Es posible vivir en un país digno

Por: Ricardo Robledo

A medida que se van definiendo en Colombia las campañas para las elecciones presidenciales para el período 2018-2022, los candidatos comienzan a hacer públicas sus estrategias. Algunos, con diversos matices, toman como bandera la lucha contra la corrupción; oportunidad que no puede ser desaprovechada dada la sensorial acogida popular de esta clase de iniciativas.

Pero este tipo de anomalías sociales no son nuevas. Los procesos de colonización han cumplido una función primordial en el surgimiento y consolidación de la sociedad capitalista. Es así como en 1492, aventureros europeos se encontraron unas tierras a las cuales consideraron supuestamente abandonadas; al decir de los historiadores oficiales, las descubrieron; o sea, que sus habitantes estaban perdidos, su cultura y su historia no contaban para nada, no tenían títulos de propiedad reconocibles por la sociedades europeas y entonces, los invasores tomaron posesión de ellas a nombre de dios y de los reyes; es decir, oficializaron la ilegalidad.

Con esas acciones de pillaje se consolida el capitalismo y se establece la usurpación como modelo a seguir, como uno de sus principios fundacionales. Por eso es clave entender que en las comunidades, las personas nacen instintivamente animales, con rudimentos culturales y la sociedad los forma en los valores que la inspiran. Despojo, explotación, humillación y represión, conforman la esencia del sistema capitalista.

Por esto la lucha contra la corrupción tiene que ser más que una campaña de apenas alcance electoral; tampoco puede quedarse en moda, novelería o en discursos coyunturales que no van más allá de las ambiciones presidenciales, sino que deben desarrollarse los mecanismos que conviertan en sistémicos los avances que se den en su erradicación.

No se trata de cambiar de corruptos o de hacer su acción más sutil. Tal vez, los peores corruptos son lo que no se consideran a sí mismos como tales y son aquellos que simplemente ven opciones de negocios, que se consideran que tienen ojo para los negocios, que es que son suertudos y aprovechan las oportunidades. Existen quienes tienen su ética de bolsillo y no ven sus propios desmanes ni los de sus amigos y familiares. Para ellos, los únicos corruptos son aquellos que no son  copartidarios. (Claros ejemplos de ello, han sido los amañados manejos de la procuraduría, la contraloría, la fiscalía y la politización de la justicia)

Tampoco se trata de combatir apenas un tipo de corrupción, como lo dejan a medias los discursos populistas de algunos candidatos que hablan de limitar el congreso, pero nada dicen acerca de la privatización de las empresas del estado, que mediante oscuras maniobras son feriadas al más bajo precio, otorgadas a intereses privados casi siempre extranjeros y que dejan los bolsillos llenos a algunos políticos de turno, quienes llegaron a estas instancias precisamente con esas intenciones. Ese es el atractivo y la gloria de la inversión extranjera que tanto proclaman los políticos. Los candidatos con campañas financiadas por inversionistas, quedan sometidos a los designios de quienes los financiaron.

La corrupción es tanto pública como privada; la figura es que el contratante es el estado; y el contratista, una empresa privada. Se habla mucho de combatir la corrupción pública, pero con el fin de que algunas empresas pasen a bolsillos de particulares. Usando mecanismos estatales, se han privatizado cientos de empresas como Telecom, ISAGEN, UNE, Colpuertos, las empresas de servicios públicos de recolección de basuras, de acueducto, comunicaciones; se crean carteles de precios. Nadie podría ponerle cifras en billones a todo lo que se le ha robado al estado y a los colombianos a lo largo de la historia nacional y en especial en los últimos treinta años, con la política neoliberal. Mientras tanto, los noticieros muestran escandalizados, como a una señora le roban el celular y la extorsionan por doscientos mil pesos y así distraen a la población.

En el país, los negocios florecientes son los asociados a lo ilícito, llámese narcotráfico, lavado de activos, contrabando, evasión de IVA y demás impuestos, exportaciones ficticias, desfalco, apropiación de tierras, contratación amañada, el cohecho, el favorecimiento, empresas de papel, nóminas infladas, pacientes inexistentes, drogas y servicios nunca entregados y miles más, sostenidas con inverosímiles tramoyas.

Por esto se queda corta la propuesta de 7 puntos que habla de limitar los nombramientos a tres períodos consecutivos. Como respuesta, los que tengan períodos acumulados alegarán que la ley no puede hacerse retroactiva, y quedarán otra vez habilitados. Si se les aplica la reducción salarial, organizarán unas primitas, unos bonos o unos contraticos.

Con singular desfachatez, hoy los políticos se enfrentan abiertamente por desacuerdos entre corrupciones; por el reparto del botín, al más claro estilo delincuencial; se acusan mutuamente para definir quien fue más corrupto, a quiénes les dieron más o a quienes no les dieron. Ahí centran el debate de sus idearios políticos.

La corrupción está en el ADN de la sociedad colombiana; corrupción que se extiende por alcaldías, concejos, gobernaciones, asambleas, secretarías municipales y departamentales; presidencia, congreso, ministerios, embajadas, consulados, notarias, corporaciones, fuerzas armadas, sistema de salud, sistema de educación, iglesias, procesos electorales, empresas privadas, partidos políticos y hasta en ciudadanos de a pié; mientras tanto, el pueblo padece en el día a día, las carencias de alimentación, vivienda, educación y salud.

Cualquier acción que intente modificar este estado de cosas, será desprestigiada por los medios de comunicación y combatida como un ataque a la patria, a la fe católica, a las buenas costumbres, buscan desestabilizar el país -dicen-, son narcoterroristas, castro-chavistas internacionales. En el fondo, estos discursos son el mejor negocio que tienen porque la población los asimila sin profundizar en la realidad. (¿Ya entienden cómo es que funciona la cosa?)

¿Será posible construir un nuevo país con este tipo de funcionarios enquistados en la administración gubernamental?

Tal es la magnitud del reto que enfrentan la sociedad y el pueblo colombiano. Gloria a los países  que como Venezuela, Ecuador y Bolivia -enfrentando todo tipo de obstáculos y bloqueos- adelantan acciones contra los corruptos.

Enero 25 de 2017

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