Mendicidad, Mala Consejera

Por: Gonzalo Salazar, “Cuadernos de Reencuentro”

En los países del norte, llamados desarrollados, existen Organizaciones privadas No Gubernamentales para proteger el medio ambiente, para ayudar a las mujeres, a los niños, a los desplazados, a los perseguidos políticos, a los pobres de los países del “tercer mundo”, la mayoría financiadas y o dependientes política y económicamente de transnacionales y de instituciones estatales e internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial, la Unión Europea y la OTAN, que en realidad están al servicio de esos estados e instituciones; algunas lo hacen con buenas intenciones, pero generalmente esas ayudas les niegan a los pueblos las posibilidades de reivindicación de sus derechos y su emancipación para combatir las causas reales y originarias de sus problemas.

Estas “ayudas” en muchos países empobrecidos solo han servido para dividir, corromper y enfrentar sectores populares entre sí por las migajas que envían dichas agencias filantrópicas del norte a los mendigos del sur “subdesarrollado”, muchas veces con la complacencia de supuestas organizaciones de izquierda que también han sido financiadas por esas ONG, mientras las multinacionales y transnacionales de los países del norte continúan saqueando y oprimiendo a los pueblos del oriente y del sur. Las ONG internacionales hacen parte de los planes imperialistas de dominación neoliberal en la aplicación de políticas económicas y financieras como las Reformas Estructurales a los Estados, y los Ajustes Macrofiscales.

De esos países (USA, Canadá, Israel, Inglaterra, Francia, España, Holanda, Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania…) vienen los asesores militares que entrenan y arman a los militares y paramilitares que asesinan, violan, torturan y desplazan  a nuestros pueblos; vienen sus ONG con investigadores sociales a robar tesoros culturales, a cambiar las cosmovisiones de los pueblos para justificar la extracción de sus recursos biológicos, minerales y energéticos; vienen con técnicos exploradores como parte del plan neocolonial. Muchas de esas instituciones a la vez son financiadas por las mismas transnacionales que explotan, expolian y financian las guerras contra nuestros pueblos. El coltan, el oro, la plata, el litio, el níquel, el cobre y muchos minerales que utilizan las corporaciones transnacionales de las telecomunicaciones y la cibernética para fabricar aparatos eléctricos y electrónicos (teléfonos móviles, ordenadores, controles digitales)  los extraen de nuestros territorios violenta, legal e ilegalmente, utilizando mafias esclavistas, los autodenominados países “democráticos” y “pacifistas” de Europa y Norteamérica, de donde viene la supuesta Cooperación Internacional, de la cual es parte la ayuda de sus ONG. Después vendrán las ONG de los emergentes con los mismos métodos y objetivos.

            La injerencia de ONG internacionales y nacionales en las organizaciones indígenas, campesinas –recordemos el Instituto Lingüístico de Verano y su proyecto Lomalinda, supuestamente antropológico, los cuerpos de paz- comunidades negras y en las periferias de las ciudades, “preocupadas” por la situación que estas viven, generalmente terminan cumpliendo objetivos nocivos (esterilización y utilización como conejillos de indias a nuestras comunidades, robo de sus conocimientos ancestrales, apropiación de los bancos genéticos, apropiación de sus territorios) pues además de inspeccionar nuestros territorios en busca de minerales y riquezas naturales, desvían sus luchas por autonomía, condicionándolas, creando dependencia con programas de beneficencia y la ejecución de micro-proyectos productivos individuales y locales, aislándolas políticamente de otros sectores sociales, impidiéndoles su propia organización, cambiando sus culturas; como lo han hecho las fundaciones Rokefeller, la Ford, Palmolive, entre otras en Colombia. Muchas ONG “nacionales” son financiadas por otras ONG internacionales y por empresas transnacionales que monopolizan grandes sectores agroalimentarios, laboratorios de genética, bioquímica y biotecnología y del mercado minorista de alimentos (Monsanto, Cargill, Tyson), que llenan de hambre y pobreza a campesinos y pobladores de nuestras ciudades; otras hacen el trabajo de acondicionamiento ideológico cambiándoles sus cosmovisiones generalmente mediante asesorías técnicas y de “desarrollo comunitario”  que incluyen la cooptación y el reclutamiento político y religioso, en los territorios donde se tiene programado la instalación de plantas extractivas o donde se van a construir megaobras que benefician a las transnacionales.

En pleno proceso de negociaciones del gobierno con la insurgencia, algunos funcionarios han expresado que los recursos y la ejecución de los programas sociales que surjan del proceso de paz serán administrados por la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID, por sus siglas en inglés) además de la NED, supuesta fundación para el “desarrollo de la democracia”, que cumple funciones de sabotaje, planeación, organización y dirección de atentados, revueltas y golpes políticos y militares a los gobiernos progresistas y disidentes de la égida norteamericana, tal como sucedió en Honduras, Paraguay, Venezuela, Ecuador, Bolivia y en muchos países con las “revoluciones de colores” (utilizadas en la supuesta primavera árabe, en el norte de África y Europa del este), en la estrategia de las guerras de cuarta generación o asimétricas. No serán solo ONG norteamericanas las que van a asesorar y ejecutar programas y proyectos sociales en el posconflicto, pues las europeas han sido muy activas y continuarán en este proceso. También las empresas transnacionales invierten en lo que ahora llaman responsabilidad social –además para reducir el pago de impuestos- con  las comunidades donde explotan  nuestros recursos energéticos, como la Pacific Rubiales, la Drumond o la Anglo Gold Ashanty, con gran despliegue publicitario de pequeños proyectos “comunitarios” y microproyectos productivos individuales insostenibles a mediano plazo en sus zonas de operación, directamente y a través de sus propias ONG.

En las ciudades algunas ONG causan daños a los sectores populares, con sus programas de educación y de asistencia social, destruyendo sus organizaciones, convirtiendo en indiferentes sociales o en aliados del régimen oligárquico y en mendigos a los pobres. Esas ONG y la proliferación de sectas religiosas venidas del norte, dividen a los movimientos sociales, promoviendo el individualismo y el conformismo, igual que lo hacen los politiqueros. Claro que existen unas pocas ONG que prestan ayuda a sectores vulnerables como las víctimas del conflicto (de Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario), y a los perseguidos políticos, pero son la excepción. Las ONG de diversas procedencias han tenido asiento en nuestros territorios. En los 50 del s XX estuvieron algunas europeas, en los 60, en su mayoría norteamericanas, como las fundaciones Rockefeller y Ford, “cooperaron” con programas asistencialistas y de formación profesional dentro del programa estratégico Alianza para el Progreso con sus componente militar y civicomilitar (plan LASO) similar al Plan Colombia, con la CARE que donaba alimentos enlatados a las comunidades y escuelas en las zonas de guerra; en la educación superior con algunos programas de investigación científica en las universidades públicas, tratando de frenar la lucha estudiantil contra el imperialismo norteamericano. Recordemos que los ataques a las colonias campesinas, (El Pato, Guayabero, Marquetalia, Rio Chiquito) integradas por desplazados y perseguidos, quienes conservaban sus Autodefensas, se da en los años 60 en el marco de este plan, en el que participaron ONG norteamericanas (CARE), como parte de su estrategia anticomunista y en apoyo al pacto liberal-conservador del Frente Nacional, formado después de masacrar a más de 300.000 campesinos,.

Hoy también lo hacen ONG españolas, holandesas y canadienses, “extraño”, cuando empresas de estos países están invirtiendo en ramas como la megaminería, la banca y las telecomunicaciones. La mayoría de ellas son parte de los planes imperialistas europeos y norteamericanos, que preparan el terreno político y social para el despojo y el saqueo de nuestros recursos naturales energéticos y mineros dividiendo a las comunidades objeto de sus actividades; agencias como la norteamericana USAID, (depende de la CIA y el Departamento de Estado involucrada en sabotajes, conspiración contra pueblos y desestabilización de gobiernos disidentes de las políticas norteamericanas en todo el mundo, que en muchos casos han incluido atentados terroristas y golpes de Estado militares y civiles) que actúa a través de la NED y muchas ONG nacionales e internacionales en todo el mundo, organizaciones que a la vez cumplen funciones de espionaje e inteligencia militar en contra de los mismos campesinos e indígenas y demás sectores populares que dicen ayudar.

En los países empobrecidos de África (Somalia, Ruanda, Etiopia …) permanecen muchas ONG “humanitarias” supuestamente aliviando el dolor de la violencia y el hambre, llevándoles a las víctimas ayudas y consuelo, pero la situación empeora, puede que algunas lo hagan de muy buena voluntad, pero las mafias internas y transnacionales continúan financiando guerras intestinas, para saquear los recursos naturales mineros, energéticos, biológicos, cada una con su ejército privado, destruyendo la soberanía alimentaria, sumiendo en la miseria y la ignorancia a todo un continente, con billones de dólares de ganancia ilícita, en complicidad con la ONU y sus instituciones (FAO, OMS,  FAO, UNICEF, PUND, ACNUR).

La mejor ayuda que pueden hacer los pueblos, los humanistas, los trabajadores los revolucionarios y las ONG humanitarias de los países del norte es no ayudar con migajas, por el contrario, deberían:

  • Educar a sus sociedades para que frenen el consumismo y produzcan con sus propios medios lo que necesiten para vivir, como lo hacían siglos atrás.
  • obligar a sus estados y corporaciones transnacionales a devolver a los pueblos las riquezas naturales (recuperación de ecosistemas, especies, limpieza de los océanos, fertilidad de la tierra) y los tesoros históricos y culturales que se robaron y que ostentan en lujosos museos e infraestructuras.
  • Obligar a sus Estados a resarcir económica y moralmente por sus prácticas colonialistas, genocidas y racistas ejercidas contra los pueblos del sur históricamente.
  • Acusar judicialmente y Denunciar internacionalmente a sus gobiernos y transnacionales de los daños ecológicos y sociales que ocasionan con sus acciones de saqueo de recursos naturales y de endeudamiento de nuestros países;
  • Obligar a las transnacionales de sus países a entregar a los pueblos donde explotan recursos naturales, todas las plantas de explotación (fabricas, infraestructura, bancos) sin ningún tipo de pago o indemnización, como parte del pago por los daños causados en los últimos 300 años.
  • Exigir a los organismos financieros (FMI, BM, BID) a condonar todas las deudas impuestas a los pueblos del sur, o cobrárselas personalmente a los funcionarios que recibieron y dilapidaron dichos recursos; exigiendo a su vez la desintegración de estos organismos.
  • Exigir la desaparición de la Organización Mundial de Comercio, eliminando las leyes sobre patentes y propiedad intelectual, reconociendo la propiedad colectiva de de los conocimientos y saberes que de la naturaleza han desarrollado y acumulado los pueblos originarios y modernos en sus territorios
  • Obligar a sus estados a acabar con los Complejos Militares Industriales europeos y norteamericanos, prohibiendo la exportación de armas, exigiendo desmovilizar a sus ejércitos involucrados en guerras de exterminio y despojo contra otros pueblos, desintegrando la OTAN.
  • Convocando al tribunal de los pueblos para que juzgue a esta organización y demás organismos “multilaterales” a los gobiernos y empresas que promovieron, financiaron y se beneficiaron de estas atrocidades, y a los militares ejecutores, por los crímenes de lesa humanidad y lesa naturaleza.
  • Oponerse, a las guerras contra los pueblos del sur, vetando comercial, política y diplomáticamente a los gobiernos represivos, genocidas, ilegítimos que oprimen y reprimen a sus pueblos, como el colombiano.
  • Defendiendo las luchas de liberación nacional y social de nuestros pueblos, reconociendo y respetando la Autodeterminación de los pueblos; pero sobre todo.
  • Eliminando política y económicamente a sus oligarquías y monarquías imperialistas guerreristas, construyendo una nueva sociedad humanista, justa y solidaria en sus países, que para subsistir no necesiten oprimir, explotar, asesinar y saquear a otros pueblos.

La solución a los problemas de corrupción, despilfarro y apropiación personal del erario no se puede dar con el perfeccionamiento del sistema capitalista; en los países enriquecidos se pueden dar el lujo de “depurar” y adecuar sus estados a las necesidades de sus élites, dando la sensación de una democracia justa, pero no olvidemos que esos países son ricos por la expropiación y el despojo que han realizado sus burguesías durante siglos a sus propios pueblos y a diversos países de Asia, África y América Latina, razón por la cual las multinacionales y los millonarios de esos países les tiran migajas a sus ciudadanos; haciéndoles creer que el capitalismo es justo, democrático y bueno. Manteniendo a sus pueblos contentos, impiden que estos se preocupen por la situación política y social de los otros pueblos, solo pueden ver la miseria y la violencia como un mal imposible de cambiar, y por lo tanto lo único que se puede hacer es ayudarles a los “atrasados” o subdesarrollados con pequeños proyectos humanitarios o con el asilo político a las víctimas, con la supuesta Cooperación Internacional; no están interesados en eliminar al capitalismo.

Tampoco podemos obviar las ONG nacionales (fundaciones, corporaciones), que en su mayoría cumplen la misma función, reemplazando al Estado en el asistencialismo y en el desvío de recursos para necesidades básicas, cuando administran programas educativos, culturales o de generación de recursos para las comunidades pobres, además, algunas veces actúan como representantes de las comunidades y de sectores sociales; otras veces como bancos, como organizaciones políticas y o religiosas. En general estas organizaciones actúan como empresas privadas al servicio de ONG internacionales, de grupos políticos, de empresas privadas y del mismo Estado, por lo que se les puede llamar  Organizaciones Progubernamentales. Como en todo, hay dignas excepciones, pero este tipo de organizaciones no deben existir en una sociedad democrática, equitativa y solidaria.

La mentalidad de mendicante que se mantiene con el asistencialismo y la Cooperación Internacional viene de la misma oligarquía que siempre necesita de otros, internos y externos, para mantenerse y servir al capitalismo nuestras riquezas; por esto vemos y escuchamos campañas mediáticas promovidas por el capital privado, por ONG e instituciones del Estado para ayudar a los soldados lisiados en la guerra contra el pueblo, Solidaridad por Colombia, el Banquete del Millón de la iglesia católica, y las que diariamente hacen los medios por los niños descalzos, enfermos, sin casa, sin estudio Etc., todo por la incapacidad del Estado oligárquico, tanto, que la mendicidad se palpa todos los días en las calles, en los semáforos, en los buses (reprimida, estigmatizada y escondida cuando le conviene a los gobernantes), como en la cantidad de loterías, chance y rifas, de donde salen los recursos para la salud.

Las ONG volverán a la palestra en el supuesto posconflicto para apaciguar las ansias de justicia social, dando dulcecitos a las víctimas y despojados para que la estructura del Estado siga igual, al servicio del capitalismo criollo y transnacional. Sin embargo el inconformismo continúa creciendo y los sectores populares buscando alternativas a la pobreza y la dependencia, se expande la preocupación por la construcción de un mejor país por fuera de la institucionalidad de este Estado, se pone en el orden del día la organización y la solidaridad, las iniciativas colectivas, la producción y el intercambio de productos e ideas, la creación de redes y bases del poder popular con nuestros propios recursos, simultáneamente a la protesta y a la exigencia al Estado de soluciones reales a los problemas del pueblo.

 Por: Gonzalo Salazar, “Cuadernos de Reencuentro”

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