INCONSECUENCIAS

 Inconsecuencias

Por: Ricardo Robledo

La policía en Estados Unidos, que son representantes del gobierno, le aplica una llave en el cuello a un ciudadano hasta ahogarlo; su delito: vender cigarrillos ilegalmente, al menudeo. En el caso de la señora Machado, (sindicada de intento de magnicidio), desde allá quieren determinarle a Venezuela cómo debe tratar a sus investigados; con toda seguridad esta señora no va a morir asfixiada a manos de los representantes de la justicia; no corre tal riesgo.

En todas partes del mundo, las sociedades y sus gobiernos deben garantizarles a los ciudadanos el libre ejercicio de la discrepancia política, a expresarla abiertamente sin que sean perseguidos o que a consecuencia de ello pongan en riesgo sus vidas. En su contraparte, la oposición no debe urdir intrigas, maquinaciones, sabotajes, acciones violentas contra los gobiernos legítimamente instituidos; a cambio de no enfrentarse con la ley. En cada caso se afrontarán las consecuencias de las acciones.

La garantía para la protesta no es o que ha pasado en New York, Ayotzinapa, ni en Colombia ni en muchas partes del mundo. En Venezuela, la derecha ha tenido plenas garantías y allí no ocurren masacres ni crímenes de estado, como si ocurren en los países que interfieren con los asuntos internos del país que rescata el pensamiento bolivariano para la integración, la fraternidad y la paz mundial.

En todas las épocas de la historia los opositores se han enfrentado casi siempre de manera apasionada e irreconciliable. La mayoría de la veces la radicalidad no permite encontrar puntos de acercamiento, que es lo que sería de esperar en una sana actitud ya que la realidad es una sola y no debería ser interpretada -por seres semejantes- desde puntos tan diferentes y distantes. De esos desencuentros surge la violencia. (Es una muestra que confirma que estamos en la prehistoria de lo humano). Esto ocurre porque en las sociedades humanas, las personas tienen intereses económicos que se enfrenta y chocan.

Los desposeídos buscan la libertad y el derecho al pleno disfrute de la existencia; los poseedores, la defensa de sus propiedades y el ejercicio de la superioridad despótica a partir del control de las condiciones materiales y espirituales de vida de los expoliados. La desigualdad social tiene un origen histórico y así como apareció producto de la acción de los humanos, así puede desaparecer. La naturaleza en todas sus formas, es un bien de la humanidad, no de unos pocos, que es lo que no quieren entender. Los seres humanos no pueden ser propiedad de otros humanos. El hábitat para la vida no puede ser destruido y menos en razón de la rentabilidad.

La tambaleante sociedad capitalista, no puede garantizarle las condiciones de vida a los seres humanos; cada vez el número de pobres crece en todas partes del mundo; millones sufren las privaciones y no encuentran respuesta a sus necesidades de alimento, habitación, salud, educación y superación. El individualismo es derrotado cada día por la cruda realidad del cierre de opciones y el consecuente empobrecimiento. Ya el mundo no puede seguir así, como quiere la derecha. Todas las personas son iguales ante la naturaleza y tienen derecho a una vida digna; éxitos para los gobiernos que, enfrentando miles de dificultades y tropiezos, trabajan para hacer esto posible.

 

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