Con motivo de la muerte de Fidel

Por : Ricardo Robledo

Descarada, de suma bajeza y carente de sentido humano, ha sido la forma en que los medios derechistas han dado la noticia de la muerte del Comandante Fidel Castro, al mostrar principalmente las celebraciones en Miami; no era de esperarse más de parte de un periodismo de tan baja calidad y de aquellos que tantas veces anunciaron su muerte, convirtiéndolo en un tema de fantasiosa farándula y de rabiosa referencia.

Por otro lado resaltan la simpleza y la altura con la que el gobierno de Cuba informó del infausto suceso. No  hubo el tal pretendido ocultamiento por meses, con el que tanto especularon los siempre atribulados opositores en Miami quienes en repetidas ocasiones, mostraron a profundos expertos confirmando el rigor mortis de un supuesto cadáver embalsamado desde no se sabía cuantos meses atrás y oculto al mundo-no vivimos de mentiras. Tal ha sido la magnitud de Fidel, que para poderlo dar por muerto lo tuvieron que matar repetidas veces los ilusos.

Los medios menos amarillentos, pero igual de rabiosos, analizaron al día siguiente que “sin su Comandante la Izquierda Latinoamericana queda sin rumbo”. Dar crédito a tan desenfocado comentario sería como aceptar que Fidel nunca existió, porque su labor habría sido en vano. Tal es la lógica burguesa que se deriva de un patrón que lo establece todo; hasta el pensar y el amar.

Algo tan natural, como la muerte de Fidel, algún día tendría que ocurrir; así sus enemigos lo vieran eterno.  Los que hoy celebran su sueño hecho realidad, seguirán los tormentos en su vida, en la  que tendrán  que apreciar cómo la democracia, la lucha y la felicidad de los pueblos seguirán avanzando día a día; la historia nunca marcha hacia atrás, aunque a veces esa sea la apariencia.

El injusto sistema capitalista no puede garantizar el bienestar a los pobres del mundo y la explotación y la opresión serán derrotadas en todos los rincones del planeta, tal como lo ha anunciado Fidel. Que cómo pueden ver, aún no ha muerto. Seguirá existiendo en los humildes, en los demócratas y revolucionarios del mundo.

De los siete mil millones de habitantes del mundo, muy pocos-se podrían contar en una mano-pueden decir:  “Yo cambié el mundo”. Fidel fue derrotado en el ataque al cuartel Moncada y volvió, porque no le gustaba como estaba el mundo y lo cambió. Al igual que Bolívar y Chávez. Eso habla de la claridad y de la grandeza de los espíritus. Los llevamos en nuestras mentes y corazones. Alerta. La lucha sigue.

Noviembre 28 de 2016

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