Archivo de la categoría: Debate

El país esta diseñado para robar: Gilberto Tobón Sanín

“La reestructuración del estado colombiano” gilbertotobonsanin.1991pdf

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Respaldo antioqueño al proceso constituyente venezolano.

Las y los ciudadanos, y las organizaciones abajo firmantes, que hacemos parte de la sociedad antioqueña, reconocemos y saludamos a la Asamblea Nacional Constituyente de la República Bolivariana de Venezuela, instalada oficialmente el 4 de agosto, y hacemos votos para el éxito en sus deliberaciones, que habrán de contribuir a la paz y al afianzamiento de la democracia en el país hermano.

Declaramos nuestra adhesión completa al principio de la autodeterminación de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos de todos los estados. Rechazamos por lo tanto, las injurias, las calumnias, las amenazas y las sanciones que se han venido produciendo por parte de los grandes poderes económicos y políticos internacionales, encabezados por EE.UU., en contra del gobierno constitucional del Presidente Nicolás Maduro.

Las y los venezolanos deben resolver internamente sus propios asuntos sin recurrir a la violencia, a través del diálogo y de las herramientas constitucionales. Apoyamos todo esfuerzo interno o externo que tienda al acercamiento de las partes enfrentadas, y rechazamos la campaña desvergonzada de mentiras que adelantan las empresas mediáticas a nivel mundial en contra del pueblo y gobierno Venezolanos.

Expresamos nuestra solidaridad con la población inmigrante del país hermano que ha llegado a nuestro departamento, como consecuencia de la desestabilización social y económica. Les extendemos nuestra mano amiga y demandamos de las autoridades seccionales, toda la atención y protección posibles.

Medellín, Colombia. Agosto 8 de 2017.

Suscriben:

Colectivo Socialismo Bolivariano Siglo XXI

“Cuadernos de Reencuentro”

http://www.na-24.net Prensa Alternativa

Colectivo Movilicémonos Pueblo

Corporación Casa de la Amistad Latinoamericana

Convergencia Democrática Regional – Todos Somos Colombia

Grupo de Estudio Socialismo en América Latina.

Corporación CESCA – Centro

Partido Comunista Colombiano

Movimiento Político y Social Marcha Patriótica

Colectivo de Mujeres Tejiendo Red

Briand Alejandro Hoyos López – Estudiante de la Universidad de Antioquia

Gina García – Mujer Comunitaria

Patricia Vélez C. – Mujer Comunitaria

Colombia. Arbol del poder. “Por un país donde quepan todos los apellidos”

 

http://www.actuemos.info

LAS BARRAS BRAVAS DE LA POLÍTICA EN COLOMBIA

Cambalache XXI

Análisis y opinión sobre problemáticas globales, nacionales y locales, con base en las Ciencias Sociales y la Historia

Análisis Social▼

junio/16/ 2017

Colombia está tomada por fuerzas internas que la estrujan cotidianamente de un lado para otro. Un ataque de nervios permanente provoca una opinión pública vociferante, espoleada por mediocridades institucionalizadas sin proyecto diferente que promover intereses privados propios o de terceros. El país se llena de falsos dirigentes que a punta de “posverdades” o verdades a medias, arman cada uno su propia barra brava, y al igual que en el mundo sórdido del fútbol rentado, dan la espalda al campo de juego para saltar, insultar y amenazar a sus adversarios, sin otro argumento que su número, su bandera o su poder de intimidación.

1.

La más reciente de esas formaciones energúmenas, es la del gobernador Luis Pérez Gutiérrez, para desconocer el veredicto adoptado en derecho según el cual Belén de Bajirá, no es un corregimiento antioqueño sino chocoano. La barra brava de Pérez, está encabezada por la Asamblea Departamental, la misma que quiso condecorar y adoptar como hijo de Antioquia al corrupto exprocurador Alejandro Ordóñez. Esa corporación se trasladó al corregimiento disputado para celebrar una sesión “descentralizada”, cantar el himno e izar la bandera antioqueños; un acto de provocación y desafío a las autoridades nacionales que está siendo aplaudido por el resto de la barra, en la cual se han filado el expresidente Uribe, el alcalde Fico y las élites empresariales que desde la década de los ochentas lanzaron la consigna colonialista de “la conquista del trópico antioqueño”.

La manipulación ha sido burda. Ya hasta “Los del sur”, la gran barra futbolera del Atlético Nacional, exhibió una gigantesca pancarta en el estadio con la leyenda “Belén de Bajirá es de Antioquia”, que según el periódico El Colombiano “fue iniciativa de la barra y no de la gobernación de Antioquia”. No han faltado los pronunciamientos de los exgobernadores y de todas las llamadas “fuerzas vivas” de la antioqueñidad decadente, tan bien representada por sus actuales mandatarios.

Una de las perlas del gobernador Pérez, es su campaña de recolección de un millón de firmas para respaldar su rebeldía con el gobierno de Bogotá. De manera que la barra va a crecer y hasta puede volverse más brava. Para Pérez no importa que Chocó tenga medio millón de habitantes y Antioquia más de cinco millones y medio; dirá Él que la ley de las mayorías es la ley de dios, igual que la ley del más fuerte que anda invocando para quitarle al pueblo de Bajirá la salud, la educación y demás derechos como retaliación si ese territorio no es anexado a Antioquia.

En este país, así como todo mundo amenaza, todo mundo recoge firmas. Antes lo hacían las minorías como una estrategia para hacerse reconocer, y ahora, todos los oportunistas que quieren posar de independientes o de demócratas, para arrebatar derechos a los más débiles. Pero la ridiculez no encuentra aún su límite, y la Asamblea de Antioquia, a iniciativa de la bancada uribista, declaró persona no grata al Director del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, un funcionario técnico que simplemente cumplió su deber de actualizar y publicar el mapa del Chocó tal como ha sido.

Como era de esperarse, el lío Belén de Bajirá alborotó el avispero de la antioqueñidad rancia, anticentralista frente a Bogotá y centralista en su relación con las subregiones no andinas y periféricas del departamento, donde habitan los antioqueños de tercera categoría que siempre han despreciado las élites. La bandera federalista fue desempolvada como cada vez que los intereses estratégicos de las élites verdiblancas son cuestionados por cualquier política pública. Se trata de un anticentralismo contestatario que invoca valores culturales regionales del siglo XIX hoy venidos a menos, de una supuesta superioridad de raza, que no deja de semejar la doctrina del “destino manifiesto” en que basa el imperialismo gringo su agresividad con las naciones y pueblos indefensos de todo el mundo.

Es de la mano de la gobernación de Antioquia y sus élites agroindustriales, que los depredadores ambientales de gruesa chequera buscan seguir su penetración hacia el Darién y el corredor del Pacífico. Por lo tanto el “pataleo” será largo y la dirigencia paisa buscará dirimirla en el Congreso de la República, donde las consideraciones técnicas pueden hacerse a un lado, y además cuentan con la bancada del Centro Democrático y demás “padres de la patria” que querrán dejar precedentes para resolver a su favor decenas de litigios similares que están en la carpeta legislativa.

2.

La otra barra, cada vez más brava, es la del expresidente Álvaro Uribe. En materia de paz principalmente, le tira a todo lo que se mueva. Mantiene un proceso de radicalización hacia la derecha del espectro político, que no parece tener límite hasta que se haga con el poder presidencial. La capacidad de vociferación del uribismo asciende en la misma medida que el proceso de paz va alcanzando objetivos y uno tras otro van quedando regados en el camino sus argumentos y sus anuncios apocalípticos.

Al expresidente y su Centro Democrático no le satisfacen las cifras de muertes evitadas desde que se acordó el cese bilateral del fuego; tampoco la soledad del hospital militar; no cree en el desarme total de las FARC, pues alguna vez soñó con ser el receptor personal de esas armas. Todos esos hechos constatables y constatados por las autoridades, los medios de comunicación y la ciudadanía, son despreciables frente a su aspiración de ver tras las rejas a los dirigentes de la exguerrilla y en total impunidad a los suyos, los despojadores de tierras y financiadores del paramilitarismo como su hermano Santiago, llamado a juicio por su presunta implicación con el grupo “Los doce apóstoles”.

Como las barras bravas del mundo del fútbol, el uribismo se fortalece sumando fanáticos y apabullando con su ruido. Cuando en el Congreso van a ser derrotados en las votaciones, se retiran para ganar el partido fuera del campo de juego con su gritería. El expresidente senador, igual que el gobernador paisa, consideran que las mayorías están inventadas para derrotar verdades; pretenden que sus intereses se conviertan en legítimos, y sus “tesis” en verdaderas en tanto ellas sean coreadas por muchedumbres prefabricadas.

Al paso de esas muchedumbres, Uribe quiere aplastar (“volver trizas”, es el lenguaje de uno de sus alfiles) la implementación de los acuerdos de paz con la insurgencia y el movimiento por la reconciliación que lleva aparejado. Su marcha hacia el Congreso y la presidencia de la República en 2018, tiene ya las mismas características de su campaña para que los colombianos votaran NO a los acuerdos de paz el pasado 2 de octubre. Ya las mentiras de campaña están siendo fabricadas y sus cerebros trabajan activamente instigando a las iglesias cristianas y sus pastores adinerados; los defensores de la tradición, la familia y la propiedad ya están en guardia para gritar que viene la violación masiva y el despojo de lo mal habido. Todos saldrán de casa para derrotar al impío y defender las buenas costumbres ante la arremetida del terrorismo que se ha disfrazado con la paz y la reconciliación.

Es delirante de igual manera, la campaña internacional que adelanta el exmandatario contra el país y el Estado que gobernó durante ocho años. La visita que realizó a La Florida el pasado 14 de abril en compañía de Pastrana, buscando “dañarle el oído” al señor Trump, era solo el inicio de un periplo que pretende desbaratar el apoyo alcanzado por el proceso de paz más allá de las fronteras, donde repite todas las mentiras que ya se cansó de decir aquí. En todos los escenarios internacionales donde encuentra la oportunidad, el expresidente senador sigue siendo, no el dirigente de un partido político que existe para proponerle nortes a un país necesitado de orientaciones y proyectos, sino el patrón de una barra brava.

3.

Pero hay barras de todos los tamaños. La de Luis Pérez y la de Álvaro Uribe son lánguidas frente a la muchedumbre enardecida que ponen a delirar los “actores”, en el sentido teatral del término, de los monopolios mediáticos establecidos en Colombia, que mañana y tarde destilan su odio contra el régimen político venezolano. En este caso, la congregación fanática es más variada, más “bipartidista” y más “nacional”.

Por obra y gracia de los medios de comunicación “oficiales”, es decir no alternativos, o sea los monopolios adscritos a los Sarmiento, Ardila y Santo Domingo, el colombiano del común sabe tanto de la situación política de Venezuela como el antioqueño corriente sobre Belén de Bajirá. Pero eso es lo de menos. Las barras bravas poco miran hacia la cancha o lo hacen bajo los efectos de sus propios humos. Ellas no requieren que el juego sea analizado porque de antemano saben que todo revés proviene de un mal arbitraje  comprado por el contrincante.

El cubrimiento de la crisis venezolana para el público de este lado de la frontera común, se ha convertido en un monólogo, cuyo protagonista tiene puesta la camiseta y la máscara antigases de los vándalos que en ese país destruyen y provocan el derramamiento de sangre cotidiano, sabedores que mientras más caos y más violencia, más inminente puede ser la intervención militar externa que derrote al chavismo. En efecto, la matriz mediática que se ha impuesto conjuga de maravilla dos ignorancias: una sobre Venezuela y la otra sobre Colombia. La primera afirma y reafirma que en el país hermano, unos héroes llenos de generosidad, patriotismo y amor por su pueblo, le ponen el pecho a las balas de un dictador espurio que los oprime y los aniquila en las propias calles. La otra, sostiene que a este lado, la paz no le cuesta la vida a los dirigentes campesinos y comunitarios, por eso no hay primeras páginas ni grandes titulares para esa tragedia propia que según las altas autoridades, carece de sistematicidad y obedece a casos aislados. La matriz también sostiene que a diferencia de allá, aquí sí hay democracia, justicia social y prosperidad para toda la población; pero si algún paro cívico o protesta nacional aparece, o una olla podrida se destapa, no importa, la barra brava mantiene su gritería señalando para el país de al lado.

No todo sería de reprochar, si la atención de los colombianos hacia Venezuela significara una actitud internacionalista o solidaria con el pueblo hermano. Pero no es este el caso. Estamos ante un fenómeno de manipulación burdo, que ha desatado el poder imperial estadounidense contra ese régimen político después de que no pudo obtener la silla presidencial que dejó Hugo Chávez tras su muerte. La derrota de la oposición pronorteamericana, sin Chávez al frente, no ha sido aceptada ni asimilada hasta hoy. Un golpe de estado continuado se desató desde entonces, combinando todas las formas de lucha contra el gobierno de Maduro y aprovechando la caída drástica de los precios internacionales del petróleo.

A la barra brava antivenezolana se sumó hace pocos meses el presidente Santos. Su actitud conciliadora con Maduro terminó en vísperas de su visita a la Casa Blanca el 17 de mayo, ya desembarazado del acompañamiento del vecino al proceso de negociación con las FARC. De esta manera, el Estado colombiano podrá liderar el bloque antichavista latinoamericano y reasumir su papel de peón de brega de EE.UU. para la política regional. Crece pues la audiencia, y no faltará el aspirante a la presidencia de Colombia que para tranquilidad de Trump y de la OEA, haga caudal electoral prometiendo que se encargará del problema del vecino.

Campo Elías Galindo A. 

http://campo-el.blogspot.com.co/2017/06/las-barras-bravas-de-la-politica-en.html?m=1

Venezuela, Una Reflexión. Atilio Boron

VENEZUELA: una reflexión sobre esa “curiosa dictadura” por un nieto que hace honor a la memoria de su abuelo, el patriota nuestroamericano Juan Bosch. Estaba a punto de escribir algo sobre la intentona sediciosa y el vandalismo de esa derecha asesina pero me llegó lo de Matías y en su nota dice todo lo que quería decir. Por eso la comparto y recomiendo su difusión.

“Venezuela: Qué curiosa es esa “dictadura”
Matías Bosch / 21 de abril de 2017

Qué curiosa es la “dictadura madurista” que denuncian Henrique Capriles, Henry Ramos Allup y Julio Borges. Mientras todos los países gobernados por dictaduras han sido fuentes de emigraciones masivas, Venezuela sería la primera que recibe inmigraciones desde un país vecino, como pasa con los colombianos: hay 5.6 millones en Venezuela, el año pasado llegaron 100 mil más y en 2017 ya han llegado cerca de 30 mil.
El gobierno autoritario de Venezuela es tan brutal, que a “la oposición” que sale a “manifestarse” convocada por la MUD no parece quedarle otra que atacar e incendiar el Instituto Nacional de Nutrición, el Metro, un hospital infantil y dispara con armas de fuego a la policía. ¿Sabrán la dignidad con la que tenían que luchar los mayas perseguidos en la Guatemala de Ríos Montt? ¿Se les ocurre a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo incendiar un solo parque de Argentina? ¿Les interesará que en República Dominicana entre el 24 y el 26 de abril de 1984 fueron asesinadas 46 personas y heridas otras 185 (oficialmente mal contadas) a manos de policías y militares, sólo por tratar de conseguir comida y defenderse de la violencia estatal? Curiosamente la jovenPaola Ramírez, que murió este jueves de un balazo en Táchira, no fue asesinada a manos de policías ni “colectivos chavistas” como corre a repetir la gran prensa, sino con un arma que disparaba contra manifestantes oficialistas desde uno de los edificios adyacentes. ¿Qué dice la MUD sobre esto?
La tiranía de Maduro es tan seria, tan grave, que la oposición existe, pudo ganar las elecciones legislativas, tener mayoría parlamentaria, hacer marchas todas las semanas, tener partidos, viajar al extranjero, ser recibidos en la OEA, poseer periódicos, canales de TV, radios y todo lo que se proponga. La verdad, el caso recuerda mucho a la dictadura de Trujillo, cuando el Partido Dominicano era el único autorizado a existir, y portar el carnet con “la palmita” era una obligación igual a llevar consigo la cédula de identidad.

Dada la crueldad del gobierno de Venezuela, el secretario general de la OEA se ha visto precisado a intervenir. Deja para después la situación de los chilenos que no pueden volver a su país por penas de exilio aplicadas por Pinochet y mantenidas luego en gobiernos “democráticos”… Ni hablar de los casi veinte dirigentes mapuches que son presos políticos en ese país, acusados bajo la ley de “seguridad interior del Estado”. El secretario Almagro también deja para luego a los 40 dirigentes sociales que han sido asesinados en Colombia en menos de cuatro meses. Cuando Almagro habla de “ruptura del orden constitucional”, ¿se acordará de hacer algo por Honduras, donde en 2009 hubo golpe de Estado y ya hay más de 120 activistas medioambientales asesinados?

Maduro y Chávez han sido dos sátrapas tan crueles que destinan el 60% del presupuesto público a Gasto Social, y crearon y mantienen la Misión Barrio Adentro, el único programa que ha permitido que la población de barrios y campos venezolanos acceda a la atención en salud. Desde su creación, ya lleva más de 1300 millones de consultas, todas gratuitas y garantizadas. Igualito a la situación de República Dominicana, donde entre enero y marzo de 2017 murieron más de 300 bebés, producto en su mayoría de infecciones adquiridas en los hospitales donde nacen y se atienden. Ni hablar de los 5700 niños que murieron en un solo hospital público entre 2006 y 2012. Igual también a la condición de las 300 mil mujeres indígenas peruanas esterilizadas de manera forzosa en la era de Fujimori, todo en la más absoluta impunidad.

Ante un déspota como Maduro y compañía, Leopoldo López es Gandhi y Lilian Tintori viene siendo la mujer de Mandela o de Martin Luther King. Con la diferencia de que Tintori hizo campaña abierta para que Guillermo Lasso ganara las elecciones en Ecuador, ese Lasso implicado en el quiebre bancario que dejó en bancarrota a su país mientras él hacía negocios, y que tiene fortunas invertidas en paraísos fiscales. Cuando uno ve a Tintori fotografiada con Peña Nieto, con Trump y con Macri, uno se dice “¡vaya suerte!”, porque ¿cuándo fueron recibidas por algún presidente las viudas de los ejecutados políticos de Guatemala, Colombia o Argentina? ¿Cuándo Peña Nieto se ha sacado una foto con alguna de las madres, las hermanas o las novias de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa?
Seguramente, muchos venezolanos y venezolanas tienen razones de peso para estar molestos y en desacuerdo con su gobierno. Pero esa “oposición” instituida, la de los Capriles, Borges, Tintori, López, Ramos Allup … esa “oposición” se burla de la memoria histórica de su país y de América Latina cada vez que usa la palabra dictadura para justificar su ambición, su convicción de que puede hacer y deshacer a gusto, y exhibir su sed de triunfo y poder.

Alvaro uribe… mira quien habla

minuto 35:52

 

Colombia: “El erario como botín de guerra”

El erario como botín de guerra

Por: José Darío Castillón Orozco

Colombia mira el reciente escándalo de corrupción como si fuera único. Es una tradición: cinco o seis veces por año se desvela uno, permanece en cartelera hasta que otro se destapa y el anterior se olvida. Eso sí, el nuevo escándalo es más oneroso al fisco que el precedente.

Con el conocimiento de los sobornos de la firma brasileña Odebrecht que salpica a la casta política dominante, se rompió la usanza de incrementar el valor de los latrocinios, pues las coimas brasileñas rondan los once millones de dólares, mostrando a los politicastros colombianos como los más baratos del mundo, no más el Cholo Toledo se embolsicó él solito 20 millones de dólares; y se rompe la competencia por el monto del despojo, porque veníamos de ver la piñata de la Refinería de Cartagena, Reficar, donde unos señores, los de siempre, se alzaron con 6.080 millones de dólares (cerca de 17 billones de pesos), según cifras de la Contraloría General de la Nación, al lado de lo cual los sobornos de marras resultan el seis por ciento, un margen de error.

No quiere decir que no sea grave el caso Odebrecht. Lo es porque están prohibidos los sobornos, así como está prohibido matar gente y tenemos el reguero de asesinatos de cada día; y porque evidencia el carácter tramposo del Estado colombiano cuyas leyes no aplican para quienes medran en los ámbitos del poder. Cuando se trata de contratación resulta paradójico, pues la legislación anticorrupción ha puesto tantas trabas al proceso que excluye la participación de actores diferentes a los que tienen acceso al gobernante para que les levante condiciones, o para que excluya a posibles competidores.

Así empezó el asunto Odebrecht, con la reunión de representantes de esta firma con los hijos de Uribe, que no faltaron a ningún episodio de corrupción en el gobierno más corrupto de los últimos doscientos años, el de su padre. Reunión “social”, según el hoy expresidente, para cocinar que la empresa brasileña quedara sola en una aparente puja, así fuera con una alianza entre contratistas como los Nule. Aunque la unión no se dio, el contrato de la Ruta del sol fase dos la adjudicó Álvaro Uribe, a dedo, es decir sin concurso, a Odebrecht, 72 horas antes de dejar el gobierno, pese a que el presidente entrante, Juan Manuel Santos, le solicitó no hacerlo. Hoy se sabe que por esa adjudicación medió un soborno de seis millones y medio de dólares.

Ya se capturó un viceministro de transporte de ese gobierno, que confesó haber recibido coima. Sin embargo el señor fiscal general, Nestor Humberto Martínez, quien fungió de siempre como lobista, es decir, traficante de influencias al servicio de intereses privados, entre otros del grupo Sarmiento Angulo, socio de Odebrecht en Navelena, lanzó una conjetura: “A la campaña reelectoral de Juan Manuel Santos le entró un millón de dólares de Odebrecht”. Palabrerío sin fundamento probatorio y desmentido por el citado denunciante. Los efectos fueron enlodar la imagen internacional del presidente Santos, de paso golpear el proceso de paz, y desviar la atención no hacia los hijitos de Uribe, sino a la figura del premio Nobel.

Finalmente lo buscado llegó: se presentó a confesar quien imprimió unos afiches para la campaña de 2010 de Santos, cuando era candidato del uribismo, trabajo que costó 400.000 dólares, y que fue pagado por Odebrecht en Panamá. Todo ratificado por el señor Roberto Prieto, gerente de esa campaña.

Como era de esperar, diversos sectores salieron a pedir la renuncia del Presidente, primero los enemigos de la paz, luego un sector de los verdes que pretende pescar los votos que la extrema derecha construyó combinando poder legal y delincuencia. No hay afán moralizador, sino de procurar la desinstitucionalización del país para siniestrar el proceso de paz y desguazar la Constitución Política de 1991. Algo lograron: le arrancaron al Presidente la superioridad moral que tenía sobre Uribe, ya que ni Santos ni su familia se podían señalar como depredadores del tesoro público. Con estas revelaciones lo tiraron al lodo, de igual a igual con los emergentes del uribismo.

Un viejo recurso del Cartel de Medellín. En los años ochenta, cuando el entonces ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla denuncia a Pablo Escobar como mafioso, ripostó el cartel afirmando que financiaba al ministro, y hasta exhibieron un cheque girado por uno de sus miembros, Evaristo Porras, a favor de Lara. Con el tiempo se comprobó que tal documento era falso, y el ministro fue asesinado.

También con el tiempo Pablo de Antioquia se enfrentó al Estado, y en una extraña alianza de los gobiernos colombiano y norteamericano con un grupo de insubordinados de Cartel, llamados los Pepes: Perseguidos por Pablo Escobar, abatieron al capo. Los mafiosos que se alistaron en esta cruzada obtuvieron perdón por sus delitos, se les reconoció como botín de guerra los recursos que le arrebataron al jefe abatido, y otras rapiñas contra fortunas producto del trabajo. También se les reconocieron y toleraron las rutas del contrabando de cocaína que se apropiaron. Así pasó el Cartel de Medellín a manos del paramilitarismo.

Ante los desarrollos militares de la insurgencia en la década de 1990 se recurrió a una solución tipo Pepes para el país. Entonces se llama a Álvaro Uribe, gozne entre la legalidad y el crimen, pregonero del paramilitarismo y de alianzas non sanctas, para que conjure la amenaza subversiva. Aunque promete una victoria militar en dos años, pasan ocho sin lograrlo y aspira a nueva oportunidad, que es cuando el statu quo retoma el establecimiento. En ese lapso se cometieron cualquier tipo de delitos en nombre de lo que se llamó la lucha contra el terrorismo: ejecuciones extrajudiciales por miles; persecución a opositores, hostigamiento y persecución a las cortes, también a periodistas, a defensores de DDHH; patente de corso a los militares para robar, violar, o matar civiles; cooptación de organismos estatales por la delincuencia, como pasó con el DAS y con parte del Congreso… Hasta se dio patente a los soldados norteamericanos para violar niñas colombianas, permiso que aún subsiste. Por supuesto, quienes militaban en esta cruzada ejercían rapacería sobre los recursos públicos, e invocaban derechos sobre millones de hectáreas de tierra robadas, y  si alguien se atrevía a denunciarlos era acusado de cómplice del terrorismo. Incluso la familia presidencial se dedicó a incrementar su fortuna con decisiones de subalternos del presidente.

A siete años de haber acabado esos gobiernos aun protestan cuando se les llama a cuentas por lo que malversaron, o porque se les pide que devuelvan la tierra que despojaron a los campesinos. El erario se volvió botín de guerra.

Hoy son enemigos jurados de la paz. Lo que tiene fundamento en la Jurisdicción Especial para la Paz, y en la Comisión de la Verdad, que esclarecerá las atrocidades del conflicto y donde los nombres de ellos saldrán a relucir como determinadores de miles de crímenes. Pero no sólo eso, la construcción de la paz en Colombia les arrebata la bandera que tantos réditos les ha dado, y que al no ondearla perderán la coartada que han armado para robarse el país: que como ellos se sacrifican en la guerra contra la insurgencia, inclusive se autodenominan héroes, es de justicia que les permitan pillar algunos milloncejos. No importa que sea el dinero para alimentar niños guajiros, ellos son héroes y tienen prioridades.

Entretanto Santos mira para otro lado, no puede hacer otra cosa ya que fue uno de los artífices de esa alianza con el malandraje para atajar la insurgencia. Y para moralizar el país expidió un decreto contra las organizaciones sin ánimo de lucro.