Los Paradigmas en la Interpretación de lo Social

Por: Ricardo Robledo

 Todo lo que el ser humano piensa -y consecuentemente interpreta, dice y hace- es un producto cultural que se soporta en paradigmas que se toman como referencia; es decir, son formados por la inserción del individuo en una sociedad y por su existencia en un momento histórico. Esto es particularmente interesante cuando se trata de establecer qué es la verdad, quién tiene la razón.

El método cartesiano, en el que todos fuimos formados por la sociedad, desde la escuela y la familia, es el proyecto epistemológico del capitalismo; es la forma en que validamos los conocimientos como ciertos. El título de la Obra de Renato Descartes, “El Discurso del Método para bien dirigir la razón y buscar la verdad en la ciencias”, es muy diciente, así como “La búsqueda de la verdad mediante la razón natural”. En ellas se establece que el ser humano llega a la verdad por la razón, que por demás es natural; según esta visión, el sujeto que busca el conocimiento no tiene intereses particulares, no está afectado por su condición social. Según estos enunciados la razón es científica y lo científico da la razón. Basta presentar algo como científico para que entonces también sea razonable y verdadero. El problema surge cuando la razón se convierte en soporte del despotismo, en contraposición de la vida y de lo humano.

De acuerdo con esta lógica, a los economistas que les dan el premio nobel por sostener el capital y conducir el mundo a la debacle, son científicos, tienen la razón; lo que establecen es la verdad y por tanto debemos aguantar hambre porque es su deseo al que llegaron por la luz natural de la razón. Igualmente se asume que las decisiones estatales son tomadas por eruditos. (No obstante, esto no denigra de Decartes, que sólo cumplió su misión histórica de pensar y existir).

Ninguna persona es completamente auténtica en sus posiciones, porque estas son aprendidas y determinadas por la sociedad; las construye a partir de sus paradigmas, los cuales acoge y le guían. No puede escapar a esta determinación. Esto es lo que hace que un mismo suceso sea interpretado de diferente forma por las personas que lo viven. En el fondo están determinados por los intereses de cada quien y de cómo el fenómeno los afecta; de ahí aparecen los que apoyan y los detractores. También es cuna de los fanatismos, que es a lo que se llega cuando se quiere que todos asuman una sola posición: mi verdad.

Sobre esto se han explayado y lo explican los intelectuales y eruditos estudiosos de la sociedad humana. Decía Marx, que el ser social determina la conciencia social y Edgar Morin dice que el sujeto vicia la interpretación de la realidad. Es bueno tener en cuenta esto para ser consciente de las limitaciones propias y para tratar de entender las posiciones de los otros. Algo así como lo que llaman empatía.

Pero ser consciente de esta empatía, no implica que a partir del entender al otro, se tengan que asumir sus posiciones. En la sociedad burguesa, se toma como referencia que lo que es bueno para el capital, es bueno para la sociedad; lo que resulte malo para el capital, es malo para el resto de la sociedad. Lo cual no resulta cierto ni favorable para todos los ciudadanos. La vida no es la misma para alguien que posee cinco mil hectáreas de tierra, diez mil cabezas de ganado y miles de millones en el banco, comparada con la del que sólo posee carencias.

Una cosa es, referirse la economía desde el punto de vista de la tasa cambiaria, la inversión extranjera, los acuerdos de libre comercio, la volatilidad, el margen de rentabilidad, las tasas de interés, la balanza comercial y otra muy distinta, es hablar de la democracia en papas y yucas.

Lo común en la sociedad actual es que si sirve al capital, es inteligente, es bueno, es sabio, es cierto, es bonito, es lógico, es objetivo, es científico, es razonable y aceptable. Los valores burgueses se toman como referencia. Cada quien interpreta de acuerdo con los intereses. Pero si ante una situación particular un pueblo se pregunta: ¿resuelve nuestros problemas? ¿Me es favorable? ¿Estoy defendiendo los intereses de quién? y las responde de acuerdo con sus necesidades, estas preguntas se convierten en libertarias si lo conducen a definir autónomamente su posición y a quién apoyar.

Lógica autónoma desde la cual se deberían mirar las relaciones internacionales. Porque, al parecer, para los medios, la única crisis humanitaria que se ha presentado en Colombia, es la de los 1180 repatriados desde Venezuela, a partir del cierre de la frontera desde el 21 de agosto. La clase dominante colombiana sigue disfrutando de sus privilegios socioeconómicos; entonces, se deduce implícita e irónicamente, que el resto de habitantes viven rozagantes en el segundo país más feliz del mundo. Por el contrario, muestran cómo el hermano país padece una grave crisis social estructural que afecta a todos sus ciudadanos, porque 1000 magnates ya no pueden disfrutar de sus privilegios en una revolución bolivariana que se “autodestruye”.

Lo que es bueno para el capital, es bueno para la sociedad; lo que resulte malo para el capital, es malo para el resto de la sociedad. Los desgraciados venezolanos quieren “autodestruir” el capitalismo y para colmo han puesto como Presidente a un obrero que no es un boyante propietario ni sabe como incrementar los grandes capitales a punta de plusvalía y opresión; por el contrario, se mantiene gastando el dinero en misiones para atender a los pobres, lo que no deja ganancias a los dueños de los mercados mundiales; no especula con las necesidades de la población convirtiéndolas en oportunidades de negocios ni se dedica a vender los bienes estratégicos de la nación. Por esto no es inteligente.

¿No sería posible que a partir de un acuerdo entre los pueblos, se bombee gasolina a bajo precio para Colombia y desde acá se manden toda clase de productos agrícolas y de primera necesidad? Sin duda esto impactaría favorablemente el nivel de vida en ambos países. Entonces, ¿De quién es esta crisis? ¿Tiene solución razonable desde una óptica humanista?

Otras relaciones, otra frontera y otro mundo, sí son posibles. Con oligarquía o sin oligarquía.

Hay problemas en las fronteras. ¿Cuál será el modelo atrasado y antidemocrático que estorba?. ¿Seré yo Señor?: responde el Judas de América Latina.

Por: Ricardo Robledo

Septiembre 13 de 2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s