Una pesadilla casi imaginaria

Esa deliciosa costumbre de dormirse viendo televisión puede jugarnos una mala pasada.

Informaba el noticiero que la española Salud Hernández había sido retenida en el Catatumbo, y no sé en qué momento y por extraña circunstancia, empezaron a comentar que el verdadero motivo de su presencia en la zona era darse un baño para fertilidad en uno de los ríos de la región. El riesgo era que algún vigoroso guerrillero, con 20 años de corral, la hiciera suya –por que para ociosos: los elenos- o que tal vez un aguerrido indígena decidiera poner en práctica con ella lo que sus abuelos le comentaban que hacían los españoles con sus mujeres desde hace 500 años.

Lo cierto era que el remedio había sido efectivo y la nueva madre había decidido que el bebé naciera en Colombia para mejorar la raza. El niño que había sufrido múltiples privaciones, que nunca fue reconocido por su padre, creció y se presentó a las elecciones presidenciales del 2050, a nombre del polo, que lo avaló para compensar al muchacho, de tan dura vida, justo cuando estaba casi al borde de irse a vivir en el Bronx, pero recordó que años atrás una ingenioso alcalde había convertido la zona en prósperos centros comerciales. Entonces el pueblo colombiano lloroso votó masivamente por él, por su sangre noble –la española, no la del guerrillero criollo, apenas mestizo- y ganó la contienda electoral frente a la coalición de Tomás y Jerónimo Uribe, con resultados tan reñidos que tuvieron que ser definidos por foto finísh, tomando como referencia el coeficiente intelectual para decidir al ganador; el problema fue que en el país no había máquina capaz de hacer nanomediciones; pues, esta solo existía en la santa sede y para ser prestada tenía que reunirse un concilio vaticano, pero al ver que el colombiano era un pueblo tan fervoroso y por intermediación del presidente del banco santo local, se hizo una concesión gratuita. Como simple contraprestación, la nómina del 10% de los colombianos, que eran los que estaban empleados, fue consignada en ese banco, con pagos en pesos e impuestos en euros para el usuario (generosa concesión del primero al tercer mundo).

Sorprendió en estas elecciones que, por primera vez durante todos los casi 250 años de vida republicana, la oligarquía decidió no mandar a matar a un candidato de un partido opositor favorecido por las encuestas de intención de voto. Algunos dijeron que la razón era que les recordaba el origen noble de su sangre, mitad española (con algo de moro) y mitad criolla, por lo que el complejo de bastardía sólo los afectaba a medias.

Llegada la ceremonia de posesión, se le iluminó la mente al presidente en el momento de ponerse la banda presidencial y por la propagación de la luz en el vacío, deslumbró a todos en el recinto del congreso nacional, pero fue ese instante el que le permitió interpretar el mensaje cifrado que le había dejado su renegado padre: eran las coordenadas geográficas del lugar donde tenía guardada una guaca en dólares. Con esa plata recuperada, pudo sacar a flote la empresa editorial en la que había trabajado su madre y que había venido a menos por la consolidación del negocio de la información vía web. Fue un generoso patrón con los empobrecidos trabajadores; todo al mejor estilo de los libretos de telenovela mejicanos.

El pueblo colombiano se manifestó masivamente para celebrar la inteligencia de su presidente; unos llevaban camisetas del Real Madrid, otros del Barcelona y se veía una que otra bandera española. Entonces el presidente también lloró al apreciar el inmenso progreso que había alcanzado su pueblo; pues, ya no seguían tanto a equipos de fútbol del tercer mundo. Fue en una de esas lágrimas cuando se le refractó la luz y alcanzó a ver a James Rodríguez que estaba olvidado en España; quien al bajarse de un tren trató de explicarle al guardia que se le había quedado el pasaporte en uno de los asientos, cuando terminó, ya el tren bala estaba en Moscú; como ya nadie lo recordaba, era colombiano y estaba indocumentado, fue recluido en un calabozo en Cádiz; sitio en el que apreció fechas escritas en la pared y que se iniciaban en 1794,  continuaban el 16 de marzo de 1816 hasta 1820. Fue entonces cuando el presidente decidió repatriarlo y nombrarlo ministro de deportes.

El jolgorio popular fue incontenible, se discutía si era el mejor presidente que había tenido Colombia; los noticieros televisados agitaban y sacaban encuestas virtuales preguntando si era ofensivo, si o no, pretender que existiera un gobernante mejor que el gran colombiano; los nietos de Darío Arismendi, con un extravagante acento panameño, coordinaban los paneles. Sólo por esta causa los periodistas interrumpieron en el 2050, la campaña mediática para tumbar a Maduro en 6 meses.

Las primeras y más destacadas acciones del presidente, fueron nombrar a su madre como primera dama de forma póstuma –para fortuna del pueblo colombiano- quitar las fotos de Bolívar en el palacio de Nariño y reemplazarlas por las de Carlos V, y repartir cerveza gratis a todos aquellos que se orinaran sobre la estatua de Fernando Vallejo en la calle séptima, como represalia por haber tratado al rey Juan Carlos de holgazán y mujeriego; este último hecho se volvió viral por la numerosas fotos que se publicaban en la web de los muchachos convirtiendo el monumento en orinal. Los que bajaban las fotos en cualquier parte del mundo, tenían que cuidarse de no ser salpicados por el realismo que habían alcanzado los mensajes virtuales para entonces; y todo gracias al impulso que le había dado a esta tecnología, años atrás, la ministra Parody, ahora septuagenaria; las personas lamentaban que ella hubiera decido no tener hijos, para que nos gobernaran.

Las colas para tomar cerveza se confundían en la séptima, con las de las EPS para reclamar los medicamentos; ante la demora, las personas decidían tomarse unas cuantas polas para la espera, y con la borrachera se olvidaban que estaban enfermos. La organización mundial de la salud manifestó que Colombia era el país que mejor manejaba el tema en el mundo; las EPS se enriquecieron, glorificaron al presidente, propusieron su reeleción eterna; como generosa dádiva a los colombianos, decidieron adicionarle la sal de frutas al POS, para que acompañara al acetaminofén; pues ya se había comprobado que curaba el cáncer, la diabetes y prevenía el infarto.

 Fue tanto el carisma del nuevo presidente que hasta se le permitió lavar los calzoncillos en Caño Cristales, sitio que de inmediato se convirtió en atractivo turístico obligado para el mundo; sólo entonces se le concedió a coca cola, a perpetuidad, los derechos de explotar el preciado líquido; su nuevo propietario, Warren Buffet, con la honda sabiduría de sus 143 años, manifestó que Colombia era la economía mejor manejada en el mundo y la de mayor crecimiento; esto le valió que el gobierno le diera la cruz de Boyacá por triplicado y en carácter de gran caballero.

 Se hicieron famosos los vallenatos: “los calzoncillos en Caño Cristales”, “te recordé en el Caño”, “el agua bendita de Caños Cristales”; remasterizaron el disco “pantalones largos, calzoncillos cortos” de Diomedes Díaz; unos gaiteros lograron un premio Grammy con su éxito “A lavá en el caño”. Se destacaban Amparo Grisales y Thalia como modelos eróticos de los videos.

Me despertó el ruido enloquecedor de un auto; fue la causa obligada o algo así. Y a salir a trabajar.

 Días después cuando viajaba colgado en transmilenio, sentí un escalofrío por todo el cuerpo cuando escuché el extra de que Clara Rojas, perdón, Salud Hernández había sido liberada.

Mayo 31 de 2016

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