Los magnates de clase media alientan la continuación de la guerra en Colombia

Por: Ricardo Robledo

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El sistema capitalista genera una sociedad radicalmente polarizada en la que existe una clase social que es propietaria de los medios de producción, lo que le permite acaparar riquezas y el poder político, a partir de la apropiación del trabajo humano, fuente de creación del valor; son los burgueses.

 En el otro extremo de la sociedad están los despojados que sólo poseen su fuerza de trabajo que venden como mercancía en el mercado para poder sobrevivir, son los proletarios. En ellos se incluye a todos aquellos que reciben un salario –por alto que sea- como única forma de sustento.

 La sociedad burguesa es un modelo de despojo, explotación, represión y desprecio, que ha simplificado las contradicciones hasta dejar sólo dos bloques que se enfrentan en sus intereses fundamentales.

 En Colombia, uno de los países más desiguales del mundo, el GINI de tierras es del 0.891; el 13.7 % de los propietarios concentra el 77.6 % de las tierras, mientras que el 67.6% son dueños del 4.2% (según los informes, estos índices muestran que la brecha crece año tras año); la informalidad llega al 48.5% de los ocupados; el 32% de la población gana menos de 206.091 pesos al mes (unos 66 dólares); el 90% de los pensionados devenga menos de un salario mínimo. . (Datos de abril 10 del 2016 del periódico la República). En general el 1% concentra el 40% de las riquezas (Portafolio del 17 de diciembre del 2014).

 De acuerdo con los informes del noticiero CMI, con respecto al caso de “Panamá papers”, negociantes colombianos tienen declarados en ese paraíso fiscal cerca de 135 billones de pesos. No pocos de esos, se declaran en quiebra en el país, dejando a numerosas familias en el abandono y la incertidumbre. Esa es la lógica del capital.

 Los que salieron a la calle el 2 de abril –respaldados por el paro armado- tienen razón en marchar para cuidar los dineros guardados en Panamá. Son 852 multimillonarios colombianos los que tienen valores guardados en ese país. Según las cifras, entonces todos los que los acompañaron no están en esa selecta lista y actúan como magnates de estrato 4, 3 o menos.

 Lo cierto es que los sectores de clase media, sirven de colchón protector de las élites, son los principales defensores del “status quo” y mantienen con sus impuestos el funcionamiento de la cosa pública en las naciones burguesas; son usados como una caja menor a la que se le mete la mano recurrentemente para alimentar la carga de desfalcos que deja la corrupción en las sociedades capitalistas dependientes, como la nuestra.

 Hay una inconsecuencia de estos sectores de clase media en sus posiciones políticas sociales en Colombia; son los que mayoritariamente difunden por las redes sociales todo tipo de comentarios y ataques al proceso de paz. Para estos fervorosos corazones no ha sido suficiente el dolor infringido al pueblo colombiano durante décadas de lucha fratricida, de avanzadas mafiosas y de terrorismo de estado. Se necesitan más sacrificios en sangre para apaciguar a los dioses del capital, buscando que tal vez con estos criminales rituales se logre mayor suerte en los negocios.

 Contradictoriamente, son los mismos que llaman a formar cadenas de oración para “esos pobres desplazados que no tienen comida ni sitio para dormir con sus familias”; como si estas desgracias sociales dependieran de lo sobrenatural y no fueran una consecuencia directa de las acciones de la clase dominante.

 Resulta risible que algunos miembros de la sufrida pequeña burguesía, protesten por la inclusión de la imagen del Nobel Gabriel García Márquez en los billetes que comenzaron a circular el 31 de marzo, argumentando que es la foto de un comunista que colaboraba con países enemigos. Lo que deberían estudiar es porqué un intelectual de la talla de Gabo pensaba como un comunista. Todavía el fantasma recorre al mundo.

 En esta polémica si debe ser muy doloroso viajar a Panamá y sumergirse, como McPato, en la piscina de billetes adornados con la cara de un comunista y tener que tranzar miles de cabezas de ganado con este desgraciado papel moneda; pero también debe doler que se guarde al menos uno de estos en el bolsillo y tener que pagar el pasaje del bus con este horrible billete y que se caiga una moneda o que alguien se quede con los vueltos. Para muchos no interesa que la imagen del oligarca Carlos LLeras esté en los billetes de cien mi pesos; pues, en sus ingresos, de seguro que se van a encontrar con muy poco de esos. (En su respaldo hay un fragmento de una poesía del poeta comunista Luis Vidales)

 Es bueno llamar a la reflexión, a la objetividad, a la reconciliación, a respaldar el proceso de paz y  a estudiar directamente los temas de los acuerdos de la Habana entre el gobierno y la insurgencia –documentos que están abiertos al publico y que difieren de la malintencionada interpretación que le dan los medios tradicionales de la derecha nacional, regional y mundial-. Los ataques que se difunden por las redes, preocupan; la paz es un aspecto crucial para las personas, el país, América Latina, para el mundo y sus pueblos y debe ser tomada con la seriedad que por lo tanto reviste.

Abril 10 de 2016

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