Archivo mensual: mayo 2019

La explicación Pendiente: El regreso de los falsos positivos y la omisión de «La Revista Semana» (Daniel Coronel)

DANIEL CORONEL Y REVISTA SEMANA

Venezuela… La verdad cotidiana

 

 

Momentos de autocrítica

Por: Ricardo Robledo

La Utopía sirve para caminar

Firmados los acuerdos de paz en su primera versión, desde un sector de la izquierda se dijo el 2 de enero del 2016, que todas las fuerzas sociales debían agruparse para hacer realidad este histórico logro, que permitía la transformación política de la sociedad colombiana, con la advertencia que de no ser así, se produciría un triunfo de la extrema derecha, lo que era de esperarse, con desastrosas consecuencias para la izquierda y los movimientos sociales en el país. Una cosa es que la derecha asesine y otra que se le dejen todos los recursos estatales para que lo hagan con impunidad. (Para ampliar la información, pregúntenle al ministro botero). Igualmente se dijo que para la confluencia habría que deponer egos y demás intereses personales.

Con la advertencia ya conocida, tal vez resulte duro, pero hay que reflexionar acerca de la responsabilidad que le cabe a la izquierda en el triunfo de la derecha asesina; por su terquedad e incapacidad para entender los momentos históricos. Porque alegremente se pensó que se podía asaltar el cielo con los votos; pero hay que dejar una cosa clara: la burguesía no va a prestar su institucionalidad para que la ataquen; por ahí ya se les coló Hugo Chávez y no lo van a volver a permitir fácilmente; se defenderán a sangre y fuego. Esto lo aprendió la derecha internacional y a ello reaccionaron, pero parece que la izquierda no lo hizo.

Esa es la realidad que se está afrontando hoy con asesinatos de líderes sociales, montajes judiciales, códigos de policía. Que se complementan con la supuestamente nueva doctrina Damasco para las fuerzas armadas, en la cual se expresa una segunda gran reforma del ejército que opera en Colombia. Dictamen del imperio para sus satélites en la región. Cuando el presidente de Estados Unidos, dijo que iba por todos los corruptos de América Latina, estúpidamente abrigué la esperanza de que en efecto así fuera, como consecuencia del proceso a Odebrecht. Pero no era más que una señal indicando que ya podían poner en marcha el colonial y ominoso instructivo.

El nombre de la doctrina, es una semejanza con la alucinación de pablo de tarso, cuando estaba ciego y abrió los ojos. Esto es, para los tiempos modernos, una adecuación de las fuerzas armadas para la guerra de cuarta generación; según sus manuales, “al enemigo interno” se le ha combatido principalmente en lo militar, desaprovechando otros recursos, como por ejemplo lo judicial.

Ahí está la refinación de los montajes a Lula, Dilma, Cristina de Kirchner, Petro, Mockus, Carlos Caicedo, Marcelo Torres, Santrich, Ángela Robledo y una larga lista de líderes sociales como Ancízar de Jesús Morales Zuluaga, capturado bajo un supuesto tráfico de estupefacientes. También se abarca el fraude electoral como estrategia de guerra, aunque las oligarquías ni ahora las mafias, necesitan una nueva doctrina para ello, eso siempre ha estado en su adn.

A los líderes sociales siempre los han perseguido; a Espartaco, Jesucristo, los Comuneros, Benkos Biojó; Bolívar sufre atentados en Jamaica y Bogotá (en total 20 intentos); igual pasó con Sucre, Mahatma Gandhi, Martin Luther King. Y esto no ha parado hasta hoy.

Se ha hablado también de seis de los problemas que enfrenta la izquierda: la represión criminal, el bloqueo, los medios de comunicación, el sectarismo, el distanciamiento del pueblo y de la filosofía; dimensiones que hacen más complejo el accionar de demócratas y revolucionarios. Complejo por los factores múltiples a considerar en momentos de autocrítica y de definiciones.

Afortunados aquellos que cuando tratan de pensar, se encuentran con la espalda de un pensador barbado, quien en un libro muy famoso, dijo que en las sociedades de clases, explotadores y explotados siempre se enfrentaron de una manera velada o en una forma abierta.

Inmensa una de las enseñanzas que dejó Eduardo Galeano al decir que la utopía sirve para caminar. Muy bonito recordarla, pero en el mundo real lo difícil es saber cuál es el próximo paso que habrá que dar; pero para eso está el debate organizado. La lucha política obliga a que se tengan que acordar necesarias alianzas con diversos sectores, entre ellos los que se declaran de centro izquierda, lo cual, a veces, genera confusiones al tratar de asimilarse a tales definiciones y por una forma de entender la unidad como si tratara de alcanzar la similitud; ya entenderán los centristas qué significa tal postura. Los revolucionarios deben saber que se trata es de transformar el mundo, caminando; y no se camina solo. Así a los más “pura sangre”, hegemónicos, radicales y elitistas, los demás les huelan mal.

Porque para algunos izquierdistas, derecha es todo lo que no se parezca a ellos. Reducen la dialéctica a su lógica y hacen aparecer el positivismo revolucionario, según el cual, como yo soy revolucionario y lucho por la justicia, todo lo que hago es, por tanto, justo y revolucionario; así condene, persiga y mate; se abren las puertas otra vez al poder hegemónico y abusivo. Nuevamente aparece el pensador barbado, diciendo que se reproduce la misma porquería. La ideología burguesa hace tránsito en la cabeza de los revolucionarios.

Por eso, no es raro que algunos de ellos se despachen contra la revolución bolivariana, porque no sigue los lineamientos de su autoproclamado manual de guía al socialismo. Como si cambiar las relaciones de producción fuera un simple proceso legislativo o como decía Chávez, de bautizo. (Poner el título de panadería socialista y ya).

Como en los eventos deportivos, nadie se puede considerar campeón antes de que el torneo termine; los ciclistas tienen que pedalear seguido para llegar a la meta y eso es lo que llevan en la mente y para lograrlo, tienen que afrontar caídas, enfermedades, fatiga, empujones, huecos, esfuerzo, moverse en todos los terrenos, aunque no sean los de su especialidad.

Los diagnósticos y objetivos estratégicos, permiten establecer quienes conforman el pueblo en los períodos considerados; parece que esta enseñanza de los procesos triunfantes, aun no se ha asimilado. El principal reto es cómo transformar la ideología en políticas, formas organizativas y sistemas de comunicación; esto solo se logra al calor de la lucha; uno se transforma, transformando lo que quiere transformar.

Los acuerdos de paz siguen vigentes como echo histórico para lograr la transformación política del país. Ahora que se logran nuevas alianzas, la izquierda en general no debe ser inferior a los retos. Pocas veces la vida da una segunda oportunidad para corregir.

La esperanza absoluta                                                        

Ha sido común que cuando se trata de definir al lado de quién caminar, se busca una persona que encarne todas las más selectas cualidades programáticas y discursivas; las expresadas y las más recónditas e insospechadas y gloriosas; como las que se le confieren a un rey. Como se trata de agradarse mutuamente, empiezan las acciones del ungido y de sus seguidores. Que la constituyente asusta a la derecha; entonces, no habrá constituyente; que las expropiaciones asustan a la derecha; entonces, no habrá expropiaciones; que el castrochavismo asusta a la derecha; entonces, se lanzarán discursos contra Venezuela. Así hasta deshojarse para poder ser asimilado y reconocido por la burguesía y ahí sí, como en un proceso de unción de un caballero, sea aceptado por la izquierda.

Por el otro lado, los más radicales dirán que el candidato no recoge las más claras reivindicaciones del socialismo para ya; y entonces, se alejan y harán todo lo posible por “desenmascararlo” y torpedearlo. Son revolucionarios pendientes, aplazados para el día en que estén dadas las condiciones según su asimilación de conceptos de cambio. Otros se despojan de sus objetivos para poder caminar con los demás, aduciendo que no se tiene la suficiente fuerza y terminan haciendo tránsito a la derecha o apoyándola, incluso con comentarios como: “es mejor ganar las elecciones con la derecha, que perderlas con la izquierda”.

Parece que no hay interpretación de la realidad actual y de cuáles son las metas para el momento. Por ejemplo, luchar contra la corrupción, por la implementación de los acuerdos de paz, por la defensa de lo público, por las relaciones fraternales con los pueblos del mundo, por entender a Latinoamérica como una zona de paz, por la bioética, son reivindicaciones revolucionarias válidas, que no pueden juzgarse desde su profundidad para transformar las relaciones sociales de producción. Otra vez, aparece ese Señor que mostró que la revolución no es un de un acto único, sino que debe ser permanente; el poder de la negación.

Así, tratando de conformar un nuevo partido, por las diversas vertientes y opiniones, efectivamente todo nuevo movimiento termina partido, para gloria de las clases dominantes. Nunca se logra satisfacer a la pureza de tanto pensador enclaustrado. Parece que no se encuentra lo absoluto y surgen las frustraciones.

Es la búsqueda de dios, ya no en el cielo, sino en la tierra, surgida del terror del vacío detrás del “pienso luego existo”. Es la falta de asimilación de la dialéctica, en su diversidad, contradicción, movilidad, acumulación y negación;  de la dialéctica hecha carne en pensadores libres. Debe interesar más el “qué” y el “cómo” que el “quién” como individuo que abarque el Todo.

La utopía sirve para caminar, no para sentarse a esperar el mesías que exprese la esperanza absoluta, ni para postrarse. Los líderes ayudan a trazar rutas y con su carisma logran que las personas se movilicen hacia los objetivos que se han fijado y promovido.

Mayo 26 de 2019

Peridistas «CHAYOTEROS» Mexicanos que sirvieron a Peña Nieto

Qué pasó después de la «Consulta Anticorrupción» con la clase política tradicional

Colombia. Jorge Robledo analiza la decisión del Fiscal ad hoc y el encubrimiento de Martínez Neira en el caso de corrupción de Odebrecht

 


Colombia. La oposición opina Sobre la renuncia del fiscal

Mucho más que un regaño

Por: Ricardo Robledo

La lamentable muerte del miembro de las Farc, Dimar Torres ha permitido aclarar muchas cosas en la sociedad colombiana. Por las circunstancias tan repudiables, como todo homicidio, pero que se hacen mayores por la saña, sevicia, cobardía y manifestación de odio acumulado.

Muy rescatable lo expresado al país por la Comisión de paz del Congreso. Muy humana, responsable y valiente la posición del general Villegas como comandante de la tropa involucrada en el cruel asesinato; actitud gallarda, inaceptable en un ejército que quiere seguir funcionando como enemigo del pueblo colombiano.

No puede ser que las luchas de un pueblo por su soberanía, sigan entendiéndose como “el enemigo interno”.

No se sabe si el delito involucró violación. Pero dejan muchas dudas los antecedentes como el asesinato de cuatro niños por parte de militares en el Meta, que también incluyó abuso sexual. Además de los sucesos que rodearon la denuncia sobre la comunidad del anillo. Inquieta entonces la formación recibida por las fuerzas armadas, su conformación y su forma de entender el “honor”.

Con respecto al asesinato de Dimar torres, ha circulado un audio, en el cual supuestamente se expresa  un superior del general Villegas, en el que se escucha:“ Si tanto le duele la muerte de un guerrillero; pues, váyase para la guerrila”.  Ya les corresponde a las autoridades verificar la autenticidad de este audio y tomar las acciones correspondientes. Acerca de esto hay que hacer estas precisiones:

  1. Dimar Torres no era un guerrillero, era un ciudadano colombiano, firmante de un acuerdo de paz con el estado.
  2. El acuerdo de paz es constitucional y debe ser respetado por todas sus instituciones. Si a un militar no le gusta, asume una posición política expresada por un partido detractor, lo cual es inaceptable por su calidad de miembro de las fuerzas armadas.
  3. Según el Derecho Internacional Humanitario, un enemigo herido o que entrega las armas, ya no es un enemigo; es persona protegida. Ahí hay una violación a estas normas.
  4. El comentario de determinar a quién le duele unas muertes y otras no, es una expresión subjetiva, escuchada también de los más tenebrosos jefes paramilitares y a la ultraderecha, quienes creen tener la obtusa potestad de conocer qué le duele a otros sin ningún intercambio de opiniones o desconociendo una realidad acordada, pero ajena a algunos intereses.

El contenido de estas expresiones en tal tipo de regaños, es peligroso porque es ahí donde anidan las águilas negras, la ilegalidad y sobre los que se promulga el odio en la sociedad, en lugar de llamar a la reconciliación.

En los acuerdos de paz no existe ninguna agenda oculta para entregárselo a una posición política en particular o para llevar el país al socialismo. Los seis puntos que lo resumen, son claros y han sido ampliamente comunicados a la ciudadanía.

Como las clases dominantes siempre han mandado con el engaño, creen que esa es la única forma de gobernar; la sabiduría popular enseña que el ladrón juzga por su condición, pero a los revolucionarios no nos interesan mentes manipuladas, sino personas con pensamiento libre, capaces de tomar decisiones propias y de ser felices.

La transformación de las relaciones sociales de producción solo puede ser posible con acciones conscientes de la población. Si por Socialismo se entiende la ampliación de la participación ciudadana, como profundización de la democracia, si es valoración de la vida y mejorar el nivel de vida de las personas construyendo un país en paz; entonces, los acuerdos, sí conducen hacia allá. Esto sólo es inaceptable para unos pocos que siempre han vivido de privilegios logrados con el robo.

No se quiere saber de la muerte de ninguna persona más. Ese es el gran valor humano de los Acuerdos de Paz.

Mayo 22 de 2019

Colombia: Según el «New York Times», «Las órdenes de letalidad del ejército colombiano ponen en riesgo a los civiles, según oficiales»

Un soldado colombiano vigilaba la frontera con Ecuador en el departamento de Nariño, Colombia, el año pasado. Credit Fredy Builes/Reuters

El comandante del ejército de Colombia, frustrado por los vacilantes esfuerzos de la nación para preservar la paz, les ha ordenado a sus tropas que dupliquen la cantidad de criminales y rebeldes que matan, capturan u obligan a rendirse en batalla; y posiblemente acepte un aumento de las bajas civiles en el proceso, según consta en órdenes escritas y entrevistas con altos oficiales.

A inicios de año, los generales y coroneles colombianos se reunieron y se les pidió que firmaran un compromiso por escrito para intensificar los ataques. Las presentaciones internas diarias ahora muestran el número de días que las brigadas han pasado sin estar en combate, y los comandantes son amonestados cuando no realizan operaciones con la frecuencia suficiente, dijeron los oficiales.

Una orden que causa especial preocupación instruye a los soldados que no “exijan perfección” al momento de ejecutar ataques letales, incluso si tienen preguntas significativas sobre los objetivos que están atacando. Algunos militares dicen que esa orden implica que reduzcan sus normas para proteger a civiles inocentes de ser asesinados, y que ya ha ocasionado muertes sospechosas o innecesarias.

Los militares implementaron una estrategia similar para derrotar a los grupos rebeldes y paramilitares de Colombia a mediados de la década de los 2000, antes de que se firmara un acuerdo de paz histórico que finalizó con décadas de conflicto.

Pero esas tácticas causaron la indignación nacional cuando se supo que los soldados, con el objetivo de cumplir sus cuotas, cometieron asesinatos generalizados y desapariciones de civiles.

Ahora, otra encarnación de esa política está siendo impulsada por el nuevo gobierno contra los grupos criminales, guerrilleros y paramilitares del país, según las órdenes revisadas por The New York Times y tres oficiales de alto rango que hablaron sobre esas medidas.

Las nuevas órdenes han generado incomodidad entre los militares. El ejército de Colombia sigue siendo investigado por la serie de asesinatos ilegales ocurridos a mediados de la década de 2000, conocidos como “falsos positivos”.

Los soldados mataban a campesinos y afirmaban que eran guerrilleros, a veces incluso vistiéndolos con uniforme y plantando armas cerca de sus cuerpos. Las tácticas surgieron de los superiores que exigían un mayor número de cuerpos, de acuerdo con los fiscales.

En largas entrevistas, dos oficiales dijeron que los soldados colombianos vuelven a estar bajo una intensa presión y que este año ha comenzado a surgir un patrón de asesinatos sospechosos y encubrimientos.

En una reunión relatada por uno de los oficiales, un general ordenó a los comandantes “hacer lo que sea” para mejorar sus resultados, incluso si eso significaba “aliarse” con grupos criminales armados para obtener información sobre objetivos, una estrategia de dividir y conquistar.

Más allá de eso, dijeron los oficiales, a los soldados que aumentan sus muertes en combate se les ofrecen incentivos como vacaciones extra, un patrón que —temen— es notablemente similar al de los asesinatos ilegales ocurridos a mediados de la década de los 2000.

El mayor general Nicacio Martínez Espinel, comandante del ejército colombiano, examinaba un conjunto de armas incautadas a los rebeldes caídos en combate. Credit Felipe Caicedo/Agence France-Presse — Getty Images

“Hemos regresado a lo que estábamos haciendo antes”, dijo uno de los oficiales, quienes hablaron con la condición de mantener su anonimato por temor a las represalias de sus superiores.

El mayor general Nicacio Martínez Espinel, comandante del ejército de Colombia, reconoció haber emitido las nuevas órdenes y exigir que los oficiales establezcan objetivos concretos para matar, capturar o forzar la rendición de los grupos criminales y rebeldes.

Dijo que había emitido una orden por escrito que instruía a los principales comandantes a “doblar los resultados”, explicando que había llegado a esa decisión debido a la amenaza que Colombia sigue enfrentando por parte de las organizaciones guerrilleras, paramilitares y criminales.

“La amenaza criminal se incrementó”, dijo. “Si seguimos al ritmo que veníamos anteriormente no vamos a cumplir los objetivos”.

Aun así, el general cuestionó cómo los oficiales han interpretado sus instrucciones.

“La orden que hay es de ser operacionalmente efectivos”, dijo. “Unos me dijeron superar el 10 por ciento. Listo, usted quiere  superar el 10. Otros dijeron: ‘Yo quiero hacer el 50 por ciento más de las afectaciones, pero nunca de muertos’. Otros: ‘Yo quiero hacer el 100 por ciento’. Hay unos que la han cumplido, otros que no la han cumplido”.

También reconoció que las órdenes instruyen a los comandantes para que realicen operaciones cuando todavía no están seguros de sus objetivos.

Sin embargo, el general Martínez argumentó que las instrucciones solo se referían a la planificación de las misiones, no a su ejecución.

“El respeto absoluto a los derechos humanos es lo más importante”, dijo. “Todo lo que hagamos tiene que estar en el marco de la ley”.

Pero la orden misma dice: “Hay que lanzar operaciones con un 60-70 por ciento de credibilidad y exactitud”, lo que deja suficiente margen de error como para que esa política ya haya ocasionado asesinatos cuestionables, dijeron dos oficiales.

Las nuevas órdenes indican un aumento en las campañas militares contra la guerrilla y los grupos paramilitares en Colombia, un país que hace apenas dos años logró firmar un acuerdo de paz con el mayor grupo guerrillero de la nación, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

El Ejército de Liberación Nacional, un grupo rebelde que no ha firmado ningún un acuerdo de paz, ejecutó un atentado con un coche bomba en Bogotá en enero.

El presidente colombiano, Iván Duque, pronunciaba un discurso en Bogotá, el lunes. Credit Leonardo Muñoz/EPA vía Shutterstock

Colombia también está bajo la presión del gobierno de Donald Trump para mostrar resultados en la lucha contra el narcotráfico, una estrategia que ha tenido pocos progresos a pesar de los 10.000 millones de dólares de ayuda estadounidense que recibe el gobierno colombiano.

Para responder a las exigencias de Washington, el presidente Iván Duque, un líder conservador que hizo campaña contra el acuerdo de paz porque creía que era demasiado blando con los rebeldes, remplazó a los principales comandantes del ejército en diciembre pasado.

El gobierno de Duque nombró a nueve oficiales vinculados a asesinatos a mediados de la década de los 2000, incluidos algunos que ahora ocupan los cargos más altos dirigiendo ofensivas militares en toda Colombia, según documentos publicados por Human Rights Watch, una organización de derechos humanos. Según ese grupo, uno de los oficiales vinculados a los asesinatos es el general Martínez, quien fue el segundo comandante de la Décima Brigada Blindada.

Martínez dice que no participó en ninguno de los homicidios y que no está siendo investigado por la Fiscalía General de la Nación.

Las homicidios ilegales conocidos como “falsos positivos” son un capítulo particularmente polémico en la historia reciente de Colombia. De 2002 a 2008, un estimado de cinco mil civiles o guerrilleros fueron asesinados fuera de combate, según las Naciones Unidas. Las autoridades sostienen que al menos 1600 soldados han sido condenados por delitos relacionados con las muertes ilegales.

Dos de los oficiales que hablaron con el Times dijeron que estaban activos durante la época de los asesinatos y fueron ascendidos de rango en períodos subsiguientes.

También dijeron que hubo un cambio importante cuando el general Martínez convocó a una reunión de sus principales oficiales en enero, un mes después de asumir el mando.

La reunión incluyó a los cincuenta principales generales y coroneles del país, quienes se reunieron en un hangar en las montañas afuera de Bogotá. Muchos estaban ansiosos por saber si habría cambios con el nuevo liderazgo.

Después de un descanso, los comandantes regresaron a las mesas donde encontraron un formulario para cada uno de ellos, dijeron los oficiales. El documento tenía el título de Planteamiento de Objetivos 2019 en la parte superior y había un espacio para que cada comandante firmara en la parte inferior.

El formulario les pedía a los comandantes que enumeraran en una columna la “suma aritmética de presentaciones voluntarias, capturas y muertes en desarrollo de operaciones militares” de varios grupos armados durante el año anterior, y luego debían establecer una meta para el año siguiente.

Algunos de los comandantes parecían confundidos, hasta que recibieron la instrucción de duplicar su número este año, dijeron los oficiales.

Poco después, recibieron la misma orden del general Martínez por escrito.

“La meta es doblar los resultados operacionales en todos los niveles del mando”, dicen las órdenes, que tienen su firma.

Soldados colombianos patrullaban las inmediaciones del Puente Internacional Francisco de Paula Santander en Cúcuta, Colombia, en febrero, luego de las protestas por el cierre temporal de la frontera —ordenado por el gobierno de Nicolás Maduro— para evitar que la ayuda humanitaria ingresara a Venezuela. Credit Luis Robayo/Agence France-Presse — Getty Images

Tres días después de la reunión cerca de Bogotá, un grupo de oficiales de inteligencia militar y comandantes regionales se reunieron en la ciudad de Cúcuta, en la frontera con Venezuela, dijeron los oficiales.

Según los militares, en la reunión les dijeron que tenían “que hacer lo que sea”, incluyendo usar grupos paramilitares que proporcionen información sobre bandas armadas rivales “para generar resultados”.

La sugerencia de trabajar con un grupo armado para derrotar a otro creó un silencio entre los asistentes de la reunión, dijo uno de los oficiales.

El 19 de febrero surgió un nuevo documento titulado Cincuenta Órdenes de Comando. Una instrucción exigía “operaciones oportunas y masivas” contra el enemigo.

Pero las instrucciones sobre el umbral requerido para ordenar ataques letales fueron el mayor cambio respecto de la política anterior, dijeron los oficiales.

En el pasado, argumentaron, las operaciones militares debían llevarse a cabo con al menos el 85 por ciento de la certeza del objetivo, después de una serie de reuniones entre los comandantes y los agentes de inteligencia para aprobar la estrategia. La nueva orden exigía un estándar más bajo.

Los oficiales afirman que, poco después, comenzaron a identificar asesinatos sospechosos o arrestos.

Uno de los oficiales citó un asesinato que un informe del ejército simplemente calificó como la muerte de un miembro del grupo paramilitar Clan del Golfo, el 25 de febrero. En el documento se decía que tres miembros del grupo habían luchado contra un pelotón del ejército, y que el combate terminó en una muerte y dos arrestos. Una pistola y un revólver fueron encontrados con los hombres.

El informe fue proporcionado al Times por un oficial que cree que es poco probable que tres delincuentes con armas ligeras se enfrentaran a un pelotón de 41 hombres.

Quizás el asesinato más controversial desde que el general Martínez tomó el mando sucedió alrededor del 22 de abril, cuando el cuerpo de Dimar Torres, un excombatiente que había dejado las armas bajo el acuerdo de paz, fue encontrado en las afueras de un pueblo cerca de la frontera con Venezuela.

Un video tomado con un teléfono celular por los vecinos muestra el cuerpo de Torres con un disparo en la cabeza. Se puede escuchar a los campesinos gritando contra el ejército, acusando a los militares de actuar en nombre de grupos paramilitares.

El ministro de Defensa de Colombia, Guillermo Botero, al principio dijo que Torres había muerto durante un forcejeo con un cabo del ejército, al que supuestamente intentaba desarmar. Pero, días después, el general a cargo de la región ofreció una disculpa pública.

Si bien el caso de Torres se ha convertido en una controversia nacional, los oficiales dijeron que es probable que otros asesinatos pasen inadvertidos.

Los militares hicieron una copia de una presentación de febrero que llevaba el título Días sin combate. En ella se enumeraban las brigadas y fuerzas operativas y se contaba el tiempo que habían pasado sin tener enfrentamientos. Según los oficiales, las instrucciones eran claras: aumentar las muertes, capturas y rendiciones.


https://www.semana.com/nacion/articulo/no-me-sorprenderia-que-volvieran-los-falsos-positivos/616055

Ex-fiscal Eduardo Montealegre acusa al uribismo