Paz en Colombia

 La paz en Colombia, una estrategia de guerra

Por: Colectivo Praxis Colombia

Sin duda alguna que con la paz, ganan el humanismo y el pueblo colombiano. Pero el humanismo en sí es un concepto vacío, “deshumanizado” si no se entiende como una propuesta para relacionarse socialmente los seres humanos, en una forma de vida en la que se reconozcan como tal y se establezcan lazos de respeto mutuo. La paz es la aceptación del otro, de sus cualidades de ser vivo, de su derecho a la vida digna y al trato digno.

Con la paz gana el pueblo porque es el que pone los muertos en forma de campesinos, guerrilleros, soldados y paramilitares. Se puede afirmar sin riesgo de equivocarse mucho que, ningún miembro del 0.5% de la población, que conforman a la oligarquía, ha pisado una mina antipersonal, ni han sentido en su cuerpo la fuerza de su onda expansiva ni el sonido de su explosión. Al menos es algo que se puede deducir directamente de los datos según los cuales, el ejército que opera en Colombia está formado en un 80% por miembros de los sectores pobres de la población, un 19,5% por las clases medias y tan sólo en un 0,5% por la clase alta.

En ese contexto es que hay que entender los aullidos guerreristas. Los que atizan la guerra, no pelean. De acuerdo con datos estadísticos el 1% de la población mundial maneja el 46% de la riqueza global. Cómo se la ingenian para que otros pongan los muertos por la defensa de los intereses de élites cada vez más corruptas e inhumanas. Esto es mas acentuado en Colombia , el tercer país más pobre de América Latina y segundo con mayor inequidad, según el indicador Gini.

El conflicto que se padece en el país, es un resultado directo de la desigualdad social. Cuando se pensaba que con las conversaciones de paz, se iban a tender los lazos de la reconciliación nacional, se produce, por el contrario, un recrudecimiento de la guerra para desgracia del pueblo colombiano, que como se mencionó es el que sufre en carne propia las consecuencias. Una cosa es ver los enfrentamiento por televisión y otra tenerlos en el sembrado de la casa campesina o en el patio de recreo de la escuela de los hijos estudiantes. Son muy fáciles y ligeros los gritos de guerra. Cómo es de fácil atizarla desde Miami o  del norte de Bogotá.

Cómo se las arreglan para que pueblo se mate entre sí a nombre de la patria. ¿Entonces qué es la patria si no son sus personas en primer lugar? Mientras tanto se mantiene un sistema social desigual del que se benefician los que lo manipulan. Sólo mediante la violencia pueden perpetuarse gobiernos ilegítimos y antidemocráticos. Ahí está una clave de la guerra; el país no se puede abrir a la democracia ni al cambio social.

El país mantiene sus estructuras coloniales. No pasado a la modernidad en sus instituciones ni en su modelo social. De ahí que más importante que la opinión de la corona sueca, es que piensa la realeza nacional acerca de la paz y cómo debe moverse de acuerdo con los intereses del amo norteamericano. Son muchos los intereses que se atraviesan en el camino de la paz.

La paz es vista por la oligarquía como una forma de doblegar a las fuerzas insurgentes capaces de hacer propuestas de gobierno autónomas, que no les asegura a futuro sus exclusivos  privilegios socioeconómicos; el imperialismo la ve como una forma de suprimir una fuerza armada opositora a su política de agresión a los pueblos latinoamericanos. La insurgencia la ve como un problema entre la oligarquía y el sion imperialismo contra el pueblo colombiano, que es el principal engañado en todo este proceso de conversaciones.

La guerra mueve mucha plata, 16 billones de pesos del presupuesto nacional. Si lo real es que en Colombia matan por cien mil pesos. ¿qué no pasará por estos billones? Están los intereses de los vendedores de armas, de productos químicos, de los asesores de guerra. Muchos se verían afectados por la paz. Los intereses extranjeros pesan mucho en el conflicto colombiano. Bogotá tiene que consultar a Washington sus políticas nacionales. Ese es el país real.

Si realmente hubiera vocación de paz, se iniciaría con el silencio de las armas. Los que no están de acuerdo con el actual proceso de paz, creen y desean una solución militar del conflicto, algo que no han logrado en todo el remedo de la vida republicana. El pueblo pone los muertos. Otros asusan desde sus trincheras de derecha y desde sus cruzadas anticomunistas, tal como lo expresan los incendiarios e indolentes editoriales de la prensa tradicional; son los que ponen límites en el tiempo, pero nunca en lo humano. El Señor Juan Manuel Santos, no puede ocultar su risa burlona cuando habla de la paz. Sólo se trata de revolver el producto para que quede como tema de cafetería o para que sirva para poner  prueba las capacidades histriónicas de los cómicos analistas políticos de los noticieros colombianos.

Pero la paz no es una dádiva de la oligarquía ni un acto de compasión de los miembros de sus instituciones, es una necesidad sentida del pueblo y así se debe imponer: sin permiso.

 

 

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