EL PRIMER DÍA DE LA NUEVA GUERRA DE URIBE VÉLEZ

Los Acuerdos hoy firmados en La Habana entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP, después de casi cuatro años de negociación, son importantes. Es lo que se infiere de la presencia de las delegaciones presidenciales, y del propio Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

La importancia de este hecho histórico se puede medir por sus beneficios en tres frentes:

El primero de ellos es simbólico: lo que significa para la gobernabilidad y el ambiente social nacional, haber probado la eficacia del Estado en sostener frente a diversos y numerosos enemigos, y a un costo político altísimo, un proceso de negociación que en varios gobiernos anteriores, incluyendo el de Álvaro Uribe Vélez, había fracasado.

El permanente fracaso de un proceso de negociación nos sometía a la infructuosidad, al pesimismo, a la amargura, a la desconfianza y la incredulidad frente al Estado y sus gobernantes. Y nos exponía a la polarización, a los terrenos abonados para los discursos del odio y la venganza, y a la violencia como forma de gobierno y de vida cotidiana.

Los efectos del esfuerzo de avance paciente y convencido del gobierno de Juan Manuel Santos en la ruta de la negociación, conquistados en medio de un terreno minado,  es un símbolo poderoso.

El segundo frente de beneficios de la firma de los Acuerdos de La Habana, es el hecho de incluir en la dinámica de la sociedad civil, una masa de pobladores y de territorio antes no sólo marginales, sino alzados en armas contra el Estado. Una masa con sus propios intereses, que podemos compartir o no, pero que desde hoy están obligados a conducir sus ambiciones  desde adentro y con las armas que les ofrece el Estado de Derecho. Y eso significa más inclusión, más Estado.

Y en tercer lugar, los Acuerdos de La Habana significan para Colombia más democracia, en el sentido de que los nuevos espacios políticos abiertos saldan una deuda histórica, suturan la herida que abrió la negación violenta de parte del régimen a espacios alternos de poder. Porque es esa, y no otra, la raíz de nuestra guerra.

Y eso hoy (sobre todo hoy) no debe causarnos temor. Tenemos que ser capaces de pensar en una democracia nuestra, reconociendo nuestros propios elementos históricos y sociales, desmarcándonos de la violencia que engendra el querer meternos a la fuerza en modelos idílicos, extraños a nuestra realidad, en los que siempre hemos aparecido como el laboratorio experimental de occidente.

Y es ese precisamente el argumento de Uribe Vélez, Alejandro Ordoñez, y su séquito de seguidores, expertos en negar de un tajo las evidencias de una realidad social y cultural, tejida en tiempos largos por gente de carne y hueso. Realidades que intentan evadir contrastándola con imágenes y discursos míticos y mentirosos.

La guerra y la paz colombianas son fenómenos sociales, construidos a partir de intereses locales cada día más globalizados. Fenómenos transformables, a partir de asimilar y reconstruir esos intereses concretos, donde el punto de partida no es el maniqueísmo de los malos y los buenos, sino la comprensión de las realidades sociales y sus intereses.

Prometer la conquista de una sociedad pulcrísima, a partir del escarnio y el sacrificio de algunos Chivos Expiatorios, no sólo es una solución falsa y una manipulación, que con intereses propios de poder necesita dividir, condenar a algunos y santificar a otros; sino la promoción de la involución de la sociedad en general, de su embrutecimiento, de su hundimiento en el oscurantismo mesiánico y milagrero, es decir en la dependencia y la incapacidad de tomar las riendas de su propio destino.

Frente a lo real (léase defectuosa, incompleta) de la paz que hoy se inicia en La Habana, Uribe Vélez y Ordoñez continuarán ofreciéndonos un mundo idílico sin maldad, él mismo que no han podido ni podrán regalarnos, porque no existe.

De aquí en adelante magnificarán cualquier fuego pirotécnico, cualquier disputa intrafamiliar, para hacernos creer que esa es la violencia que produce la paz de Santos. La violencia que nos aseguran no  existiría, si hubiésemos encarcelado o fusilado a ‘Timochenko’ y su ejército.

Frente a esa nueva guerra de crispaciones que ahora nos ofrecen, les proponemos mejor arremangarse y trabajar por la paz en lo real, en el tejido interminable del país que se abre, y que será bueno para todos, incluyendo los nietos de Uribe Vélez, que serán bienvenidos, siempre que vengan a a ‘trabajar, trabajar, y trabajar’.

Marlene Singapur

http://gusanoenlafruta.blogspot.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s