El Dolor y la Incertidumbre del palacio de justicia, treinta años después

Por: Ricardo Robledo

En octubre de 2015 se logra la identificación de los restos de tres mujeres desaparecidas en la toma del palacio de justicia, después de treinta años de incertidumbre para la familia y la sociedad. Tal informe deja claro ante el mundo los tipos de gobiernos que nos ha tocado enfrentar a los colombianos.

Han sido regímenes asesinos, mentirosos, indolentes e irresponsables. Las personas fueron torturadas hasta la muerte y luego enterradas como NN. Una de las mujeres fue encontrada en una tumba con otro nombre cuyos restos habían sido entregados a una familia que durante todo este tiempo le hizo el duelo al supuesto cadáver de su madre, que entra ahora a engrosar la larga lista de desaparecidos en Colombia.

Esta indolente respuesta a una familia, es más grave si se tiene en cuenta que hace apenas seis años –según relato de los dolientes- medicina legal les certificó que ese era el cadáver de la madre. Noticia que deja muy mal parada a esa institución; pues, al parecer lo político y el ocultamiento tenebroso, se colocan por encima de lo científico. No hay seriedad ni respeto ante la muerte y el dolor humano. Esto incrementa las dudas en un país en el que no se cree en las instancias gubernamentales.

Desde las más altas esferas se le ha mentido impunemente a la sociedad en la que –no es exagerado decirlo- los ciudadanos somos sobrevivientes del terrorismo de estado, con lo que se confirma que es una nación gobernada por la oligarquía más sanguinaria de América Latina. En un país en el que se tortura, hay violación del derecho internacional humanitario, que establece que un enemigo herido o fuera de combate ya no es un enemigo; los que así proceden se convierten en criminales de guerra.

Son muchos los que tendrían que responder por tales crímenes y por la continuidad como política de estado. Se debe cerrar el pasado y abrir puertas para reconstruir un país dentro de la civilidad y el humanismo, en el que, por fin, se garanticen los derechos ciudadanos y el libre ejercicio de la política y el disenso.

A aquellos a quienes que la paz les produce urticaria constitucional, hay que responderles con este clamor popular: “así como nos inventamos una guerra, podemos inventarnos una paz”. 

Octubre 22 de 2015

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