Paz sí, pero no así ¿Cuántas clases de paz existen?

Por: Ricardo Robledo

La paz no existe en abstracto, se puede definir simplemente como un estado de no guerra. No es más que una relación entre seres vivos, en la que los racionales en un momento de la historia, deciden reconocerse como iguales y respetarse. Pero socialmente es mucho más. Representa para unos el poder tener siempre a su lado a sus seres queridos y poder abrazarlos sin el riesgo aleatorio de la muerte, así de simple o de vital- como se quiera asumir.

                                                                                

El padre Javier Giraldo Moreno, resalta “La PAZ es un valor ante todo ético, espiritual, social y también político. Exige un clima adecuado, configurado con otros valores profundamente conexos con ella, como la verdad, la justicia, la tolerancia, el respeto a la vida de todo ser humano y de todo ser viviente y a sus derechos fundamentales.” (Conflicto social y rebelión armada en Colombia. Aportes sobre el origen del conflicto armado en Colombia, su persistencia y sus impactos. Pag. 243). Los que quieran otro tipo diferente de paz, lo deben definir y comunicar.

En Colombia, la insurgencia –que es apenas un sector del país- está negociando mucho, por mucho. Está dejando atrás una larga historia de combate y está tratando de evitar más pérdidas de vidas humanas; está buscando que se abran opciones más civilizadas que permitan la democratización de la sociedad.

Resulta que ahora los señores en “resistencia civil” salieron con la consigna “paz sí, pero no así”. Tal vez quieran mostrarle a la sociedad colombiana que debe negociarse la paz que ellos quieren, la que le conviene a sus intereses, no la que le conviene al país. No se puede pretender que un sector, como la insurgencia, que negocia, se acoja a los deseos de otro sector minoritario que no negocia. La derecha no ha entendido que ellos también pueden negociar con la sociedad, acogiéndose a los programas de verdad, reparación y de no repetición, reconociendo su responsabilidad en las masacres contra el pueblo colombiano. Pero no pueden llamar a que se acojan con exclusividad sus estrechos conceptos particulares, y menos a cambio de nada.

Apenas iniciado el paro agrario, en el Valle del Cauca resultó muerto el indígena Willington Quibarecama Naquirucama, de 26 años y perteneciente al resguardo indígena Dachini, durante un procedimiento del ESMAD. Esas son algunas de las inconsecuencias de la paz; de manera particular, su familia sufre el dolor de la muerte. Es necesario que las acciones estatales valoren más la vida de todos y cada uno de los colombianos sin distinción de rango social y que garanticen el derecho a la protesta. Por encima de cualquier orden u objetivo debe estar el respeto a la vida.

De todas maneras representa un avance para la humanidad el que sectores de ultraderecha expresen un sí para la paz, así sea condicionado. Ahí van avanzando.

Paz sí, de todas las formas y para todos.

Mayo 31 de 2016

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