Archivo mensual: diciembre 2018

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Faltan los asesinados…

Juventud y estudiantado

«Ahora hablamos de la juventud como sector transformador y dinamizador de los movimientos sociales. Juventud y estudiantado es el tema.
Les agradezco el interés en la difusión del pensamiento crítico, pues solo a través de este podemos construir alternativas.
Es mi deseo que la misión de cuadernos se consolide e incida en la conciencia de los inconformes que nos leen, en el próximo año»

Por Gonzalo Salazar

La juventud es protagonista en los cambios sociales en todo el mundo, en todos los tiempos, es la edad en que estudiamos, soñamos, jugamos, nos enamoramos, cuestionamos la realidad impuesta y nos atrevemos con la rebeldía, pero también -en las condiciones de pobreza y exclusión en que viven la mayoría de los jóvenes en Latinoamérica- es época en que ellas y ellos tienen que abandonar sus estudios para ingresar al mercado laboral y afrontar situaciones de desempleo, abusos y estigmatización que hacen las clases dominantes y los medios masivos oficiales, además de la aberrante utilización que hacen de este sector social los actores del poder y de la guerra, empezando por los Estados cipayos y violentos, que obligan a prestar el servicio militar, apropiándose de su fuerza y rebeldía, “lavándoles” sus cerebros para enfrentarlos violentamente a su propio pueblo y mantener el desorden establecido, pero también siendo utilizados y reclutados por los narcotraficantes, las mafias ylas insurgencias para sus guerras.

El sector juventud como el de las mujeres, son sectores transversales al resto de sectores populares que no se deben catalogar o manipular como minorías En las guerras del capital contra los pueblos son los-as  jóvenes el sector social más vulnerable, el que pone la mayoría de los muertos, los desaparecidos, los torturados, los desplazados; basta mencionar algunos ejemplos de los últimos 70 años, como la masacre de Tlatelolco en el 68, las guerras de liberación nacional en Centroamérica, las dictaduras en el Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay) en los 70 y 80 del siglo pasado; el genocidio narcoparamilitar, complementado con los “falsos positivos” realizados por las fuerzas armadas del Estado colombiano en los últimos 25 años, y más recientemente la guerra narcoparamilitar en México contra sectores populares, que se sintetiza en la detención, desaparición y asesinato de miles, entre ellos 43 jóvenes estudiantes en Ayotzinapa en 2014.

Hemos visto que la mayor parte de los desempleados en Colombia es menor de 30 años, que más del 30% de los jóvenes de estratos 1, 2 y 3 que inician el bachillerato no lo pueden terminar y que de ellos los pocos que empiezan una carrera universitaria, menos del 50%, la puede terminar; la construcción, el comercio, la industria y la agricultura formales absorben un poco más del 60% de esta nueva mano de obra, el resto sale a la calle al rebusque de cualquier manera (legal e ilegal) incluidas la delincuencia y la mendicidad, para la cual el Estado solo tiene represión, exclusión y estigmatización. La lucha estudiantil por mejor educación no termina, porque son los estudiantes de los sectores populares quienes defienden la universidad pública, ellos quieren ser profesionales, científicos y artistas, quieren aportar su capacidad intelectual y física a la transformación de su país, quieren rescatar la dignidad y el respeto para su pueblo, por esto en cada movilización el Estado retrógrado saca la maquinaria militar criminal (ESMAD) para combatirlos como si fueran delincuentes, en lugar de solucionar los problemas de la educación –que debería ser gratis para todos los colombianos- como su desprivatización, el presupuesto suficiente, la alta calidad, el estímulo y garantía a la investigación científica y, la aplicación de estos conocimientos a las necesidades del pueblo y el país. Este tratamiento por parte del Estado hacia los jóvenes y estudiantes es el que nos devela FrantzFanon[1] cuando nos habla de “la zona del ser y la zona del no ser”, pues en la zona del no ser que es la periferia o el sur global, las personas, las comunidades, los sectores populares, no tienen derechos garantizados, y si los reclaman o ejercen, ponen en peligro sus vidas, su seguridad económica-social y su libertad, mientras que en el norte o zona del ser, las personas, así sean trabajadores o contradictores del régimen, no sufren estas políticas o por lo menos no en la misma proporción. En la educación y la economía es donde se plasman perfectamente la dependencia y el colonialismo; por esto es imprescindible desoccidentalizar y eliminar la colonialidad de la educación, para que nuestros jóvenes y nuestro pueblo, puedan recuperar su dignidad y autonomía para pensar con mente propia y construir un mejor país; esa es la principal tarea de los estudiantes y docentes humanistas transformadores

El arte y la cultura se enriquecen con la alegría y la creatividad de los jóvenes, el arte y la cultura en manos de los jóvenes populares es un grave delito para la oligarquía, porque deja en evidencia su criminalidad e indiferencia, por esto el capitalismo colombiano asesina a estudiantes movilizados en todo el país, a grafiteros en Bogotá, mata y desaparece a cantantes y actores callejeros en Medellín, convierte en sicarios, delincuentes y drogadictos a jóvenes y niños en campos y ciudades, juzga y condena a poetas y estudiantes por pensar diferente. Tiene más beneficios ser sicario, atracador o pandillero, que ser joven estudiante, joven artista, trabajador o líder comunitario joven. De igual manera, el capital mediante los grandes medios de desinformación pretende desviar la atención de los y las jóvenes pobres por el arte y el conocimiento, hacia la lúdica vacía de los juegos virtuales que incitan a la violencia, hacia la cultura light egoísta e indiferente ante los problemas de la humanidad(como los artistas drogos “exitosos” que con su “música” incitan a la drogadicción, el racismo, la xenofobia, la violencia y la misoginia) hacia actividades de competencia y desgaste físico, hacia el mantenimiento y adoración narcisista de su belleza física, actividades individualistas de poco aporte intelectual, orientadas hacia un supuesto éxito personal.

El deporte comercializado, promovido por los Medios y el Estado, no es alternativa digna para las y los jóvenes, no representa formación en valores humanistas, no forma integralmente al individuo, por el contrario, lo hace egoísta, prepotente en la competencia desleal, lo aísla de su medio social popular, lo convierte en mercenario, en esclavo y aliado de sus explotadores, en ignorante de la realidad de su país y del mundo; si alcanza algún triunfo, su ambición se infla, pues la fama es el estímulo para ganar más dinero y comprar el placer que nunca le alcanzará ni le satisfacerá plenamente; su paradigma es el mafioso vestido de empresario deportivo al estilo de la élite de la FIFA y los “grandes” campeones –del futbol, el tenis, el automovilismo, etc.; esta forma del deporte deforma también a los hinchas o fanáticos jóvenes, que se convierten en pandilleros y delincuentes por una camiseta o por el nombre de un equipo nacional o extranjero, atentando contra ellos mismos y sus propias comunidades.

Por otro lado, en nuestra historia los y las jóvenes han desempeñado el papel de despertadores críticos de la sociedad, ellos se han acercado a la ciencia, a la cultura, a la realidad, al origen o causas de los problemas, han tenido la capacidad de percibir la utopía, por ella sueñan, se rebelan, y luchan contra los autoritarismos de la familia, la escuela, la sociedad y el Estado. Desde la colonia nuestros jóvenes estudiantes estuvieron al lado de la revolución en contra de la corona española, luchando con las armas y con el conocimiento; de entre ellos y ellas surgieron líderes políticos, artistas críticos y científicos comprometidos con la independencia y la democracia, aunque en esa época solo estudiaban los hijos de los criollos ricos en colegios y universidades católicas (la educación como monopolio de la iglesia retardataria e inquisidora), no los pobres campesinos, indígenas, obreros y artesanos. Con la independencia, y luego la fundación de la Universidad Nacional, se abre la posibilidad que el conocimiento “universal” llegue a ampliar la visión laica liberal del mundo, de enriquecer el arte, la cultura y la ciencia; así fuera copiando esquemas, nuestro país se asoma a la Modernidad y nuestros estudiantes atrapan de las diversas corrientes de pensamiento occidental, nuevos elementos científicos, filosóficos y políticos para conocer e intentar transformar la realidad, empezando por cuestionar la pedagogía confesional y la academia, llegando a identificar en el Estado la responsabilidad de los problemas económicos y sociales.

El movimiento estudiantil popular, además del sindical, ha sido el más activo en los últimos 70 años, el que ha nutrido a las organizaciones políticas de izquierda, el que ha acompañado las luchas de los demás sectores populares, el que ha cuestionado el sistema educativo colombiano, el que reúne a la juventud con su inconformidad, como un actor dinamizador de las iniciativas políticas para un mejor país. En la época de Rojas Pinilla, como en el nueve de abril de 1948, el estudiantado salió a las calles del país a reclamar democracia, mejor calidad y garantías para la educación, aportando su cuota de sangre en cada movilización, junto a ellos marcharon profesores e intelectuales demócratas; son los y las estudiantes, la juventud, desde la revolución cubana, quienes que se han movilizado, en los 60 contra la explotación, la opresión y los poderes establecidos, sintonizados con ese gran movimiento mundial contra la guerra, el patriarcado y el capitalismo, que tuvo su máxima expresión en mayo del 68. Sin embargo la oligarquía y los medios oficiales estigmatizan y persiguen a los estudiantes de instituciones públicas; para ellos el  estudiante de los sectores populares es sinónimo de vándalo, vago y terrorista, llevando a enfrentar estudiantes de la educación privada contra los de la pública, dividiendo el movimiento estudiantil.

Como Neocolonia nuestro país obedece las órdenes que desde Washington se imparten para todo el mundo, entre estas, los modelos educativos, los pensumes, currículos y programas a desarrollar en las universidades, que garantizan el dominio intelectual colonial del conocimiento desde la metrópoli; por esto los estudiantes de secundaria y universitarios marchan por su formación científica, por democracia y autonomía en sus universidades; jóvenes y estudiantes son hoy los-as que más se interesan por la construcción de un mejor país, por esto los-as vemos en movimientos populares como la Marcha Patriótica, en el Congreso de los Pueblos, en las movilizaciones campesinas e indígenas y en las cientos de organizaciones y movimientos políticos y sociales, locales y regionales populares no institucionalizadas que actúan dentro y fuera de la izquierda tradicional.

Los estudiantes han construido sus propias organizaciones a nivel local, departamental y nacional, en colegios y universidades: comités estudiantiles, asociaciones, federaciones y organizaciones de representación como la FEU, FER Sin Permiso, la Federación de Estudiantes Universitarios, la REO y comisiones de negociación con el Estado como la MANE, mediante la cual se busca una nueva educación, una nueva universidad, de alta calidad en la formación profesional, democrática, humanista, científica y costeada por el Estado para todos los colombianos. Al movimiento estudiantil como sector activo crítico, las corrientes revolucionarias lo han permeado, lo han influenciado políticamente, aportándole tanto como la academia, a su visión del mundo y de país, de hecho es en las universidades donde se genera el debate teórico y político sobre la situación económica y social del país, promovido por los estudiantes.

Aunque es un sector transitorio en el tiempo, los y las jóvenes estudiantes, son parte fundamental en el proceso de transformación social de nuestro país, junto a los demás jóvenes trabajadores, artistas y desempleados, deben integrar el gran movimiento popular transformador que   requiere nuestro país. Se requiere impulsar, apoyar y defender la organización de la juventud en actividades culturales creativas, recreativas y políticas con sentido crítico, con alternativas y propuestas de una sociedad más justa y feliz

Gonzalo Salazar, diciembre 28 de 2018

[1]FanonFrantz. Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica. México 1963

Las mujeres y el patriarcado

Por Gonzalo Salazar

Una de las dificultades, de las fallas del pensamiento feminista es creer que el problema de la violencia de género es un problema de los hombres y las mujeres. Y en algunos casos, hasta de un hombre y una mujer. Y yo creo que es un síntoma de la historia, de las vicisitudes por la que pasa la sociedad. Y ahí pongo el tema de la precariedad de la vida. La vida se ha vuelto inmensamente precaria, y el hombre, que por su mandato de masculinidad, tiene la obligación de ser fuerte, de ser el potente, no puede más y tiene muchas dificultades para poder serlo.Rita Segato.[1]

 

La división sexual del trabajo, las religiones monoteístas misóginas, el sometimiento de las mujeres por los hombres,las familias, las sociedadesy las culturas patriarcales, han moldeado históricamentelos cuerpos y el espíritu de las mujeres, han reducido sus vidas al cumplimiento de los roles de madres y esposas sumisas obedientes, cuidadoras de las familias y de los hombres, considerándolas débiles, pequeñas y poco inteligentes; mientras definían a los hombres como fuertes, inteligentes y autónomos; pero el capitalismo convirtió a la mayoría de ellas –las pobres- además de instrumentos de reproducción y de placer, en fuerza de trabajo industrial de segunda categoría, en maniquís y en consumidoras, multiplicando su discriminación, su opresión y explotación.

Sin embargo, a nivel internacional las mujeres, especialmente las trabajadoras de las periferias, tanto las asalariadas como las del hogar, sin perder su feminidad y ternura, siempre han buscado su emancipación como verdaderas Sujetas autónomas, mostrando sus cualidades intelectuales, sus capacidades creativas, físicas y afectivas, no solo su independencia económica y la libertad sexual, que corresponden al concepto de “liberación femenina” en el capitalismo.

Produce cultura en el sentido humano, marxista, porque produce valores de uso en el trabajo doméstico aunque sea bajo explotación patriarcal. Existen muchos indicios que sugieren que los principales avances en la cultura de la antropogenia fueron obra de la mujer, desde la domesticación del fuego hasta el conocimiento de las plantas, raíces, pequeños animales, así como la primera cestería, textiles y cerámica; o en todo caso tales avances se realizaron en sociedades matrilineales, sin dominación patriarcal.

Produce placer en el sentido pleno del término, no en el pobre sentido del placer patriarcal centrado en su sexualidad masculina, falocéntrico. Al margen de las sucesivas formas históricas de familia, los cuidados maternales con su afectividad en la primera crianza hasta las relaciones interpersonales durante la vida, este proceso es básico para garantizar un mínimo de felicidad y de placer. [2]

El Estado capitalista masificó el trabajo de las mujeres en la producción en los últimos 70 años, amplió los programas de atención en las guarderías y jardines infantiles, -utilizándolas a ellas como únicas cuidadoras- reglamentó el control prenatal y posparto  para asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo; las reconoció como sujetos de derechos, obligado por las luchas de ellas como trabajadoras, como madres, como mujeres, como sujetas políticas; les ha abierto las puertas a la “participación” política dentro de sus instituciones, reconociéndoles algunos derechos liberales (al voto, a la educación, a la independencia económica, a conservar sus propios apellidos), pero el mercado las mantiene esclavas del consumismo con el sexismo, la cosmetología y la moda, utilizando la tradición machista patriarcal de la sociedad de mercado, que sigue considerando a la mujer como un delicado y exquisito maniquí que no puede envejecer ni engordar pero que la obliga a competir con los hombres bajo la falacia de la “liberación” femenina, en la supuesta independencia económica e igualdad frente a los hombres.

En esta competencia el capitalismo excluye, oprime y explota por igual a hombres y mujeres, las obliga a ejercer las mismas funciones, les brinda las mismas “oportunidades” de prepararse laboralmente, las involucra en las mismas actividades de violencia, egoísmo y corrupción de quienes mantienen el poder político y económico, les hace creer que si participan en la política burguesa van a obtener y defender sus derechos de género. Esta situación afecta directamente a las mujeres de los sectores populares, sobre todo a las más pobres, a las obreras, a las campesinas, a las amas de casa, a las del rebusque en el reciclaje o en la venta callejera que no tienen seguridad social, ni la formación académica que exige el mercado y la política del Estado para ejercer esos derechos.

En realidad, el capitalismo además de ser incluyente, es igualitarista, pretende que varones y mujeres sean iguales como consumidores, como mercancía laboral, cuando lo que hay que incluir es el respeto por las diferencias, por la diversidad en las formas de ser, de expresarse, de pensar y sentir de cada uno de los individuos femeninas y masculinos y de las comunidades en la sociedad (independiente de su color, de sus gustos sexuales, de sus creencias y/o de sus culturas) en una sociedad equitativa. El hecho de que haya supuestas representantes de las mujeres en la administración del estado y en la dirección de las empresas privadas -la mayoría provenientes de las clases alta y media- no indica que todas las mujeres se hayan empoderado de su dignidad y capacitado académicamente para ejercer esos cargos; pues muchas veces las mujeres de origen proletario  acceden a cargos directivos con mucho esfuerzo, enfrentando el chantaje sexual, la exclusión de género, étnica y económica ejercida por empresarios y políticos corruptos, sin poder cambiar sus entornos autoritarios machistas patriarcales. Sin embargo, siguen siendo pocas las que se nombran por sus cualidades científicas, intelectuales y artísticas, aunque en estas categorías sobresalen en los medios masivos de desinformación, mayoritariamente las de clase media y alta –blancas, occidentales de los países centrales- porque tienen más oportunidades económicas y sociales como clases y/o razas superiores en los ámbitos de la colonialidad; por otro lado,  muchas mujeres de clases altas y medias que cuentan con recursos para pagar a otras mujeres por los trabajos que en su rol de género les tocaría realizar en esta sociedad patriarcal (el mantenimiento, arreglo de la casa, la crianza de sus hijos) se creen más “libres”, porque tienen trabajos mejor remunerados, pero no tienen en cuenta la explotación y abusos que ejercen sobre las mujeres que les sirven.

En Europa y en el resto del mundo existieron y viven mujeres luchadoras por la justicia social, la libertad y la dignidad, recordando la incineración provocada de 130 trabajadoras en una fábricade Nueva York en 1908, activistas políticas como Flora Tristán, Rosa Luxemburgo Clara Zekin;las Hermanas Mirabal –asesinadas por la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en República dominicana en 1960- y muchas otras, comprometidas en la defensa de la diversidad cultural y ecológica como la indígenaBerta Cáceres y la sobreviviente india Vandana Shiva.

A las mujeres en emancipación se les reconoce en la lucha por sus derechos sexuales y reproductivos, simultáneamente por la defensa de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de sus comunidades y pueblos, vinculadas a la defensa de los derechos humanos, laborales y políticos, especialmente en la periferia (sur y oriente) dentro y fuera de la institucionalidad capitalista.Internacionalmente, desde mediados del s. XX las mujeres de clases altas y medias visibilizan sus capacidades políticas y administrativas en el Estado y en el sector privado, desde Europa con la Tacher inglesa en los 80, a la canciller alemana Angela Merkel, con los compromisos de clase de la que han sido y representado, han ejercido y dirigido el neoliberalismo contra hombres y mujeres de sus propios países y contra los pueblos de su periferia colonial, donde la pobreza tiene nombre de mujer; pasando a la periferia con la presidenta de la India Indira Gandhi (1917-1984), con la filipina Corazón Aquino, la pakistaní BenazirBhuto y a otras anteriores, que solo obedecieron a los mandatos del imperialismo, conservando las estructuras económicas y sociales de sus países, donde el autoritarismo, el machismo patriarcal y la religión misógina son la base cultural y política de esas sociedades, en las que las mujeres pobres o de “castas inferiores” tienen poco valor y menos derechos; sin olvidar a la sionista israelí GoldaMeir, que durante su mandato continuó reprimiendo y masacrando al pueblo palestino, donde la mayoría de las víctimas fueron y siguen siendo las mujeres,  niñas y niños.

En Latinoamérica, en el siglo pasado, también ha habido mujeres en los gobiernos de algunos países, desde la Violeta Chamorro de Nicaragua, la panameña Mireya Moscoso, ejerciendo con la misma obediencia los dictados del imperio norteamericano contra sus pueblos y contra las mujeres, a veces sin quererlo. En el presente siglo las corrientes de izquierda y progresista latinoamericanas han llevado mujeres a la dirección de varios gobiernos en países y ciudades: Cristina Fernández, Dilma Rousef  y la chilena Michelle Bachelet, ellas muy inteligentes, valientes, tratan de mejorar no solo las situaciones económicas de sus países, sino también las condiciones sociales y económicas de sus mujeres, algo digno de reconocerse, pero no pueden cambiar sustancialmente las estructuras socioeconómicas de sus países, fundadas en el autoritarismo, el patriarcado y la dependencia; porque obedecen a intereses económicos (transnacionales, BM, FMI, BID, OMC), políticos e ideológicos de clase, religiosos y de partidos que conservan toda la estructura cultural-colonial occidental, de las que es parte la concepción patriarcal de las mujeres, pues además,  generalmente las élites dirigentes de derecha e izquierda en su gran mayoría están integradas por hombres defensores del patriarcado. Estas corrientes, sobre todo en los casos más “radicales”, los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, son tan machistas como sus pares de la derecha, (incluso algunos misóginos que creen mandar sobre los cuerpos y las mentes de las mujeres), así incluyan mujeres en sus gabinetes, pues la derecha también lo hace en muchos países del mundo como en Colombia.

Sin embargo, las mujeres siguen siendo violadas, abusadas, acosadas sexual y laboralmente, generalmente las de estratos bajos; las religiones misóginas confesionales las sigue sometiendo con el chantaje moralista, frente al aborto, el matrimonio y la familia nuclear patriarcal; las pobres siguen siendo más pobres, explotadas, desplazadas y tomadas como botín de guerra de todos los bandos; siguen siendo en muchos casos, las que sostienen el hogar, combinando el trabajo de la casa con el de obreras, empleadas, campesinas jornaleras, en el rebusque, trabajando más que los hombres ganando menos que ellos, o sin ganar si trabajan en sus hogares como cuidadoras; son las que paren hijos para la guerra fratricida que mata a lo mejor de nuestro pueblo. Siguen siendo las que luchan contra la violencia, la opresión, la discriminación y el patriarcado, muchas veces adelantándose a los hombres, como lo hicieron la cacica Gaitana, Manuela Beltrán, Manuela Sáenz, Polonia Palanquero, Catalina Mulata, Nicolaza Jurado, María Zabala por la independencia del imperio español; Betsabe Espinosa, Julia Guzmán, Felicita Campos, Josefa Blanco, Petrona Yances, obreras y campesinas luchadoras junto a los hombres contra los terratenientes y las multinacionales (Bananeras) y empresas industriales y la represión del Estado. Débora Arango (artista plástica), María Cano (dirigente política) y muchas que lo hacen desde el arte, la literatura, el deporte, la lucha gremial  y política, actividades que realizan tanto y hasta mejor que los hombres, sin olvidar los cientos de miles de indígenas, negras y mestizas anónimas que continúan luchando desde sus territorios por tierra, autonomía, cultura y dignidad, contra la sociedad autoritaria y el Estado patriarcal.

Las mujeres solo valen para el capitalismo como mercancía, como fuerza de trabajo, como instrumento de placer, como consumistas y consumibles, porque con sus cuerpos -cubiertos o desnudos- a través de los medios masivos de propaganda, los concursos de belleza, explotando su sensualidad  y sexualidad, (pornografía y prostitución que los capitalistas le dan el status de empleo o profesión) venden todo tipo de productos, hasta su propia imagen de mujer “liberada”. En esta sociedad machista, la formación temprana de los individuos la ejerce la familia, y la responsabilidad recae, tradicionalmente en las clases pobres, en la mujer, que en la inmensa mayoría de los casos resulta ser tan machista como los varones en la crianza de sus hijos, -reproduciendo el mismo modelo patriarcal de familia y de sociedad que ésta le ha impuesto- pues ella ha sido educada por la familia y la escuela para desempeñar su rol de esposa-madre como única forma de ser mujer, para obedecer, cuidar y complacer a sus primeros amos que son su padre y sus hermanos, luego a su marido, sus hijos, a su patrón, a su jefe y al mercado.

Las telenovelas, las revistas de farándula  y de modas (impresas y virtuales), la propaganda,  incitan a su audiencia  masculina y femenina a preocuparse por su apariencia física, por la moda, las joyas, por la vida de lujos y derroche de las celebridades de occidente, por príncipes, princesas, deportistas y actoresexitosos, por los magnates que viven en sus mansiones y yates disfrutando los placeres que les procuran el poder y el dinero, escenarios en que las mujeres son objetos decorativos y de consumo; estos paradigmas de “bienestar y felicidad” están dirigidos especialmente hacia las mujeres de todas las clases sociales, donde las claves para ser exitosas son el matrimonio, la fidelidad y el consumismo.

Las mujeres son la mitad de la humanidad, de la vida, tan valiosas, valerosas y capaces como sus pares masculinos; ellas están en lucha contra el autoritarismo, el machismo y el patriarcado en las familias, en las comunidades, en las organizaciones políticas, en las empresas públicas y privadas, en la sociedad, en la educación; ellas están recuperando la propiedad de sus cuerpos que es su primer territorio. En los 60 del siglo pasado el gran movimiento mundial de la juventud, tuvo entre sus protagonistas a las mujeres, en la lucha por la liberación sexual, la planificación familiar el aborto voluntario, contra el matrimonio -que los maltusianos han utilizado para controlar el crecimiento de la población-.

El feminismo como movimiento mediático “radical”–igual que el machismo- ha sido promovido y manipulado por sectores económicos y políticos –a través de  la ONU, ONG, personajes de la farandula y algunos/as intelectuales- de gran poder global,dirigiéndolo especialmente hacia las mujeres de las clases medias urbanas, para profundizar la división y el enfrentamiento de la sociedad y la familia sin permitir la identificación del Estado y el sistema capitalista comomantenedores y beneficiarios de este proceso, pues la cultura violenta difundida por los medios masivos de desinformación y la enseñanza de las historias –nacional o “universal”- tergiversadas y fabricadas por sus eruditos, (cuando no son negadas u ocultadas) cimentadas en la violencia como factor determinante en el desarrollo de la civilización, conducen a la atomización de la sociedad, al escepticismo, al nihilismo frente al maltrato, el abuso, la estigmatización y la exclusión de personas y sectores sociales como son los casos de las mujeres, los indígenas, los negros, los/las homosexuales y las llamadas minorías; sobre ese esquema es que se imponen infinidad de categorías sexuales, modas, tendencias y adicciones que desvían la atención de las personas y comunidades -sobre sus propias identidades o necesidades- hacia objetivos consumistas, fascistas, egoístas.

En el mercado todas las mercancías se venden con la envoltura del sexo, que es otra mercancía, aunque para ello utiliza tanto hombre como mujeres, sin embargo, son ellas el principal instrumento audiovisual que induce la sensación de placer y felicidad en los consumidores cuanto más explícita sea su presentación en la propaganda o en los medios

El feminismo restaurador de los derechos y valores femeninos, de mutuo respetoentre hombres y mujeres, es emancipador, lo deben ejercer con convicción los varones y mujeres demócratas, socialistas, comunistas, anarquistas, humanistas, que realmente quieran transformar al mundo, contribuyendo a la liberación de las mujeres y los hombres; igualmente, un futuro Estado en transición, en una nueva sociedad justa y solidaria, deben procurar las políticas educativas formativas, los medios jurídicos e institucionales para el pleno ejercicio de la equidad de género y la participación de las mujeres en todas las actividades económicas, políticas, sociales y culturales como ejercicio del respeto y por los derechos de las mujeres.

La época de los 60 y 70  fue escenario de  múltiples luchas, la de liberación femenina por los derechos de las mujeres, fue  la más importante y de mayor contenido antisistémico, movimiento que conmovió a toda la humanidad, avanzando de una concepción medieval del papel de la mujer sin derechos ni valor, a la modernidad, al  reconocimiento por la sociedad y auto-reconocimiento por las mismas mujeres de sus dignidades, sus derechos y capacidades: derechos a disponer de sus cuerpos, a la igualdad con los hombres en todas las actividades políticas, sociales y culturales. Este movimiento también inicia la lucha por la liberación de los hombres del machismo y el patriarcado que les resta sensibilidad, sensualidad, afectividad, felicidad y humanidad, por los derechos civiles y por la liberación nacional de varios pueblos de Asia, África y América Latina y El Caribe.

En una sociedad democrática, justa, equitativa, solidaria, sería absurdo un movimiento feminista, pero hoy, en el capitalismo, es tan importante, revolucionario y necesario en la construcción y conducción de un mejor país, como cada uno de los movimientos y sectores populares comprometidos en este proceso que requiere superar la dominación, el patriarcado y el autoritarismo en las relaciones humanas, es prioritario frente a las transformaciones meramente económicas. La democracia no es solo el ejercicio de la autonomía individual y colectiva,  de definir y participar sobre y en la economía o la política, en que las mujeres lo hagan en número igual con los hombres en todas las actividades económicas y sociales, en los cargos políticos, jurídicos y administrativos; la democracia, el respeto y la igualdad deben empezar en la cama, en la casa, en las relaciones de pareja, en la familia, en la comunidad local, en la escuela, en los sitios de trabajo, en las organizaciones políticas y sociales, pues en una democracia verdadera no debe haber espacios vedados para la justicia y el respeto, cuando se trata de maltrato oviolencia –verbal, física y/o sicológica- originada en la dependencia o en la dominación de un sexo o de un género sobre otro, en este caso sobre las mujeres, sea en el hogar o en cualquier sitio público o privado;  este comportamiento debe ser tratado como un problema social por la comunidad y las autoridades, no solo con la represión, sino, con educación, garantía de igualdad en derechos, independiente de su sexo o gustos sexuales y respeto a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas como seres humanos iguales.

Las mujeres de los sectores populares son los nuevos sujetos o sujetas, que solo unidas en la lucha política como sector social y de clase con los varones, en igualdad de condiciones políticas, económicas, sociales, culturales, libres y dueñas de sus pensamientos, de sus cuerpos, de su sexo, podremos alcanzar la justicia, la libertad y la felicidad en nuestro país y en el mundo. Aunque existen gran número de organizaciones femeninas y feministas, (ecofeminista, de economía solidaria, de asistencia social, culturales, defensoras de derechos humanos) algunas con identidad política de izquierda, no se visibiliza un fuerte movimiento feminista integrado por hombres y mujeres, que plantee cambios, y políticas de equidad de género y social, integrado por víctimas del modelo económico, del conflicto armado, del machismo y del patriarcado; siguen siendo algunas mujeres feministas de clase media, aisladas, luchando contra los hombres, las que predominan en el discurso mediático, que lo hacen sin cuestionar a fondo los modelos de familia, sociedad y cultura. Sin embargo, en las organizaciones políticas y sociales populares ellas siempre están presentes, solidarizándose, movilizándose, orientando, proponiendo, aunque el autoritarismo, el machismo y la concepción patriarcal en la izquierda en muchos casos predominante, impide la emancipación efectiva de hombres y mujeres; pues la mayoría de los hombres de izquierda y revolucionarios no se excluyen del comportamiento machista autoritario contra las mujeres, como el abuso, el acoso, el chantaje sexuales y el sometimiento político e ideológico de las mujeres a las supuestas capacidades “superiores” de los varones en los hogares, en el trabajo, en las organizaciones políticas y sociales.

La izquierda colombiana, integrada en su mayoría por hombres masculinos, como parte de la cultura occidental, es patriarcal y autoritaria, pues su base teórica e ideológica procede en gran parte de los pensadores -también masculinos- europeos críticos del capitalismo, el contexto de su formación es el sistema capitalista, y su praxis se realiza en territorio colonial con una sociedad inequitativa, una oligarquía cipaya dependiente y por lo tanto autoritaria, sexista y represiva que impone a través de sus instituciones su poder y su visión colonial. El patriarcado y el racismo son esenciales en los patrones de dominación colonialistas y confluyen en la opresión, especialmente sobre las mujeres, pues en conflictos como el nuestro, ellas como eje principal de la familia, son las que sufren las peores consecuencias de la violencia contra las comunidades, pues además de la masacre de sus hombres –padres, hijos, compañeros, vecinos y hermanos- del desplazamiento y el despojoson tomados sus cuerpos como  botín sexual de guerra por los agresores de todos los bandos y ninguneada por el Estado.

El problema de la mujer no fue abordado a profundidad por Marx ni por el marxismo clásico que estudió su relación con el trabajo productivo industrial, o sea, desde la economía, no desde la antropología, ni con el conocimiento de las culturas y de las historiasde la periferia neocolonial, pero sí desde la perspectiva masculina patriarcal eurocentrista. Aunque no es propósito de este trabajo desarrollar la critica a Marx y el marxismo, es importante conocer las opiniones de las propias mujeres sobre los conceptos que desde la teoría los grandes dirigentes e intelectuales han elaborado en torno a los roles que las mujeres han desempeñado en la historia, en la familia, en el trabajo y en la sociedad;

Al celebrar la industria moderna por liberar a las mujeres de las cadenas tanto del trabajo doméstico como del régimen patriarcal y por hacer posible su participación en la producción social, Marx supuso que:

  1. a) las mujeres nunca antes se habían involucrado en la producción social, es decir, el trabajo reproductivo no debería considerarse una labor socialmente necesaria;
  2. b) lo que ha limitado en el pasado su participación en el trabajo ha sido la falta de fuerza física;
  3. c) el salto tecnológico es esencial para la igualdad de género;
  4. d) lo que es más importante, en anticipación de lo que los marxistas repetirían por generaciones: el trabajo fabril es la forma paradigmática de producción social, en consecuencia, la fábrica, no la comunidad, es el sitio de la lucha anticapitalista. Federici 2017[3]

Esta es una opinión que se ha venido generalizando dentro del pensamiento crítico, que reivindica el papel de la mujer en la sociedad y al que contribuyen los movimientos feministas,ecofeministas y humanistas, por lo que es indispensable para los/las investigadoras, intelectuales,demócratas y críticos colombianos, profundizar en el estudio del colonialismo, el racismo y el patriarcado, como inherentes a las sociedades de clase, al capitalismo y a la cultura Occidental eurocéntrica, para plantearse la participación igualitaria y decisoria de las mujeres y los hombres, independiente de sus gustos sexuales, en un proceso de liberación y transformación de nuestra realidad económica, social y cultural, en la que es indispensable una masculinidad sensible, solidaria y afectiva con las mujeres, la familia, la sociedad y la naturaleza.

Como lo señala Salleh, todo en Marx establece que lo que es creado por el hombre y la tecnología tiene un mayor valor: la historia comienza con el primer acto de producción, los seres humanos se realizan a sí mismos a través de su trabajo. Una medida de la realización de sí es su capacidad de dominar la naturaleza y adaptarla a las necesidades humanas. Y todas las actividades transformativas positivas se conciben en masculino: el trabajo se describe como el padre, la naturaleza como la madre, la tierra también se concibe como femenina.

Las ecofeministas han demostrado que existe una profunda conexión entre el desdén de los quehaceres domésticos, la devaluación de la naturaleza y la idealización de lo que la industria humana y la tecnología producen. (Federici 2017)

Solo se puede acabar con el sometimiento de las mujeres, el machismo y el patriarcado cambiando los modelos de sociedad y de familia vigentes en los últimos 10.000 años, implica cambiar la mentalidad colonial eurocéntrica y los comportamientos egoístas autoritarios violentos y excluyentes de las personas y grupos humanos; implica reconocer su propia identidad en relación con el otro, la otra o lo-as otro-as, en un plano de igualdad social, de consideración y respeto. Para los movimientos populares transformadores representa asumir una posición política e ideológica humanista, antipatriarcal, anticapitalista, antisistémica, en un proceso decolonial-emancipador.

Diciembre 19 de 2018

[1]Violencia estructural & Violencia de género. Entrevista a Rita Segato por Florencia Vizzi y Alejandra Ojeda Garnero. Rebelion.org 26-09-2017

[2]Debates sobre comunismo Iñaki Gil de San Vicente www.rebelion.org03-06-2017

[3]Debates & Diálogos, Feminismo y marxismo Silvia Federici Viento Sur http://www.rebelión.org 30-09-2017

Para llorar

Por cada granada de humo blanco pagamos 43.880 pesos. Cada cartucho de gas nos vale 27.183 pesos.

Se ha vuelto un lugar común decir que todos pierden con los paros. La frase es tan repetida como falsa. Hay unos que ganan –y ganan mucho- cada vez que hay una protesta. La industria de las llamadas “armas no letales” recibe multimillonarias utilidades por cuenta de la represión de las manifestaciones en Colombia y en el mundo. Los dueños de esa industria tienen a la vez intereses en negocios como la venta de productos lácteos o la calificación de riesgos en países como el nuestro.

El gas lacrimógeno es uno de los mejores negocios de esta época. A pesar de que la Organización de Naciones Unidas clasifica el gas lacrimógeno como un arma química, los poderosos intereses detrás de esta industria han logrado que su producto estrella se comercialice a nivel mundial como “arma no letal”
La mayor productora de gas lacrimógeno es una empresa llamada Combined Systems Inc. La compañía funciona en Jamestown, un pacífico pueblito con menos de 700 habitantes en Pensilvania, Estados Unidos.
De acuerdo con su página oficial su negocio es la “fabricación y suministro de municiones tácticas y dispositivos de control de masas a las fuerzas armadas, la policía, las autoridades carcelarias y las agencias de seguridad nacional en el mundo entero” (Ver link)
La compañía es una máquina de hacer dinero. Cuanto peor le vaya al mundo, mejor le va a ellos. Un reciente estudio adelantado por la profesora Anna Feigenbaum de la Universidad de Bornemouth en Gran Bretaña, prueba que durante los períodos de crisis económica se disparan los gastos antimotines.
El periodista Marcelo Justo hizo un completo reporte para BBC Mundo que muestra, entre otras revelaciones, el ejemplo de España. Mientras el gobierno de Rajoy recortó el presupuesto de 2013 en casi todas las áreas, empezando por salud y educación, hubo un aumento de 17 veces (!) en el renglón de ‘antidisturbios’. Los fondos pasaron de 173.000 euros a más de tres millones. (Ver vínculo)
Colombia es un gran comprador de Combined Systems. De acuerdo con una publicación de Source Watch los principales clientes de la compañía fabricante de gas lacrimógeno son en su orden: Estados Unidos, Israel, Egipto, Colombia y Yemen. (Ver vínculo)
En el año 2007, se registraron 800 protestas en Colombia. El 26 de diciembre de ese año -en medio de las celebraciones de navidad y año nuevo- el gobierno de entonces firmó a través de la Policía Nacional un contrato con los representantes locales de Combined Systems por US $2.262.936 (Ver portada contrato)
El objeto del contrato es la compra de granadas de gas, armas lanzagases y otras municiones antimotines. Quien firmó el contrato como directora administrativa y financiera de la Policía fue la entonces coronel Luz Marina Bustos Castañeda, hoy subdirectora general de la institución. La coronel Bustos ahora es general y con su firma ese contrato ha sido extendido y adicionado, hasta nuestros días, en cantidades multimillonarias.
Una de esas adiciones deja ver cuánto le cuesta cada disparo antimotines a los contribuyentes colombianos. Por cada granada de humo blanco pagamos $43.880. Cada cartucho de gas nos vale $27.183. (Ver valor gas)
Otro contrato, esta vez del Fondo Rotatorio de la Policía, indica que Colombia le compró a Combined Systems fusiles lanzagases por $242.604.960. (Ver fusiles lanzagases)
Los principales accionistas de Combined Systems son Point Lookout Capital Partners y The Carlyle Group. El grupo Carlyle es un conglomerado empresarial con múltiples intereses que van desde la banca internacional hasta la tecnología agropecuaria con Syangro Technologies, pasando por la producción de leche en la India con Tirumala Milk. Carlyle es dueño también de la calificadora de riesgos Duff and Phelps que evalúa la seguridad de las inversiones en países como Colombia.
Nuestro país es magnánimo con los conglomerados que explotan nuestros recursos y nos venden lo que no necesitamos en desarrollo de las ‘bondades’ del TLC. Al mismo tiempo es avaro con los campesinos que producen alimentos, severo con quienes se atreven a protestar y generoso con los  vendedores de instrumentos para la represión.
Al final ellos se quedan con la plata y nosotros con las lágrimas.

CIDH: Responsabilidad de Ecuador y Colombia en muerte de periodistas de «El Comercio»

Adiós a un genocida

La corruptela en Colombia está de luto: murió Belisario Betancur. Los que se enriquecieron a su lado tienen razones para llorarlo. Los colombianos tienen motivos para repudiarlo, porque BB, iniciales que exhibía jugando al equívoco con las de la diva francesa Brigitte Bardot, fue un personaje maléfico: desde chiquito  le hizo daño a este país.Aunque antioqueño de ancestro campesino, llegado a Medellín se enroló en las hordas fascistas que con  Laureano Gómez como sumo sacerdote, oficiaron aquella misa negra de la década de los años 1950 llamada La Violencia, donde el joven Belisario fue acólito en ese aquelarre que derramó la sangre de trescientos mil colombianos, en su mayoría trozados a machetazos, bajo la consigna de “Hacer invivible la República”. Así, el aprendiz de las malas virtudes laureanistas, perdón la redundancia, de día azuzaba odios contra el liberalismo desde un pasquín llamado La Defensa, o La Chana, y en las noches patrullaba con sus secuaces en busca de liberales para aplanchar, esto es darles una azotaina con la parte plana de los machetes. Así se reconoció como “godo aplanchador”. Fue terror de los trabajadores liberales, y “buen muchacho” de los falangistas criollos.

Como ministro del trabajo, en 1963, a las peticiones modestas de los obreros de la empresa Cementos El Cairo, en el municipio de Santa Bárbara, Antioquia, respondió mandando el ejército para romper la huelga, y cuando los trabajadores se pusieron como barrera humana para evitar la salida de los camiones con Klinker, materia prima, él y su copartidario Fernando Gómez Martínez, ordenaron disparar contra los huelguistas. El saldo: 11 muertos, incluida una niña de diez años. Hecho conocido como la masacre de Santa Bárbara, que Betancur justificó ante el Congreso de la República afirmando que dispararon porque los trabajadores tenían un frasco con gasolina.

En Colombia el crimen paga: BB siguió trepando en las esferas del poder, hasta llegar a ser Presidente de la República, donde el consorcio empresarial conocido como Sindicato Antioqueño, hoy Grupo Empresarial Antioqueño, GEA, pone su primer Presidente. Si era una plaga en otros cargos, como presidente fue una catástrofe.

Mientras balbuceaba un discurso social, simulando importarle los pobres, emprendió el desmonte del precario Estado de Bienestar. Como la ingeniería no opera en Colombia para solucionar problemas sino para saquear erarios, en su gobierno, por negligencias en la construcción de la hidroeléctrica El Guavio se desplomó un túnel y, el 28 de julio de 1983, mató a más de doscientos trabajadores, todos a la cuenta de Belisario.

Reconociendo que en el conflicto armado colombiano había razones de la insurgencia, “causas objetivas”, inició un proceso de diálogo y cese al fuego con algunas organizaciones guerrilleras. Con el M 19 el acuerdo alcanzado lo convirtió en trampa: en plena tregua el gobierno lanzó un ataque sorpresa contra los combatientes de esa organización acampamentados en Corinto, Cauca. Mediante la traición pretendía aniquilarlos en dos horas. Tras veintidós días con sus noches de combates, las tropas del M 19 salen victoriosas de la encerrona, y la presión ciudadana restaura el acuerdo de tregua. Que poco duraría, para ser roto por hostilidades de los llamados “enemigos agazapados de la paz”, orquestados desde el gobierno, con asedios constantes a las sedes de esa organización en tregua; y terminaron por atacar al vocero del Eme Diecinueve, Antonio Navarro, atentado donde resultó herido de gravedad, y que le arrancó una pierna.

Justamente para denunciar la violación al armisticio, un comando de esa organización ingresó al Palacio de Justicia, en 1985. El Presidente, sus ministros, la cúpula castrense, conocieron de antes los planes del M 19, y prepararon lo que llamaron “una ratonera”, para exterminar al comando insurgente, junto con los magistrados, porque el Estado de Derecho ha sido una incomodidad para los gobernantes colombianos. Una vez se produce el asalto, tras rescatar al magistrado hermano del presidente, proceden las fuerzas militares a arrasar con cualquier ser viviente dentro del edificio, y a incendiar archivos, dados los procesos contra mandos militares por torturas, detenciones ilegales, y vejámenes a la dignidad humana cometidos por la soldadesca durante el gobierno anterior. Aunque fue censurada la prensa, el mundo presenció cómo el Estado cañoneaba contra las cortes y sus magistrados.

El costo de la retoma del Palacio de Justicia pasó de cien muertos, más unos treinta desaparecidos, calculados, porque la verdad también fue desaparecida. Luego maquillaron a Belisario para hacerlo parecer más viejo, le vistieron con ropas dos tallas más grandes que la propia, y lo televisaron pesaroso, asumiendo la responsabilidad del holocausto, mientras pusieron a circular el infundio de que los generales habían efectuado golpe de Estado.

Meses atrás el alcalde del municipio de Armero, Tolima, alertó sobre la amenaza que se cernía sobre su localidad ante la inminente avalancha que el progresivo deshielo del volcán Arenas, nevado del Ruiz, iba a provocar. No lo escucharon. Al momento de la avalancha, dos semanas después de los sucesos del Palacio, de la que se enteraron en el gobierno oportunamente, no alertaron a la población, ni a las autoridades locales del acontecimiento y, Belisario Betancur con su ministro de minas, Iván Duque, dejaron perecer a 25.000 personas en Armero, como estratagema para desviar la atención ciudadana de las atrocidades cometidas en el Palacio de Justicia.

Como Colombia rinde culto a los asesinos, para elogiar a BB matizan sus crímenes argumentando que no robó. Fue ladrón hasta el cogote. De su paso por la embajada en España quedó el negociado con la Pegaso, y Belisario recibiría, de por vida, una coima por cada camión de esa marca vendido en este suelo. Luego, su gobierno se dedicó a desmantelar los ferrocarriles nacionales; se recuerda como el gobernante que puso a tributar a los pobres, para pagar las malversaciones de los banqueros; o sus andanzas con las mafias… en resumen, nació pobre y, en virtud del crimen y el latrocinio, murió rico y de mejor familia.

Embusteros a sueldo lo gradúan de humanista, título venido de ninguna parte destinado a encubrir el varias veces genocida de los trabajadores; asimismo lo llaman intelectual, si ejerció el saqueo sobre productos culturales, como cuando a los 500 años del natalicio de Teresa de Ávila disertó sobre la santa, en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, anécdotas llamativas extraídas del trabajo de Eduardo Galeano, Memorias del fuego, sin los créditos. Su ejercicio intelectual fue borrar comillas.

Belisario Betancur con su muerte burla la justicia. Ante la impunidad, solo queda encomendarlo a Satanás, que ha de abrir un nuevo círculo en el infierno para los vampiros colombianos, campeones mundiales de la infamia, donde atenace a este martirizador de la humanidad. Que la historia escupa sobre su memoria.

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José Darío Castrillón

Revista SurRS Desde el sur

https://www.sur.org.co/adios-a-un-genocida/#.XBPSvJCiPfk.whatsapp

Las comunidades raizales afro

Por Gonzalo Salazar

Conquista y colonización implicaban presencia africana, fugas, levantamientos y palenques. Un nuevo fenómeno de resistencia operado en el continente.

Las ejecutorias y nombres de los héroes anónimos de las guerras cimarronas por la libertad, bajo las banderas independentistas de los criollos mestizos, fueron marcados con el estigma de bastardos en las nuevas repúblicas. Manuel Zapata Olivella[1]

Han definido y conservado sus territorios sus culturas, también diversas, sus lenguas vernáculas (palenque de San Basilio y San Andrés y Providencia) en regiones como la costa atlántica, la pacífica y la cuenca del Magdalena medio, que con su rebeldía desde el momento en que fueron esclavizados y traídos al continente, desarrollaron sus resistencias  y nuevas identidades construidas en el cimarronaje y en los palenques, (territorios raizales comunes con autonomía política y económica) donde conservaron partes esenciales de sus cosmogonías  ancestrales a través del sincretismo religioso y cultural, desde donde formaron guerrillas junto a los indígenas, combatiendo al español esclavista (la mita), a los terratenientes y mineros depredadores nacionales y foráneos que les han quitado sus medios de subsistencia, su tranquilidad y sus vidas.

En sus territorios se lucha por la libertad, por sus culturas y autonomía, por el respeto y el reconocimiento del Estado, que solo se alcanza –teóricamente- en 1991 con la nueva Constitución y la Ley 70 de 1993 o Ley de Comunidades Negras, a través del reconocimiento de sus organizaciones como la Confederación Nacional de Organizaciones Afrocolombianas y el Proceso de Comunidades Negras, que reúnen a cientos de organizaciones afros, los Consejos Comunitarios y los palenques (territoriales), además de las asociaciones de mineros artesanales, de pescadores, de agricultores y organizaciones culturales, en sus territorios y a nivel nacional. No solo su rebeldía y sus cosmovisiones  enriquecieron economía, la cultura y la identidad nacionales, el gran aporte ha sido su fuerza de trabajo en el desarrollo de la economía, pues la mayor parte del oro, el platino, la plata, el banano y la madera que se han robado los europeos y norteamericanos, ha sido extraída hasta hoy, con violencia esclavista, -también en el sector de la construcción y la infraestructura-utilizando en su mayoría fuerza de trabajo de comunidades negras e indígenas, en el occidente, el norte y en el resto del país.

Las comunidades negras, mayoritariamente habitantes del occidente y norte del país, han  convivido  pacíficamente con las comunidades indígenas y mestizas campesinas, siendo la mayoría campesinos y campesinas que cultivan la tierra, que trabajan la minería y la pescaartesanales; población mayoritaria en grandes ciudades comoTumaco, Quibdó, Buenaventura, Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Cali, siendo la última una de las ciudades con más cultura negra en el continente; Medellín también cuenta con una gran población afro, sin embargo, con la violencia y la pobreza las han desplazado de sus territorios raizales hacia las ciudades, el centro del país y otras zonas de explotación agroindustrial y minera; estas comunidades tienen sus intereses y necesidades económicas y sociales particulares, no solo de participar en la pseudo-democracia burguesa eligiendo a sus verdugos (Congreso de la República, en Concejos y Asambleas o como gobernadores, alcaldes o presidentes), ni convertirse en empresarios capitalistas; el Estado oligárquico racista sigue tratando a los negros pobres como esclavos, como una minoría sin derechos, como menores de edad, estigmatizándolos, desplazándolos, despojándolos, manteniéndolos en la extrema pobreza y la violencia, en campos y ciudades, como lo hace con los demás sectores populares.

Realmente no podemos hablar de regiones negras o de regiones exclusivamente indígenas; nuestro territorio nacional es un crisol de mesclas de genes y culturas, de convivencia e interculturalidad, donde lo determinante es la pobreza, el marginamiento y la explotación de estas comunidades, tampoco se puede limitar a algunas zonas del país o a lo rural la convivencia de las y los afrocolombianos; ellos son parte fundamental de nuestra identidad pluriétnica y diversa culturalmente como los indígenas, mestizos y de otras procedencias.

El papel de los y las afrodescendientes en el proceso de transformación del país no puede seguir siendo como actores pasivos coloniales, aportantes de mano de obra no calificada para el extractivismo minero o la agroindustria monopólica, (madera banano, caña de azúcar, palma africana) como víctimas de la voracidad de los terratenientes y de las transnacionales de esos productos, mucho menos carne de cañón para la guerra o botín para la corrupta politiquería que los mantiene en la pobreza y los convierte en marionetas o mercancías folclóricas, como lo pretenden las empresas culturales privadas en festivales como el “Petronio Álvarez” en el Valle del Cauca, (evento popular de gran riqueza cultural), representativo de la creatividad, la sensualidad la alegría de la gente del Pacifico, tampoco seguir como aislados etnocentristas mendigando al estado por sus derechos, permaneciendo con el rol de víctimas.

Gran parte de la diversa identidad cultural y de la corriente libertaria en nuestra AbyaYala se la debemos a la gente negra, que desde 1600 desafiaron a los imperios español, francés, holandés portugués e inglés por la libertad y la dignidad, empezando con la emancipación del pueblo haitianoque expulsó al imperio francés de la isla, -primer territorio liberado de América- lucha libertaria que generó héroes como el rey  BenkosBiohó, Alejandro Petión, José Prudencio Padilla, Carlos Piar, Mateo Mina, Domingo Criolloy muchos líderes intelectuales revolucionarios en América Latina y el Caribe. A nivel internacional en el siglo XXtuvimos aMalcom X y Martin Luter King luchando por los derechos civiles en los Estados Unidos, sin olvidar desde el África ancestral a líderes revolucionarios luchando contra el colonialismo, por la democracia, y la liberación nacional en sus países como FrantzFanon, Patricio Lumumba, SamoraMachel, Nelson Mandela. Sin embargo, ha sido muy poco el reconocimiento de las mujeres negras como de las indígenas en la lucha por la libertad en todo el mundo, solo se escucha de la norteamericanaAngela Davis. De la misma manera es grande el aporte de las negritudes emancipadas en la formación de nuestra nación durante la colonia, la república, hasta hoy, lo acabamos de ver en 2017con los combativos paros cívicos del Chocó y Buenaventura, por salud, empleo, educación vías de comunicación e infraestructura.

Los movimientos por independencia y libertad de nuestro país se gestaron en las mentes de las y los cimarrones, en los quilombos, en sus palenques, con sus danzas al ritmo de sus tambores, en sus luchas guerrilleras al lado de los indígenas y de los campesinos rebeldes, por esto no podemos olvidar que este sector social desde la cultura, la producción, el deporte y la ciencia, enriquece nuestra interculturalidad, nuestras historias y país, con ejemplos como Candelario Obeso, Manuel Zapata Olivella y Jorge Artel (Agapito de Arcos). Las mujeres negras son el motor de las luchas, como mineras, como lideresas de sus comunidades, como artistas e intelectuales (Petrona Martínez,  Leonor González Mina, Delia Zapata), ellas convocan y convencen a sus hombres para movilizarse, para marchar por sus derechos ancestrales colectivos, para exigir al Estado el cumplimiento de acuerdos firmados, por el respeto a sus territorios que con la aplicación de las políticas extractivas como los agronegocios y la megaminería transnacional y nacional legal e ilegal, amenazan, contaminan, desplazan, asesinan y despojan a sus comunidades, tal como lo vimos en la marcha de las minerasy mineros artesanales, campesinas e indígenas del norte del Cauca hacia Bogotá en 20014, por la defensa de sus vidas y territorios. Mujeres populares como las del resto del país, invisibilizadas por el Estado y la sociedad machista patriarcal y racista. Pues solo las tienen en cuenta cuando se trata de prestar el servicio doméstico para explotarlas, para la hedonista y morbosa publicidad comercial y para que elijan a sus opresores cada dos años.

La esperanza, la sustentan los y las jóvenes negras en medio de la guerra y la pobreza en la lucha por su dignidad y el buen vivir en sus territorios, en la educación y la capacitación profesional con oportunidades para el empleo o para generar ingresos familiar y colectivamente, en los esfuerzos físico, cultural y deportivo, como lo vienen haciendo los deportistas de alto rendimiento competitivo de estas comunidades, que logran títulos y posiciones de campeones mundiales, pero que el mercado los convierte en mercancía de inmenso valor económico; resaltando los medios oficiales los jugosos negocios que hacen las mafias burocráticas del deporte comercial nacional e internacional con los deportistas sobresalientes de todo el país, (futbol, boxeo, pesas, atletismo) como si fuera lo único que producen los sectores populares, entre ellos las comunidades negras, pero que nunca el Estado reconoce ni soluciona los graves problemas de pobreza, insalubridad, educación, aislamiento y violencia en que se encuentran las comunidades de las costas pacífica y atlántica, -en Cali, donde entre los sectores populares son mayoritarios-, problemáticas provocadas por el modelo social y económico, pues en el occidente colombiano se crea gran cantidad de riqueza material y cultural; que explotan las grandes empresas mineras, madereras y pesqueras nacionales y transnacionales “legal”, ilegal y violentamente en estos territorios de comunidades negras e indígenas; mientras el Estado continúa entregando títulos mineros y concesiones a esas mismas mafias transnacionales que provocan deforestación, contaminación ambiental, violencia, desplazamiento y pobreza. No puede depender el bienestar de las comunidades afro de ONG, de ningún partido político (de derecha o de izquierda) ni de un gobierno centralizado que, en lugar de defenderlas, respetarles sus derechos y garantizarles bienestar o mejor calidad de vida, los agrede y los margina.

Su papel como sujeto popular está en su autoemancipación, en sus resistencias y rebeldías, que incluye el respeto a sus mujeres en todos sus derechos, combatiendo el machismo y el patriarcado en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural y de opción sexual, construyendo relaciones de igualdad y solidaridad en sus hogares y en sus comunidades; construyendo y fortaleciendo sus economías colectiva y autónomamente; sus posibilidades están en fortalecer y crear nuevas y mejores organizaciones democráticas, participativas y decisorias, que se traduzcan en poder y gobierno propios autogestionarios, en unión con el resto de la comunidad y sectores populares en sus territorios comunes locales y regionales, articulados en todo el país. Las comunidades negras ubicadas en zonas rurales deben formar parte de entidades territoriales regionales y provinciales autónomas en la nueva nación, junto a las comunidades indígenas con sus resguardos y cabildos, junto a los campesinos en sus Zonas y Asociaciones Campesinas, en sus territorios comunes, en las áreas urbanas junto a los demás sectores populares.

Las comunidades afro, integrados en sus diferentes organizaciones sociales y políticas, unidos en un sólido movimiento de las negritudes o afrodescendientes, -también siendo parte de otros sectores populares- son fundamentales en la conformación social de la nueva nación colombiana, son imprescindibles en la integración-articulación de un gran movimiento social-cultural transformador (podría ser una Asamblea u Organización Política Popular), en unidad con los demás sectores populares para derrotar a la oligarquía y construir desde las localidades, provincias y regiones, un país soberano, una sociedad plural, diversa, equitativa y solidaria.

Gonzalo Salazar, diciembre 11 de 2018

 

[1] Zapata Olivella Manuel – El árbol brujo de la libertad. África en Colombia. Orígenes – transculturación – presencia. – Ediciones desde abajo. Noviembre de 2014

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«De la mentira», Platón

Quién es Luis Carlos Sarmiento Angulo?

Caso Odebrech («Zona Franca»)