¿De qué se trata la revolución?

Por Eduardo Pérez, “Cuadernos de Reencuentro”

Acompañando la nutrida marcha del Primero de Mayo, se vio salir un muchacho completamente cubierto, que se subió a una ventana y con un tubo dotado de empuñadura comenzó a quebrar los vidrios de una institución educativa; luego fue secundado por una piedra que venía de atrás. No se quiere calificar esta acción como buena o mala, porque habría que sopesar muchos aspectos, pero sí interpretar su significado. Lo que se ve es una persona que muestra su malestar, tal vez con el sistema educativo, con su papel social, con el estado; realmente no es mucho lo que se puede tomar claramente de esta acción. Sin el ánimo de señalar, surgen otras inquietudes acerca del protagonista; ¿será un hijo cariñoso con sus padres? ¿Será un buen hermano, vecino o compañero? ¿Qué papel cumplirá organizando a las personas de su sector o a sus allegados?

 Es de este suceso del que surge la pregunta ¿De qué se trata la Revolución?. Tal vez para otros se reduzca a que miles, vestidos con camisa roja, desfilen bajo su brazo izquierdo extendido, a ocupar cargos públicos para “hablar” a favor del pueblo o echar discursos, a repartir puestos entre sus seguidores, a usar mochila y dejarse el pelo largo, a poner petardos o a nacionalizar empresas. Parece que no existe un consenso, al momento de precisar (o quizás todas estas acciones tengan su contenido revolucionario). Tal vez con los vidrios caigan las relaciones de producción, las estructuras o la ideología del sistema capitalista (o contribuyan a esta caída). Hace falta un debate al respecto.

 Otra posibilidad es que con la Revolución se trata más de construir, de organizar la más amplia participación democrática para que las personas definan la forma en que debe organizarse la sociedad, cambiándola hacia una con justicia, con igualdad de oportunidades, con protección, con respeto. No se pueden desenfocar las acciones populares ni desperdiciar los esfuerzos y hay que trabajar por transformaciones reales.

 Sin la participación de las masas no podrá surgir una nueva sociedad; sin su movilización, las acciones y propuestas llevarán la marca del capital porque surgen de las necesidades de otros sectores (como la pequeña burguesía en sus diversas formas: intelectual, vanguardista, oportunista, que busca privilegios, un nuevo status). Hay que trabajar por las comunas autónomas; que lo sean en lo político, económico, educativo, alimentario y demás aspectos del ámbito social; sólo así se podrá fundamentar un poder popular que construya su propia propuesta y que enfrente los bloqueos del gran capital.

 Esta es la experiencia zapatista; (nada de doctores elegidos en los comicios de la oligarquía):

 “Las Juntas de Buen Gobierno desempeñan un papel sumamente importante en el desarrollo de los pueblos zapatistas. Generan e impulsan iniciativas colectivas bajo los 7 principios del “Mandar obedeciendo”.

1.- Servir y no servirse.

2.- Representar y no suplantar.

3.- Construir y no destruir.

4.- Obedecer y no mandar.

5.- Proponer y no imponer.

6.- Convencer y no vencer.

7.- Bajar y no subir.

Son la autoridad, pero responden a las necesidades de sus pueblos. Son éstos últimos que deciden en asamblea quién los representará en la instancia máxima de sus niveles de gobierno.”

Hay que celebrar las diversas acciones que buscan transformar el mundo y los heroicos esfuerzos de quienes le ponen la cara al trabajo social en un medio tan violento.

Por Eduardo Pérez, “Cuadernos de Reencuentro”

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