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Seis problemas de la izquierda en Colombia

Por: Ricardo Robledo

Colombia es el país con el mayor número de desplazados internos en el mundo y uno de los más inequitativos; por eso llama la atención el poco avance de las luchas sociales a favor de una alternativa de cambio en el período y que la población no aproveche las opciones electorales para expresarse. Esto ocurre porque se enfrentan múltiples dificultades como la poca credibilidad, la represión, el sectarismo, la separación entre el pueblo y la izquierda, el alejamiento de la filosofía, la acción de los medios de comunicación capitalistas y el bloqueo administrativo a los gobiernos democráticos.

  1. La represión

En una palabra, la represión en Colombia ha sido pavorosa. La oligarquía que opera en este país, en asocio con los narcotraficantes y el imperialismo, ha venido desarrollando una lucha a muerte contra todos los opositores y propuestas democráticas que puedan afectar los intereses de la siniestra coalición. Desde el punto de vista del pragmatismo de la derecha, la represión ha sido efectiva y ha logrado los propósitos. Las organizaciones de la izquierda han sido diezmadas, la población aterrorizada. Cientos de miles de jóvenes, ancianos, campesinos, intelectuales, líderes cívicos, con ideas para un mundo mejor, fueron a parar en los ríos del país, sepultados clandestinamente, devorados por las aves de rapiña o desaparecidos en improvisados hornos que redujeron a cenizas las esperanzas de la población. El mundo parece desconocer esto y los instigadores siguen impunemente manejando la política del país.

Las actuales conversaciones de paz pueden abrir nuevos caminos de esperanza si se manejan con seriedad, veracidad y responsabilidad histórica; se tiene la opción de que uno de los países más violentos del mundo, se convierta en un ejemplo de civilización que inspire a todas las sociedades para, por fin, dar un respiro al planeta y a la humanidad; lo que será posible se toman como norte la felicidad, la justicia, la igualdad y la fraternidad.

  1.  El distanciamiento con los sectores populares

Uno de los propósitos de la represión es alejar a la población de la influencia de la izquierda. Si se dice que los revolucionarios viven entre el pueblo como “pez en el agua”, la respuesta ha sido: “vaciar la pecera” y lo han hecho con base en el terror. Amedrentar sin escrúpulos es una práctica de guerra y aquí ha sido empleada por la oligarquía, los narcotraficantes y el imperialismo.

Estos dolorosos sucesos son una parte de las causas del distanciamiento, pero tiene otra componente ideológica que se expresa en el paternalismo, soportado en concepciones de vanguardismo que entiende que unas élites esclarecidas, poseedores de la verdad y de la visión más avanzada de la sociedad, son las encargadas de llevar la conciencia al pueblo, el cual debe obedecer sin que medie el debate y que se ve suplantado en prácticas hegemónicas incuestionables, como si se tratara de reemplazar a la oligarquía y no transformar todo el conjunto de la sociedad; esto, es lo económico y lo ideológico. Cuando lo correcto es “mandar obedeciendo”. Esto se expresa en la incapacidad de la izquierda para establecer un diálogo con la sociedad y presentar una propuesta que convenza a las mayorías, dirigida al conjunto de los ciudadanos.

Falta identidad en la definición de quienes conforman el sector popular para lograr una confluencia de intereses y de prácticas. Pero es de celebrar el que se continúe la lucha.

3. El sectarismo

Es precisamente sobre estas prácticas hegemónicas que se construye el sectarismo que es a la vez una consecuencia de la represión, del distanciamiento popular y del modelo del liderazgo que en parte se ha visto afectado de la presencia de la ideología burguesa en las filas revolucionarias. Una de las prioridades de las personas de izquierda ha sido – y todavía lo es – sobrevivir a la guerra sucia, lo cual condujo e incrementó las restricciones de la compartimentación de lo clandestino, al encerramiento físico e ideológico y llevó a que se construyeran propuestas en la oscuridad de cuatro paredes o del subjetivismo. Esto en los mejores casos; pues, también se han presentado la descomposición y la claudicación. Pero hace falta mayor voluntad de los actores para llegar a acuerdos. “Que se abran 100 flores” es el deseo.

Ni siquiera la izquierda encuentra opciones para sustraerse de la influencia ideológica del individualismo que no permite que el ciudadano se reconozca o identifique en el otro.

“Un sueño que se sueña solo, es apenas un sueño. Un sueño que se sueña entre todos, es una realidad.” (John Lennon)

4. El distanciamiento de la filosofía

Cuando se es poseedor de la “verdad”, lo que realmente ocurre es que se cae en posiciones inflexibles que ya no necesitan de la verificación mediante la objetividad de la práctica social. Además, abrir la mente puede conducir al cuestionamiento de planteamientos y consecuentemente, a la pérdida del poder interno. La falta de una amplia apertura hacia lo social lleva a “hacer loop”, esto es, a poner a prueba la validez de sus propuestas, sólo en la mente o en su círculo de influencia. Y para esto no se requiere filosofía porque lo que no coincide con la lógica interpretativa que se maneja, se puede desechar y despreciar; para los que así proceden no existe nada más fuera de las concepciones propias y es poco lo que ven para mejorar o mudar en sus posiciones.

 

Cuando el ser humano interpreta la realidad, la esquematiza para poder asimilarla y comunicarla, pero esta es más compleja de lo que se expresa; si se habla por ejemplo de un tigre, es muy difícil transmitir su todo en el vocablo que lo expresa; inmediatamente nos imaginamos a un felino grande, musculoso, de rayas, ágil, tan fuerte  que podrá devorarnos; otros pueden que se formen la idea de un leopardo o quizás esto era lo que quería comunicar el que envía el mensaje; no se puede trasmitir en una palabra, su olor, su hábitat, su edad, su estado de ánimo, si está hambriento o no.

Producto de esas esquematizaciones se dan también interpretaciones mecanicistas y positivistas de la dialéctica, que la reducen a la unidad de contrarios, a la contradicción principal, a procesos que van de lo inferior a lo superior o de lo simple a lo complejo,  que la dejan en la negación. Que contradicen lo que muestra a diario la naturaleza; que nos niegan los atardeceres y los amaneceres – y su diversidad de colores- que no son días ni noches; como si tal vez sólo existieran las 12M y pasadas las 11:59PM. Más graves aún cuando se aplican de esta manera a lo social y no dejan ver los diferentes matices de las reivindicaciones humanas y del sentido de vida, de tal forma que aquellos que no concuerden con mis interpretaciones, están equivocados o atrasados.

La visión positivista de la dialéctica hace desaparecer al ser humano del proceso de asimilación de la realidad, porque establece que las cosas van de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior y entonces el sujeto nunca se equivoca en su interpretación. Lo que tal vez va de lo simple a lo complejo es el conocimiento del sujeto; pero las cosas siempre están en lo complejo. Sobre estas visiones se construyen despotismos porque si los procesos revolucionarios van de lo inferior a lo superior y como representan las reivindicaciones humanas fundamentales, las acciones de los que encarnan el poder de gobierno siempre tienen que ser vistas como tales, sin abrir la posibilidad a que se equivoquen y sin derecho a cuestionamientos. Los dirigentes se vuelven incuestionables, desaparece la democracia y se reproduce “la misma porquería”. Esto es apenas una mención de lo que ocurre a partir de la superficialidad en los conceptos o del abandono de la filosofía.

Es primordial desarrollar una reinterpretación de la dialéctica. Volver a los contenidos del marxismo. Cuando un proceso revolucionario se ancla en lo filosófico, se vuelve vital y difícilmente reversible. Cuando la población asimila lo filosófico-vital, el proceso triunfa y perdura. Dice Hegel: “Si el campo de las ideas está revolucionando, la realidad no puede permanecer tal cual”. “Todas las revoluciones, en las ciencias así como en la historia en general, se originan sólo en esto: que el espíritu del hombre, para el entendimiento y comprensión de sí mismo, para la posesión de sí mismo, ha alterado sus categorías, uniéndose en una relación más verdadera, más profunda y más intrínseca consigo mismo”.

Sin teoría no hay práctica revolucionaria nos han dicho todos los clásicos y líderes; “la teoría es una forma de la práctica”. El tratamiento de la relevancia de la filosofía requiere de mayores discusiones; aquí sólo se ambienta dentro de los propósitos del artículo; se espera que se haya generado una motivación para ver la importancia de volver a su estudio.

5. Los medios de comunicación capitalistas

La principal propaganda contra la izquierda en Colombia es el bloqueo a Venezuela. A diario se bombardea a la población con mensajes que alertan sobre la “mala situación y la crisis en este hermano país”; que se supuestamente se genera porque no saben manejar la economía, los negocios; el decir es que “reparten los huevos y acaban con la gallina”, una frase simple que cualquiera entiende. Se caricaturiza, se reduce, se malinterpreta.

Se crea la desesperanza en las personas, que terminan por aceptar la actual organización de la sociedad como el mal menor, pero cada quien condenado a su suerte, determinada por el destino. Lo que se le dice a la gente es que es mejor que la sociedad no cambie y que en el fondo la única forma de vivir es bajo el capitalismo.

En este campo los medios alternativos trabajan abnegadamente para aportar las visiones desde lo popular.

6. El bloqueo a las administraciones de izquierda.

La presión popular ha ido generando un avance democrático de las sociedades; si antes la manipulación era descarada y abierta, ahora se ha tenido que sofisticar y tecnificar; pero sigue dando sus frutos. Cuando llegaron al gobierno organizaciones que buscaban la liberación nacional, se iniciaron campañas de desprestigio a todos los niveles, mostrándolos como sangrientas dictaduras antidemocráticas, que no llegaban al poder por la vía de la urnas. Como resultado de una reflexión interna y de la transformación del orden mundial, las organizaciones de izquierda lograron el apoyo popular y fueron elegidos por votación. Esto trajo nuevas preocupaciones para la burguesía transnacional que veían cómo ideales contrarios a sus intereses llegaban a gobernar a las naciones antes sumisas.

Como la violación abierta a los derechos humanos fue rechazada, condenada y combatida por ellos mismos, no es tan fácil ya recurrir a las dictaduras militares y lograr su legitimación ante los organismos de control mundial. Los mecanismos ahora son las guerras sucias desarrolladas por mercenarios que no atacan bajo una bandera oficial – al parecer entonces lo hacen por pura disposición genética o pensamiento fundamentalista- y si la izquierda accede al poder se desarrollan todo tipo de acciones de bloqueo que van desde el desprestigio personal, escándalos familiares, acusaciones de corrupción, los juicios administrativos, toda suerte de leyes amañadas, pero principalmente el sabotaje tecnológico, económico y diplomático, aplicables así sea a una ciudad o una nación.

Pero es apenas lo lógico, no es de esperar que la burguesía transnacional apoye a las propuestas de izquierda.

Los problemas de sectarismo, distanciamiento del pueblo y de la filosofía, pueden ser vistos como “internos” porque sobre ellos puede  – y debe –  actuar la izquierda; los de represión, bloqueo y ataque mediáticos, son “externos” y materializan el accionar de lo viejo en su resistencia al cambio; ningún proceso revolucionario puede hacerse cuentas alegres respecto a recibir la favorabilidad de los opositores en estos tres aspectos.

En la visualización de estos problemas están implícitas las acciones del plan de trabajo para superarlos. Pero hay que contar con la voluntad y apertura mental de los involucrados.

 

 

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