DE PRODUCTORES A CONSUMIDORES… A MARGINADOS Un mundo de trabajos

Por: Gonzalo Salazar “Cuadernos de Reencuentro”

 “El ser humano es visto en su totalidad como un medio de producción.

Es a la vez capital, mercancía, trabajo y mercado. Vale sólo si funciona como capital.

Se gesta, de esta manera, un proyecto en donde es y se le trata como capital

y sólo si se reconoce como tal puede entrar en un proceso de valorización

que se toma creciente en la medida en que sea capaz de inscribirse

como necesario a un proyecto transnacional.”[1]

La época del trabajo como principal función y obligación moral de los individuos ante la sociedad, como único medio de subsistencia de las clases empobrecidas y del proletariado, parece que ha llegado a su fin; por lo menos el trabajo como alquiler de mano de obra dependiente jurídicamente de una empresa o empleador, no está en la agenda de solución a la crisis estructural del capitalismo, al contrario, al generar puestos de trabajo estable se reducen los índices de acumulación; la dinámica del desarrollo tecnológico acelera el crecimiento del desempleo estructural. Razón por la cual los capitalistas orientan el desarrollo de sus negocios a reducir los costos de producción automatizando, reduciendo el valor y la cantidad de mano de obra, acumulando mercancías, promoviendo el consumo.

En su etapa imperialista el capitalismo multiplicó sus fuerzas productivas (conocimiento, infraestructura y tecnología) mediante la explotación de los trabajadores como nunca lo hizo otra civilización, despojó de los medios de subsistencia a la mayoría de la humanidad, lanzándola de los campos y la periferia a las ciudades, a las fábricas, a las calles, como mano de obra semi-esclava, luego también como consumidores de la superproducción industrial. Este desarrollo tecnológico y científico amplía la esclavitud de los trabajadores; obliga a millones de pobres de los países “subdesarrollados” a emigrar a las metrópolis imperialistas para servir en la producción, en los servicios, en la investigación científica de los países ricos.

El desarrollo industrial de las metrópolis lo fue gracias a la mano de obra y al saqueo de materias primas y recursos naturales de los países pobres. Pero los países imperialistas no pueden absorber toda esa avalancha de mano de obra migrante, cuando no pueden garantizar el empleo a sus naturales en medio de la actual crisis sistémica. La tercerización y la “flexibilización“ laborales, la pauperización del salario, junto al desempleo estructural y la automatización, deja en la incertidumbre a las nuevas generaciones de trabajadores, quienes pasan a ser prescindibles en el mercado laboral e invisibles en las estadísticas de consumidores.

Después de haber elaborado toda una ética del trabajo, obligando a campesinos y artesanos a salir de sus espacios y ocupaciones para vender su fuerza de trabajo, creando alrededor de las fábricas un ejército de reserva laboral (obediente y disciplinado mediante el terror y el discurso moralista) disponible para ser explotado, con salarios que escasamente alcanzaban a cubrir las necesidades básicas de subsistencia, el capitalismo moderno promueve el consumismo como única forma de existir, en la cual la consigna es trabajar en las condiciones que sea necesario para adquirir el dinero y cumplir con la función de consumidor-a. En el comienzo de la manufactura, el capitalismo instruye al obrero en la realización de una tarea; cualifica técnicamente esa mano de obra a través del estado “benefactor” en su etapa industrial, formando una élite tecnócrata, que con la automatización avanzada y la cibernética como forma operativa a distancia, este sector técnico profesional empieza a ser desplazado, primero de sus sitios de trabajo en las plantas de producción y en las oficinas, y luego de sus empleos, echándolos al moderno sector de los excluidos o desechables del siglo XXI.

 

“El problema central que enfrentaban los pioneros de la modernización, era la necesidad de obligar a la gente –acostumbrada a darle sentido a su trabajo a través de sus propias metas, mientras retenía el control de las tareas necesarias para hacerlo- a volcar su habilidad y su esfuerzo en el cumplimiento de tareas que otros le imponían y controlaban, que carecían de sentido para ella, la solución fue la puesta en marcha de una instrucción mecánica dirigida a habituar a los obreros a obedecer sin pensar, al tiempo que los privaba del orgullo del trabajo bien hecho, y se les obligaba a cumplir tareas cuyo sentido se les escapaba. Como comenta Werner Sombart, el nuevo régimen fabril necesitaba solo partes de seres humanos: pequeños engranajes sin alma integrados a un mecanismo mas complejo. Se estaba librando una batalla contra las demás “partes humanas“, ya inútiles: intereses y ambiciones carentes de importancia para el esfuerzo productivo, que interferían innecesariamente con las que participaban de la producción. La imposición de la ética del trabajo implicaba la renuncia a la libertad.” (Bauman).

 

            El desarrollo tecnológico (diseño, automatización y producción de máquinas) concentró el proceso de producción en la fábrica, desplazando mano de obra del campo a la ciudad; este desarrollo es el que utiliza Frederick Taylor a finales del s. XIX para aplicar su método mecanicista de producción para maximizar la productividad de los medios de producción (mano de obra e instrumentos de producción) industrial, dividiendo sistemáticamente las labores en una organización del trabajo, desarticulando el proceso de producción, llevándolo a tareas simples y especializadas, este método controla cronológica y cuantitativamente la producción. Ante el rechazo de los trabajadores los patronos ofrecen más pago y primas. De esta forma el trabajador artesanal pierde el control y el conocimiento de todo el proceso de producción.

A principios del s XX la producción industrial intensifica más la explotación profundizando y generalizando la división y especialización del trabajo, integrando el proceso de producción en cadenas de ensamble y la producción en serie en las fábricas de automóviles de Henry Ford, generando acumulación de mercancías con destino a un nuevo sector de consumidores, lo que vino a llamarse el modelo fordista de producción. Este modelo creó un nuevo trabajador especializado con una formación técnica diferente al proletario no calificado de la manufactura, que se fue perfilando como una aristocracia obrera con mejor capacidad de consumo y organizados en los modernos sindicatos de USA y Europa. Al mismo tiempo que se consolidaba el fordismo en el mundo capitalista, en la URSS se impulsaba el estajanovismo para multiplicar la producción mediante la súper-explotación “voluntaria” de los trabajadores por el capitalismo de Estado, un método que también ofrecía incentivos personales, que empezó en las minas, una forma de competencia en la productividad y en el desarrollo de las fuerzas productivas con el capitalismo.

El fordismo se fortaleció y se generalizó con la aplicación de la teoría económica keynesiana, que buscaba alternativas a la Gran Depresión de los años 30, comprometiendo al Estado como dinamizador de la economía, mediante el gasto público, y el estimulo a la productividad (modelo económico sobre el que se asentaría el Estado de Bienestar después de la segunda guerra mundial) que multiplicaría la demanda, que daría la posibilidad al pleno empleo y a la concertación de las empresas con los sindicatos. En los 50 vendría la automatización (y el rechazo de los trabajadores a esta innovación) a acelerar el proceso de producción y la dinámica de la sociedad en torno al consumo.

            En los 70 del s. XX el fordismo-keynesianismo es superado por un modelo de explotación más sofisticado basado en la “cooperación de los trabajadores en alcanzar las metas de las empresas, en el que los obreros identifican sus intereses con los de la empresa, algo parecido al estajanovismo pero de compromiso colectivo con autocontrol; los obreros no solo aportan su capacidad laboral, sino también su creatividad y su multifuncionalidad para asumir cualquier tarea con tal de mejorar la calidad del producto o el servicio, en este sentido también similar al artesano que se esmera para que el producto sea de optima calidad (trabajo en equipo, conciliación de clases); este modelo propuesto por el ingeniero Ohno y desarrollado en la fábrica Toyota en Japón, permite la racionalización de los recursos porque no se produce para mantener existencias, sino para la demanda. Hoy el neoliberalismo desestructura el proceso productivo convirtiendo al mundo en una gran maquila, en el que la dirección es externa a las plantas de producción, las cuales, solo hacen una parte del producto, o producen para transnacionales que nada tienen que ver con los medios físicos de producción ni con el capital variable (salarios). Estas corporaciones subcontratan para cada parte de la producción y la distribución a pequeñas, medianas y grandes empresas que muchas veces operan clandestinamente utilizando mano de obra esclava, evadiendo impuestos y controles de calidad en los países donde se ubican, muchas veces temporalmente.

El fin último de todos los métodos de organización del trabajo en la producción capitalista es intensificar la explotación de los trabajadores, reduciendo el tiempo, los costos de producción y la mano de obra; concentrando, especializando y separando el conocimiento del proceso de producción en los ingenieros y tecnólogos en la era industrial; hoy con la cibernética, estos conocimientos se concentran en los discos duros y programas informáticos, siendo patentados cada uno de los procedimientos, modelos y materiales utilizados utilizados en la fabricación del producto.

            En Colombia, como Neocolonia, se han aplicado estos métodos de explotación, predominando el fordismo por la formación económica, en la que los empresarios industriales no desarrollaron industria pesada ni tecnología de punta, (no hubo un desarrollo al estilo clásico europeo o norteamericano) sin embargo algunas grandes empresas multinacionales y una pocas “nacionales” intentaron aplicar el toyotismo sin incentivos o compensaciones a sus trabajadores, esta tendencia la llegaron a impulsar en los 80 y 90 algunos sindicatos y ONG que se identificaban con el pensamiento socialdemócrata, los mismos que después apoyarían la flexibilización y la tercerización neoliberales.

Los trabajadores en su historia han buscado su organización y su unidad en la lucha contra la explotación y el capitalismo, han juntado sus fuerzas en la movilización, como han acogido con emoción y esperanza las experiencias, la filosofía emanada de su práctica social, de la solidaridad y la fraternidad, sintetizada en el movimiento socialista mundial, han aprendido de sus derrotas, han alcanzado reivindicaciones para toda la humanidad. Desde la revolución francesa, pasando por la heroica Comuna de Paris, por la revolución socialista de octubre, por todas las revoluciones de los pueblos, los trabajadores y trabajadoras hasta hoy, han estado en la primera fila en el combate junto a todos los oprimidos y explotados.

El movimiento sindical en Colombia tiene en su historia varias etapas, con raíces en el movimiento de los artesanos y las Sociedades democráticas del siglo XIX y la CON (Confederación Obrera Nacional) fundada en la primera década del siglo XX, compuesta por artesanos y obreros), desde las luchas agrarias de los años 20 y 30 y el surgimiento de la clase obrera en las áreas productivas agroindustrial (bananera, azucarera algodonera cafetera), infraestructuras, obras públicas, de transportes ferroviario y fluvial, la explotación minera y energética (petrolera) y la incipiente industria del siglo XX, que marcaron las luchas obreras por mejores condiciones de vida y de trabajo, con dos potentes instrumentos de combate: la unidad de los trabajadores y la huelga de solidaridad, enriquecidas y orientadas con el pensamiento socialista del siglo XIX y las experiencias del movimiento obrero norteamericano, europeo y especialmente de la revolución de octubre de 1917 en Rusia, (donde fueron determinantes el Partido Bolchevique y el proletariado como dirigente y vanguardia política y social) ideas divulgadas por un grupo revolucionario de la clase media intelectual, en el que participaban socialistas, anarquistas y comunistas, que integraban el Partido Socialista Revolucionario (1926). Dirigentes como Tomás Uribe Márquez, Ignacio Torres Giraldo, Raúl Eduardo Mahecha, María Cano, Vicente Adamo, recorrían el país acompañando y compartiendo con los trabajadores rurales y urbanos sus luchas, como la huelga de los petroleros en 1924, los bananeros en 1928, los conflictos de los braceros del río Magdalena, y los ferroviarios en los años 40 y 50, los corteros de caña, los cafeteros en los 50 y tantos más

El movimiento obrero enfrentó desde el principio al capital transnacional –al imperialismo norteamericano- presente en el país y la represión del Estado cipayo, sin embargo los trabajadores con sus luchas alcanzaron muchas de las reivindicaciones que hoy les quita el modelo neoliberal extractivista. En los años 30 y 40, durante los gobiernos del liberal Alfonso López Pumarejo les fueron reconocidos derechos como la contratación colectiva a través de los sindicatos, el derecho a la huelga, las 8 horas de trabajo, algunas prestaciones sociales, derecho a la salud, a la educción; por esta misma época el Estado reconoció la central obrera Confederación de Trabajadores de Colombia CTC de filiación liberal, en la que también tenía influencia el Partido Comunista. La UTC, promovida y orientada por la Iglesia católica, reconocida por el gobierno conservador de la época como “oposición” a la liberal CTC, pero más por dividir y mantener en el redil del conformismo y la sumisión a los trabajadores. Ante la posición conciliadora patronal de estas Centrales, algunos sindicatos de ellas, otros influenciados por el partido comunista y algunos independientes, deciden fundar la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia CSTC en 1964

En los 60 los triunfos revolucionarios en Asia y África, los cambios políticos en Europa oriental y en la misma URSS y la división en el campo socialista (incluida China), y sobre todo la revolución cubana, influyeron en la formación de nuevas corrientes políticas en el movimiento revolucionario internacional, por consiguiente en el sindical, llevando a la conformación de grupos y comités de estudio y trabajo sindical (CTS, CIS… trotskistas, marxistas leninistas, maoístas, castristas) en el país, dentro y por fuera de las Centrales, a la creación de federaciones regionales y por ramas de industria y servicios, generalmente promovidas por organizaciones políticas de izquierda, que reunían sindicatos disidentes de las Centrales oficiales, conformando un grupo “revolucionario” en lo que se llamó el sindicalismo “clasista”, “independiente” que confrontaba política e ideológicamente con la CSTC (influenciada por el Partido Comunista) catalogada por los otros como “revisionista”. Producto de esta discusión el sector socialdemócrata del sindicalismo se reúne en la Confederación General del Trabajador. Época de caloroso debate político entre los trabajadores, que aunque divididos por tendencias políticas, confluían en las luchas por sus intereses comunes con las centrales “patronales” CTC y UTC, cuyo máximo evento de unidad y acción fue el gran paro cívico de 1976. Esta gran movilización concitó a sectores populares de las ciudades, a indígenas y a los campesinos de la ANUC línea Sincelejo

La necesidad de una central única de trabajadores, gran preocupación de la izquierda, en medio de la vorágine neoliberal, solo alcanzó para la unidad del sector independiente junto a la CSTC, acoger disidentes de la UTC, la CGT y la CTC, en la nueva Central Unitaria de Trabajadores CUT en 1986. Este sueño de la unidad total en una Central única que reúna a todos los trabajadores sindicalizados, se fue perdiendo en el tiempo, reduciéndose el sindicalismo en la actualidad a la expresión de tres pequeñas Centrales: CTC, CGT y CUT, que con todas sus taras, debilidades y limitaciones, con los vicios de burocratismo, gremialismo y corrupción de algunos de sus dirigentes, son la estructura que los trabajadores con verdadera conciencia política de clase, tienen que depurar, fortalecer y transformar en una fuerza política y social junto a los demás sectores populares para construir una sociedad justa y solidaria.

La utópica teoría liberal de pleno empleo dejó de ser una posibilidad a partir de la automatización de las cadenas productivas de los años 50; hoy ha dejado de ser base del discurso de políticos y economistas neoliberales para ampliar la productividad, al contrario, el objetivo es la reducción del salario y del número de trabajadores en las empresas para ser exitosas y competitivas. La globalización del capital y el modelo neoliberal eliminaron el salario en las relaciones laborales a través de la flexibilización laboral que en la práctica anula el contrato de trabajo, la estabilidad laboral y las llamadas prestaciones sociales que formaban parte del salario. De la misma manera los trabajadores ven reducidas las posibilidades de pensionarse y de tener acceso a la seguridad social en la incertidumbre del mercado laboral. Hoy es la supuesta inversión extranjera en megaminería, comódities y las maquilas en los países de la periferia, las actividades de mayor crecimiento económico, que requieren un mínimo de fuerza de trabajo humana.

La mundialización del capital acabó con el concepto de trabajo o empleo clásico; la desarticulación del proceso de producción en la nueva distribución internacional del trabajo, distribuyendo temporalmente partes de este en diferentes lugares del mundo (maquilas) donde la mano de obra, las materias primas y las obligaciones fiscales sean de ínfimo valor; esto descentralizó la producción industrial, intensificó la superautomatización y la administración y control de la producción a distancia mediante las telecomunicaciones y la informática; desarticulando las relaciones laborales (no las relaciones sociales de producción) reduciendo al mínimo la reglamentación laboral que garantizaba estabilidad, seguridad social y salario al trabajador-a, que tanto defendieron los sindicatos en el siglo pasado.

Este proceso en Colombia fue a la par con la reducción del Estado y la entrega de algunas de sus funciones al sector privado, entre ellas la prestación de servicios públicos domiciliarios, la administración de las pensiones y las cesantías, las telecomunicaciones y la paulatina privatización de la educación y la salud, limitándose a adecuar el ámbito jurídico -militar y represivo- para garantizar el ingreso de la inversión extranjera, para lo cual también entrega empresas altamente productivas como Telecom, Ecopetrol y el sistema de generación y distribución de energía eléctrica al capital privado y transnacional; lo que trae consigo la pauperización del empleo, la multiplicación del desempleo, la entrega de los recursos naturales y energéticos a las corporaciones transnacionales y por consiguiente, más miseria.

Con las nuevas Tecnologías de la Informática y las Telecomunicaciones TIC, cualquier persona puede trabajar, (en el tiempo o la cantidad de trabajo que le exija la empresa o su jefe, al que no conoce) incluso operar equipos electromecánicos desde su casa sin conocer el proceso de producción ni a sus colegas, mientras viaja o mientras está sentado en el inodoro, trabajo en el que puede involucrar a toda su familia por la misma paga; la contratación, la supervisión de su trabajo y el pago de su salario lo hacen a través de su propio computador o su teléfono celular; lo que llaman ahora teletrabajo. Igualmente, si el trabajador opera en la planta de producción, tampoco puede conocer a sus compañeros porque un día son unos y al otro día otros, que los traslada la bolsa de empleo o la CTA. A la vez que pone a competir a los trabajadores entre sí, los aísla de sus organizaciones de clase. Los trabajadores desocupados ya no tienen posibilidad de un empleo “digno” -una falacia que justifica la esclavitud asalariada, que el gremialismo ayudó a mantener como un derecho, cuando es una imposición-.

En el capitalismo ningún trabajo es digno, porque quien vende su fuerza de trabajo (física o mental) tiene que obedecer sin poder cuestionar las condiciones de su esclavitud. Entre más dinero gana el trabajador, es más explotado, entre más dinero adquiere, más esclavo se vuelve del consumismo y más individualista -si no se educa políticamente-. Ni la explotación ni el sometimiento hacen digno a nadie, al contrario, niegan la dignidad.

“Que, durante el esclavismo, la esclavitud no fuese considerada delito no implica que se acepte, mansamente, una campaña burguesa exculpadora de todo atropello contra el género humano.  Que el capitalismo no considere a la explotación como un delito, en los hechos punible, no implica que debamos entonces celebralo como un triunfo de la legalidad burguesa ni como un ejemplo de fortaleza moral jurídica.” “Filosofía de la Justicia Socialista” – Fernando Buen Abad Domínguez – Rebelión/Universidad de la Filosofía – 2012

La capacitación para el trabajo es otra máscara que encubre la ineptitud del sistema laboral capitalista para supuestamente ubicar al trabajador en el puesto y con el sueldo adecuados. Cada día surgen nuevas especialidades y carreras que no tienen utilidad para generar ingresos ni aplicación en el área laboral, solo sirven para alcanzar otro escalafón, para “actualizarse” en la materia o para complementar la carrera profesional, lo que hace que el trabajador permanezca estudiando toda la vida para ser más “competitivo” y alcanzar un nivel de vida “digno” que nunca llega –técnicos, tecnólogos, semi-profesionales, profesionales, posgrados, diplomados-. Estas capacitaciones no mejoran en ninguna medida su nivel cultural ni su conciencia social para luchar políticamente contra los causantes de su situación económica y social, al contrario, obliga al trabajador o trabajadora a someterse y aceptar esta forma miserable de vivir.

Los movimientos gremiales de los trabajadores colombianos (desde los 90), dispersos por la disolución del pacto laboral, las políticas de flexibilización, la utilización de mecanismos no contractuales, desapareció la vinculación directa; entrando a administrar la fuerza de trabajo mediante la tercerización en todo tipo de empresas (CTA, Bolsas de Empleo, Contrato Sindical, Contratos de Prestación de Servicios). Más del 30% del empleo calculado por el DANE en realidad es desempleo disfrazado, cuando incluye al rebusque y el trabajo ocasional, generalmente de los y las jóvenes.

Para el trimestre móvil junio – agosto de 2013, la población de 14 a 28 años representó 32,5% de la población en edad de trabajar, su tasa global de participación fue 58,1%, la tasa de ocupación se ubicó en 48,5%, y la tasa de desempleo fue 16,4%.

 La tasa de desempleo de las mujeres jóvenes fue 21,6% y la de los hombres jóvenes 12,4%.

 El 41,9% de la población de 14 a 28 años correspondió a población económicamente inactiva. [2]

El mercado laboral es mediado por el desempleo (superior al 9% según DANE sept. 2013) y la tercerización de la economía; la mayoría de los trabajadores y trabajadoras participan en el sector terciario, mientras una minoría, en nuestro país, están vinculados al sector productivo.

“En el 2002 para el caso de las mujeres el 81.3% están en el sector terciario, distribuidas en un 42.3% en servicios, 30.4% en comercio, 6.3% servicios financieros, 2% transporte y el 0.3% electricidad gas y agua. Y los hombres con un total del 69.1% en el sector terciario distribuidos en un 23.2% en servicios, 25.3% comercio, 11.6% transporte, 8.2% servicios financieros, 0.8% electricidad, gas y agua. “…el sector agropecuario y la industria manufacturera respectivamente generan 17.5 por ciento y 12.8 por ciento del total del empleo. El primero apenas creció 2.6 por ciento y el segundo decreció -0.7 por ciento.[3]

La tercerización laboral, la fragmentación del proceso productivo en la nueva distribución internacional del trabajo y la operación automática a distancia; sumado a la persecución sindical, a la despolitización de las dirigencias sindicales y a la penalización de la protesta, han llevado a la pérdida de operatividad, capacidad de convocatoria y de dirección, además porque los sindicatos no trascendieron la lucha económica local y por estabilidad en sus puestos de trabajo; separados del resto de trabajadores que no tienen garantías laborales ni salarios mínimos legales, ni sindicatos que los defienda; aislando así a sus trabajadores de las luchas sociales y políticas de los otros sectores populares y del movimiento internacional de los trabajadores. De defensores, organizadores y educadores, muchos dirigentes sindicales se convirtieron en negociadores de los derechos de los trabajadores, únicamente orientando sus luchas por mejoras salariales dentro de las empresas que los explotan, algunos simplemente se conformaron con mantener el nombre del sindicato y una pequeña oficina alquilada, porque hasta la sede la vendieron. Los sindicatos se separaron del cooperativismo (les habría brindado mejores condiciones a los trabajadores en esta época neoliberal), prácticamente permitieron su extinción por el Estado; reemplazaron las directivas la acción directa de los trabajadores por pactos (generalmente basados en el incremento de la competitividad y la productividad) que los empresarios no respetan ni el Estado obliga cumplir. Estas actitudes del sindicalismo nublaron la visión de su propia emancipación, olvidando la premisa de Marx: “los proletarios no tienen nada que perder, solo sus cadenas”, aunque en realidad perdieron muchos de sus derechos y aumentaron sus cadenas.

La lucha de los trabajadores alejada de los demás sectores populares, actuando exclusivamente dentro de los códigos laborales burgueses, amansa a los rebeldes; el capital los encierra con sus leyes represivas y los despoja de sus reivindicaciones; los somete política e ideológicamente, los obliga a jugar con sus cartas. En este proceso influyeron las políticas de mundialización del capital neoliberal (impulsadas por Reagan y la Tacher en los 90), aplicadas con mayor fuerza a partir del desprestigio y desintegración del llamado socialismo real, pues gran parte de los movimientos sociales que enfrentaban el capitalismo, lo tenían como punto de referencia y paradigma (a pesar de los errores y desviaciones). El amedrentamiento, el chantaje, la cooptación y la corrupción inducida que hace el capitalismo, de individuos e incluso sectores sociales opositores beligerantes, termina con la desmovilización, claudicación y el desmonte de esos movimientos.

Obtenían más reivindicaciones los trabajadores de los años 20 y 30 del siglo pasado -cuando no había tanta legislación laboral- con sus movilizaciones y paros de solidaridad, luchando contra las multinacionales y el Estado, que lo que han logrado los sindicatos en los últimos 30 años, quienes han perdido lo ganado con lágrimas, sudor y sangre por los trabajadores del mundo desde la heroica lucha por los tres ochos. Claro que hay una explicación de la tragedia que ha vivido el pueblo colombiano, especialmente los trabajadores del campo y la ciudad con los regímenes terroristas y fascistas que la oligarquía y el imperio han impuesto en los últimos 85 años mediante la violencia política y económica, desde la masacre de Las Bananeras, llegando a ser en los últimos 20 años el país que ejerce más violencia contra los trabajadores (en los últimos 20 años se han asesinado, torturado y desaparecido a cientos de trabajadores sindicalizados por el solo hecho de defender sus organizaciones y sus derechos) pero esto no justifica la traición a los trabajadores por parte de algunos de sus dirigentes gremiales y políticos, que han cambiado sus puestos de trabajo en las empresas, por cargos burocráticos (en los sindicatos y las centrales) adquiridos politiqueramente a perpetuidad, sirviendo de comodines al gobierno de turno para justificar sus políticas, como en los casos de la imposición de la flexibilidad laboral y en la “concertación” del salario mínimo anualmente.

 

Violaciones del derecho a la vida, a la libertad personal y a la integridad física de las y los sindicalistas colombianos. 2011-2012

Tipo de Violación 2011 % 2012 % Variación
Amenazas 542 75,2 431 68,9 -20,5
Hostigamiento 61 8,5 49 7,8 -19,7
Desplazamiento forzado 51 7,1 90 14,4 76,5
Asesinatos 30 4,2 20 3,2 -33,3
Detención arbitraria 16 2,2 20 3,2 25,0
Atentado con o sin lesiones 12 1,7 7 1,1 -41,7
Desaparición 3 0,4 5 0,8 66,7
Secuestro 3 0,4 0 0,0 -100,0
Tortura 2 0,3 2 0,3 0,0
Allanamiento ilegal 1 0,1 2 0,3 100,0
Total 721 100,0 626 100,0 -13,2

Fuente: Escuela Nacional Sindical, Sistema de Información Sindical y Laboral (Sislab), subsistema Sinderh

La desaparición de muchos sindicatos de base o de empresa en la desindustrialización del país y la venta de las empresas del Estado, la desafiliación voluntaria y obligada, la no afiliación de nuevos trabajadores a los sindicatos, la no creación de nuevas organizaciones gremiales por los propios trabajadores, la aceptación de los contratos sindicales, el reclutamiento por CTA y bolsas de empleo y la prestación de servicios individualmente fuera de las plantas de producción y de las oficinas, además de las causas arriba anotadas, han contribuido a que el movimiento de los trabajadores se haya reducido en su unidad, en su formación política, en movilización y en combatividad. Muchos trabajadores sobreviven del rebusque y el subempleo sin ningún tipo de organización, generalmente indiferentes ante las movilizaciones de los trabajadores sindicalizados, situación que afecta mayormente a los y las jóvenes.

Por otro lado está el problema de los trabajadores pensionados y jubilados (que ganan menos de cuatro SMLV) que ven reducidas y hasta gravadas sus mesadas y aumentados los costos en salud, así mismo, los que reciben la pensión mínima -la mayoría- no puede cubrir sus necesidades básicas, pues muchos pensionados ahora tienen que sostener a sus hijos que no encuentran la forma de generar ingresos para el hogar; mientras los congresistas, magistrados y altos funcionarios multiplican a su gusto los salarios y pensiones cada vez que quieren. Las nuevas generaciones de trabajadores-as pierden paulatinamente las posibilidades de pensionarse, así aporten a fondos de pensiones. Esta situación tiene unos beneficiarios directos, los fondos de pensiones; después de ser capital social solidario de los trabajadores, fueron convertidos en fondos privados unidos al capital transnacional, entrando a jugar en la ruleta de las pirámides Bursátiles, contribuyendo a financiar infraestructura en otros países y guerras, generalmente contra pueblos pobres y los mismos trabajadores, en este juego; los fondos de pensiones también son respaldo para deuda pública.

“En la actualidad el 75 por ciento de las acciones de los fondos de pensiones en Estados Unidos financian empresas de guerra, es decir, por la vía de los fondos de pensiones los trabajadores pagan las guerras internacionales; vía fondos de pensiones los trabajadores adquieren deuda pública que luego van a justificar los planes de ajuste. Esta es la contradicción ideológica tan fuerte que ha logrado el neoliberalismo en el marco de su expansión; en Colombia el 50 por ciento de los títulos de deuda pública son títulos de los fondos de pensiones, y contra esto nos aplican sostenibilidad fiscal, recortes, reducción de derechos sociales.” (“Los retos que nos plantea el capital para ser poder hoy”. Por  Daniel Libreros www.desdeabajo.infoEdición N°197 Jueves, 28 de Noviembre de 2013)

 

La CUT, clasificada como de izquierda por la influencia que han ejercido las organizaciones y movimientos políticos de izquierda a su interior; por su combatividad frente al Estado y el sector privado, recoge a la mayoría de los trabajadores sindicalizados, entre los cuales más de la mitad corresponde a trabajadores al servicio del Estado, siendo de la FECODE (magisterio) la mayoría de integrantes de la CUT. La cantidad de trabajadores-as al servicio de la empresa privada es mínimo en las centrales de trabajadores-as colombianos, sobre todo cuando dentro de la misma central se da la división por puestos burocráticos y de aspiraciones personales electorales utilizando a los afiliados. Esta situación de desprotección y dispersión de los trabajadores es consecuencia (además del terror agenciado por el Estado oligárquico y utilizado por las empresas privadas) de la desindustrialización y la aplicación de las políticas neoliberales.

Número de sindicatos activos y afiliados, según clase de sindicato. A 2011

clase de sindicato

sindicatos%

afiliados%hombres Afiliados%Afiliados

mujeres%

Sindicato de gremio1.74650,48444.04753,45258.88649,4185.16160,37Sindicato de empresa1.28537,15198.60523,91136.49826,0562.10720,25Sindicato de industria41411,97185.70322,35127.11924,2658.58419,10Sindicato de oficios varios140,402.3770,291.5220,298550,28Total3.459100,00830.732100,00524.025100,00306.707100,00

Fuente: Sistema de información Sindical y Laboral (Sislab), subsistema Censo Sindical, alimentado con información suministrada por Ministerio de la Protección Social, CUT y Sindicatos.

El proletariado no ha desaparecido, al contrario, se ha multiplicado en los últimos treinta años, recogiendo a gran parte de la población lanzada de sus puestos de trabajo por el neoliberalismo con sus políticas de despojo y exclusión, a las periferias de las grandes ciudades, permaneciendo en la informalidad, la indigencia y el desempleo, pues el número de ricos disminuye inversamente proporcional a como las clases medias se proletarizan; el Neoliberalismo convierte a técnicos, profesionales y mandos medios en simples trabajadores calificados; elimina los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad; mientras la utilización de la ciencia, la tecnología y el chantaje de la supuesta superioridad de la “sociedad de libre mercado”, como medios para multiplicar las tasas de acumulación, han llevado a que el campesinado prácticamente haya desapareció en los países “desarrollados” y que en la periferia los productores directos del agro estén en proceso de extinción mediante el extractivismo, la violencia y los TLC como es el caso colombiano.

Si bien la clase obrera se ha reducido en la producción industrial, con la desindustrialización del país en los últimos 30 años, la mayoría de los trabajadores han pasado del sector primario y del secundario al sector de los servicios, en el cual los jóvenes y las mujeres son la inmensa mayoría. Estos nuevos sujetos insurgen por mejores condiciones laborales y por oportunidades de empleo; la izquierda y los revolucionarios deberían multiplicar esfuerzos en su formación política, en su organización gremial y política.

La organización gremial de los trabajadores es necesaria para mejorar sus condiciones económicas y de seguridad social, pero no los libera de la esclavitud; la lucha de los trabajadores sin visión política de clase, termina legitimando al capitalismo. No debería haber exclusión en los sindicatos, de los trabajadores de la misma rama industrial que no laboran dentro de las empresas, ni trabajadores con profesión y oficios o de servicios por fuera de los respectivos sindicatos, tampoco los trabajadores pensionados, despedidos y cesantes deberían estar por fuera de sus organizaciones de clase; así como estas organizaciones también deberían incluir representantes de usuarios y o consumidores de los productos y servicios que realizan los correspondientes trabajadores; los sindicatos también deberían plantearse objetivos políticos.

La lucha de los trabajadores no debe ser exclusivamente por el salario y la estabilidad laboral, es necesario la pelea por las 4 horas de trabajo, 4 horas de estudio, 4 horas de recreación e integración social, 8 horas de sueño y 4 de arte –creación-, cultura y cuidado colectivo del medio ambiente (reducir el tiempo de trabajo para disfrutar de actividades intelectuales, sociales y placentero descanso, no para esclavizarse consiguiendo otros empleos para aumentar la explotación y el consumismo como lo impone el capital); incluso con su transformación los sindicatos podrían obligar al Estado, mediante la movilización popular, a concertar los salarios, los precios y la calidad de los productos y servicios en mejores condiciones políticas. En esta época la lucha popular debería ser por la abolición del trabajo (capitalista), junto a la lucha por la redistribución equitativa de la riqueza, en la que la acción de los trabajadores es determinante para la destrucción del sistema de explotación capitalista y la construcción de una sociedad igualitaria y solidaria.

Estas organizaciones podrían movilizar a los trabajadores (activos, parados y sin organización) para exigir al Estado actual establecer una renta familiar, como existe en muchos países de Europa y América, que cubra las necesidades básicas en condiciones dignas (con garantías en seguridad social) a quienes pierdan sus puestos de trabajo por el cierre de industrias o por el desempleo estructural generado por la innovación tecnológica, y a quienes por alguna circunstancia no puedan trabajar; para las personas con capacidad de trabajar, exigir al Estado promover y proteger el desarrollo de una industria estatal, cooperativa y comunitaria, apropiada al bienestar de todos los colombianos y colombianas. Exigir la entrega del manejo de los fondos de pensiones y cesantías a los trabajadores y pensionados organizados y el sector cooperativo; De igual manera unirse los sindicatos con los productores directos del agro en una lucha política por una revolución agraria y agroindustrial a partir de la ejecución de la ansiada Reforma Agraria con soberanía alimentaria; hacer un frente común con los demás sectores populares para obligar al Estado a apoyar, subsidiar y fortalecer las actividades en educación, salud, recreación, artísticas, en recuperación ambiental y social generadas y desarrolladas por las comunidades en campos y ciudades como fuentes de ocupación e ingresos.

Las nuevas asociaciones integradas por trabajadores, usuarios y consumidores populares podrían plantearse una plataforma de lucha humanitaria por la desaparición de industrias y tecnologías innecesarias y peligrosas para la humanidad y el planeta, por ejemplo la explotación de minerales no necesarios, depredadoras y contaminantes (minería a cielo abierto y de socavón, Industria química tóxica), la producción de autos consumidores de combustible fósil y agrocombustibles, la fabricación y utilización de armas de guerra, la producción y uso de agrotóxicos, la explotación petrolera y los bancos, lucha liderada por los trabajadores de estas industrias; se podría exigir la utilización de robots para tareas peligrosas como la minería, la siderúrgica, la química y otras de alto riesgo; claro que estas organizaciones ya no serían sindicatos, sino organizaciones populares por sectores de la producción y de los servicios, que podríamos llamar Societatos, como lo propone el periódico desde abajo.

Las organizaciones gremiales de los trabajadores ya no como vanguardias individuales, sino como partes de un sujeto político, (colectivo) están llamadas a crear instrumentos políticos, económicos, sociales y culturales de poder popular para enfrentar al capitalismo e imponer un régimen democrático-popular. La lucha política de los trabajadores, como la de todos los sectores oprimidos y explotados es por la emancipación, la libertad y la construcción de una sociedad justa y solidaria. Esta nueva organización política-social nacional revolucionaria con elementos antisistémicos (frente unitario popular, OPM, o Bloque de Unidad Popular) que trasciende el gremialismo requiere de la unidad con las clases y sectores populares que es urgente integrarla, en unidad con las organizaciones sociales, culturales, comunitarias y de autonomía como los Cabildos, los Consejos Comunitarios, las Coordinadoras Barriales y regionales, organizaciones de defensa del territorio contra megaminería y megaproyectos, asociaciones de productores populares, de profesionales, etc. que cumpla con las tareas de coordinación, articulación, planeación, desarrollo de las tareas en la construcción de la democracia popular para un nuevo país, para el bien vivir, para nuestro socialismo.

 Por: Gonzalo Salazar “Cuadernos de Reencuentro”

_________________________________________________________

[1] Educación en las globalizaciones – Marco Raúl Mejía

[2]DANE: Resumen ejecutivo – mercado laboral de la juventud trimestre junio-agosto 2013

[3] Escuela Nacional Sindical ENS – WWW.ens.org.co

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s