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DE PROGRESISMOS Y MOVILIZACIONES

Por Gonzalo Salazar

Un fantasma recorre los Andes, desde Centroamérica a la Patagonia, millones de “sombis” se levantan a marchar porque les acosa el hambre y el frío; aunque sientan el látigo del verdugo sobre sus espaldas, empiezan a mirarse entre ellos, a recuperar la memoria y el calor en su sangre; ya no les llena la falacia ni les complace el circo, pues se les está borrando la ceguera, solo falta que se atrevan a quitarle la máscara, el pan y el garrote a sus amos para recuperar su dignidad.

El proceso de concentración de la riqueza y monopolización de la producción industrial y de los mercados a escala global, al que Lenin llama etapa imperialista, se intensifica a principios del siglo XX con la formación de las grandes corporaciones (Trust) industriales y financieras en Europa y Norteamérica, con la producción industrial primero mecánica, luego automatizada de mercancías para el mercado mundial, en medio de la barbarie genocida de las más grandes potencias imperialistas (de Occidente) en sus dos primeras guerras “mundiales”, que continuó con la “Guerra Fría”, esta sí global y caliente contra los pueblos del sur y el este. Pero en los últimos 40 años la acumulación por despojo y exterminio se elevó a la máxima potencia con la estrategia globalizadora y un plan de acción llamado Neoliberalismo, consecuencia genuina de la decadencia acelerada del imperialismo Occidental,cuya expresión es la privatización parcial del estado capitalista, la ruptura de las fronteras comerciales de los países dependientes en el norte y en el sur para que circulen libremente todas las mercancías y se multiplique el capital financiero de las grandes potencias imperialistas; claro que para alcanzar estos objetivos tiene que exterminar la dignidad y la rebelión en los territorios donde yacen la fuerza de trabajo humana, los recursos naturales, energéticos y materias primas que necesita el Sistema Mundo Capitalista para existir.

Las guerras con armas físicas, mediáticas, sicológicas y financieras, las guerras comerciales, los conflictos internos provocados y manipulados por los dueños del capital, sostienen y acrecientan relativamente el poder de los mercados, permitiéndoles establecer estructura jurídico-política en los sectores o países vencidospara legitimar el despojo los desplazamientos, las migraciones, esenciales en este proceso, ante lo cual siempre hay una respuesta de las víctimas, aunque sea lenta o tardía; esa decadencia también arrastra a sectores sociales subordinados de las mismas metrópolis imperialistas, donde también se protesta, no con la misma intensidad que en el sur olas periferias; todo esto manifiesta la presencia de la lucha de clases y el colonialismo; precisamente es el crecimiento de la industria armamentista (Complejo Militar Industrial de las potencias capitalistas) lo que le imprime dinamismo al proceso, porque al igual que la especulación financiera, asesora, arma y endeuda a todas las partes en conflicto

En África y América Latina, si bien han habido algunos conflictos entre países vecinos, han permanecido las agresiones y genocidios de las oligarquías locales patrocinadas por las potencias imperialistas, -representadas en su sistema financiero mundial, en sus ejércitos, en sus medios masivos de desinformación, en sus corporaciones multi y transnacionales- que se materializó en decenas de golpes y dictaduras militares y civiles en América Latina  en todo el siglo XX, con cientos de miles de perseguidos, torturados y asesinados, continuación de su acción genocida en Asia y África, donde los pueblos desarrollaron guerras de liberación del colonialismo y del capitalismo, acción intensificada en la nueva guerra fría con conflictos internos en países como Ruanda, Sudán y Somalia, -además del aparthade sudafricano-  donde las corporaciones transnacionales norteamericanas y europeas con la connivencia de sátrapas gobernantes y organismos internacionales como ONU y OEA, han enfrentado etnias y pueblos entre sí para quedarse con sus recursos naturales- dentro del modelo colonialista Neoliberal, como tratan de hacer los mismos imperialistas en Venezuela, Bolivia, Siria e Irán.

El componente violento y rapaz  del capitalismo se crece ominosamente en el Medio Oriente y Asia Central como escenarios principales de las guerra de cuarta y quinta generación originadas en la disputa por el manejo de la producción y el mercado del combustibles, con la posibilidad de otra guerra nuclear, esta vez podría ser entre más de 10 países –la mayoría de Occidente- que poseen miles de misiles de crucero supersónicos y de ojivas nucleares, cientos de veces más potentes que las lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki,  empezando por USA, Inglaterra, OTAN e Israel contra Irán, Rusia, China y Corea del Norte, o de India Contra Pakistán, que involucraría a los anteriores. Por otro lado, los globalistas neoliberales quieren dividir a la mayoría de países en varias republiquetas, como lo hicieron con la extinta URSS (Georgia, Chechenia, Osetia, Azerbaiyán, Ucrania), luego con la antigua Yugoslavia, (Serbia, Croacia, Montenegro, Kosovo, Macedonia), lo continuaron en Sudán,  lo pretenden con Rusia, como lo intentaron en Bolivia y quieren hacerlo con Siria, México, China empezando con Hong Kong y Taiwán, (el objetivo es dividirla en siete países) y otros países, incluido Estados Unidos; práctica que no es nueva, recordemos que después de cada guerra “mundial” lo realizaron en África, Asia y Oriente Medio para repartirse los recursos naturales de esos territorios entre los Aliados.

Hoy, pueblos de África y Centroamérica, como del Medio Oriente, empobrecidos, hambrientos y perseguidos huyen de la violencia hacia los centros de Occidente -enfrentando violaciones a todos sus derechos, muros, cárcel, naufragios y asesinatos- buscando sobrevivir a la esclavitud, a la xenofobia y al racismo del Norte que los necesita para explotarlos y para repoblar sus sociedades seniles y esterilizadas. De estas tragedias extraen ganancias quienes promueven las guerras, quienes fabrican y venden las armas, quienes financian ejércitos, quienes endeudan a los países victimas para la reconstrucción, quienes se apropian de los recursos naturales y territorios, incluso quienes “asisten” y manipulan a las víctimas y a los migrantes, ya sabemos quiénes son y están en todas partes donde haya riquezas que explotar: el complejo militar industrial de Occidente, las grandes corporaciones transnacionales industriales y comerciales y el sistema financiero mundial, la banca Rostchild-Rokefeller, dentro de ésta, el magnate “caritativo” George Soros, quienes además dirigen a las oligarquías locales y controlan a todas las mafias del mundo.

Por otro lado, este comportamiento propio del capitalismo se amplía a Suramérica con la agresión comercial-financiera y diplomática, en lo que han denominado “Golpes Blandos” – que en realidad son violentos- pasando por las agresiones económicas del FMI a Argentina, Ecuador, Chile y Colombia, con la amenaza de intervención militar por USA, en contubernio con la OEA en Venezuela, que podría generar un conflicto no solo entre países de la región, sino, con potencias como China y Rusia, que tienen intereses económicos en ese país, tal como se observa en Irán y Corea del Norte con los bloqueos financieros, comerciales y marítimos; toda esta estrategia se confirma con el reciente golpe cívico-militar en Bolivia.

El imperio norteamericano en su decadencia se bate comercial y políticamente en lo que ha denominado su “Patio Trasero” con China y Rusia, quien también lo reta militarmente en Venezuela, este momento lo vivimos en América Latina con la inversión en extractivismo, infraestructura y acuerdos comerciales en la mayoría de estos países con China, en menor medida con Rusia, ante lo cual el imperio, con las oligarquías locales, quiere limpiar su patio trasero de intrusos y progresistas, empezando por frenar el ciclo progresista utilizando todas sus formas de lucha, después bloqueara Venezuela, tumbar a Dilma y encarcelar a Lula e imponer a Moreno en Ecuador, ahora se ensaña con los restos del progresismo de la primera edición del s. XXI, eliminando por ahora, al modelo boliviano, que parecía más fuerte después del de Venezuela y al débil intento uruguayo; sin embargo repunta otro tipo de progresismo que parece más conciliador en México y Argentina.Esta iniciativa dirigida desde la Casa Blanca no es óbice para que no continúen los acuerdos de China con Brasil y otros de la región. Esta política administrada por el FMI y el BM para volver al redil a los inconformes y asegurar a los obedientes, ha hecho reaccionar a los pueblos, recuperando las calles como campo de acción y decisión para mantener lo poco que les queda, pues son coyunturas generadas desde los opresores, y la respuesta no es para recuperar lo antes perdido, porque a excepción de Bolivia, no se pretende destituir a gobiernos ni parlamentos dentro del régimen dominante, o sea, solo se busca echar para atrás las nuevas medidas económicas y fiscales impuestas. La clave está en la posibilidad de concertar entre los actores sociales de las movilizaciones una agenda mínima común –emanada de las necesidades, aspiraciones y posibilidades locales- que dé continuidad a las luchas por justicia social, autodeterminación y soberanía popular o nacional en cada país que quiera salir del colonialismo y o del capitalismo.

En Perú no hay progresismo, tampoco hubo una fuerte o masiva movilización contra la corrupción en 2019, aunque hayan dos expresidentes en la cárcel uno evadido y otro suicidado; fue una acción deliberada del gobierno al querer cerrar el parlamento, cuando las organizaciones populares podrían haber impugnado al Estado como el causante y administrador de la corrupción, pues los dirigentes populares no alcanzan a ver las causas reales de su despojo patrocinado por el mismo Estado con su sistema jurídico-económico plutocrático y su democracia de papel; parece más un sofisma de distracción o un autogolpe para continuar aplicando los dictados del imperio y maquillar la corrupción con otros inversionistas y/o contratistas de cualquier parte del mundo y del propio país.

Ecuador regresa del progresismo con el gobierno deLénin Moreno, fiel sirviente del imperio y del Neoliberalismo salvaje representado en el FMI, impone su agenda expoliadora-extractivista-que desde siempre ha estado presente- con un paquetazo de alzas en combustibles, reforma fiscal, supresión de derechos y bajos salarios, acabando con lo poco que en política social logró el anterior gobierno de Correa, del cual fue vicepresidente el actual lacayo. El protagonismo del sector indígena (algunos dirigentes) con el que anteriormente había hecho acuerdos para legitimar su postura apátrida, acudió a “salvar” la situación en el momento que los sectores populares urbanos avanzan hacia el palacio de gobierno, sin embargo el títere, como fiel representante de las mafias internacionales, no perdona la toma de la ciudad por los indígenas, estudiantes y trabajadores arremetiendo por la espalda contra los dirigentes y negociadores de las protestas, declarándolos criminales, subversivos y terroristas.

El movimiento continental continúa con la racha de protestas en Chile, con movilizaciones de más de un millón de personas, por las mismas causas que siempre han venido con reformaestructural, y cartas de intención redactadas en Washington, donde el jefe del estado –SebastianPiñera- declaró la guerra a muerte a su pueblo como enemigo peligroso, (enemigo interno de la estrategia contrainsurgente ordenada desde el pentágono, financiada por multinacionales norteamericanas y aplicada por las dictaduras latinoamericanas en el siglo pasado) vuelve la dinámica de la dictadura que nunca se fue, con torturas, criminalización y judicialización de la protesta bajo las leyes pinochetistas, ante el gesto heroico de la juventud y los trabajadores que resisten desde siempre, donde falta algo en el relevo generacional que las víctimas del genocidio aún no transmiten, mientras los mapuche se perciben ausentes, -la situación étnica de chile se puede asimilar a la de Argentina, donde existe esa brecha entre mestizos supuestamente blancos y las mal llamadas minorías indígenas- a diferencia de Ecuador, Bolivia y Colombia, donde son la fuerza más consolidada en las movilizaciones.

Las órdenes imperiales que originaron este movimiento de protestas en la parte andina del subcontinente, se han aplicado varias veces en Argentina desde antes del Corralito Financiero del 2001, (en América Latina desde los 80 con la multiplicación de la deuda y la imposición del Neoliberalismo) es una de las causas del rechazo a Mácri, sin embargo el pueblo electorero elige más de lo mismo porque supuestamente solo habían dos opciones (algo parecido a lo que ocurre en Colombia y en casi todo el mundo) o Mácri o Fernández, este último, hijo del neoliberalismo, actuó vinculado a las mafias financieras nacionales e internacionales al lado de Menem y Dualde, -esclavos privilegiados del FMI- aunque los medios lo presentan como progresista. El pueblo hondureño se moviliza frente a la represión del lacayo dictador de turno -Hernández- la juventud, además de huir de la pobreza y la violencia del régimenhacia el norte, sale de nuevo a las calles a reclamar sus derechos; son la juventud, los trabajadores y las comunidades indígenas los protagonistas en estas movilizaciones; esta situación es similar a la de Guatemala, gobernado por la ultraderecha.

Por otro lado, los pueblos originarios bolivianos se autoconvocaron para la defensa de su Estado Plurinacional cuando se sintieron agredidos física y culturalmente por las hordas fasci-racistas, que nunca fueron desmovilizadas después del intento de golpe secesionista originado en Santa Cruz, pues parece que la policía y los militares han mantenido comunicación con este sector de la derecha, más que con el propio gobierno de Evo Morales, al cual han destituido violentamente; ahora los bolivianos demócratas, revolucionarios y humanistas tienen ante el golpe cívico-militar dirigido y financiado por la CIA, una disyuntiva: defender el triunfo  de Evo -aunque hubiera ganado con el 80% de los votos lo habrían tumbado, porque el golpe estaba planeado y financiado desde antes de las elecciones-, buscando su regreso al cargo de presidente, continuando con el extractivismo, rechazando la intromisión norteamericana, enfrentando a la derecha fascista racista colonialista, estableciendo alianza con los militares o, plantearse otra forma de construir poder popular desde abajo por fuera de la institucionalidad capitalista, reestructurando el Estado Plurinacional como Estado de transición, reforzando la autonomía de las comunidades urbanas, indígenas y campesinas, desmontando la colonialidad de las mentes y prácticas de los sectores populares y sus dirigentes, pero defendiendo las políticas de progreso humano que realmente han beneficiado a los sectores empobrecidos y vulnerables, alcanzados por el Estado plurinacional, para lo cual este pueblo cuenta con gran experiencia en el ejercicio de autonomía y decisión. El exilio permanente para los dirigentes populares es mal consejero cuando se trata de construir soberanía popular y autodeterminación, cuando la tradición ancestral ha sido la entrega total del líder a su pueblo o a su comunidad, aún a costa de su vida y/o su libertad.

El pueblo colombiano resiste una dictadura civil de más de 60 años (oligarquía en guerra permanente contra los sectores populares) con una dirigencia de izquierda tradicional esperanzada en cambios meramente electorales sin atreverse a romper la estructura de dominación que sume en la miseria a los sectores populares mientras aniquila a sus dirigentes naturales y bombardea a sus niños, mientras el Estado incumple totalmente los acuerdos de la Habana, que no tocan ni al Estado ni al modelo oligárquico; hoy los colombianos se movilizan masivamente por las mismas razones  que el FMI ordenó cumplir a todos los gobiernos serviles, entre estos al de Duque-Uribe; se creció la movilización popular en el Paro Nacional convocado para el 21 de octubre de 2019, especialmente en áreas urbanas, con fuerte presencia de los trabajadores, la juventud y comunidades indígenas; se diría que esta movilización superó a la del Paro Cívico Nacional de 1977, con la diferencia que en esa época el país se encontraba en Estado de Sitio y la insurgencia no se había desmovilizado, por lo que la respuesta fue prácticamente militar, de la que aún no se sabe cuántos muertos y desaparecidos hubo. De todas maneras, la oligarquía actúa con la misma lógica represiva, criminal y mentirosa, apoyada en los medios oficiales y en las Fuerzas Armadas; por el momento se sabe de un joven estudiante –Dilan- asesinado en Bogotá, además de otros tres en el resto del país, cientos de heridos y muchos detenidos criminalizados, mientras continúa el genocidio de líderes y lideresas sociales, ecologistas, indígenas y campesinos. Aún no se sabe cómo concluirán estas jornadas de lucha popular ni la aplicación por parte del Estado de los posibles acuerdos de una mesa de conversación que Duque insiste que no es de negociación.

Otro tanto sucede en Medio oriente, en Líbano la gente sale a las calles por los mismos motivos económicos, contra la agresión israelí; en Irak se levantan contra el gobierno títere por mejores condiciones de vida, por recuperar su dignidad frente a la invasión norteamericana y su corrupción expoliadora mantenida por 16 años, se movilizan contra las hordas terroristas islamistas que los mismos USA crearon e instalaron en Irak; estas movilizaciones cuentan con más de 300 muertos; en Cataluña –aunque por algún lado asoma la mano invisible de Soros- la movilización es nuevamente por total autonomía respecto a la monarquía; en estos escenarios es también la juventud la que protagoniza las movilizaciones.

A pesar de que Cuba y Venezuela fueron pioneros en la confrontación con el neoliberalismo y la integración latinoamericana y caribeña con proyectos económicos y políticos –ALBA, Banco del Sur, UNASUR, CELAC, restructuración de Mercosur-, ni México ni Argentina se plantean la necesidad de un acercamiento político con Cuba y Venezuela para este fin -lo mismo que con Nicaragua- como en algún momento lo intentaran Fidel y Chávez. Sin embargo, en el resurgir del progresismono se escuchan voces ni se perciben intenciones de un debate sobre la obsolescencia o la necesidad de salir del capitalismo como opción posible y realizable, pues realmente esta no es una tarea para progresistas –solos o de un país- ni para liberales, tampoco programable a corto o a mediano plazo, menos, supeditada a la decisión de un líder, de una clase o de un partido.

En nuestra AbyaYala aún no se perfila un fuerte movimiento anticapitalista humanista que no esté supeditado al juego polítiquero de nuestras oligarquías y a las mafias financieras internacionales dentro de la pseudo-democracia capitalista, se prefiere por las dirigencias de izquierda institucional concluir las luchas aceptando lo que se puede definir dentro de la institucionalidad, frenando las iniciativas de las comunidades del campo y la ciudad, creyendo “ingenuamente” en la palabra de los negociadores del Estado oligárquico, sin asegurar cambios estructuralesque permitan por lo menos la revocatoria a sus gobernantes y planes de gobierno mediante su acción directa; esto ya lo hemos visto en las experiencias de Argentina desde 2001, lo comprobamos con los acuerdos de paz firmados por el gobierno colombiano en 2017 y se ratifica con la negociación que hizo la CONAIE en Ecuador, también en Colombia cuando el gobierno utiliza al congreso para introducir el paquetazo lenta y suavemente mientras criminaliza a los dirigentes de las movilizaciones. Queda la remota posibilidad que no ocurra lo mismo en Chile, donde la estructura jurídica y política del Estado sigue siendo la que dejó establecida Pinochet, que garantiza la violencia impune de las fuerzas armadas en el control de las protestas, experiencia misma que se da en Brasil y en Argentina después de las dictaduras; con la diferencia Argentina que desde los 90 del siglo pasado viene repitiendo cada cuatro o cinco años la misma fórmula de endeudamiento, dependencia, inflación y devaluación ordenadas desde Washington, y la correspondiente respuesta del pueblo cuando siente reducidos sus medios de subsistencia.

Los golpes “lentos” se siguen gestando en el continente y en el mundo: en Venezuela, -que resiste tanto como Cuba el bloqueo- Nicaragua, y ahora en México, con la posibilidad que lo hagan en Argentina con el nuevo gobierno. Con el triunfo de AMLO en México y la elección de Fernández & Fernández en Argentina se intenta configurar un nuevo ciclo u otra ola “progresista” en América Latina, sin embargo, las comunidades empobrecidas, los demócratas, revolucionarios y humanistas no pueden prestarse al mismo juego de los partidos y movimientos que renunciaron a su autonomía y a la rebelión, poniéndose al servicio de la institucionalidad, esto no quiere decir quitarle el apoyo a gobiernos democráticos comprometidos en cambios estructurales de sus economías y sociedades, que busquen el despegue del FMI, del BM, del imperialismo y del neoliberalismo, pero simultáneamente construir en sus territorios y comunidades sus propios modelos equitativos de sociedad y economía solidarios, autónomos, antipatriarcales y anticapitalistas. No debería repetirse la historia de los reformistas-desarrollistas-nacionalistas del siglo pasado en América Latina –como ya lo hemos expresado en otros escritos- a excepción de Cuba, que logró consolidar su revolución pues todos esos caudillos reformistas desarrollistas no eran marxistas ni revolucionarios anticapitalistas ni su fin era el socialismo o la democracia popular, aunque realizaran reformas económicas y sociales que de alguna forma beneficiaban a diversos sectores sociales, aunque fueran valientes y honestos; mas bien fueron impulsados por principios liberales nacionalistas, lo que condujo a que casi todos fueron asesinados de diferentes maneras por el imperio y las oligarquías locales, -Allende en Chile y Bishop en Granada corrieron la misma suerte al intentar realizar una revolución socialista- recordemos que todos ellos no reconocieron ni cedieron autonomía a sus pueblos, mientras la participación en su mayoría fue corporativista y tendieron a dirigir sectores como el indígena, el campesinado y el sindical.

En anterior artículo –“¿Progresismo o revolución?”- hemos analizado las experiencias reformistas-desarrollistas y progresistas en América Latina y el Caribe, mirando sus aciertos y sus limitaciones, especialmente en Suramérica en el siglo XXI y hemos encontrado que en ninguno de los casos hubo una visión estratégica para abolir a mediano o a largo plazo las estructuras económicas, sociales y culturales del capitalismo ni salieron de la concepción del partido o grupo como instrumento institucionalizado para convertir las aspiraciones de sus pueblos en meras reformas económicas y paliativos para superar temporalmente la pobreza y la dependencia; las nacionalizaciones, el desarrollismo, la sustitución de importaciones, el capitalismo de Estado, no posibilitaron trascender el capitalismo ni superar las desigualdades ni la injusticia social.

Aprendamos de lo que viene pasando en este siglo con los progresistas como Chávez, Lula y Evo. Si se propicia la realización de proyectos revolucionarios populares, los movimientos transformadores deben trascender los parámetros de la democracia representativa y presidencialista burguesa, también los esquemas de alianzas y procesos planificados por uno o varios partidos, pues estos nunca podrán representar a todos los sectores populares ni a las comunidades, sobre todo en países tan diversos como los Latinoamericanos.

Diciembre 5 de 2019

 

ENTRE IA, OJIVAS y CATEDRALES

Por Gonzalo Salazar

El capitalismo todo lo globaliza,-excepto la riqueza y el bienestar- trata de homogenizar las culturas para controlar las sociedades y a las personas, impone estándares para producir y para consumir, un único modelo educativo, una sola forma de pensar; por lo que si queremos aprender y aprehender algo de nuestra época para combatir este sistema y construir una nueva sociedad, es necesario mirar el actual contexto que pone a la humanidad al borde de su extinción o al inicio de su total emancipación, no tanto por causas naturales, como por lo que significa la instrumentalización del desarrollo científico-industrial-tecnológico para la dominación, la expropiación de conocimientos y la acumulación de poder y de riquezas por un diminuto grupo mundial de personas inmensamente ricas distribuidas en forma de oligarquías (burocracia, nobleza, burguesía, élite) en el norte y en el sur.

Como cualquier civilización, la occidental acumuló y desarrolló conocimientos, construyó magnificas y complejas estructuras –físicas y metafísicas- e infraestructuras, generó tecnologías, arte, filosofía, ciencia, desarrollóun modo de producción que se extendió por todo el orbe, agotando los bienes biológicos y energéticos, deteriorando los ecosistemas. El capitalismo ha querido modificar la genética de los seres humanos y del resto de especies animales y vegetales, cambiar la geografía, manipular el clima del planeta;ha destruido y homogenizado culturas y sociedades, desalojando violentamente los campos, encerrando a la inmensa mayoría de la humanidad en panópticos con rejas de cemento y asfalto, atrapada mentalmente por sus redes y medios cibernéticos de dominación; quiere vida eterna para sus élites, conquistar el universo entero, modificar y controlar los cuerpos,  las mentes, la conciencia y el espíritu de la humanidad, individual y colectivamente mediante la tecnología; sin embargo, la actual civilización llega a su etapa de decadencia cuando su lógica se torna disfuncional y sus paradigmas pierden sus valores, mientras sus mitos, tabúes y mentiras se develan a los pueblos del mundo como desastres sociales, culturales y ecológicos,hechos analizadosy corroborados por científicos e investigadores antisistémicos con la ayuda de la Internet,generandoescepticismoy rechazo al futuro “edénico”-que solo se ha cumplido para una pequeña élite mundial-prometido por laModernidad desde el siglo XVI, una distopía cruel para los verdaderos productores de riqueza material y cultural, amantes de la vida natural, la paz y la libertad.

Esta es una élite posicionada en la cúspide de la pirámide económica-social del capitalismo, constituida por familias tan poderosas económica y políticamente, -no más de trescientas- como las monarquías europeas y sus dirigencias financieras y corporativas emparentadas entre ellas ycon otras  Norteamericanas de origen europeo, algunas descendientes de papasy emperadores del Sacro Imperio Romano, (con más de mil años de historia) quienes gobiernan en el Vaticano, en Wall Street y La City de Londres, los verdaderos centros de poder político-económico-religioso del mundo occidental-que en muchos casos han cambiado sus apellidos- integrando grupos como el Club Bildelberg, el Club de Roma, la comisión Trilateral, el CFR, el FMI, el Foro Económico Mundial, el club de Monte Peregrino, logias, sectas y otras organizaciones discretas y secretas  fundadas en Europa y Norteamérica,(entidades creadaspara el control, el despojo y la conspiración contra la humanidad) a quienes prácticamente no les interesa ejercer la administración de sus Estados y corporaciones, para ello delegan en sus siervos y lacayos formados técnica, académica, ideológica y políticamente en sus instituciones financieras, militares, de inteligencia, de investigación científica y en sus corporaciones industriales del Norte. Igualmente, esa élite ha planeado y dirigido las guerras y agresiones por más de 500 añoscontra la integridad de la humanidad, en casi todos los países,provocando grandes tragedias humanitarias, (desastres económicos, genocidios, enfermedades físicas y mentales), tratando de mantener el control total de la vida y la sociedad.

La civilización occidental, que desarrolló el capitalismo, entra en una profunda crisis existencialen los últimos 120 años, toda su mitología, su sistema económico-social explotador-opresor, su ciencia hiperteorizada, su arte esquematizado, sus culturas homogenizadas con “verdades” eternas, sus teorías científicas y metafísicas no demostradas o desvirtuadas, con sus leyes y fenómenos “universales” una supuesta historia universal eurocéntrica compuesta de guerras y violencias; inventada tergiversada, alargada, corregida, escondida, -llena de patriarcas, caudillos, monarcas, emperadores y “héroes” siempre triunfantes, sabios y ricos frente a sus dominados empobrecidos “ignorantes” y colonizados- impuesta sobre las historias otras propias de los pueblos de sus periferias, estas a la vez negadas, minimizadas, falseadas, borradas de los libros y de las mentes aborígenes mediante su sistema educativo, sus religiones y sus medios masivos de desinformación.

Su régimen jurídico (el Derecho) defensor y soporte de la propiedad privada y su sistema mundo, han ido perdiendo las razones ontológicas, filosóficas y culturales que en algún momento le dieron “legitimidad” como instrumento de justicia, -el capitalismo es en esencia corrupto y corruptor- sus argumentos para sostenerse ética y estéticamente,producto de su decadencia, solo se sostienen con la mentira, el terror y la simulación; sus tink-Tanks y su academia, ya no tienen respuestas para los complejos problemas del presente ni para las necesidades de la humanidad, a no ser que se considere legítimo el uso de las armas de destrucción masiva para matar y controlar, (entre estas las financieras, mediáticas, sicológicas, medicinales y biotecnológicas) como medios para darle bienestar y felicidad, por el contrario, sus instituciones corruptas y obsoletas, principalmente su Estado,solo sirven para reprimir, amedrentar y reducir la población mundial, no ofrecen alternativas para el futuro de la humanidad y del planeta, aunque exista toda una infraestructura tecnológica y conceptual que supuestamente va a transformar a los humanos en semidioses eternos e inmunes mediante un absurdo proceso Trans y Pos-humanista “cosmológico” tecnologizado, que volverá inútiles física y mentalmente a quienes se implanten sin necesidad estas tecnologías IA en sus cerebros y cuerpos;así sus mentes se convertirán en programas cibernéticos que administrará una súper-computadora, sus cuerpos funcionarán mediante prótesis internas y externas –en quienes desean competir con las máquinas o ser parte de ellas-, mientras el resto de la humanidad continuará sumida en la “ignorancia” de su propia realidad, de regreso al pasado, siendo utilizada  la mayoría como bestias de carga: todo esto será posible mientras los pueblos dignos no despierten con su acción creadora-transformadora de una nueva civilización humanista-humanitaria.

¿para quienes, y a qué costos sociales culturales y ambientales se construirá ese “paraíso” en el que supuestamente no existirán los pobres?

La Modernidad, con su misma lógica racionalista, sigue prometiendo el “paraíso” con el desarrollo científico técnico, ahora es, supuestamente, la IA robotizada a todas las escalas, la que va a terminar con el hambre y la ignorancia, tal como lo hizo con las primeras revoluciones industriales, con la primera y la segunda revolución verde, que supuestamente iban a acabar con el hambre y la pobreza envenenando al mundo y extinguiendo millones de especies; según los presupuestos de Occidente, la cuántica, la nanotecnología y la genética van a erradicar por simple aplicación todas las enfermedades –incluidas las mentales, la “fea” estética corporal y el envejecimiento, hasta los alimentos sintéticos serán “naturales y limpios”- la civilización estará en “armonía” con la naturaleza artificial en un mundo fantástico de comodidad y abundancia privatizado, mientras se inicia la colonización extractivista comercial de marte y se elimina la población “sobrante”, todo promovido por el cine y la televisión comerciales y los videojuegos; “paraíso” disponible solo por quienes puedan pagarlo.

Indudablemente que gran parte de la ciencia aplicada en las tecnologías ha permitido la superación de muchas dificultades en la sobrevivencia, en la producción de mercancías, transportes, alimentos, medicamentos, en la generación y asimilación de conocimientos, en la creación de instituciones que gestionan estos avances en una sociedad de alta complejidad como es la capitalista.El problema de la ciencia no son las posibilidades de bienestar, comodidad y eficiencia que puedan brindar las tecnologías, pues la mecánica cuántica, la inteligencia artificial, las nano y biotecnologías, como la informática, son avances realmente positivos para la humanidad, lo que se cuestiona desde el pensamiento crítico es a quienes realmente benefician en su distribución y aplicación, es qué ideología, qué pensamiento o intereses económicos y sociales dirigen, programan, diseñan y controlan estas tecnologías en esta sociedad clasista y colonialista que nos está llevando a la total destrucción del planeta y la humanidad.Lo que tampoco dicen los economistas, científicos e intelectuales siervos de las clases-élites capitalistases cómo y de donde extraerán los recursos naturales y energéticos, las materias primas para esta Cuarta Revolución Industrial, los brazos y cerebros para hacer realidad ese sueño,que implicaría la destrucción de la mayoría de los ecosistemas naturales del planeta y la masificación de todas esas tecnologías con los estándares de consumismo y obsolescencia programada, ni si realmente este “progreso” beneficiará en igualdad de condiciones a todos y cada uno-a de los seres humanos.

Cada nuevo descubrimiento de la antropología, de la medicina, de la arqueología, de la cosmología, destruye sus mitos antiguos y modernos, por ello ocultan, niegan o destruyen cualquier avance que posibilite a los pueblos el conocimiento de sus historias, la sociedad, la naturaleza, del cosmos y de la especie humana; igualmente, todo nuevo conocimiento, avance tecnológico, de las ciencias naturales, de la física, la química, de la biología o de la cosmología que supera o rebasa su lógica o que no funciona dentro de las leyes del “libre” mercado, que pueda poner en evidencia la falsedad de sus mitos, como la elemental realidad de la existencia de vida en el multiverso o cosmos, así como las evidencias de antiguas humanidades y civilizaciones recientes y antiguas -la mayoría ubicadas al sur y al este- que también desarrollaron tecnologías y culturas altamente avanzadas en todos los continentes, que además algunas tuvieron procesos de globalización, incluso anteriores a los diez mil años que el judeocristianismo determinó como principio de una única humanidad, de una única cultura eurocéntrica, sigue negando y satanizando como lo hacen con los conocimientos, los saberes y las riquezas culturales de los pueblos no occidentales al negarles también su humanidad, imponiendo una única ciencia, su arte, un único universo, el geocentrismo, el monoteísmo, el logocentrismo, el antropocentrismo el eurocentrismo, una justicia y una “democracia” occidentales que encubren todos los crímenes del capitalismo.

El capitalismo es siempre contradictorio en sus planes y políticas, cuando habla de transformar a humanos en superhumanos o poshumanos supuestamente con capacidades “divinas” suprimiendo los males físicos y separándolos totalmente del resto de la naturaleza con una realidad ficticiade alta tecnología cibernética, nanotecnología e inteligencia artificial, cuando promete el fin del trabajo y la conquista y colonización de otros planetas, cuando las condiciones climáticas generadas por su modo de producción hacen necesario volver al uso de energías libres inagotables e inocuas para la vida, más se apega a la explotación y uso de energías de origen fósil –y del uso del fracking- e incrementa la explotación de los trabajadores devolviéndolos ala esclavitud; mientras su geopolítica se estructura como un neofeudalismo. Cuando ha logrado un mercado global con miles de millones de consumidores, se plantea la eugenesia para el 60% de la humanidad, mientras la principal industria del capitalismo es el complejo militar industrial de todas las potencias. Cuando habla de progreso y desarrollo, destruye países generando miseria y “atraso” con guerras de expolio, con el chantaje nuclear y financiero y las guerras comerciales; cuando dice Era del Conocimiento, se roba el conocimiento generado por los pueblos, con su sistema de patentes; propicia el resurgimiento de mitos absurdos como la “teoría de la tierra plana”, historias de extraterrestres que vuelven, el desconocimiento de la verdadera historia, impide el debate filosófico de nuestras propias realidades, convierte en secretos descubrimientos e inventos que ponen en evidencia la injusticia e irracionalidad de su Sistema Mundo; la arqueología la convirtió en una actividad secreta, como la mayoría de investigaciones y sus resultados de todas las ciencias.

Este proceso de concentración de la riqueza y monopolización de la producción y de los mercados a escala global,al que Lenin llama etapa imperialista, se intensifica a principios del siglo XX con la formación de las grandes corporaciones (Trust) industriales y financieras, con la producción industrial primero mecánica, luego automatizada de mercancías para el mercado mundial, en medio de la barbarie genocida de las más grandes potencias imperialistas (de Occidente) en las dos primeras guerras “mundiales” que continuó con la “Guerra Fría” –esta síglobal contra los pueblos del sur y el este-.En África y América Latina, si bien ha habido algunos conflictos entre países vecinos, sí han permanecido las agresiones y genocidios de las oligarquías locales patrocinadas por las potencias imperialistas, -representadas en sus ejércitos y corporaciones multi y transnacionales- como en los casos de decenas de golpes y dictaduras militares y civiles en América Latina  en todo el siglo XX; en África donde sus pueblos desarrollaron guerras de liberación del colonialismo y recientemente en la nueva guerra fría,los conflictos internos en países comoRuanda, Sudán y Somalia, -además del apartade sudafricano-  donde las corporaciones transnacionales norteamericanas y europeas con la connivencia de sátrapas gobernantes y organismos internacionales como ONU y OEAhan enfrentado etnias y pueblos entre sí- dentro del modelo colonialista Neoliberal, como tratan de hacer los imperialistas en Venezuela y Siria.

Hoyel componente violento y rapaz  del capitalismo se crece ominosamente en el Medio Oriente y Asia Central como escenarios principales de las guerra de cuarta y quinta generación –originadas en la disputa por el manejo de la producción y el mercado del petróleo-, con la posibilidad de otra guerra nuclear, esta vez sería entre más de 10 países –la mayoría de Occidente- que poseen miles de misiles de crucero supersónicos y de ojivas nucleares, -cientos de veces más potentes que las lanzadas contra Hiroshima y Nagasaki-  empezando por USA,Inglaterra, OTAN e Israel contra Irán, Rusia, China y Corea del Norte,o de India Contra Pakistán, que podría involucrar a los anteriores. Por otro lado, los globalistas neoliberales quieren atomizar a la mayoría de paísesen varias republiquetas, como lo hicieron con la antigua Yugoslavia, como lo hicieron en Sudán,  lo iniciaron con Rusia, (Georgia, Osetia del Sur, Ucrania) como lo intentaron en Bolivia y quieren hacerlo con Siria,México, China y otros países, -incluido Estados Unidos-; práctica que no es nueva, recordemos que después de cada guerra “mundial” lo realizaron en África, Asia y Oriente Medio para repartirse los recursos naturales de esos territorios entre los aliados;mientras los pueblos de África y Centroamérica, empobrecidos, hambrientos e “ignorantes” huyen de la violencia hacia  los centros de Occidente -enfrentando violaciones a todos sus derechos, muros, cárcel, naufragios y asesinatos- buscando sobrevivir a la esclavitud, a la xenofobia y al racismo del Norte que los necesita para explotarlos y para repoblar sus sociedades seniles y esterilizadas.Por otro lado, este comportamiento se amplía a Suramérica con la agresión comercial-financiera y diplomática, en loque han denominado “Golpes Blandos”, pasando por las agresiones económicas del FMI a Argentina, Ecuador y Chile, con la amenaza de intervención militar por USA en Venezuela, que podría generar un conflicto no solo entre países de la región, sino, entre potencias como China y Rusia que tienen intereses económicos en ese país, tal como se observa en Irán y Corea del Norte con los bloqueos financieros, comerciales y marítimos.

¿por qué razones los pueblos de las periferias debemos creer en un futuro de libertad y placer sustentado en el genocidio, la expoliación de nuestros territorios, la explotación de nuestros brazos y cerebros con el uso instrumental de la ciencia y la tecnología del capitalismo, si hemos soportado por más de 500 años la agresión de sus ejércitos y su cultura clasista, racista, patriarcal y colonial?

Las promesas proclamadas en la Modernidad con los presupuestos de su revolución francesa, de Igualdad, Libertad, Fraternidad, nunca lo fueron ni lo serán para la humanidad en ningún país o territorio donde reine el capitalismo, porque éste es antagónico al bienestar y progreso humanos, es un sistema de corrupción, de despojo, de ignominia, de esclavitud y sufrimiento para los pueblos.Todo lo que necesitan los pueblos para su bienestar tienen que construirlo estos con sus propios medios, no esperando nada de otros, alejándose de la ideología, las leyes e instituciones del capitalismo.Los habitantes del sur no tenemos nada que agradecerle a Occidente, pues además de exterminar pueblos e imponer su religión y su cultura, ha venido saqueando nuestras riquezas y saberes, su ciencia está hecha de saberes y prácticas de todos los pueblos del mundo, su medicina moderna no cura, es veneno para muerte dolorosa y lenta, hasta la tecnología más avanzada es diseñada por cerebros de todo el mundo, de donde también vienen todas las materias primas y a donde van sus mercancías, muchas innecesarias, efímeras y contaminantes como su modo de producción.

Los universalismos, los centrismos de occidente, -elevados a categorías de leyes- definidos por sus pensadores, investigadores, emperadores y jerarcas religiosos, son solo expresión de su local-provincialismo, de sus particularidades históricas, económicas sociales y culturales, específicamente ideologías de unas clases y élites racistas dinásticamente dominantes -en sus feudos, extendidos a las periferias de sus imperios- que soportan sus políticas de expansión: el colonialismo, la invasión de territorios, el saqueo, el exterminio de pueblos y culturas, y la esclavitud ejercida sobre muchos pueblos del mundo. En sus juicios religiosos, ideológicos y políticos, justificados con el trabajo de sus científicos, filósofos e intelectuales serviles del norte principalmente“blanco” judeocristiano, no hay espacio para la diversidad cultural, para otras cosmovisiones, filosofías o epistemologías de los pueblos del sur y del este, porque estas son consideradas inferiores absurdas y atrasadas; esta es una posición racista construida en los últimos 500 años que en la práctica niega la otredad, nuestra humanidad.Para comprobarlo basta con mirar la división internacional del trabajo y el conocimiento sobre el mapa de guerras y conflictos localizados en territorios del Sur y del Este, donde yacen y se explotan violenta y masivamente sus “recursos” humanos, naturales y energéticos.

Es fácil para las personas ignorantes y fanáticas sometidas, aceptar como perfectas y eternas las teorías que sobre los orígenes del cosmos, de la vida y de la especie humana se difunden por la academia y los Medios, como dogmas de fe,como los conceptos emitidos por los cientificistas serviles al establishment. La ignorancia es la pantalla sobre la que se proyecta una pseudo-realidad desconfigurada sin antecedentes históricos, sin fundamentos científicos. En estos momentos de grandes descubrimientos históricos y científicos se abaten viejas teorías que encubrían muchas mentiras, poniendo en peligro el estatus quo de esas élites y clases dominantes; en las ciencias sociales las políticas económicas son incuestionables, el sistema educativo, especialmente la academia oficial, no admite cambios en su estructura ni en los contenidos curriculares que rompan con la separación de disciplinas que son complementarias en una interdisciplinaridad que llevaría a una concepción holística del mundo y de la sociedad;la historia oficial implantada desde la universalidad occidental se cimienta en verdades eternas como los preceptos religiosos y la épica fantasiosa; la arqueología-antropología es una ciencia secreta que no admite objetos ni hechos fuera de la cronología o de espacios definidos por los límites de sus imperios, por sus teorías académicas y por la teología occidental; el Vaticano diseñó y organizó la llamada historia “universal” y la cronología de los últimos 2.000 que aún se imparte en todo el proceso educativo de los países occidentalizados.

Las ciencias sociales y humanas, dirigidas desde las metrópolis de occidente por una pequeña élite de grandes capitalistas, continúan investigando sobre el pasado, sobres los problemas sociales del presente, no para tratarlos y solucionarlos, sino para intensificarlos y multiplicarlos, para desaparecer o para tergiversar la historia y la realidad, utilizando para ello una estrategia ideológica que difunden la educación oficial, las religiones y los medios de entretenimiento y desinformación masivos; la inmensa mayoría de ese conocimiento es utilizado para controlar las vidas, las mentes y las conciencias de los seres humanos –envenenamiento y contaminación- política-financiera, para dividir y confundir a la humanidad, negando su responsabilidad, escondiendo y destruyendo valiosos descubrimientos, conocimientos y tecnologías necesarios para solucionar los grandes problemas.La Economía Política la han convertido los tink tank imperialistas –BM, FMI, FED, Banco de Pagos Internacionales, club Bildelberg, Foro Económico Mundial, OCDE, ONU, OMC- en libretos, manuales y recetas que garantizan el crecimiento económico de los grandes capitalistas mediante la realización de políticas de despojo y especulación financiera, convirtiendo todo bien natural, todo componente genético, toda expresión cultural en simples recursos factibles de enajenación y manipulación.

Gran cantidad de hipótesis y teorías no demostradas en la práctica son asumidas como leyes naturales o sociales, convirtiendo a la ciencia occidental en una religión que genera fe y esperanza para los creyentes de un mesías que supuestamente viene a redimir a la humanidad, que nos convertirá en semidioses robotizados; este Ser prometido toma la forma en la moderna tecnología y en los presupuestos de la agenda mundial 2030 –o sea, continuidad de la modernidad capitalista-, mientras que científicos honestos al difundir conocimientos, o al mostrar experimentos y tecnologías nuevas que requieren mínima inversión, con mínimo consumo de energía, pero con gran capacidad para generar energía o para combatir efectivamente patologías y enfermedades dolorosas y letales, para recuperar ecosistemas naturales-de mucho beneficio para la humanidad o para la naturaleza- son chantajeados, estigmatizados, amenazados, hasta asesinados.

La orden del día de esa élite oligárquica mundial es destruir todo lo que pueda significar un bien natural o social que contribuya a la libertad, solidaridad y felicidad de los que considera subhumanos, o no humanos de la zona del no ser-de la que somos parte los pueblos del sur- convertirlo en una mercancía más, o copiarlo artificialmente para monopolizarlo poniéndole precio; igualmente, lo que ella impone como fin y futuro para la humanidad es la angustia y la desesperanza de la vida en el planeta, porque supuestamente no se pueden producir los alimentos necesarios para los cuestionables siete mil millones de habitantes humanos actuales, según ella, si nos seguimos reproduciendo, en los próximos 50 años no habrá espacio para tanta gente, por lo que ve necesario aplicar la eugenesia y el genocidio como medio de control de la población por todos los medios:económicos, alimentarios, tecnológicos, sicológicos y medicinales, junto a la manipulación tecnológica, genética, mediática-mental y sexual (individualismo, egoísmo, misoginia, trabajo-estudio, futuro apocalíptico, culpar a la humanidad de todos los desastres económicos, ecológicos y sociales); crecimiento demográfico no demostrado científicamente, “justificado” en el hacinamiento y crecimiento desproporcionado de las ciudades-verdaderos campos de concentración- mientras se deshabitan miles de pequeñas ciudadesy campos poblados (desplazamientos violentos económicos, políticos, ambientales, culturales); mientras los métodos y dispositivos anticonceptivos mencionados se multiplicaron y masificaron durante los últimos 50 años, reduciendo las tasas de natalidad en muchos países a menos de dos hijos por mujer, esto sin contar con los genocidios planeados, promovidos y realizados por las grandes potencias imperialista contra los pueblos del mundo con cientos de millones de muertos.

Estos instrumentos son parte del plan de dominación mundial diseñado para los próximos 30 años, que supuestamente irá hasta 2050- en lo que han denominado “Transhumanismo y pos-humanismo”, proyecto enfocado a la conquista de otros mundos con la migración de esas élites capitalistas y sus más sumisos esclavos hacia esos lugares, después del inmenso y letal daño causado al planeta y a la humanidad.Es necesario decir quela inteligencia es propiedad solo de los organismos vivos con su capacidades de adaptación, utilización de los recursos y desempeño en el entorno en que viven, por lo que podríamos concluir que la vida en sí, es inteligencia.Lo quehay en la Inteligencia Artificial es aplicación de la inteligencia humana sintetizada en programas cibernéticos-informáticos, robótica y algoritmos que dinamizan máquinas para auxiliar y realizar tareas de mucho riesgo o que requieren demasiados esfuerzos físicos y mentales; autómatas que siempre necesitarán de una orden o dirección humanas, por lo que su comportamiento solo es reflejo de quienes las diseñen y programen, que es la mente humana, aunque mucha de dicha tecnología se utilice para actividades absurdas, estúpidas e innecesarias como desarrollar de armas de destrucción masiva, destruir ecosistemas naturales o pretender reemplazar totalmente a los humanos.

Elon Musk, el impulsor del transhumanismo y la “Inteligencia” Artificial –en julio de 2019- acaba de proponer bombardear–con bombas nucleares- los polos de Marte para generar efecto invernadero y supuestamente hacerlo vivible para los humanos. Más del 60% de la investigación científica y desarrollo tecnológico en los principales laboratorios y centros tecnológicos –estatales y privados- de occidente, están dirigidos hacia ese objetivo; por lo que semanalmente despegan naves espaciales con diferentes misiones –secretas- de ese proyecto, el que siempre ha tenido el ingrediente militar como determinante, que ahora intenta “mostrar” USA con la creación de una fuerza militar espacial, en el que también Rusia y China compiten tecnológicamente.

Simultáneamente al desarrollo científico-tecnológico, el capitalismo ha iniciado una regresión a estadios de barbarie y totalitarismo, reforzando el colonialismo, su verdadera estructura de dominación; se intensifica el racismo, la xenofobia, el fascismo y el nacismo remasterizado en las figuras dirigentes de Europa, Norteamérica y las monarquías dinásticas del Medio Oriente, incluido el sionismo israelí, males también replicados en otros lugares como Brasil, Argentina, Ecuador, Colombiay en algunos países del sudeste asiático, como se acaba de comprobar con las respuestas de los pueblos ante las imposiciones del FMI y el BM que realizan los sátrapas gobernantes dependientes del imperialismo.

La organización, la dirección, la formación de la actual sociedad se rige por leyes construidas en 10.000 años para el control cultural, espiritual y político de las personas, comunidades y pueblos, mantenidas por pequeños grupos dominantes, por las jerarquías religiosas, por gobernantes autoritarios y corruptos en las sociedades de clases; reglamentos, leyes, normas, tabúes, dogmas que se derivan de mitologías oscuras y crueles, de intereses económicos y políticos de clases dominantes inmensamente ricas, egoístas e insensibles -para el caso de Occidente, estructuras jurídicas, morales de control social originadas en La Mesopotamia, Sumeria, Egipto, Grecia, Roma, Inglaterra- siendo insertados en códigos jurídicos, morales, de comercio nacionales e internacionales, hasta en los métodos científicos, aplicados en la academia y en la política, legitimando la concepción del poder autoritario, que en todos los casos se constituyen como una pirámide con una inmensa base obediente de esclavos y siervos, sobre la que domina una minoría con mucho poder económico, tecnológico y científico, (administradores de Estados y de las grandes corporaciones) dirigidas por una pequeña élite intelectual y política que nunca da la cara al resto de la sociedad.

Cuando el capitalismo entra en decadencia inventa sofismas de distracción: guerras, teorías apocalípticas, “nuevas” religiones con ideología sionista como las llamadas cristianas, los Testigos de Jehová, Pentecostés, esotéricas como las de La Nueva Era, el terraplanismo y el mismo capitalismo, que se erige como la más completa y “verdadera” religión, con sus ritos de consumo, de sacrificio y crueldad, de placer y sumisión que mandan las “leyes” del Mercado para llegar al paraíso, para alcanzar la “felicidad”, con su estructura y jerarquía teológica-financiera de poder omnímodo, que hoy pretende con sus tecnologías de control, estar presente en todo momento y lugar de la existencia de cada ser humano.

Las religiones siguen siendo el opio de los pueblos, junto a las modernas drogas alucinógenas adictivas –legales e ilegales- que promueven las farmacéuticas y las empresas de “salud”mezcladas en la coctelera mediática con ingredientes activos como la violencia de las mafias, el deporte comercial virtualizado, los videojuegos, redes sociales temáticas y la pornografía, que se edita en todos los formatos, empezando con la propaganda de productos suntuarios (autos, armas, muebles e inmuebles, la violencia como entretenimiento, medicamentos y procedimientos para eterna juventud y belleza, etc.), las modas, el turismo sexual, narco y financiero, en los que nunca falta una imagen sensual femenina incitando al “placer” de consumir; estilos de vida que niegan la dignidad, la inteligencia y la libertad, en realidad estilos de muerte.

Cuando incendian la catedral de Notre Dame, uno de los templos emblemáticos del Sacro Imperio Romano en 2019 (creencia en decadencia), se ejecutaba el genocidio contra la población yemení, el pueblo sirio era masacrado por la santa alianza occidental liderada por EE.UU. y Europa, el imperio norteamericano sometía al pueblo venezolano al sitio comercial económico-financiero provocando hambre y pobreza, todo por apropiarse de los recursos energéticos y minerales de esos territorios, simultáneamente se ahogaban en el Mediterráneo  milesde migrantes empobrecidos y perseguidos de África y Oriente Medio, además de otros conflictos que aún subsisten como el palestino-israelí, en el que las principales víctimas siempre han sido las y los niños y jóvenes palestinos, sin embargo estas realidades fueron cubiertas con el manto de la indiferencia y el fanatismo manipulado por los Medios oficiales que trabajan al servicio de las élites para acabar con la farsa corrupta del Vaticano que ya no lo necesitan.

Para ninguna de estas tragedias hubo donaciones ni ayudas humanitarias, ni despliegues mediáticos, mientras en menos de una semana reunieron más de trescientos millones de dólares para reparar dicha catedral. Lo mismo pasa en septiembre de 2019 con los daños a la naturaleza: mientras la ONU se reúne para hablar del “Cambio Climático” en África y Brasil (Amazoniatemplo vivo y abierto de belleza y diversidad) arden las fuentes productoras de oxígeno y de agua a nombre del crecimiento económico, representado en monocultivos y campos de explotación minero-energética para abastecer el consumismo de Occidente y de China,  al mismo tiempo los medios de desinformación o falsimedia presentan a una niña sueca amaestrada y financiada por los más poderoso de la élite financiera mundial, que le echa la culpa a todo el mundo por esta desgracia ambiental, dejando a las transnacionales y sus ONG como las salvadoras, pues su propia familia es parte de una de esas organizaciones.

Algo similar ocurrecon las catedrales deportivas (estadios de futbol y otros deportes comerciales) en las grandes ciudades de Europa, USA, China, Rusia y Suramérica donde los ritos lúdico-narcotizantescon bolas, gritos y colores borran la conciencia y la realidad de quienes como borregos asisten a esos antros aplaudiendo la danza de los millones que la mafia del “deporte” programa. De la misma manera, por esos días el emperador de USA quiso sacar a lospaganos y escépticos de las estanterías de sus supremas catedrales comerciales, especialmente a los orientales que quieren competir con sus deidades cibernéticas 5G, queriendo cambiar su liturgia imperialista por otra capitalista emergente multipolar

Luego vendrían las movilizaciones populares a nivel internacional, empezando por Perú contra la corrupción; movilizados que no alcanzan a ver las causas reales de su despojo patrocinado por el mismo Estado con su sistema jurídico-económico plutocrático y su democracia de papel. Ecuador, donde el Neoliberalismo salvaje representado en el FMI, impone su agenda expoliadora con un paquete de alzas, supresión de derechos y bajos salarios; continúa con la racha de protestas en Chile,con movilizaciones de más de un millón de personas, por las mismas causas, donde el jefe del estado declaró la guerra a muerte a su pueblo, (enemigo interno de la estrategia contrainsurgente ordenada desde el pentágono, financiadas por multinacionales norteamericanas y aplicadas por las dictaduras latinoamericanas en el siglo pasado) mientras Argentina elige más de lo mismo-nuevo presidente hijo del neoliberalismo que actuó vinculado a las mafias financieras nacionales e internacionales al lado de Menem y Dualde- esclavizados al FMI,y Colombia,pueblo que resiste (oligarquía en guerra permanente contra los sectores populares) esperanzado en cambios electorales sin atreverse a romper la estructura de dominación que lo sume en la miseria mientras aniquila a sus dirigentes y bombardea a sus niños; en Honduras frente a la represión del lacayo dictador de turno -Hernández- la juventud, además de huir de la pobrezay la violencia del régimenhacia el norte, sale de nuevo a las calles a reclamar sus derechos;son la juventud, los trabajadores y las comunidades indígenas los principales protagonistas en estas movilizaciones; por otro lado, los bolivianos revolucionarios y humanistas tienen una disyuntiva: aceptan el triunfo  -que es real- de Evo, continuando con el modelo extractivista rechazando la intromisión norteamericana, o plantearse otra forma de construir poder popular desde abajo por fuera de la institucionalidad reforzando la autonomía de las comunidades, mientras tanto, la CIA y la derecha fascista han iniciado otros golpes lentosen Bolivia y México siguiendo la estrategia utilizada en Venezuela. Otro tanto sucede en Medio oriente, en Líbanola gente sale a las calles por los mismos motivos, en Irak que se levanta por recuperar su dignidad frente a la invasión norteamericana; en Cataluña la movilización es nuevamente por total autonomía; en estos escenarios es también la juventud la que lidera la movilización. Con el triunfo de AMLO en México, la reelección de Evo en Bolivia, la elección de Fernández& Fernández en Argentina se intenta configurar un nuevo ciclo u otra ola “progresista” en América Latina –sin contar con la posible elección en noviembre de Daniel Martínez del Frente Amplio en Uruguay y lo que generará la libertad de Lula y su regreso al mismo juego de los partidos y movimientos, al servicio de la institucionalidad, como se observa en Bolivia y Venezuela- buscando un despegue del FMI y del BM, por lo menos en el discurso.

A pesar de que Cuba y Venezuela fueron pioneros en la confrontación con el neoliberalismo y la integración latinoamericana y caribeña con proyectos económicos y políticos –ALBA, Banco del Sur, UNASUR, CELAC, restructuración de Mercosur-, ni México ni Argentina se plantean la necesidad de un acercamiento político con Cuba y Venezuela para este fin-lo mismo que con Nicaragua- como en algún momento lo intentaran Fidel y Chávez. Sin embargo, en el resurgir del progresismono se escuchan voces ni se perciben intenciones de un debate sobre la obsolescencia y necesidad de salir del capitalismo como opción posible y realizable

En nuestra Abya Yala aún no se perfila un fuerte movimiento anticapitalista humanista que no esté supeditado al juego polítiquero de nuestras oligarquías y las mafias financieras internacionales dentro de la pseudo-democracia capitalista, se prefiere por las dirigencias de izquierda concluir las luchas aceptando lo que se pueda definir dentro de la institucionalidad, creyendo “ingenuamente” en la palabra de los negociadores del Estado sin asegurar cambios estructurales, frenando las iniciativas de las comunidades del campo y la ciudad para cambiar por lo menos a sus gobernantes mediante su acción directa; esto ya lo hemos visto en las experiencias de Argentina desde 2001, lo comprobamos con los acuerdos de paz firmados por el gobierno colombiano en 2017 y se ratifica con la negociación que hizo la CONAIE en Ecuador, cuando el gobierno utiliza al congreso para introducir el paquetazo lenta y suavemente mientras criminaliza a los dirigentes de las movilizaciones. Queda la remota posibilidad que no ocurra lo mismo en Chile, donde la estructura jurídica y política del Estado sigue siendo la que dejó establecida Pinochet, que permite la violencia impune de las fuerzas armadas en el control de las protestas, experiencia misma que se da en Brasil y en Argentinadespués de las dictaduras; con la diferencia Argentina que desde los 90 del siglo pasado viene repitiendo cada cuatro o cinco años la misma fórmula de endeudamiento, dependencia, inflación y devaluación ordenadas desde Washington, con la correspondiente respuesta del pueblo cuando siente reducidos sus medios de subsistencia.

Noviembre 9 de 2019

 

Atención… Caso Millicom: Juzgado Segundo Civil Municipal de Oralidad, falla tutela contra el Personero de Medellín

La impunidad en el sonado caso de la estafa protagonizada por algunos directivos de la multinacional Millicom contra Medellín, puede estar llegando a su fin. Juzgado Segundo Civil Municipal de Oralidad, falla tutela contra el Personero de esta ciudad.

¿Derechos, o Hechos?

Por Gonzalo Salazar

El capitalismo, desde la ilustración, con los enciclopedistas y el humanismo burgués, que prometía a través de la modernidad y del saqueo a América, “redimir” a la humanidad con el avance de la ciencia, de la tecnología, el desarrollo de la industria, la libertad de comercio y el impulso a las profesiones liberales, hipócritamente enarbolaba la bandera de la libertad y el progreso para toda la humanidad; un supuesto amanecer después de la larga noche medieval europea.

De esta manera se emprendió violentamente la conquista de otros continentes, nuevos mercados, nuevas fuentes de materias primas y una revolución industrial que liberaría la mano de obra sierva para esclavizarla en los talleres y en las fábricas; impulsó en todas partes cambios económicos y políticos que incluyeron procesos de emancipación y liberación del colonialismo en los siglos XVIII y XIX, siendo la cúspide de este proceso la Revolución Francesa; cuando es vencida definitivamente la vieja sociedad feudal europea, donde es complementado el concepto de Libertad con los de  Igualdad yFraternidad; lema que se traduce en la asignación de derechos a “todos” los hombres -no mujeres-, haciéndolos sujetos “dueños de su propio destino”, en lo que se ha llamado la democracia burguesa. Los Derechos del Hombre burgués, que tradujo don Antonio Nariño como plataforma de su proyecto emancipatorio; derechos que el capitalismo utiliza para movilizar a la sociedad –de las metrópolis centrales- por el “progreso” y la “libertad”, pero también para invadir, despojar y masacrar a los pueblos que poseen recursos naturales y energéticos en sus territorios y no los entregan por las “buenas”.

Libertad, Fraternidad, Igualdad, objetivos solo alcanzables a través del reconocimiento y ejercicio de los derechos definidos por la burguesía europea para quienes sabían leer y escribir, poseían bienes (capital), ejercían profesiones liberales y poder político;derechos que en adelante harían parte de las plataformas políticas e ideológicas de los movimientos sociales, políticos liberales, democráticos y revolucionarios en las luchas por su emancipación y liberación en los siglos XIX y XX. Estos derechos individuales requirieron ser adecuados a las necesidades  del capitalismo imperialista para contener la ola independentista de las colonias, a los movimientos revolucionarios anticapitalistas, que trascienden los límites del liberalismo europeo, transformándolos yobteniendo el reconocimiento “universal”como Derechos Humanos, promulgados por la Organizaciónde Naciones Unidas; instrumento imperialista de control e intervención política y militar creado por los vencedores en las dos guerras “mundiales” de Occidente en el siglo XX, financiado por imperialistas financieros como las familias Rockefeller y Rotschild para consolidar su Nuevo Orden Internacional;al tiempo que creaban el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para controlar económica y financieramente a los países de la periferia, organismos que son parte de los acuerdos de Bretton Woods (1944) como la declaración de los Derechos Humanos, difundidos y defendidos por organismos internacionales como la Cruz Roja Internacional, Amnistía Internacional y Human RigthWatch; estos además se incluyeron obligatoriamente en las Constituciones Políticas de los países miembros de  la recién creada ONU, ratificándose en convenios como los protocolos de Ginebra, la Organización Internacional del Trabajo, y la Corte penal Internacional como soportesdel Derecho Internacional y Humanitario.

Esos Derechos Humanos han perdido vigencia para la mayoría de los habitantes de la Zona del NoSer, o mejor, nunca han tenido vigencia en los países neocoloniales y dependientes o de las periferias, por lo que es posible para una Internacional de los Pueblos ampliar, profundizar y adecuar  esa vieja Declaración de posguerra a las necesidades de las personas y sectores sociales que fueron ignorados en dicho documento, como los niños, las mujeres, las comunidades y los pueblos indígenas, pues estos sectores y actores sociales necesitan ser visibilizados; hacen falta muchos derechos, porque existen nuevas opresiones y discriminaciones, nuevas y antiguas cosmovisiones que luchan por otro mundo posible que rescatan la dignidad, la libertad y la felicidad que el capitalismo les ha quitado a los ciudadanos y a los pueblos, algunos derechos como del derecho al ocio, a soñar o a la utopía, a la autonomía individual y colectiva que no figuran en dicha declaración.

Además de los derechos Humanos Individuales, los movimientos de liberación nacional, los nuevos movimientos antisistémicos y los pueblos en emancipación que reclaman respeto y autonomía, avanzan en el reconocimiento, respetoy defensa de sus derechos colectivos, económicos, sociales, culturales y ambientales, que toman forma en la conferencia de Argel (1973) con la declaración de los derechos de los pueblos a la autodeterminación en la constitución de los Países No Alineados, en el Foro Social Mundial en foros alternativos, de la mujer, de los pueblos indígenas, de soberanía alimentaria, sobre el medio ambiente, en los foros, declaraciones y escuelas de los zapatistas.

Los derechos en el capitalismo son posibilidades de acceder a beneficios o a bienes materiales, sociales y culturales producidos por la naturaleza y por la sociedad y se traducen en hechos factibles de expropiación o privatización. En la sociedad burguesa el bienestar y la felicidad están supeditados a la obtención de derechos, lo que no implica el ejercicio real y efectivo de estos por todos y cada uno de los ciudadanos, pues entre la enunciación y la realización de los derechos media una serie de condiciones y requisitos de tipo étnico, de género, económico, social, cultural y jurídico para los pueblos de la periferia, que hacen en muchos casos imposible acceder a ellos a quienes por ignorancia de esos mismos derechos, por deficiencias económicas para gestionar o tramitar, o por no formar parte del grupo social o político que administra o posee el poder de ordenar su cumplimiento y respeto. Todas las actividades económicas, políticas, sociales, culturales, individuales y colectivas inherentes al crecimiento personal, al bienestar social, al progreso material, intelectual y espiritual, están mediadas en su realización por los derechos, “garantizados” por el estado capitalista en lo que se ha llamado el Estado Social de Derecho. Por esto los derechos han sido clasificados en primera, segunda, tercera y más categorías, como si estos no estuvieran directamente interrelacionados y supeditados unos a otros con la misma importancia.

Hay un derecho que es la suma de muchos otros derechos: la vida; este encierra derechos tan elementales como el derecho a respirar, el derecho a alimentarse, al placer, el derecho a dormir, etc. sin embargo cuando hablamos de vida digna, entonces tendremos que hablar de otros derechos que hacen posible esa dignidad de la persona humana, y allí tendremos otros como el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda igualmente digna, el derecho a expresarse personal, social, cultural, política y hasta sexualmente, a la información, al empleo, a divertirse, a soñar, por no mencionar otros como el delibre desarrollo de la personalidad o el derecho a la intimidad. Lo mismo sucede si definimos el derecho a la paz, a la libertad o a la igualdad; en fin, el llamado Estado Social de Derecho tendría la obligación de garantizar el libre ejercicio de estos derechos a todos y cada uno de las y los ciudadanos con todos los medios políticos, técnicos, logísticos, la infraestructura adecuada y un régimen de plena democracia y justicia social, que también son derechos.

Ahora tendríamos que observar si existió realmente ese Estado Social de Derecho, en qué países o en qué partes del mundo las personas y los pueblos, sin ningún distingo ejercen libre y realmente esos derechos propugnados por la modernidad. En los países del desarrollo clásico del capitalismo, no había preocupación de esos estados por proteger a sectores vulnerables de la población como los trabajadores, -que en el siglo XIX eran niños-as, mujeres y hombres adultos- ante la agresión del clima y las enfermedades provocadas por el hambre, el trabajo forzoso y la explotación, que minaban la capacidad de la mano de obra y aumentaban los costos en la producción, pero fue la lucha directa de los trabajadores por mejores condiciones laborales la que obligó a las burguesías a reducir un poco las condiciones extremas de explotación –beneficios que los trabajadores continuaron reivindicando como derechos económicos, políticos, sociales y culturales-; fue la lucha de los trabajadores y los pueblos lo que elevó la calidad de sus vidas, y la burguesía tuvo que ceder poder político y económico para garantizar mínimamente estos derechos, a la vez que trataba de negarlos y violarlos; hasta el siglo XX, cuando el neoliberalismo los privatizó y los convirtió en mercancía.

La negación total de los derechos humanos, realizada por los regímenes fascistas y totalitaristas, propiciada por el capital monopolista e imperialista mundial en las dos guerras de occidente-llamadas mundiales- del siglo XX y las consiguientes dictaduras civiles y militares durante la Guerra Fría, -esta sí mundial- en todas las periferias, hicieron que las y los trabajadores y los pueblos del mundo levantaran con más fuerza la bandera por la defensa de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales reunidos en las luchas por la liberación nacional; pero también los pueblos europeos victimizados, lograron al final de la Segunda Guerra “Mundial”, que la burguesía financiera mundial, con los Estados europeos  implementaron un plan diseñado y dirigido por USA para la recuperación económica y social en los países capitalistas afectados, llamado Plan Marshal(Paris 1947), que como parte de Bretton Woods constituyó un modelo de Estado de Bienestar pero éste modelo no duró más de 30 años, siendo desmontado  en los últimos 25 años. El “Estado de Bienestar” como reconocimiento o garantía de derechos no se replicó en África, Asia ni en América Latina, fue un proyecto anticomunista para frenar el avance del socialismo en Europa.

El “Estado Social de Derecho” es un concepto vacío, que no tiene ninguna relación con los estados de hecho que ha impuesto el capital financiero imperialista en los últimos cien años a los países empobrecidos. Pues como vivimos en un país neocolonial, agrario, ese Estado Social podemos llamarlo como un eufemismo de quienes tienen el poder de definir quiénes son sujetos de derechos y quienes no reúnen la condición de humanos para ser dignos, libres y soberanos.

Cuando un ciudadano o ciudadana siente un malestar físico o sicológico que requiere atención especializada, lo lógico en ese supuesto Estado Social de Derecho,sería que ella pudiera acudir a un centro médico para ser atendida con todos los medios científicos, tecnológicos de que dispone ese Estado. Es en el acceso oportuno, eficiente y libre a los medios necesarios e idóneos, cuando se puede confirmar con certeza que esa persona ejerce un derecho complementario al de la salud; porque la salud no es solo la atención médica y farmacológica, sino, todos los medios que la hacen posible, que se traducen en otros derechos como la nutrición, la tranquilidad, el bienestar económico, mental, social y cultural.

En una sociedad realmente democrática, equitativa y justa, sería contradictorio hablar de luchar por los derechos, donde se trata precisamente es del ejercicio pleno de la libertad, la autonomía y la dignidad del ser humano, pues la fundamental función del Estado desde el liberalismo, supuestamente es proveer y garantizar estos derechos a todos las y los ciudadanos. Entonces no nos referiríamos al derecho a la salud sino a la salud, y los ciudadanos no dirían tengo derecho a la salud sino, tengo salud, igualmente diríamos yo estudio, yo trabajo, tengo vivienda digna, me recreo, opino y decido políticamente con autonomía, etc. y por supuesto, las personas no lucharían por el derecho a sobrevivir sino por ser felices. Pero como en Colombia no existe tal sociedad y la carencia de derechos no afecta solo a individuos sino a grupos humanos; este ejemplo como derecho humano individual es igualmente aplicable a grupos, comunidades y pueblos. El derecho a la salud es parte del derecho a la seguridad social, a la soberanía alimentaria, a la recreación y a la cultura y debe ser defendido no como un derecho único o independiente, sino como la suma de una gran cantidad de derechos y como parte de otros más integrales como la dignidad, la autonomía y la libertad de los individuos, las comunidades y los pueblos.

La negación y violación de derechos va unida a la eliminación o desviación de objetivos de las instituciones y de los medios que los proveen o los garantizan, a la no aplicación de políticas de bienestar social como en los casos de la salud, la educación, la vivienda y la recreación, esto ha venido ocurriendo en nuestro país desde que la oligarquía tomó el poder político y económico. El Instituto Colombiano del Seguro Social fue producto de las luchas que libraron los trabajadores en los primeros 50 años del siglo pasado por mejores condiciones de vida; recordemos los pliegos de peticiones de los trabajadores bananeros en 1928, de los petroleros, de los ferroviarios, de los corteros de caña etc. en los años 30 y 40, muchos de los cuales fueron masacrados por el mismo Estado, mandado por el capital multinacional. El ICSS fue la concreción del derecho a la salud y a la seguridad social de los trabajadores hasta la implantación de la ley 100 y la política neoliberal de las EPS, las IPS, las ARS y los supuestos regímenes subsidiados, el desmonte del Sistema Nacional de Salud, el cierre y venta de hospitales y la entrega de pensiones y cesantías al capital privado nacional e internacional, la dictadura de las farmacéuticas,  con lo cual los derechos se compran o se venden como cualquier mercancía, proceso en el que dejaron de existir los usuarios y los pacientes, pasando todos a ser simples consumidores o clientes, con el derecho a morirse en las puertas de las nuevas y lujosas instituciones de “salud” (el famoso paseo de la  muerte), vivir en la ignorancia, perder la dignidad, perder la utilidad de sus vidas (los pensionados y desempleados) y morirse de hambre en la total exclusión e indiferencia del Estado.

El ejemplo de la salud es la muestra de la suerte de todos los demás derechos que se convertirán en mercancías o simplemente ya dejaron de existir para la mayoría empobrecida de nuestro país y del mundo. La vivienda –a pesar de las supuestas 100.000 gratis- la salud, la educación, la generación de ingresos, los bienes naturales y el medio ambiente –con la locomotora agrominera y el fracking- igual que los derechos políticos, son excluidos para los más pobres. El estado oligárquico colombiano sí protege y garantiza todos los derechos a la oligarquía, a los terratenientes, a las mafias financieras y del narcotráfico y a los imperialistas (transnacionales, FMI, BM, OMC), por esto el derecho a la propiedad privada es el más importante derecho, que no existe para quienes no poseen mansiones, empresas, fabricas ni bancos, además de los de contaminar, explotar, oprimir, despojar y masacrar, porque es el estado social de derechoel que representa y defiende sus intereses de clase y raciales.

La empresa privada, las corporaciones, se fundan como personas “jurídicas” con tantos derechos como los humanos, que los Estados los garantizan y defienden con vehemencia, incluso sobre los derechos de las personas naturales; no es hoy cuando se imponen, desde que nace el capitalismo, el capital privado, la propiedad privada, se han mantenido y crecido porque han exigido e impuesto sus derechos sobre toda la sociedad, siendo su principal derecho el ejercicio del poder político y económico a través de su Estado capitalista, quien controla y reprime al resto de la sociedad, así se piense que en el “pos-neoliberalismo” se esté privatizando –siempre ha sido privado- pues los obsoletos Estados nacionales están siendo anulados o supeditados a un “Nuevo Orden Internacional” como un Estado y gobierno global con sus instituciones jurídicas, económicas, políticas, militares y culturales dirigidas directamente por las grandes corporaciones transnacionales y el aparato bancario-financiero global

Recuperar o conquistar los Derechos de los Pueblos es una tarea que nos pone en la disyuntiva de si es o no necesario, cambiar la estructura de la sociedad y el modo de producción y de convivencia en que vivimos, pues después de 500 años de capitalismo y más de 100 de modo imperialista, si continuamos pidiéndole a nuestros verdugos que nos permitan sobrevivir, que nos dejen respirar, que nos aumenten las migajas de lo que con todo el esfuerzo de nuestras vidas les hemos producido. Es como agradecerle al atracador por no herirnos y dejarnos para el bus.

Durante mucho tiempo nuestro pueblo ha luchado por sus derechos mediante la movilización y la lucha directa, por los medios permitidos e instituidos por la oligarquía, quien ha venido recortando, ilegalizando y penalizando todos los medios legítimos de lucha (con su sistema jurídico represivo); derechos que supuestamente fueron reconocidos en la Constitución Política de 1991, con mecanismos como las tutelas, las acciones de cumplimiento, las peticiones, las iniciativas populares, el reconocimiento de multiétnico y diverso culturalmente a nuestro país, (los incluyeron para violar los derechos fundamentales); pero que no han sido eficaces ni garantizan realmente el cumplimiento ni el respeto de esos derechos individuales y colectivos; tampoco el derecho a participar en las elecciones es garantía de una real democracia participativa y decisoria para los de abajo (proceso generalmente aislado de los verdaderos intereses y luchas populares); por el contrario, es en los últimos 30 años cuando se han violado sistemáticamente los derechos humanos y de los pueblos con crímenes de lesa humanidad (guerra narco-paramilitar, represión a la protesta popular, criminalización de los movimientos indígena, campesino y estudiantil y exterminio de los defensores de derechos humanos saqueo a los recursos de la salud, la educación, a la infraestructura) por parte del estado colombiano en contubernio con el capital transnacional, entre este, el narcotráfico.

Cuando el movimiento estudiantil se moviliza por una educación más integral, científica y democrática, no está luchando solo por sus derechos particulares, si los estudiantes logran estas reivindicaciones, están restituyendo un derecho a toda la sociedad. Cuando los indígenas caminan la palabra reclamando respeto y autonomía por calles, plazas y universidades, están reivindicando el derecho a la autodeterminación, a la diversidad cultural, al respeto por la madre tierra para todos los pueblos amantes de la paz y la justicia social. Si los trabajadores se unen y luchan no solo por el salario sino también por abolir la explotación, están luchando por la libertad y la justicia social; si los campesinos se movilizan por recuperar la tierra para producir alimentos, por reforma agraria y soberanía alimentaria, lo están haciendo por el bienestar, la salud y la soberanía del pueblo; si las y los feministas luchan contra el machismo y el patriarcado, por igualdad de género y respeto al cuerpo, están restituyendo la dignidad humana, devolviéndole sensibilidad, sensualidad y dignidad a hombres y mujeres; si juntamos y articulamos estas luchas por todos los derechos de todos, estaríamos luchando por la justicia, la dignidad y la felicidad de nuestro pueblo y del mundo, estaríamos luchando por el socialismo,  por nuestro bien vivir.

Sin embargo, hemos olvidado que además de enfrentar al Estado por nuestros derechos individuales, también como pueblo podemos construir con autonomía, alternativas para garantizar y defender nuestros derechos políticos, económicos, sociales, ambientales y culturales, individuales y colectivos, podemos luchar por la democracia popular, empezando por hacer uso de la democracia radical entre nosotros los-las iguales de abajo, desde la familia, el sector social al que pertenecemos, la localidad, la región y nacionalmente; escogiendo modos equitativos y solidarios de producir, compartir e intercambiar nuestros productos y saberes, respetando las identidades étnicas, sexuales y culturales de pueblos, comunidades y personas; cultivando la soberanía alimentaria –que incluye la conservación, y defensa de la biodiversidad, de las medicinas que sanan de los alimentos naturales que nutren- diseñando modelos educativos que forman científica y éticamente, y de justicia que reivindica la dignidad y la equidad, de acuerdo a nuestras necesidades, principios y valores; creando formas organizativas y de autogobierno no autoritarias ni elitistas. Para lograr estos cambios, cuando los medios legales no lo permiten, en cualquier parte del mundo los pueblos han hecho uso legítimo del derecho a la rebelión, derecho que los terroristas de Estado en los últimos 18 años han criminalizado y denominado terrorismo.

En el capitalismo el poder judicial utiliza el Derecho burgués como instrumento legal legitimante del poder político y económico del capital (creado desde Roma  y Londres por las clases dominantes de esos  imperios para mantener su estatus quo, legitimando el despojo y la opresión) para asignar y suprimir derechos; el poder legislativodiseña y concentra toda la normatividad para proteger la propiedad privada y la estructura social, para que la “justicia” actúe, garantizando así la impunidad en el genocidio y el despojo; nunca los jueces aunque lo quisieran, (cada uno lleva miles de casos y viven aislados de las realidades del país y de las comunidades) tiene todo el conocimiento de las causas originarias históricas, sociales, y psicológicas de la víctima ni del victimario ni del contexto económico y cultural del crimen, no tienen en cuenta las consecuencias de sus decisiones ni del futuro del condenado y sus familias, terminan actuando como notarios con licencia para condenar; mientras los defensores, (más del 90%) se limitan a salvar a sus clientes de la condena, de acuerdo al monto de sus honorarios, así sean culpables; por esto en el capitalismo no existe la justicia como ejercicio ni la ética como principio, ni la verdad como valor; pues este sistema no permite que nadie se represente a sí mismo.

La institución justicia no garantiza el pleno derecho a ejercer todos los derechos en igualdad de condiciones a todos los ciudadanos de la actual sociedad, por el contrario, termina convirtiendo a las víctimas en victimarios, condenando a los inocentes y protegiendo a los culpables; hoy es la institución más corrupta del Estado en el mundo, desde jueces promiscuos de pueblos olvidados hasta magistrados de las más altas cortes y organismos de control (algunos, aliados con el narcotráfico, el paramilitarismo, el capital extractivista y financiero transnacionales; ayudan al despojo de pobres, indígenas, negros y campesinos) negocian absoluciones y condenas como vender cualquier producto de consumo suntuario al mejor postor, como en los casos del magistrado Pretelt y ahora lo de Odebrech y el “cartel de la toga”, en los que están implicados desde simples jueces, ministros, pasando por el exfiscal anticorrupción Moreno y el actual fiscal general de la nación, el  ex procurador-inquisidor, funcionarios y magistrados de las cortes, sin tener en cuenta las absoluciones de militares criminales de lesa humanidad durante el conflicto y en el actual “posconflicto” que promueven desde el congreso la ultraderecha y los corruptos con la anulación de los acuerdos de La Habana y la inhabilidad de la JEP.

Todo este cuadro de derechos exclusivos e injusticias no está determinado por la institución justicia, sino, que es generado por todo el sistema mundo, donde en la práctica no existe la cacareada división de poderes, si se mira bien, la “justicia” obedece las órdenes de las ramas –igualmente corruptas- legislativa y ejecutiva, quienes escogen a los funcionarios judiciales y de los entes de control de entre los grupos políticos dominantes en estos poderes.

Solo las comunidades en ejercicio de su autonomía -como lo hacen comunidades indígenas y algunas comunidades afro- en sus territorios, en sus localidades,-con el conocimiento de las historias de sus compañeros y vecinos, de sus condiciones de existencia, de sus intereses- pueden ejercer directa ycolectivamente justicia con ética, principios y valores más cercanos a sus cosmovisiones y necesidades, creando, legitimando y manteniendo sus propias instituciones, prescindiendo de la justicia oficial como derecho privatizado y perverso.

Es en la movilización popular, haciendo efectivos la desobediencia civil, la autodeterminación y el derecho a la rebelión frente al estado y al sistema mundo capitalista, como definimos si nos tomamos el poder como gaseosa o si lo construimos noche tras día, desde abajo, para hacer realidad todos los derechos para todas las personas, para las comunidades y pueblos que habitan el territorio colombiano, reconociendo y respetando los derechos de la naturaleza; entrelazando los movimientos sociales populares en torno a un programa mínimo, en la lucha unificada y articulada en un gran movimiento popular cultural y político transformador para derrotar a los opresores violadores de nuestros derechos, y construir con dignidad un mejor país.

Abril 10 de 2019

La ética como coherencia

Por Gonzalo Salazar

Si se trata de cambiar el mundo, es indispensable asumir una posición crítica con la sociedad, con la cultura, y autocrítica con nuestras organizaciones, con nuestros movimientos político-culturales, con nosotros personalmente, como sujetos políticos responsables, haciendo de ésta la principal herramienta para la construcción de una nueva civilización. Aunque a través de lo escrito hemos avanzado en el análisis de nuestras limitaciones políticas e ideológicas por la educación y formación dentro de una cultura colonial occidentalizada, miramos un poco el comportamiento de las personas y organizaciones que con sus pensamientos y filosofías de izquierda, revolucionarias y humanistas se presentan en su actividad política y social como comprometidas en la transformación de nuestra sociedad y cultura.

Lo ideal sería que pudiéramos ejercer una cuádruple coherencia entre el sentir, el pensar, el decir y el hacer, aplicándola en nuestros discursos, acciones y decisiones, no con la visión cartesiana, sino, con nuestras cosmovisiones sentipensantes, en la que debe primar la condición humana de quienes nos escuchan y escuchamos, con quienes compartimos y nos acompañamos, con quienes diferimos y respetamos.

Para los y las que pensamos la necesidad de abandonar el capitalismo y construir una sociedad solidaria, justa, democrática, es necesario replantearnos la práctica revolucionaria tanto en la vida familiar, social y en relación con la naturaleza, -nuevo sujeto que nos condiciona y confronta en nuestra convivencia con ella y con el sentido de la vida- como en la actividad política, más que ostentar una identidad de izquierda, en la que se han camuflado monstruos de la ultraderecha. En un proceso liberador realmente humanista, es imperativo asumir la ética como el ingrediente que le da contenido, olor, sabor y color al plato que entre todos pretendemos preparar y consumir, pues muchas veces confundimos los medios con el fin, y para algunos revolucionarios esos medios se han degenerado y convertido en sus fines, atentando contra la reivindicación de la humanidad, sobre todo en la guerra, tanto en el mundo como en nuestro país, en el que por más de 70 años nos ha involucrado la oligarquía, empezando por la cultura mafiosa y la corrupción en la administración del Estado que ha ejercido el terror y el genocidio como método de control, para que los grandes capitales (el capital local y transnacional y el narcotráfico, patrocinadores y beneficiarios de este desastre) se multiplique a través de la explotación de las y los trabajadores, del expolio de nuestros bienes naturales y culturales,

Muchas veces se le ha dado el tratamiento de enemigos a nuestros compañeros que difieren disiden o critican los planteamientos o políticas de la misma organización y o de otras organizaciones de izquierda, actitudes que han llegado hasta la persecución y el “ajusticiamiento” de intelectuales, dirigentes sociales y políticos del pueblo, hasta masacres como la de Tacueyó (aunque hayan sido ejecutadas por traidores o por infiltrados) y ejecuciones de sus propios líderes comandantes, realizadas por la misma insurgencia; organizaciones insurgentes han llegado a agredir a comunidades por donde se desplazan u operan cultivando la enemistad y la indiferencia, han impuesto onerosas “vacunas” a pequeños agricultores, han asesinado líderes comunitarios, han obligado a jóvenes indígenas y campesinos a servir como soldados, como lo hace el ejército oficial y paramilitar; entre la izquierda no armada también se dan los señalamientos, la estigmatización, la acusación, la delación; parece que en algún momento algunas organizaciones revolucionarias acogieron el concepto genocida del “enemigo interno” igualmente se han ocultado practicas antiéticas, como acuerdos con mafias narcotraficantes y extractivistas (nacionales y transnacionales) y hasta con paramilitares para enfrentar a sus “enemigos” de izquierda,  o por dinero, aceptando la financiación de sus actividades políticas por ONG dependientes de corporaciones transnacionales y de Estados expoliadores y agresores contra nuestros pueblos, por organizaciones que se decían revolucionarias, que nunca reconocieron sus crímenes, errores y deviaciones ante el pueblo.

Aunque estos procederes no solo están en la izquierda, sino en todos los sectores sociales, en algunas organizaciones populares, como expresión de la cultura y la ideología capitalista, no se pueden justificar u omitir; por esto es importante que la izquierda colombiana haga una evaluación autocritica de su actividad de los últimos 60 años, con los aciertos, equivocaciones y fracasos en relación con los sectores populares, y la sustentación de  propuestas y alternativas para un proceso emancipatorio; en un diálogo que pueda generar confianzas, alianzas estratégicas, articulaciones, consensos, acuerdos, y la posibilidad de un programa mínimo que convoque, una y/o articule a través de una Organización Política de los Pueblos, que puede ser un frente, una Asamblea Nacional, un Palenque, una Minga, no importa el nombre, lo importante son los objetivos y las funciones que deba cumplir (en un futuro democrático podría llegar a constituirse una confederación democrática de comunidades y/o regiones autónomas del buen vivir). Es imperativo en el proceso revolucionario la articulación de las luchas de todos los sectores populares y la comunicación permanente entre sus organizaciones mediante el diálogo, el debate y los consensos, también la unidad de la actual izquierda,buscando su desinstitucionalización en el accionar político; como lo es la unidad política de los humanistas, demócratas y revolucionarios, que no solo están en las organizaciones políticas de la izquierda tradicional sino, dentro del resto del pueblo.

Respecto a las actitudes dentro de la izquierda llamada social, podemos observar nuestro comportamiento Neoliberal, por ejemplo, en el movimiento sindical, donde muchos de sus dirigentes que luchaban contra la privatización de la salud, fueron los primeros en “elegir” otra EPS diferente al Seguro Social; algunos sindicatos negociaban con las empresas la forma de pagar servicios complementarios en salud, mientras la mayoría de trabajadores eran excluidos de este derecho porque no contaban con los recursos necesarios; algunos sindicatos alquilan sus sedes a franquicias religiosas (en lugar de ofrecer estos espacios a los sectores populares) y aplican la flexibilización laboral con sus empleados; algunos dirigentes barriales y comunitarios de izquierda son absorbidos por la corrupción que ejercen agentes del Estado y de empresas privadas, enriqueciéndose con los recursos públicos, del sector solidario,muchas veces acusando a líderes honestos, terminando cooptados por las mafias;en el magisterio, muchos de sus dirigentes de izquierda que supuestamente luchan contra la privatización de la educación, no transmiten las ideas emancipatorias ni estimulan una actitud crítica en sus alumnos,en sus pliegos de exigencias no cuestionan los contenidos de los programas, ni los objetivos del modelo educativo, matriculan a sus hijos en colegios y universidades privadas, y ellos mismos realizan sus posgrados y diplomados en instituciones privadas, cuando dicen defender la universidad pública;por otro lado, la izquierda no parlamentaria y parlamentaria se conforman con dar buenos debates sobre la ética en el recinto del congreso o entre su feligresía, en lugar de educar y movilizar a su militancia y a la comunidad en contra del saqueo extractivista, contra la privatización de la salud y la educación, por soberanía alimentaria.

Es folclórico el sainete que se forma cada fin de año entre empresarios, representantes del gobierno y algunos jefes sindicales en la definición del valor del salario mínimo, en el que los trabajadores que ganan éste salario o menos, no tienen estabilidad laboral ni seguridad social -la inmensa mayoría- no tienen ninguna participación en esas negociaciones, pues los sindicalizados generalmente ganan algo más del mínimo y aún cuentan con algunas prestaciones sociales y contrato de trabajo.

Igual sucede con el consumo de la canasta familiar, en el que dirigentes políticos de izquierda y revolucionarios que luchan contra las transnacionales y los TLC, compran exclusivamente en las Grandes Superficies o centros comerciales, alimentos transgénicos o llenos de químicos tóxicos y todo tipo de productos importados, que la agricultura popular y la industria “nacional” pueden producir. De nada sirve que gritemos en las calles “queremos chicha, queremos maíz” contra las transnacionales, por soberanía alimentaria, si terminamos mercando en Jumbo, Carulla o el Éxito, (en lugar de defender e ir a las plazas de mercado) almorzando en McDonald´s, comprando ropa importada “made in USA” o “made in China”, de la cual, en muchos casos lo único extranjero es la marca, o peor, son confeccionadas con materias primas robadas y mano de obra esclava; la marca es el fetiche del neoliberalismo, con el que los medios y las grandes superficies esclavizan al consumidor con las tarjetas de crédito y la “promociones”.

Algunos dirigentes de izquierda, fieles al mandato del mercado viven pendientes de la última tecnología, de la moda en autos, celulares y computadoras y quieren solucionar todos los problemas con estos aparatos, mientras permanecen en sus oficinas aislados del pueblo. Si bien es cierto que la tecnología de punta, y las TIC utilizadas por la población, son producidas en su inmensa mayoría en diferentes partes del mundo -con irrisorio valor de la mano de obra cuando no es esclava- por transnacionales de las metrópolis imperialistas, y aunque no podemos prescindir de ellas, o producirlas de acuerdo a nuestras necesidades (por ahora), sí podemos hacer uso racional, sin depender totalmente de ellas en los hogares, en el trabajo político organizativo-educativo. Estos comportamientos no son más que expresiones de nuestra colonialidad.

Lo importante no es dejar de consumir lo necesario desmejorando los medios y la calidad de vida de las personas y la población, sino, tener en cuenta que muchos productos industriales –que generalmente no necesitamos- son elaborados (de buena y mala calidad) aquí y en el exterior por empresas transnacionales y monopolios “nacionales” que nos despojan, siendo conscientes que en el capitalismo todas las mercancías son producto de la explotación y de la expropiación nacional e internacional; que si hablamos de independencia dentro de esta sociedad, por lo menos nos corresponde apoyar la pequeña y mediana producción, sobre todo si se trata de la pequeña y mediana producción popular, dela economía solidaria o comunitaria con mercado justo y de mínimo impacto ambiental, igualmente convencer a la clase media a consumir lo autóctono, justo laboralmente, sano y ecológico. Este tipo de incoherencias, además de evidenciar problemas ideológicos, nos ubica al lado del Neoliberalismo y del colonialismo intelectual, aun siendo de izquierda. No se trata de volvernos puritanos, sino, de ser consecuentes con lo que se piensa, se dice, se desea y se hace, enseñando con el ejemplo; el humanista, el dirigente o activista de izquierda es un educador. Leamos algunas recomendaciones que nos hacen los compañeros bolivianos

“En el TIPNIS hemos podido vislumbrar lo que para nosotros y el pueblo debe ser un líder identificado con su gente y abierto a las necesidades de todos. Se trata en definitiva de la cualidad de ser un “educador popular” tal como nos lo describe Giulio Girardi[1] :

    Es una persona identificada con los oprimidos y las oprimidas como sujetos, a nivel ético-político y a nivel intelectual.

    Es una persona  motivada en su acción por una profunda confianza en el potencial  ético-político e intelectual de los pobres, en su capacidad de convertirse en hombres y mujeres nuevos.

    Su éxito profesional no consistirá en conseguir más dinero o más poder, sino en poder servir al pueblo con más eficacia.

    El EP no dirige la búsqueda del pueblo sino que promueve su protagonismo, se considera por tanto una “partera” del pueblo.

    Capaz de explorar caminos nuevos, de emprender luchas justas sin la certeza del triunfo.

    Su objetivo  es contribuir a desarrollar un nuevo modelo de poder, fundado en el protagonismo del pueblo, es decir de los excluidos de ayer y de hoy, a través de una estrategia no violenta en la construcción de un poder alternativo.”

El problema con el militante de izquierda en general, es que no es coherente su práctica social y familiar con el discurso, con el pensamiento crítico emancipador, con la autocrítica política e ideológica personal o de grupo; tal como lo podemos observar en dirigentes que se identifican teóricamente con la equidad de género, con el respeto a las mujeres y a los hijos, pero que en sus hogares son igual de intolerantes, autoritarios y represivos como cualquier defensor a ultranza  del machismo patriarcal, impidiendo en muchos casos que sus compañeras y sus hijos se integren o se eduquen políticamente, que participen en organizaciones políticas, que asuman cargos de responsabilidad en su comunidad o en su sector social. Por ello, muchos hijos de revolucionarios (así le hayan puesto nombres de revolucionarios como Camilo, Lenin, Ernesto, Rosa, Fidel, Carlos, etc.) se vuelven escépticos y hasta reaccionarios, llegando a odiar a sus padres represivos. En la tradición de los/las revolucionarias de izquierda se ha mantenido el patriarcado como estructura familiar -judeo-cristiana- con todos sus antivalores, sin cuestionar esta célula de la sociedad burguesa[2]. El nuclear patriarcal no es el único modelo de familia, pues el mismo capitalismo con su proyecto de atomizar la sociedad, ha propiciado como forma de resistencia, la integración de otros núcleos o grupos de convivencia y afectos no siempre consanguíneos, en los que se tiende a excluir el matrimonio como vínculo obligado, pues el matrimonio –religioso o civil- es un contrato de propiedad privada y de sometimiento de una de las partes o de ambas partes. Muchos revolucionarios y dirigentes populares defienden el matrimonio patriarcal autoritario, los principios y valores conservadores en el hogar, aunque en el discurso se diga lo contrario. Cuando estos dirigentes “ascienden” en sus organizaciones, aplican a sus subalternos esos principios y valores retrógrados; son excluyentes por sexo, por regionalismo, por racismo, por nivel académico, incluso por capacidad económica, cuando se trata de acceder a cargos de responsabilidad o de participar en eventos decisorios o de importancia nacional e internacional.

La formación cultural e ideológica a través de la escuela, los medios masivos y la familia occidental, la formación (sobre todo en los viejos militantes) fundamentalista política y/o religiosa, tienen como paradigma y guía, a la figura del padre, esquema que se reproduce en el trabajo organizativo, que se concreta en la estructura vertical autoritaria impuesta desde arriba, en la que el dirigente es la luz y la razón –igual que el padre- que no se puede equivocar, mientras el resto de la organización solo debe escuchar y obedecer, por esto es que cada organización cree que tiene la razón y que los demás, tienen que obedecer y unirse a ella.

En consecuencia, ha prosperado dentro de la izquierda el caudillismo como parte de la cultura política occidental y de la tradición autoritaria de la sociedad. El problema del sectarismo religioso es que cada secta se proclama la verdadera y descalifica a las demás, de la misma manera la izquierda se ha enclaustrado en capillas (partidos o grupos) cerradas por el dogmatismo, el sectarismo, el mesianismo y el vanguardismo, fundamentalismos que se equiparan a las formas en que las mafias y élites oligárquicas criollas excluyen y mantienen el poder político y económico, sin reconocer la crítica, la autocrítica, la unidad y la democracia en la diversidad como fuerzas transformadoras.

Algunos sectores radicales de la izquierda tienden a identificar la movilización masiva, la beligerancia política frente al Estado y la visibilidad de la cosmovisión indígena, como expresión de vanguardismo, al que se suman sin comprender las razones de su emancipación, esperando que los indígenas asuman el papel conductor de otros sectores de las ciudades y del campo, por lo que predomina en la propuesta de Congreso de los Pueblos una visión ruralista indigenista, -no impuesta por el movimiento indígena-  que los estudiantes y activistas de la ciudad la miran separada de su entorno económico, social y cultural, algo similar sucede con la Marcha Patriótica, de esencia campesina, en la que organizaciones de origen marxista pretenden  un Sujeto único aglutinador, con posibilidades de triunfos electorales, que en el contexto de las movilizaciones campesinas (paros agrarios de 2013, 2014 y 2016) y las negociaciones de paz pueda lograr algunas reformas en lo agrario y en la participación política en la institucionalidad. Estos dos ejemplos nos muestran la dificultad de la izquierda para construir una Organización Política Popular (o su Organización  Política de Masas) articuladora, pluralista, de carácter local, regional, nacional con protagonismo rural y urbano; estas organizaciones (MP y CP), unidas al resto de organizaciones y movimientos populares deben ser parte activa en la construcción de este objetivo, como son todos y cada uno de los sectores populares. La causa de esta dificultad puede ser la falta de conocimiento del medio urbano –aunque se viva en la ciudad- por intelectuales y dirigentes que no se acercan o no profundizan en las problemáticas, en las visiones y cosmovisiones de las comunidades territoriales que habitan la ciudad, donde sobreviven más del 75% de los y las colombianas.

Esta labor de acercamiento se torna difícil para las organizaciones revolucionarias que no conviven o no comparten territorios con las comunidades y sectores populares en movimiento, pues la estigmatización que hacen la oligarquía, los medios y el mismo Estado, de sectores geográficos y sociales, crea prevenciones y aislamiento, generando desconfianzas, estigmatismo, pues la cultura de violencia y corrupción impuesta, y la descomposición que ésta genera, cumplen el objetivo de dividir y excluir sectores sociales en un proceso liberador; estos comportamientos son producto de nuestra forma de vernos y ver al otro, de la colonialidad del poder, del saber y del ser que históricamente el capitalismo nos inyecta por todos los medios e instituciones.

La lucha por la justicia, la paz y el buen vivir no es entre el bárbaro y el civilizado, ni entre  el bueno y el malo, mucho menos entre el creyente y el ateo como nos lo enseña Occidente, es entre quienes usurpan el poder político y los bienes económicos y culturales alos pueblos, y quienes son sometidos mediante la violencia, el chantaje político-económico, la supremacía científica y tecnológica; entre quienes hegemonizan el poder económico y quienes producen la riqueza. La lucha por la justicia social y la dignidad humana dentro del actual sistema de clases, patriarcal, sexista y racializado, se da en todas las áreas de actividades económicas, sociales y culturales, independiente de los credos políticos y religiosos. Por tanto, es en la relación con nuestra realidad histórica y presente, en nuestra práctica social cotidiana, donde nos diferenciamos, donde identificamos nuestros intereses sociales, económicos y culturales, donde reconocemos a nuestros hermanos, nuestros amigos y a nuestros enemigos, a nivel político.

En este proceso tomamos partido, definimos a qué apostarle nuestras vidas, nuestros sueños y nuestros esfuerzos. Identificamos qué, y quienes nos hieren, nos oprimen y nos impiden ser libres y felices, ante lo cual no podemos ser indiferentes, conformistas o pasivos/as. Implica nadar contra la corriente no solo dentro del sistema capitalista, sino, muchas veces dentro del mismo movimiento revolucionario o social, donde podemos perder algunos amigos si no logramos convencer con la razón y el ejemplo para conseguir aliados leales.


[1]GirardiG.:”El derecho de autodeterminación solidaria de los pueblos, eje de una nueva civilización según el movimiento indígena, negro y popular de AbyaYala”, en “Formando actores en la alternativa a la globalización neoliberal. Los nuevos desafíos de la Educación”, CENPROTAC, La Paz 2003, pp. 59 y ss.

[2] Cuando hablamos de lo judeo-cristiano no significa que los revolucionarios deban ser ateos, pues son muchos ejemplos de grandes dirigente, intelectuales, y luchadores por la justicia, la dignidad, y la libertad que eran y son creyentes de diferentes comunidades religiosas, incluso con jerarquía como lo fueron Camilo Torres, monseñor Romero en el Salvador, Martin Luterking, François Houtart y muchos pasados y presentes. Nos referimos a los fundamentalismos, tan promovidos últimamente por quienes se lucran de la guerra.

La Izquierda y la Unidad

Por Gonzalo Salazar

Con la visión occidental, la mayoría de los políticos -de derecha e izquierda- conciben la unidad como la totalidad homogénea de grupos y comunidades en torno a la solución de sus problemas y en la ejecución de proyectos sociales, negando la diversidad, suprimiendo las diferencias en el discurso y en las políticas a aplicar en territorios también diversos; para ello crean aparatos, dividen territorios comunes, suprimen la autonomía e imponen programas y gobiernos mediante la democracia delegataria y del voto.

En las periferias coloniales siempre Occidente ha impuesto mediante el chantaje y o la fuerza militar, monarquías y dictaduras, política utilizada por USA en el siglo XX y en lo que va del XXI, interviniendo política y militarmente donde quiera que haya recursos naturales, energéticos y o posiciones geoestratégicas para mantener su elevado nivel de consumo y su hegemonía –África, Asia, América Latina y El Caribe-; igualmente, para sustentar la dominación impone ideológicamente a los países dependientes sus conceptos de democracia, libertad y progreso; políticas aplicadas en todo el continente por las oligarquías que han aceptado y defendido a sangre y fuego en sus propios países a partir de la expulsión del imperio español; una forma de colonialismo que promueve la unidad de los sectores populares en torno a partidos políticos, generando el antagonismo entre dichos sectores; llama a la conciliación de los sometidos con sus dominadores mediante la “democracia” representativa, que niega a los pueblos y comunidades su derecho a decidir directa y autónomamente sobre sus propios problemas, como ocurre en Colombia.

La unidad del pueblo no siempre significa cohesión, fusión o unanimidad, la unidad se va construyendo desde procesos de acercamiento, con el reconocimiento de las diferencias y coincidencias, con la constitución de instancias de coordinación y/o de articulación, que nos lleva a otros niveles de unidad, pues existen unidad política, unidad ideológica, unidad orgánica, unidad programática y unidad de acción, que se dan entre organizaciones políticas, y sociales, entre movimientos, clases y sectores sociales, entre comunidades, en contextos determinados, que permiten tomar decisiones y acciones que obligan llegar a acuerdos, consensos, alianzas y compromisos no siempre permanentes ni inmediatos, -o sea, tácticos y estratégicos- sobre todo, si se tienen en cuenta la diversidad y la pluralidad en sociedades y pueblos como los latinoamericanos.

Muchas veces los revolucionarios conviven con una gran preocupación surgida de su aislamiento, tratando de mantener aunque sea en el discurso, el espíritu de unidad. Este objetivo táctico y estratégico ha sido el anhelo de todos los grupos políticos de izquierda y una posibilidad para el pueblo para confrontar al Estado ante el sometimiento y la pobreza, que históricamente ejercen la oligarquía y el capitalismo. Por otro lado, la izquierda en nuestro país, fue asumida por muchos líderes y partidos como una posición política e ideológica crítica y combativa contra el régimen existente, que buscaba el cambio de las estructuras socioeconómicas y culturales de la sociedad capitalista, no solo como oposición al gobierno o al Estado. Otra cosa es que quienes se decían revolucionarios y demócratas también se reconocían de izquierda. Así, quienes criticaban a los gobiernos y al Estado se consideraban de izquierda y allí cabían diversos tipos de concepciones, ideológicas y organizaciones, como aún lo apreciamos. Por esto, desde López Pumarejo la oligarquía reconocía dentro de sus propios cuadros a algunos que consideraba de izquierda (izquierda liberal), en algunas épocas el liberalismo ha permitido al Partido Comunista y otros grupos de izquierda “marxista” participar en el juego seudo democrático (proceso electoral) para mantenerse en el poder.

Mirándola necesidad de la coherencia entre la teoría y la práctica social y política de los dirigentes revolucionarios-entre el pensar, el decir y el hacer- dominada por el discurso, se abre la posibilidad de debatir el concepto de izquierda como visión y posición política e ideológica en el contexto actual de las luchas de los sectores populares -y por supuesto, la lucha de clases-, para reconfigurar el o los procesos transformadores, donde confluyan las diferentes propuestas y aportes intelectuales teóricos y políticos. Por lo que dentro de este complejo movimiento se encuentran tendencias, grupos y partidos que se reclaman de izquierda, otros que los enmarca la sociedad dentro de este como el movimiento sindical, el movimiento indígena, el campesino o el estudiantil, y también a quienes se niegan a aceptar este término para sus organizaciones, movimientos y posiciones políticas e ideológicas, pues tradicionalmente se ha entendido que una persona o una organización de izquierda es esencialmente marxista y su objetivo la toma del poder político del Estado, mientras en los últimos veinte años se han venido constituyendo diversas organizaciones con objetivos particulares como los ecologistas, las y los feministas que la institucionalidad política los identifica como de izquierda; también a los defensores de derechos humanos los administradores del Estado los reconoce como izquierdistas, aunque no formen un movimiento o partido; sin embargo, muchas personas de estas organizaciones y movimientos no se consideran de izquierda, entre los que se cuentan comunidades indígenas y afros, pues la mayoría de ellas no pretenden la toma del poder político, buscan mejorar sus economías, sus entornos sociales, culturales, ambientales, territoriales, de género. Por otro lado, se han venido utilizando eufemísticamente por la derecha y la izquierda institucionalizada los términos centro-derecha y centro-izquierda, como ultraderecha y ultraizquierda, o el de izquierda democrática, para manipular y dividir opiniones, justificando solo las opciones que ofrece la democracia burguesa. Se supone que la izquierda es esencialmente democrática y justa

La izquierda colombiana históricamente ha estado conformada por organizaciones sociales y políticas de sectores populares como trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, estudiantes, profesionales, empleados del Estado y pobladores barriales, y por un sector liberal de clase media; ha estado influenciada ideológicamente por corrientes políticas y tendencias filosóficas de origen europeo (liberal, comunista, socialista, anarquista, socialdemócrata), fundamentadas en su mayoría en el marxismo en sus diferentes vertientes. Últimamente, después de la desintegración de la URSS y del campo socialista, con el surgir de nuevos actores sociales y el resurgir de los pueblos originarios, ha sido enriquecida por cosmovisiones de sectores étnico-culturales, feministas, naturalistas, anti sistémicos, muchos de los cuales acogen elementos ideológicos y políticos del marxismo; su estructura ha estado integrada por organizaciones políticas (partidos, grupos, movimientos, colectivos) con nombres que incluyen adjetivos como revolucionario, socialista, marxista, leninista, y todos los “istas” acuñados desde el siglo XIX en Europa, expresiones que significaban, más que tendencias ideológicas o políticas, una dependencia cultural eurocéntrica y de negación de su historia y de su propia realidad, de la validez de nuestras cosmovisiones, culturas y pensamientos, por cuanto las teorías venidas de la Europa “desarrollada”, debían ser probadas y aplicadas sin critica para transformar nuestro atraso en progreso y libertad.

Para algunos grupos dogmáticos del marxismo leninismo, esa transformación consistía en una revolución, cuyo objetivo estratégico era la toma del poder político del Estado a través de una guerra popular de liberación nacional (que podía ser prolongada),  o de una insurrección –que en ambos casos comprometía la formación de un ejército o de una organización político-militar –  con un programa, una línea política e ideológica diseñadas por un partido, una clase revolucionaria (la clase obrera), un aliado estratégico (el campesinado) y un frente político de “masas”, organizados y dirigidos todos, por el partido o la organización revolucionaria. Para otros, tildados de revisionistas -entre los que estaban los que veían como única vía la lucha electoral-, el cambio debería ser a través de las urnas o combinando las “formas de lucha”. Otros más conciliadores consideraban una alianza con una supuesta burguesía “nacional” para una transición pacífica hacia el socialismo. Sin embargo, fue imposible la unidad entre los que se creían marxistas leninistas o comunistas en un solo partido, igualmente entre los que se decían trotskistas y socialistas, como también entre los que defendían el anarquismo, o la unión de todos en un Frente o Bloque histórico; sin contar al M19, que opacó a los otros con su accionar civico-militar y su línea populista anapista “socialista” (socialdemócrata), al que nutrieron ex integrantes del resto de la izquierda. Se llegó a contar cientos de pequeñas organizaciones revolucionarias de todas las tendencias, entre los 60 y los 80 del siglo pasado en varias ciudades del país, surgidas la mayoría de divisiones y subdivisiones, (creadas la mayoría por círculos universitarios) queriendo ser cada una la vanguardia esclarecida para la toma del poder político del Estado; en esa época esta izquierda tuvo una apreciable influencia en sectores activos de la ciudad, (universidades, trabajadores de algunas empresas industriales y del Estado) pero escasa influencia en sectores barriales y rurales.

Siguiendo estos esquemas, en los años 60 y 70, nuestros revolucionarios tomaron como fórmulas perfectas las experiencias y modelos que se dieron en la URSS, Europa oriental (Yugoslavia, Albania), Asia (China, Corea, Vietnam…)  y en Cuba, para aplicarlas cada cual desde su parroquia; que raro, nunca tuvimos como referencia los movimientos revolucionarios de liberación africanos. Por la manía escisionista, seguidista, xenófila y amnésica, tuvimos partidos pro-soviéticos, pro-chinos, pro-albaneses, pro-yugoslavos, pro-cubanos, y nada de raro que hoy también podamos tener pro-venezolanos, pro-bolivianos, y pro todos los países que hacen cambios revolucionarios en cualquier parte del mundo; igualmente nos sectarizamos y dogmatizamos siguiendo la línea de algún teórico, dirigente o de algún partido internacional; también nos acostumbramos a tener disidencias y disidencias de las disidencias en las organizaciones políticas y sociales, atomizando el espectro de la izquierda y de los movimientos populares.  Siempre mirábamos hacia afuera, esperando la iluminación de otros que nos indicaran qué y cómo hacerlo, como expresión de la colonialidad de nuestro modo de pensar.

En política pasa algo similar a lo religioso, en la incertidumbre de líderes políticos, incluso de intelectuales de izquierda, por el temor a quedarse solos, o por no encontrar la organización o la línea ideológica perfecta, pasaban de una organización a otra, de una tendencia política a otra de la izquierda, anidando en todas las organizaciones, terminando algunas veces montando su propio partido o su fundación o parroquia, porque creían que eran los únicos que tenían la verdad y la razón; otros terminan involucrados en la politiquería de algún partido de derecha o al servicio de alguna ONG internacional financiada por el capital imperialista.

Muchos intelectuales, partidos, organizaciones y movimientos sociales se consideran de izquierda; no significa que ser de izquierda sea igual a ser revolucionario, pero ser de izquierda en la sociedad capitalista, es una condición que nos define como actores políticos en defensa de la democracia, la paz y la justicia social. Aun siendo un concepto occidental, ser de izquierda en esta sociedad, es un valor humano muy importante en quienes sufren las injusticias del capitalismo; aunque la práctica social y política de algunos de sus miembros indique lo contrario. Pero es necesario replantearnos el término cuando los paradigmas hacia los cuales se dirigían sus proyectos y acciones perdieron solidez, cuando la cultura que le dio valor e identidad entra en decadencia; y evaluar hoy los cambios ideológicos en sectores policlasistas de esa izquierda que queriendo diferenciarse de sus ancestros comunista o socialista, se alían a sectores oligárquicos, mafiosos y de derecha para tener acceso a coadministrar el Estado; algunos  autodenominándose progresistas, y que en los últimos 20 años los hemos visto aferrados a la institucionalidad que antes criticaban y combatían. Pero este fenómeno no es nacional, es producto de la descomposición del otrora socialismo real que implosionó haciendo metástasis en todos los partidos y movimientos que seguían sus líneas política e ideológica.

La izquierda en general -en Colombia- además de socialdemócrata, es neoliberal en diferentes tonos, desde lo político, lo económico y lo social, alzada en armas o de civil; la mayoría de sus organizaciones prácticamente no han estado interesadas en construir, liderar o integrar un Frente, una OPM una OPP un Bloque Histórico -propuestas por ella misma- que reúna a todo el pueblo para que haga una revolución que cambie radicalmente las estructuras socioeconómicas del país y construya el socialismo soñado por toda la izquierda, pues su sectarismo-dogmatismo lo ha impedido.

No es que la izquierda no haya evolucionado, que no tenga en su conjunto una visión aproximada a la realidad histórica, económica, social y política del país –nos convertimos en especialistas del diagnóstico-; no es que no confronte al Estado por reformas sociales, por participación política; que no haya aportado mucha sangre de lo mejor de nuestro pueblo en una lucha heroica contra la oligarquía y el imperialismo desde la lucha armada, la gremial, hasta la cultural, ecológica e intelectual; el problema es que nunca se han podido poner de acuerdo sus integrantes para definir un programa mínimo común a mediano plazo ni para la construcción de una organización social y política amplia, donde quepan todos las y los oprimidos, explotados, excluidos e inconformes de este país.

Tampoco podemos confundir izquierda con oposición, -que generalmente es oponerse al gobierno y no necesariamente al Estado o al sistema- pues la oligarquía ha utilizado este término para definir a los de su misma clase que difieren del gobierno de turno como lo fue el uribismo; algunas veces incluye a la izquierda dentro de sus opositores; claro que cuando esta oposición se torna peligrosa para el régimen, la oligarquía la trata de terrorista o de delincuencia política, la estigmatiza, la reprime y la penaliza, cuando no la elimina físicamente como a la UP. Existe otra oposición nombrada “izquierda social” que enfrenta al capitalismo, son sectores populares como los indígenas, las comunidades negras, los campesinos, los trabajadores, los viviendistas, los estudiantes, las y los feministas, los y las ecologistas –muchos de filiación liberal y conservadora-, que defienden su existencia física, sus intereses y sus territorios, obstaculizando a la oligarquía y al capital transnacional la realización de sus planes económicos, ante lo cual el Estado y la empresa privada utilizan el mismo procedimiento de exterminio que contra la izquierda “política” y la insurgencia. Sin embargo, los movimientos sociales populares han asumido el mismo comportamiento de la izquierda política, cada uno cree que puede enfrentar solo, y vencer al estado en la defensa de sus intereses particulares, mostrando el mismo panorama de dispersión.

Habría que preguntarse qué sería ser de izquierda en la URSS y en China en la época del capitalismo de Estado, cuando los estudiantes, los intelectuales críticos, los campesinos y los obreros protestaban; y hoy en Venezuela, Ecuador, Bolivia o en Nicaragua, incluso Uruguay Brasil y Argentina que pasaron de la izquierda al progresismo extractivista, -hoy arrinconados por el fascismo promovido desde Washington- no porque sus regímenes sean injustos o represivos, sino porque estos conceptos nos llevan a delimitar márgenes de actitudes y acciones por los intereses de clase o de grupo de quienes dirigen estos procesos, sobre todo cuando en algunos de esos países se realizan movilizaciones populares contra las políticas del Estado que atentan contra las vidas de las comunidades en el campo y la ciudad, contra la ecología,(como la gran minería,  el monocultivo de la soja, la destrucción de la selva amazónica los parques naturales TIPNIS, Yasuní) contra la dignidad de las mujeres, quienes luchan contra el patriarcado y por sus derechos sexuales (y reproductivos como el aborto), económicos, sociales y culturales; contra los pueblos indígenas que defienden sus territorios, culturas y autonomía, contra los campesinos que reclaman reforma agraria, soberanía alimentara y fin al extractivismo minero-energético, contra los sectores populares urbanos que luchan contra el aumento en los precios de los combustibles y de los alimentos; contra las privatizaciones de sectores estratégicos como los combustibles, los minerales, el agua y demás bienes naturales; políticas que prometían el progreso o la Modernidad para sacar de la pobreza y la exclusión a la inmensa mayoría de su población,

Los conceptos occidentales derecha e Izquierda no son suficientes para determinar las vías de progreso y bienestar humanistas, o las reformas que indiquen cambios estructurales reales, empezando por ejemplo, por tomar posición consciente y coherente en torno a temas como la deuda externa, las imposiciones macroeconómicas  de los organismos “multilaterales”, la inversión extranjera, el extractivismo venga de donde venga, y otros no tan económicos como la ecología, la autonomía de la mujer, el machismo y el patriarcado, o los relacionados con los pueblos indígenas, raizales y otras llamadas minorías como los LGTBI. Con estos antecedentes podríamos plantearnos la revaluación del concepto izquierda no solo en lo teórico, sino, en sus actitudes y su práctica política, pues internacionalmente el concepto Progresismo o progresista ha sido aplicado y desarrollado por partidos y movimientos políticos que vienen de lo que hace poco se llamó la Nueva Izquierda Latinoamericana, pero que en realidad su paradigma es el desarrollismo del capitalismo de Estado que puede terminar al servicio de las corporaciones transnacionales extractivistas, incluido el capital financiero.

La Modernidad nos impone su carga cultural y epistémica para asumir la teoría y el conocimiento desde la academia occidental, sintetizada en los conceptos, tesis y discursos de científicos, religiosos, literatos, teóricos e intelectuales de cinco países del llamado Occidente, -Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y Estados Unidos- elevando sus conocimientos al nivel de verdades superiores a cualquier otro conocimiento del resto del mundo; esta concepción colonialista del conocimiento hace que las estructuras construidas en la modernidad -método, leyes, cosmovisión, literatura, epistemología- sean las herramientas apropiadas para abordar el análisis, la investigación, la aplicación y desarrollo de sus teorías y discursos científicos, políticos, y religiosos en nuestros pueblos y países, por lo que no hay lugar para la disidencia, la creatividad y el pensamiento propio, en este caso, el darle otro nombre y concepto a concepciones políticas, ideológicas, culturales y cognitivas anticapitalistas, desoccidentalizadas, no eurocéntricas, antipatriarcales, no judeocristianas, al término y concepto occidental de izquierda, es una tarea como la de restituir el nombre de Abya Yala para nuestro continente, o encontrar el nombre apropiado para nuestro país, abandonando el del conquistador, utilizando nuestras propias epistemologías y cosmovisiones o filosofías.

El capital transnacional y la oligarquía colombiana han asimilado la rebelión con el terrorismo, conceptos que una parte de la izquierda también ha adoptado, condenando y apoyando la penalización de quienes se declaran y actúan contra el capitalismo haciendo uso legítimo del derecho de los pueblos a la rebelión, sobre todo, quienes participan de la institucionalidad o aspiran a cargos públicos. Rebelión no es igual a violencia, es un derecho individual y colectivo, es la capacidad y responsabilidad ética de quienes poseen dignidad para luchar contra sus opresores, y ello incluye formas de lucha como la desobediencia civil, las luchas cultural, ideológica, económica, ecológica, en expresiones políticas organizadas, o sea, con movilización social. Sin embargo, la violencia sigue siendo el último recurso legítimo de los pueblos en resistencias para proteger sus vidas, sus territorios, organizaciones, culturas y proyectos. Algunas organizaciones de la izquierda institucionalizada han borrado de su vocabulario el término rebelión, junto a otros como oligarquía, imperialismo, explotación, dependencia y lucha de clases; cambiándolos por otros que han impuesto la academia neoliberal el establecimiento y sus medios oficiales, como élites, sociedad de libre mercado, inversión extranjera, cooperación internacional y sociedad civil. Pero más que los términos, lo que hay que analizar es la práctica política y social de las personas, de las organizaciones políticas y de los movimientos sociales; sobre todo cuando la corrupción y el despotismo del capital nos impone una antiética sin principios humanistas, que permea las dirigencias de izquierda, tanto las radicales, como las que acceden a cargos públicos por elección o por nombramiento dentro del Estado.

Mirándolo en el contexto global, el capitalismo sí es de derecha, injusto, represivo reaccionario, fascista, así se vista de socialdemocracia o de nacionalismo, mientras la izquierda debería ser esencialmente Democracia Popular, Socialismo, Comunismo, Bien Vivir, Humanismo, Anarquismo, Feminismo, ecologismo, indigenismo. Los movimientos sociales y políticos que desean cambiar no solo el capitalismo, sino, también las relaciones que se dan entre las personas como el machismo, el patriarcado, el autoritarismo, las formas de poder piramidal de las organizaciones políticas y sociales del pueblo, el manejo elitista del conocimiento, y las relaciones antropocéntricas con la naturaleza, se ubican en el bando humanista anti sistémico; conceptos que trascienden la izquierda tradicional.

Todos los grupos de izquierda y revolucionarios en la historia de Colombia han hablado de unidad, cada uno desde su punto de vista, desde sus intereses políticos particulares, buscando que los demás se adapten, acojan o se sometan a sus propuestas, sin escucharlos, muchas veces excluyendo de antemano a posibles líderes  populares, o a quienes consideran rivales en la competencia por la conducción; en otros casos, también a quienes ven como inferiores en capacidad política o de movilización de “masas” (y de votos), porque cada uno se percibe a sí mismo como la vanguardia, como lo más puro, capaz y revolucionario. Este tipo de consideraciones narcisistas individualistas son productos del sectarismo y el dogmatismo mesiánico (de la vieja izquierda), de poca capacidad política, que aún sigue predominando en los movimientos sociales y políticos populares de izquierda; algunas organizaciones de izquierda han hecho fáciles alianzas con sectores de derecha (hasta con narcotraficantes), que con otros de la propia izquierda. La mayoría de las veces no se consideran las propuestas de los otros, ni se mira en qué se está realmente de acuerdo o en qué coinciden las diversas posiciones para un proceso de unidad de acción o política, para determinada coyuntura, para alianzas tácticas o estratégicas, porque se busca la hegemonía más que el consenso y la convicción, se piensa primero en quien se queda con la dirección o en cómo vamos en el reparto de la burocracia; nos hemos encontrado en muchos escenarios en un diálogo de sordos y terminamos haciendo la unidad de yo con yo. Por esto es que se llega a formas de unidad como la del PDA, -de la izquierda institucionalizada- en la que las partes no cumplen los acuerdos, mientras la militancia se confunde y se decepciona. La búsqueda de la unidad no puede negar u ocultar el debate político e ideológico, al contrario, son el debate franco y la crítica fraternal, los que hacen posibles los acuerdos, la unidad. Casi siempre la izquierda le echa la culpa de sus fracasos, de sus deficiencias, a la derecha, a la oligarquía, al imperialismo, por no hacer un análisis científico autocrítico de sus acciones y de su propia historia.

Es en los procesos de unidad -con la movilización y el diálogo- como vamos construyendo alternativas de organización, vamos descubriendo tareas necesarias para perfilar un programa mínimo emancipador y reivindicativo; en ellos nos encontramos con aliados, tácticos y estratégicos, identificamos intereses, conveniencias y lealtades que permitirán construir una visión colectiva y plural, definir un programa consensuado, una plataforma de lucha y objetivos tácticos y  estratégicos, sobre bases sólidas de unidad social, unidad política  y o unidad orgánica, o lograr una articulación estable según el caso; en escenarios local, regional, nacional e internacional, sin excluir a ningún sector social o político del pueblo. Por eso son necesarios el diálogo, el consenso y la concertación en el campo popular, incluidas comunidades urbanas, rurales, indígenas, entre sectores, entre movimientos sociales, entre organizaciones; un diálogo no solamente político, también intercultural y filosófico.

Los sectores populares siempre han buscado dialogar entre ellos, en las coyunturas, durante las crisis económicas y frente a las agresiones del Estado contra sus comunidades, que los obliga a movilizarse; han organizado coordinadoras cívicas, comités gremiales y sectoriales que se intercomunican, donde también convergen organizaciones políticas de izquierda, integrando lo que se ha llamado movimientos sociales populares. Hay épocas en que el diálogo pierde fluidez, algunos sectores se repliegan ante la represión o porque han conseguido el objetivo de sus luchas parciales-temporales, saliendo a escena otros sectores. Los campesinos de los años 60 y 70 que dieron grandes batallas por el derecho a la tierra, que fueron después expropiados, masacrados y desplazados, contaron en su época con la solidaridad de los trabajadores, de los estudiantes; ellos dialogaban con estos sectores aportando solidaridad en sus conflictos, ellos resurgen en sus luchas contra los TLC  y el extractivismo con grandes acciones en 2013, 2014, 2016.   Los trabajadores siempre han estado presentes con mayor o menor actividad como en los últimos 30 años, pues el neoliberalismo los desarticuló, redujo el número de organizados y les quitó muchos derechos, sin embargo, han sido los convocantes a la movilización, líderes en la lucha contra el neoliberalismo. Los indígenas desde los 70 han entrado en diálogo permanente con los demás sectores populares rurales -Campesinos y Comunidades negras- llegando en los últimos 20 años a los sectores urbanos caminando la palabra, son los que más dialogan entre ellos y con todos los sectores populares en asambleas, reuniones de cabildo, tulpas temáticas, mingas de pensamiento, caminando el país.  Las comunidades negras, los sectores urbanos en las periferias de las ciudades, permanecen activos y se comunican entre ellos para reclamar atención del Estado en servicios públicos, en salud, educación, vivienda,  infraestructura; buscan articular sus luchas con los demás sectores; dialogan en asambleas, en foros, en la movilización, en sus palenques, en paros como en el Chocó y Buenaventura en 2017.

Cuando hablamos de diálogo no nos referimos solo al diálogo entre dirigencias, sino también entre comunidades y organizaciones de base, en la movilización, en la construcción de alternativas y de resistencias; la mejor manera de dialogar. Pero la clave del diálogo está en escuchar y comprender al otro-a, los otros-as y en ceder lo necesario para ponernos de acuerdo. Los diálogos en el campo popular pueden generar no solo alianzas tácticas y estratégicas, articulaciones coyunturales para emplazar o  exigir al Estado, sino construir cimientos de poder popular, e ir integrando una Organización Política del Pueblo en un proceso de unidad programática,  de propuesta de país, de democracia y de gobierno popular, por fuera de la institucionalidad del Estado. El diálogo con la oligarquía dentro de su institucionalidad, escasamente lleva a negociar reivindicaciones parciales, particulares, sectoriales o gremiales temporales, para exigir al Estado el cumplimiento de sus responsabilidades constitucionales y garantizar los derechos individuales y colectivos reconocidos por la comunidad internacional; diálogo necesario en la resistencia, pero no suficiente para construir un mejor país. En la lucha de transformación radical de la sociedad por un Sujeto político plural popular, que ejerce la hegemonía, el dialogo con la oligarquía solo servirá para que esta entregue el poder del Estado cuando el pueblo se lo imponga, pero la derrota del capitalismo no significa manejar y embellecer la máquina del Estado capitalista, así se le cambie de adjetivo; es el desmonte de este aparato (en una transición), es el reconocimiento, el respeto a la diversidad, a la autonomía, a la democracia popular, lo que posibilita la construcción de una mejor sociedad, de un mejor país. Por esto la transformación no puede ser a corto plazo o con agendas fechadas a los deseos de un sector, movimiento u organización  política, o siguiendo el coyunturalismo impuesto por la oligarquía. Los movimientos sociales de transformación pueden definir sus agendas y programas partiendo del consenso, sobre unas prioridades estratégicas propias, desde sus territorios, espacios y tiempos.

La oligarquía aristocrática siempre ha hecho alianzas tácticas con sectores de la izquierda para mantener su hegemonía frente a las mafias emergentes que reclaman su cuota de poder, como lo hizo en 2014 en las elecciones para presidente, en la que participó prácticamente toda la izquierda que cree en las promesas de paz del régimen (incluyendo a representantes de víctimas del genocidio de la UP y sectores de la insurgencia), cuando Santos dos días después de la reelección declaró públicamente que continuaría ejecutando el proyecto neoliberal -que promueve la Tercera Vía inglesa- con más radicalidad, aunque éste ya cumplió su función, pues ahora se habla del post-neoliberalismo, en que la biopolítica[1]sigue siendo el eje dinamizador de este criminal modelo, como nos lo explica Pablo Dávalos. La izquierda y los movimientos populares también podemos hacer alianzas tácticas con sectores burgueses o subordinados que entran en conflicto con el gobierno o con el Estado, solo obedeciendo a coyunturas, no necesariamente electorales, ni a los intereses de ellos, sino, a los objetivos de la democracia popular. Las alianzas estratégicas las construimos con los movimientos y sectores populares con respeto y honestidad, con compromiso y en consenso, sobre un programa y unas bases sólidas de unidad.

De todas maneras la tarea de los y las demócratas, humanistas, revolucionarios-as, y de la izquierda, es unir al pueblo en torno a sus intereses y necesidades, y dentro de este, a la misma izquierda, que con todas sus divisiones y deficiencias ideológicas y políticas debe rectificar para promover y propiciar los procesos de unidad (si no quiere desaparecer), empezando por realizar la autocrítica a su práctica social y política de los últimos 60, años frente al pueblo. Sujetos como los ecologistas comprometidos con la vida; los y las feministas que rescatan la sensualidad, la sensibilidad, la ternura, la compasión, la solidaridad, la equidad entre hombres y mujeres, y entre todos; los  y las jóvenes en sus diferentes actividades –trabajadores, desempleados, estudiantes, artistas- los profesionales e intelectuales independientes, orgánicos y vernáculos del pueblo que entregan sus capacidades físicas y mentales a la real solución de las problemáticas sociales; los pueblos indígenas, negros y raizales que defienden y conservan sus territorios y culturas; los y las trabajadoras, campesinas organizados gremial y políticamente, incluso sectores religiosos progresistas, empresarios demócratas y militares patriotas, deben integrar y fortalecer organizaciones políticas y sociales, OPCP, orientándose a la construcción de bases o instrumentos de la democracia y el poder popular para enfrentar y derrotar al capitalismo, vencerlo y transformar nuestra sociedad y nuestro país, utilizando todos los medios políticos, económicos, culturales posibles, de acuerdo a las necesidades en cada momento.

No se visualiza en Colombia a mediano ni a largo plazo, cambio real de estructurasmediante procesos electorales; aún si la izquierda se presentara unida y ganara la presidencia y obtuviera mayoría en el congreso, no podría hacerlo sola -necesitaría del compromiso, la organización y la movilización de los sectores populares-  porque esta democracia no tiene capacidad para romper la dependencia económica, política y cultural de las estructuras del sistema mundo, que impone sus políticas económicas y sociales a los países dependientes y por todo lo expuesto en este ensayo; pues la izquierda institucional solo quiere y podría administrar el Estado, no gestionar su extinción; además, la izquierda institucional, imitando a la derecha, ha estigmatizado a quienes no votan, tratándolos de ignorantes y apolíticos, condicionando el trabajo social y político a la participación electoral como la única forma legítima para acceder al poder, condenando las demás formas de lucha y resistencia que el pueblo tiene para expresarse; algunos apoyan a la derecha en penalizar la abstención; bien lo dijeron Héctor León Moncayo y lo confirmó Raúl Zibechi (en el encuentro sobre la Unidad de la izquierda realizado en Bogotá por los periódicos Lemonde Diplomatique y Desde Abajo en noviembre de 2013) En los 70 a los que impulsábamos la lucha de calles nos decían que había una forma superior de lucha a la que nos debíamos incorporar, en referencia a la lucha armada. Ahora nos dicen, y esa es la ironía, que la forma superior de lucha son las elecciones[2]. La desobediencia civil, la cultura, la educación política, la organización y la movilización popular no figuran en la lista de prioridades de la izquierda institucionalizada.

No existen formas superiores ni inferiores de lucha, todas las formas de expresión, de hacer presencia de asumir una posición, toda actividad que contribuya al logro de objetivos sociales de justicia, solidaridad, sin pisotear los derechos y la dignidad de las personas honestas, son válidas y necesarias para transformar nuestra sociedad y al mundo.

Los movimientos sociales y políticos de izquierda y revolucionarios no han podido identificar un Sujeto Social que dinamice un proceso liberador, ni han elaborado un programa mínimo consensuado que cohesione y movilice a los sectores populares del campo y la ciudad, pues la izquierda tradicional conserva los mismos conceptos burgueses de progreso, de democracia y de poder político, y el mismo sectarismo, son sujetos colonizados; de la misma manera no ven la necesidad de la unidad inmediata de los demócratas, humanistas y revolucionarios contra el régimen, ni siquiera la unidad de los revolucionarios y de la izquierda misma en un Frente Político Popular o una Organización Política-Cultural de los Pueblos y de las comunidades colombiana, que conduzca este país hacia un nuevo estadio de justicia y libertad con pleno progreso humano.

El miedo a que el pueblo colombiano asuma su propia emancipación llevó a que las izquierdas vanguardistas optaran por caminos “fáciles y cortos” -que se convirtieron en difíciles y permanentes- para la toma del poder político del estado, bien mediante la vía electoral o con la lucha armada exclusivamente, aisladas de las problemáticas e iniciativas de los diversos sectores populares y del pueblo en su conjunto. La izquierda en general no se ha comprometido en la construcción de un verdadero poder popular ni en fortalecer la autonomía de los sectores populares, solo los han utilizado como capital electoral o como feligreses de sus parroquias, Mientras tanto continúan creciendo la inconformidad, las resistencias y la movilización espontánea, en las que la juventud y las mujeres juegan un papel deliberante, beligerante, determinante junto a los demás sectores populares rurales y urbanos hoy activos.

El sectarismo político -también el académico y el religioso- como el dogmatismo, son grandes obstáculos para dialogar, para desarrollar pensamiento y construir tejido social, para realizar lo que todos los sectores populares ansían para salir de las miserias, del infierno que nos impone la religión del capitalismo, por esto casi siempre vemos primero o únicamente lo malo, lo feo, lo erróneo, el fracaso, la incapacidad para solucionar cualquier problema, para abordar cualquier tarea, para asumir cualquier responsabilidad, es una forma de ignorancia individualista que limita la visión del todo, es una de las manifestaciones de la colonialidad que nos empequeñece, que nos invisibiliza y nos enfrenta en forma fratricida. Paulo Freire nos explica cómo es el sectario:

El sectario nada crea porque no ama. No respeta la opción de los otros. Pretende imponer la suya –que no es opción sino fanatismo- a todos. De ahí la inclinación del sectario al activismo, que es la acción sin control de la reflexión. De ahí el gusto por los slogans que difícilmente sobrepasan la esfera de los mitos y, por eso mismo mueren en sus mismas verdades, se nutre de lo puramente “relativo a lo que atribuye valores absolutos”.Freire 1965 p.42

Aunque los concepto de única clase revolucionaria y de vanguardia, asignados a la clase obrera han venido perdiendo importancia en la izquierda actual, desde antes de la disolución de la URSS y del campo socialista, ante el surgimiento de otros actores y sujetos que reclaman los derechos a proponer y a definir en igualdad de condiciones, en los procesos emancipatorios y liberadores en todo el mundo, en la concepción de la lucha y del poder político predomina la visión occidental monolítica; la mayoría de la izquierda colombiana no concibe la unidad como proceso de construcción de identidades, de subjetividades e intersubjetividades, como producto de acuerdos, disensos, consensos, y autonomías, no ve necesario la integración de lo diverso, de lo colectivo en la realización de un Sujeto Político Plural Transformador. Se ha venido perdiendo el debate ideológico interno, el consenso en las organizaciones de izquierda y entre ellas, prefiriendo los defensores de una posición o tendencia, en muchos casos, optar separarse y formar otra organización donde todos estén de acuerdo sin discusión; esto ha pasado tanto en lo político como en el sector sindical y en otros sectores sociales dirigidos e influenciados por la izquierda política; una forma de polarización que nos atomiza.

La unidad se hace en la diversidad, en el disenso-consenso, no en la homogeneidad o en el unanimismo. A finales de 2013 el periódico Desde Abajo propuso un esperanzador intento de unidad a todo el espectro de la izquierda con el foro La reconstrucción social y sus sujetos, ¿unidad de la izquierda?” con temas muy importantes para encontrar puntos de unidad, para definir elementos de plataforma, de idearios, de programa, comunes. En esta reunión faltaron sectores populares y sociales indispensables en la construcción de una alternativa política popular. Continuamos pensando que basta convocar por las dirigencias, por las élites políticas, mientras a las bases sociales, los sectores populares emergentes como las mujeres, los jóvenes, los indígenas, los campesinos, los desempleados, las víctimas de la guerra y del modelo neoliberal, los pobladores, no hay quien las convoque; aún no se les considera Sujetos capaces no solo de reconstruir su tejido social, sino, de crear un nuevo país. Sin embargo, este gran esfuerzo de DA, -como muchos otros que se han hecho en los últimos 20 años por diferentes organizaciones- no es el último, como tampoco se puede considerarlo como un fracaso, pues como lo hemos venido proponiendo, es necesario la unidad de la izquierda institucional y no institucional, junto a la unidad en igualdad de condiciones con los movimientos y organizaciones populares. Es una obligación revolucionaria persistir en la unidad, como lo pensaba Camilo: “haciendo énfasis en lo que nos une”.

Las claves de la unidad están en las propuestas, acciones y pensamientos de la Gaitana, de José Antonio Galán, Simón Bolívar, Quintín Lame, Jorge Eliecer Gaitán, Estanislao Zuleta, María Cano, Camilo Torres, Manuel Marulanda, Jaime Bateman, Fernando González, Antonio García, Orlando Fals Borda y muchos líderes sectoriales e intelectuales críticos académicos y vernáculos actuales; a nivel latinoamericano y caribeño: Martí, Fidel, Farabundo, Sandino, Mariátegui, Che, Chávez.

Las enseñanzas están en: los cimarrones y sus palenques, en los Comuneros y los levantamientos indígenas de 1781, en los artesanos y sus sociedades democráticas, en la Guerra de los mil días, en la entrega de Panamá, en el socialismo de los años 20 y el movimiento obrero, en la masacre de las bananeras, en las luchas agrarias de los años 30, en las guerrillas liberales, en el bogotazo y la violencia, en la insurgencia y el Caguán, en el M19 y el palacio de justicia, en el holocausto de la Unión Patriótica, en la guerra narcoparamilitar extractivista, en los acuerdos de paz de los últimos 30 años, en las movilizaciones indígena, campesina y popular de los últimos 20 años, en los TLC, en  la Constitución de 1991.

Los ejemplos están en: la Comuna de París, en la Revolución Rusa, en la República Española, en la Revolución China, en las guerras mundiales, en las luchas de liberación de Asia y África, en las dictaduras de América Latina, en las revoluciones mexicana, cubana, guatemalteca, salvadoreña y nicaragüense; en la Bolivia de los años 50, en el Chile de la Unidad Popular, en las guerras de Vietnam, Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Ucrania; en la caída de las torres gemelas. Están en la Chiapas zapatista, en los pueblos de Venezuela, Argentina y Brasil (con arremetida legislativa-judicial y militar de las oligarquías y el imperio), en las luchas de los trabajadores en los movimientos indígenas de Chile, en los movimientos populares de Bolivia y Ecuador (que enfrentan el extractivismo y el irrespeto a la diversidad y pluralidad), en las luchas de los pueblos del mundo.

Las posibilidades están: en la emancipación simultanea de las mujeres y los hombres como Sujetos de dignidad, en la organización, la unidad y la movilización de los sectores populares, en las organizaciones y movimientos políticos y sociales del pueblo, en sus propuestas, en sus prácticas humanistas de solidaridad, de autonomía política económica y cultural, en la unidad de la izquierda y del pueblo, en la crisis estructural del capitalismo, pero sobre todo, en la solidaridad, en la capacidad de resistencia y creatividad de nuestro pueblo, en eliminar de nuestras mentes la concepción occidental-colonial de nuestras realidades, asumiendo nuestra autonomía, multiplicando nuestro amor por la humanidad, por la libertad y la justicia.

Marzo 22 de 2019

[1]La democracia disciplinaria. El proyecto pos neoliberal para América Latina- Pablo Dávalos – ediciones desde abajo – Bogotá 2011.

[2]Sobre la forma superior de lucha – periódico La Jornada – 30-11-2013

Unidad de lo Diverso en lo Común

Por Gonzalo Salazar

Hasta hoy solo tres grandes movimientos, en tres momentos decisivos de nuestra historia colonial y “poscolonial”, han concitado la unidad del pueblo colombiano para su emancipación:

El movimiento revolucionario de los comuneros de 1781, en la Nueva Granada, liderado por José Antonio Galán como el más radical, con la consigna “unión de los oprimidos contra los opresores”, movimiento en el que confluyeron todos los sectores oprimidos y explotados por el imperio español, que puso en jaque al virreinato, al cercar a Santa Fe con más de 20.000 combatientes movilizados desde todas las regiones y provincias de la Nueva Granada, movimiento integrado por campesinos, indígenas, esclavos, artesanos, mujeres y hombres, comerciantes criollos y mestizos, que terminó con las capitulaciones y su incumplimiento por el virreinato, el descuartizamiento del líder y el consecuente aniquilamiento del movimiento. Estos movimientos nunca fueron aislados del contexto regional y mundial; en la colonia significó la expansión del capitalismo y su Modernidad con el desarrollo industrial yla competencia comercial y marítima de Inglaterra frente aEspaña, iniciada en el siglo XVI y que generó la declaración de guerra a Inglaterra en 1778 por el rey Carlos III de España, simultáneamente se daba la guerra de independencia de los Estados unidos (13 colonias contra el imperio inglés, 1775-1783), mientras se desarrollaban otros procesos emancipatorios de gran dimensión social e histórica en las colonias latinoamericanas; en el Perú con Túpac Amaru,que llegó a movilizar 80.000indígenas y mestizos;en Bolivia conTúpac Katary, junto a otrasinsurrecciones antes y después de la de los Comuneros de 1781, como las de Chile en 1776 y en 1781; “en Brasil en 1789 contra el imperio portugués las turbaciones acaudilladas por Tiradentes; en Venezuela, durante 1797, otra revuelta de criollos[1]; también hubo levantamientos en Centroamérica y México, todo un movimiento continental emancipatorio con características particulares en cada territorio, provocado por las mismas causas y con similares objetivos –contra la encomienda los altos impuestos y las arbitrariedades del clero-, en la mayoríaprotagonizados porlos pueblos indígenas, cimarrones, mestizos y criollos,pero no a todos los movía el deseo de expulsar al imperio español o portugués. La amplitud del movimiento comunero en la Nueva Granadapermitió la participación de todos los sectores sociales que se sentían explotados, expoliados, oprimidos y agredidos por el sistema imperial:indígenas, negros, campesinado, mestizos, criollos, entre, los dosúltimos se destacaron personajes con algún poder económico y político que asumieron la conducción del movimiento, en su mayoría comerciantes y servidores de la corona, que no les interesaba cambiar el régimen, sino, reducir la carga impositiva y garantías para el buen funcionamiento y rentabilidad de sus negocios, contradicciones que se sintetizaron en dos consignas que tenían su sellos de clase: la radical “unión de los oprimidos contra los opresores de José Antonio Galán y, la de “viva el rey, abajo el mal gobierno” de quienes de alguna manera se beneficiaban del sistema colonial;  otros criollos terratenientes, comerciantes y funcionarios descendientes de conquistadores y de encomenderos, no pensaban en entregar sus tierras ni en liberar a sus esclavos, mucho menos enfrentarse al imperio español por independencia; estos sectores subordinados, pero también dominadores sobre el pueblo,es la aristocracia criolla que se va a perfilar como la oligarquía colombiana.

La Campaña Libertadora, liderada por Antonio Nariño y Simón Bolívar por la independencia, que obtuvo el triunfo en 1819 como proyección de la rebelión de 1781 pero dirigida por los criollos, movimiento que llama a la unidad de criollos y mestizos, y al apoyo obligado de campesinos,  indios y esclavos; objetivo sintetizado en un proyecto de unidad latinoamericana esbozado en la carta de Jamaica de 1815 (también planteado por Francisco de Miranda), la mejor interpretación de la sociedad latinoamericana y caribeña de la época, redactada por Simón Bolívar,el documento es base de la sustentación teórica de las luchas de liberación nacional en todo el continente y que Haití logró anticiparla en 1808 y que fue el principal bastión para las futuras revoluciones en el continente; luego el congreso de Angostura, con el discurso en el cual el libertador anhelaba una constitución Para dos repúblicas: Venezuela y la Nueva Granada.Eso fue lo que presentó Bolívar en el momento de instalar el Congreso de Angostura, visión de futuro recogida luego por los congresistas allí reunidos, en un proyecto de Constitución que finalmente vería la luz en el Congreso de Cúcuta (30 de agosto de 1821) y con el cual toma forma la Primera República, la misma que llega hasta nuestros días.[2]

Nuestra guerra de liberación en realidad era parte del proyecto liberal de integración que se intentó concretar en el Congreso Anfictiónico de Panamá (1826)[3] pero que finalmente fracasó, asumiendo la naciente oligarquía el manejo del Estado colombiano hasta nuestros días. Esta revolución independentista no cambió la situación social y política de los oprimidos  y explotados como siguen siendo los indígenas que continuaron perdiendo sus culturas, tierras, territorios y sus vidas, y las comunidades negras, que solo décadas después fueron “liberadas” lentamente de la esclavitud, mientras el campesinado también continúa siendo masacrado y expropiado, con el  sometimiento de todos los sectores populares desde esa época, mediante el patrón de poder colonial del capitalismo.

La integración de La Gran Colombia (Venezuela, Colombia y Ecuador), como parte de ese gran objetivoemancipatorio, también terminó con la traición y la usurpación del poder político por la aristocracia criolla en los tres países, como en el resto de América Latina, y las consecuentes disputas internas de esa nueva clase cipaya en nuestros países;en Colombia con más de 30guerras civiles regionales en el siglo XIX en nuestro territorio por el monopolio de la propiedad de la tierra y las riquezas que esta contiene. Desde la campaña libertadora, iniciada, dirigida e integradas sus tropas en su mayoría por venezolanos,-en el sur por José de Sanmartin en Argentina y O’Higuins en Chile- la aristocracia criollaha buscado apoyo de otros imperios -francés, británico, norteamericano, incluso el zarismo ruso- para financiar sus guerras internas y cambiar de amo; oligarquía, insaciable de riqueza y de poder, que, desde entonces, ha sometido con el terror y el despojo al pueblo colombiano y en el resto de países latinoamericanos, muchas veces más violenta que loscolonizadores, negándose a su propia revolución burguesa liberal, ofreciendo los bienes naturales y el territorios a otras potencias y al capital transnacional para también enriquecerse con las migajas que les reparten sus amos. Cualquier parecido con las actualesoligarquíascolombiana y venezolana es “mera coincidencia”.

El movimiento liberal gaitanista, creado en los 40 del s. XX alrededor de la figura carismática de Jorge Eliecer Gaitán, como respuesta a la política de exterminio del campesinado tanto liberal como conservador y de la naciente clase obrera, realizado por el Estado colombiano en 1928 (masacre de las bananeras en defensa del capital imperialista), ordenado por la oligarquía de ambos partidos, violencia que se introducía en las ciudades, que crecían con el desplazamiento y el amago de industrialización. Este Movimiento que buscaba la paz y mejor distribución de la riqueza, convoca, logra unir y movilizar (la marcha del silencio) a la mayoría de los sectores populares del campo y la ciudad contra la violencia bipartidista; tanto, que la oligarquía liberal-conservadora, aterrada, termina asesinando al caudillo que se les salía de sus manos (como ya lo había hecho con el general también liberal Rafael Uribe Uribe en 1914, después de una guerra de 1000 días, por el mismo motivo: la concentración del poder político por los exportadores de materias primas, a la vez contrabandistas importadores y la expropiación y la concentración de la tierra por los terratenientes), con la consecuente tragedia de terror y muerte que llega hasta nuestros días con viejos y nuevos actores, con las víctimas de siempre: más de un millón de muertos, cientos de miles de desaparecidos, seis millones de campesinos desplazados y expropiados de sus tierras; que victimizó a todo el pueblo colombiano en los últimos 70 años. La izquierda de la época no tuvo capacidad para convocar y movilizar al pueblo, pues cuando Gaitán convocaba y reunía al pueblo, ella miraba para otro lado. época que eufemísticamente la oligarquía denomina La Violencia, en pretérito; cuando realiza un pacto falaz llamado Frente Nacional que inicialmente era por 20 años, pero que aún no termina, porque ha sido renovado varias veces, -la última con la Constitución política de 1991- para incluir al narcotráfico y al extractivismo neoliberal para repartirse el poder y la riqueza del país, sin dejar de aplicar la violencia sistemática contra el pueblo, y que hoy nuevamente se pretende establecer con el llamado post-conflicto.

Estas tres grandes experiencias históricas de movilización popular y de proyectos emancipatorios truncados, son la escuela obligada, que como sujetos comprometidos en el cambio de nuestra realidad y nuestra historia, tienen los sectores populares, los intelectuales demócratas, los revolucionarios, los humanistas, ampliando sus horizontes, asumiendo la democracia radical y la autonomía popular para un cambio real  de nuestra sociedad, que termine con la frustración del pueblo colombiano en la lucha por el bien vivir.En el proceso de “independencia” los sectores populares no tuvieron esa opción y en la última, fue el caudillo el que determinó el carácter del movimiento, que no tuvo opción organizativa estratégica política e ideológica para “tomar el poder” ni para construir poder popular, no hubo un verdadero programa acordado para la transformación;únicamente en la primera los sectores populares tuvieron alguna presencia en su conducción, pues al final fueron sectores medios criollos y mestizos con poder económico y político regional y local como los comercianteslos, que asumieron la representación del movimiento y negociaron las capitulaciones. No basta la unidad fundada en aspiraciones sin el consenso no solo de las necesidades, sino, de las visiones y cosmovisiones,si no hay autonomía y diálogo de y entre los y las participantes para tomar decisiones.

La unidad total no existe en ningún proceso o movimiento, el conflicto, la diferencia y las contradicciones es lo que mueve a los sujetos a buscar o a crear posibilidades y alternativas, a encontrar acuerdos, lo contrario sería negar la diversidad de los pueblos, la heterogeneidad de la sociedad; como lo hemos esbozado, la unidad se da en momentos, en contextos donde coinciden los participantes, en ámbitos políticos ideológicos, culturales, de género; o sea, mediante el debate, el disenso-consenso y en los acuerdos puestos en práctica, no entorno a programas de partidos o de grupos hegemónicos; la unidad popular se concreta en un programa mínimo construido, definido y asumido por todos las y los participantes del proyecto transformador.

En la época de los 20 del siglo pasado la intelectualidad radical de la izquierda (mujeres y hombres) estaba bien compenetrada con los sectores populares inconformes del campo y la ciudad. De la CON, en el III congreso obrero, surge el Partido Socialista Revolucionario (1926) que se proponía el socialismo como objetivo estratégico; sus militantes viajaban a lo largo del rio Magdalena o del Cauca orientando a los braceros por mejores contratos (que eran colectivos, algunos sin sindicato), se movilizaban a lomo de mula, en champan o en tren, apoyando, arengando y educando a los trabajadores ferroviarios; acampaban en los campos petroleros, impulsando la lucha antiimperialista y por la soberanía nacional; compartiendo las dificultades y la lucha de los trabajadores contra las multinacionales de ese tiempo; educaban y promovían la movilización de los trabajadores bananeros por las 8 horas de trabajo, 8 de estudio y 8 de descanso; lo mismo hacían en el Valle del Cauca con los corteros de caña y los ferroviarios; participaban en las luchas agrarias conociendo de primera mano las condiciones de explotación y pobreza  de campesinas y campesinos; hasta sastres, zapateros, panaderos y lavanderas organizadas recibían su orientación y solidaridad; fue una época de entrega y compromiso, en que cada cual interpretaba el discurso revolucionario confrontándolo con su propia práctica política, debatiendo fraternalmente sobre su presente y el futuro del país, entre comunistas, anarquistas, socialistas y liberales radicales.

Era la etapa que le correspondía al liberalismo en su apertura industrial (sustitución de importaciones) de esa economía exportadora y comercial, que extraía mano de obra de la agricultura para las fábricas que se ubicaban en las periferias de las grandes ciudades, para la explotación petrolera y las obras de infraestructura vial que permitirían  movilizar recursos naturales y materias primas hacia los centros de producción nacional y hacia el exterior a través del ferrocarril, de los puertos fluviales y marítimos; esto en el contexto internacional, de la inauguración del canal de Panamá por el imperio norteamericano, el asesinato de Rafael Uribe Uribe, la revolución socialista de Rusia, la primera guerra “mundial” (europea) y la expansión del imperialismo norteamericano a nivel mundial.

En los 30, vendría la división del movimiento revolucionario con la imposición desde Moscú de la estrategia de construcción de partidos comunistas y la formación de frentes antifascistas (que incluían sectores democráticos y liberales progresistas) en defensa de la Unión Soviética. Estrategia que se aplicó en todos los países donde existían grupos revolucionarios y socialistas que obedecían las directrices del PCUS, entre ellos nuestro país, donde se funda el Partido Comunista de Colombia en 1930.

Desde entonces la atomizada izquierda colombianadesarrolla sus luchas fundamentalmente en dos campos: el armado insurreccional y el electoral –al que han llamado la combinación de las formas de lucha-; pasando de la clandestinidad a la legalidad y viceversa, según la estrategia o la táctica de cada grupo, pero gran parte de la izquierda siempre ha tenido la esperanza de que el liberalismo haga las reformas, o que la oligarquía les permita participar de su poder y sus instituciones, para desde allí generar los cambios revolucionarios que el país necesita; lo que se manifiesta en apoyo y defensa de los gobiernos liberales de López Pumarejo (con su lema “revolución en marcha”) en los 30. Luego en los 40, con Jorge Eliecer Gaitán, cuando alejaron las posibilidades de transformar la dictadura oligárquica en una democracia popular, pues unos apoyaron al candidato de la oligarquía, mientras otros organizaban la resistencia y diseñaban estrategias para la toma del poder, alejados de las “masas” rurales y urbanas. A finales de los 60 y comienzo de los 70 apoyaron a Alfonso López Michelsen y su movimiento MRL (Movimiento Revolucionario Liberal), continuación del discurso reformista de su padre, que sirvió para neutralizar y cooptar a algunos jóvenes ingenuos que creyeron en la posibilidad de una revolución desde la institucionalidad; aun hoy la izquierda en general, cree más en la oligarquía y sus instituciones que en la capacidad creadora y transformadora del pueblo.

La unidad de la insurgencia armada, como parte de los movimientos populares y de la izquierda, concretada en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (década de los 80 del s. XX) fue efímera, pues no convocó al pueblo a la unidad en un verdadero frente político popular o en una Asamblea Nacional Popular. La CGSB fue conducida más con el ansia de protagonismo y hegemonía por los grupos “mayoritarios”, que por el interés de realizar la revolución o de encontrar una salida real a la guerra y a la transformación del país, solo sirvió para que pocos años después entregaran las armas (los que firmaron los acuerdos de paz con los gobiernos de la época) y se integraran algunos de sus dirigentes a la lucha electoral y por puestos en la administración del Estado; la izquierda no armada no criticó científicamente, ni propuso alternativas reales a los sectores populares, mientras tanto, eran eliminados la UP, un sector del Frente popular y de A Luchar, además de miles de líderes y activistas populares no pertenecientes a la izquierda política organizada. Una de las características de la izquierda en el mundo, es que en su mayoría su dirección política e ideológica ha estado en manos y cerebros de sectores medios -pequeñas élites- intelectuales; en nuestro caso, con la colonialidad del poder, del saber y del ser en sus mentes, discursos y praxis, nuestra intelectualidad revolucionaria sigue siendo eurocéntrica y occidentalizada, en la que predomina el protagonismo (competencia) individual y de grupo

Aún la izquierda institucionalizada sigue teniendo esperanzas en los cuadros de la oligarquía, cuando apoyó a Santos en su reelección con promesa de paz (2014), cuando no concretaron una posición unificada en el referendo de los acuerdos de La Habana, que le habría permitido algún protagonismo político; cuando enfoca todas sus expectativas en el cumplimiento de esos acuerdos y los posible con el ELN, que están condicionados a no tocar las estructuras del Estado ni el modelo neoliberal extractivista, ni garantizar una verdadera apertura democrática; por último,cuando teniendo la posibilidad con Gustavo Petro, se dividió multiplicando el voto en blanco, (algunos dirigentes de la izquierda se fueron con Fajardo y otros apoyaron el voto en blanco) aumentando el abstencionismo en sus propias zonas de influencia, cambiando importantes puntos del programa  de Petro para hacer falsas alianzas con personajes no confiables. Se olvidan nuestros dirigentes de izquierda del carácter de clase del estado y de la oligarquía, que piensa y actúa como mafia que es, que no olvida ni perdona pero que sí castiga y mata en defensa de sus intereses económicos y políticos. Sin embargo, la izquierda institucionalizada no cree en la unidad ni en la movilización popular, mucho menos en la autonomía de las comunidades y de los movimientos sociales populares ni en la capacidad de los pueblos para transformar sus realidades.

Los procesos de unidad popular en nuestra época parten desde abajo, con arraigo en lo local, integrados en el debate, en la diversidad política y cultural, en torno a la autonomía de las comunidades y sectores populares, con democracia participativa y decisoria, construyendo alternativas fuera de la institucionalidad capitalista, con una narrativa propia.

Marzo 11de 2019

[1] El movimiento revolucionario de los comuneros. Francisco Posada. Siglo veintiuno editores 4ª edición. Bogotá

[2]Congreso de Angostura: 200 años de un sueño inconcluso. /www.desdeabajo.info/sumplementos/item/36270-congreso-de-angostura-200-anos-de-un-sueno-inconcluso. Marzo 11 de 2019

[3]Asistentes al Congreso Anfictiónico de Panamá: la Gran Colombia (integrada por Colombia, Venezuela y Ecuador), México, Perú y las Provincias Unidas de Centro América. Bolivia y Estados Unidos no llegaron a tiempo. A Argentina y Chile no les interesó. Paraguay no fue invitado. El entonces Imperio del Brasil tampoco participó. En cambio Gran Bretaña envió un observador y los Países Bajos, otro. La inclusión de europeos y norteamericanos dentro de los invitados es indicio de la dependencia política e ideológica de los centros hegemónicos del capitalismo de la época.

La Intelectualidad O el saber como espíritu de libertad

Por Gonzalo Salazar

En los países dependientes–colonizados sobresalen personas, -generalmente de clase mediay algunas de sectores empobrecidos- que acceden a la formación superior y especializada, pudiendoutilizar sus cualidades intelectuales para investigar, acumular, ordenar, aplicar y transmitir esos conocimientos académicos, capacidades que se manifiestan en la forma de abordar el análisis, el tratamiento de problemáticas sociales y fenómenos o procesos naturales,contribuyendo en muchos casos  al desarrollo de sus comunidades y/o países, pero en su mayoría son cooptados o puestos al servicio de las clases dominantes locales y de las grandes corporaciones.

Como lo vimos en el primer capítulo, el capitalismo al atomizar la ciencia y el conocimiento en infinidad de especializaciones, convierte en mito, en secreto, el saber que la humanidad ha generado en su existencia, invistiendo con un aura de divinidad a quienes defendiendo su sistema, posean este acumulado, por consiguiente, los pueblos tienen que rendirles pleitesía y creerles todo lo que digan o hagan los científicos, profesionales, especialistas e intelectuales obedientes de la academia occidentalizada,  sin la posibilidad de que quienes no hayan militado en esa academia, puedan cuestionar sus conocimientos o proponer alternativas, de ahí el culto al academicismo, medio con el cual los especialistas que defienden el capitalismo manipulan, tergiversan la realidad e invierten teorías y conceptos ante los pueblos, ocultando conocimientos importantes, engañándolos y desorientándolos para imponerles sus conceptos de progreso y felicidad, crearles falsas necesidades,aplicando los Estadoslas políticas económicas, sociales y culturales y  los planes de desarrollo diseñados por sus tinktanks, que agreden a lospueblos y al planeta.

Muchos teóricos academicistas buscan el “éxito” personal defendiendo con su discurso, ideas e intereses de instituciones gubernamentales, privadas y transnacionales como la ONU, la OEA la OTAN, el BM, el FMI la OMC y grandes corporaciones corruptas, depredadoras ecocidas, epistemicidas y genocidas, lo mismo que a sicópatas con gran poder económico y/o político. De la misma manera “artistas” exitosos que llenan las vanguardias con sus “grandes” obras calificadas, reconocidas, expuestas, vendidas y premiadas en grandes escenarios, museos, galerías y centros comerciales de las metrópolis occidentales, expresan y transmiten los valores, el sentir y ser de las clases dominantes. Este culto, esta manipulación del conocimiento y la cultura, heredada de la visión eurocéntrica occidental colonial, también se da en profesionales, intelectuales y dirigencias de  derecha e izquierda como forma de mantener o de obtener posiciones hegemónicas de grupo y personales en sus organizaciones y en el conjunto de los movimientos políticos, culturales y sociales; actitudes que se expresan en el dogmatismo, el vanguardismo, el autoritarismo, el sectarismo, el caudillismo y el mesianismo; muchos científicos e intelectuales supuestamente demócratas y revolucionarios, convierten la teoría y la ciencia en mandatos divinos, solo accesibles para iniciados, cuando en el mundo se reconoce que el conocimiento –ciencia y arte- es patrimonio de la humanidad porque es construido por toda la humanidad y que lo que se requiere es la difusión y el intercambio democrático de los saberes.

Todos los seres humanos tienen el potencial para desarrollar habilidades intelectuales, pues éstas, como la inteligencia, no son características genéticas de unos individuos, de una clase, o de una “raza”. son aptitudes que se desarrollan en interacción con el entorno social-natural, por lo que las clases-razas dominantes a través de su Estado y sus instituciones impiden el acceso al conocimiento científico sistematizado –académico- a la mayoría de los sectores populares de las periferias, y castran las capacidades creativas y críticas desde la escuela con sus sistemas educativos autoritarios occidental-colonialistas formadores de ciudadanos y profesionales obedientes y mediocres, sin embargo en nuestros países existe una intelectualidad popular (técnicos, profesionales, especialistas y artistas) empíricos o que construyen sus conocimientos y dinamizan la cultura con base en metodologías de autoformación, en la asimilación de sus entornos y en sus cosmovisiones autóctonas, por lo que siempre están aportando en la solución de problemas con sus conocimientos, ideas y experiencias a la economía, a la culturade sus comunidades, incluso a la academia; por otro lado, muchos intelectuales de los sectores populares del sur aportan a los procesos emancipatorios desde la academia crítica, desde la praxis, en lo educativo organizativo y político.

Como países dependientes occidentalizados, nuestros conocimientos y saberes son de segunda, como lo son para los capitalistas nuestras materias primas; en ese orden, en la distribución internacional del trabajo y del conocimiento, somos consumidores de teorías del Norte y no podemos producir conocimientos científicos y artísticos valederos para ellos, pues si somos del Sur, somos colonizados y racializados inferiores y lo que pensemos, digamos o hagamos tiene poco valor. Sin embargo, en nuestro país existe gran cantidad de intelectuales en proceso de desoccidentalización –decoloniales- populares autodidactas, anónimos, orgánicos, vernáculos, e independientes, formados en la lucha social y política en sus territorios, en sus organizaciones, en sus gremios, aportando su fuerza, su pensamiento, su creatividad, en la construcción de alternativas económicas, políticas, culturales, ecológicas.

Desde los 20 del siglo pasado se ha venido formando una corriente política, sociológica, económica, antropológica, filosófica, cultural, (inter-transdisciplinaria) integrada por intelectuales de muchos países, la mayoría del sur global, todoscomprometidos en procesos sociales de resistencia,de liberación y de descolonización, con intelectuales como José Carlos MariáteguiFrantzFanon, AiméCésaire Paulo Freire Orlando Fals Borda, Bolívar Echavarría y Aníbal Quijano,-coautor del concepto “colonialidad del poder”-que se cuestionan, igual que las comunidades indígenas y negras, urbanas y rurales no la posibilidad, sino la necesidad de realizar el bien vivir.En América Latina y El Caribeesta corriente de pensamiento diverso se ha ampliado en el análisis de la matriz o patrón de poder del colonialismo y en la definición de la colonialidad que el capitalismo-modernidad ha construido desde 1492, retomando el pensamiento crítico y las practicas decoloniales de los pueblos –indígenas, raizales y mestizos- en una filosofía propia latinoamericana y caribeña, mientras en el resto del mundo los pueblos hacen lo propio.

La decolonialidad nos invita a dialogar entre los del sur global, a concebir la vida con nuestras propias epistemologías, a investigar parareescribir  y narrar nuestras historias con nuestros propios ojos, oídos manos y voces. Como alguien dijo ”estamos ante un cambio de época” y esto requiere una nueva intelectualidad que está presente en este s. XXI en toda nuestra AbyaYala, con intelectuales como Silvia Rivera Cusicanqui, Enrique Dussel, Ramón Grosfoguel, Rita Segato, Boaventura de Sousa Santos, Silvia Federechi, Damian Pachón, Santiago Castro, Raúl Prada Alcoreza, Alberto Acosta, Walter Mignolo, María Lugones, Karina Ochoa, Raúl Zibechi y muchísimos/as más, que desde la academia crítica, desde el anonimato,desde las Artes, el trabajo comunitario y/o la autodidactica aportan al proceso de construcción de nuestro imaginario colectivo.

La colonialidad del saber se inicia en el siglo XVI con la universidad instituída por la iglesia católica, (cuando ya los musulmanes del medio oriente y sur asiaticiohabían desarrollado amplios centros de formación y experimentación científica y artística con principios humanistas) luego en el XIX es transformada en la académica kantiana-humboldiana, promovida por los enciclopedistas y la revolución industrial, finalmente esactualizada por USA en la universidad corporativa que prioriza la formación técnica especializada y multidisciplinar; estas tres universidades occidentalizadas, como el resto de la educación, ha formado a nuestra intelectualidad eurocéntrica; por lo que es una tarea de los intelectuales críticos y los humanistas su desoccidentalización, difundir la decolonialidad del saber entre la academia y las comunidades para transformar nuestras realidades con nuestras propias epistemologías.

Es necesario el reconocimiento de las capacidades productivas, intelectuales y creativas por todos los sectores populares, de los logros, descubrimientos científicos e inventos realizados por nuestros compatriotas en la historia y en el mundo; son miles los científicos, artistas e investigadores que desdeExpedición Botánica han hecho y hacen grandes aportes en todas las áreas de las ciencias naturales y sociales y de la cultura; pero que en una democracia auténtica, los científicos, artistas e intelectuales humanistas y progresistas son indispensables, deberían vivir en el país y aportar directamente en la solución de los graves problemas de su pueblo, con sus trabajos, críticas y propuestas, en la cual la mejor compensación será el progreso humano y el bienestar para nuestro pueblo, ganándose el respeto, el reconocimiento comopatriotas por sus aportes a la humanidad, esta posición y actitudes le dan verdadero sentido a la vida, rescatan su esencia humana.

La mayoría de los científicos, profesionales, artistas e intelectuales que emigran hacia el nortelo hacen porque han perdido las posibilidades y la esperanza en su país, porque en sus países no tienen oportunidades ni garantías para su realización personal, profesional científica y social.En nuestro país el Estado persigue, estigmatiza, excluye, criminaliza y destierra a quienes realizan actividades científicas y culturales que ponen en evidencia la desigualdad social, la injusticia, la violencia de su modelo económico y social, lo mismo que a quienes denuncian los crímenes de lesa humanidad, los daños a la biodiversidad y a la ecología;se les ocultan, roban y/o destruyen sus trabajos científicos y artísticos. Por esto, un movimiento cultural transformador humanista en un proceso de construcción de un mejor país, necesita de estas personas comprometidas con el presente y el futuro de la humanidad, como de los jóvenes, las mujeres y los-las viejas, entre quienes se teje la colcha colorida de retazos  del buen vivir o nuestro socialismo, pues los conocimientos académicos, los saberes populares, las tradiciones, historias y culturas son los hilos intelectuales que le dan color, sabor, olor y voz a nuestra diversa nacionalidad.

Aunque los intelectuales de izquierda y humanistas, tanto de la academia como de las organizaciones políticas y sociales, (orgánicos y vernáculos) continúan siendo una élite que en su gran mayoría se mueve en sectores de clase media, preferencialmente en las universidades, en algunos sindicatos y ocasionalmente en eventos nacionales e internacionales y en grandes movilizaciones que se realizan en el país, son pocos los intelectuales de izquierda que se involucran en procesos organizativos y de investigación en áreas de conflicto, de pobreza o de grandes dificultades, en la experimentación o acompañamiento en la identificación y realización de alternativas realizadas por las comunidades en sus territorios; mientras muy pocos se cuestionan su cosmovisión occidental, sus prácticas coloniales en sus relaciones sociales con sus familias, sus compañeros de trabajo, sus vecinos y amigos y en la formación de sus propias identidades.

Los líderes populares, los chamanes, los taitas, los médicos tradicionales, los dirigentes de las organizaciones sociales populares, los-as educadores comunitarios, los ancianos sabios, son también intelectuales que deben ser respetados y estar al servicio de los movimientos populares, igual que los artistas, profesionales y científicos de todas las áreas de la ciencia. Todos estos intelectuales son indispensables en la construcción de un nuevo país, deben participar asesorando, criticando y proponiendo en todos los proyectos de transformación y reconstrucción, dentro de un gran movimiento social-cultural transformador por un mejor país. La izquierda decolonial no institucional y los movimientos populares deben llamar y atraer a todos los y las intelectuales demócratas, progresistas y humanistas colombianos-as que estén dentro y fuera del país, integrándolos-as a este proceso emancipatorio.

La lucha de los intelectuales profesionales, artistas y científicos críticos no puede limitarse a reclamar al Estado bienestar personal y de gremio, o a exigir sus derechos individuales, infraestructura y presupuestos para sus proyectos siendo funcionales al sistema, asumiendo una cómoda “neutralidad” o indiferencia frente a los conflictos sociales; en realidad los y las intelectualeshumanistas, deberían simultáneamente defender y promover la justicia social no como un beneficio para los/las oprimidas, sino, como un acto de dignidad, de ética, de compromiso personal y social; no se necesita ser sociólogo, antropólogo o economista crítico para definir una posición humanista sentipensante; desde cualquier ángulo del conocimiento se puede asumir la emancipación, pero esta nunca se hará desde la academia, el Estado, las ONG o por organizaciones eurocentristas patriarcales, autoritarias y/o raciales, pues la descolonización del saber,el pensar y el hacer, es una opción de ruptura epistémica con la occidentalización de nuestras mentes y saberes, que se asume como estilo de vida, personal y comunitaria. La descolonización del saber es cultural y política, como la transformación humanista-humanitaria de la sociedad es multidisciplinar-transdisciplinar.

En la integración de una filosofía propia o de nuestro pensamiento crítico descolonizado es indispensable la creación de teoría – mejor, de la perspectiva decolonial que nos propone Quijano- desde nuestras cosmovisiones, la sustentación de nuevos paradigmas el reconocimiento y el rescate de las epistemologías y de las historias de las comunidades,  los movimientos y sectores populares, con la visión de los propios actores, desde los y las oprimidas, por lo que es importante laproducción literaria, artística y científica hecha con nuestros valores y sentires, en la que es indispensable el compromiso de los intelectuales humanistas académicos y vernáculos, insertos en un gran movimiento social-cultural transformador.

Gonzalo Salazar, enero 9 de 2019

Juventud y estudiantado

«Ahora hablamos de la juventud como sector transformador y dinamizador de los movimientos sociales. Juventud y estudiantado es el tema.
Les agradezco el interés en la difusión del pensamiento crítico, pues solo a través de este podemos construir alternativas.
Es mi deseo que la misión de cuadernos se consolide e incida en la conciencia de los inconformes que nos leen, en el próximo año»

Por Gonzalo Salazar

La juventud es protagonista en los cambios sociales en todo el mundo, en todos los tiempos, es la edad en que estudiamos, soñamos, jugamos, nos enamoramos, cuestionamos la realidad impuesta y nos atrevemos con la rebeldía, pero también -en las condiciones de pobreza y exclusión en que viven la mayoría de los jóvenes en Latinoamérica- es época en que ellas y ellos tienen que abandonar sus estudios para ingresar al mercado laboral y afrontar situaciones de desempleo, abusos y estigmatización que hacen las clases dominantes y los medios masivos oficiales, además de la aberrante utilización que hacen de este sector social los actores del poder y de la guerra, empezando por los Estados cipayos y violentos, que obligan a prestar el servicio militar, apropiándose de su fuerza y rebeldía, “lavándoles” sus cerebros para enfrentarlos violentamente a su propio pueblo y mantener el desorden establecido, pero también siendo utilizados y reclutados por los narcotraficantes, las mafias ylas insurgencias para sus guerras.

El sector juventud como el de las mujeres, son sectores transversales al resto de sectores populares que no se deben catalogar o manipular como minorías En las guerras del capital contra los pueblos son los-as  jóvenes el sector social más vulnerable, el que pone la mayoría de los muertos, los desaparecidos, los torturados, los desplazados; basta mencionar algunos ejemplos de los últimos 70 años, como la masacre de Tlatelolco en el 68, las guerras de liberación nacional en Centroamérica, las dictaduras en el Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay) en los 70 y 80 del siglo pasado; el genocidio narcoparamilitar, complementado con los “falsos positivos” realizados por las fuerzas armadas del Estado colombiano en los últimos 25 años, y más recientemente la guerra narcoparamilitar en México contra sectores populares, que se sintetiza en la detención, desaparición y asesinato de miles, entre ellos 43 jóvenes estudiantes en Ayotzinapa en 2014.

Hemos visto que la mayor parte de los desempleados en Colombia es menor de 30 años, que más del 30% de los jóvenes de estratos 1, 2 y 3 que inician el bachillerato no lo pueden terminar y que de ellos los pocos que empiezan una carrera universitaria, menos del 50%, la puede terminar; la construcción, el comercio, la industria y la agricultura formales absorben un poco más del 60% de esta nueva mano de obra, el resto sale a la calle al rebusque de cualquier manera (legal e ilegal) incluidas la delincuencia y la mendicidad, para la cual el Estado solo tiene represión, exclusión y estigmatización. La lucha estudiantil por mejor educación no termina, porque son los estudiantes de los sectores populares quienes defienden la universidad pública, ellos quieren ser profesionales, científicos y artistas, quieren aportar su capacidad intelectual y física a la transformación de su país, quieren rescatar la dignidad y el respeto para su pueblo, por esto en cada movilización el Estado retrógrado saca la maquinaria militar criminal (ESMAD) para combatirlos como si fueran delincuentes, en lugar de solucionar los problemas de la educación –que debería ser gratis para todos los colombianos- como su desprivatización, el presupuesto suficiente, la alta calidad, el estímulo y garantía a la investigación científica y, la aplicación de estos conocimientos a las necesidades del pueblo y el país. Este tratamiento por parte del Estado hacia los jóvenes y estudiantes es el que nos devela FrantzFanon[1] cuando nos habla de “la zona del ser y la zona del no ser”, pues en la zona del no ser que es la periferia o el sur global, las personas, las comunidades, los sectores populares, no tienen derechos garantizados, y si los reclaman o ejercen, ponen en peligro sus vidas, su seguridad económica-social y su libertad, mientras que en el norte o zona del ser, las personas, así sean trabajadores o contradictores del régimen, no sufren estas políticas o por lo menos no en la misma proporción. En la educación y la economía es donde se plasman perfectamente la dependencia y el colonialismo; por esto es imprescindible desoccidentalizar y eliminar la colonialidad de la educación, para que nuestros jóvenes y nuestro pueblo, puedan recuperar su dignidad y autonomía para pensar con mente propia y construir un mejor país; esa es la principal tarea de los estudiantes y docentes humanistas transformadores

El arte y la cultura se enriquecen con la alegría y la creatividad de los jóvenes, el arte y la cultura en manos de los jóvenes populares es un grave delito para la oligarquía, porque deja en evidencia su criminalidad e indiferencia, por esto el capitalismo colombiano asesina a estudiantes movilizados en todo el país, a grafiteros en Bogotá, mata y desaparece a cantantes y actores callejeros en Medellín, convierte en sicarios, delincuentes y drogadictos a jóvenes y niños en campos y ciudades, juzga y condena a poetas y estudiantes por pensar diferente. Tiene más beneficios ser sicario, atracador o pandillero, que ser joven estudiante, joven artista, trabajador o líder comunitario joven. De igual manera, el capital mediante los grandes medios de desinformación pretende desviar la atención de los y las jóvenes pobres por el arte y el conocimiento, hacia la lúdica vacía de los juegos virtuales que incitan a la violencia, hacia la cultura light egoísta e indiferente ante los problemas de la humanidad(como los artistas drogos “exitosos” que con su “música” incitan a la drogadicción, el racismo, la xenofobia, la violencia y la misoginia) hacia actividades de competencia y desgaste físico, hacia el mantenimiento y adoración narcisista de su belleza física, actividades individualistas de poco aporte intelectual, orientadas hacia un supuesto éxito personal.

El deporte comercializado, promovido por los Medios y el Estado, no es alternativa digna para las y los jóvenes, no representa formación en valores humanistas, no forma integralmente al individuo, por el contrario, lo hace egoísta, prepotente en la competencia desleal, lo aísla de su medio social popular, lo convierte en mercenario, en esclavo y aliado de sus explotadores, en ignorante de la realidad de su país y del mundo; si alcanza algún triunfo, su ambición se infla, pues la fama es el estímulo para ganar más dinero y comprar el placer que nunca le alcanzará ni le satisfacerá plenamente; su paradigma es el mafioso vestido de empresario deportivo al estilo de la élite de la FIFA y los “grandes” campeones –del futbol, el tenis, el automovilismo, etc.; esta forma del deporte deforma también a los hinchas o fanáticos jóvenes, que se convierten en pandilleros y delincuentes por una camiseta o por el nombre de un equipo nacional o extranjero, atentando contra ellos mismos y sus propias comunidades.

Por otro lado, en nuestra historia los y las jóvenes han desempeñado el papel de despertadores críticos de la sociedad, ellos se han acercado a la ciencia, a la cultura, a la realidad, al origen o causas de los problemas, han tenido la capacidad de percibir la utopía, por ella sueñan, se rebelan, y luchan contra los autoritarismos de la familia, la escuela, la sociedad y el Estado. Desde la colonia nuestros jóvenes estudiantes estuvieron al lado de la revolución en contra de la corona española, luchando con las armas y con el conocimiento; de entre ellos y ellas surgieron líderes políticos, artistas críticos y científicos comprometidos con la independencia y la democracia, aunque en esa época solo estudiaban los hijos de los criollos ricos en colegios y universidades católicas (la educación como monopolio de la iglesia retardataria e inquisidora), no los pobres campesinos, indígenas, obreros y artesanos. Con la independencia, y luego la fundación de la Universidad Nacional, se abre la posibilidad que el conocimiento “universal” llegue a ampliar la visión laica liberal del mundo, de enriquecer el arte, la cultura y la ciencia; así fuera copiando esquemas, nuestro país se asoma a la Modernidad y nuestros estudiantes atrapan de las diversas corrientes de pensamiento occidental, nuevos elementos científicos, filosóficos y políticos para conocer e intentar transformar la realidad, empezando por cuestionar la pedagogía confesional y la academia, llegando a identificar en el Estado la responsabilidad de los problemas económicos y sociales.

El movimiento estudiantil popular, además del sindical, ha sido el más activo en los últimos 70 años, el que ha nutrido a las organizaciones políticas de izquierda, el que ha acompañado las luchas de los demás sectores populares, el que ha cuestionado el sistema educativo colombiano, el que reúne a la juventud con su inconformidad, como un actor dinamizador de las iniciativas políticas para un mejor país. En la época de Rojas Pinilla, como en el nueve de abril de 1948, el estudiantado salió a las calles del país a reclamar democracia, mejor calidad y garantías para la educación, aportando su cuota de sangre en cada movilización, junto a ellos marcharon profesores e intelectuales demócratas; son los y las estudiantes, la juventud, desde la revolución cubana, quienes que se han movilizado, en los 60 contra la explotación, la opresión y los poderes establecidos, sintonizados con ese gran movimiento mundial contra la guerra, el patriarcado y el capitalismo, que tuvo su máxima expresión en mayo del 68. Sin embargo la oligarquía y los medios oficiales estigmatizan y persiguen a los estudiantes de instituciones públicas; para ellos el  estudiante de los sectores populares es sinónimo de vándalo, vago y terrorista, llevando a enfrentar estudiantes de la educación privada contra los de la pública, dividiendo el movimiento estudiantil.

Como Neocolonia nuestro país obedece las órdenes que desde Washington se imparten para todo el mundo, entre estas, los modelos educativos, los pensumes, currículos y programas a desarrollar en las universidades, que garantizan el dominio intelectual colonial del conocimiento desde la metrópoli; por esto los estudiantes de secundaria y universitarios marchan por su formación científica, por democracia y autonomía en sus universidades; jóvenes y estudiantes son hoy los-as que más se interesan por la construcción de un mejor país, por esto los-as vemos en movimientos populares como la Marcha Patriótica, en el Congreso de los Pueblos, en las movilizaciones campesinas e indígenas y en las cientos de organizaciones y movimientos políticos y sociales, locales y regionales populares no institucionalizadas que actúan dentro y fuera de la izquierda tradicional.

Los estudiantes han construido sus propias organizaciones a nivel local, departamental y nacional, en colegios y universidades: comités estudiantiles, asociaciones, federaciones y organizaciones de representación como la FEU, FER Sin Permiso, la Federación de Estudiantes Universitarios, la REO y comisiones de negociación con el Estado como la MANE, mediante la cual se busca una nueva educación, una nueva universidad, de alta calidad en la formación profesional, democrática, humanista, científica y costeada por el Estado para todos los colombianos. Al movimiento estudiantil como sector activo crítico, las corrientes revolucionarias lo han permeado, lo han influenciado políticamente, aportándole tanto como la academia, a su visión del mundo y de país, de hecho es en las universidades donde se genera el debate teórico y político sobre la situación económica y social del país, promovido por los estudiantes.

Aunque es un sector transitorio en el tiempo, los y las jóvenes estudiantes, son parte fundamental en el proceso de transformación social de nuestro país, junto a los demás jóvenes trabajadores, artistas y desempleados, deben integrar el gran movimiento popular transformador que   requiere nuestro país. Se requiere impulsar, apoyar y defender la organización de la juventud en actividades culturales creativas, recreativas y políticas con sentido crítico, con alternativas y propuestas de una sociedad más justa y feliz

Gonzalo Salazar, diciembre 28 de 2018

[1]FanonFrantz. Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica. México 1963

Las mujeres y el patriarcado

Por Gonzalo Salazar

Una de las dificultades, de las fallas del pensamiento feminista es creer que el problema de la violencia de género es un problema de los hombres y las mujeres. Y en algunos casos, hasta de un hombre y una mujer. Y yo creo que es un síntoma de la historia, de las vicisitudes por la que pasa la sociedad. Y ahí pongo el tema de la precariedad de la vida. La vida se ha vuelto inmensamente precaria, y el hombre, que por su mandato de masculinidad, tiene la obligación de ser fuerte, de ser el potente, no puede más y tiene muchas dificultades para poder serlo.Rita Segato.[1]

 

La división sexual del trabajo, las religiones monoteístas misóginas, el sometimiento de las mujeres por los hombres,las familias, las sociedadesy las culturas patriarcales, han moldeado históricamentelos cuerpos y el espíritu de las mujeres, han reducido sus vidas al cumplimiento de los roles de madres y esposas sumisas obedientes, cuidadoras de las familias y de los hombres, considerándolas débiles, pequeñas y poco inteligentes; mientras definían a los hombres como fuertes, inteligentes y autónomos; pero el capitalismo convirtió a la mayoría de ellas –las pobres- además de instrumentos de reproducción y de placer, en fuerza de trabajo industrial de segunda categoría, en maniquís y en consumidoras, multiplicando su discriminación, su opresión y explotación.

Sin embargo, a nivel internacional las mujeres, especialmente las trabajadoras de las periferias, tanto las asalariadas como las del hogar, sin perder su feminidad y ternura, siempre han buscado su emancipación como verdaderas Sujetas autónomas, mostrando sus cualidades intelectuales, sus capacidades creativas, físicas y afectivas, no solo su independencia económica y la libertad sexual, que corresponden al concepto de “liberación femenina” en el capitalismo.

Produce cultura en el sentido humano, marxista, porque produce valores de uso en el trabajo doméstico aunque sea bajo explotación patriarcal. Existen muchos indicios que sugieren que los principales avances en la cultura de la antropogenia fueron obra de la mujer, desde la domesticación del fuego hasta el conocimiento de las plantas, raíces, pequeños animales, así como la primera cestería, textiles y cerámica; o en todo caso tales avances se realizaron en sociedades matrilineales, sin dominación patriarcal.

Produce placer en el sentido pleno del término, no en el pobre sentido del placer patriarcal centrado en su sexualidad masculina, falocéntrico. Al margen de las sucesivas formas históricas de familia, los cuidados maternales con su afectividad en la primera crianza hasta las relaciones interpersonales durante la vida, este proceso es básico para garantizar un mínimo de felicidad y de placer. [2]

El Estado capitalista masificó el trabajo de las mujeres en la producción en los últimos 70 años, amplió los programas de atención en las guarderías y jardines infantiles, -utilizándolas a ellas como únicas cuidadoras- reglamentó el control prenatal y posparto  para asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo; las reconoció como sujetos de derechos, obligado por las luchas de ellas como trabajadoras, como madres, como mujeres, como sujetas políticas; les ha abierto las puertas a la “participación” política dentro de sus instituciones, reconociéndoles algunos derechos liberales (al voto, a la educación, a la independencia económica, a conservar sus propios apellidos), pero el mercado las mantiene esclavas del consumismo con el sexismo, la cosmetología y la moda, utilizando la tradición machista patriarcal de la sociedad de mercado, que sigue considerando a la mujer como un delicado y exquisito maniquí que no puede envejecer ni engordar pero que la obliga a competir con los hombres bajo la falacia de la “liberación” femenina, en la supuesta independencia económica e igualdad frente a los hombres.

En esta competencia el capitalismo excluye, oprime y explota por igual a hombres y mujeres, las obliga a ejercer las mismas funciones, les brinda las mismas “oportunidades” de prepararse laboralmente, las involucra en las mismas actividades de violencia, egoísmo y corrupción de quienes mantienen el poder político y económico, les hace creer que si participan en la política burguesa van a obtener y defender sus derechos de género. Esta situación afecta directamente a las mujeres de los sectores populares, sobre todo a las más pobres, a las obreras, a las campesinas, a las amas de casa, a las del rebusque en el reciclaje o en la venta callejera que no tienen seguridad social, ni la formación académica que exige el mercado y la política del Estado para ejercer esos derechos.

En realidad, el capitalismo además de ser incluyente, es igualitarista, pretende que varones y mujeres sean iguales como consumidores, como mercancía laboral, cuando lo que hay que incluir es el respeto por las diferencias, por la diversidad en las formas de ser, de expresarse, de pensar y sentir de cada uno de los individuos femeninas y masculinos y de las comunidades en la sociedad (independiente de su color, de sus gustos sexuales, de sus creencias y/o de sus culturas) en una sociedad equitativa. El hecho de que haya supuestas representantes de las mujeres en la administración del estado y en la dirección de las empresas privadas -la mayoría provenientes de las clases alta y media- no indica que todas las mujeres se hayan empoderado de su dignidad y capacitado académicamente para ejercer esos cargos; pues muchas veces las mujeres de origen proletario  acceden a cargos directivos con mucho esfuerzo, enfrentando el chantaje sexual, la exclusión de género, étnica y económica ejercida por empresarios y políticos corruptos, sin poder cambiar sus entornos autoritarios machistas patriarcales. Sin embargo, siguen siendo pocas las que se nombran por sus cualidades científicas, intelectuales y artísticas, aunque en estas categorías sobresalen en los medios masivos de desinformación, mayoritariamente las de clase media y alta –blancas, occidentales de los países centrales- porque tienen más oportunidades económicas y sociales como clases y/o razas superiores en los ámbitos de la colonialidad; por otro lado,  muchas mujeres de clases altas y medias que cuentan con recursos para pagar a otras mujeres por los trabajos que en su rol de género les tocaría realizar en esta sociedad patriarcal (el mantenimiento, arreglo de la casa, la crianza de sus hijos) se creen más “libres”, porque tienen trabajos mejor remunerados, pero no tienen en cuenta la explotación y abusos que ejercen sobre las mujeres que les sirven.

En Europa y en el resto del mundo existieron y viven mujeres luchadoras por la justicia social, la libertad y la dignidad, recordando la incineración provocada de 130 trabajadoras en una fábricade Nueva York en 1908, activistas políticas como Flora Tristán, Rosa Luxemburgo Clara Zekin;las Hermanas Mirabal –asesinadas por la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en República dominicana en 1960- y muchas otras, comprometidas en la defensa de la diversidad cultural y ecológica como la indígenaBerta Cáceres y la sobreviviente india Vandana Shiva.

A las mujeres en emancipación se les reconoce en la lucha por sus derechos sexuales y reproductivos, simultáneamente por la defensa de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de sus comunidades y pueblos, vinculadas a la defensa de los derechos humanos, laborales y políticos, especialmente en la periferia (sur y oriente) dentro y fuera de la institucionalidad capitalista.Internacionalmente, desde mediados del s. XX las mujeres de clases altas y medias visibilizan sus capacidades políticas y administrativas en el Estado y en el sector privado, desde Europa con la Tacher inglesa en los 80, a la canciller alemana Angela Merkel, con los compromisos de clase de la que han sido y representado, han ejercido y dirigido el neoliberalismo contra hombres y mujeres de sus propios países y contra los pueblos de su periferia colonial, donde la pobreza tiene nombre de mujer; pasando a la periferia con la presidenta de la India Indira Gandhi (1917-1984), con la filipina Corazón Aquino, la pakistaní BenazirBhuto y a otras anteriores, que solo obedecieron a los mandatos del imperialismo, conservando las estructuras económicas y sociales de sus países, donde el autoritarismo, el machismo patriarcal y la religión misógina son la base cultural y política de esas sociedades, en las que las mujeres pobres o de “castas inferiores” tienen poco valor y menos derechos; sin olvidar a la sionista israelí GoldaMeir, que durante su mandato continuó reprimiendo y masacrando al pueblo palestino, donde la mayoría de las víctimas fueron y siguen siendo las mujeres,  niñas y niños.

En Latinoamérica, en el siglo pasado, también ha habido mujeres en los gobiernos de algunos países, desde la Violeta Chamorro de Nicaragua, la panameña Mireya Moscoso, ejerciendo con la misma obediencia los dictados del imperio norteamericano contra sus pueblos y contra las mujeres, a veces sin quererlo. En el presente siglo las corrientes de izquierda y progresista latinoamericanas han llevado mujeres a la dirección de varios gobiernos en países y ciudades: Cristina Fernández, Dilma Rousef  y la chilena Michelle Bachelet, ellas muy inteligentes, valientes, tratan de mejorar no solo las situaciones económicas de sus países, sino también las condiciones sociales y económicas de sus mujeres, algo digno de reconocerse, pero no pueden cambiar sustancialmente las estructuras socioeconómicas de sus países, fundadas en el autoritarismo, el patriarcado y la dependencia; porque obedecen a intereses económicos (transnacionales, BM, FMI, BID, OMC), políticos e ideológicos de clase, religiosos y de partidos que conservan toda la estructura cultural-colonial occidental, de las que es parte la concepción patriarcal de las mujeres, pues además,  generalmente las élites dirigentes de derecha e izquierda en su gran mayoría están integradas por hombres defensores del patriarcado. Estas corrientes, sobre todo en los casos más “radicales”, los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, son tan machistas como sus pares de la derecha, (incluso algunos misóginos que creen mandar sobre los cuerpos y las mentes de las mujeres), así incluyan mujeres en sus gabinetes, pues la derecha también lo hace en muchos países del mundo como en Colombia.

Sin embargo, las mujeres siguen siendo violadas, abusadas, acosadas sexual y laboralmente, generalmente las de estratos bajos; las religiones misóginas confesionales las sigue sometiendo con el chantaje moralista, frente al aborto, el matrimonio y la familia nuclear patriarcal; las pobres siguen siendo más pobres, explotadas, desplazadas y tomadas como botín de guerra de todos los bandos; siguen siendo en muchos casos, las que sostienen el hogar, combinando el trabajo de la casa con el de obreras, empleadas, campesinas jornaleras, en el rebusque, trabajando más que los hombres ganando menos que ellos, o sin ganar si trabajan en sus hogares como cuidadoras; son las que paren hijos para la guerra fratricida que mata a lo mejor de nuestro pueblo. Siguen siendo las que luchan contra la violencia, la opresión, la discriminación y el patriarcado, muchas veces adelantándose a los hombres, como lo hicieron la cacica Gaitana, Manuela Beltrán, Manuela Sáenz, Polonia Palanquero, Catalina Mulata, Nicolaza Jurado, María Zabala por la independencia del imperio español; Betsabe Espinosa, Julia Guzmán, Felicita Campos, Josefa Blanco, Petrona Yances, obreras y campesinas luchadoras junto a los hombres contra los terratenientes y las multinacionales (Bananeras) y empresas industriales y la represión del Estado. Débora Arango (artista plástica), María Cano (dirigente política) y muchas que lo hacen desde el arte, la literatura, el deporte, la lucha gremial  y política, actividades que realizan tanto y hasta mejor que los hombres, sin olvidar los cientos de miles de indígenas, negras y mestizas anónimas que continúan luchando desde sus territorios por tierra, autonomía, cultura y dignidad, contra la sociedad autoritaria y el Estado patriarcal.

Las mujeres solo valen para el capitalismo como mercancía, como fuerza de trabajo, como instrumento de placer, como consumistas y consumibles, porque con sus cuerpos -cubiertos o desnudos- a través de los medios masivos de propaganda, los concursos de belleza, explotando su sensualidad  y sexualidad, (pornografía y prostitución que los capitalistas le dan el status de empleo o profesión) venden todo tipo de productos, hasta su propia imagen de mujer “liberada”. En esta sociedad machista, la formación temprana de los individuos la ejerce la familia, y la responsabilidad recae, tradicionalmente en las clases pobres, en la mujer, que en la inmensa mayoría de los casos resulta ser tan machista como los varones en la crianza de sus hijos, -reproduciendo el mismo modelo patriarcal de familia y de sociedad que ésta le ha impuesto- pues ella ha sido educada por la familia y la escuela para desempeñar su rol de esposa-madre como única forma de ser mujer, para obedecer, cuidar y complacer a sus primeros amos que son su padre y sus hermanos, luego a su marido, sus hijos, a su patrón, a su jefe y al mercado.

Las telenovelas, las revistas de farándula  y de modas (impresas y virtuales), la propaganda,  incitan a su audiencia  masculina y femenina a preocuparse por su apariencia física, por la moda, las joyas, por la vida de lujos y derroche de las celebridades de occidente, por príncipes, princesas, deportistas y actoresexitosos, por los magnates que viven en sus mansiones y yates disfrutando los placeres que les procuran el poder y el dinero, escenarios en que las mujeres son objetos decorativos y de consumo; estos paradigmas de “bienestar y felicidad” están dirigidos especialmente hacia las mujeres de todas las clases sociales, donde las claves para ser exitosas son el matrimonio, la fidelidad y el consumismo.

Las mujeres son la mitad de la humanidad, de la vida, tan valiosas, valerosas y capaces como sus pares masculinos; ellas están en lucha contra el autoritarismo, el machismo y el patriarcado en las familias, en las comunidades, en las organizaciones políticas, en las empresas públicas y privadas, en la sociedad, en la educación; ellas están recuperando la propiedad de sus cuerpos que es su primer territorio. En los 60 del siglo pasado el gran movimiento mundial de la juventud, tuvo entre sus protagonistas a las mujeres, en la lucha por la liberación sexual, la planificación familiar el aborto voluntario, contra el matrimonio -que los maltusianos han utilizado para controlar el crecimiento de la población-.

El feminismo como movimiento mediático “radical”–igual que el machismo- ha sido promovido y manipulado por sectores económicos y políticos –a través de  la ONU, ONG, personajes de la farandula y algunos/as intelectuales- de gran poder global,dirigiéndolo especialmente hacia las mujeres de las clases medias urbanas, para profundizar la división y el enfrentamiento de la sociedad y la familia sin permitir la identificación del Estado y el sistema capitalista comomantenedores y beneficiarios de este proceso, pues la cultura violenta difundida por los medios masivos de desinformación y la enseñanza de las historias –nacional o “universal”- tergiversadas y fabricadas por sus eruditos, (cuando no son negadas u ocultadas) cimentadas en la violencia como factor determinante en el desarrollo de la civilización, conducen a la atomización de la sociedad, al escepticismo, al nihilismo frente al maltrato, el abuso, la estigmatización y la exclusión de personas y sectores sociales como son los casos de las mujeres, los indígenas, los negros, los/las homosexuales y las llamadas minorías; sobre ese esquema es que se imponen infinidad de categorías sexuales, modas, tendencias y adicciones que desvían la atención de las personas y comunidades -sobre sus propias identidades o necesidades- hacia objetivos consumistas, fascistas, egoístas.

En el mercado todas las mercancías se venden con la envoltura del sexo, que es otra mercancía, aunque para ello utiliza tanto hombre como mujeres, sin embargo, son ellas el principal instrumento audiovisual que induce la sensación de placer y felicidad en los consumidores cuanto más explícita sea su presentación en la propaganda o en los medios

El feminismo restaurador de los derechos y valores femeninos, de mutuo respetoentre hombres y mujeres, es emancipador, lo deben ejercer con convicción los varones y mujeres demócratas, socialistas, comunistas, anarquistas, humanistas, que realmente quieran transformar al mundo, contribuyendo a la liberación de las mujeres y los hombres; igualmente, un futuro Estado en transición, en una nueva sociedad justa y solidaria, deben procurar las políticas educativas formativas, los medios jurídicos e institucionales para el pleno ejercicio de la equidad de género y la participación de las mujeres en todas las actividades económicas, políticas, sociales y culturales como ejercicio del respeto y por los derechos de las mujeres.

La época de los 60 y 70  fue escenario de  múltiples luchas, la de liberación femenina por los derechos de las mujeres, fue  la más importante y de mayor contenido antisistémico, movimiento que conmovió a toda la humanidad, avanzando de una concepción medieval del papel de la mujer sin derechos ni valor, a la modernidad, al  reconocimiento por la sociedad y auto-reconocimiento por las mismas mujeres de sus dignidades, sus derechos y capacidades: derechos a disponer de sus cuerpos, a la igualdad con los hombres en todas las actividades políticas, sociales y culturales. Este movimiento también inicia la lucha por la liberación de los hombres del machismo y el patriarcado que les resta sensibilidad, sensualidad, afectividad, felicidad y humanidad, por los derechos civiles y por la liberación nacional de varios pueblos de Asia, África y América Latina y El Caribe.

En una sociedad democrática, justa, equitativa, solidaria, sería absurdo un movimiento feminista, pero hoy, en el capitalismo, es tan importante, revolucionario y necesario en la construcción y conducción de un mejor país, como cada uno de los movimientos y sectores populares comprometidos en este proceso que requiere superar la dominación, el patriarcado y el autoritarismo en las relaciones humanas, es prioritario frente a las transformaciones meramente económicas. La democracia no es solo el ejercicio de la autonomía individual y colectiva,  de definir y participar sobre y en la economía o la política, en que las mujeres lo hagan en número igual con los hombres en todas las actividades económicas y sociales, en los cargos políticos, jurídicos y administrativos; la democracia, el respeto y la igualdad deben empezar en la cama, en la casa, en las relaciones de pareja, en la familia, en la comunidad local, en la escuela, en los sitios de trabajo, en las organizaciones políticas y sociales, pues en una democracia verdadera no debe haber espacios vedados para la justicia y el respeto, cuando se trata de maltrato oviolencia –verbal, física y/o sicológica- originada en la dependencia o en la dominación de un sexo o de un género sobre otro, en este caso sobre las mujeres, sea en el hogar o en cualquier sitio público o privado;  este comportamiento debe ser tratado como un problema social por la comunidad y las autoridades, no solo con la represión, sino, con educación, garantía de igualdad en derechos, independiente de su sexo o gustos sexuales y respeto a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas como seres humanos iguales.

Las mujeres de los sectores populares son los nuevos sujetos o sujetas, que solo unidas en la lucha política como sector social y de clase con los varones, en igualdad de condiciones políticas, económicas, sociales, culturales, libres y dueñas de sus pensamientos, de sus cuerpos, de su sexo, podremos alcanzar la justicia, la libertad y la felicidad en nuestro país y en el mundo. Aunque existen gran número de organizaciones femeninas y feministas, (ecofeminista, de economía solidaria, de asistencia social, culturales, defensoras de derechos humanos) algunas con identidad política de izquierda, no se visibiliza un fuerte movimiento feminista integrado por hombres y mujeres, que plantee cambios, y políticas de equidad de género y social, integrado por víctimas del modelo económico, del conflicto armado, del machismo y del patriarcado; siguen siendo algunas mujeres feministas de clase media, aisladas, luchando contra los hombres, las que predominan en el discurso mediático, que lo hacen sin cuestionar a fondo los modelos de familia, sociedad y cultura. Sin embargo, en las organizaciones políticas y sociales populares ellas siempre están presentes, solidarizándose, movilizándose, orientando, proponiendo, aunque el autoritarismo, el machismo y la concepción patriarcal en la izquierda en muchos casos predominante, impide la emancipación efectiva de hombres y mujeres; pues la mayoría de los hombres de izquierda y revolucionarios no se excluyen del comportamiento machista autoritario contra las mujeres, como el abuso, el acoso, el chantaje sexuales y el sometimiento político e ideológico de las mujeres a las supuestas capacidades “superiores” de los varones en los hogares, en el trabajo, en las organizaciones políticas y sociales.

La izquierda colombiana, integrada en su mayoría por hombres masculinos, como parte de la cultura occidental, es patriarcal y autoritaria, pues su base teórica e ideológica procede en gran parte de los pensadores -también masculinos- europeos críticos del capitalismo, el contexto de su formación es el sistema capitalista, y su praxis se realiza en territorio colonial con una sociedad inequitativa, una oligarquía cipaya dependiente y por lo tanto autoritaria, sexista y represiva que impone a través de sus instituciones su poder y su visión colonial. El patriarcado y el racismo son esenciales en los patrones de dominación colonialistas y confluyen en la opresión, especialmente sobre las mujeres, pues en conflictos como el nuestro, ellas como eje principal de la familia, son las que sufren las peores consecuencias de la violencia contra las comunidades, pues además de la masacre de sus hombres –padres, hijos, compañeros, vecinos y hermanos- del desplazamiento y el despojoson tomados sus cuerpos como  botín sexual de guerra por los agresores de todos los bandos y ninguneada por el Estado.

El problema de la mujer no fue abordado a profundidad por Marx ni por el marxismo clásico que estudió su relación con el trabajo productivo industrial, o sea, desde la economía, no desde la antropología, ni con el conocimiento de las culturas y de las historiasde la periferia neocolonial, pero sí desde la perspectiva masculina patriarcal eurocentrista. Aunque no es propósito de este trabajo desarrollar la critica a Marx y el marxismo, es importante conocer las opiniones de las propias mujeres sobre los conceptos que desde la teoría los grandes dirigentes e intelectuales han elaborado en torno a los roles que las mujeres han desempeñado en la historia, en la familia, en el trabajo y en la sociedad;

Al celebrar la industria moderna por liberar a las mujeres de las cadenas tanto del trabajo doméstico como del régimen patriarcal y por hacer posible su participación en la producción social, Marx supuso que:

  1. a) las mujeres nunca antes se habían involucrado en la producción social, es decir, el trabajo reproductivo no debería considerarse una labor socialmente necesaria;
  2. b) lo que ha limitado en el pasado su participación en el trabajo ha sido la falta de fuerza física;
  3. c) el salto tecnológico es esencial para la igualdad de género;
  4. d) lo que es más importante, en anticipación de lo que los marxistas repetirían por generaciones: el trabajo fabril es la forma paradigmática de producción social, en consecuencia, la fábrica, no la comunidad, es el sitio de la lucha anticapitalista. Federici 2017[3]

Esta es una opinión que se ha venido generalizando dentro del pensamiento crítico, que reivindica el papel de la mujer en la sociedad y al que contribuyen los movimientos feministas,ecofeministas y humanistas, por lo que es indispensable para los/las investigadoras, intelectuales,demócratas y críticos colombianos, profundizar en el estudio del colonialismo, el racismo y el patriarcado, como inherentes a las sociedades de clase, al capitalismo y a la cultura Occidental eurocéntrica, para plantearse la participación igualitaria y decisoria de las mujeres y los hombres, independiente de sus gustos sexuales, en un proceso de liberación y transformación de nuestra realidad económica, social y cultural, en la que es indispensable una masculinidad sensible, solidaria y afectiva con las mujeres, la familia, la sociedad y la naturaleza.

Como lo señala Salleh, todo en Marx establece que lo que es creado por el hombre y la tecnología tiene un mayor valor: la historia comienza con el primer acto de producción, los seres humanos se realizan a sí mismos a través de su trabajo. Una medida de la realización de sí es su capacidad de dominar la naturaleza y adaptarla a las necesidades humanas. Y todas las actividades transformativas positivas se conciben en masculino: el trabajo se describe como el padre, la naturaleza como la madre, la tierra también se concibe como femenina.

Las ecofeministas han demostrado que existe una profunda conexión entre el desdén de los quehaceres domésticos, la devaluación de la naturaleza y la idealización de lo que la industria humana y la tecnología producen. (Federici 2017)

Solo se puede acabar con el sometimiento de las mujeres, el machismo y el patriarcado cambiando los modelos de sociedad y de familia vigentes en los últimos 10.000 años, implica cambiar la mentalidad colonial eurocéntrica y los comportamientos egoístas autoritarios violentos y excluyentes de las personas y grupos humanos; implica reconocer su propia identidad en relación con el otro, la otra o lo-as otro-as, en un plano de igualdad social, de consideración y respeto. Para los movimientos populares transformadores representa asumir una posición política e ideológica humanista, antipatriarcal, anticapitalista, antisistémica, en un proceso decolonial-emancipador.

Diciembre 19 de 2018

[1]Violencia estructural & Violencia de género. Entrevista a Rita Segato por Florencia Vizzi y Alejandra Ojeda Garnero. Rebelion.org 26-09-2017

[2]Debates sobre comunismo Iñaki Gil de San Vicente www.rebelion.org03-06-2017

[3]Debates & Diálogos, Feminismo y marxismo Silvia Federici Viento Sur http://www.rebelión.org 30-09-2017