Archivo mensual: mayo 2017

COLOMBIA, FECODE: “Estamos en paro nacional del magisterio”

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Hoy toma de capitales

El Paro Nacional del Magisterio sigue firme y fortaleciéndose. Por ello, la tarea a seguir son tomas de las seis capitales (Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Medellín y Pereira). Los maestros y maestras de los departamentos cercanos se concentrarán en estas ciudades para realizar jornadas de movilización.

Para el caso de Bogotá, las delegaciones saldrán de los tres siguientes sitios, con concentración desde las 9 am, para confluir en la Plaza de Bolívar:

– Colegio Manuela Beltrán, ubicado carrera 14 A # 57-28. Tomará la calle 57, luego la carrera 13, para subir por la calle 51, arribar a la carrera 7ª y seguir.

– Sena de la carrera 30 con Primero de Mayo. Partirá desde la carrera 30 para luego subir la calle 13 hasta la carrera 7ª.

– Colegio Nicolás Esquerra, ubicado en la calle 9C # 68-52, continuará por la avenida Carrera 68, las Américas hasta la calle 13 y llegará hasta la carrera 7ª.

Barranquilla: Cordialidad con Cra. 21; y Murillo con Cra 21

Bucaramanga: Puerta del Sol; y Parque del Agua Quebrada Seca hasta la Gobernación.

Cali: Puente del Comercio 14 Calima hacia la Gobernación.

Medellín: Adida sale desde Girardot con Argentina; y el Sena sale desde la Avenida El Ferrocarril hasta La Alpujarra.

Pereira: La Romelia; Cerritos y Canaán.

¿Qué pasa en Buenaventura que en Colombia no se ve?

Profeta en su tierra

Por: José Darío Castrillón Orozco

Aunque la última ópera del cineasta colombiano Víctor Gaviria, La Mujer del Animal, es buen cine y ha cosechado elogios de la crítica mundial,  ganó el Premio Coral a Mejor Director, y Mención Especial de Actuación Femenina, en el 38 Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba, 2016, no ha sido un éxito de asistencia en Colombia. Su taquilla en el país fue de 18.800 espectadores, mientras que rápidos y furiosos pasó de los tres millones y medio, en la misma temporada. Acaso sea aplicación del adagio bíblico: Nadie es profeta en su tierra. Aunque El Paseo IV, del director Dago García, superó el millón de espectadores.

Puede deberse a deficiencias en su distribución, porque algo va de los mecanismos publicitarios y de ventas de una multinacional a los locales, pero casi todo colombiano en la ciudad ha escuchado hablar de tal película, algo sabe de su contenido, tal vez de los elogios cosechados, pero no se anima a verla.

En el contexto parroquial de Medellín donde condecoran a pelafustanes que recitan retahílas de obscenidades, por ser “triunfadores” paisas, no han resaltado la labor artística del poeta y cineasta Víctor Gaviria, exitoso cinematográficamente y elogiado internacionalmente. No es triunfador en su tierra.

El registro periodístico del hecho cinematográfico La Mujer del Animal es trivial, se limitan los medios masivos al anuncio de la última realización del director Gaviria, y a encasillarla como un caso de violencia de género, o como otra película sobre violencia. Y no se quiere ver ni por las administraciones políticas, ni por la intelectualidad, en forma de crítica, ni por el ciudadano del común. Sus razones tendrán.

Pese a estar situada en el pasado, 1975, hace 42 años, es una historia que continúa en la actualidad. Es un presente que se quiere rechazar. Eso de una comunidad entera a manos de un truhan sigue pasando en la Medellín de hoy. Barrios enteros continúan bajo régimen de terror impuesto por un malandro y dos decenas de cómplices, la diferencia con la película es que el Animal, que tiene menos hombres, sí es bravo en la pelea, mientras que los actuales Libardos no atacan sino al indefenso; y que mientras el antagonista de la película hace y deshace por la indiferencia del Estado, los actuales lo hacen con su complacencia. Acaso por ello el hombre de a píe se niega a verla: pretende negar su sufrimiento, su indefensión frente a un puñado de rufianes que lo hacen víctima cotidianamente, sin que los que ostentan el poder en la ciudad protejan al ciudadano. Al contrario: se han puesto una y otra vez al lado del delincuente barrial hasta convertirlos en una extensión del poder político local, desde cuando la delincuencia municipal se transformó en grupos paramilitares en 1998 en Medellín, o como en el caso de la llamada “donbernabilidad”, que fue un pacto entre la alcaldía y el paramilitarismo enquistado en los barrios para controlar el orden público, a cambio de lo cual podían cometer cualesquier exacciones contra la población. Al pacto de donbernabilidad le sucedió otro pacto de la institucionalidad con la criminalidad, donde a cambio de disminuir las estadísticas de homicidios las bandas neoparamilitares recibieron dineros oficiales y patente para cometer otros delitos contra la ciudadanía, eso disparó las cifras de desapariciones forzadas, de extorciones, y de violaciones carnales. Tal vez la renuencia del común a ver este cine es porque termina  por constatar su impotencia.

También se quiere negar un pasado doloroso: ser producto de una violencia. Los actuales moradores de las ciudades colombianas somos descendiente de desplazados, porque el mayor urbanista en Colombia ha sido la violencia. Pero huir del campo a un barrio marginado del país es saltar de la sartén al fuego.

Estas ciudades votan contra la paz y piden tierra arrasada, con la ilusión que la guerra queda muy lejos, en el campo, y que asolando el campo se destruye la constancia del ancestro campesino, y en su hoja de vida de citadinos quedará borrada la derrota que los arrojó a lo urbano. No disciernen que las ciudades quedan en mitad del campo, y que ese mal que desean para otros, los campesinos de quienes descienden, regresa por ese ámbito de exclusión que circunda a las ciudades, porque la víctima a fuerza de recibir tormento se trasforma en victimario, y que los mecanismos de reproducción de esos depredadores son muchos, como muestra el filme.

En la película la protagonista llora con cada golpiza, y como estas se repiten ella llora y llora,  tanto que se vuelve molesto, así como se vuelve molesto ver al pobre por despojo mendigando en el semáforo, al indígena tirado en la acera, a los defensores de derechos humanos denunciando atropellos… no queremos saber de nuestras desdichas, esperamos que la felicidad nos llegue escondiendo la cabeza, o gritando: ¡Antioquia la verraquera!

Los gobernantes no quieren ver la producción en cuestión, ni quieren que se vea, porque muestra lo que ellos pretenden ocultar: la ciudad de las miserias y las tropelías, de las cuales ellos son cómplices, por las diversas alianzas con el malandraje, en las cuales soportan su poder político, y sus perversiones personales. Por eso un alcalde que cogobierna con los paramilitares se escandaliza porque aparecen unos afiches proclamando Pablo Escobar presidente, 15 años después de muerto el capo, y los manda retirar; otro que reparte secretarias entre delincuentes pide que se demuela un edificio porque recuerda a Pablo Escobar. Lo que pretenden es ocultar como el Cartel de Medellín detenta el poder político, sin su fundador.

Se ha tornado lugar común el decir de algunos académicos que ya tenemos suficientes novelas sobre la violencia, así como cine, canciones, poemas, teatro… invitan a pasar rápido la página. Cuando los fenómenos en cuestión no solo no cesan, sino que se repiten con mayor intensidad. Aunque también la academia terminó permeada por la mafia, existe también un no querer ver, una renuencia a pensar el conflicto y sus violencias, muchas veces porque la intensidad de los hechos desborda la capacidad de representación, por la impotencia personal ante ello, y porque de tanto golpe recibido la nación ha terminado por militar en la desesperanza. No consigue vislumbrar la salida para el callejón de la violencia, y mejor mira para otro lado, para Rápidos y furiosos, o para El Paseo.

Pero aquello que se rechaza de la representación simbólica, cultura,  regresa por la vía de lo real, de la muerte. Al rechazar el arte que nos permite mirarnos le abrimos la puerta al terror, a más terror.

Mamarle gallo al olvido

Por: José Darío Castrillón Orozco

“Pertenezco a la generación más lúcida y disparatada del presente siglo. La que tuvo entre 20 y 30 años de 1960 a 1970. Tengo unos héroes concretos: Ché Guevara, Benny Moré, Pelé, Camus. Unos amores concretos también tengo: cinco y medio, mis hijos, la vida, la literatura, la música, las copas con mis amigos, mis tías. Y unos odios letales sí que tengo: a la opresión, al argentino entredormido que yace en mi alma, al caminadito sistemático de occidente hacia el abismo. Una ilusión: la libertad que siempre se pierde cuando se alcanza. Y un remordimiento: no haber hecho la revolución.”
Jaime Espinel. 1986.

Este homenaje se debe a que nuestro amigo Jaime Espinel, como él mismo lo diría, hace cuatro años se pegó su moridita. No por ello esta es una convocatoria a la necrofilia. No se trata de hacerle culto a la muerte, ni más faltaba, sino de agradecer a la vida el regalo de su presencia traviesa y dicharachera entre nosotros. De celebrar el haber sido bendecidos con su amistad y de agradecer que nos haya librado de su enemistad.

Hacer el recuerdo de Barquillo, divisa con la que se han realizado varios eventos, tampoco es un ensayo de crítica literaria. Aunque nuestro amigo logró hacerse, a codazos e ingenio, un lugar en las letras hispanas, desde un amor temprano por la literatura, hasta la decisión tardía de hacerse escritor.

Hijo de esta mala madre que es Medellín, madrastra impía que devora sus hijos, “capital mundial del delito” que nombrara en sus cuentos, tacita de plata rebosada de sangre; más hijo es de Manrique, el barrio de su niñez, donde rescata bellos recuerdos entre una infancia brutal. Allí se hizo travieso, como debe ser todo niño, sólo que Barquillo nunca dejo de ser travieso.

Como parte de una travesura se alistó en el nadaísmo, de los primeros al lado de Gonzaloarango, donde encontró motivos y colegas para sus travesuras. De ellas recibimos relatos deliciosos, recreados y reinventados no para preservar, como la mayoría de los mentirosos, el honor, sino el humor. Porque uno de sus atributos mayores era su vocación para hacernos reír. Decía Borges que el humor es una súbita generosidad en la conversación, y que generosidad la de Jaime, un cántaro de risas.

De ese nadaísmo, que pretendió ser un movimiento literario, adquirió sus devaneos retóricos, pero no se hizo escritor por su militancia nadaísta, sino a pesar de ella. Desde ese entonces se define como poeta, pero no un poeta maldito, porque decía que él no era maldito sino medio hijueputa.

También como travesura emigró a las tierras del Tío Sam, donde dio los primeros golpes a la tierra trabajando como profesor de colegio, como lector y como traductor, pero fiel a su esencia llegó a hacer de Nueva York y de Manhattan una fiesta. Y de fiesta en fiesta, en las latinas, conoció del mundillo del crimen y del de las revoluciones. Porque tuvo su corazón bien situado a la izquierda, latiendo por el proletariado, al son de la internacional, himno que le arrancaba lágrimas en las liturgias del primero de mayo, marchando al lado de los obreros.

Allá en el bajo mundo del primer mundo, encontró a su Manrique dejado atrás. Un hilo, de sangre, unía a Manrique con Manhattan, y ese vínculo lo trajo de vuelta, tanto a sus andanzas picarescas como a la literatura.

Llamado por el viejito Marx a transformar las realidades, y llamado por su esencia gocetas a la vida bohemia, se impuso esta última desahuciando la disciplina militante, y perdió la revolución a un seguro mártir. Al fin logró una conciliación: Jugueteó con las realidades hasta subordinarlas al lenguaje, y desde este las dominó. Fue subversor de las palabras, rompiendo cánones literarios, reusó el culto al alpargate y al atraso, llevó la lengua coloquial al sitial de poesía, pulió seres opacos hasta volverlos héroes, y fue uno de los primeros escritores de lo urbano. Llegó hasta cometer neologismos.

Se dice que Jaime Espinel es un escritor injustamente desconocido en las letras nacionales. Lo cual es cierto, y los editores tienen mucha culpa, pero el mismo Jaime y sus amigos tenemos la parte restante. Él decía, a manera de excusa, que escribía como Hemingway, que como este cansaba a los amigos con las historias que relataba una y otra vez, hasta que las elaboraba lo suficiente para poder escribirlas. Y eso hacía Jaime, pero no se quedaba en ello, algunos de sus cuentos los volvía a contar como historia para enriquecer un encuentro. Aunque la literatura de esplendor del Barquillo se impone, a veces se recuerda el relato verbal como superior al escrito. De alguna forma sus amigos no teníamos necesidad de leer sus textos, o antes de leerlos ya los sabíamos y no nos esforzábamos mucho por leerlo. Pero lo escrito escrito está, y de qué forma.

Jaime recoge estos personajes que el malandraje condena a la tragedia, y los trata con tal ternura, la misma que le conocimos en nuestras tenidas, hasta llevarlos a tener honor, a mostrarlos derechos en su torcida, o a ser torcidos con derecho, o a reivindicar el derecho de los torcidos, denunciando las torceduras del derecho. (Evocamos a un quien amaestró el retruécano, y con derecho torcía y retorcía frases terminando, cuando iniciaba, en lindes con lo barroco.) A estos seres, subproductos de un orden inicuo, los recogía en su prosa tornándolos elegantes, les ornaba con sus buenos gustos, y fabricaba códigos de honor para ellos, como si sus vidas, de paso las nuestras, tuvieran sentido.

Acaso pueda mirarse su fijación por los personajes que van a su malaventura, decididos y serenos mientras destajan y balean prójimos, como un esfuerzo por encontrarle sentido al sin fin de violencia que habitamos. Violencia que tanto denostó, que arrancó de nuestro lado a muchos que queríamos, y ante la cual él, como nosotros, vivimos la impotencia. No se pierda de vista su amor al pueblo, su admiración por las formas de conjurar la desgracia que el rebusque crea, por la trama de palabras con la que se le hace cacería a los pesos en cada calle, por ello su literatura hace sublime el lenguaje coloquial. Otra más de las paradojas de Barquillo.

Hasta con Pablo Escobar, un hijo del pueblo, es compasivo. Decía: “Es tan mala la oligarquía antioqueña que corrompieron a Pablo Escobar”, y culpa de su muerte al “maldito ángel negro de la guarda”, negligente a la hora de cuidarlo sobre el tejado.

A mitad de camino entre el historiador y el chismoso, de su lengua voraz, conocimos historias e historietas de esta ciudad. También de historia patria y de su veneración por el general Bolívar. Hasta estaba en la empresa de demostrar en una novela el origen paisa de Pancho Villa. Sobre este proyecto le dijo Fernando Vallejo que no era necesario, que con Pablo Escobar tenemos.

La muerte ronda toda su obra,
“… La muerte golpea fuerte en la puerta
Y un hilo de sangre cubre todos
Nuestros años
Para que nos arda la lengua”
(Epígrafe de Esta semana me halará la mano.)

“Todo lo que vive se devuelve” llega a decir como resumiendo al Freud de Más allá del principio del placer, la muerte que hala la mano, o Polo Balvuena que busca su almohada. Sólo enumerando títulos de sus libros se encuentra esto: Esta y mis otras muertes; Agua de luto; Cárdeno réquiem; Alba negra, que es el efecto de la bala en la cabeza, que le abre al alma una negra alba. Para no extendernos en los títulos de sus cuentos, que sí que tienen alusiones mortíferas, ni de los contenidos mismos que narran peores formas de morir. Desarrolla la enseñanza de su maestro Sartre cuando afirma “el hombre es una pasión inútil”, y más inútil para estos compadritos montañeros, arrojados al vórtice de una violencia cuya lógica se escabulle, como la vida por las venas acuchilladas.

Y su parla coloquial también está cargada de ella, porque era orfebre que modelaba el hecho cotidiano para hacer de él una anécdota, y de esta podía confeccionar literatura. Cuantas veces deshizo en charlas de café sus cuentos para tornarlos de nuevo en anécdotas para sus amigos.

Pero no es una reverencia a la muerte, es un canto a los encantos de la vida, al amor, a las pasiones, a la persistencia, a la belleza, a los toros, al fútbol, al valor, y hasta a la cobardía, pero sobre todo al lenguaje. A ese con el que encantaba a los amigos, corroía a sus enemigos, y forjaba los cuentos que le dan sitial privilegiado en la literatura.

Su clásica expresión “se pegó su moridita” da cuenta de ser iconoclasta hasta con la muerte. Como si morirse fuera una opción que los humanos toman a voluntad, sin ser suicidas. Aunque, cuando se escucha esta frase en referencia al temprano fallecimiento de su madre, cuando él era un niño, puede leerse como un reclamo a la mamá por su partida. La muerte como abandono, y el reclamo a los ausentes por su compañía que se extraña. Lo cual es coherente en un hombre que celebró siempre en encuentro con el otro, que hizo del ser amigo una causa, y enalteció esa condición de amigo.

Jaime Espinel se reía de la muerte, incluso de la propia que adivinaba próxima, y hacia la cual se encaminaba como un personaje de sus obras, sereno, de frente, y, a diferencia de ellos, sonriente. Porque morir es también descanso, como el personaje Polo Balvuena, que pide su almohada, es decir, se allana a la parca como descanso a una vida de tropelías. En el envío que hace de la antología personal de sus cuentos, dice, luego de la dedicatoria a su familia:
“Envío este avieso aviso de mi primera noche tranquila
¿Y el día está lejano?”
Lo escribió pocos meses antes de que se detuviera su corazón revolucionario.

Por eso su decisión de venir a morir a su Medellín, y, como quien cumple una cita, lo hizo dándole pelea a la pelona. A esa hora que no se le puede mamar gallo Jaime Espinel le mamó galló, se rió de ella desde su cuerpo desvencijado. Hoy nos acompaña su obra, su voz afinada sobrevive al enfisema y podemos, gracias a la tecnología, escuchar todavía a este cantante de boleros, sones, bambucos, porros. No nos cuenta ya sus anécdotas, pero él mismo es una gran anécdota. Ahora está en la eternidad, que es una antesala del olvido, y justamente para combatir ese olvido, escribimos aquí, recordando a Barquillo.

http://www.alainet.org/es/active/45723

¿Quién es Emmanuel Macron, el nuevo presidente de Francia?

El independiente Emmanuel Macron se convirtió esta tarde en el presidente de Francia con el 65 por ciento de los votos en las urnas

Origen: ¿Quién es Emmanuel Macron, el nuevo presidente de Francia?

Emmanuel Macron es el nuevo presidente de Francia

EUROPA

El candidato socioliberal derrotó con comodidad a la ultraderechista Marine Le Pen, quien ya felicitó al vencedor y llamó a reformar el país en las parlamentarias de junio.

22.57 – “La próxima vez ganarás”, le dice Wilders a Le Pen

El populista de derecha holandés Geert Wilders consoló a la candidata francesa de extrema derecha a la presidencia Marine Le Pen tras su derrota. “Lo hiciste bien de todas maneras”, tuiteó Wilders. “Millones de patriotas votaron por ti. Ganarás la próxima vez. ¡Y yo también!”, agregó. El partido de Wilders, el PVV, resultó la segunda fuerza política del país en las elecciones parlamentarias del pasado 15 de marzo con 13,1 por ciento de los votos. (dpa)

22.33 – Macron conversa por teléfono con Angela Merkel

El presidente electo de Francia, Emmanuel Macron, mantuvo una conversación telefónica con la canciller alemana, Angela Merkel, tras conocerse los resultados de la segunda ronda de las presidenciales, confirmaron a EFE fuentes de su equipo. De esta forma, Merkel se convirtió en el primer contacto internacional de Macron tras su rotunda victoria en las urnas.

Macron fue recibido por la canciller en Berlín durante la campaña a mediados de marzo y destacó entonces las “convergencias” entre ambos y la apuesta conjunta por reforzar la cooperación bilateral en el seno de la Unión Europea (UE). En su discurso público tras conocerse la amplia ventaja obtenida frente a la ultraderechista Marine Le Pen, Macron reafirmó esta noche su compromiso con los valores europeos y su voluntad de defender los vínculos entre Europa y los ciudadanos. (EFE).

22.30 – Con 70 por ciento escrutado, Macron suma 62,7 por ciento de los votos

El candidato socioliberal Emmanuel Macron suma el 62,7 por ciento de los votos en la segunda vuelta de las presidenciales francesas, según datos oficiales entregados este domingo con el 70 por ciento del voto escrutado. El resultado es algo inferior a las estimaciones de todos los institutos de sondeo, puesto que los primeros votos escrutados proceden de las zonas rurales, donde más apoyo tiene la ultraderechista Marine Le Pen. (EFE)

22.22 – Nuevas proyecciones dan 65,8 por ciento a Macron

La televisión pública francesa da a conocer una nueva proyección, que asegura que Emmanuel Macron habría obtenido el 65,8 por ciento de los votos, contra el 34,2 por ciento de Marine Le Pen.

Tomado de: http://www.dw.com/es/emmanuel-macron-es-el-nuevo-presidente-de-francia/a-38744209

Israel y Palestina, más cerca de la Paz o el apocalipsis