El Imperialismo Brasilero

Por: Eduardo Pérez

Las invasiones de colonización han generado los crimines más abominables en  historia de la humanidad. Mediante la superioridad técnica en la capacidad para matar, un país toma posesión de otro y lo gobierna violentamente, invadiéndolo no solo de manera territorial, sino también ideológica, económica, política, social y tecnológicamente para la explotar sus recursos naturales y sus habitantes. Los propósitos  del progreso, del desarrollo y de la civilización justificaban y justifican la subyugación de una cultura sobre otra, palabras empleadas hoy por demagogos para imponer el imperialismo. El discurso de los colonialistas se puede ver reflejado en un estado de egolatría y racismo, en el que establece que son el modelo a seguir; en su aplicación se acompaña de la intolerancia y la ambición.

La colonización, ha pisoteado culturas, minado instituciones, ha confiscado tierras, asesinado religiones, ha sacrificado a millares de hombres, ha inculcado el miedo, el complejo de inferioridad, el servilismo y han traído el hambre y el abuso para los nativos. No es cosa del pasado; ahora se habla del neocolonialismo, figura en la que persisten los vejámenes de entonces.

Es así como la burguesía brasilera viene haciendo un burdo colonialismo sobre Colombia. El trato soez, grosero y despectivo de los jefes brasileros para con los trabajadores colombianos -que son los que crean la riqueza para sus empresas-, se parece más al trato de los caucheros que a acciones de valoración de los seres humanos. A tal punto que se ha cambiado la imagen de las cualidades de los brasileros y de su romanticismo sentimental. Aún no han usado el látigo y los grilletes, pero llegará el día en que el traidor gobierno oligárquico de Colombia, lo recomiende.

La venta de la infraestructura industrial colombiana deja mucho que desear en sus resultados; empresas nacionales, que por décadas fueron rentables para sus antiguos propietarios, ya no lo son en manos de los administradores brasileros. Es el caso de Sidelpa, única planta productora de aceros especiales en Colombia, fue adquirida por la multinacional Gerdau de la que era competidora en el mercado norteamericano, por sus bajos costos; le fueron cerradas las importaciones dejándola sin mercado y luego cerrada por ineficiencia e inviabilidad económica. Para nada importó el fortalecimiento de la infraestructura colombiana; así se mataron varios pájaros de un solo tiro: se quitó a un competidor en el mercado que mantenía los precios bajos, se abren las exportaciones de Brasil hacia Colombia y se acabó con un molesto sindicato para el patrón.

Todos los trabajadores de Sidelpa fueron despedidos por la modalidad de “acuerdo mutuo”; según los cuales todas las personas que laboraban en esa empresa se aburrieron de trabajar y quisieron llegar a una acuerdo para dejar el empleo; maromas que son toleradas por las leyes colombianas para no configurar un despido colectivo y evadir así la legislación laboral. La planta fue reabierta para producir aceros de construcción con trabajadores temporales con contratos a tres meses, renovables si el mercado lo amerita.

El grupo Diaco, adquirido por la multinacional Gerdau, cerró –además de la mencionada Sidelpa- las plantas de Muña, Tocancipá y Paipa, lo que representó el despido de cerca de 600 trabajadores más, salidos también bajo la figura del “acuerdo mutuo”; luego son igualmente reabiertas con trabajadores temporales con la misma modalidad de contrato a tres meses. Estas son algunos de los resultados reales de la inversión extranjera.

Además de rebajar costos, con el empleo temporal se busca reprimir las luchas obreras en estas empresas que tienen tradición de persecución sindical, en las que se han despedido trabajadores tan solo por la sospecha de querer formar sindicato, desconociendo que este tipo de organización obrera es un derecho protegido por la ley colombiana y por los acuerdos internacionales.

Empresas como Diaco y Sofasa, se hunden hoy en la crisis del capitalismo, bajo la arrogancia colonial de los capataces brasileros, nunca por la ineficiencia de los trabajadores colombianos.

Eduardo posada, Agosto 4 de 2013

“Cuadernos de Reencuentro”

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