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A 40 años de “Los límites del crecimiento”

APOCALIPSIS NEOLIBERAL

Los capitalistas aun creen que los recursos naturales son inagotables, que todos los componentes –biológicos y minerales- de la tierra son autorrenovables, que el planeta y la humanidad aguantan todo tipo de abusos, que todo se puede desechar, -incluidas más de mil millones de personas que para ellos dejaron de producir y consumir- pues a ellos no les basta con destruir nuestro planeta, sino, que pretenden colonizar otros mundos, utilizando inmensas cantidades de recursos naturales y de esfuerzos humanos en una carrera espacial dirigida a esta empresa,  empezando por Marte.  Es muy importante y hermoso el conocimiento, la observación del universo y el cosmos, pues nos puede ayudar a comprender muchos fenómenos naturales de nuestro planeta, pero el capitalismo utiliza esta actividad científica –uso instrumental- para desviar la atención de la humanidad hacia sus grandes problemas sociales generados por esta civilización; igualmente lo hace con el fanatismo religioso, el deporte comercial y el consumismo, como con el desarrollo tecnológico militar -para mantener la “supremacía” militar-nuclear- consume y destruye en gran proporción recursos naturales y vidas humanas, manteniendo bajo el terror militar y el chantaje económico a la mayoría de los pueblos del mundo.

A principios de los 70 del siglo pasado algunas empresas multinacionales europeas y norteamericanas integrantes del Club de Roma, entre ellas varias automotrices, encargaron a un grupo de científicos de seis países un estudio sobre el impacto del desarrollo tecnológico e industrial en el medio ambiente –crecimiento económico- y  el crecimiento demográfico hacia el futuro. Este estudio realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts MIT y otros de Europa en varias regiones del mundo, condensado en un informe llamado “Los Limites del Crecimiento”, determinaron que de continuar las lógicas de producción y consumo–crecimiento-, los recursos minerales y energéticos entrarían en un proceso acelerado de agotamiento y la contaminación ambiental haría muy difícil la vida para los humanos en la tierra, La conclusión del informe de 1972 fue: “si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años”[1]. Sin embargo los capitalistas con su ideología de crecimiento infinito hicieron caso omiso de estas recomendaciones, impulsando desde los 80 del siglo pasado el neocolonialismo a través del modelo neoliberal globalizado, esta vez para arrasar con la dignidad y el poco bienestar que aún mantienen los pueblos, multiplicando la explotación y el consumo de combustibles de origen fósil y biológico –agrocombustibles- y por ende, la contaminación del aire, la tierra y los mares. Convirtieron a los países de la periferia en megaminas a cielo abierto para extraer todo tipo de minerales para mantener la megamáquina capitalista, multiplicaron exponencialmente la producción de alimentos en los países del sur para abastecer y derrochar en sus mesas, condenando a la mitad de la humanidad a morirse de hambre. Con su política expoliadora despoblaron los campos para hacinar de miseria las ciudades. Con las tecnociencias, la biotecnología, la bioquímica y la ingeniería genética multiplicaron a la enésima la capacidad de producir y procesar alimentos, de sintetizar medicamentos, junto a la inmensa cantidad de equipos tecnológicos de comunicaciones –TICS- y de transporte para utilizar, consumir y desechar masiva y rápidamente como con el resto de productos industriales, sin tener una disposición adecuada de residuos en la recuperación, reciclaje o la eliminación de efectos nocivos y letales como los desechos radioactivos, los cianuros o el mercurio, además de agrotóxicos y de elementos químicos componentes de las últimas y masificadas tecnologías.

El desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo condujo a la humanidad y al planeta a la peor catástrofe de los últimos 2000 años, pasando de fuerzas productivas de desarrollo y progreso económico y social, a fuerzas destructivas regresivas que degradan más cada hora, física, mental y socialmente a la humanidad. El uso intensivo de tecnología -todos los equipos receptores y emisores de ondas electromagnéticas, adheridos al cuerpo y de operación cercana al cerebro como los teléfonos móviles- comienza a generar patologías y enfermedades. Se sigue eliminando miles de especies y enfermando a la humanidad con el uso de agrotóxicos, OGM y compuestos químicos y bioquímicos utilizados en la producción y transformación industrial de los alimentos; con los residuos químicos, radioactivos e industriales, a nombre del progreso.

El uso masivo y permanente de medicamentos industriales ha generado dependencia, enfermedades y patologías, a las cuales aún no se les encuentra antídotos, elevando los niveles de intoxicación de los organismos humanos y animales de consumo humano, a quienes se mantienen drogados para que produzcan más, además que a los últimos se les maltrata más física, química y genéticamente, siendo esta problemática tan grave para los seres vivos como la contaminación ambiental o los daños a los ecosistemas.

Las transnacionales de la producción e investigación alimentaria que utilizan la biotecnología, la bioquímica, la ingeniería genética la nanotecnología en el desarrollo de nuevas especies, están obligando a los estados a diseñar leyes que prohíban la utilización de semillas y productos naturales aborígenes en la agricultura y en la fabricación de alimentos industriales, imponiendo el consumo de semillas y productos transgénicos; no solo lo hacen con el maíz y la soja, sino, con todo lo agroalimentario. Han llegado a plantear que ya no son necesarias las abejas para la polinización, que estas se pueden reemplazar por abejas electrónicas “inteligentes”, construidas con nanotecnología, producidas y controladas por dichas empresas; ignorando las consecuencias biológicas no solo en la producción alimentaria sino en la diversidad y el equilibrio biológico de todo el planeta, sin reconocer las verdaderas causas de  la extinción de miles de especies, acelerada en los últimos 70 años.

La naturaleza, por lo menos a nivel biológico no necesita reproducirse ni perfeccionarse artificialmente, ella tiene su propia lógica de reproducción, evolución y equilibrio. La ciencia dirigida por el capital pretende crear una “naturaleza” paralela artificial, como quiere imponer una realidad virtual diseñada por los medios de comunicación -como la verdadera realidad- simulando formas de vida estériles (biotecnosfera), que se convierten en monstruos destructores de la humanidad y de la vida natural. El control que pretenden los propietarios de las ciencias de la vida está orientado a eliminar la autonomía y la soberanía alimentaria de los pueblos, a acabar con los pequeños productores, con las formas de producción y propiedad colectiva, a apropiarse totalmente del conocimiento y de las especies que aún existen en nuestros países y a administrar nuestras vidas, porque hasta los genes humanos están siendo clasificados y cuantificados económicamente por las transnacionales de la ingeniería genética para cobrarnos por poseerlos, por vivir.

Es  necesario evaluar las funciones y los objetivos de la ciencia y la tecnología en el capitalismo y las consecuencias de su aplicación en  el desarrollo actual de esas fuerzas productivas, definir qué tipo de ciencia, qué industrias, qué tecnologías desarrollar y conservar, que áreas de las ciencias estimular, y cambiar la orientación de la investigación y la creatividad hacia objetivos humanistas de respeto y solidaridad, hacia la creación de nuevas relaciones sociales de producción, de convivencia, de respeto con la naturaleza. Hasta ahora las áreas de la ciencia a desarrollar han sido determinadas por los dueños del capital financiero de las multinacionales y Transnacionales para la producción de mercancías y la acumulación de capitales objetivo real del crecimiento económico, hacia la multiplicación permanente del consumo como concepto de progreso para el resto de la sociedad. Esta lógica ha llevado al agotamiento físico de los recursos mineros y energéticos y a la reducción acelerada de las especies animales y vegetales del planeta, incluida la toxificación de los bienes que propician la vida como la tierra, el aire y el agua

Después de 40 años del informe “los límites del crecimiento”, la situación de los pueblos y del mundo ha empeorado degradando todos los ecosistemas y la salud de los humanos; aunque se aprecia un alto desarrollo de la tecnología electrónica digital (TIC) que aporta “comodidad” a los humanos, (más del 50% de las personas no disponen de ella), esta no garantiza la eliminación de la pobreza, aunque disminuye un poco el uso de papel en base de madera.

A pesar de contar con métodos avanzados de control a la natalidad, la humanidad supera los 7.000 millones de habitantes, inferior al presupuesto maltusiano del informe, pero el problema demográfico nunca ha sido la causa del hambre o de la pobreza, aunque la disminución del número de habitantes puede ser una determinación consciente libre y autónoma de hombres y mujeres que permita la plena realización de las personas y mejorar la calidad de vida y la felicidad. A las metrópolis imperialistas realmente  no les importa la cantidad de personas ni la pobreza generada por su modo de producción, pues los llamados países desarrollados con sus sociedades envejecidas y reducidas necesitan incrementar su población, la mano de obra esclava y de consumidores provenientes de la periferia para su producción industrial y el mantenimiento de servicios que sus nacionales se niegan a prestar, para permanecer como potencias; al capital solo le interesa si las personas producen y consumen para multiplicar sus márgenes de ganancia y acumulación.

El capital imperialista está tratando de acrecentar la incertidumbre sobre el futuro de la humanidad y del planeta, presentando a través de los medios -con ayuda de científicos serviles- con datos falsos, las crisis ambiental y alimentaria como inevitables, retomando el maltusianismo para echarle a los pueblos pobres la culpa de esta situación (por la multiplicación de la prole); para el capitalismo la apropiación privada de la tierra y la producción alimentaria no tiene nada que ver con la situación de pobreza y hambre, quiere hacer creer a los pueblos victimas de sus sistema, que la catástrofe ambiental es inevitable e irreversible, que ni la tierra ni los campesinos tienen capacidad para producir los alimentos en cantidad y calidad para mantener a la humanidad, que el agua se acabó y por ella se tiene que pagar, incluso ya se está pagando por contaminar, es posible que en poco tiempo tengamos que pagar el aire que respiramos; mientras despojan a los pueblos de sus recursos naturales y de la tierra productiva, toda una catástrofe global que nos pinta para someternos y convertirnos en conformistas incapaces de reconocer y transformar la realidad.

La contaminación ambiental y el consecuente calentamiento global, intensificados a partir de la automatización industrial (1950) indican claramente el carácter antropogénico de estos fenómenos, pues desde 1800 se ha observado el incremento de la temperatura de la tierra, que coincide con el auge de la industria movida con energía proveniente del carbón vegetal y mineral, generadora de grandes cantidades de CO2, nitratos y muchos otros gases que generan el efecto invernadero y la lluvia ácida, daños multiplicados en el siglo XX con la utilización de hidrocarburos fósiles y agrocombustibles. Pero esta situación nunca fue causada por toda la humanidad como nos lo repiten todos los días los medios oficiales del capitalismo, sino por ese pequeño grupo imperialista de familias supremamente ricas dueñas del sistema financiero mundial, de las multinacionales y transnacionales, de la industria y de la guerra.

Estas crisis son reversible, la tierra cultivable está subutilizada en más del 50%; con la genética, las tecnologías electromecánicas, cibernéticas y biotecnológicas (utilizadas adecuadamente) actuales es posible recuperar prácticamente todos los desiertos para producir alimentos sanos para 10 veces la población mundial actual, lo mismo que recuperar la mayoría de las especies en vía de extinción y reducir la contaminación de los elementos a niveles tolerables al florecimiento de la vida y la biodiversidad en menos de 100 años, y la eliminación del hambre y la pobreza en menos de 50, pero esto solo es posible fuera del capitalismo, en una sociedad equitativa, justa y solidaria. Claro que si la humanidad no hace este cambio a corto plazo, estaríamos dándole la razón  a Malthus, a Hitler, al capitalismo hoy neoliberal (o neoconservador), esperando que el mesías del mercado nos permita sobrevivir como esclavos ciegos, comiendo mierda cibernética hasta que la madre tierra nos sepulte como lo hizo con los dinosaurios.

Suramérica y Colombia son territorios de diversidad biológica y cultural, de pequeños y grandes ríos, de inmensos valles, pampas, bosques y selvas productores de oxigeno,  montañas, páramos y nevados que atrapan el agua en las alturas, de tierras fértiles y desertizadas por monocultivos y la actividad minera a gran escala, consumidoras y contaminantes de las aguas dulces, situación que desde la colonia viene azotando a nuestros pueblos, pero también de tierras ociosas en poder de latifundistas nacionales y extranjeros (comódities y agronegocios) que obligan mediante la violencia y el despojo, el desplazamiento del campesinado, de las comunidades indígenas y negras, bien hacia las ciudades o hacia las montañas, reduciendo las áreas de biodiversidad y las fuentes de agua con las talas para cultivos de coca, multiplicando el daño ecológico con los proyectos de la gran minería (metales y combustibles).

No se trata de sembrar árboles industrialmente, de hacer campañas comerciales para salvar o proteger algunas especies, ni de reciclar la basura que nos vende el capitalismo y ahorrar el agua que consumismos en casa, ni de crear zonas verdes en las ciudades, ni de volvernos todos vegetarianos e irnos a sobrevivir aislados en el monte, tampoco de andar en bicicleta, mucho menos de comprar máscaras para respirar y aplicar la economía verde que el neoliberalismo nos quiere imponer. Lo que nos debe cuestionar es si seguimos considerando al capitalismo como la mejor o única forma de existir en sociedad, si continuamos aguantando con estoicismo los crímenes de lesa humanidad y lesa naturaleza que este sistema nos obliga a aceptar como naturales e inevitables; es si persistimos en un pensamiento único estandarizado, individualista utilitarista, sin reconocer ni cambiar las causas de todas las miserias humanas, mientras las transnacionales continúan depredando al planeta  y políticos, los economistas y financieros del gran capital confunden a las personas con hormigas.

Es tiempo de cambiar la lógica en las relaciones sociales de producción, de convivencia  entre humanos y con la naturaleza, dejando de utilizar y adaptar la naturaleza a los intereses personales de quienes poseen el poder político y económico sobre el resto de la humanidad; tiempo de eliminar al generador de esta gran tragedia: el capitalismo, transformándonos individual y colectivamente en defensores de la vida, la libertad y la dignidad humanas, integrándonos como especie a la naturaleza, disfrutándola y amándola, estudiándola como se estudia un organismo vivo sujeto de derechos y de respeto, sin derechos de propiedad privada, sobre el conocimiento, ni sobre los bienes naturales y ambientales. Los pueblos, los humanistas amantes de la naturaleza, la vida y la paz debemos parar y desarmar la moderna Megamáquina productiva-militar del capitalismo, no solo por la necesidad del socialismo o el comunismo, sino por mero espíritu de supervivencia de la especie y conservación de la vida en la tierra.

GONZALO SALAZAR


[1] “Los límites del crecimiento (1972)” publicado en Wikipedia

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