Urabeños” con 2.366 integrantes a marzo de 2013, según fuentes oficiales (GTMI, 2014).

Figura 1. Colombia: accionar del ELN según su énfasis en 2006

Hoy es una organización armada fuerte, que no está ni a punto de la derrota, ni la desintegración, ni la desaparición (International Crisis Group, 2014, pág. 3). Por el contrario, es un ejército que se mantiene y crece en acciones militares (gráfico 1). Los diagnósticos recientes muestran que esta guerrilla “tiene presencia en Norte de Santander, La Guajira, el sur de Bolívar y algunas regiones del norte de Antioquia, así como en zonas del Chocó, Cauca y Nariño, aunque su bastión militar tradicional se encuentra en Arauca, donde sigue siendo el principal grupo armado ilegal” (International Crisis Group, 2014, pág. 5) (figura 2). Es una organización que ha mostrado su capacidad de adaptación y resistencia, que ha sabido muy bien capitalizar su poder político y social, que estratégicamente se ha ubicado en la frontera y que ha generado una situación donde “una derrota militar en el corto plazo sea poco probable” (pág. i). Generando, finalmente, que el gobierno nacional reconozca al ELN en igualdad de condiciones frente a las que le ofreció a las Farc.

Gráfico 1: Colombia: Número de acciones por año del ELN, 1997 -2013



Fuente: Banco de datos Fundación Paz y Reconciliación.

 De esta forma se puede concluir que el país está frente a una insurgencia armada que no está al borde del colapso. Incluso, viene ganando poder financiero, militar y político. Es una guerrilla que ha sabido tomar “ventaja del auge de los recursos naturales extrayendo nuevos ingresos de la industria petrolera en su mayor zona de dominio, Arauca, y ha luchado por el control de zonas mineras en el Chocó y otros territorios” (International Crisis Group, 2014, pág. i). La presencia en estas zonas le ha permitido ampliar las fuentes de financiamiento (entre ellas a través del cobro de impuestos a las personas involucradas en todo el proceso del tráfico de drogas) y con ello fortalecerse militarmente como organización. De allí que sea ingenuo pensar en un derrota militar cercana de esta guerrilla y que se requiera explorar la vía de la negociación política como opción factible para su desmovilización.

Figura 2. Colombia: accionar del ELN según su énfasis en 2013

 B. Se requiere negociar con el ELN de manera paralela a la mesa con las Farc

Para el gobierno nacional resultaría muy cómodo tener la mirada puesta solo en un escenario y en un actor. Colocar todos sus recursos en la mesa de conversaciones de La Habana y luego de un pacto sentarse a negociar con la otra agrupación sería lo ideal para muchos. Sin embargo, ni estratégica, ni políticamente esto resulta correcto. El gobierno requiere cuanto antes tener a las dos organizaciones insurgentes dialogando y dispuestas a llegar a la firma de un acuerdo de paz, que le ponga fin al conflicto de manera sostenible. Cada minuto que se gana con las Farc en la mesa de conversaciones hoy se pierde con el ELN al no tenerlos negociando en otra mesa. Tanto la teoría como la realidad presentan argumentos de todo tipo para incitar a negociar de manera paralela con las dos agrupaciones armadas.

En primer lugar existen razones para el gobierno. Este está perdiendo una magnífica oportunidad de aumentar las ganancias en las negociaciones, pues una característica del actual proceso con las Farc es el carácter de confidencialidad que ha guardado. El gobierno tendría mayor información y certidumbre que las partes para negociar (asimetrías de la información), dado que tendría el privilegio de estar presente como jugador en ambas mesas y con jugadores distintos. También podría aprovechar la ventaja de movilizar los negociadores formados e informados que tiene en La Habana para discutir temas que, sin duda, serán similares en las dos mesas (por ejemplo, en temas de participación política, justicia transicional, víctimas y verdad y desmovilización armada, entre otros). En síntesis, el gobierno está perdiendo una muy buena oportunidad de sacarle provecho a su condición de actor común en los dos eventuales procesos de paz.

En segundo lugar, hay razones para las partes sentadas en La Habana. Lo que buscan tanto gobierno como Farc es firmar un acuerdo que permita iniciar la fase de implementación de lo pactado. La presencia de otra agrupación armada en el país y, especialmente, en las zonas donde tiene presencia las Farc, dificultará, sin duda, la ejecución de lo acordado y la construcción del posconflicto. Esto es evidente si se mira el referente inmediato del proceso de paz con las AUC: el no haber negociado con todos los armados que hacían presencia en los territorios, impidió la construcción de una cultura de paz y avivó la guerra aún más, provocando el resurgimiento de nuevos grupos como las bandas criminales –bacrim–.

El posconflicto es una construcción colectiva, general y que impacta toda la cultura (Rettberg, 2013). Para aplicar programas sociales, hacer acompañamiento sicosocial y construir la cultura de paz ser requiere como presupuesto alejar a las personas y territorios afectados por la guerra de las confrontaciones armadas recurrentes. La firma de un acuerdo de paz con un grupo, mientras se hace la guerra con otro, imposibilita la construcción del posconflicto o al menos hace muy difícil la tarea. En resumen, tanto el gobierno como Farc saben que entre más se avance en la firma de un acuerdo de paz sin incluir al ELN, más tardará el poder hablar de la construcción del posconflicto en Colombia. De allí que haya una presión desde La Habana para que se inicie cuanto antes los diálogos con esta otra agrupación.

Finalmente, hay razones para ambas guerrillas. La presencia de las Farc y el ELN en zonas territoriales comunes crea una amplia gama de problemas para las dos agrupaciones. Tanto las decisiones de guerra o paz como los resultados de una parte dependerán de las decisiones de la otra. De este modo, si las Farc pactaran con el gobierno un cese al fuego y de hostilidades podría resultar muy problemático para esta guerrilla evidenciar su cumplimiento: al continuar en conflicto el ELN podría afectarse a la otra parte, provocando, finalmente, que se vea la persistencia del conflicto como un incumplimiento de lo acordado con las Farc. Igualmente, resulta muy molesto para los farianos la presencia armada del ELN en sus territorios, en la medida que la segunda organización puede ofrecer incentivos para que los combatientes de la primera no dejen las armas, restándole poder de cohesión y dominio sobre sus hombres y poder de negociación frente al Estado (International Crisis Group, 2014, págs. i-ii).

Estas y otras razones llevan a pensar que la mejor decisión para gobierno, Farc y ELN es realizar diálogos paralelos. Los cuales, lo más probable, se realicen en lugares distintos y fuera del territorio nacional.2 Se requiere una apuesta decidida y rápida de todos los actores, incluyendo a la misma sociedad civil, para que se presione a las partes y se logre instalar rápidamente una mesa de negociaciones con el ELN. En conclusión, “en el largo plazo, demorar más estas negociaciones no favorece el interés de nadie. Un proceso en el cual falte el ELN, o uno en el que éste participe tardíamente, carecería de un componente esencial para la construcción de una paz sostenible” (International Crisis Group, 2014, pág. i). Por tanto, “se necesita audacia, creatividad y pragmatismo de todas las partes para que el ELN no pierda la que podría ser su última oportunidad para salir con algo de dignidad del conflicto armado y que Colombia tenga una buena oportunidad para construir una paz sostenible” (pág. i).

 C. Establecer una agenda con el ELN es una tarea difícil

Negociar con el ELN no es una tarea fácil. Así ha quedado claro con el largo historial de procesos de paz fallidos con esta agrupación. Más de veinte años de negociación evidencian que existen variados elementos que complejizan las negociaciones con el ELN, que hacen difícil empezar y harán difícil el avanzar. Todos los gobiernos colombianos, desde Gaviria hasta Santos, pasando por el de Uribe, han intentado infructuosamente negociar con el ELN. Esta agrupación armada, que mantiene casi intacta su cúpula de mando, ha aprendido mucho de estos intentos de paz. Conocimientos que sin duda estarán utilizando en estos momentos.3 El problema es que el Gobierno no está de acuerdo con muchos de los aprendizajes que plantea y desea el ELN: tensiones que van desde asuntos sustanciales como la definición de la agenda, hasta temas operativos y procedimentales como la confidencialidad de las negociaciones o la presencia de la sociedad civil en la mesa.

 1. Tensiones en los temas sustanciales

Al ELN se le distingue, comparada con las Farc, por considerársele como una organización política en armas; que utiliza a estas como defensa y argumento para conseguir fines políticos (Ávila, 2010). Desde su nacimiento en la década de 1960 esta guerrilla se ha caracterizado por buscar y utilizar “mecanismos alternativos de organización y representación en territorios bajo su influencia” (Núñez & Vargas, 2014, pág. 5). En este sentido se reconoce que su lucha es eminentemente política (Elespectador.com, 2014). El ELN nace, se desenvuelve y se mantiene como una organización política armada con ideales vigentes que busca revindicar. Por tanto, cuando se piense en ponerle fin al conflicto armado con el ELN debe considerarse necesariamente estas aspiraciones.

Los motivos de lucha revolucionaria del ELN son variados, estos van desde temas como la defensa de la riqueza natural de las poblaciones vulnerables en Colombia, hasta el mejoramiento de infraestructura física y social de las poblaciones bajo su influencia (Vargas, 2006). De allí que, al pensar en la construcción de una agenda de negociación con esta organización, lo más seguro es que aparezcan estos y otros temas en la discusión. En los procesos de paz anteriores el ELN ha dejado ver que sus aspiraciones políticas en una negociación con el Estado se relacionan con sus luchas históricas de reformas políticas, económicas y sociales. El Estado, por su parte, siempre ha mantenido una postura crítica frente a estas demandas: considera que temas nacionales deben discutirse en otros escenarios; por tanto, defiende la idea de que tanto las reformas al sistema político como las del económico y legal deben darse en el escenario del posconflicto.

En consecuencia, lo más probable es que en el momento actual del proceso una de las mayores dificultades se encuentre en la construcción de una agenda que reúna los temas sustanciales que el ELN propone. Esta agrupación querrá negociar, además de la agenda básica de explotación de recursos naturales (tanto los impactos negativos que trae esta actividad como los beneficios que debería obtener las comunidades), la participación política y la justicia transicional, otros temas como el fortalecimiento de los servicios del Estado en las regiones donde tiene influencia política (servicios públicos, salud y educación) y mayores derechos laborales para los trabajadores de los sectores minero-energético.4 En este sentido es de esperar que para el gobierno y sus representantes en los acercamientos sea muy difícil establecer una agenda de negociación que contenga “los grandes problemas económicos, políticos y sociales que originaron el conflicto social y armado que padecemos hace más de 60 años”. (ELN – Comando Central, 2013).

La inclusión de una agenda que atienda los asuntos sustanciales del conflicto podría ser argumento suficiente para que el ELN se siente a negociar con el Estado. Sin embargo la elaboración de una agenda estructural amplia no debe y tal vez no será un factor que destruya o impida los diálogos de paz con esta organización. La misma agrupación ha aceptado la necesidad de establecer una agenda de negociación realista; una agenda que, al menos, esté al mismo nivel de la que se negocia con las Farc en La Habana; una agenda que incluya importantes aspectos de aquellos que considera sustantivos (Medina, 2014). Por ello es de esperar que en los próximos meses se dé a conocer una nueva agenda de negociaciones, con matices y colores elenistas: por ejemplo, con un enfoque más local y territorial de las demandas y con temas precisos que atiendan los problemas de medio ambiente que enfrentan las comunidades ubicadas en zonas petroleras y mineras.

2. Tensiones en los asuntos procedimentales

Al igual que ocurre en lo sustancial, el origen político del ELN, la coherencia y continuidad en sus luchas y demandas y la capacidad de aprendizaje para negociar han provocado que una mirada externa a los acercamientos advierta de las tensiones que deben estar presentes en los temas procedimentales de las negociaciones. Por un lado, el Comité Central del ELN –COCE– ha dicho que quiere un proceso con una serie de características, y, por el otro, un gobierno que no se está de acuerdo con varias de estas demandas. Dos de las grandes diferencias en lo procedimental están en lo multilateral o bilateral de las negociaciones y en los tiempos del proceso:

1. Negociación multilateral vs Negociación bilateral: el ELN ha manifestado su preferencia por una proceso de paz incluyente y participativo, donde tengan asiento los sectores afectados por la guerra, las comunidades vulnerables y la sociedad civil en pleno; propone, además, realizar encuentros abiertos a los medios y con una mayor participación social a la que ha tenido el proceso de paz con las Farc.5 El Estado, por el contrario, desea la confidencialidad en los diálogos y un número reducido de los negociadores (solo de las partes en conflicto); propone una mesa cerrada a las decisiones, pero abierta a las propuestas, con una mecánica similar a la que se utiliza con las Farc actualmente a través de foros y mesas regionales6.

2. Un proceso sin tiempos, ni plazos vs un proceso corto y con resultados: de manera similar se encuentran diferencias en los plazos y los tiempos para realizar el proceso. El ELN se parece a las Farc en este aspecto: propone no ponerle tiempo a las negociaciones y no presionar para que se den resultados rápidos (“paz exprés”), esto atentaría contra el éxito del proceso de paz (Valencia, 2013). Por su parte, el Estado siempre ha insistido, tanto con este actor como con las Farc, en establecer tiempos relativamente cortos a la discusión de cada uno de los puntos y mostrar resultados rápidos.7

En lo que si hay una marcada coincidencia en lo procedimental es en la necesidad de la presencia de la comunidad internacional en todo el proceso de paz. La experiencia le ha enseñado al ELN y al gobierno que es necesario que otros países estén presente en las negociaciones. En los anteriores procesos el ELN ha solicitado y ha tenido un apoyo de otros estados en los acercamientos y diálogos; cabe mencionar, por ejemplo, el apoyo del grupo de amigos (Cuba, España, Francia, Noruega y Suiza) en los acercamientos durante el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) y también en los acercamientos durante el gobierno de Uribe (2006 y 2007) de Cuba, México, España, Noruega y Suiza. En este sentido, se espera que se mantenga la misma tendencia de incluir actores externos en los acercamientos, las negociaciones y la implementación. Sin embargo, es necesario advertir el posible énfasis que quiera darle el ELN a que participen países latinoamericanos como Venezuela, Cuba, Ecuador, Uruguay y Brasil, además de organizaciones regionales como Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

3. Tensiones en los temas operativos

Finalmente está, lo que la literatura ha llamado los temas operativos (Bejarano, 1995; Fisas, 1987), que se relacionan con las condiciones que deben existir para iniciar el proceso y desarrollarlo. En este aspecto el ELN también ha mostrado la intención de negociar en un ambiente por fuera de la mesa distinto a las Farc. La propuesta que ha realizado de manera recurrente es negociar en un ambiente de cese al fuego y de hostilidades con tiempos limitados: “Por esto es necesario que las partes involucradas en el conflicto demos pasos significativos que generen un ambiente favorable. (…) Un cese bilateral del fuego y hostilidades es el mejor termómetro para medir la seriedad y responsabilidad con que se asume el proceso de construcción de la paz” (Coce, 2013). Con este ambiente se pretende que se posibilite una amplia participación social. El gobierno, por su parte, debe de estar manteniendo la posición que ha asumido con las Farc de dialogar en medio del fugo; con esta postura intenta, por un lado, “ejercer presión militar para instar a la guerrilla a llegar a un acuerdo con rapidez” (International Crisis Group, 2014, pág. 16), y, por el otro, no repetir la mala experiencia que le dejó las negociaciones de El Caguán.

Finalmente, otro tema con el que se viene presionando al ELN, para que dé muestra de querer negociar con seriedad y que considera fundamental el Estado y sectores de opinión para iniciar las negociaciones, es comprometerse con parar los secuestros y además dejar en libertad a las víctimas que tiene retenidas (International Crisis Group, 2014, pág. iv). Aunque este es un tema que puede ser parte de las negociaciones, como ha pasado con las Farc, lo cierto es que el ELN ha dado muestra de su compromiso con la protección del Derecho Internacional Humanitario y las normas internacionales de derechos humanos “avanzando acuerdos humanitarios locales relacionados con la eliminación de minas antipersona, la violencia sexual y el reclutamiento de menores” (International Crisis Group, 2014, pág. iv). Se espera que algo similar suceda con el flagelo del secuestro y con los retenidos.

 Conclusiones

Para los científicos sociales aventurarse a lanzar un pronóstico sobre posibles acontecimientos políticos es muy complejo, sin embargo en este texto se ha insinuado que lo más probable es que al finalizar este año 2014 el país esté presenciando el inicio de un nuevo proceso de paz con el ELN. La presencia de un año electoral puede influir muy positivamente a que esta posibilidad se realice: por un lado, el candidato-presidente Juan Manuel Santos podría utilizar la noticia de un nuevo proceso para ganar votos ante los electores en mayo; por el otro, podría utilizar el acontecimiento, si llegara a ser reelegido, como un elemento para mejorar la gobernabilidad en agosto de 2014, una vez posesionado. Santos, al igual que sus antecesores, sabe que la paz es un instrumento muy poderoso para los candidatos a la presidencia de la República y también para los presidentes una vez están en el poder (Valencia, 2013). Pero, independiente que gane o no las elecciones presidenciales, para el país es urgente que se inicien los diálogos con esta agrupación, “sin esperar una perfecta alineación de las estrellas durante el largo periodo electoral de 2014” (International Crisis Group, 2014, pág. i).

El texto presentó tres tesis que es muy común escuchar en Colombia frente a un eventual proceso de paz con el ELN. Presentó algunos argumentos, basados en la teoría y la evidencia, que desvirtúan tales tesis. Mostró que el ELN no es una organización débil y a punto de desaparecer, sino una organización política armada que, luego de una caída hasta 2009, presenta una recuperación hasta la fecha. Además, enfatizó en lo prioritario que debe ser para gobierno, Farc, ELN y la sociedad colombiana iniciar diálogos de negociación de manera paralela a la mesa de La Habana, con el objetivo de preparar el terreno para construir una paz firme y duradera. Finalmente, señaló algunas de las tensiones que deben existir en el actual momento de acercamiento entre gobierno y ELN, en temas sustantivos, operativos y procedimentales. De esta manera el país se encuentra frente a un proceso de paz que es necesario y urgente realizar, pero debe también reconocer que este no será un proceso fácil: habrán grandes discusiones frente a temas como el establecer una agenda y una metodología de los diálogos.

A pesar de estas dificultades, se espera que próximamente gobierno y ELN sorprendan positivamente a la sociedad colombiana y la comunidad internacional con el anuncio formal del inicio de un nuevo proceso de negociación de la paz. Cuyas características, lo más probable, serán: 1) la construcción de una agenda que incluya temas sustanciales como el minero-energético (industria extractiva), los problemas del desarrollo social de zonas marginadas y los derechos laborales; 2) una mesa de negociación con una alta participación e incidencia de la sociedad civil, a través de organizaciones sociales y una convención nacional, en la cual confluyen los diversos actores sociales y políticos del país, también la comunidad internacional; 3) un ambiente para negociar en medio de un cese al fuego y hostilidades; y 4) una nueva mesa de diálogo por fuera del país, siendo lo más probable en Ecuador, Brasil o Uruguay. En síntesis, el 2014 será un año para la paz, donde el gobierno y la sociedad colombiana encontrarán una guerrilla del ELN muy dispuesta a ponerle fin a un conflicto que precisamente en 2014 cumplirá los cincuenta años.

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Valencia, G. (3 de marzo de 2013). La instrumentalización política de la paz en Colombia. (U. d. Antioquia, Ed.) Alma Máter (620), pág. 25. Obtenido de http://issuu.com/periodicoalmamater/
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Valero, D. (2 de septiembre de 2013). Mujica ofrece a Uruguay para los diálogos con Eln. El Tiempo.

Vargas, A. (2006). Guerra o solución negociada. ELN: origen, evolución y proceso de paz. Bogotá: Intermedio editores.

Notas

* Trabajo presentado en el encuentro académico Conversaciones de paz en Colombia: perspectivas con el ELN. Panel 1. Perspectiva nacional de la negociación. Organizado por la Cátedra UNESCO en RIC/CP, Resolución Internacional de Conflictos y Construcción de Paz, Universidad de Antioquia y Consorcio e International Crisis Group, realizado el viernes 28 de marzo de 2014, Edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia.

** Profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia y coordinador de la línea de investigación Conflictos y paz del grupo de investigación Hegemonía, Guerras y Conflicto del mismo Instituto.

1. Hasta 1991 el ELN era la organización guerrillera más reacia a negociar la paz. La primera vez que aceptó encuentros con el Estado en este sentido fue el 30 de abril de 1991. Allí aceptó sentarse con el gobierno a negociar la paz en compañía de las Farc-Ep y Ejército Popular de Liberación –EPL–.

2. “El gobierno ha dejado en claro que las negociaciones con el ELN no se llevarán a cabo en Cuba, un país con vínculos históricos y emocionales con el grupo y donde se celebraron conversaciones con éste durante el mandato de Uribe” (International Crisis Group, 2014, pág. 23). Los países que mayor posibilidad tienen para ser la sede de las eventuales negociaciones son Ecuador (Semana, 2014), Brasil y Uruguay (Valero, 2013).

3. Aprendizajes que incluso el mismo gobierno ha llevado a la mesa con las Farc en La Habana. Así, por ejemplo, la presencia de la comunidad internacional en el proceso de paz.

4. Así lo dejó ver de manera clara Antonio García, miembros de Comité Central del ELN –COCE– al decir que “al igual que las Farc y otros sectores de la sociedad, hemos expresado que la agenda es muy limitada. No permite una discusión más amplia que tenga en cuenta el conjunto de problemas estructurales del país que necesitan ser abordados” (Gómez, 2013).

5. El ELN insistirá en que la sociedad civil debe tener presencia en todo el proceso. En particular, buscará la presencia de organizaciones sociales que agrupen a las comunidades donde el ELN ha tenido presencia históricamente. Además, dada la experiencia reciente de conflictos sociales durante el actual proceso de La Habana, buscará que campesinos, cocaleros, indígenas y otras agrupaciones participen de manera autónoma en una eventual mesa de diálogos. Desde hace tiempo, el ELN ha manifestado que “(…) una mesa que se plantee la paz y no tenga en cuenta la participación activa de los sectores sociales, principalmente los populares y de clase media que no se sienten representados por el gobierno, no será exitosa porque la esencia del conflicto interno colombiano no es solamente militar. Colombia vive una crisis profunda en todos los órdenes, está profundamente afectado el tejido social, se necesita una salida consensuada, solo eso es garantía para la paz, de allí la importancia que en la mesa haya participación de la sociedad como en efecto lo plantaron las organizaciones populares y sociales (…)”. (Rodríguez, 2012).

6. Una vía que ha abierto el gobierno nacional para permitir la participación e incidencia de la sociedad civil en los procesos de paz es la Comisión Nacional de Paz. El presidente Santos anunció la reactivación de esta organización el 26 de mayo de 2014. En esta comisión, creada durante el gobierno de Ernesto Samper, tienen asiento múltiples actores de la sociedad civil (Iglesia Católica, gremios económicos y movimientos sociales y políticos) y fue muy apreciada por el ELN en el momento que se creó. Además desde hace tiempo el ELN había propuesto trabajar en crear un movimiento nacional por la paz, que posibilite “una interlocución más amplia y participativa, funcionando también como veeduría constante del proceso” (Núñez & Vargas, 2014, pág. 34) y también ha propuesto la creación de una “convención nacional, un escenario de carácter propositivo, en el cual confluyen todos los actores sociales y políticos del país, y algunos actores internacionales, incluidas las guerrillas y el gobierno, con el fin de definir las rutas para darle salida a los problemas sociales, económicos y políticos del país” (pág. 37).

7. Uno de los problemas que tiene esta primera fase de acercamiento con el ELN es la presión por el tiempo. A pesar de ser unos acercamientos reservados y confidenciales, el ser de común conocimiento los acercamientos hace que el tiempo corra con mayor prisa, si se le compara con la primera fase del actual proceso con las Farc, donde a pesar de extenderse por casi dos años, el tiempo no fue un gran problema (Valencia, 2013, pág. 13)[/embed]

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