Archivo de la categoría: Actualidad

“La paz en Colombia después del plebiscito”

Bajo la sombra del “no”: la paz en Colombia después del plebiscito

El plebiscito de octubre de 2016 no produjo un “no” contundente, pero sí sacó a relucir el clima de desconfianza en el que Colombia tendrá que implementar un nuevo acuerdo de paz que cuenta con respaldo legislativo y judicial, pero no del todo popular. Para contrarrestar este contexto hostil, Colombia tendrá que tomar medidas rápidas, visibles y efectivas, incluyendo iniciar el sistema de justicia transicional, proteger a líderes comunitarios vulnerables y visibilizar la dejación de armas.


Resumen ejecutivo

La derrota, por un margen ínfimo, del plebiscito que buscaba la ratificación del acuerdo de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en octubre de 2016 tomó por sorpresa a la sociedad, a gran parte de la clase política y a los partidarios internacionales del acuerdo. La suspensión del acuerdo ya firmado, mientras los combatientes iniciaban el proceso de concentración en lugares asignados a lo largo y ancho del territorio, oscureció las perspectivas de terminación de 52 años de conflicto armado interno. Un nuevo acuerdo, que incorporó numerosos cambios exigidos por la oposición, fue presentado en menos de dos meses, pero la ilusión de un consenso tuvo corta vida. La oposición, indignada por no haber podido revisar el nuevo texto y envalentonada por la exclusión de algunas de sus propuestas claves, aunque muchos de sus cambios fueron incluidos, condenó el nuevo acuerdo y su posterior ratificación en el Congreso.

La paz con las guerrillas será de nuevo punto de polarización entre los partidos políticos y los candidatos a las elecciones presidenciales y legislativas del 2018. Es necesario un inicio ágil y efectivo del proceso de implementación del acuerdo para revertir la resistencia política y controlar la ansiedad pública.

Una victoria de los opositores al proceso de paz en las elecciones impondría grandes retos a la sostenibilidad del acuerdo. La concentración de los combatientes de las FARC, a pesar de ser problemática y de contar ya con retrasos, está en camino, y el término de seis meses para la dejación de armas ya inició. No obstante, brechas en recursos, retrasos administrativos y los equilibrios de poder en miras a las elecciones del 2018 amenazan con restringir la implementación de las medidas transicionales y las reformas estructurales encaminadas a resarcir las causas estructurales del conflicto. La oposición podría ahogar financieramente a instituciones, programas o políticas propias del acuerdo de paz si llega al poder. Los acuerdos en materia de justicia transicional, las medidas sobre reforma rural, acceso a la tierra e iniciativas comunitarias para la erradicación de cultivos de coca podrían quedar en la cuerda floja.

Defender el acuerdo será parte integral de la batalla política que se avecina. Persuadir a un público urbano y desconfiado de sus méritos dependerá, en el corto plazo, de lo que pase con los acantonamientos de las FARC. Durante el próximo año, una implementación exitosa será la mejor manera de reforzar el apoyo popular y político, así como de incrementar el costo para la oposición de revertir el proceso de paz. Transparencia en la dejación de armas, arrepentimiento total por los crímenes del pasado, progresivos avances en acciones humanitarias tales como el desminado, mayores resultados en la búsqueda de víctimas por desaparición forzada y la eventual cooperación con la Jurisdicción Especial para la Paz podrán resaltar el compromiso de los insurgentes con la paz y evidenciar, a la vez, los peligros de incumplir el acuerdo.

La violencia en el campo también afectará el apoyo al acuerdo en el corto plazo. Tanto los jefes de las FARC como la tropa temen la traición del Estado y algunos pueden buscar no arriesgar todos sus intereses frente a la oposición manifiesta de las fuerzas políticas más importantes del país. La promesa de diálogos de paz con la segunda insurgencia más importante del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), no se ha concretado todavía, y varios grupos armados parecen estar detrás de docenas de muertes de líderes sociales, lo que constituye una nueva ola de terror en comunidades rurales apartadas. Solo un compromiso decidido del Estado para prevenir guerras por el control de economías ilícitas y para proteger a civiles y excombatientes podrá darle a la paz un efecto tangible en el ámbito local.

La comunidad internacional deberá continuar con su apoyo político, usando a sus delegados y enviados especiales para mantener el diálogo entre las diferentes partes, y ejercer una discreta presión en los líderes de oposición cuando sea necesario, de manera que aspectos esenciales del acuerdo puedan ser preservados sin peligro. Adicionalmente, debería abstenerse de pedir el reinicio de la fumigación aérea de cultivos ilícitos y dar una oportunidad para que el acuerdo sobre la sustitución tenga efectos. Deberá también hacer uso de su asistencia financiera para establecer mecanismos ágiles para la movilización de recursos que garanticen la implementación efectiva en el terreno, ayudando a resolver y aprendiendo de los problemas en la medida en que estos se presenten.

Recomendaciones

Para construir el apoyo político para una implementación sostenible del nuevo acuerdo de paz

Al Gobierno de Colombia:

  1. Fortalecer la pedagogía del acuerdo de paz en áreas rurales y urbanas, y ofrecer una pronta protección a los líderes sociales amenazados hasta que el acuerdo sobre garantías de seguridad pueda ser implementado.
  2. Establecer y financiar las nuevas instituciones y comisiones encargadas de las tareas claves para una rápida implementación del acuerdo de paz, así como fortalecer y motivar a las instituciones nuevas y existentes para que generen prontos dividendos de paz para las víctimas y las comunidades afectadas por el conflicto.

Al Gobierno de Colombia y a las FARC:

  1. Continuar con la programación establecida para la dejación de armas, a pesar de los atrasos en la llegada de las FARC a las zonas de concentración, y adoptar una estrategia proactiva de comunicaciones que incluya el levantamiento de evidencia sobre el proceso de dejación de armas por parte de las FARC y su proceso de reinserción, como otros aspectos del desarrollo de la implementación de los acuerdos.
  2. Mantener a las víctimas en el centro del proceso de implementación, acrecentar la cooperación en la búsqueda de víctimas de desaparición forzada, liberar a todos los niños menores de quince años de las filas de las FARC y continuar con las muestras públicas de arrepentimiento por los crímenes más notorios cometidos durante la confrontación.
  3. Explorar espacios de diálogo con la oposición sobre el proceso de implementación.
  4. Priorizar el robustecimiento de la seguridad de líderes locales en el corto plazo a través de medidas preventivas, entrenamiento y fortalecimiento de esquemas de seguridad, a la vez que crear instituciones para la protección de miembros de las FARC.
  5. Incluir de manera más directa a las autoridades locales y regionales en el proceso de dejación de armas y en la planeación de otros aspectos de la implementación del acuerdo.

A la oposición:

  1. Reiniciar los diálogos con el Gobierno alrededor del proceso de implementación y aumentar la frecuencia, contundencia y nivel de las denuncias sobre hechos de violencia ejercidos contra líderes sociales.

A la comunidad internacional:

  1. Continuar con el apoyo al proceso de paz mediante la presencia de delegados y enviados especiales durante la implementación, el apoyo a la seguridad ciudadana y el sostenimiento de los recursos financieros necesarios para garantizar la permanencia de actores internacionales con cargos importantes en el posconflicto tales como los altos comisionados de las Naciones Unidas para Derechos Humanos y Refugiados, entre otros.
  2. Insistirle al Gobierno y a las FARC en que mantengan sus compromisos bajo los tiempos acordados y que involucren a los actores locales de manera más contundente.
  3. Continuar con los diálogos con la oposición insistiendo en el apoyo a aspectos críticos del proceso tales como desarrollo rural, participación política, justicia transicional y acciones humanitarias.
  4. Denunciar con mayor frecuencia y públicamente el asesinato de líderes sociales, exigiendo avances en la justicia así como en la protección que se requiere para que estos hechos no se sigan presentando.
  5. Apoyar nuevos acuerdos para inversiones en desarrollo alternativo como forma de contrarrestar la producción de drogas ilícitas antes de insistir en más erradicación directa.

A la Misión de Naciones Unidas:

  1. Terminar pronto con el despliegue del personal de la misión que recibirá a los combatientes de las FARC en las zonas de ubicación y dejación de armas.
  2. Adoptar una estrategia de comunicaciones proactiva, publicando actualizaciones regulares sobre la concentración de las FARC y la dejación de armas, con el uso de diversas herramientas, más allá de los informes oficiales.
  3. Insistirle al Gobierno y a las FARC en que deben ceñirse a los tiempos acordados en el acuerdo de paz para la dejación de armas, a pesar de los retrasos pasados y posiblemente futuros.

Bogotá/Bruselas, 31 de enero de 2017

I.Introducción

Cuando los colombianos votaron en octubre del 2016 el plebiscito para ratificar el acuerdo de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el 37 por ciento de electores decidió que el voto del “no” aventajara al del “sí” por menos de medio punto porcentual . Esto llevó a un intenso proceso de diálogos políticos al más alto nivel, que dio lugar a un nuevo acuerdo que defienden el gobierno, las FARC y muchos dentro de la sociedad civil. Por su lado la oposición, desalentada con el gobierno a quien acusa de minar la democracia, se unió con el propósito de rechazar el nuevo acuerdo.

El Congreso ratificó el acuerdo y fijó para el 1º de diciembre de 2016 el comienzo del proceso de dejación de armas de la insurgencia, dándose así inicio a la cuenta regresiva para que los 15.ooo combatientes de las FARC se agrupen en 26 zonas de concentración a lo largo del país. La oposición, a pesar del fallo de la Corte Constitucional que validó el proceso de refrendación por parte del Congreso, argumentó que al contar con mayorías tanto en la Cámara como en el Senado, el Presidente Santos desconoció la voz del pueblo expresada en el resultado del plebiscito. Todos los intentos por persuadir a la oposición para que apoye el nuevo acuerdo han fracasado.

El contexto en el que el nuevo acuerdo debe ser implementado está lejos de ser ideal. El gobierno tendrá que batallar, incluso con la asistencia internacional, para lograr financiar todas las actividades previstas. Las nuevas instituciones que el acuerdo exige –algunas de las cuales ya existen─ aún están esqueléticas, sin suficiente personal, y poca capacidad de hacerse cargo de los programas para los cuales fueron diseñadas, como la Agencia de Renovación Territorial; otras agencias oficiales, incluyendo a la Fiscalía General de la Nación, han propuesto políticas contrarias a las estipuladas en el acuerdo . La violencia en contra de líderes sociales se ha incrementado, generando dudas sobre los beneficios del acuerdo de paz y profundizando la polarización entre los que apoyan el acuerdo y los que lo rechazan. El proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda insurgencia más grande de Colombia, está todavía por comenzar.

El apoyo político al nuevo acuerdo es débil y, posiblemente, saldrá a relucir aún más cuando inicien las campañas políticas para las próximas elecciones presidenciales de 2018. La implementación completa del acuerdo no está, por lo tanto, todavía garantizada. A pesar de ello, el gobierno y las FARC tienen una ventana de oportunidad durante los próximos 18 meses para consolidar, a través de la implementación, un apoyo al proceso que incremente los costos políticos de truncarlo a partir de mediados del 2018.

El trabajo para este informe se basó en entrevistas a profundidad con miembros de la oposición, los equipos de negociación de las FARC y del gobierno, miembros del mecanismo tripartito para el monitoreo y verificación del cese al fuego, líderes y políticos a favor del acuerdo de paz, expertos en derecho y política, y miembros de la comunidad internacional cercanos a los diálogos de paz.

II.Logrando un nuevo acuerdo

El camino desde la votación del plebiscito hasta el nuevo acuerdo giró alrededor de varios momentos decisivos. El punto de partida fue el 2 de octubre con la derrota del sí y el subsiguiente y complejo cambio en el balance de poderes. Ni el gobierno ni la oposición podían reclamar una victoria contundente. Las tensiones empeoraron con el inicio de la renegociación de un nuevo texto, terminando con la elaboración de un acuerdo carente de un apoyo político estable y sostenible debido a la falta de respaldo de la oposición y pese al espaldarazo de los partidos políticos proacuerdo, de las múltiples organizaciones de víctimas y de la sociedad civil.

A.¿Cómo explicar los resultados del plebiscito?

El sorprendente resultado tiene origen en la diversidad y distintos niveles de compromiso de las bases de votantes en la oposición y en los movimientos en pro del acuerdo. La combinación de los devotos al ex-presidente Álvaro Uribe, los fieles de las iglesias cristianas que se mostraron en contra del acuerdo por apoyar una supuesta “ideología de género” , y el ala de derecha del dividido Partido Conservador hacen parte de la mayoría que rechazó el acuerdo. A pesar de que su figura es extremadamente divisiva, el apoyo al expresidente Uribe es estable y alto. Sus seguidores fueron más activos en promover sus puntos de vista e incitar a otros a votar que aquellos que estaban a favor del acuerdo. Los seguidores de Uribe están más inclinados a votar que los de otros grupos. El plebiscito era ideal para movilizar esta base comprometida, que odia a las FARC, rechaza su participación en política y teme que Colombia se convierta en una “Venezuela chavista”. Se presume que el “voto religioso”, preocupado por la supuesta “ideología de género”, fue mucho más alto que en elecciones anteriores y, por lo tanto, fundamental para el resultado final. Por último, una porción no conocida del voto del “no” se deriva de la campaña de desinformación dirigida a votantes específicos de acuerdo a la región que habitaban y a su nivel de ingresos .

Las batallas de la alta política también favorecieron a la oposición. El expresidente César Gaviria, líder de la campaña del “sí”, fue incapaz de contrarrestar los argumentos de la oposición de manera efectiva y en el ala en pro del acuerdo no emergió ninguna figura fuerte y unificadora como Uribe. El vicepresidente Germán Vargas Lleras, un candidato para cumplir con ese rol dado su poder y experiencia directa con la violencia guerrillera, se mantuvo prácticamente ausente de la campaña, dando un apoyo indirecto a la oposición . Las estrategias de campaña del “sí” también fueron cuestionadas. El presidente Santos junto con los partidos de su coalición dieron el liderazgo a políticos regionales y locales, dependiendo así de las maquinarias políticas, de familias con poder y de la construcción de coaliciones, las cuales no fueron plenamente activadas y probaron ser menos efectivas para el plebiscito que para elecciones ordinarias. La sociedad civil, a pesar de expresar su opinión, mostró una vez más su debilidad para movilizar votos. Finalmente, algunos de los votantes en pro del acuerdo pudieron haber sido complacientes o menos activos dado que las encuestas sugerían una enorme victoria del “sí”.

Áreas con altos índices de pobreza tendieron a votar por el acuerdo, a excepción de Bogotá donde los grupos de ingresos bajos votaron por el “no”. La periferia – definida  en términos de atributos rurales o capacidad estatal – también tendió a aprobar el acuerdo. Se ha argumentado que las zonas con mayores niveles de victimización en el conflicto armado tendieron a votar por el “sí”, pero el argumento depende de cómo se mida la victimización .

La victoria de la oposición significó que sus propuestas tenían que ser tomadas en cuenta en un nuevo acuerdo para que el proceso pudiera ser salvado. En un principio, los líderes de la oposición argumentaron que cualquier acuerdo nuevo debería contar con su aprobación. Pero el pequeño margen por el que ganaron, también le permitió al gobierno, políticamente debilitado, dividir a la oposición (o aislar a Uribe) mediante la incorporación de algunas de sus inquietudes, a la vez que mantuvo abierta la riesgosa opción de un nuevo plebiscito, una táctica que privaba a los rivales de un veto absoluto. Más aún, en diferentes momentos la oposición se mostró a sí misma dividida. No fue sino hasta que se llegó a un nuevo acuerdo, con omisiones de algunas inquietudes fundamentales de la oposición, y que se ratificó en el Congreso, que ésta se unió en indignación.

B.Posturas para un nuevo acuerdo

Poco después del plebiscito, los actores políticos y sociales que se opusieron activamente al acuerdo original entregaron sus propuestas de cambio. El primer documento con la totalidad de sus propuestas que se presentó en La Habana a las FARC contenía más de 260 apartes provenientes de, por lo menos, diez fuentes diferentes . Parte de estos, especialmente aquellos relacionados con la reforma agraria, reflejaban los intereses políticos más que las inquietudes de los muchos partidarios del “no”. A pesar de la diversa y, en muchos casos, de la contradictoria naturaleza de las propuestas, había una docena que la oposición consideraba indispensable.

Las más importantes políticamente eran evidentes. Había un consenso en que las penas de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)–el sistema previsto para aplicar mecanismos de justicia transicional a crímenes graves cometidos durante el conflicto– deberían ser más duras, especialmente (y en algunos casos exclusivamente) para las FARC. La JEP, argumentaba la oposición, debería hacer parte del sistema de justicia ordinaria. Hubo casi un acuerdo en que las Fuerzas Armadas deberían recibir un tratamiento preferencial, a pesar de que había desacuerdo sobre cuál debería ser. La oposición pasó de exigir una prohibición permanente para ocupar cargos públicos a aquellos condenados por crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra, a una prohibición hasta tanto las sentencias no fueran cumplidas.

Todos los grupos de oposición concordaron en que no deberían existir amnistías por tráfico de drogas, que las FARC deberían entregar sus bienes para que estos fueran usados para resarcir a las víctimas y que fuese expresamente prohibido el uso de estos recursos para que las FARC financiaran sus actividades políticas. La oposición también estaba unida en exigir que el acuerdo no tuviera rango constitucional . La propiedad privada, insistían, debería ser explícitamente respetada. Finalmente, expresaban inquietudes acerca de la “ideología de género” y sus supuestos efectos sobre el modelo de familia y sociedad tradicional .

El gobierno respondió identificando aquellas inquietudes que consideraba más fáciles de resolver, aquellas que eran difíciles pero no imposibles y aquellas que consideraba inviables. La oposición argumentó que excluir cualquier asunto significaba que Santos abría la puerta para engañar a los partidarios del “no” mediante la exclusión de propuestas inconvenientes. A pesar de ello, Santos envió a sus negociadores a Cuba con órdenes expresas de tomar posiciones más duras en ciertos puntos, generando fricciones con las FARC en el tema de participación política, por ejemplo .

Una vez iniciadas las renegociaciones en Cuba, la atención se volcó sobre las reacciones de las FARC. Poco después del plebiscito, el grupo anunció que estaba comprometido con la paz y, en un comunicado del 7 de octubre, que se comprometía en ajustar el acuerdo para que pudiera contar con una base de apoyo político lo suficientemente amplia . Pero también expresó que no podía renunciar a la elegibilidad a cargos públicos, lo que consideraba el eje de las negociaciones: convertir a una insurgencia armada en una fuerza política pacífica. También continuó rechazando sentencias en prisión, insistió en que cualquier endurecimiento de castigos debería aplicarse a todos los actores del conflicto y se opuso a incluir a la JEP dentro del sistema de justicia ordinaria. Las FARC (y el gobierno) no estuvieron de acuerdo con la propuesta de darles a los terratenientes el beneficio de buena fe en casos de adquisición de tierras, de manera que se les permitiera evadir la justicia cuando las tierras hubiesen sido robadas sin su participación directa. Finalmente, insistían categóricamente en que el acuerdo tuviese rango constitucional, pero eventualmente cedieron a ello .

C.Tres renegociaciones

Un nuevo acuerdo dependía de tres procesos de negociación. El primero entre la oposición y el gobierno. En público ambas partes hablaban de conversaciones productivas, pero en la realidad no había confianza entre ellas. El gobierno creía que la oposición quería dilatar las conversaciones hasta las elecciones presidenciales de 2018, mientras que la oposición no tenía certeza si el gobierno presentaría sus posiciones en La Habana fidedignamente. Después de un primer tira y afloja, la oposición entregó un documento con todas sus propuestas originales, algunas de las cuales se suavizaron para mostrar flexibilidad .

El segundo proceso involucraba a los partidarios del acuerdo entre la sociedad civil y el gobierno, y ocasionalmente también a las FARC. No tanto como una negociación sino como una movida defensiva, los partidarios del acuerdo buscaron reunirse con Santos e insistirle en llegar pronto a un nuevo acuerdo manteniendo los principios originales. Una serie de marchas a lo largo del país y la creación de un Campamento de Paz en la Plaza de Bolívar, centro de Bogotá, mantuvieron la presión a las partes por un pronto acuerdo . Algunos movimientos viajaron a La Habana para urgir a las FARC a perseverar en su búsqueda por la paz.

La tercera y última negociación fue entre el gobierno y las FARC. Los negociadores del gobierno retornaron a La Habana el 21 de octubre para empezar la primera ronda de conversaciones. Después, el equipo regresó a Bogotá para poner al tanto a la oposición. El 29 de octubre se dio inicio a una nueva ronda con las FARC, que llevó al anuncio, el 12 de noviembre, de un acuerdo revisado. Esta última ronda de conversaciones tuvo momentos difíciles, en particular cuando se abordó la futura participación política de las FARC .

Durante las negociaciones con las FARC se estableció una línea permanente de comunicación para mantener informados a los líderes de la oposición. No obstante, la preocupación de que el gobierno no estaba representando en su totalidad las propuestas de la oposición nunca despareció por completo. Los líderes de “no” esperaban más discusiones en torno al nuevo acuerdo antes de que fuese firmado, pero ello nunca ocurrió. Con unas pocas inquietudes claves que no fueron tomadas en cuenta y en medio de alegaciones políticamente motivadas de que las revisiones eran simplemente cosméticas, la oposición finalmente se unió en contra del documento .

A lo largo de la renegociación, y ante la preocupación de un fin del cese bilateral del fuego, el gobierno y las FARC sintieron la presión del tiempo, a pesar del consenso entre ellos y la oposición de que el cese bilateral era necesario. Un nuevo y detallado protocolo incluía el preagrupamiento de los combatientes de las FARC. Con el gobierno pagando el sostenimiento de la tropa después de 30 días, mantener el cese de hostilidades era posible, pero el cese al fuego estaba diseñado para durar únicamente tres meses . El 13 de noviembre el Ejército mató a dos combatientes de las FARC en Santa Rosa del Sur, un municipio del departamento de Bolívar, que estaban llevando a cabo actividades de extorsión con el pretexto de ser miembros del ELN . Mientras que varios señalaron este hecho como una muestra de la fragilidad del cese al fuego, lo que en realidad demostró fue la robustez del mecanismo tripartito : ambas partes inmediatamente recurrieron al mecanismo, quién encontró violaciones de ambas partes. Sin embargo el lenguaje tanto del gobierno como de las FARC bajó de tono y no hubo más acciones violentas entre ellos.

D.El nuevo acuerdo

El nuevo acuerdo anunciado el 12 de noviembre incluía numerosos cambios basados en las propuestas de la oposición. Alrededor del 58 por ciento de sus propuestas públicas originales fueron incluidas parcial o totalmente. Había 58 que proponían cambios completos de forma y de justificación subyacente, de los que fueron incluidas 21 en su totalidad y 6 parcialmente . Contrario a lo promulgado por la oposición, las revisiones fueron mucho más allá de lo cosmético.

La mayoría de las propuestas y textos sobre una Reforma Rural Integral fueron incluidos y/o tomados en cuenta, tales como el sistema de impuestos rurales y la protección legal a aquellos que compraron tierras de buena fe. Lo mismo puede decirse de las propuestas y textos sobre participación política en puntos como el papel de los partidos políticos en el diseño de un nuevo estatuto para la oposición . Algunas propuestas sobre los procedimientos para terminar el conflicto y las garantías para la seguridad de excombatientes fueron aceptadas, aunque las condiciones bajo las cuales podían participar directamente en política, incluyendo la asignación de curules en el Congreso, no fue alterada. Varias propuestas sobre cultivos ilícitos también se incorporaron, incluyendo el compromiso legal de las FARC de entregar toda información relevante sobre el comercio de drogas y el derecho del Estado de fumigar con glifosato los cultivos de coca, a pesar de la suspensión de ese método en  2015.

Con respecto a las víctimas y la justicia, las FARC deberán hacer entrega de los frutos de su economía de guerra para resarcir a las víctimas. La JEP deberá funcionar en conexión con el Código Penal y el sistema judicial, no tendrá jueces extranjeros ni le dará a los informes de las ONG el mismo peso como evidencia que a la información de las autoridades estatales. Las salas de la JEP pueden determinar si el tráfico de drogas de las FARC puede ser interpretado como instrumento para beneficio personal, y no solamente como fuente de financiación para la actividad política armada. Probablemente, lo más importante en materia de la retórica de la campaña del “no”, es que el nuevo acuerdo determina que la restricción de la libertad de combatientes guerrilleros convictos debe cumplirse, a lo largo de toda la sentencia, dentro de un pueblo, bajo la vigilancia de Naciones Unidas, mientras realizan trabajo en pro de la reparación a las víctimas.

Numerosas propuestas para la implementación fueron incluidas, entre ellas cláusulas sobre la estabilidad financiera del acuerdo, la definición de “enfoque de género” y el “reconocimiento de derechos igualitarios entre hombres y mujeres, las circunstancias especiales de cada uno…”, y el respeto explícito por la libertad de culto . El acuerdo no tendrá rango constitucional . El gobierno y las FARC argumentaron que hicieron cambios en 56 de los 57 temas discutidos con la oposición, con la salvedad de la participación política de las FARC .

III.La paz hacia 2018

Todos los líderes de la oposición y los negociadores del gobierno se reunieron la noche del 21 de noviembre en Bogotá . La reunión empezó mal y terminó peor. Había diferentes percepciones sobre si se habían hecho cambios a apartes fundamentales del acuerdo, si este había sido discutido con los líderes del “no” antes de firmarse, y sobre la ruta a seguir. Las partes decidieron un desacuerdo total: la oposición rechazó públicamente el acuerdo y se retractó de algunas de sus propuestas más conciliadoras. La polarización que creó el plebiscito, que fue disimulada durante el proceso de renegociación, resurgió intacta durante el nuevo proceso de ratificación .

A.La ratificación en el Congreso

El 29 de noviembre, el Senado aprobó el acuerdo de paz por 75 votos a favor y cero en contra; 25 miembros de la oposición participaron en el debate pero se abstuvieron de votar, argumentando que el Congreso no tenía el mandato legal para aprobar el acuerdo. Lo mismo ocurrió el siguiente día en la Cámara de Representantes, donde el voto fue 130-0 (de 166 que participaron). Los votos fueron controversiales por las mismas razones que continuarán perjudicando el apoyo al acuerdo.

Usar el Congreso dio al gobierno y a las FARC una ruta clara para la ratificación y dejó a la oposición en una desventaja evidente. La coalición progubernamental tiene una clara mayoría en ambas cámaras, especialmente en lo que respecta a temas relacionados con el proceso de paz. Con elecciones legislativas programadas para 2018 no hay una posibilidad inmediata de que el movimiento del “no” traslade su apoyo popular al poder legislativo.

Esto ha llevado a que la oposición argumente que el gobierno “impone” de forma antidemocrática el mismo acuerdo de paz que fue negado en el plebiscito. Esta aserción descansa en dos clamores. El primero es que el nuevo acuerdo contiene únicamente cambios cosméticos, lo cual negaría el éxito de la oposición en incorporar propuestas importantes en el texto. El segundo reta la visión que tiene el gobierno de lo que puede definirse legalmente como una “refrendación popular”. La oposición argumenta que el voto del Congreso no es válido como “refrendación popular”, mientras que los partidarios del acuerdo, incluyendo a Santos, afirman que sí. En su sentencia sobre el tema, la Corte Constitucional determinó que el Congreso podría ratificar el acuerdo . El resultado de estas diferencias es que la oposición ha recurrido al uso de un lenguaje más extremo, avivando la polarización política mientras cuestiona no solo los términos de la paz sino también el respeto del gobierno a principios básicos de la democracia .

La Corte Constitucional también le permitió al Congreso activar un sistema expedito (fast-track), estipulado en el Acto Legislativo para la Paz, para aprobar más de 50 leyes necesarias para implementar el acuerdo, evitando así los entre cuatro y ocho debates necesarios para la aprobación de una ley. Considerado esencial por las FARC – incluso dijeron que sin él retornarían a la guerra  – el fast-track fue aprobado a finales de diciembre y permite al Congreso aprobar legislación crítica para la implementación del acuerdo, incluyendo la ley de amnistía.

Evitar un segundo plebiscito y garantizar los procedimientos expeditos del fast-track para legislar el acuerdo han sido esenciales para la rápida recuperación del proceso de paz. No obstante, la manera en que el gobierno ha actuado hace del rechazo al proceso de paz y su implementación –parcial o total- una plataforma políticamente rentable con miras al 2018: la oposición continuará argumentando que no existe un nuevo acuerdo y que el plebiscito del 2 de octubre fue traicionado. La implementación en el mediano y largo plazo está, por lo tanto, en alto riesgo.

B.De 2018 en adelante

Al igual que en las elecciones de 2014, la paz estará en el centro del debate electoral en 2018. El acuerdo de paz tendrá un lugar central en las plataformas programáticas de la oposición a la Presidencia y al Congreso . Con Uribe y otros líderes de la oposición presentándose en contra del acuerdo y como los salvadores de la democracia, y con el Vicepresidente Vargas Lleras dentro de la contienda, la probabilidad de que gane un candidato opuesto al acuerdo es alta . Así las cosas, peligraría su implementación plena.

La construcción de coaliciones será crucial en la carrera por la Presidencia y el Congreso . La cantidad de posibles candidatos dentro del movimiento del “no”, incluyendo a Marta Lucía Ramírez, Óscar Iván Zuluaga, Iván Duque, Carlos Holmes Trujillo y Alejandro Ordóñez, como también a Vargas Lleras, hará que la competencia al interior y entre partidos sea feroz. En general, el partido del Centro Democrático (PCD) inicia con una ventaja ya que cuenta con un alto umbral de votos y Uribe, a pesar de estar impedido para ser elegido presidente por un nuevo período, goza de una especie de culto a la personalidad . Es difícil imaginar un escenario realista en el que el candidato del PCD no llegue a la segunda vuelta. Mientras los varios miembros de la oposición buscan incrementar su proporción de votos, han competido para perfilarse como las salvaguardas de la democracia y la seguridad .

Vargas Lleras es algo impredecible. A pesar de mantener un bajo perfil en el tema de la paz, la influencia de su partido Cambio Radical y el alcance de sus redes clientelistas le permiten movilizar muchos votos. Él considera a Humberto de la Calle, el candidato más probable del Partido Liberal, como su contendor principal – y como jefe del equipo negociador del gobierno con las FARC, un arduo defensor del acuerdo de paz. Por su parte, Vargas Lleras y Uribe tienen una pobre relación, a pesar de algunos gestos del expresidente que podrían interpretarse como una invitación a una alianza . Un resultado posible de las elecciones presidenciales sería una segunda vuelta en la que se enfrentarían el PCD y Vargas Lleras, con ninguno de los dos candidatos convencido de la necesidad de implementar plenamente el acuerdo de paz . Si no logra llegar a la segunda vuelta, el apoyo de Vargas Lleras sería decisivo para determinar el ganador. Por el momento, el Vicepresidente parece estar más inclinado hacia el PCD que hacia los partidos proacuerdo.

Las iglesias cristianas evangélicas jugarán también un papel clave en el debate electoral. Se cree que aportaron entre 1 y 2 millones de votos para el movimiento del “no”, y se espera que varios líderes religiosos participen en la contienda de 2018 . No obstante, el voto cristiano al “no” no es homogéneo. Mientras que las referencias en el acuerdo a lesbianas, gay, transgénero y bisexuales (LGTB) fueron sacadas completamente de contexto y se usaron para enfurecer a la mayoría de votantes evangélicos, hay mucho menos consenso entre estas comunidades frente a otros temas tales como justicia, comisión de la verdad y tierras. No todos los pastores y sus fieles están interesados en ejercer una influencia política en estos temas .

Construir coaliciones será también una prioridad de los partidos que defienden el acuerdo de paz. Varios partidos están a favor de la paz pero no alcanzan, por sí mismos, a recoger suficientes votos para asegurar que su candidato llegue a segunda vuelta. Construir una alianza a favor del acuerdo sería el paso a seguir para asegurar que un candidato que apoye el proceso de paz pueda llegar a la segunda vuelta presidencial. Sin embargo, estas coaliciones serían con un amplio espectro de grupos que están en desacuerdo en muchos otros temas .

La coalición por el acuerdo estaría conformada por el Partido Verde, una fuerza que probablemente tiene la capacidad de movilizar más votos que los que actualmente representa en el Congreso; los partidos de la U y Liberal, en los que Santos tiene sus raíces, ambos con pocas probabilidades de llegar a la segunda vuelta (en las elecciones de 2014 lograron la victoria gracias a su alianza con el Partido Cambio Radical); y lo que resta del dividido partido de izquierda, el Polo Democrático. Los candidatos por el acuerdo de paz tendrán también que encontrar un adecuado balance entre apoyar el acuerdo y distanciarse de Santos. Temas como la reforma tributaria, que se aprobó a finales de 2016 e incrementó el impuesto al valor agregado en tres puntos porcentuales; las difíciles condiciones económicas por la caída en los ingresos del petróleo y la impopularidad del Presidente hacen esencial que cualquier candidato que favorezca el acuerdo de paz se diferencie de Santos y su gobierno en otros temas .

Las coaliciones también serán decisivas para formar una mayoría en el Congreso . Los resultados del plebiscito sugieren que el PCD bien podría incrementar su representación en el Senado. No obstante, esto sería más difícil en la Cámara de Representantes. Otros partidos tienden a lograr un mayor éxito en las regiones, incluyendo el Conservador, el Liberal y el de la U . Para asegurar mayorías en el Congreso, el PCD deberá aliarse con otros partidos, volviendo vital para esto la preservación de una unidad en contra del acuerdo. Los partidos a favor del acuerdo de paz también buscarán unidad con respecto al tema para asegurar sus números en el Congreso .

Si la oposición llega al poder con un mandato en contra de todo o parte del acuerdo de paz, la implementación de los temas más contenciosos podría terminar. Una opción sería modificar leyes fueron imposibles de cambiar cuando fueron aprobadas por el fast-track. Otra alternativa sería ahogar política y financieramente las instituciones, programas o políticas claves para el posconflicto. Desfinanciarlas o socavarles su importancia política podría convertir rápidamente el acuerdo en irrelevante.

El gobierno ha tratado de prevenirlo introduciendo un proyecto de ley que obligue a los gobiernos futuros a implementar el acuerdo de paz, pero este podría ser ignorado o derogado después de cambios en el equilibrio de poderes . Sin embargo, presiones del exterior y de segmentos de la sociedad colombiana pueden hacer que desechar el acuerdo sea muy costoso. En tal caso, una meta viable para un renovado diálogo entre la oposición y el gobierno durante 2017 sería lograr el compromiso para continuar con la implementación de las partes críticas del acuerdo, tales como justicia transicional y mecanismos humanitarios, sin afectar el progreso hecho en otros puntos.

IV.La implementación y sus efectos en el apoyo político

Durante 2017, el apoyo del Congreso y la Presidencia al acuerdo será fuerte y estable. Pero el apoyo popular para su implementación más allá del corto plazo es frágil e incierto, poniendo en riesgo el pleno funcionamiento del acuerdo. Existe un pequeño período de tiempo durante lo cual la implementación podría generar mayor apoyo o rechazo, dependiendo de los éxitos para concretar diferentes aspectos del acuerdo y en cambiar las condiciones en los territorios afectados por el conflicto.

A.Las preocupaciones de las FARC

Es probable que el efecto sobre las FARC de la oposición política al acuerdo de paz se profundice en los próximos meses. A lo largo del cese al fuego, y particularmente después del plebiscito, las FARC han encarado crecientes tensiones internas. La violación al cese del fuego en el sur de Bolívar es diciente: el frente que opera en la zona es incapaz de controlar a sus combatientes o simplemente ha optado por continuar con la extorsión. La expulsión de cinco comandantes de rango medio en los Llanos orientales, incluyendo a Gentil Duarte, quien había sido encargado de una facción del Frente Primero que apoyaba el acuerdo de paz, muestra las tensiones con algunos mandos medios, ya sea por la incertidumbre política, por conexiones con economías ilegales lucrativas o por ambas razones .

El clima político fomenta una inquietud, por encima de todas, dentro de las FARC: que el gobierno no cumplirá su parte del acuerdo. Mientras que la agrupación en su décima conferencia en septiembre de 2016 ratificó por consenso todo el acuerdo de paz, la posibilidad de un regreso al campo de batalla resurgió en diciembre, cuando Timochenko les recordó a sus combatientes que tendrían que prepararse para el “plan B”: reanudación de la guerra. Tales amenazas pueden incrementarse si la implementación es puesta en peligro .

Los disidentes de las FARC podrían también causar hechos de violencia, lo que produciría una reacción en cadena sobre la implementación y el apoyo político al acuerdo. Ya ha habido reportes de actos de violencia del Frente Primero en Guaviare y Vaupés . En Tumaco, fueron confirmadas disidencias en las filas del Frente Daniel Aldana, a pesar de que no es claro si están relacionadas con el proceso de paz o con un cisma causado por la nueva estructura del frente (anteriormente era una columna móvil). La muerte en noviembre de Don Y, un líder de la facción disidente, a manos de las FARC, muestra cómo las peleas internas pueden derivar en violencia . Un aumento de la violencia en zonas como Tumaco, con una densa concentración de cultivos de coca, es probable debido a la presencia de otros grupos armados que quieren controlar este territorio. La expulsión de cinco comandantes, sumada a un combate entre ocho miembros disidentes del Frente 14 e integrantes proacuerdo de la columna móvil Teófilo Forero, son otros ejemplos.

Una vez concluida la dejación de armas, la posibilidad de que miembros de las FARC retornen a la violencia puede incrementarse, ya sea por disidencias o por deserciones individuales dentro del programa de reinserción. Este programa para excombatientes es notablemente débil cuando se trata de enfoques específicos para comandantes de rango medio, habituados a mover grandes cantidades de dinero y a gozar de poder político y militar. Muchos detalles claves para el proceso de reinserción serán decididos solamente después de que se termine con el censo de combatientes de las FARC y de que se constituya Ecomun –la cooperativa de negocios que las FARC manejarían para su reinserción. Los costos políticos y humanitarios de combatientes que dejan el proceso para volver a la violencia serían extremadamente altos . El ya establecido Consejo Nacional de Reintegración y Ecomun tendrán un rol clave en mantener a los combatientes involucrados en el proceso.

En el futuro inmediato, la parte más crítica de la agenda tanto para el gobierno como para la guerrilla es la entrega de armas a la misión de las Naciones Unidas . El fin de la existencia de las FARC como organización armada está en el núcleo del acuerdo de paz y fue la principal razón con la que el gobierno congregó apoyo para una pronta renegociación después del plebiscito. Hay retos inherentes a este tipo de procesos como las demoras, la logística y la entrega incompleta de armamento, algunos de los cuales ya han afectado la concentración de las FARC. La dejación de armas por parte de las FARC también enfrentará probablemente otra serie de inconvenientes que podrán ser fácilmente usados por la oposición para argumentar que el proceso está fallando. El descubrimiento de armas ocultas, por ejemplo, avivaría la ya existente desconfianza pública. Al mismo tiempo, la falta de un apoyo político en el mediano y largo plazo aumenta las posibilidades de que partes de las FARC decidan no arriesgar todo su arsenal, poniendo en peligro el apoyo público al proceso .

Una razón de peso para que las FARC asuman esta doble posición es el continuo asesinato y las amenazas a líderes sociales. Por lo menos 90 asesinatos y más de 230 amenazas fueron registradas en 2016 . Es imperativo que el gobierno proteja a los civiles en las comunidades amenazadas, sin importar quién está cometiendo los asesinatos o si hay paramilitares detrás de la ola de violencia. Si la hipótesis que explica estos asesinatos y amenazas es que nuevos grupos armados se están movilizando para controlar economías ilícitas, el gobierno entonces deberá tomar medidas para llenar el vacío de poder dejado por las FARC en estos territorios . Hasta entonces, los continuos asesinatos continuarán exacerbando el riesgo de fragmentación al interior de las FARC y socavando los posibles beneficios de la paz a nivel local.

El acuerdo sobre garantías de seguridad para las FARC y para activistas y actores políticos locales necesita ser reforzado de manera expedita y efectiva. El gobierno debería comenzar por fortalecer los esquemas de protección individuales y colectivos, y trabajar con líderes locales para definir los pasos a seguir para mitigar los riesgos. Esto puede hacerse mientras se establece el sistema de seguridad de las FARC durante el proceso de dejación de armas. Los líderes de la oposición deberían también incrementar el tono y la frecuencia de las denuncias de hechos de violencia y distinguir claramente sus reservas al acuerdo de paz de las acciones de saboteadores violentos en lo local . La comunidad internacional, que ya está muy preocupada por la violencia, puede dar mayor visibilidad internacional a estos ataques a través de condenas públicas y llamados más frecuentes a la justicia.

B.Planeando una implementación exitosa

La dejación de armas empezó con serias deficiencias. Muy poco se ha hecho para instalar una infraestructura adecuada en las zonas de concentración lo que ha causado demoras en el inicio del proceso . Los combatientes de las FARC se desplazarán gradualmente desde los lugares de preagrupamiento a las 26 zonas una vez estén listas. En la segunda mitad de enero se arrendó tierra únicamente para 17 de las 26 zonas, y solamente en dos, en Putumayo y en Policarpa, Nariño, los combatientes de las FARC lograron quedarse y construir las barracas donde se instalarán. Según el gobierno, la preparación de las zonas está avanzando rápidamente . Un protocolo renegociado estableció que la entrega de los materiales necesarios para la finalización de la construcción y la completa concentración de las FARC debe estar lista para el 31 de enero.

Mientras que los primeros tres plazos límites no se cumplieron – la reagrupación de las FARC, la destrucción de material bélico inestable y la transferencia de armas cortas del personal y de las milicias a las zonas de concentración –, el gobierno insiste en que el resto del proceso de dejación de armas continúa en los tiempos previstos. Estas metas también podrán encontrar obstáculos, pero es esencial que se logren de acuerdo a los términos estipulados en el acuerdo para evitar alimentar la desconfianza pública. Los combatientes que lleguen primero a los acantonamientos podrían ser parte del 30 por ciento que entrega sus armas en la primera transferencia en el día D +90.

La Misión de las Naciones Unidas y el Mecanismo Tripartito para verificar y monitorear el cese al fuego y la dejación de armas también tienen roles claves . Si bien han estado involucrados en la verificación de violaciones al cese al fuego, también se han visto implicados en algunos incidentes de comportamiento inadecuado. A pesar de no estar directamente involucrados, las acusaciones del Gobernador de Antioquia sobre casos de prostitución con niñas menores de edad y alto consumo de alcohol por parte de las FARC en pueblos cercanos a las zonas de concentración sugieren una falta clara de información acerca del proceso de cese al fuego. El Mecanismo Tripartito confirmó, posteriormente, que no había hechos de prostitución pero verificó un caso en el que un miembro de las FARC violó el protocolo, abandonando la zona sin permiso, y bebiendo y discutiendo con un civil en un pequeño caserío. El Gobernador visitó las zonas después de un abierto apoyo del PCD y, posteriormente, se retractó de sus acusaciones iniciales. Aun así, el Mecanismo Tripartito, incluyendo a la misión de la ONU, se convirtió en el árbitro entre rivales políticos .

En un caso con más relevancia pública, fueron difundidas imágenes de funcionarios de la Misión de la ONU bailando con miembros de las FARC durante las fiestas de año nuevo, llevando a una protesta enérgica de la oposición que cuestionó la credibilidad e imparcialidad de la misión. Los funcionarios involucrados en este hecho fueron apartados de sus cargos, en un incidente visto por muchos como exagerado .

En su primer informe, que logró solo una circulación limitada en los medios y en la opinión pública, la misión de la ONU anotó que ya hay 280 observadores en el país, y que su número llegaría a 450 en enero, aunque la llegada del componente civil quedó retrasada hasta el despliegue de los militares. Un equilibrio entre el componente civil y militar de la misión es esencial, especialmente para ayudar a mantener fuertes relaciones entre la misión, las autoridades locales y las comunidades. Al 7 de diciembre de 2016, la misión había monitoreado 183 desplazamientos de combatientes de las FARC y tratado 27 requerimientos de verificación, de los cuales solo nueve podían ser investigados ya que los restantes sobrepasaban su mandato .

El problemático inicio del agrupamiento de las fuerzas de las FARC no debe opacar la importancia del papel de la misión en la futura dejación de armas. El despliegue completo del personal en todas las zonas de concentración y la comunicación periódica a los medios, más allá de los reportes regulares, con consentimiento del gobierno y las FARC, ayudarían a mejorar la efectividad y posición pública de la misión, así como las percepciones de avances del proceso. La misión debería trabajar también de cerca con el gobierno y las FARC y presionar para que se cumpla, pese a los retrasos, el cronograma de dejación de armas establecido en el acuerdo de paz.

Una estrategia de comunicaciones sólida para el momento en que las FARC dejen las armas es crucial para congregar apoyo al proceso. La oposición no ha criticado los retrasos iniciales, sino que ha concentrado sus reparos en la relación entre la ONU, el gobierno y las FARC. Sus reclamos se han basado más en la desconfianza hacia la guerrilla, la cual podría profundizarse si la dejación de armas no es lo suficientemente transparente, punto que la oposición ha puesto en duda incesantemente. Para superar este escepticismo, las FARC deberían dejar de lado sus recelos y permitir que se fotografíe a combatientes que entregan sus armas a la misión de la ONU. Su nueva experticia en el manejo de medios, que ha ayudado a transformar su imagen pública, y su interés en ganar capital político, sugeriría que puedan permitirlo . El costo de no hacerlo podría ser la proliferación de reclamos en el sentido que las FARC no han entregado todas sus armas.

La entrega está prevista para el final de los seis meses después del día D, pero para entonces la JEP todavía no estará operando. Dado que la justicia fue uno de los puntos más controvertidos del acuerdo de paz, el escrutinio de la oposición al sistema de justicia transicional y sus recelos sobre la JEP serán permanentes en los debates de 2017. Esto beneficia a los combatientes de las FARC, ya que desde los primeros días se dispondrán recursos para la amnistía, las medidas de seguridad y la reincorporación, mientras que las sentencias de la JEP se conocerán mucho más tarde. Esto puede generar la impresión de que las FARC están siendo premiadas antes de haber cumplido cualquier obligación judicial o con la verdad . Cuando las campañas al Congreso y la Presidencia entren en la recta final, la JEP probablemente apenas estará conociendo sus primeros casos. La forma en la que se lleven los casos y el comportamiento de los acusados hacia las cortes serán, muy seguramente, fuentes de escrutinio de la oposición y de los electores.

Las FARC deberán cooperar lo más posible con los mecanismos de justicia transicional, incluyendo la JEP, la comisión de la verdad y la búsqueda de los restos de las víctimas de la desaparición forzada. Al demostrar su compromiso para cumplir con todas sus obligaciones, incluso a riesgo personal, los líderes de las FARC podrán influir en las opiniones a favor de la paz y socavar los argumentos de la oposición. No hacerlo o usar los mecanismos judiciales para defender sus esfuerzos bélicos, señalar culpables y/o negar responsabilidades solo fortalecería la opinión en contra de la guerrilla y del acuerdo de paz. Los miembros de las Fuerzas Armadas deberán también comparecer ante la JEP de manera que no se alimente la percepción de que este mecanismo es solo para las FARC y que protege a los funcionarios del Estado.

Las manifestaciones de arrepentimiento público por los crímenes más atroces deberán continuar siendo una prioridad tanto para las FARC como para el gobierno, lo que ayudaría a generar más apoyo al acuerdo. Las FARC ya pidieron perdón por la muerte de 11 diputados en 2007; deberían hacer lo mismo por el atentado contra el club El Nogal en Bogotá en 2003. Estos pedidos de perdón no deberían convertirse en espectáculos públicos de arrepentimiento con fines políticos . Asimismo, y de manera más general, las etapas iniciales de la implementación y otras actividades de la paz deberán mantener su énfasis en las víctimas y su participación, incluyendo esfuerzos que permitan encontrar a las víctimas de desaparición forzada y la cooperación con la comisión de la verdad. No mantener a las víctimas como eje central del proceso de implementación socavaría el argumento de su importancia en las negociaciones y la legitimidad del acuerdo. Las cosas se han tornado más complicadas desde el plebiscito por las disputas entre diferentes actores de la oposición y del movimiento en pro del acuerdo sobre el derecho de representar a las víctimas, diferencias que inevitablemente continuarán durante la campaña electoral . El gobierno también necesita continuar con su labor pedagógica para que las comunidades locales y regionales se apropien del acuerdo y así se incremente el costo de diluir o parar su implementación. La oposición demostró durante la campaña del plebiscito que ligar el acuerdo a la vida diaria de las personas, de manera veraz o no, es una estrategia efectiva . Igualmente, será importante mantener una comunicación proactiva que muestre el progreso en la implementación.

Otros esfuerzos, especialmente aquellos relacionados con desminado, también ayudarán a mostrar medidas tangibles de progreso. Uno de estos hechos, por ejemplo, es el reciente anuncio de que la vereda El Orejón, en el municipio de Briceño, Antioquia, quedó libre de minas, tras la detonación de 46 artefactos durante más de un año . Tales esfuerzos, junto con proyectos pilotos de sustitución de cultivos y otras iniciativas de rápido impacto, podrán ayudar a que las comunidades sientan que la paz trae progresos materiales a su vida cotidiana y mejores expectativas de desarrollo económico e institucional. El Ministerio del Posconflicto anunció que ejecutará 700 proyectos en los primeros 100 días de la paz, además del Plan de Respuesta Rápida: iniciativas como estas serán cruciales. Sin embargo, aún falta apoyo financiero y político dentro del gobierno para asegurar una exitosa implementación. Manejar adecuadamente las expectativas de las comunidades locales será indispensable.

Finalmente, también debería explorarse la creación de un espacio para reiniciar y mantener un diálogo político con la oposición sobre la implementación. Este diálogo puede iniciarse con una invitación a que los líderes del “no” participen en las reuniones sobre verificación y/o implementación y así canalizar el debate político hacia esfuerzos para estabilizar el proceso de paz en vez de socavarlo .

C.La paz y otros actores armados

La implementación del acuerdo de paz renegociado enfrenta grandes retos, tanto a nivel regional como local, dada la presencia de otros actores armados, que, a su turno, influenciarán el apoyo nacional al proceso. Dentro de estos grupos, el principal es el ELN, con el que está programado un inicio de conversaciones de paz el 7 de febrero . Tratar de implementar el acuerdo con las FARC en zonas en las que el ELN tiene presencia activa implica serios dilemas.

La violencia del ELN afectará la capacidad del gobierno para implementar la paz, sobre todo teniendo en cuenta que este grupo armado está expandiendo su presencia en áreas del conflicto prioritarias para la implementación de los acuerdos, tales como el Catatumbo y Arauca (ambas en la frontera con Venezuela), así como en Cauca, Nariño y Chocó. Incluso partes del acuerdo que gozan de amplio apoyo, tal como el cese de fuego, están siendo afectadas por la presencia del ELN, como se vio en el incidente ocurrido en Santa Rosa del Sur . Establecer una presencia estatal efectiva en zonas donde el control del territorio está todavía en disputa entre grupos armados costará vidas y recursos. La integridad del proceso de paz con las FARC estará en juego también en zonas donde se espera que poco cambie en términos de violencia, tales como Arauca, Cauca y el Catatumbo . La situación es más grave en lugares donde las FARC y el ELN han hecho acuerdos o coordinado una transferencia del control de territorios como en Cauca y Nariño .

Para una implementación efectiva del acuerdo con las FARC es también importante convencer al ELN de que puede confiar en el compromiso del gobierno de honrar los acuerdos firmados con la insurgencia. Después del plebiscito, el grupo ha cuestionado internamente los méritos de confiar en que el gobierno cumplirá sus promesas, exacerbando la mutua cautela de las partes, que ha sido incluso más aguda que la que existió entre el gobierno y las FARC al inicio de las negociaciones . Cualquier otro deterioro de la confianza del ELN y el Estado pondrá en riesgo la posibilidad de un acuerdo de paz con este grupo en el futuro cercano. También sería desastroso para el apoyo público que la presencia del ELN en los territorios que ocupaban las FARC lleve al fracaso en la implementación del acuerdo, lo que a su vez conduciría al ELN a seguir desconfiando de la capacidad del gobierno para lograr la paz.

Otros grupos armados tales como los neoparamilitares y los remanentes del Ejército Popular de Liberación (EPL) también dificultarán la implementación a nivel local . Estos grupos empezaron a moverse desde hace algún tiempo hacia áreas antes controladas por las FARC y lo seguirán haciendo si no hay acciones contundentes contra ellos en materia de justica y aplicación de la ley. Colombia está siendo testigo de un aumento de los cultivos de coca y los programas de sustitución de cultivos diseñados bajo el acuerdo de paz tardarán algún tiempo en ser efectivos . Si otros grupos armados toman el control de las áreas con cultivos ilícitos antes que el Estado, se generarían nuevas dinámicas de violencia que influenciarían el éxito o fracaso de la sustitución de cultivos.

Varios movimientos sociales creen que los neoparamilitares, principalmente las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), están detrás de los recientes asesinatos de activistas locales, que van en pico, ya sea por razones políticas o económicas . No obstante, la evidencia para esta afirmación es insuficiente, pues parece que los asesinatos no responden a un único patrón ni son responsabilidad de una única organización . El ELN está detrás de algunos asesinatos en Arauca; grupos armados con conexiones con élites locales pueden estar jugando un papel en otras regiones como Urabá; y en lugares como el Caguán, el factor principal detrás de las muertes puede ser la posible llegada de nuevos grupos armados . De cualquier manera, el hecho de que la violencia política aumente hace más difícil la implementación, no solo por sus efectos en la transición de las FARC a la vida civil, sino también porque los líderes comunitarios pueden llegar a ver como riesgosa su participación en los mecanismos de paz .

Si bien el acuerdo incluye varias iniciativas para luchar contra estos grupos, como la creación de una nueva unidad de investigaciones dentro de la Fiscalía General de la Nación, y llamados a la comunidad internacional para respaldarlas, estas son necesarias pero no suficientes para contrarrestar los nuevos patrones de coerción en las regiones. Un riesgo evidente es que la implementación del acuerdo genere más violencia en algunos territorios si el Estado no es lo suficientemente ágil para proteger a las poblaciones locales y combatir a los grupos neoparamilitares.

Hay varias razones para prever el aumento de la violencia criminal y política una vez iniciado el acuerdo de paz. La primera, que grupos armados podrían enfrentarse por el control de territorios dejados por las FARC, como ya ha ocurrido con el ELN y las AGC. Estas serían zonas con economías ilícitas fortalecidas, rutas de tráfico ilegal y puntos militares estratégicos, como Tumaco, Chocó y el Nudo de Paramillo, por ejemplo. Otras razones son más políticas, como las preocupaciones de las élites terratenientes sobre la reforma rural, a pesar de que algunos puntos polémicos fueron aclarados en el nuevo acuerdo . Si la relación entre algunas de estas élites y los grupos y/o actores armados ilegales continúa y se dirige a atacar el acuerdo sobre redistribución de tierras, la violencia podría aumentar, incluyendo en zonas tradicionalmente vulnerables al conflicto de tierras como Urabá .

Otra fuente de violencia que resultaría de la implementación del acuerdo de paz son los ataques continuos contra líderes sociales dada la percepción de una inminente apertura en los sistemas políticos regionales y locales, incluyendo 16 circunscripciones especiales en el Congreso para áreas afectadas por el conflicto . Esta violencia política local, de mentalidad conservadora, tiene su arraigo histórico en Colombia y explica cómo los paramilitares obtuvieron tanto poder entre los ochenta y noventa . Un repunte en este tipo de violencia sería cualitativamente similar a aquel ejercido contra la Unión Patriótica (UP) en esas décadas, a pesar de que es poco probable que alcance niveles similares. Demasiados actores internacionales ya están atentos y preocupados, elevándose así su costo.

D.Fortalecimiento institucional

Durante 2017 el apoyo político al acuerdo puede verse afectado no solo por la situación de violencia y seguridad en el terreno. El mayor problema para una implementación fluida está en las instituciones encargadas de administrar la transición de la guerra a la paz. Algunas del orden nacional solo existen en papel, no tienen suficientes funcionarios ni capacidad para ejecutar presupuestos o proyectos: dentro de estas se encuentran la Agencia Nacional de Tierras, la Agencia de Renovación Territorial y la Agencia para el Desarrollo Rural . Si no puede ejercer acciones en el terreno, el Estado podría correr el riesgo de perder la oportunidad para ganar legitimidad en lo local. Debido a que estas instituciones deben constituirse en tiempos de limitaciones en el gasto público, el apoyo financiero y político es frágil, en especial dada la resistencia actual e histórica a la reforma rural. Enfrentándose a la amenaza de ser ahogadas por falta de recursos o llevadas a la invisibilidad a lo largo del tiempo, como ya ha ocurrido con entidades enfocadas al tema rural, se necesita brindarlas apoyo del más alto nivel, además de recursos y personal .

La fragmentación institucional plantea dilemas adicionales. La presión política para combatir el incremento en los cultivos de coca ha llevado a que diversos actores estatales adopten estrategias rivales, algunas de las cuales podrían contradecir el espíritu del acuerdo. Este riesgo existe y podría profundizarse en caso de que la oposición llegue al poder en 2018. Los actores políticos locales también carecen de la capacidad técnica e institucional para implementar varias partes del acuerdo y, en algunos casos, su voluntad para hacerlo puede ser frágil si no sienten que pueden obtener recursos financieros para sus regiones .

El Plan de Respuesta Rápida (PRR), diseñado por el Ministerio del Posconflicto (MPC) para ser implementado con y a través de otras instituciones, necesita tanto apoyo político como financiero. La fricción entre las instituciones encargadas de implementar el acuerdo, el MPS y la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, sigue siendo problemática, y algunas instituciones sienten que las dos últimas sobrepasan sus límites y son demasiado influyentes. La falta de claridad entre el PRR y la implementación de aspectos de más largo plazo del acuerdo de paz también genera amplias preocupaciones . Es necesario un liderazgo más contundente que pueda complementarse con la presión de la comunidad internacional.

V.El papel de la comunidad internacional

La comunidad internacional se ha enfocado en apoyar el proceso de paz y en asegurarse de que este concluya en un acuerdo viable y robusto. Lo ha hecho a través de aportes económicos para financiar las instituciones del Estado y a los actores de la sociedad civil que trabajan en temas de paz; a través de apoyo político al proceso; a través de delegados de los países garantes, naciones amigas y enviados especiales de Estados Unidos, la Unión Europea y Alemania; y a través del apoyo técnico en temas de implementación, tales como su respaldo a los mecanismos de justicia locales y la formalización de los títulos de tierras. Todo este apoyo sigue siendo crucial.

A.Implementación y apoyo político

Bajo el contexto político actual, es necesario un rápido inicio de la implementación, con victorias tempranas. A pesar de que el plebiscito sugiere que el apoyo internacional de alto nivel fue menos efectivo de lo que se anticipaba, los delegados y enviados que ayudaron en las negociaciones deberán continuar presionando para que el acuerdo se implemente. No solo serían de gran ayuda en la resolución de disputas y en influenciar al gobierno y a las FARC, sino que también podrían destacar el amplio compromiso extranjero con la paz en Colombia . La comunidad internacional puede jugar un papel imprescindible en incrementar el costo de obstruir o ignorar la reforma rural planteada en el acuerdo, un punto que enfrentará resistencia política a diferentes niveles. Otra gran contribución será la ayuda financiera y al aliento para que el gobierno ponga a funcionar instituciones claves para la implementación.

El apoyo internacional también puede tener incidencia en las decisiones de las FARC, especialmente si un eventual gobierno de oposición propone cambios al acuerdo, lo rechaza o no tiene la voluntad de implementarlo. Dadas las preocupaciones del grupo sobre una plena implementación, un cambio de gobierno puede minar su compromiso con la paz, llevando así a una fragmentación y a que algunas facciones retornen a la violencia organizada. Instarle a las FARC a mantener su compromiso con la paz será vital. En este punto, una segunda misión de la ONU, solicitada en el acuerdo de paz para monitorear la participación política, reincorporación y garantías de seguridad de las FARC, tendrá un rol primordial para mantener la confianza entre la guerrilla y el gobierno. También suscitará polémica política, ya que su mandato abarca la cuestión más controvertida en el nuevo acuerdo: la participación de las FARC en política. Deberá estar funcionando muy pronto para poder cumplir su mandato. La preparación temprana para aprovechar el período antes de que comience su mandato es esencial.

La ayuda financiera también será esencial, especialmente después de 2017. Colombia es incapaz de asumir totalmente los costos de las promesas para el posconflicto, algo que la comunidad internacional se ha comprometido a hacer. En el largo plazo, el apoyo financiero puede ayudar a persuadir al nuevo gobierno a honrar aspectos cuestionados del acuerdo. Los aliados internacionales también podrán trabajar directamente con gobiernos locales, a través de asistencia técnica y financiera, y garantizando que las diferencias políticas entre los niveles locales, regionales y nacional no impidan la implementación . Finalmente, también requerirá financiación la continuidad en el país de actores internacionales no estatales, como los altos comisionados de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y los Refugiados, entre otros, quienes tienen un papel importante que cumplir en el posconflicto en temas de desplazamiento, fronteras y violencia, aspectos cruciales que pueden entorpecer una exitosa transición de la guerra a la paz.

B.El tema especial de las drogas

Es poco probable que la implementación del acuerdo de paz lleve a una disminución significativa de los cultivos de coca antes de 2018. Los nuevos programas de restitución requieren de tiempo para dar resultados y podrán ser cercenados si el apoyo flaquea. Los recientes incrementos en la producción de coca han hecho que el tema de las drogas cobre nuevamente importancia, tanto en el ámbito político como en el de prevención de la violencia. La oposición insiste en que el incremento en hectáreas cultivadas y el fracaso de la política contra las drogas es fruto de las concesiones hechas a las FARC, incluyendo la prohibición de aspersión aérea. La política de drogas es también objeto de tensión dentro del gobierno, y entre Bogotá y las comunidades locales . Cuando se publiquen este año los informes sobre áreas cultivadas probablemente mostrarán un incremento en e2016, fecha que precede la iniciación de programas de sustitución de cultivos contemplados en el acuerdo de paz. Esto aumentará los llamados para una política tradicional que incluya la erradicación forzada. El plan del gobierno de sustituir y erradicar forzadamente 50 mil hectáreas en 2017 es probablemente inalcanzable y crearía serias tensiones en el campo. Volver a una erradicación forzada produciría una tensión innecesaria con las FARC y cerraría la oportunidad que tiene el Estado para lograr legitimidad en áreas con alta presencia de cultivos de coca.

La comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, debería darle una oportunidad al acuerdo sobre drogas ilícitas sin esperar reducciones inmediatas en las áreas cultivadas. El énfasis debería ser fortalecer la interdicción dentro y fuera de Colombia, y apoyar la rápida y efectiva implementación de los puntos más relevantes dentro del acuerdo de paz. Priorizar tal implementación más allá de los intereses políticos nacionales e internacionales de las políticas tradicionales antinarcóticos será crítico, más aún cuando volver a la costosa erradicación manual, cuyos resultados son fácilmente reversibles, no es garantía de éxito.

VI.Conclusión

Colombia ha firmado y ratificado el acuerdo de paz, y la totalidad de los miembros de las FARC estará pronto acantonada en lugares en los que entregarán sus armas e iniciarán su transición a la vida civil. Si bien esto es motivo de celebración, la manera en que la paz fue firmada y aprobada es altamente controversial, y el acuerdo parece carecer de una base amplia, estable y sostenible de apoyo político. Diferentes escenarios amenazan la implementación y con una oposición unida y fortalecida, el futuro parece algo sombrío para los líderes que apoyaron el acuerdo. El acuerdo de paz estará en el centro del debate de cara a las elecciones presidenciales de 2018 y será foco de múltiples agravios que pueden producir un resultado similar a los del plebiscito del 2 de octubre de 2016.

Durante 2017 será necesario un rápido y sustancial progreso en aspectos críticos de la implementación del acuerdo de manera que se altere la balanza a su favor. La implementación se enfrenta a amenazas concretas, profundizadas en parte por las disputas políticas alrededor del acuerdo de paz: déficit financiero, el intermitente proceso de paz con el ELN, instituciones débiles y rivalidades internas en el gobierno, y los asesinatos selectivos en áreas rurales. Si los esfuerzos para implementar el acuerdo no sobrepasan estos obstáculos algunos puntos acordados pueden estar condenados al fracaso antes incluso de que tengan alguna posibilidad de éxito. Si eso sucede, el compromiso de las FARC con la paz, la posibilidad de una negociación similar con el ELN y las perspectivas de enfrentar las causas estructurales del conflicto quedarán en veremos. La batalla inmediata por firmar un acuerdo se ha ganado, pero es todavía prematuro declarar una victoria para la paz.

REPORT 60 / LATIN AMERICA & CARIBBEAN  31 JANUARY 2017

Bogotá/Bruselas, 31 de enero de 2017

Anexo A: Mapa de Colombia

LAS BARRAS BRAVAS DE LA POLÍTICA EN COLOMBIA

Cambalache XXI

Análisis y opinión sobre problemáticas globales, nacionales y locales, con base en las Ciencias Sociales y la Historia

Análisis Social▼

junio/16/ 2017

Colombia está tomada por fuerzas internas que la estrujan cotidianamente de un lado para otro. Un ataque de nervios permanente provoca una opinión pública vociferante, espoleada por mediocridades institucionalizadas sin proyecto diferente que promover intereses privados propios o de terceros. El país se llena de falsos dirigentes que a punta de “posverdades” o verdades a medias, arman cada uno su propia barra brava, y al igual que en el mundo sórdido del fútbol rentado, dan la espalda al campo de juego para saltar, insultar y amenazar a sus adversarios, sin otro argumento que su número, su bandera o su poder de intimidación.

1.

La más reciente de esas formaciones energúmenas, es la del gobernador Luis Pérez Gutiérrez, para desconocer el veredicto adoptado en derecho según el cual Belén de Bajirá, no es un corregimiento antioqueño sino chocoano. La barra brava de Pérez, está encabezada por la Asamblea Departamental, la misma que quiso condecorar y adoptar como hijo de Antioquia al corrupto exprocurador Alejandro Ordóñez. Esa corporación se trasladó al corregimiento disputado para celebrar una sesión “descentralizada”, cantar el himno e izar la bandera antioqueños; un acto de provocación y desafío a las autoridades nacionales que está siendo aplaudido por el resto de la barra, en la cual se han filado el expresidente Uribe, el alcalde Fico y las élites empresariales que desde la década de los ochentas lanzaron la consigna colonialista de “la conquista del trópico antioqueño”.

La manipulación ha sido burda. Ya hasta “Los del sur”, la gran barra futbolera del Atlético Nacional, exhibió una gigantesca pancarta en el estadio con la leyenda “Belén de Bajirá es de Antioquia”, que según el periódico El Colombiano “fue iniciativa de la barra y no de la gobernación de Antioquia”. No han faltado los pronunciamientos de los exgobernadores y de todas las llamadas “fuerzas vivas” de la antioqueñidad decadente, tan bien representada por sus actuales mandatarios.

Una de las perlas del gobernador Pérez, es su campaña de recolección de un millón de firmas para respaldar su rebeldía con el gobierno de Bogotá. De manera que la barra va a crecer y hasta puede volverse más brava. Para Pérez no importa que Chocó tenga medio millón de habitantes y Antioquia más de cinco millones y medio; dirá Él que la ley de las mayorías es la ley de dios, igual que la ley del más fuerte que anda invocando para quitarle al pueblo de Bajirá la salud, la educación y demás derechos como retaliación si ese territorio no es anexado a Antioquia.

En este país, así como todo mundo amenaza, todo mundo recoge firmas. Antes lo hacían las minorías como una estrategia para hacerse reconocer, y ahora, todos los oportunistas que quieren posar de independientes o de demócratas, para arrebatar derechos a los más débiles. Pero la ridiculez no encuentra aún su límite, y la Asamblea de Antioquia, a iniciativa de la bancada uribista, declaró persona no grata al Director del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, un funcionario técnico que simplemente cumplió su deber de actualizar y publicar el mapa del Chocó tal como ha sido.

Como era de esperarse, el lío Belén de Bajirá alborotó el avispero de la antioqueñidad rancia, anticentralista frente a Bogotá y centralista en su relación con las subregiones no andinas y periféricas del departamento, donde habitan los antioqueños de tercera categoría que siempre han despreciado las élites. La bandera federalista fue desempolvada como cada vez que los intereses estratégicos de las élites verdiblancas son cuestionados por cualquier política pública. Se trata de un anticentralismo contestatario que invoca valores culturales regionales del siglo XIX hoy venidos a menos, de una supuesta superioridad de raza, que no deja de semejar la doctrina del “destino manifiesto” en que basa el imperialismo gringo su agresividad con las naciones y pueblos indefensos de todo el mundo.

Es de la mano de la gobernación de Antioquia y sus élites agroindustriales, que los depredadores ambientales de gruesa chequera buscan seguir su penetración hacia el Darién y el corredor del Pacífico. Por lo tanto el “pataleo” será largo y la dirigencia paisa buscará dirimirla en el Congreso de la República, donde las consideraciones técnicas pueden hacerse a un lado, y además cuentan con la bancada del Centro Democrático y demás “padres de la patria” que querrán dejar precedentes para resolver a su favor decenas de litigios similares que están en la carpeta legislativa.

2.

La otra barra, cada vez más brava, es la del expresidente Álvaro Uribe. En materia de paz principalmente, le tira a todo lo que se mueva. Mantiene un proceso de radicalización hacia la derecha del espectro político, que no parece tener límite hasta que se haga con el poder presidencial. La capacidad de vociferación del uribismo asciende en la misma medida que el proceso de paz va alcanzando objetivos y uno tras otro van quedando regados en el camino sus argumentos y sus anuncios apocalípticos.

Al expresidente y su Centro Democrático no le satisfacen las cifras de muertes evitadas desde que se acordó el cese bilateral del fuego; tampoco la soledad del hospital militar; no cree en el desarme total de las FARC, pues alguna vez soñó con ser el receptor personal de esas armas. Todos esos hechos constatables y constatados por las autoridades, los medios de comunicación y la ciudadanía, son despreciables frente a su aspiración de ver tras las rejas a los dirigentes de la exguerrilla y en total impunidad a los suyos, los despojadores de tierras y financiadores del paramilitarismo como su hermano Santiago, llamado a juicio por su presunta implicación con el grupo “Los doce apóstoles”.

Como las barras bravas del mundo del fútbol, el uribismo se fortalece sumando fanáticos y apabullando con su ruido. Cuando en el Congreso van a ser derrotados en las votaciones, se retiran para ganar el partido fuera del campo de juego con su gritería. El expresidente senador, igual que el gobernador paisa, consideran que las mayorías están inventadas para derrotar verdades; pretenden que sus intereses se conviertan en legítimos, y sus “tesis” en verdaderas en tanto ellas sean coreadas por muchedumbres prefabricadas.

Al paso de esas muchedumbres, Uribe quiere aplastar (“volver trizas”, es el lenguaje de uno de sus alfiles) la implementación de los acuerdos de paz con la insurgencia y el movimiento por la reconciliación que lleva aparejado. Su marcha hacia el Congreso y la presidencia de la República en 2018, tiene ya las mismas características de su campaña para que los colombianos votaran NO a los acuerdos de paz el pasado 2 de octubre. Ya las mentiras de campaña están siendo fabricadas y sus cerebros trabajan activamente instigando a las iglesias cristianas y sus pastores adinerados; los defensores de la tradición, la familia y la propiedad ya están en guardia para gritar que viene la violación masiva y el despojo de lo mal habido. Todos saldrán de casa para derrotar al impío y defender las buenas costumbres ante la arremetida del terrorismo que se ha disfrazado con la paz y la reconciliación.

Es delirante de igual manera, la campaña internacional que adelanta el exmandatario contra el país y el Estado que gobernó durante ocho años. La visita que realizó a La Florida el pasado 14 de abril en compañía de Pastrana, buscando “dañarle el oído” al señor Trump, era solo el inicio de un periplo que pretende desbaratar el apoyo alcanzado por el proceso de paz más allá de las fronteras, donde repite todas las mentiras que ya se cansó de decir aquí. En todos los escenarios internacionales donde encuentra la oportunidad, el expresidente senador sigue siendo, no el dirigente de un partido político que existe para proponerle nortes a un país necesitado de orientaciones y proyectos, sino el patrón de una barra brava.

3.

Pero hay barras de todos los tamaños. La de Luis Pérez y la de Álvaro Uribe son lánguidas frente a la muchedumbre enardecida que ponen a delirar los “actores”, en el sentido teatral del término, de los monopolios mediáticos establecidos en Colombia, que mañana y tarde destilan su odio contra el régimen político venezolano. En este caso, la congregación fanática es más variada, más “bipartidista” y más “nacional”.

Por obra y gracia de los medios de comunicación “oficiales”, es decir no alternativos, o sea los monopolios adscritos a los Sarmiento, Ardila y Santo Domingo, el colombiano del común sabe tanto de la situación política de Venezuela como el antioqueño corriente sobre Belén de Bajirá. Pero eso es lo de menos. Las barras bravas poco miran hacia la cancha o lo hacen bajo los efectos de sus propios humos. Ellas no requieren que el juego sea analizado porque de antemano saben que todo revés proviene de un mal arbitraje  comprado por el contrincante.

El cubrimiento de la crisis venezolana para el público de este lado de la frontera común, se ha convertido en un monólogo, cuyo protagonista tiene puesta la camiseta y la máscara antigases de los vándalos que en ese país destruyen y provocan el derramamiento de sangre cotidiano, sabedores que mientras más caos y más violencia, más inminente puede ser la intervención militar externa que derrote al chavismo. En efecto, la matriz mediática que se ha impuesto conjuga de maravilla dos ignorancias: una sobre Venezuela y la otra sobre Colombia. La primera afirma y reafirma que en el país hermano, unos héroes llenos de generosidad, patriotismo y amor por su pueblo, le ponen el pecho a las balas de un dictador espurio que los oprime y los aniquila en las propias calles. La otra, sostiene que a este lado, la paz no le cuesta la vida a los dirigentes campesinos y comunitarios, por eso no hay primeras páginas ni grandes titulares para esa tragedia propia que según las altas autoridades, carece de sistematicidad y obedece a casos aislados. La matriz también sostiene que a diferencia de allá, aquí sí hay democracia, justicia social y prosperidad para toda la población; pero si algún paro cívico o protesta nacional aparece, o una olla podrida se destapa, no importa, la barra brava mantiene su gritería señalando para el país de al lado.

No todo sería de reprochar, si la atención de los colombianos hacia Venezuela significara una actitud internacionalista o solidaria con el pueblo hermano. Pero no es este el caso. Estamos ante un fenómeno de manipulación burdo, que ha desatado el poder imperial estadounidense contra ese régimen político después de que no pudo obtener la silla presidencial que dejó Hugo Chávez tras su muerte. La derrota de la oposición pronorteamericana, sin Chávez al frente, no ha sido aceptada ni asimilada hasta hoy. Un golpe de estado continuado se desató desde entonces, combinando todas las formas de lucha contra el gobierno de Maduro y aprovechando la caída drástica de los precios internacionales del petróleo.

A la barra brava antivenezolana se sumó hace pocos meses el presidente Santos. Su actitud conciliadora con Maduro terminó en vísperas de su visita a la Casa Blanca el 17 de mayo, ya desembarazado del acompañamiento del vecino al proceso de negociación con las FARC. De esta manera, el Estado colombiano podrá liderar el bloque antichavista latinoamericano y reasumir su papel de peón de brega de EE.UU. para la política regional. Crece pues la audiencia, y no faltará el aspirante a la presidencia de Colombia que para tranquilidad de Trump y de la OEA, haga caudal electoral prometiendo que se encargará del problema del vecino.

Campo Elías Galindo A. 

http://campo-el.blogspot.com.co/2017/06/las-barras-bravas-de-la-politica-en.html?m=1

Lo del cepo vehicular en Medellín: denigrante

Por: Ricardo Robledo

El 2 de mayo del presente año, mediante la resolución 366 de 2017, la secretaría de movilidad de Medellín reglamentó el protocolo para bloquear vehículos mediante el uso de cepos.

Los cepos son mecanismos que se colocan en las llantas de los carros para impedir su movilidad. Tal como fue su abominable función en la historia para castigar a los esclavos rebeldes. Pero como se aprecia, no es cosa del pasado. Tampoco lo son los regímenes totalitarios.

Los nefastos dispositivos serán utilizados en los vehículos que, a consideración de esta secretaría,  se encuentren mal parqueados. También se sellarán las cerraduras y los afectados deberán llamar a los funcionarios de tránsito para que les pongan el respectivo comparendo y desbloqueen el automotor.

No sólo por su nombre y desgraciado uso en la historia, el nombre y su práctica, son  denigrantes como trato a los ciudadanos que así se les hace ver como delincuentes. Faltaría incluir la manilla electrónica para seguir a los peligrosos infractores. Otro debería ser el enfoque de los gobernantes.

Una administración pública no debe sobresalir por su trato represivo, bajo y despectivo de sus ciudadanos. Esta condición constitucional que le garantiza plenos derechos a las personas en una nación, debe ser respetada. No se puede dirigir el odio contra la población y considerarlos enemigos de la sana convivencia. No es casual el repudio de la actual alcaldía a las leyes de paz.

Lejos está de la presente administración municipal, la valoración y la educación ciudadana y el respeto que se merecen los pobladores; más en una ciudad en la cual la ilegalidad acosa a las personas y a lo que se no se le ofrece una solución convincente ni acciones contundentes que hagan confiable, segura y vivible la región. Pero es más fácil perseguir a  desprevenidos ciudadanos y aplicarles ejemplarizantes medidas punitivas. Además que con estas determinaciones de seguro se verán beneficiados algunos particulares que harán el negocio muy jugoso. 

La ciudadanía debe entender que una administración pública no puede reglamentar cómo y lo que le dé la gana. Es de esperar que la población rechace tales medidas y las haga derogar con acciones conjuntas. Y que se ponga atención en las ideas que guían a las personas que son elegidas, quienes deberían tener como función: proteger a los pobladores y garantizarles una vida agradable, segura y en paz en el municipio.

Junio 13 de 2017

ESTAFA DE MILLICOM CONTRA LA CIUDAD DE MEDELLÍN

Por: Gonzalo Alvarez Henao

SI LA ESTAFA COMETIDA POR MILLICOM CONTRA LA CIUDAD DE MEDELLÍN, LA HUBIERAN DENUNCIADO EN EL EXTERIOR, TODOS LOS ORGANISMOS DE CONTROL LA ESTUVIERAN INVESTIGANDO.

SE PODRÁ PENSAR QUE ES UNA EXAGERACIÓN, PERO ESTO FUE LO QUE PASÓ EN LA VIDA REAL.

Se ha vuelto costumbre en el país y a menudo se pone en evidencia, de que los actos de corrupción se investigan con alguna efectividad, si son denunciados en el exterior. Los casos más recientes y que confirman esta triste realidad, son los de Odebrecht e Inassa Canal Isabela ll. En estos casos se tiene que tanto la Fiscalía General de la Nación, como la Procuraduría, trabajan a toda marcha para dar con los responsables de los actos de corrupción, denunciados en Estados Unidos, Brasil y España. En cambio los hechos delincuenciales y la estafa protagonizada por Milico, ha pasado, en cierta medida inadvertida, para los organismos de control y los medios de comunicación.

Los casos de corrupción denunciados en Odebrecht e Inssa, filial de Canal Isabel ll, son de marca menor, comparados con el pago de sobornos y la estafa perpetrada por Millicom en contra de Medellín. Querernos recordarle a nuestros amigos lectores, que  hace cerca de 4 años se presentaron las respectivas denuncias ante la Fiscalía y la Procuraduría,  y a la fecha no existe un pronunciamiento de estos dos entes de control anunciando la apertura de una investigación.

¿Cuál puede ser la razón para que tanto la Fiscalía como la Procuraduría, estén tan acuciosos investigando el caso de Isabela ll, y el de Millicom lo tengan casi en el olvido, siendo que los casos de Inassa y el de Millicom tienen la misma similitud, en cuanto se trata de empresas con residencia en España, como Isabela ll y Millicom Spain S. L. y otras empresas de papel de la misma multinacional denunciada penalmente ante la Fiscalía?

Son muchas las preguntas que se formulan los investigadores y la ciudadanía, tratando de encontrar el método empleado por Inassa Canal Isabela ll, para pasar a controlar el 82.16% de la Triple A del Distrito de Barranquilla.

Con la misma acuciosidad tanto investigadores como ciudadanos, no se están preguntando como hizo Millicom Internacional para pasar a controlar y a adueñarse UNE EPM Telecomunicaciones S. A. EDATEL S.A., EMPRESA DE TELECOMUNICACIONES DE PEREIRA S.A E.S.P, CINCO TELECOM COMPORATION con domicilio en la Florida, ORBITEL COMUNICACIONES LATINOAMERICANA S.A.U, y ORBITEL SERVICIOS INTERNACIONALES S.A., sin aportar un solo peso.

Esta operación encubierta la iniciaron con una  empresa de papel constituida  en España el día 16 de julio de 2013, denominada Millicom Spain Cable S. L. con un capital social de 20 mil Euros, mediante la figura jurídica de la fusión por absorción, pero como en su momento demostramos que esta operación era ilegal, habida cuenta que en el ordenamiento jurídico del país no existe la fusión de una entidad pública con una privada y porque el artículo 9 de la Ley 1340 de 2009, autoriza la integración de empresas que se dediquen a la misma actividad económica o participen en la misma cadena de valor, y la empresa de papel Millicom Spain Cable S. L. tenía un objeto social completamente distinto al de UNE EPM Telecomunicaciones S.A., por lo que cualquier actuación contraria a la citada norma se convertiría en un acto ilegal.

La estafa que estamos denunciando está completamente documentada, habida cuenta que después de la supuesta fusión que tiene fecha de 14 de agosto de 2013, solicitamos un certificado de existencia de UNE EPM Telecomunicaciones S.A., el cual nos fue expedido por la Cámara de Comercio de Medellín en agosto 19 de 2014. En este documento nuestra compañía, como empresa absorbente figuraba como la empresa matriz, controlando directamente a EDATEL S.A., EMPRESA TELECOMUNICACIONES DE PEREIRA S.A E.S.P, CINCO TELECOM COMPORATION con domicilio en la Florida, ORBITEL COMUNICACIONES LATINOAMERICANA S.A.U, y ORBITEL SERVICIOS INTERNACIONALES S.A.

Pero en una operación que en su momento señalamos como el “CAMBIAZO” habida cuenta que en el certificado de existencia de UNE EPM Telecomunicaciones S.A., expedido el 11 de diciembre de 2014, por la Cámara de Comercio de Medellín, aparece como empresa matriz Millicom Spain S.L. constituida en España, GLOBAL LOCRONAN S. L. constituida en España el 20 de septiembre de 2013, Peak Five S. L. constituida en España el 24/09/2013, Peak Record S. L. constituida en España el   23 de septiembre de 2013.

Esta grave denuncia, que estamos presentando públicamente, está debidamente documentada. ¿Cómo fue el modus operandi? Juan Esteban Calle Restrepo, para la época Gerente General de EPM, simuló una negociación con la multinacional financiera Millicom Internacional, para la integración de sinergias y competir en el mercado de las telecomunicaciones. Para el logro de este altruista propósito necesitaban que el Concejo de Medellín autorizara modificar la composición accionaria de UNE EPM Telecomunicaciones S.A. y permitiera ceder a terceros la gestión y operación del negocio. El concejo removió esta traba en mayo de 2013, con el acuerdo 17 de 2013.

El Concejo de Medellín emitió el Acuerdo 17 de 2013 el 8 de mayo. Con este instrumento en la mano, los estafadores de Millicom se fueron para España y constituyeron el 16 de julio de 2013 a Millicom Spain Cable S. L., que tal como lo anotamos anteriormente, con un capital social de 20 mil Euros y un objeto social distinto al de las telecomunicaciones. Constituida la empresa de papel, tanto el Gerente de EPM, como los directivos de Millicom anunciaron un acuerdo para crecer. Este supuesto pacto para crecer fue el sofisma de distracción, porque el plan de Millicom era apoderarse de todas las empresas de telecomunicaciones vinculadas a UNE EPM Telecomunicaciones S.A. (Nótese como el acuerdo fue aprobado en mayo y en julio crearon la empresa).

La operación encubierta con la complicidad del Actual Presidente de Argos, Juan Esteban Calle Restrepo, la llevó a cabo Millicom con otra empresa de papel denominada Millicom Spain S.L., constituida en España en el año 2007,   Global Locronan S. L.., Peak Five S. L. , Peak Record S. L.. que Millicom creó en el 2013 después de que el Concejo de Medellín le diera vía libre a la estafa, tres empresas más, que conjuntamente con Millicom Spain S. L. conforman el supuesto Grupo Empresarial, que se apoderó de UNE EPM Telecomunicaciones S.A. y sus empresas asociadas. Millicom Internacional y sus testaferros, no han podido demostrar que dieron un solo peso para reclamarse dueña de una parte de la propiedad de UNE EPM Telecomunicaciones S.A.

De los Trabajadores y la Comunidad en General,

GONZALO ÁLVAREZ HENAO                                                               JESÚS MARÍA LÓPEZ VELÁSQUEZ

Presidente                                                                                  Presidente

Movimiento Cívico de Medellín                     UNIGEEP

Y El Área Metropolitana                                       Unión Sindical Grupo Empresarial EPM


Por: Gonzalo Alvarez Henao

CRONOLOGÍA DE UNA ESTAFA FRÍAMENTE CALCULADA Y NACIONAL E INTENCIONALMENTE SILENCIADA

PRENSA DE MEDELLIN

Por los años 2012, la multinacional Millicom Internacional estaba pasando por un mal momento económico. Para esa época, era el socio principal de Colombia Móvil, TIGO, con el 50% más una acción. En esta compañía también participaba como socio con el 25% EPM. Directivos de Millicom y de EPM tenían una vieja amistad. En este caso encaja muy bien la frase que dice: “los amigos son para ayudarse”. Millicom acudió en auxilio ante Juan Esteban Calle Restrepo para que le diera una manito. Y éste ni corto ni perezoso, le dio las dos manos y los pies y les encimó el cuerpo.

El 5 de febrero de 2013, se dio por concluida la negociación secreta a espaldas de la ciudadanía y sin autorización legal, la firma de un memorando de entendimiento no vinculante. El desinteresado y bondadoso, Juan Esteban Calle Restrepo, prometió a sus amigos poner a su disposición a UNE EPM Telecomunicaciones S.A., Telefónica de Pereira, Edatel y otras empresas asociadas del grupo empresarial.

¿Cómo defendió este apátrida la entrega del patrimonio público a la multinacional Millicom?, pues con el argumento de que el negocio de las telecomunicaciones era muy competido, UNE EPM Telecomunicaciones S.A. estaba en grave riesgo y que por lo tanto necesitaba un socio con músculo financiero, para contar con una empresa sólida y de talla internacional, y que Millicom reunía este requisito y que además aportaría 1.4 billones pesos al Municipio de Medellín, para inversión social.

Con este acuerdo entre amigos y dineros de los contribuyentes, se sacó a Millicom de la crisis financiera ¿Cuál fue la operación matemática empleada? Simple, a UNE EPM Telecomunicaciía.ones S.A., con sus filiales la valoraron en USD 1,989 millones, quedando EPM en la nueva empresa con el 50% más una acción. Como Millicom estaba quebrada y no tenía con que aportar el 50% menos una acción, echaron mano de Colombia Móvil y la valoraron en USD de 1,294 millones, pero este valor era insuficiente para igualar el aporte de EPM, por lo que anunciaron que Millicom aportaría USD 860 de dólares en efectivo y una prima de control de 150 millones de dólares.

¿Cómo llegó Millicom a reclamarse dueña del 50% de UNE EPM Telecomunicaciones S.A.?, muy sencillo, aportando en el papel los activos de Colombia Móvil valorados en USD de 1,294 millones, sin que Millicom fuera dueño absoluto de Colombia Móvil. La composición accionaria para la fecha de la supuesta negociación era de 50% más una acción de Millicom, el 25% de EPM y el otro 25% de la ETB, pero trabajaron con el 100%.

El flamante Presidente de Cementos Argos, Juan Esteban Calle Restrepo, le entregó a Millicom no el 50% menos una acción de UNE EPM Telecomunicaciones S.A., sino la totalidad de la compañía con sus asociadas, siendo las más destacadas Telefónica de Pereira y Edatel, sin aportar un solo peso.

Los 1.4 billones que prometió Millicom para inversión social, los sacó el personaje de marras, de las reservas presupuestales de UNE EPM Telecomunicaciones S.A. antes de su entrega. O sea que Millicom se quedó con los 1:4 billones de pesos; las acciones de Millicom en Colombia Móvil no las entregaron, pues siguen en poder de Millicom; los 150 Millones de la prima de control, tampoco los entregaron y lo hacen aparecer en el papel como vinculado al patrimonio.

Millicom no se apoderó de UNE EPM Telecomunicaciones S.A. y sus asociadas para hacer de ellas unas empresas importantes, sino para saquearlas. La deuda de UNE EPM Telecomunicaciones S.A. en diciembre de 2016, era de 3.4 billones de pesos, están vendiendo los activos y a través de una empresa de papel Huawei, están saqueando los dineros con los contratos de una supuesta sustitución patronal.

Ingenuamente, algunos Concejales de Medellín y ciudadanos se hacen esta Pregunta: ¿Cuándo Millicom va a devolver a UNE EPM Telecomunicaciones S.A.? La respuesta es simple, nunca, habida cuenta que no consta en ningún documento válido ningún compromiso de Millicom para con EPM o el Municipio de Medellín. En conclusión nos estafaron, Juan Esteban Calle Restrepo y los directivos de Millicom, lo más doloroso, lo más triste es que han contado con la complicidad de la Personería de Medellín y la Contralor

Las élites antioqueñas

Todo esto tiene su explicación en lo siguiente: el hecho tan grave, bochornoso y escandaloso como la detención, por parte de la Fiscalía General de la Nación de César Augusto Hernández San Martin, Contralor Auxiliar de Medellín, por sus vínculos con el caso Odebrecht, pone al descubierto el poder que han adquirido las mafias de la descomposición con sus fichas enquistadas en los organismos de control. Que tan lamentable suceso esté pasando casi inadvertido, demuestra lo infiltradas que están las élites antioqueñas por el flagelo de la corrupción. Esta connivencia con la impunidad, explica el manto de silencio que se ha tendido para proteger a todos los funcionarios implicados y comprometidos con la operación delincuencial de Millicom. Por fortuna nuestras dos organizaciones han sido enfáticas en denunciar las conspiraciones que son evidentes en algunos estamentos, y ahora mucho más en la Contraloría General de Medellín.

De los Trabajadores y la Comunidad en General,

GONZALO ÁLVAREZ HENAO           JESÚS MARÍA LÓPEZ VELÁSQUEZ

Presidente                                        Presidente
Movimiento Cívico de Medellín         UNIGEEP

Y El Área Metropolitana                   Unión Sindical Grupo Empresarial EPM

Imagen

Mensajes biblicos

Paro docente: “No tenemos los recursos”, Juan Manuel Santos

Revista semana

http://www.semana.com/educacion/articulo/paro-docente-movilizaciones-de-los-maestros-en-bogota/527665

6/6/2017 

Nuevamente los maestros salieron a marchar por las principales ciudades del país para exigir mejores condiciones laborales. El presidente de la Nación asegura que el gobierno no tiene más que ofrecer.

Con una gran pancarta de bienvenida a los maestros de diferentes lugares del país, la Gran Toma de Bogotá inició en el Monumentos a Los Héroes a las 9 de la mañana, de allí alrededor de 300 personas, tanto profesores como estudiante,s que llegaron de departamentos como Atlántico, Boyacá y Norte de Santander caminaron por la Avenida Caracas hacia el sur para concentrarse en la Plaza de Bolívar en donde se espera lleguen 60.000 manifestantes, según la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode). 

Relacionado: ‘El ABC del paro docente‘

Mientras que los marchantes continuan en su recorrido por la carrera séptima hacia la Plaza Bolívar, a mediodía el presidente Juan Manuel Santos declaró ante los medios que el gobierno le ha presentado al magisterio todas las propuestas que tienen. Según el mandatario: “ya hemos llegado al final de la negociación. Yo espero que se llegue a un acuerdo sobre el incremento salarial y lo demás temas de la agenda, pero nosotros ya llegamos al límite, no podemos ofrecer más, no tenemos los recursos”.

Por su parte, voceros de Fecode indicaron a Semana Educación que el caso de Buenaventura “es una clara demostración de que sí hay recursos”. Tras más de 20 días de paro en este distrito especial portuario del Valle del Cauca, el gobierno logró un acuerdo final con los líderes de las movilizaciones y acordó destinar 170.000 millones de pesos para educación, entre otros gastos.

Foto: Fecode.

9:30 de la mañana

Cerca de 700 maestros se concentraron en otro punto de encuentro,  la estación de TransMilenio La Sevillana, ubicada en la avenida Calle 45A Sur con Carrera 60,  este punto de la ciudad se registraron algunos problemas de movilidad por lo que tuvo que cerrarse la estación Venecia.  Según manifestantes, los profesores allí presentes provenían del Cauca, Tolima y Buenaventura.

Foto: Fecode.

Otro de los puntos de concentración fue en la calle 13 con Boyacá, en donde se reportaron cerca de 500 maestros de Bogotá, Caldas y Antioquia. Por la multitudinaria marcha, la Policía Metropolitana de Bogotá (Mebog) cuenta con 2.000 uniformados en las calles que estuvieron apoyando a los ciudadanos de Bogotá para prever diferentes sucesos que pudieron presentarse en las movilizaciones, aseguró la institución.

 Foto: Fecode.

Según voceros de la Secretaría de Movilidad, los manifestantes acordaron que no harían ningún bloqueos de vías ni de carriles durante las movilizaciones en Bogotá.

Sin embargo toda la mañana la movilidad en la avenida Caracas de Sur a Norte estuvo paralizada, de occidente – oriente la calle 26 estuvo bloqueada por la marcha del sindicato del Inpec (INALPPEC), en la estación de la Plaza de la Democracia y Centro Memoria fue cerrada por invasión al carril de TransMilenio, tampoco hay paso al norte en la estación de Las Nieves. Décima con Jiménez sin paso por la marcha. Fue cerrada estación Museo del Oro en la que se hacen  retornos en el servicio JF23 y está operando por Universidades. Y la calle 34 con carrera Séptima fue detenida la flota dual.

Respuesta de TransMilenio

Debido a las manifestaciones que se presentaron hoy en las calles de Bogotá “vamos a habilitar desde la estación San mateo para retornar en Alquería. Se hace contraflujo desde Centro Memoria hasta el puente de la calle 26.  Desviamos J23 por Universidades M51 por la 26. Desviamos J23 por Universidades M51 por la 26. San Victorino tomamos la Jiménez al occidente para salir a Caracas al norte y subir a la calle 24 para M80, M82 y M83”.

Hacia las 3 p.m TransMilenio aseguró que ya hay normalidad en casi todo el sistema, “solo queda Museo del Oro sin operar”.

Esta es la cuarta Gran Toma Bogotá que Fecode hace en menos de un mes, porque aunque las negociaciones con el Ministerio de Educación han continuado, ninguna de las partes ha llegado a un acuerdo.

Quizá le interese: ¿Cómo se evalúa a los maestros?

Lo la última reunión, que se dio ayer en la noche, y en la que estuvo presente el Procurador General de la Nación, se hizo un inventario sobre los acuerdos y desacuerdos en relación con el pliego de peticiones presentado por Fecode, y establecieron 4 aspectos fundamentales para continuar dialogando: 1. Sistema General de Participaciones. 2. Nivelación salarial. 3. Reconocimiento de primas extralegales. 4.Reconocimiento de bonificaciones.

Por lo pronto, al final de la tarde se continuará con las negociaciones “con el objetivo de deliberar sobre las observaciones, reacciones y posturas a partir de las propuestas documentadas por las partes”, aseguró el Ministerio de Educación.

A la marcha también se sumaron los estudiantes

A esta marcha que bloqueó las principales vía de la ciudad, se unieron los estudiantes de colegios y universidades, además de algunos movimientos estudiantiles como la Marcha Patriótica, la Organización Colombiana de Estudiantes (OCE), quiénes través de coloridas pancartas con mensajes de agradecimiento, manifestaron su apoyo a los profesores de todo el país.

El gremio de  Sindicato de Trabajadores Estatales de Colombia (SITECOL) también volvió a salir a calles para exigirle al gobierno que cumpla los pactos acordados sobre el aumento de su sueldo.

Relacionado: ‘Hay que dejar de maltratar la labor docente‘

Por un lado Steven Orrego, presidente del sindicato de trabajadores del Inpec (INALPPEC), asegura que volvieron a salir a las calles porque, “aún estamos en plan reglamento en las cárceles, marchamos el día de hoy porque el gobierno no quiere aumentar el salario de los trabajadores estatales, no han cumplido con el acuerdo del año 2015 y no quieren aumentar la planta de personal del INPEC, hacinamiento, malas condiciones de trabajo y de salud de los presos, y condiciones laborales”.

También se sumaron los trabajadores de la Empresa Telefónica de Bogotá (ETB). Igualmente Aerocivil y Migración Colombia, quienes realizan plantón en la entrada de los alimentadores de Portal Dorado.

El apoyo de los colombianos en el extranjero 

Desde Saupaulo, Australia y Argentina, colombianos han manifestado su apoyo a los maestros del país a través de las redes sociales.

Con fotografías de pequeños carteles en los que hacen mención donde están viviendo, envían mensajes de aliento para que sus compatriotas continúen luchando por mejorar sus condiciones laborales.

 

EL CIRCO DE TRUMP, COMEY COMEDIA O DRAMA

http://www.eluniversal.com.mx/articulo/mundo/2017/06/8/el-largo-camino-hacia-un-posible-juicio-politico-contra-trump

http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-39956876