Tercera via

 

La oligarquía ensaya ahora la tercera vía en Colombia

Por: Eduardo Pérez

Luego de las dos guerras mundiales del siglo XX, comenzaron a coronarse victoriosos los procesos de liberación nacional de las colonias. Los gobiernos así surgidos, fueron calificados como dictaduras por parte del imperialismo, argumentando que no respetaban los modelos establecidos para la elección democrática. Así se justificaron ante el mundo, los bloqueos, las agresiones y las intervenciones militares directas.

El surgimiento de un polo de poder conformado por países socialistas, dio origen a la llamada Guerra fría, que habría de enmarcar las relaciones internacionales. Miles de luchadores populares, de líderes nacionalistas y de demócratas cayeron prisioneros o muertos al ser señalados de comunistas; se sacan y difunden todo tipo de argumentos ideológicos para desprestigiar al comunismo ante los pueblos, al mejor estilo de lo que describen los clásicos en el Manifiesto. Las personas, las organizaciones y los países se convirtieron en víctimas de esta guerra.

El imperialismo norteamericano, con la “Alianza para el progreso” en la década de los sesenta, trató de rellenar con leche y harina, las hondas e históricas brechas sociales de América Latina, a la vez que las mantiene mediante criminales acciones contrainsurgentes sin límite de fronteras. El mundo ha sido testigo de cómo se invaden países, se tumban gobiernos, se arrasan poblaciones, se desplazan campesinos hacia las ciudades como mano de obra mendicante y se imponen dictaduras que conserven el orden capitalista.

La existencia de estos bloques condujo a deformaciones de la interpretación de la realidad mundial y nacional que afectaron tanto a la izquierda como a la derecha. Algunos grupos revolucionarios creyeron que la ideología también podía imponerse a la población sin que medie el debate formativo; otros ensayaron enraizarse en movimientos progresistas utilizando los pensamientos liberales que pregona la sociedad burguesa. Por el otro lado, los más rancios derechistas  aún ven en la más mínima oposición, a insurgentes dispuestos a lesionarles sus privilegios.

Entre aciertos y desaciertos, muchos revolucionarios reflexionaron. Fue así como algunos lograron ser gobierno por medio de la vía electoral, respetando el modelo de democracia burguesa y dejando sin piso la atrasada calificación imperialista de dictadores. Estos nuevos gobiernos se convirtieron en molestos a los intereses del imperialismo porque no olvidaron las penurias de sus pueblos, las reivindicaciones nacionalistas ni los deseos de libertad. Entonces los juegos democráticos y sus instituciones se volvieron un problema para los dueños del capital porque develaron grietas por las que pueden colarse personas incómodas que cuentan con la simpatía popular.

La burguesía se ve obligada a volverse contra las teorías liberales que pregonó en su nacimiento. Apoyan ahora más abiertamente, a toda clase de grupos y de acciones que entorpezcan los caminos libertarios de los pueblos y que ataquen a los gobiernos legítimamente elegidos. Esta es la estrategia para la agresión, que es lo que se ha visto en Cuba, Libia, Siria, Irán, Ucrania y en cualquier país independiente, como es el caso de Venezuela, en donde la oligarquía – para su propio mal- usa los servicios de los tenebrosos grupos paramilitares enviados desde Colombia, materializando así la criminal alianza de las derechas. Para evitarse todas estas molestias los imperialistas adelantan también acciones preventivas en los países que se mantienen servilmente bajo su órbita.

Se trata entonces de ensayar ahora una tercera vía que no evidencie las intenciones neoliberales, pero que tampoco abra puertas democráticas que se salgan del control. Esta la orden y la herramienta que coloca el imperio en las manos de las oligarquías que operan en la región y que encarna muy bien el gobierno de Juan Manuel Santos (labor en la que los paramilitares, vestidos de centro democrático, no aprobaron el casting ante sus amos del norte, pues les tienen reservados otros papeles, menos decorosos para la siguiente fase). Se idea otra manera de continuar haciendo malabares con los conflictos sociales y de manipular a otra generación de colombianos. De ahí que se corre el peligro de que la paz, que es una necesidad sentida, se convierta en un velo para tapar los crímenes de estado, pasados, presentes y futuros. Porque los pueblos nunca van olvidar sus deseos de libertad y ya se sabe cuál ha sido la respuesta de los que detentan el poder; con reveses y caminos de duda, la historia marcha hacia el establecimiento de sociedades humanistas.

En la sociedad burguesa todo se organiza para responder a las necesidades de los capitalistas. Así mismo, de las acciones adelantadas para resolver las necesidades de la población, irá surgiendo una nueva sociedad de democracia real,  con adelantos y retrocesos. Ningún sistema ha nacido totalmente formado; el capitalismo, tal como lo conocemos hoy, se ha venido acomodando a través de los siglos. El socialismo tampoco va a nacer perfecto en ninguna parte del mundo; la crítica y la auto crítica son herramientas metodológicas que fortalecen ante los errores, que si no son acertadamente corregidos pueden llevar al derrumbe, tal como ocurrió con la Unión Soviética después de setenta años de experiencia revolucionaria, que duró menos de cuatro generaciones; pero que es un gran acumulado para la humanidad. La gloriosa Comuna de París –el primer estado obrero de la historia- vivió para siempre durante escasos setenta días. Desde entonces las propuestas de gobierno popular, van avanzando.

El que busca calificar el accionar de los humanos, primero establece una definición de acuerdo con sus paradigmas y a partir de allí dice quiénes cumplen sus preceptos y quiénes no y estos son los que están equivocados según su punto de vista. Así, cuando se habla de crisis en Venezuela, hay que tener en cuenta que esta afecta es al decadente sistema capitalista; el socialismo, es decir, el humanismo apenas germina.

Calificando de acuerdo con los intereses del capital, los medios burgueses lanzan a diario cuestionamientos desenfocados acerca del proceso venezolano y marcan permanentemente los errores, como si imparcial y sanamente les interesara que la revolución rectifique; proceder que no es más que parte de la estrategia de la propaganda contrarrevolucionaria para advertir lo que les pasará a los países que quieran imitarlos. Lo lógico sería que si un enemigo se equivoca, que siga su camino equivocado.

Más desatinado es aún que estos cuestionamientos se hagan desde países, que como Colombia, tienen regímenes construidos sobre masacres, magnicidios, desapariciones, desplazamientos, robos de tierra y corrupción. Los retardatarios de esta región y del mundo, no ven estos horrores como errores, pero sí les interesan mucho las guarimbas y el bullicioso despliegue propagandístico para denunciar que en Venezuela no hay papel higiénico.

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