Seguir luchando por Colombia

Por:  Eduardo Pérez “Cuadernos de Reencuentro”

Hay personas que dicen: “Yo amo a Colombia”. Las palabras no pueden tomarse literalmente; pero no sé exactamente qué significa para cada quien. Las personas que gobiernan este país hacen que se sientan ganas de irse para otra parte, donde seguro la situación será casi igual, pero objetivamente, sí hay lugares mejores; en algunos se buscan otras formas más humanas de organización social. Uno no se puede ir, dejando atrás en el abandono, a un montón de gente que está en el corazón. Es una forma mínima de ser solidario. Yo amo a las personas que me rodean. Eso sí lo tengo claro y es literal; sin ellos no se justificaría vivir. Me siento orgulloso de mis abuelos y abuelas, de mis tíos y tías, de mis hermanos y hermanas, de mis hijos, de gran parte de mi familia y de mis amigos en general –me he preocupado siempre por creerme bien rodeado y en esto he sido casi celoso, elitista como dicen los sicólogos- Son personas acostumbradas a mirarte a la cara. Padres y madres ejemplares, ciudadanos honestos.

Me pregunto: sabiendo que existen personas honorables, ¿Por qué el país tiene que ser gobernado y conducido por bellacos? – No digo liderado, que sería lo más preciso, porque creo tener un concepto más elevado de liderazgo. Las personas merecen respeto, pero Fernando Vallejo tiene razón cuando dice que un pueblo que permite que se reelija a Uribe, es un pueblo estúpido y que nos merecemos la inmundicia que tenemos.

¿Qué hay que hacer para que podamos soñar con un mejor país, el que realmente nos merecemos? La plaza pública está vedada y esta forma de participación en política representa la muerte. Los malos tienen muy claro también lo que deben hacer y matan sin pudor, con impunidad, sin Dios ni ley y siguen gobernando. Sólo en las películas ganan a veces los buenos.

No es iluso pensar que podemos construir una sociedad en la que nos tratemos con respeto, afecto, calidez y altura. No hablo del amor, que puede ser muy subjetivo; pues, hay caballeros muy piadosos, de misa cumplida, pero no saben lo que es el amor al prójimo, y matan o lo ordenan. Por el contrario, hay ateos que llamamos al respeto y valoración del Ser Humano y de todas las formas de vida, aquí y ahora.

Observen esta experiencia, con principios simples de convivencia, como una muestra de que sí se puede:

 “Las Juntas de Buen Gobierno desempeñan un papel sumamente importante en el desarrollo de los pueblos zapatistas. Generan e impulsan iniciativas colectivas bajo los 7 principios del “Mandar obedeciendo”.

1.- Servir y no servirse.

2.- Representar y no suplantar.

3.- Construir y no destruir.

4.- Obedecer y no mandar.

5.- Proponer y no imponer.

6.- Convencer y no vencer.

7.- Bajar y no subir.

Son la autoridad, pero responden a las necesidades de sus pueblos. Son éstos últimos que deciden en asamblea quién los representará en la instancia máxima de sus niveles de gobierno.”

El principal legado de Alvaro Uribe al país, es haberlo dejado organizado en “combos”; son cientos de grupos con presencia nacional, que manejan el microtráfico, la microextorsión, el sicariato, la prostitución; según Corpades, en Medellín son 350 organizaciones que en total agrupan a 12.500 personas armadas, que mantienen asolada a la ciudad, que concertan con extranjeros la violación de niñas, que ofrecen paquetes turísticos de sexo y droga, desvirtuando así la vocación de servicios programada para esta ciudad. No más gobierno paraco. Permitirlo es dejar a la juventud a merced de la drogas, de la prostitución y de la motosierra para los campesinos. Hay que cambiar la imagen de todo muchacho de cachucha, en pantaloneta, tatuado y en moto, es de los “combos” o que el que vaya en una camioneta de doble cabina, es su capo.

No dudo que muchas de las 3´759.971 personas que votaron por la propuesta uribista, han conseguido su fortuna trabajando según los cánones sociales; pero, se mezclan con otras que se han enriquecido a partir del narcotráfico, la extorsión, la corrupción y el robo de tierras, como lo evidencian de sobra los sucesivos escándalos sociales, la criminalidad y los asesinatos que han marcado al país en los últimos decenios; este discurso político atrae a otros por regionalismo, por simple admiración y quien sabe por qué más. Lo cierto es que representan una corriente de pensamiento que no quiere que el modelo de orden económico cambie y que casi siempre están dispuestos a hacer los que sea por la defensa de sus intereses –aún apoyando masacres y demás acciones en contra de la ley, justificadas en la “legítima defensa” y hasta en “legados divinos”,  tal como se ha visto.

Ya secuestraron a una niña en el Cauca. En este país y en un mundo falso, no se sabe si realmente lo hicieron los que son acusados o si con esta criminal acción, se busca justificar la guerra y sacar réditos políticos de este hecho tan abominable. Lo sentimos por sus familiares y allegados; se le respetó su integridad y su vida y ya la liberaron. Los fundamentalismos afectan al mundo; en Nigeria también atacan a las niñas, por otras creencias, que en el fondo vienen a ser las mismas: la imposición de pensamiento y el terror.

Por:  Eduardo Pérez “Cuadernos de Reencuentro”

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