Nace la Corporación Jesús María Valle

 

VIDA Y MUERTE: ANTAGONISMOS QUE CONVERGEN EN UN INDIVIDUO HISTÓRICO

Conmemoramos hoy el nacimiento de la Corporación Jesús María Valle Jaramillo, diez y siete años después de la abrupta desaparición de su inspirador. Esta contradicción la resuelve la proyección de un espíritu humanístico cuyas virtudes demuestran que la eternidad es de los humanos; y la inmortalidad, de los dioses. Una persona jurídica colectiva trasunta elaboraciones intelectuales, anhelos y propósitos que en el contexto histórico justifican su existencia.

Pretenden sus fundadores revitalizar los procesos de creación de organizaciones proyectadas desde  y para la sociedad civil; aspiración a la que le es inherente un móvil ético considerando su relación con el estado, como la instancia de legitimación de la supra estructura de poder político y público.

Desde 1991, se consagra con calidad de principio fundante, el estado social de derecho como el conjunto de medios, métodos e instituciones, garantes del trabajo, la solidaridad, la primacía del interés general y la dignidad humana.

La biografía del jurista y académico que nos convoca hoy, testimonia una actividad con relevancia e idoneidad en el abogado litigante, el docente universitario, el conferencista, el organizador social y el crítico a todo desvío de poder.

Si el testimonio de vida de Jesús María Valle Jaramillo, es respetado por este colectivo de abogados, humanistas, pensadores, sociólogos y ciudadanía en general, su existencia será garantía en la defensa no sólo de los bienes naturales, sino de una sociedad justa.

Hay una notoria diferencia entre la praxis jurídico política del académico Valle Jaramillo y la que emprenderá la organización que pretende proyectar  su memoria; como líder estudiantil, como ciudadano e intelectual, Jesús María invocaba como paradigma del acontecer en la relación individuo estado y sociedad estado, categorías axiológicas como los principios, los valores, los derechos y las garantías, concepción filosófica de la que adoleció el constitucionalismo colombiano del Siglo XIX. Pero la formación filosófica y la rigidez teórica, doctrinal, y técnica del protagonista de esta conmemoración, le permitió ir más allá del positivismo exegético e invocar instituciones y postulados del derecho contemporáneo, aún no reconocidos en la legalidad interna del país.

Este colectivo in-memoriam, hereda del legado de su inspirador, un momento jurídico político, con instituciones, métodos y medios más expeditos para llevar la eficacia de la constitución al sentimiento del ciudadano.

La notoriedad profesional del líder inmolado, se daba en el derecho penal; la humanización de esta disciplina fue asumida también es sus discursos y en su práctica, pues el Congreso Mundial de Criminología de 1985 contó con sus aportes, no sólo como conferencista, sino como organizador.

Recordar un apostolado, con sus enseñanzas en la valoración del concepto de familia, la elegancia del verbo, la disciplina en la docencia y en el ejercicio profesional, se hace indispensable para superar las condiciones desfavorables en la actual coyuntura para la paz, porque los móviles que originaron la orden de silenciar su voz, han tenido un crecimiento no sólo en lo cuantitativo, sino en lo cualitativo, expresado tanto en la violencia como en la corrupción.

Estas circunstancias no pueden generar un pesimismo antropológico, sino que deben ser abordadas con el optimismo de la voluntad, postura autorizada por las nuevas expresiones de soberanía, de muchas naciones, en el pasado sometidas, pero también por el surgimiento de nuevas potencias y debilitamiento de otras tradicionales que hoy convocan al diálogo, a la concertación y a un verdadero contractualismo.

El sentimiento de la sociedad antioqueña y la opinión pública nacional en estos diez y siete años ha sido expreso, pues la muerte del ilustre jurista no marca diferencias sustanciales con la de la de inolvidables personalidades, también paradigmáticas para nuestras nuevas generaciones; pero lo más importante de este 2015 es la esperanza de que en las próximas décadas celebremos la adultez de un colectivo que proyecta  en la teoría  y en la práctica un testimonio de vida imperecedero.

El pensador Valle acompañó con su presencia y sentimientos a copartidarios, amigos y familiares de esta insondable lista fúnebre de líderes, víctimas también de un estado y de una élite magnicidas; en el aniversario de uno de esos eternos, el del salubrista público Héctor Abad Gómez nos desafió el orador ético y estético pronunciando esta frase testamentaria que afortunadamente un significativo sector de niños, adolescentes y jóvenes de hoy, conoce: “Aquí estamos y estaremos siempre en el fragor de la lucha o en la quietud de la muerte”, esta proclama, Jesús María, hoy en el nacimiento de esta corporación queda confirmada, pues en el transcurrir de estos cinco lustros del Siglo XXI sin tu presencia física, se confirma que cuando la muerte se relaciona con el espíritu, no hay quietud, pues tu legado espiritual, tu paradigmática biografía da fe hoy, en la metamorfosis de lo individual a lo colectivo, que ha permitido que la humanidad no olvide a los pedagogos de quienes su discurso y su praxis justifican la presencia en este mundo, y demuestran la inutilidad de la guerra, porque de ella sólo los verdugos pasan al repudio del olvido.

No encontramos en las páginas de la historia de hoy al victimario de Sócrates, pero si recurrimos a la inteligencia de una ausencia física de este maestro griego que hoy, esta corporación acepta el reto de otro eterno socrático cuya razón de vida fue la humildad, para reconocer y respetar la potencialidad de los humildes; replicamos entonces con Jorge Zalamea Borda en su homérico poema “El Sueño de las Escalinatas”, que la audiencia sigue creciendo, que no es tarde para un coloquio con Jesús María desde el recinto de la eternidad, y decirle que continuamos la lucha por la eficacia del emblemático artículo 22 de la carta política vigente que decreta lo siguiente: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”.

(Discurso de inauguración de la Corporación en  Medellín, febrero 26 de 2015)

 

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