Respaldo antioqueño al proceso constituyente venezolano.

Las y los ciudadanos, y las organizaciones abajo firmantes, que hacemos parte de la sociedad antioqueña, reconocemos y saludamos a la Asamblea Nacional Constituyente de la República Bolivariana de Venezuela, instalada oficialmente el 4 de agosto, y hacemos votos para el éxito en sus deliberaciones, que habrán de contribuir a la paz y al afianzamiento de la democracia en el país hermano.

Declaramos nuestra adhesión completa al principio de la autodeterminación de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos de todos los estados. Rechazamos por lo tanto, las injurias, las calumnias, las amenazas y las sanciones que se han venido produciendo por parte de los grandes poderes económicos y políticos internacionales, encabezados por EE.UU., en contra del gobierno constitucional del Presidente Nicolás Maduro.

Las y los venezolanos deben resolver internamente sus propios asuntos sin recurrir a la violencia, a través del diálogo y de las herramientas constitucionales. Apoyamos todo esfuerzo interno o externo que tienda al acercamiento de las partes enfrentadas, y rechazamos la campaña desvergonzada de mentiras que adelantan las empresas mediáticas a nivel mundial en contra del pueblo y gobierno Venezolanos.

Expresamos nuestra solidaridad con la población inmigrante del país hermano que ha llegado a nuestro departamento, como consecuencia de la desestabilización social y económica. Les extendemos nuestra mano amiga y demandamos de las autoridades seccionales, toda la atención y protección posibles.

Medellín, Colombia. Agosto 8 de 2017.

Suscriben:

Colectivo Socialismo Bolivariano Siglo XXI

“Cuadernos de Reencuentro”

http://www.na-24.net Prensa Alternativa

Colectivo Movilicémonos Pueblo

Corporación Casa de la Amistad Latinoamericana

Convergencia Democrática Regional – Todos Somos Colombia

Grupo de Estudio Socialismo en América Latina.

Corporación CESCA – Centro

Partido Comunista Colombiano

Movimiento Político y Social Marcha Patriótica

Colectivo de Mujeres Tejiendo Red

Briand Alejandro Hoyos López – Estudiante de la Universidad de Antioquia

Gina García – Mujer Comunitaria

Patricia Vélez C. – Mujer Comunitaria

“Constituyente reforzó el bolivarianismo y garantiza el pacifismo”

La desatinada coherencia de Juan Manuel Santos con respecto a la constituyente venezolana de 2017

Por: Ricardo Robledo

Nunca se dejará de admirar y agradecer a Juan Manuel Santos por haberse jugado su prestigio político por la paz en Colombia, que ha evitado tanto dolor y muerte en el país, principalmente en las regiones campesinas, tan afectadas por la violencia y la larga guerra.

Sin especular acerca del contenido del pensamiento presidencial con respecto al proceso de paz, en el sentido de que no va más allá de lograr el desarme de la insurgencia, hay que reconocer que Juan Manuel Santos no puede pensar más que como un miembro de la oligarquía.

Es decir, sus acciones se enmarcan dentro del anticomunismo místico, la contrainsurgencia histórica y la sumisión a los dictados del imperio. Tal como ha procedido su minoritaria clase en Colombia; en eso es coherente. No se puede esperar más.

Por eso en sus últimas declaraciones públicas arremete contra la constituyente en Venezuela y manifiesta que es el fin de la democracia en el país hermano. Este es un proceder siempre presente en las clases dominantes cuando la historia cobra sus cuentas. Cuando caía el feudalismo, los señores de la gleba, reyezuelos y monarcas, anunciaban el fin del mundo porque éste no podría existir sin ellos; pero el mundo no se acabó.

Igualmente, para las clases dominantes colombianas y latinoamericanas, no existe otra forma posible de vivir que no sea bajo la dictadura de un gobierno oligárquico proimperialista;  los demás debemos aceptarlo y sacrificar nuestras vidas y familias, con tal que ellos no pierdan sus privilegios; lo que se oponga a ello o sea diferente, es la anulación de lo que ellos entienden por democracia.

Véanse las cifras: En el 2014, cuando Juan Manuel Santos resultó elegido para su segundo periodo presidencial, Colombia tenía 47`121.089 habitantes, de los cuales estaban habilitados para votar, 32´975.158; votaron por Santos 7´816.986 (contando con el apoyo de los votos de la izquierda). Estos datos corresponden al 23% del potencial de electores y al 16.6% del total de la población.

Para el caso de la actual constituyente bolivariana, Venezuela cuenta con 32´034.051 habitantes, de los cuales estaban habilitados para votar 19´805.002; votaron 8´089.326. Esos datos corresponden al 41.53% de los votantes (según el dato oficial) y al 25.25% de la población.

En la sola comparación numérica, en Venezuela con menor número de pobladores, la constituyente tuvo mayor votación que el presidente de Colombia. La comparación  porcentual, es aún más significante en cuanto al respaldo ciudadano. Pero para las oligarquías, esto no es democracia porque es popular, soberana y transparente.

¿Qué miembro de la minoritaria oligarquía colombiana habrá sido elegido a un cargo público, sin delitos electorales? ¿Santander? ¿Los presidentes del Siglo XIX, cuando imperaba la democracia restrictiva? ¿Ospina Pérez?¿Los que cabalgaron sobre el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán?¿La Junta militar?¿Los de las amañadas elecciones del frente nacional?¿Misael Pastrana, el usurpador?¿López Michelsen, el de la ventanilla siniestra?¿Turbay Ayala, el del estatuto de seguridad?¿ Belisario Betancurt?¿Virgilio Barco, el de las concesiones petroleras?¿César Gaviria?¿Ernesto Samper, el del proceso 8.000?¿Pastrana II?¿Uribe, el del constreñimiento paramilitar y demás delitos?¿Santos, el de Odebrecht?¿Los Char?¿Los Nule?¿Los Jattin?¿Los Zuccardi?¿La familia Suárez Mira?¿Dilia Francisca?

¿Algún otro oidor o virrey?¿trasteo y compra de votos?¿Alteración de planchas de la registraduría? ¿Gobernar bajo el estado de sitio? Son prácticas muy comunes en la política colombiana.

Ante el triunfo de la Asamblea Constituyente en Venezuela, el capo del centro democrático, dijo que no se debían aplicar sanciones económicas porque estas afectaban más a la población, que era mejor una intervención militar. Según su lógica, la guerra no afecta a las personas; todavía chorrea sangre de sus colmillos, no quiere soltar la guadaña. Lo que no dejó claro es si él va a encabezar la invasión, fusil en mano, o es apenas un cobarde azuzador, que espera que otros se jueguen el pellejo por él, en esta su declaratoria de guerra contra los pueblos latinoamericanos y del mundo.

El principal temor de los opresores es que el pueblo deje de tragarse el cuento y no esté dispuesto a matarse para conservarles sus privilegios, como ha ocurrido en Venezuela, hace doscientos años con Bolívar y ahora con Chávez y su legado.

Venezuela, otra vez heroica, resiste y persiste. Es la mejor forma de conmemorar los cien años de la Revolución Bolchevique, hundiendo al imperio burgués.

Agosto 7 de 2017

Venezuela en el umbral de una guerra civil

Por Íñigo Aguirre / Resumen Latinoamericano/ 4 de agosto 2017.-

Boris Rozhin | Colonel Cassad | Traducido del ruso por Íñigo Aguirre

Título original: Venezuela en el umbral de una guerra civil

A mi modo de ver, la actual situación de dualidad de poderes no puede prolongarse por mucho tiempo, por consiguiente alguno de los dos saldrá perdiendo: bien los chavistas, bien la oposición proamericana. El derramamiento de sangre va a ser inevitable, de hecho lo está siendo ya. Considerando que Washington está ejecutando un plan manifiesto encaminado a derrocar al gobierno de Maduro, las oportunidades de alcanzar acuerdos entre Maduro y la oposición son muy escasas. La oposición siente el apoyo externo y ya ha saboreado a la presa. En consecuencia se presentan los siguientes escenarios:

1 Maduro cede el poder y lo entrega a la oposición. Es el guión de una revolución de colores incruenta, versión 1.0. Desmantelamiento absoluto de la herencia de Chávez y conversión de Venezuela en una colonia estadounidense.

2 Maduro no cede el poder y se niega a plegarse a las presiones. Ello conduce a un escenario extremadamente cruento, con miles o decenas de miles de muertos dependiendo de la intensidad del conflicto civil, cuyas brasas están ya candentes en el país. Sería el guión de una revolución de colores 2.0 en el espíritu de la ucraniana, de Siria y Libia, con una latente amenaza de intervención extranjera.

3 Luego el desarrollo de los acontecimientos dependerá de quién venza en la guerra civil, de la postura del Ejército que por ahora respalda a Maduro, así como de los países que tomen parte directa o indirecta en la potencial guerra civil y suministren armamento, milicianos, consejeros militares etc. Los EE.UU. como es de suponer ayudarán directa o  circunstancialmente a los adversarios de Maduro. Maduro por su parte, contando con el apoyo de Cuba, probará a asegurarse al apoyo diplomático y militar por parte de Rusia y China.

4 También es posible la variante en la que la situación de dualidad de poderes se alargue en el tiempo, y la guerra civil vaya a mantenerse en un  estado latente (véase la situación entre marzo y septiembre de 1917).

En mi opinión Maduro debería a partir de ya mismo reforzar el aparato de seguridad y movilizar a todos sus partidarios, además de traer de vuelta todos los activos que se encuentren en bancos occidentales y que sean susceptibles de poder ser congelados en los próximos meses. De paso se deben estudiar los canales de suministro del Ejército, para el caso en que comience una guerra civil abierta, así como reforzar la lealtad del generalato. En la etapa actual, podría afirmarse que el poder de Maduro descansa sobre tres pilares: la herencia de Chávez, el apoyo del ejército y el respaldo de las capas populares, que son los beneficiarios de las reformas de Chávez. Eso le sirve como base de sustentación para enfrentar el desafío de lucha con valentía, ya que la alternativa es la derrota absoluta de la revolución chavista y un fortísimo golpe a todos los movimientos de izquierda en América Latina. Los EE.UU. son plenamente conscientes de ello, por eso están incrementando la presión encaminada a derrocar a Maduro como resultado de un golpe palaciego-callejero, o a provocar una guerra civil.

En mi opinión, a fin de preservar el poder, Maduro y los chavistas deberían:

1 Conducir hasta sus últimas consecuencias el proyecto de Asamblea Constituyente.

2 Lograr la inhabilitación de las atribuciones del parlamento.

3 Arrestar a los principales instigadores del golpe, ostenten el cargo que ostenten. La indulgencia en este punto solo servirá para aumentar el número de víctimas.

4 Expulsar del país a todos los diplomáticos extranjeros de los países que respaldan a la oposición, en primer lugar a toda esa red descarada y potencial de agentes estadounidenses.

5 Pedir ayuda a los países amigos de Venezuela, empezando por Cuba. Trabajar las posibles variantes (en caso de que se alcancen acuerdo) para el envío de contingentes de voluntarios en caso de que comience una guerra abierta.

6 Nacionalizar los bienes de los grandes propietarios que están detrás de la organización de las protestas, empezando por los bancos y las redes de distribución, a través de las cuales se está ejecutando la financiación de la preparación del golpe.

7 Reforzar e instruir las milicias compuestas por integrantes de  las capas populares, ya que solo apoyándose en el pueblo, no solo en las bayonetas, Maduro podrá mantenerse en el poder.

Los EE.UU por su parte intentarán lo siguiente:

1 Reforzar la presión económica sobre una economía venezolana ya de por sí bastante castigada, para incrementar el número de descontentos con el gobierno.

2 Congelar los activos del gobierno y de entidades privadas en bancos estadounidenses y de Europa Occidental, con el objetivo de socavar la situación financiera de Venezuela y redirigir una parte de esos medios en apoyo de la oposición.

3 Utilización de todas las posibilidades diplomáticas y de inteligencia que conserva en territorio venezolano, para instigar a la confrontación abierta.

4 Organización de presión internacional sobre Venezuela por parte de los países latinoamericanos dependientes de los EE.UU. con el fin de lograr el aislamiento internacional de Venezuela. La organización y reconocimiento de un “Consejo Nacional Transitorio”.

5 Organización de brechas en la frontera con Colombia, para tener la posibilidad de incursionar sin obstáculos en territorio venezolano, lo que aumenta en gran medida la posibilidad de que alguna región limítrofe se levante en rebeldía contra el gobierno central.

6 Suministro clandestino de armamento a territorio venezolano para preparar el terreno para la organización de destacamentos militares de la oposición (siguiendo el ejemplo de cómo armaron a la oposición en Siria). Despliegue de la infraestructura necesaria para el suministro de armas desde países vecinos.

7 Organización de provocaciones sangrientas al estilo de “francotiradores desconocidos como los que actuaron en el mercado de Sarajevo”, para forzar el inicio de una guerra civil a gran escala (Los últimos asesinatos políticos bien podrían ir por esa línea).

8 Presiones sobre diplomáticos de alto rango, altos funcionarios, generales y agentes de inteligencia, a fin de encaminar su paso a las filas opositoras (como sucediera en Ucrania, Siria y Libia). Cabe esperar que Maduro reciba su dosis de puñaladas por la espalda.

9 Como medida extrema cabe contemplar la preparación de bombardeos selectivos contra objetivos militares bajo el pretexto de la “defensa de la democracia” y la introducción de una zona de exclusión aérea (sin la aprobación de la ONU), así como una operación de bloqueo marítimo.

La falta de la necesaria mano dura y el miedo a un  mayor derramamiento de sangre, conducirá como ocurre en estos casos a un derramamiento de sangre todavía mayor (saludos a Yanukóvich). De hecho se ha llegado a esta situación de dualidad de poderes, debido a que Maduro ha seguido intentando llegar a acuerdos con aquellos que desde un principio no contemplan otra alternativa que no sea su derrocamiento. Estos intentos de jugar a la democracia burguesa ya han derivado en derramamiento de sangre en las calles de las ciudades venezolanas. Como decía el camarada Lenin, toda revolución solo es válida en la medida en que sea capaz de defenderse. Maduro tiene una disyuntiva bastante sencilla: o defender las conquistas de la revolución chavista sin temor a mancharse las manos, o bien sucumbir a la presión externa e interna, tras lo que a Venezuela no le esperaría nada bueno (valgan los ejemplos de cualquier país donde los EE.UU. durante los últimos años hayan organizado el derrocamiento de sus “regímenes no democráticos”).

El desarrollo de los acontecimientos en Venezuela también representa interés en el sentido de conocer si los EE.UU. han podido introducir algún correctivo en el concepto de las “revoluciones de colores” de segunda iteración, o se siguen manteniendo las matrices de las “primaveras árabes” o del “Euromaidán”. Desde el punto de vista de los intentos de los EE.UU. de modificar la “conducta de Rusia”, para la Federación de Rusia el caso venezolano puede tener interés más allá del teórico o abstracto.

A Maduro y los chavistas les deseo el mayor de los éxitos en la tarea de aplastar los intentos de golpe de Estado

http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/08/04/posibles-escenarios-de-desarrollo-del-conflicto-venezolano-vision-desde-rusia/

VENEZUELA: REBELDE Y CONSTITUYENTE

Campo Elías Galindo A.

3 AGO. 2017

Se realizó este domingo 30 de julio la jornada de elección de la Asamblea Nacional Constituyente venezolana. La sola realización de ella, es por sí misma una derrota de la “posverdad” según la cual, el chavismo es un cadáver y su gobierno está encabezado por un tirano carente de apoyo ciudadano que solo se apoya en la fuerza. La oposición se había jugado todo para impedir que las elecciones se realizaran. Su proyecto inocultable contemplaba boicotear ese evento convirtiendo a Venezuela, y principalmente a Caracas, en un campo de batalla para impedir a los ciudadanos acercarse a los puestos de votación, levantando barricadas, provocando trancones, incendios y asesinatos de chavistas que obligaran a la gente a quedarse en casa.

La oposición pronorteamericana efectivamente tiñó de sangre la jornada, pero perdió la batalla. Sus únicos trofeos fueron los 15 muertos, principalmente en Táchira y Mérida, entre ellos un candidato a la Constituyente y un policía, los heridos, la destrucción de algunos materiales y el asedio de 200 puestos de votación, que no alcanzaron a impedir el ejercicio del derecho fundamental a participar en política, a elegir y ser elegido. En cinco municipios no fue posible realizar la votación, además hubo algunas perturbaciones y retrasos principalmente en los barrios caraqueños de estratos altos de la población. Fueron así, unas elecciones bajo el asedio de la violencia, que los ciudadanos, la fuerza pública y el poder electoral supieron sortear de muchas maneras.

Este triunfo de la democracia no obstante, no cierra el ciclo que se ha denominado como un golpe de estado “suave” o “blando”, iniciado  desde el momento en que Nicolás Maduro ganó la presidencia frente a Henrique Capriles en abril de 2013. La oposición interna ha anunciado que mantendrá sus actividades insurreccionales, al tiempo que los poderes imperiales externos se disponen a aplicar nuevas sanciones contra el país y sus dirigentes. Vendrán pues, nuevas batallas entre el chavismo y los opositores que guiados desde Washington, insistirán en derrocar el gobierno constitucional venezolano. Muchos de sus miembros se harán más violentos y van a derivar en formaciones terroristas, solo que practicarán un terrorismo del “bueno”, es decir, del que patrocina EE.UU.

La convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente fue la apuesta estratégica más importante y más generosa del chavismo hasta hoy. Fue su propio proyecto político lo que puso en juego, hasta el punto que muchos de sus líderes fueron reticentes a jugarse en un debate público lo que en franca lid han ganado y mantenido durante 18 años. La oposición no entendió o no quiso entender la magnitud del reto que se le estaba haciendo. Con la mentalidad del “todo o nada” prefirió mantenerse en su apuesta violenta de derrocar al gobierno legítimo con base en sus apoyos externos.

La Mesa de Unidad Democrática –MUD– y el empresariado que se agrupa en Fedecámaras, se negaron a participar y a presentar candidatos. Hasta pocos días antes del 30 de julio, emisarios del presidente Maduro sostuvieron reuniones con la dirigencia opositora, se les ofreció incluso un aplazamiento de las votaciones para que tuvieran tiempo de adelantar una campaña electoral amplia con todas las garantías, pero todo fue inútil. Pudieron más los odios y la intransigencia vengativa de esa cúpula. No es inmoral ni es un delito que una agrupación política busque el poder del estado y luche con denuedo por convertirse en gobierno, pero no tiene presentación que renuncie al diálogo, a la negociación, a la movilización civilista, es decir, a la política, para transitar los caminos de la violencia.

La oposición venezolana demostró por enésima vez, que no es ni democrática ni civilista. En 2002 dio un golpe de estado; dos veces en 18 años ha triunfado electoralmente y sus resultados han sido acatados sin vacilaciones, a cambio, ha considerado “espurias” todas las victorias ajenas, una cada año en promedio. El pasado 16 de julio realizó una consulta extralegal y nadie los obstruyó con trancones, incendios, asesinatos, ni destrucción de su material electoral. Hoy como siempre lo ha hecho, patea la mesa y además advierte de peores días para Venezuela.

Las frías cifras

Oficialmente los votantes fueron 8.089.320 que equivalen al 41.53% del censo electoral, faltando solo pocos sufragios que son los indígenas. Los resultados del evento eleccionario fueron sorpresivos, no tanto porque la matriz de opinión impuesta por los medios subestimó la fuerza del chavismo, sino porque la oposición mandó todas las semanas anteriores un mensaje intimidatorio que buscó reducir la participación a un mínimo histórico.

La abstención fue por lo tanto del 58.47%, que corresponde en parte a la oposición y en parte a grupos de ciudadanos apáticos o que fueron víctimas del saboteo programado por los violentos. De hecho, los analistas políticos de ese país han identificado desde fechas recientes un amplio sector de ciudadanos que desencantados de la violencia, han terminado por marginarse de la política misma.

Dos semanas antes, la oposición había cantado victoria con la realización de una consulta anticonstituyente, manual y sin ninguna auditoría, cuyo material fue incinerado dos días después, que según sus organizadores obtuvo 7.6 millones de votos. Sobra  decir que esa consulta no tenía ningún efecto interior tangible, pero le dio aire a la algarabía mediática internacional, y sobre todo, fue aprovechada para abrir expectativas sobre un eventual gobierno paralelo que empiece a obtener reconocimientos y apoyos económicos internacionales, y termine con los actuales dirigentes chavistas exiliados o compareciendo ante tribunales de justicia.

La votación del antichavismo perdió el 30 de julio las potencialidades que le habían colgado, lo que no significa que desde Washington y otras capitales latinoamericanas, se eche al cesto de la basura el proyecto de un gobierno paralelo que restituya el Palacio de Miraflores a la derecha venezolana.

Mientras tanto, la cifra de los 7.6 millones se le vino en contra a la MUD, porque en ausencia de ella, estaría festejando y reclamando que el 58.47 de abstención, le pertenece. Estaría cantando victoria sobre el 41.53% constituyentista, que de todas maneras, es minoritario respecto al censo electoral. Deben sus dirigentes estar analizando hasta dónde se equivocaron al dejarse contar, así la cifra de 7.6 millones no haya sido certificada por nadie. La fotografía al desnudo de las fuerzas electorales hoy, muestra un gobierno fortalecido frente a la oposición y frente a la masa abstencionista.

Esta derrota tiene muchas lecturas dentro de la oposición; agudizará la división entre quienes tímidamente se inclinan por un diálogo con el régimen y quienes persisten en el proyecto de triunfar por la fuerza. Parte de ese debate se reflejará en la próxima semana, cuando se abran las inscripciones de candidatos a las elecciones regionales de diciembre, pues algunos persistirán en los derramamientos de sangre y los menos obtusos, querrán participar en unos comicios organizados por los mismos funcionarios, las mismas instituciones y las mismas máquinas que supuestamente les han robado todas las elecciones desde 1998. Su mundo no puede ser peor.

Los medios, o el sol que alumbra de noche

Las grandes empresas comunicacionales que tienen cubrimiento latinoamericano, han sido las puntas de lanza del golpe de estado blando contra el gobierno venezolano. Su proyecto es desarrollar la matriz de opinión internacional necesaria para el derrocamiento de Maduro, que le otorgue legitimidad a una suplantación por la fuerza, o mejor aún, a través del poder legislativo y judicial como se hizo exitosamente con Zelaya en Honduras (2009), Lugo en Paraguay (2012) y Dilma Rousseff en Brasil (2016). Imposible olvidar además, que el pasado 9 de enero, la mayoría de la Asamblea Nacional declaró el “abandono del cargo” del presidente Maduro, en un intento fallido por sacarlo del poder por la puerta de atrás.

Esos grandes medios, principalmente radiales y televisivos, han conformado un coro apabullante que fabricó una opinión pública no solo antichavista, sino además antivenezolana, que llenó a países como Colombia de “venezolanólogos” de ocasión, que ignoran lo que ocurre debajo de sus propios pies, pero hablan con desparpajo contra Maduro y contra la Constituyente, lloran los muertos que, según les han dicho, todos son opositores, y hasta acusan de “castrochavista” al pobre Juan Manuel Santos, que fue el primer presidente latinoamericano en obedecer a Trump cuando declaró desconocer las elecciones del domingo pasado.

Los mensajes de la “canalla mediática” buscan que el enemigo de la burguesía sea el enemigo de todos, como Estados Unidos lo ha hecho con otros países, grupos o líderes, incluidos viejos amigos que caen en desgracia. Se trata de un matoneo organizado para movilizar fuerzas contra un tirano, mafioso, narcotraficante, dictador monstruoso que viola derechos humanos y debe ser eliminado antes que elimine él nuestro paraíso. Lo particular es que esos monstruos crecen siempre en las regiones del mundo que son ricas en petróleo. ¡Qué raro!…

Un día después de depositados los ocho millones noventa mil sufragios por la Constituyente, una de las votaciones históricamente más altas del chavismo, muchas mentiras se han derrumbado, pero no los intereses de los conglomerados empresariales que gerencian los medios. En pleno día siguen diciendo que es de noche, hablando de fraudes y dictaduras, y anunciando los apocalipsis que vendrán si ellos no pueden volver a gobernar. El periódico de Luis Carlos Sarmiento Angulo, el magnate más rico de Colombia, y de la familia Santos, con la moral periodística que tanto se aplica en este país, tituló en primera página “A sangre y fuego Nicolás Maduro impone su constituyente” y la fotografía que ilustra la “noticia”, es precisamente una avenida desierta, una romántica pareja en trance de heroísmo, dos llamas y una humareda, que maliciosamente, ilustran la sangre y el fuego que según el periódico, la impusieron. Ese diario es el decano de la prensa centralista bogotana y adalid de la libertad de prensa que se practica en este país.

Esa prensa, con toda razón, se siente perdedora frente al resultado de las elecciones para la Constituyente, y reacciona igual que las “barras bravas” futboleras cuando pierden el partido. Saltarán más y su algarabía será mayor; van a crear más “Venezuelas sin fronteras” y más programas para transmitir en vivo y en directo todas las hazañas de la oposición. Nos darán muchas lecciones de prensa libre, pero libre allá.

Los hilos se mueven desde Washington

Estados Unidos es el centro de poder que mueve los hilos del antichavismo interno y externo a Venezuela. Desde la enfermedad de Chávez reacomodó fichas para regresar al Palacio de Miraflores y cuando fracasó, inició todo un proceso de desestabilización que ha combinado todas las formas de lucha contra el gobierno de Maduro, unas veces en forma directa y otras, a través de la MUD. Es evidente que los acercamientos de Obama hacia Cuba, a finales de 2014, tenían la contracara de una reformulación de la política imperial frente a Venezuela. Significaban un cambio de frente porque entendió la Casa Blanca que más que Cuba, era el chavismo quien tenía mejor proyección sobre la América Latina rebelde.

Tanto Obama como Trump, han acompañado y mantenido el oxígeno al antichavismo, pero han hecho lo posible para no dar la cara y no entrar de lleno en una confrontación abierta que pueda involucrar a una parte importante de América Latina. Lo anterior explica en parte, la prioridad de la guerra comunicacional y, las actuaciones directas sobre dirigentes individuales, antes que sanciones colectivas que puedan conducir a una radicalización generalizada. Quizá estén aprendiendo de su amarga experiencia cubana.

Pero los resultados electorales del 30 de julio fueron inesperados para los norteamericanos también. Esa fecha fue anunciada por la oposición como la hora cero, la de las acciones más intrépidas y la derrota estratégica del chavismo. Como el resultado fue distinto, a esta hora se encuentran reunidos recomponiendo la agenda del golpe.

En la consumación del golpe de estado, Washington ha tenido contratiempos que insistirá en resolver. Uno de ellos es con la OEA, que no ha logrado después de largos intentos, producir una resolución contundente y definitiva que expulse a Venezuela del sistema interamericano, como fue expulsada Cuba en 1962, no por casualidad, ante proposición presentada por la delegación colombiana. Y es precisamente el estado colombiano, la otra pieza del ajedrez que EE.UU. debe alinear para la derrota del chavismo. El imperio necesita que Colombia reasuma su papel tradicional de peón de brega para la política latinoamericana de los EE.UU., papel que ha embolatado en los últimos años, con Álvaro Uribe porque no tuvo la total confianza del demócrata Obama, y con Santos, porque un activismo proestadounidense lo hubiera inhabilitado para negociar la paz con organizaciones de la Izquierda armada. En la medida que las negociaciones con las insurgencias vayan quedando resueltas, el Estado colombiano volverá a su tradicional condición de “Caín” de América Latina.

Además de reasumir su papel en la geopolítica de Washington, Colombia está llamada a hacer valer su extensa y porosa frontera venezolana, la posesión de una amplia base social contrainsurgente y de siete bases militares norteamericanas dispuestas para cualquier eventualidad. Sin el concurso de la OEA y del estado colombiano, es poco probable que la agresión militar se desate contra Venezuela; mientras tanto las principales cartas a jugar seguirán siendo la de un gobierno paralelo y la ruptura de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que desate una guerra civil, quizá el mejor pretexto para una intervención a gran escala.

Todo lo del pobre es robado

Hay un abundante material periodístico tanto analítico como audiovisual, del que pueden deducirse conclusiones sobre aspectos sustanciales de la división social que volvió a expresarse en la jornada constituyente del domingo. Está latente en los electorados del chavismo y la oposición, una condición de clase social que guste o no, ayuda a entender los proyectos políticos que se juegan en Venezuela. El asunto empieza a visibilizarse cuando las cámaras enfocan a corta distancia los rostros de los manifestantes, sus conductas y sus gestos. Hay un inocultable contraste en los colores de piel, las sutilezas del vestuario, el habla y las maneras de referirse a sus entornos.

Está suficientemente documentado que las expresiones colectivas de los chavistas, radicalismos aparte, son festejos donde a menudo se canta, se baila y se disfruta del encuentro, siendo normal en ellos la presencia de mujeres y niños. En el bando del frente, en cambio, sobresalen las capuchas, el brazo amenazante y la predisposición al asalto. Se trata de jóvenes principalmente de las clases medias altas, resentidas con un gobierno que no les está garantizando sus viejos privilegios.

Pero las divisiones de clase, que son objetivas y se definen ante todo en el mundo de la economía, no se trasladan mecánicamente como si fueran fotocopias, al mundo de la política. Así, en la oposición venezolana militan también ciudadanos de los estratos sociales más bajos, algunos de los cuales hacen parte de los grupos de choque que arman los dirigentes de la MUD para provocar caos selectivos en las grandes ciudades, sin mencionar los que son contratados para esos fines en las entrañas mismas de las barriadas caraqueñas. Del otro lado, tampoco todo es chavismo ni mucho menos “clase obrera” consciente dispuesta a acabar con el capitalismo. Un número importante de votantes por la Constituyente fueron ciudadanos ajenos al gobierno y sus políticas, pero cansados de la violencia y jugados por las soluciones políticas a la crisis, de tal manera que sus votos fueron ante todo por el valor supremo de la paz.

En toda esta confrontación, que tiene tanto de simbólica, el antichavismo no ha podido ocultar un sentimiento aristocrático, que pone en duda, cuando no niega abiertamente, la posibilidad de que los pobres, o los negros, o los marginados en ese país sean sujetos de derechos. Es recurrente el señalamiento de las supuestas “dádivas” que reciben del gobierno los grupos sociales más vulnerables de Venezuela, que cargan el estigma de “aprovechados” que Maduro se ha echado al bolsillo para mantenerse en el poder. Es decir, hay un resentimiento social que en el fondo, condena las políticas públicas redistributivas que reconocen derechos a los que no los han tenido; considera que estos, son para la parte superior de la pirámide social pues como suele decirse “todo lo del pobre es robado”.

Prevalece allá como en el resto de América Latina, un vocablo que inunda el relato político dominante para llenar de carga negativa el reconocimiento de derechos a los desposeídos, ese vocablo es “populismo”, y señala una suerte de pecado político consistente en integrar a los marginados, en extender la ciudadanía social o garantizar la subsistencia a los más vulnerables. Es un lenguaje fácil, de uso generalizado incluso dentro del liberalismo, para el cual lo políticamente correcto es mantener la pobreza dentro de los límites adecuados que no constituya una amenaza al statu quo.

En nuestro medio entonces, se han tildado de “populistas” todos los proyectos redistributivos de riquezas o de ingresos, que han ido más allá de lo convenido entre las oligarquías para mantener el orden establecido. No por casualidad, ese discurso aristocrático, en Venezuela como en todos los países, se esfuerza por unificar el significado de “populista” con los de “dictador” y “tirano”.

¿Socialismo petrolero?

La economía venezolana está levantada desde las primeras décadas del siglo XX sobre una sola columna que son sus inmensos yacimientos de petróleo. Esa economía monoexportadora, rentista y extractivista, marca todos los aspectos de su vida nacional: la sociedad, la política, la cultura y el territorio. Durante el siglo pasado ese país fue gobernado por oligarquías petroleras voraces que solo en las mayores bonanzas exportadoras dejaban gotear algo hacia los estratos bajos de la población. Ese modelo de desarrollo era funcional a las clases dominantes y al mismo tiempo estas, defendían y hacían lo posible por mantenerlo. El modelo generaba dependencia de los mercados internacionales del crudo e inestabilidad económica interior, pero esos nunca fueron problemas para los magnates que quitaban y ponían los gobiernos porque finalmente, como ocurre en todas partes, los que pagan las crisis son los pobres.

Cuando el chavismo accedió al poder en 1999 se echó encima esa carga inmensa de transformar la sociedad venezolana  desde sus cimientos, lo que implicaba cambiar un modelo de desarrollo enraizado en lo más profundo de la historia pasada. No se puede sin faltar a la verdad, negar los esfuerzos del gobierno por incentivar la producción agraria e industrial, pero la otra cara de esa verdad es la del fracaso, porque al día de hoy, esa economía sigue siendo esencialmente rentista y vulnerable a las fluctuaciones de los precios internacionales, con graves consecuencias tanto para el conjunto de las políticas económicas, amarradas de mil maneras a las cotizaciones externas del crudo, como también para la sociedad y la política.

La transición Chávez-Maduro en 2013 fue particularmente problemática para el chavismo en lo social y en lo político. La oposición estuvo cerca de ganar el palacio de Miraflores y rechazó los resultados a su manera: con muertos y heridos. Ese mismo año sobrevino la crisis de los precios internacionales del petróleo que apenas en estos días, muestran una mejoría muy leve. Como consecuencia de esta baja, el ímpetu de las políticas sociales gubernamentales se ha frenado, aunque manteniendo en lo fundamental los triunfos alcanzados con rapidez en años anteriores, tanto en subsidios a alimentos como en salud, educación y vivienda.

La debilidad de la macroeconomía venezolana con sus altos índices de inflación y su inestabilidad monetaria son el “coco” que el chavismo no ha podido espantar. Un experimento socialista es insostenible sin una base social productiva que rompa la dependencia alimentaria y energética, y ponga el país a salvo del desabastecimiento y los saboteos, tanto internos como externos. Ese talón de Aquiles es bien conocido por quienes buscan el golpe de estado en el país vecino y no han dudado en martillar duro sobre ese punto.

Una de las formas de lucha predilectas del antichavismo, con la música de fondo de los medios sobre la “crisis humanitaria” ha sido la guerra económica, bajo la forma del acaparamiento, la manipulación de precios y el ocultamiento de productos básicos para la población. Esas estrategias delictivas obligan al gobierno a imponer controles y racionamientos que, bien lo saben los opositores, le generan desgaste y mala imagen pública. Es un juego sutil que hábilmente Maduro y sus asesores, en parte han aprovechado para construir poder popular a través de organizaciones comunitarias carnetizadas que vigilan y controlan la distribución de bienes básicos.

Un modelo de desarrollo, más aún si es extractivista, no se puede cambiar como si fuera un traje. Pero el chavismo no podrá garantizar su subsistencia, si por lo menos en el mediano plazo no avanza en la diversificación de su economía y en agregar valor a sus materias primas exportables, que son muchas más que petróleo crudo.

El escenario inmediato: el agrio y el dulce

La Constituyente elegida el 30 de julio, fracasó en su objetivo de convertirse en la gran mesa de negociación multisectorial que aisle definitivamente a los violentos y reconduzca la vida institucional de Venezuela. Otra cosa es su legitimidad jurídica y política, su carácter popular y territorial indiscutibles. Sesionará hasta que el nuevo texto constitucional esté redactado. La oposición continuará convocando movilizaciones que toda la opinión pública sabe, son violentas o degeneran en vandalismos. Violencias y vandalismos que no serán condenados por los antichavistas de ningún lugar del mundo y al contrario, serán mostrados como actos heroicos de una juventud libertaria y generosa dispuesta a sacrificar la vida por su pueblo.

Si no fuera por el aire que reciben desde fuera, las formaciones opositoras violentas por sí solas, estarían condenadas a apagarse en sus propias llamas, debido al aislamiento progresivo y el desgaste que vienen sufriendo desde semanas atrás. No todos los sectores que agrupa la MUD ven con simpatía esa estrategia de destrucción y muerte que tanto afecta bienes y personas ajenas al gobierno, por eso hay en su interior una división latente que cuando pase este temporal, seguramente se va a expresar en forma abierta.

Pero el sector más duro de esa coalición, que mantiene abierta la convocatoria a la lucha callejera, mejor sintonizado con el antichavismo exterior, mantiene la lógica del golpe por golpe y del “es ahora o nunca”. No se van a dar pausa y buscarán afectar a la propia Asamblea ya instalada.

Luego de abstenerse de participar en este proceso, en el corto plazo solo aparece el escenario de la lucha electoral por representaciones regionales, que de no ser asumido, va a marginar políticamente a la MUD por largo tiempo y de contera, a estimular su proyecto de tumbar el gobierno a través de la fuerza. Hasta ahora, los mensajes no son claros, pero están llamando ya a tomarse las calles contra un supuesto fraude, igual que siempre lo han hecho en todas las elecciones pasadas para mantener el ambiente insurreccional. Es la única bandera que pueden desempolvar hoy para mantener el orden público bajo amenaza.

En este contexto de sesión bajo asedio, la Constituyente ofrecerá también oportunidades al chavismo para una recomposición política y  organizativa, que bien podría empezar por evaluarse y someter a crítica sus propias omisiones y realizaciones, tanto en el plano tan delicado de la economía como en aspectos de la dirección, los métodos y los sistemas de representación internos y hacia afuera, que tanto se polemizan entre las Izquierdas latinoamericanas.

De conjunto, la oposición interna se ve cada vez más desorientada, lo que no significa una mengua de su capacidad de daño. Incapaz de deslindarse de la violencia y de condenarla, tiende a convertirse en marginal frente a un proceso constituyente que al concentrar un poder legitimado en las urnas, va a ser protagonista de la toma de decisiones en el futuro inmediato. El futuro de la oposición entonces, depende en lo fundamental de los apoyos que le lleguen de fuera, del oxígeno que le den las injurias, las calumnias y las sanciones contra el chavismo provenientes de los poderes imperiales, como se observa a las claras con la película tantas veces repetida del fraude electoral.

Si bien la Constituyente es un fracaso como escenario de reconciliación, es una dura derrota para el proyecto de tumbar al presidente Maduro e impedirle que gobierne hasta el último día de su mandato en 2019. Es ahora el chavismo el que ha quedado con la iniciativa, así tenga que seguirse defendiendo como gato patas arriba, principalmente de una andanada mediática externa que no tiene precedentes en el mundo.

La fuerza de la Asamblea Nacional Constituyente y sus primeros resultados deben ser tan significativos, que logren atraer a sectores de oposición a un ejercicio de diálogo, o a desistir por lo menos del proyecto violento que los ha animado. Será fundamental para el chavismo, en esa perspectiva, romper el cerco mediático, logrando que no solo su voz sea escuchada, sino también la de la América Latina rebelde que en todos los países se está expresando en defensa de Venezuela, pero es inexistente para las burguesías que monopolizan el ciberespacio y han convertido la información en parte intocable de su patrimonio privado.

Campo Elías Galindo A. 

http://campo-el.blogspot.com.co/2017/08/venezuela-rebelde-y-constituyente.html?m=1

Ecuador: Jorge Glas, vicepresidente de Ecuador


 

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Jorge Glas critica en carta pública acciones del gobierno de Lenín Moreno

“El Telégrafo” Miércoles, 02 Agosto 2017 13:45

El vicepresidente de la República, Jorge Glas, publicó la tarde de este miércoles una extensa carta en la que hizo públicas sus diferencias con varias medidas y posturas tomadas por el jefe de Estado, Lenín Moreno. En sus cuentas de redes sociales, Glas denunció una “posible aplicación de un paquetazo contra mi pueblo”. “Se está orquestando el retorno del viejo país a través del reparto, del tongo. Se construye un escenario propicio para la corrupción institucionalizada”, indicó. El dignatario defendió nuevamente la lucha contra la corrupción que, según él, se emprendió durante el gobierno de Rafael Correa. “Que quede bien claro: una cosa es que ocurran casos de corrupción en un gobierno; otra, muy distinta, es crear las condiciones para que un gobierno entero sea corrupto. Durante 10 años la Revolución Ciudadana combatió la corrupción, haciendo leyes, creando instituciones y procesos que impidan los actos de corrupción. Y lo logramos. Sin embargo, se dieron casos de corrupción, que yo mismo denuncié. Nunca antes un gobierno había denunciado la corrupción cometida por malos funcionarios. Nosotros lo hicimos porque no toleramos la corrupción”. Glas -al igual que el expresidente Rafael Correa, esta mañana- denunció que “hoy se sientan las bases para un Estado de corrupción, al pactar con personajes nefastos de la historia nacional, como los Bucaram, al entregar servicios e instituciones a personas vinculadas con el pasado oscuro del país: la banca del Feriado Bancario, los malos empresarios acostumbrados a explotar a sus trabajadores, los de las barcazas, los que pretendían quebrar al Estado para privatizar y hacer grandes negocios, los seudo-sindicalistas acostumbrados a tener privilegios”. “Que quede claro que los ecuatorianos no eligieron a los Bucaram, ni a los socialcristianos, ni al tongo, ni al reparto; eligieron continuar con la transformación histórica que llevó a cabo la Revolución Ciudadana, liderada por Rafael Correa Delgado, quien gobernó 10 años junto a su pueblo y para su pueblo”, sentenció el Segundo Mandatario. Glas asegura que “no se puede quedar callado”. “Aunque el presidente Lenín Moreno me lo haya pedido cuando expresé mi rechazo a los nombramientos de gente de los Bucaram en puestos clave del Gobierno. Lo reconoció y me pidió que espere, que ya lo iba a resolver, que le dé tiempo. Ya no hay tiempo. La Patria no puede perder tiempo”. El Vicepresidente enumeró “las decisiones, medidas y hechos que contrarían totalmente nuestros principios”: El ‘pacto’ con los Bucaram, la “entrega de los medios públicos a representantes de los medios privados” y la “manipulación de manera perversa de las cifras económicas, pretendiendo imponer un imaginario de que el Gobierno de la Revolución Ciudadana manejó mal la economía”.

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Democracia y participación

Estanislao Zuleta

Para que se pueda hablar de la existencia de una democracia hay un mínimo de condiciones que se deben cumplir, pero sobre todo las que se pueden abarcar en el concepto de los “derechos humanos”. Sin embargo la existencia de unos derechos no es más que un mínimo, porque de nada sirven los derechos, como decía Marx, si no tenemos posibilidades: ¿de qué sirve que una persona tenga derecho a elegir y a ser elegido, si ni siquiera sabe leer? La sola existencia de los derechos es una condición muy restringida de la democracia. Los derechos son importantes, pero la democracia consiste en algo más, que tiene que ver con las posibilidades efectivas de realización de esos derechos. El derecho fundamental es el derecho a diferir, a ser diferente. Cuando uno no tiene más que el derecho a ser igual, eso todavía no es un derecho.

Generalmente se dice que democracia es libertad. Es una vieja idea, que no es incorrecta desde luego, pero la libertad hay que entenderla en el orden de la posibilidad. Las libertades no existen porque están escritas en alguna parte. No asumamos nunca una definición negativa de la libertad: libertad es todo aquello que la ley no prohibe. Asumamos una definición positiva. La libertad es aquello que la vida nos permite hacer. La ley no le prohibe a nadie entrar a la universidad, pero sí se lo prohibe la vida, la economía, los hechos, y entonces muchas personas no tienen libertad de educarse. ¿Qué libertad tiene el campesino que perdió su parcela en una mala cosecha y le toca salir a buscar una ciudad dónde vivir de tuguriano? Ni la policía ni el gobierno se lo prohiben, pues él tiene la libertad de ser tuguriano; pero no tiene otra. No es suficiente con decretar la democracia. Es importante definirla también en términos de la igualdad de posibilidades.

A los individuos no se les puede juzgar por lo que dicen de sí mismos sino por lo que hacen. A los pueblos no se les puede juzgar por lo que declaran en la carta constitucional sino por las relaciones sociales, por la manera como vive la gente. Una sociedad tiene valor de acuerdo con las relaciones que tienen los hombres unos con otros, y no tanto por lo que diga un decreto, así sea la Constitución. Nosotros tenemos una democracia muy restringida en el sentido económico y debemos decirlo claramente. En nuestras ciudades, por ejemplo, hay una gran cantidad de tierra urbana acumulada por unas pocas familias en espera de valorización, mientras el pueblo no tiene dónde vivir y se instala en invasiones sobre lagunas y laderas. Esto es lo menos democrático del mundo. La igualdad debe ser una búsqueda tanto económica como cultural.

Es casi una burla para una población decir que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, si no lo son ante la vida. Anatole France decía en el siglo XIX que estaba “prohibido a ricos y pobres dormir bajo los puentes”; desde luego, la prohibición sólo cobijaba a los pobres porque los ricos no tenían necesidad de llegar a esa situación extrema. Si no hay igualdad la ley se convierte en una burla. La igualdad ante la vida es algo que es necesario conquistar; es una tarea y una búsqueda que no se puede resolver por un decreto. La democracia no se decreta, se logra. Si un pueblo no la conquista por su propia lucha y por su propia actividad, no le va a llegar desde arriba. No hay reformas agrarias que no provengan de una búsqueda de los campesinos, de una organización campesina, de una lucha campesina. La apertura democrática es la búsqueda de una democracia que no sea una burla para la población. Para ello se necesita una actividad a la que podemos llamar participación. Se habla mucho de la necesidad de ofrecer más educación a través, por ejemplo, de implementar programas de educación a distancia; pero no se trata solamente de eso. Hay que impulsar la lucha por la reconquista de algo que se perdió hace mucho tiempo, probablemente desde la Edad Media: el pueblo dejó de crear cultura. Nosotros ya no tenemos un folclor como lo hubo en la Edad Media.

En aquella época el pueblo creaba verdaderas maravillas culturales, como el cancionero español, los cuentos de hadas, las catedrales góticas. El pueblo era un verdadero creador de cultura. Para que el pueblo pueda ser creador de la cultura es necesario que tenga una vida en común. Cuando se dispersa, se atomiza, cuando cada uno vive su miseria en su propio rincón, sin colaboración, sin una empresa y un trabajo comunes, entonces pierde la posibilidad de crear cultura. Ahora la recibe por medio del transistor; de la televisión o de cualquier otro medio, pero como consumidor; no como creador. Para la creación de una definición moderna de la democracia es necesario que el pueblo vuelva a crear cultura, porque no es suficiente con que la reciba. Tenemos que plantearnos metas altas y una meta muy importante es la de un pueblo creador. La capacidad de creación de un pueblo no se mide por las estadísticas. Las estadísticas nos informan de los porcentajes de la población que sabe leer y escribir o que ha terminado la escuela primaria o el bachillerato. Pero eso no es todavía una cultura. La cultura hay que hacerla. Las estadísticas nos engañan.

Es mucho más culto un campesino analfabeto que sabe narrar, contar una cacería, hacer una canoa o una casa de habitación con un estilo propio, que uno de esos bachilleres que estamos fabricando, pero que aparecen en las estadísticas como bachilleres. De la misma manera es más culto un pueblo que produce algo, que tiene un estilo y una manera de vivir propia; pero para lograrlo tiene que organizarse. Un pueblo disperso, cada cual – como he dicho- refugiado en el rincón de su pequeña miseria, sin más relaciones que las que se desprenden de los linderos o de los celos, es un pueblo que no produce nada. Es necesario que el pueblo se organice en comunidades de vecinos de barrios, de campesinos, en comunidades de cualquier tipo, porque mientras está disperso está perdido; no so- lamente porque hay mucha miseria —eso también es muy grave- — sino porque no tiene cultura y creatividad propias. Y esta organización es esencial porque es la manera que tiene el pueblo de producir su propia cultura, no sólo de recibirla.

Que la gente pueda opinar no es suficiente, es necesario que pueda actuar en aquello que le interesa en su comunidad, en su barrio, en su municipio. Pero para poder actuar tiene que tener bases, instrumentos culturales y materiales. La apertura democrática implica la creación de un mundo de instrumentos colectivos. A esto se le puede llamar participación. Cuando un pueblo actúa, alcanza mayores éxitos que cualquier programador o racionalizador. El pueblo puede hallar soluciones a sus propias necesidades en los niveles más elementales de la vida cotidiana. El pueblo va encontrando sus propias necesidades y la forma de resolverlas. No debe esperar que todo le llegue desde arriba; pero sí se requiere de un gobierno que por lo menos permita que el pueblo se organice y promueva instrumentos colectivos.

Todo eso es lo que ahora nosotros podemos definir como una democracia. Una democracia debe buscar la participación del pueblo, no sólo en el gobierno, sino sobre todo en la transformación de su propia vida. Marx decía que en el proceso de desarrollo capitalista el trabajador había perdido la inteligencia del proceso productivo; el hombre que trabaja, que vende una fuerza de trabajo durante ocho horas diarias por un salario, ni siquiera sabe lo que está haciendo, para qué se hace ni por qué se hace. En otros términos, no sólo no dirige el proceso sino que ni siquiera lo entiende. Hubo una época en que el artesano estaba muy cerca del arte hasta el punto de que no había posibilidad de diferenciarlos bien.

A ese período artesanal ya no podemos volver. El pueblo ya no puede apropiarse de la inteligencia del proceso productivo de manera individual sino por medio de la colaboración de la comunidad. Una apertura democrática es una búsqueda de una nueva comunidad, de un pueblo que exija, que piense, que reclame, que produzca. Nosotros no podemos evitar reconocer y asumir los conflictos. Sólo se puede ser demócrata si estamos del lado de los que tienen más necesidades y menos posibilidades concretas. La lucha por una apertura democrática no puede existir sin participación popular. En los barrios la gente tiene que aprender a hacer sus casas y sus cooperativas, a construir su organización para dirigirse por sí misma. Es allí donde se amplía la democracia; si no lo hacemos allí, no lo hacemos en ninguna parte.