Una ofensa a la antioqueñidad

Por: Ricardo Robledo

El verdadero propósito de Alvaro Uribe y de los narcotraficantes que representa, es convertir a los niños de las escuelas, a los jóvenes de los colegios y universidades, en sus clientes consumidores y poner a las niñas a disposición de los combos, tal como viene sucediendo en Medellín.

Es un modelo que se ha venido reproduciendo en todos los barrios, municipios del departamento y del país y que se exporta y ha tomado como referencia en otros países de la región y del mundo. El gotagota, el microtráfico, la microextorsión, el sicariato, las casas de pique, la venta de virginidades, los casinos y prostíbulos, son el paquete de aporte de un tipo de “antioqueñidad”.

Mucho se ha escrito sobre la antioqueñidad, para bien y para mal. El maestro Fernando González, habla de ese paisa que cuando vas a comprarle a su tienda, te pasa el brazo por el hombro, te invita a un vino. Luego cuando te lo encuentras en el parque del pueblo, ya no te conoce. Es el paisa, avivato, mentiroso, enredador, tumbador, abusivo, que entiende que el buen negocio es engañar al otro.

Pero existe otro tipo de antioqueño, el definido por los que descendemos de los arrieros y campesinos, honestos, nobles, honorables, “con poder en la voz, no en los fusiles”, trabajadores, ingeniosos, hábiles, enérgicos, respetuosos, de palabra empeñada, que saben hasta donde llega lo suyo, que para mostrar su carácter se apretaban la cabuya que les servía de correa para indicar que llevaba los pantalones bien puestos.

Cada quien se identifica con lo que siente y cree. Por eso no es extraño, que cuando la justicia llama a cuentas a narcotraficantes, corruptos y asesinos, algunos sientan herida “su antioqueñidad”, incluso que la promulguen como un ataque a la patria y hasta de persecución a la fe católica, con lo que de acuerdo con la lógica de la Virgen de los sicarios, colocan a la religión en el plano de la brujería. Y así logran cautivar a muchos. No faltan aquellos a quienes basta con mencionarles un poema con referencia a una taza de mazamorra y un plato montañero, para que estén dispuestos a trabajar hasta el cansancio y hacerse matar por su patrón. Es la antioqueñidad de la bobería, reducida así, para sobreexplotar y engañar a la población..

Las firmas que el gobernador hace recoger, con motivo de la ubicación de Belén de Bajirá, es una ofensa a la antioqueñidad, (a la no abusiva). Con seguridad, las corruptas élites bogotanas, entienden que es más fácil negociar con las élites corruptas chocoanas y no con las corruptas élites paisas, quienes buscan su tajada aparte. No se sabe exactamente cuáles son las riquezas en el subsuelo de las cien mil hectáreas del poblado, pero en uno o en otro caso, vendrán las empresas multinacionales a usufructuarlas. No interesan los habitantes; la gobernación de Antioquia ni siquiera dice que por razones humanitarias seguirá atendiendo la salud en la población; todo lo contrario.

De seguro, allá se impondrán el desplazamiento, el despojo, la explotación, la represión y la humillación; la lógica del capital. Entonces diremos que Belén de Bajirá no queda en Colombia, porque las riquezas no serán para sus habitantes.

Julio 18 de 2017

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