En los zapatos de Timochenko

Por: Ricardo Robledo

TMCK

En días pasados circuló por los medios una foto en la cual se criticaba al jefe insurgente por usar zapatos capitalistas. Los periodistas colombianos buscan impactar al pueblo de muchas formas. Dice Marx que el capitalismo hace ver como una relación entre cosas (mercancías) lo que en realidad es una relación entre personas (burgueses y proletarios; explotadores y explotados; trabajo vivo y trabajo muerto). Temas tratados en el Capítulo I de ”El Capital”. Filosóficamente muestra que hay una diferencia entre la esencia y la apariencia. No basta con resaltar los zapatos, sino se alcanza a ver en ellos el trabajo esclavo, la alienación, la injusticia, la infamia de la explotación infantil, el despojo histórico y presente del sistema que los produce.

 El que no se informa no tiene derecho a hablar –ni menos a informar o desinformar como lo hacen los medios colombianos, otra vez en una salida desafortunada- Es bueno que investiguen para que salgan con notas de mayor altura; pero se quedan en lo bajo por que lo que buscan es el desprestigio diario así sea basados en cosas triviales. Lo cierto es que el capitalismo es una relación de producción a la que las personas no pueden escapar. Esta es también una expresión del despojo al que son sometidos los seres humanos bajo este inhumano sistema. No puede conseguirse algo que no sea fabricado en el ambiente esclavizado de la industria capitalista, ni un huevo para la alimentación básica escapa a que tenga que ser comprado mediante el dinero. Los planes perversos de la mitad del Siglo XX en Colombia, conocidos como el periodo de la violencia, apuntaban realmente al despojo de las tierras de los campesinos y a la urbanización de la población; condiciones necesarias para el desarrollo del capitalismo.

 En los comentarios mediáticos a la mencionada foto, subyace también una concepción excluyente, según la cual entonces, los pobres no pueden usar artículos de calidad ni tienen el derecho al goce y al disfrute. Para ellos sólo el trabajo duro; “la buena vida” y el bien vivir, es exclusivo de los potentados. La buena mesa para las élites y las sobras para los de abajo. Dentro de la lógica burguesa, la posesión de artículos es el equivalente de la buena vida; es más importante el tener que el ser.

 Un punto importante de reflexión para todos, es pensar en cómo romper la cadena del valor y escapar a las relaciones de producción capitalistas. Crear cosas nuevas no es tan fácil; más aún enfrentando poderes que controlan al conjunto de la sociedad. Ahí radica la importancia de las acciones que, en medio de tropiezos, adelantan los gobiernos nacionalistas y progresistas de América Latina. La alternativa es apoyarlos.

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