Monseñor Jesús Delgado: “El clero no quería a Monseñor Romero para nada”

VER OTROS:

HABLAN DE MONSEÑOR ROMERO: http://es.scribd.com/doc/59100129/Hablan-de-Monsenor-Romero#scribd

MONSEÑOR OSCAR ROMERO: Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios

TOMADO DE: https://hablasonialuz.wordpress.com/2010/03/22/monsenor-oscar-romero-ningun-soldado-esta-obligado-a-obedecer-una-orden-contra-la-ley-de-dios/

Un día antes de que una bala le destrozara el pecho en plena celebración eucarística había dicho:

“Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejercito y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que da un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice “No matar”. Ningún soldado está  obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla.

Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado… La iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación.”

EL CRIMEN

La tarde del lunes 24 de marzo de 1980, un balazo le arrebató la vida mientras celebraba misa en la capilla del Hospital de La Divina Providencia.

Su nombre: Oscar Arnulfo Romero y Galdámez. Su cargo:  Arzobispo de San Salvador. Su delito: Haber convertido sus homilías dominicales, desde su posición episcopal,  en apasionados alegatos en favor de los pobres y denunciar la violencia de estado que imperaba en El Salvador, por lo que recibía constantes amenazas de muerte.

EL SACERDOTE, EL HOMBRE,  EL MARTIR

Monseñor Romero había nacido en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel, el 15 de agosto de 1917 y ordenado Sacerdote en Roma, en 1942. Licenciado en Teología en la Universidad Gregoriana, regresó a su patria y fue párroco en varias localidades de San Miguel. A los 53 años, en 1970, Romero ascendió al episcopado como Obispo Auxiliar de monseñor Luis Chávez y González, arzobispo de San Salvador. Cuatro años más tarde, se le asigna el obispado de la Diócesis de Santiago de María, hasta que en 1977 es nombrado titular de la Arquidiócesis de San Salvador.

Su cercanía al pueblo y sus sufrimientos fue modificando su inicial postura y lo condujo a una verdadera conversión y a adoptar posiciones cada vez más comprometidas con la situación convulsa imperante en El Salvador que desembocó en una guerra civil.

Sus valientes actitudes en defensa de la vida empezaron a ser reconocidas internacionalmente. Así, en 1978, es nombrado Doctor Honoris Causa de la Universidad de Georgetown, EE.UU.; en 1979 se le nomina al Premio Nobel de la Paz y en 1980 es investido Doctor Honoris Causa de la Universidad de Lovaina, Bélgica.

En 1980, el año que fue asesinado,  el país centroamericano atravesaba por un momento especialmente convulso y monseñor Romero como representante de la iglesia hacía sentir con pulso firme la voz de la institución. No podía ser de otro modo, la iglesia católica calculó que, entre enero y marzo de ese año, más de 900 civiles fueron asesinados por fuerzas de seguridad, unidades armadas o grupos paramilitares bajo control militar. Monseñor no dejaba de denunciar la injusticia de la situación y fueron estas denuncias las que prepararon el clima para su muerte el 24 de marzo cuando cuatro desconocidos relacionados con grupos de ultraderecha irrumpieron en la capilla donde el prelado celebraba la eucaristía.

En sus últimas palabras, celebrando misa por el aniversario de la muerte de Sara de Pinto, Romero, comentando el evangelio, había dicho: “El que quiera apartar de sí el peligro, perderá su vida. En cambio, al que se entrega por amor a Cristo al servicio de los demás, éste vivirá como el granito de trigo que muere, pero aparentemente muere”.

Y había agregado: “Que este cuerpo inmolado y esta Sangre Sacrificada por los hombres nos alimente también para dar nuestro cuerpo y nuestra sangre al sufrimiento y al dolor, como Cristo, no para sí, sino para dar conceptos de justicia y de paz a nuestro pueblo. “Unámonos pues, íntimamente en fe y esperanza a este momento de oración por Doña Sarita y por nosotros.  EN ESE INSTANTE SONÓ EL DISPARO.

“SI ME MATAN RESUCITARÉ EN EL PUEBLO SALVADOREÑO” 

El día de su entierro había más de 50,000 personas en la plaza frente a Catedral Metropolitana. Se produjeron de unas explosiones y cundió la alarma de supuestos francotiradores en el palacio nacional y en edificios aledaños; el caos dio por resultado la muerte de 40  personas  aplastadas por la muchedumbre y decenas de heridos. La misa fúnebre debió suspenderse y el cuerpo de Monseñor fue rápidamente ingresado a Catedral Metropolitana, donde también llevaron a los cadáveres que incrementaban  el luto del pueblo salvadoreño.

La guerra civil  concluyó en enero de 1992 y una comisión de la verdad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), creada tras la firma de los Acuerdos de Paz , determinó que el ahora extinto mayor del Ejército Roberto D’Aubuisson,  fundador de la ARENA, partido que gobernó el país durante dos décadas, fue quien  planificó el crimen del religioso.

CANONIZACIÓN DE MONSEÑOR ROMERO, JUICIO A LOS ASESINOS

El proceso para la canonización de Monseñor Oscar Arnulfo Romero comenzó 14 años después de su muerte. En agosto del 2004, un tribunal federal en California comenzó un proceso civil contra Álvaro Rafael Saravia, acusado de ser uno de los responsables del asesinato del arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero en 1980. Saravia, ex capitán del ejército salvadoreño, fue la mano derecha de Roberto D’Aubuisson, quien presuntamente lideró los “escuadrones de la muerte” derechistas durante la guerra civil en El Salvador. En septiembre de ese mismo año, la Iglesia Católica salvadoreña pidió a la fiscalía de ese país reabrir el caso.

30 AÑOS DESPUÉS

La Asamblea Legislativa de el Salvador decretó el 24 de marzo como “Día de Monseñor Oscar Arnulfo Romero”, en medio de las actividades por la conmemoración del 30 aniversario de su muerte. Con mayoría calificada de 56 votos, los diputados de los partidos, con excepción de la opositora Alianza Republicana Nacionalista (Arena), decidieron así honrar la memoria del sacerdote asesinado el 24 de marzo de 1980.

LOS AMIGOS, EL EJEMPLO

Gustavo Gutiérrez, teólogo y filósofo peruano, nacido en Lima y  precursor de la Teología de la Liberación, ha declarado recientemente:

“Con Romero el Evangelio de Jesús se hace historia y lleva la historia más allá de ella; eso fue lo que le costó la vida”. Y hace diez años recordaba “Hace veinte años, mientras celebraba la misa, precisamente en el momento en que ofrecía el pan y el vino, Mons. Romero, arzobispo de San Salvador, fue asesinado. De inmediato todos supieron de dónde venían las balas que le dieron muerte, todos, menos la justicia de su país que aún no encuentra a quienes lo hicieron. Un crimen cometido en medio de una violenta guerra civil, pasada felizmente; pero un crimen que tuvo lugar asimismo en el contexto de la terrible violencia que constituyen la pobreza y la injusticia, desgraciadamente todavía presentes”. (Rev. Páginas N°163, 200:53)

Personalmente, he escuchado de labios del padre Gutiérrez relatar que en una de sus comunicaciones telefónicas, a la manera muy nuestra de despedirnos, le dijo “Cuidate”, a lo que el prelado salvadoreño respondió: “Si me cuido, no anuncio el evangelio”.

Inspirado en el ejemplo de Mons. Romero, el teólogo y poeta catalán, Pedro Casaldáliga ha publicado en la página del mártir latinoamericano:

“Fieles a los signos de los tiempos, como Romero, actualizando los rostros de los pobres y las urgencias sociales y pastorales, debemos subrayar en este jubileo causas mayores, verdaderos paradigmas algunas de ellas. El ecumenismo y macroecumenismo, en diálogo religioso y en koinonia universal. Los derechos de los emigrantes contra las leyes de segregación. La solidaridad e intersolidaridad. La gran causa ecológica.  (Precisamente nuestra Agenda Latinoamericana de este año está dedicada a la problemática ecológica, con un título desafiador: “Salvémonos con el Planeta”). La integración de Nuestra América. Las campañas por la paz efectiva, denunciando el creciente militarismo y la proliferación de las armas. Urgiendo siempre unas transformaciones eclesiales, con el protagonismo del laicado, que pidió Santo Domingo, y la igualdad de la mujer en los ministerios eclesiales. El desafío de la violencia cotidiana, sobre todo en la juventud, manipulada por los medios de comunicación alienadores y por la epidemia mundial de las drogas.”

 ENLACES INDISPENSABLES: 

Página de Monseñor Romero: http://www.servicioskoinonia.org/romero/
El magnicidio de un profeta: http://guanatoons.blogspot.com/2009/03/el-magnicidio-de-un-profeta-monsenor.html
Programa de actividades en San Salvador: http://www.fundacionmonsenorromero.org.sv/index.html

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https://www.youtube.com/watch?v=7wjKnpOEEJY&feature=player_detailpage
https://www.youtube.com/watch?v=3ZFVU9ABbVg&feature=player_detailpage

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http://multimedia.telesurtv.net/web/telesur/#!es/video/cruce-de-palabras-257682

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