De Crisis En Crisis, Despojando, Acumulando

Por: Gonzalo Salazar

El capitalismo siempre ha querido que el mundo marche al ritmo acelerado de sus máquinas, que los trabajadores produzcan y la sociedad consuma en la forma en que crece su avaricia por la ganancia, sin medida ni descanso, pero la realidad es que las crisis económicas con ciclos cada vez más cortos, son su esencia genética que le permite renovarse y mantener su poder, pues posibilitan la acumulación por explotación a los trabajadores y por la expropiación violenta de los recursos naturales y materias primas en forma geométrica, agotando las capacidades de recuperación del planeta y de la  humanidad mediante nuevos modelos económicos cada vez más agresivos, conduciendo al primero a un globo desierto y oscuro y a la otra a la locura, la pobreza y la involución.

Durante la primera mitad del siglo XX Estados Unidos invadió Centroamérica (Panamá, Guatemala, Nicaragua El Salvador) y el Caribe, para fortalecer su posición geopolítica y geoestratégica en la región y apropiarse de minerales, hidrocarburos, alimentos y materias primas. Después de la crisis de los 30 (la gran depresión), la más grande del siglo pasado, el capitalismo continuó generando crisis en sus metrópolis -y competencia violenta entre sus ejes de poder- trasladándolas a los pueblos de la periferia, siempre “solucionándolas” con nuevos conflictos regionales en Asia, África y América Latina, con genocidios y ocupaciones de territorios por el imperialismo europeo y norteamericano; en Centroamérica, con asesinatos de líderes demócratas reformistas y revolucionarios, utilizando la estrategia de tierra arrasada, imponiendo dictaduras civiles y militares dirigidas desde Washington, que garantizaron el sometimiento y el despojo a los pueblos; usando como pantalla la competencia con la URSS y la “lucha contra el comunismo”, aislando y chantajeando a Cuba, (en lo que denominó Guerra Fría) sumiendo a nuestros pueblos en la pobreza y el atraso, mientras el crecimiento económico y el desarrollo tecnológico de los EE.UU. requiere de inmensas cantidades de materias primas, minerales y combustibles de origen fósil, para lo que implementan planes económicos y militares estratégicos contra la dignidad, la autonomía y la resistencia de los pueblos, (expresiones legítimas llamadas hoy terrorismo); planes estratégicos que incluyen ajustes estructurales y supuestas “ayudas” que se presentan como Cooperación Internacional al Desarrollo, pero que son el sustento de la deuda externa (multiplicada a la enésima en los 80) y base de la actual política neoliberal intervencionista con acometida extractivista.

En el contexto de la Guerra Fría el desarrollo tecnológico del capitalismo se extiende al oriente, apoyado por USA, inicialmente a Japón, después de la segunda guerra mundial, luego se continúan configurando algunos polos llamados “Tigres Asiáticos” en los 60-80 del siglo pasado, -Hong Kong, Singapur, Corea del Sur, Taiwán- pequeñas islas de desarrollo tecnológico, industrial, cibernético que alcanzanavances en algunas tecnologías de punta (automotriz, equipos electrónicos, robótica, TIC), infraestructura y financiero; en algunos casos supuestamente omitiendo órdenes y recomendaciones  de los organismos multilaterales (FMI, Banco Mundial) para sus economías, como Corea del Sur. Este experimento realmente fue una geoestrategia-geopolítica diseñada por EE.UU. –en el que algunas transnacionales norteamericanas invirtieron grandes capitales- en Asia para restarle poder económico y político a China y al llamado Socialismo Real, que posteriormente con las intervenciones en Afganistán, Irán, Georgia y últimamente Ucrania, de lo que se ha tratado es de levantar un muro militar-nuclear,  comercial terrestre y marítimo de miles de kilómetros alrededor de China y Rusia, última o nueva versión de la Guerra Fría, que se concreta en el Medio Oriente, Afganistán y Corea del Norte. Esas nuevas economías se han sostenido con elevados índices de crecimiento en el PIB y en las exportaciones, como expresión de la globalización neoliberal, pero que realmente empobrecen a sus pueblos y esclavizan a sus trabajadores. El capital en su fase globalizadora imprime una dinámica de acumulación por despojo y exterminio  con la expansión de los mercados, introduciendo inversión financiera, transfiriendo tecnologías a algunos países del llamado tercer mundo, con capitales volátiles, en maquilas y commódities, igualmente movilizando inmensos capitales (la mayor parte por pago de capital y servicio de la deuda externa) desde las periferias hacia los centros de acumulación imperialistas.

Después de la crisis del 73 del siglo pasado, con el movimiento de globalización y la aplicación del modelo Neoliberal, apoyados en la revolución técnico-científica, la crisis petrolera y la monopolización del sector financiero, el panorama político, económico y militar cambia de la bipolaridad USA-URSS (mantenida de común acuerdo con reparto de zonas de influencia del planeta hasta el fin de la Guerra Fría; evidenciada en la crisis de los misiles en Cuba) con la desintegración del campo socialista en la Europa Oriental tras la disolución de la Unión Soviética (1989) y la caída del muro de Berlín, a la unipolaridad de los Estados Unidos, llevando al inicio del fin del Estado benefactor, a la transnacionalización del capital norteamericano-europeo y al fortalecimiento de los enclaves asiáticos, (Japón, Taiwán, Corea del sur, Singapur, Vietnam) al traslado de sus plantas de producción industrial y manufacturera a países del sur y el oriente, aprovechando las condiciones o ventajas comparativas, económicas, sociales y legales de explotación de mano de obra,ordenadas por los organismos financieros y comerciales transnacionales, (desmonte de garantías laborales, bajos salarios, recortes en seguridad social), formación técnica en corto tiempo, reducción en impuestos y aduanas para la inversión extranjera en áreas o zonas francas o “económicas especiales” para instalar maquilas; facilidad legal para explotar cualquier recurso natural, con seguridad financiera y militar, todo dentro de lo que llamaron la globalización neoliberal, que empezó con las aperturas económicas y el ingreso de los emergentes China e India al mercado global con la producción y masificación de nuevas tecnologías (TIC de uso individual), y continuó en los 90 en América Latina con el ALCA -que fracasó ante la oposición beligerante de los pueblos y la propuesta progresista de la ALBA-, con los TLC, la iniciativa de la Américas, el Plan Colombia, Plan Puebla-Panamá, IIRSA y otros planes que hoy  tratan de implementar como la Alianza Pacífico –integrada por los países siervos del imperio: México, Perú, Chile, Colombia, promovida por USA como oposición a los bloques Mercosur, Alba, y a la posible integración regional de UNASUR, pero también para impedir la expansión comercial de China en el continente.

Esta iniciativa –Alianza Pacífico- es parte de un plan mucho más amplio que trata de concretar USA en el Pacífico, pretende quitarle mercados y protagonismo a la ASEAN, (que agrupa a 16 países, en el que participan China y Japón) en el sudeste asiático, denominada Asociación Transpacífico ATP, pero que su sigla en inglés es TTP. En este organismo participan 12 países (Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Brunéi, Estados Unidos, Malasia, Japón, Singapur, Vietnam, Perú, Chile y México) sus primeras negociaciones iniciaron en 2004; puede ser la zona de libre comercio más grande Asia-América en el Pacífico. Sus países integrantes suman el 35% del PIB mundial. Este Acuerdo de Asociación Transpacífico es tomado por algunos como el símbolo de la proliferación de acuerdos regionales en detrimento del supuesto multilateralismo de la Organización Mundial del comercio OMC, (integrada esta por 159 países). La última reunión ministerial del TTP se realizó en Singapur en diciembre de 2013, casi simultánea a otra reunión de la OMC realizada en la isla indonesia de Bali, en la que también setrató de reactivar un ambicioso programa de liberalización comercial mundial, lanzado en Doha en 2001. Como complemento de su geoestrategia en Europa, EE.UUgestiona un TLC denominado Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión ATCI (su sigla inglés es TTIP) pretendiendo aislar a Rusia y China con la eurozona, Estos tratados contienen los mismos temas y condiciones de lo que fuera el ALCA, con un gran radio de acción, con más radicalidad e inmensos beneficios para las transnacionales norteamericanas. Pero los europeos empiezan a mirar hacia el oriente, que viene estructurando la nueva Ruta de la Seda, empezando con Inglaterra, a pesar de su Brexit.

Los países emergentes –cuyas economías adquieren una fuerte presencia a nivel mundial a partir de los 90- no pueden trascender el concepto de progreso occidental, -China, India, Brasil, Rusia, Sudáfrica- al contrario, se apoyan en el modelo neoliberal extractivista a través del desarrollo industrial con importaciones  de materias primas y exportaciones de productos tecnológicos, expandiendo las capacidades de sus  bancos, multinacionales y transnacionales, para lograr su alto crecimiento económico, porque sus ambiciones están en convertirse en sub-imperios regionales en un inmenso mar de explotación y miseria que pasa de los 3000 millones de personas; ninguno de ellos pretende destruir el capitalismo ni al imperialismo, incluso algunos regresan del capitalismo de estado (Rusia, China) del entonces socialismo real, al capitalismo extractivista neocolonial, modelo que les permite llegar a los países de la periferia donde están las fuentes de materias primas para su producción  industrial y la construcción de sus infraestructuras y, por consiguiente, los mercados para sus productos. En este sentido China creó en 2014 el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura BAII, en el que participan 57 países, la mayoría de Asia (34) 18 europeos, 2 de Oceanía, 2 africanos y Brasil, algunos de la órbita imperialista norteamericana como Australia. Inicia con un fondo base de 100.000 millones de dólares; pero también los BRICS crearon el Banco Nuevo de Desarrollo con más 100.000 millones de dólares en el que China aporta el 41%, Brasil 18.000 millones, Rusia 18.000 millones, India 18.000 millones y Sudáfrica 5.000 millones de dólares[1]. Toda una estructura económica y financiera para competir con el imperialismo norteamericano.

Sin embargo, en la disputa por protagonismo y hegemonía entre USA y China, el primero, como se preveía, trata de devolver el golpe creando una crisis de las bolsas, generando devaluaciones, estimulando la corrupción, manipulando los precios del petróleo, intentando desestabilizar los países de la periferia donde ha incursionado comercialmente China, aprovechando la recesión y la desaceleración en el crecimiento de ésta. Esto no es suficiente para el imperialismo occidental en su agonía, pues en 2018 USA inicia una guerra comercial contra China -incluso contra sus propios aliados como la UE México y Canadá- tratando de enfrentar a estos con el gigante asiático y Rusia. Toda una estrategia que incluye aislar, frenar y someter a los emergentes y “progresistas”, que se concreta en América Latina en golpes lentos, mediáticos e institucionales (parlamento, justicia) aplicados en Venezuela, Argentina y Brasil, como lo venía haciendo en Honduras y Paraguay, como lo pretende con Bolivia y Ecuador, incluso con Chile, su aliado, para mantenerlos en el redil del BM y el FMI con el extractivismo y la deuda.

En este movimiento de capitales, de distribución de mercados, de aprovisionamiento tecnológico y militar, se da lo que algunos denominan “multipolaridad”, que no es más que la relocalización del capitalismo globalizado, configurando nuevas geopolíticas y geoestrategias para diferentes regiones del mundo, desarrollo en el cual los EE.UU. pierden un poco de protagonismo político y comercial, del que son beneficiarios los emergentes o BRICS, especialmente China –que junto a Rusia realmente no son emergentes- que con su dinámica productiva y comercial superará a USA en 10 años, por lo menos económica y comercialmente. Lo que es significativo sobre el rumbo del capitalismo es su fortalecimiento en neoemergentes no BRICS como Indonesia y Vietnam en Asia, Nigeria y Egipto en África, y México, según los supuestos de Goldman Sachs, en los que incluye la mayor parte del sudeste asiático.

Los ensayos progresistas en Suramérica también contribuyen a recuperar estratégicamente al capitalismo, (así no lo crean sus dirigentes), pues estos intentos no trascienden los parámetros del capitalismo, no rompen la dependencia política y económica con Europa  y Estados Unidos, ni impiden la injerencia extractivista de los emergentes, sino que mantienen intactas las estructuras económicas y sociales, aplicando el modelo liberal-extractivista de “desarrollo”, volviendo a la dependencia de las instituciones financieras (BID, BM, FMI) y de Rusia y China con el endeudamiento de sus países, y al neocolonialismo de las transnacionales extractivistas occidentales y asiáticas,  recuperando el paradigma de crecimiento económico, asumiendo el concepto de desarrollo occidental como única alternativa que esos gobiernos ven para salir de la pobreza, el atraso y la desigualdad social. La descolonización cultural e intelectual, la autonomía popular, el respeto a la madre tierra  y a los pueblos originarios se han quedado en el discurso, en el papel de sus Constituciones, en los sueños de los humanistas.

Esta actitud de los progresistas se vio fortalecida con la promesa de integración regional, en la construcción de infraestructura para producción de energía, de transporte y comunicación (marítima, aeronáutica, terrestre y las telecomunicaciones) en el intento de industrialización primaria, y en el paternalismo asistencialista con mejor reparto de la renta extractivista en la lucha contra la pobreza extrema, aumentando y fortaleciendo una clase media con más capacidad de consumo, no haciendo reformas estructurales, cuando se debería repartir la riqueza de quienes la han usurpado, concentrado y dilapidado, realizando reformas agrarias democráticas, fortaleciendo la soberanía agroalimentaria, cediendo y reconociendo autonomía a los pueblos originarios y a las comunidades organizadas de la ciudad y del campo, sobre sus bienes naturales y culturales  y sus territorios comunes (sin que esto implique dividir los países, como pretendían algunos capitalistas en Bolivia utilizando las instituciones burguesas); en una sociedad democrática, justa y solidaria no puede haber mucha riqueza concentrada en pocas manos, ni pobreza en ninguna comunidad.

Simultáneamente a las crisis del capital se generan crisis y auges revolucionarios, convulsiones sociales que renuevan las conciencias, trayendo nuevas formas de ver al mundo, nuevas propuestas para transformar a las personas y a la sociedad, nuevos movimientos de liberación con nuevos  sujetos en todos los rincones del planeta, que se suman a los que se venían dando después de la segunda guerra mundial en Europa (Alemania Oriental, y Hungría en los 50, primero contra el capitalismo de Estado), y luego en África y América Latina; esto es lo que sucedió en los 60 del s. XX desde la revolución cubana, una gran movilización social liberadora en África (Argelia, Congo, Angola, Mozambique); en Europa con el mayo del 68 que incluye la heroica lucha de los pueblos  Checoslovacos contra el capitalismo de Estado, y el cuestionamiento por la juventud y los trabajadores europeos, de las estructuras y los paradigmas del capitalismo, desde la explotación capitalista pasando por el arte, la educación, la paz, hasta la liberación femenina, que también fueron motivos de movilización en EE.UU. por los trabajadores y la juventud en la lucha por los derechos civiles, contra la guerra y el racismo. En Asia las expresiones más significativas: la guerra popular de liberación nacional y por el socialismo en Laos, Camboya Corea y Vietnam, derrotan al imperialismo, mientras en China se vive una revolución cultural que también arrasó con intelectuales críticos; en esta rebelión global los estudiantes mexicanos aportan su cuota de sangre por el derecho a la educación en la masacre de Tlatelolco. Revive la insurgencia en América Latina y el Caribe por la liberación nacional y contra el imperialismo norteamericano, con procesos no violentos como el de Granada; sueños que fueron ahogados en sangre, con las dictaduras que inician en Suramérica en1964 (Brasil).

En los 70 y 80, se fortalecerían las dictaduras militares en Suramérica (Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia …) contra los trabajadores y los movimientos de liberación nacional. Luego de las dictaduras y las invasiones del imperio norteamericano de los años 30 y 40 del siglo pasado, se crece la lucha de los pueblos centroamericanos y del Caribe (Guatemala, Nicaragua, Salvador) en los 70 y 80 por los mismos objetivos, con el mismo heroísmo, logrando victorias efímeras; con resultados trágicos -por la intervención contrarrevolucionaria de USA-, de los que aún no se recuperan. Al mismo tiempo los pueblos del Cono Sur levantan la bandera de la democracia con participación de la izquierda en procesos electorales, apoyando gobiernos de transición hacia la democracia burguesa que no intentaron iniciar cambios estructurales (apertura restringida de la democracia en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile) sin democracia directa decisoria, sin reformas agrarias ni distribución de la riqueza. Dejaron intactas las leyes excluyentes y represivas impuestas por las dictaduras, contra todo intento revolucionario de transformar sus sociedades, es más, dejaron esos genocidios (cientos de miles de muertos, torturados, desaparecidos y exiliados y de niños robados a estas víctimas en toda América Latina) en la impunidad, impusieron perdón y olvido a las víctimas con las leyes de “punto final” y amnistías; en Argentina los dictadores genocidas trataron de desviar la resistencia popular hacia un supuesto patriotismo contra Inglaterra por las islas Malvinas.

En América Latina los militares son invulnerables a la justicia y a los “cambios” políticos y sociales promovidos por “demócratas” o por la izquierda institucionalizada, (a excepción de los progresistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, que hicieron algunos cambios en sus fuerzas armadas) siempre les han temido porque la gran mayoría de ellos son formados y programados por el Pentágono para defender al imperio y a sus sátrapas locales,siguen siendo patriotas para USA, la OEA y las oligarquías locales, aunque hoy aparentemente no protagonicen golpes militares.

En nuestra Colombia, desde los 40 del siglo pasado la oligarquía y el imperio norteamericano impusieron una guerra civil, garantizando privilegios e impunidad a los militares, lo que les ha permitido continuar oprimiendo, excluyendo, torturando, asesinando, desapareciendo y desterrando, a quienes persisten en la justicia social, aunque este régimen se ha expresado internacionalmente como una  “legítima” democracia representativa y no en la verdadera dictadura civil-militar genocida y cruel que es. Después de más de 15 años de guerra a mediados del siglo XX, la oligarquía utilizó como medio para acordar un pacto (Frente Nacional por 20 años) para la repartición del poder político,  una corta dictadura militar (Rojas Pinilla 1953–1957) y acabar con la insurgencia liberal (la guerrilla liberal de los Llanos y del Tolima), y el paramilitarismo de la época, que se les estaban saliendo de las manos, y de paso eliminar las incipientes autodefensas campesinas, que ya contaban con apoyo de los comunistas (posteriormente darían origen a las FARC) alejándose de los partidos oligárquicos, luchando por la reforma agraria, la repartición de las tierras y la justicia social; sin embargo la violencia se extendió y profundizó no solo contra los opositores armados sino, contra los sectores populares del campo y la ciudad, continuando en lo que se denominó La Violencia, tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán, quien denunciaba el genocidio y la hermandad entre los dirigentes liberales y conservadores.

Después de 60 años, el pacto entre las clases dominantes (liberal-conservador de 1957) en que se repartirían la administración del Estado en períodos iguales por 20 años,  este fue actualizado con la integración de los narcotraficantes en las esferas del poder factico y estatal desde los 70, continuando el poder oligárquico tradicional financiero-terrateniente potenciado por las mafias emergentes (locales y extranjeras) en la guerra de despojo contra el pueblo, abriendo la posibilidad de paz y seguridad financiera y jurídica para ellos y el capital transnacional norteamericano y europeo en la ejecución de planes como IIRSA Alianza Pacífico y los TLC con USA y la UE, que garantizó la Constitución del 91. Una derrota política e ideológica de la insurgencia y la izquierda, evidenciada en los acuerdos de desmovilización y reinserción que se han venido firmando entre el Estado y la insurgencia desde los 80 y que hoy se confirma con los acuerdos firmados en 2016 con las Farc (incumplidos por el Estado) y los “diálogos” con el Eln. Estrategia que deja el espacio libre para el accionar de las siete bases cedidas a los militares norteamericanos para su guerra contra Venezuela, (utilizando la logística y las estructuras paramilitares para infiltrarse a través de los más de 2000 kilómetros de frontera con el hermano país bolivariano) y para la realización de los planes extractivistas minero-energético y agroindustrial.

En los primeros años de este siglo, Latinoamérica sufre las consecuencias del nuevo modelo de acumulación; recordamos la crisis financiera después del chantaje de la deuda externa (1982) y la monopolización de la economía por el sector financiero internacional, que condujo al “corralito” y al saqueo de capitales en Argentina (2001); las crisis brasileña y mejicana, (réplicas de las crisis financieras que se venía dando en los EE.UU. y Europa con el quiebre de grandes corporaciones y la caída de las bolsas), despiertan el rechazo de los pueblos al “Nuevo Orden Internacional”, por lo que el pueblo argentino salió a las calles a tumbar títeres –como lo venían  haciendo Venezuela desde el 89, Ecuador y  Bolivia a finales del XX y principios del XXI- que traían el mismo remedio formulado por el Consenso de Washington[2]. Estas políticas financieras, monetarias y comerciales y las reformas estructurales ordenadas por el BM, se aplicaron en toda América Latina para supuestamente elevar los índices de crecimiento, y reducir los de pobreza, inicialmente en Chile como piloto del proyecto neoliberal, impulsado por ingleses y norteamericanos desde el golpe fascista de 1973, y que resultó siendo la misma farsa, la misma tragedia para nuestros pueblos. En el 89 el caracazo rompe las dinámicas de dominación reviviendo posibilidades de liberación en América Latina; luego, a fines de los 90 iniciarían los cambios progresistas con procesos electorales apoyados en movimientos populares en  Venezuela, Ecuador y Bolivia, con menos intensidad en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Desde la promesa del Socialismo posible que redimiría a la humanidad, sintetizada en la consigna  leninista de todo el poder para los Soviets, (que nunca se concretó) la dirigencia rusa del capitalismo de Estado, al unísono con los dueños del sector financiero internacional, en los 80s, ordenan todo el poder para los Mercados, acabando con lo poco que quedaba del paradigma del llamado “Socialismo Real”, que cae como castillo de naipes en el oriente de Europa –mientras era desmontado paulatinamente en China-, llevándose los beneficios, los recursos  y las ilusiones de quienes aún creían en el comunismo como la superación de la necesidad, pues el llamado “Socialismo Real” resultó más extenuante para los trabajadores y menos democrático para los pueblos; pasando del capitalismo de Estado al capitalismo salvaje del Neoliberalismo, (con el regreso de la pobreza para los pueblos exsoviéticos) con una nueva oligarquía mafiosa inmensamente rica al frente de la confederación rusa, luego de la desintegración de la URSS y del campo socialista a nivel mundial.

Después de la guerra fría y la desintegración de la URSS, con la supuesta unipolaridad neoliberal que pretendían los globalizadores, a finales de los 90, se genera un movimiento internacional antineoliberal opuesto al Foro Económico Mundial; con grandes movilizaciones internacionales en las ciudades donde se realizan esas reuniones: Seattle, Doha, Etc.; promovido por organizaciones sociales y políticas de izquierda y democráticos, que empezaba a mirar otro mundo posible para la humanidad, haciendo énfasis en la diversidad cultural, económica y ambiental, iniciativa que floreció en Brasil con el Foro Social Mundial; en este foro alternativo participaron sectores sociales de los pueblos del mundo, organizaciones de trabajadores, indígenas, campesinos, ecologistas, integrantes de corrientes políticas socialistas, comunistas, demócratas, Etc. Este intento se fue agotando con el manoseo de algunas ONG (financiadas por las mismas corporaciones transnacionales que despojan a los pueblos y destruyen los ecosistemas) y de algunos gobiernos que trataron de utilizarlo para posar de “progresistas”, pero sobre todo, porque no planteó una clara alternativa al capitalismo con protagonismo y autonomía popular.

El 1 de enero de 1994 la dignidad de los pueblos mexicanos resurge en la presencia del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, reivindicando la lucha contra el neocolonialismo impuesto en México a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero que se trataba de imponer a todo el continente con el ALCA; esta insurgencia, rompiendo con los esquemas de la izquierda tradicional propone la lucha contra el poder político (no por el poder) no solo de las clases dominantes, sino también contra quienes asumen la representación de los pueblos negando su autonomía y sus capacidades de decidir y transformar y, contra la toma del poder del estado para administrarlo e imponer nuevas jerarquías. Acción que cae como un bálsamo sobre los cuerpos y las mentes adormecidas de los pueblos y sectores populares de toda América Latina, que les decía que otra democracia es posible, que se pueden autogobernar y construir alternativas humanistas de igualdad y respeto, sin caudillos iluminados, sin autoritarismo, sin patriarcado, sin capitalismo, una nueva civilización del bien vivir o nuestro socialismo.

Se necesita hoy, a nivel mundial, un movimiento social-político, anticapitalista antisistémico, que no solo se reúna anualmente, sino, que recoja las necesidades de los pueblos, que articule luchas y objetivos de todos los pueblos del mundo, que integre y difunda la diversidad de propuestas e iniciativas generadas desde los sectores populares y sus movimientos sociales, que abra espacios para una nueva institucionalidad humanista y humanitaria de transición hacia una sociedad justa, independiente del capital privado transnacional, de los Estados y de las ONG, en que el eje central sea la autodeterminación de los pueblos y la autonomía de las comunidades en sus territorios, que promueva el rescate de la dignidad, la solidaridad y la ética humanista en la política, equidad en la economía, nuevas relaciones con estos principios y valores entre los países, los pueblos, entre las personas, y relaciones de consideración y respeto con la naturaleza. Movimiento político- cultural, social, ecologista, antipatriarcal y anticapitalista, que no sea sectorial ni gubernamental, ni alineado política o ideológicamente a un partido, un modelo, o al nombre de una persona, como lo fueron de alguna manera la Internacional Socialista y el Movimiento de los No Alineados; pero que tampoco considere la democracia capitalista como único campo de confrontación y de construcción de una nueva sociedad.

Podemos decir que este movimiento se está gestando en las periferias, en los pueblos y comunidades locales (rurales y urbanas) con sus propias cosmovisiones construidas desde sus ancestros en sus territorios, separados de las instituciones y aparatos del poder capitalista, del consumismo y de las concepciones y prácticas tradicionales de la izquierda eurocéntrica, en la lucha por descolonizar nuestros pensamientos y maneras de ver y vivir el mundo desde la óptica occidental. Movimiento integrado fundamentalmente por Comunidades y pueblos aborígenes, que buscan la reconciliación con la madre tierra y el respeto por la vida y la dignidad de las personas.

Pero también persiste en la segunda década del siglo XXI la crisis sistémica, con la caída de las bolsas –en los Centros o metrópolis del capitalismo, que en 2015 incluyó a China-; crisis inmobiliarias (EE.UU. España), desempleo, quiebre de las economías de varios países europeos, algunos supuestamente desarrollados como Islandia, Italia, Irlanda, España y Portugal, además de la empobrecida y humillada Grecia; no es la debacle del capitalismo occidental, pues se busca mantener su hegemonía con la Globalización Neoliberal, con las guerras imperialistas en el oriente próximo, centro de Asia y norte de África; además del petróleo tiene otros ingredientes geoestratégicos como el mercado armamentístico, la destrucción y reconstrucción de países que las corporaciones norteamericanas y europeas presupuestan y se disputan -USA tiene asegurado grandes reservas de petróleo en su propio territorio para varias décadas utilizando el fracking, sin tener en cuenta el que roba a México e Irak y el de la alianza con la monarquía saudí- sino también ganar posiciones geopolíticas y geoestratégicas en diferentes regiones del planeta para extraer más recursos; cercar militar y comercialmente a Rusia y a China, geoestrategia que incluye la reducción del precio del petróleo, la alianza anglosajona (USA, Inglaterra, Australia, Alemania), la Alianza Atlántica USA-UE llamada TTIP y la TPP (asociación transpacífico) en sus siglas en inglés, y también golpear a Venezuela para expropiarla de sus grande reservas de petróleo, de gas y demás riquezas minerales; lo que también genera masivas migraciones de África, Medio Oriente y centro de Asia hacia las metrópolis europeas, con miles de muertos en el Mediterráneo, tal como ocurre con la migración  centroamericana en la frontera sur militarizada y cerrada con un muro de contención,(producto de las guerras militares, económicas y culturales) con el despertar del racismo, la xenofobia y el nazismo de los invasores que se sienten invadidos, recogiendo la cosecha de terrorismo que Occidente ha sembrado en todo el mundo.

En América Latina EE.UU. busca detener los experimentos progresistas, recuperar su “patio trasero” como bodega de materias primas, frenar el avance comercial y de inversión de china y Rusia, con la Alianza Pacífico (iniciativa de integración regional conformada por Chile, Colombia, México y Perú, creada en 2011). Pero la reactivación del Sistema Mundo Capitalista no está en la hegemonía del imperialismo USA-UE, sino, en el crecimiento económico, la expansión  y la presencia de los BRICS (aún con la crisis política de Brasil) en Asia, África y América Latina.

Simultáneamente a estas alianzas intercontinentales para América Latina y el Caribe, el capitalismo mundial (potencias hegemónicas y emergentes) reencaucha y diseña planes regionales para garantizar la construcción de infraestructura, comunicaciones y seguridad jurídica y militar para la explotación de recursos, sin importar las tendencias políticas de los gobiernos, sean de derecha, de izquierda o progresistas, pues tras el paradigma del desarrollo-crecimiento, todos buscan el mismo fin: recuperar y mantener el poder del capital, mediante la reprimerización de las economías, integrándose como productores de recursos alimentarios y biogenéticos, materias primas, minerales y combustibles, aceptando Tratados de Libre Comercio (TLC), para lo cual tienen que construir y modernizar infraestructuras dentro de las estrategias de extracción de esos recursos en los países periféricos, aplicando reformas estructurales a los Estados, asumiendo reformas macrofiscales y deuda pública interna y externa. Esta geoestrategia se dinamiza con Planes Regionales como:

  • Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica PM, originalmente Plan Puebla Panamá PPP con componentes económicos, políticos y militares[3] para Centroamérica y República Dominicana, repotenciado desde septiembre de 2000. Dirigido a optimizar la producción y transmisión de energía eléctrica desde el sur del continente hasta Estados Unidos, (caso Hidroituango) igualmente, la modernización e interconexión de las telecomunicaciones cuyo proyecto central es la autopista Mesoamericana de la Información en base a la fibra óptica, la ampliación y modernización de todos los sistemas de transporte, que incluye unir por carretera a todos los países de la región, partiendo de Colombia; mejoramiento y construcción de aeropuertos y puertos marítimos y fluviales. Este plan funciona en coordinación con el sistema de integración centroamericano SICA.
  • La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana IIRSA tiene los mismos objetivos del Proyecto Mesoamérica ampliados en extracción mineroenergética, agroindustrial, biogenética, y de materias primas, complementado con la circulación de mercancías de origen asiático, europeo y norteamericano en Suramérica; Los proyectos IIRSA (con más de 500 megaproyectos), fueron “definidos” y clasificados desde 2009, por el Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento COSIPLAN, dependencia de la UNASUR, su financiación es con aportes de los países “beneficiados”, el Banco Mundial, y la Unión Europea, aunque la que más se beneficiará será China. Para desarrollar este plan los supuestos organismos multilaterales imponen la financiarización de todas las actividades productivas y de servicios, y las reformas de los códigos de comercio y judiciales que garanticen seguridad financiera y jurídica a la inversión extractivista en todos los países de la región.

El plan IIRSA tomacomo eje en telecomunicaciones a Colombia, pero básicamenteestá enfocado a la construcción de obras de infraestructura en transportes de materias primas y recursos naturales, a la construcción de grandes represas para generación hidroeléctrica. Está andando a través de megaproyectos[4] como Poliductos transandinos al Pacífico, carreteras de cuarta generación  (autopistas)trans-selváticas del Atlántico al Pacífico (que benefician comercialmente a Brasil), adecuación de vías fluviales, modernización y construcción de puertos y aeropuertos, represas de grandes ríos para hidroeléctricas que se interconectarán en todo el continente, y una compleja red de telecomunicaciones para dirigir y controlar toda la actividad extractiva y financiera; políticas que determinan prioridades para transnacionales y países emergentes, recursos a extraer, infraestructuras y áreas a intervenir, entre las cuales Colombia es parte determinante en este plan, que involucra a toda la región, incluyendo a los países con gobiernos progresistas. La modernización del aeropuerto El Dorado y del de Palmaseca en Palmira, el proyecto de ampliación y modernización del puerto de Buenaventura; el proyecto de ferrocarril Caracas-Buenaventura, el ferrocarril que partirá de unpuerto en Brasil en el océano Atlántico,hastael puerto de Ica Perú en el Pacífico (pasa por Paraguay y Bolivia, que le permitirá por lo menos la salida comercial al Atlántico y al Pacífico, también “beneficiará” a Argentina y Uruguay) los poliductos y viaductos en construcción, son parte de este plan.

Ambos proyectos son parte de la infraestructura necesaria del neoliberalismo (¿o pos neoliberalismo?) extractivista para movilizar los recursos y materias primas hacia las plantas de procesamiento que están en cualquier parte del planeta, principalmente Asia y la cuenca del pacífico; lo que encaja perfectamente conlos planes intercontinentales que en esta área se desarrollan como la Alianza Pacifico, la TPP, (que se articula con la Alianza Atlántica USA-UE)  la ASEAN y los emergentes; estos planes no integran a los pueblos, pero si unen a las burguesías locales en torno a los deseos expoliadores de las transnacionales, en los que juega papel importante la corrupción en todas las instituciones de los Estados, como lo estamos viendo en el continente. Lo trágico de estas iniciativas no es que violan las soberanías nacionales, sino que destruyen áreas vitales de los ecosistemas del continente, especialmente amplias zonas de producción hídrica, reserva biogenética, bosques y selvas (selva centroamericana, los bosques, páramos y nevados andinos, la selva húmeda del Pacífico colombiano la amazónica) de gran diversidad biológica, donde también conviven muchas comunidades indígenas y campesinos, algunos pueblos en aislamiento voluntario; situación que se complementa con la extranjerización de la tierra, generando la multiplicación de la pobreza en todo el continente.

Las causas de la actual crisis estructural del capitalismo –incrementada en 2008 tras la crisis inmobiliaria- no están en la caída de las bolsas, ni en la fluctuación del mercado financiero especulativo mundial, ni en la crisis energética o la climática, ni en la debacle de algunos Estados europeos, ni en el traslado de plantas de producción a los países de la periferia –caso Detroit-, ni en las guerras imperialistas que destruyen países y culturas, tampoco en la súper-producción industrial; la verdadera causa es la incapacidad política de los capitalistas para sostener permanentemente un sistema criminal basado en el crecimiento ilimitado en un mundo finito, en la explotación el despojo y la violencia contra los pueblos y los ecosistemas, en su modo de producción y de acumulación, en la imposibilidad de mantener los exorbitantes niveles de consumo y derroche de sus metrópolis con recursos que se agotan en el mundo, frente a la expansiva rebelión de los pueblos contra la dominación y el despojo que ejerce el capitalismo.

Por otro lado, en las periferias se están dando acuerdos subregionales y por bloques, con tratados comerciales más equilibrados, y en torno a la utilización de sus propias monedas diferentes al dólar, Irán decidió comerciar con la UE en euros; China con el Banco Asiático de Inversiones está haciendo la mayoría de sus transacciones en las monedas locales de la región y en yuanes como divisa; en el oriente de África algunos países decidieron comerciar en sus monedas y están buscando una común diferente al dólar; los BRICS también lo están haciendo, en América Latina algunos países del ALBA tratan de hacer transacciones con el SUCRE, aunque los intentos de los “progresistas” por conservar algo de independencia, en ningún momento atentan contra los fundamentos del capitalismo ni plantean cambios estructurales en la economíade sus países; es posible que el Mercosur defina dinamizar su comercio en monedas locales.

Estas medidas tomadas por países de diferentes continentes debilitan económicamente las estructuras del imperio norteamericano, principal bastión de la barbarie neoliberal, mientras se proyectan nuevas hegemonías regionales (BRICS). Dichas decisiones, más las geoestratégicas imperialistas, condujeron al imperio norteamericano a invadir y destruir Irak, pues Hussein, antes de la invasión imperialista, estaba valorando el petróleo en euros y proponiendo a la región el cambio de moneda en el mercado de los combustibles, igualmente Gadafi pretendía una moneda común regional.

Ante el intento de EE.UU. de impedir a Rusia el acceso al mar Negro al pretender ganar Ucrania para la Unión Europea y sembrar más bases militares en una nueva guerra fría. Rusia retoma posición sobre Crimea, presionando a Europa (principal consumidor del gas ruso)  para que desista de anexar Ucrania al área de la UE con presencia de la OTAN. Lo que ha llevado a fortalecer la alianza entre Rusia y China. Sin embargo China sigue siendo el principal socio comercial de EE.UU. mientras Alemania y china construyen y rehabilitan rutas comerciales (carreteras, trenes de alta velocidad, puertos, poliductos) y para movilización de materias primasentre Europa y Asia; de la misma manera, China concreta su alianza con Rusia a través de acuerdos comerciales, con la construcción de infraestructura para los mismos fines, que incluyen acuerdos políticos y militares que se manifiestan en el caso de la desnuclearización de Corea del Norte.

Con todo esto, aún no podemos decir que la actual sea la última crisis del capitalismo, pues este se regenera a través de nuevos modelos, estructurando otros centros de poder con la utilización de otras fuentes de energía, de nuevas tecnologías, de la inteligencia artificial, de la biopolítica como medios para controlar mental, ideológica, política, económica y militarmente a los pueblos, con  la movilización de capitales, inclusive reformando su sistema financiero y monetario, como se pretende con el dinero virtual y las criptomonedas, que llevan ya casi diez años en experimentación y  consolidación en el mercado; supuestamente pretende acabar con el papel moneda y los bancos centrales, cambiando una pirámide usurera-especulativa por otra basada en algoritmos y cadenas de bloques informáticos, con los mismos principios y fines; en este Sistema Mundo toda forma de dinero, como instrumento de dominación, siempre será monopolizado y controlado por los dueños del capital financiero; esta etérea moneda desde ya está enriqueciendo a una minoría tecnócrata de clase media alta de los países centrales, pero puede explotar como cualquier burbuja cuando los dueños del sector financiero lo deseen, dejando a cientos de millones de ahorradores y consumidores de todo el mundo en la miseria. El capitalismo seguirá siendo tan salvaje y criminal como cuando nació, así les parezca a algunos ingenuos que con la mundialización se redistribuye el capital y que la llamada “multipolaridad” fuera el punto de equilibrio de un supuesto capitalismo más democrático o “más humano”.

Este análisis es necesario profundizarlo, ampliarlo y racionalizarlo no solo dentro de la academia crítica, sino, dentro de la izquierda y de los movimientos sociales populares, para visibilizar perspectivas económicas y políticas en el proceso de transformación social para América Latina y el Caribe, sin caer en la trampa del chovinismo en que nos quiere meter la oligarquía mercachifle colombiana, (para desviar la atención del pueblo por sus verdaderos problemas) que cree que este es un país emergente y que en lugar de ser parte del progresismo, de la  ALBA o de UNASUR, debe estar en la neoliberal OCDE y con la criminal OTAN, porque supuestamente Colombia obtiene altos índices de crecimiento económico, y porque cuenta con el ejército mejor armado y entrenado de la región -comandado por el Pentágono y la CIA-, formador y exportador de asesinos para las guerras en el Oriente Medio y África- para combatir a la insurgencia y a la protesta popular, y amenazar a sus vecinos, pero con los peores índices de violencia y desigualdad en el continente. Lo preocupante es que indirectamente la izquierda institucionalizada colombiana apoya estas iniciativas, al hacer alianzas con la derecha, creyendo que esta va a abrir las puertas de la democracia a la paz y al “desarrollo” del país, pero Santos confirmó la intención de consolidar su proyecto neoliberal, en la reunión de Cartagena del grupo de la Tercera Vía, en junio de 2014 y lo logró.

Por: Gonzalo Salazar, julio 4 de 2018

[1]Datos tomados del artículo China humilla a Estados Unidos y marca el ritmo de la nueva geopolíticade Alberto Cruz, publicado en www.rebelion.org 25-04-2015. Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid.php?article1992

[2]Acuerdo entre los organismos financieros internacionales: el FMI, el BM, la Reserva Federal y el congreso de EE.UU. para imponer el neoliberalismo.

[3]Participan los países centroamericanos: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá. Los estados del Sur-Sureste de México: Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán. Desde 2006 se unió Colombia; A partir de 2009, se adhirió República Dominicana. Fuente: http://www.proyectomesoamerica.org

[4]Proyectos de la Cartera del COSIPLAN : cantidad total de proyectos: 579

Inversión total estimada: 61.347.183.245 (en US$) Proyectos de la API: Cantidad de Proyectos estructurados:31.Cantidad de Proyectos individuales: 101 Inversión total estimada:   20.266.243.380 (en US$).

Fuente: http://www.iirsa.org

 

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¿Fin del Unipolarismo Occidental?

a través de ¿Fin del Unipolarismo Occidental?

Una lección de egoísmo

Por: Ricardo Robledo

Me tocó oír de boca de un paramilitar “reinsertado”: “si gana Duque vuelvo a coger el fusil para salir a matar guerrillos”. La motosierra volverá a funcionar y con semejante respaldo, entrará como cuchillo caliente en mantequilla, contra los líderes populares y los movimientos sociales. Para los genocidas no significan nada ocho millones de votantes muertos. Si lo pueden hacer, lo hacen y seguro lo van a intentar.

Aunque en el fondo creo que no todos los diez millones que eligieron a su presidente, apoyan los crímenes de lesa humanidad ni a la corrupción, estos actores sí recibieron su respaldo y así lo sienten y por eso se envalentonan para volver a llenar el país de sangre y de dolor. Las amenazas se han incrementado. Un punto del plan de gobierno es volver trizas los acuerdos de paz. Los opresores nunca podrán ser humanistas.

Hay de todo entre los votantes de la triple alianza de derecha formada por la oligarquía, el imperialismo y la nueva burguesía nacida del narcotráfico; están los conscientes, los engañados, lo que votaron para defender la fe religiosa y los temerosos al “castrochavismo”.

Con el nuevo gobierno de derecha ya no tendrán que acomodar dos indigentes en el tercer cuarto de sus viviendas (principal punto de gobierno de la Colombia Humana); ahora se va respetar la propiedad privada que es sagrada cuando está en manos de los ricos pero no cuando está en manos de pequeños propietarios; ya no se va a expropiar a los grandes terratenientes pagándoles por sus tierras improductivas, pero sí a los campesinos a punta de fusil; sí, a esos que producen tus alimentos, que tienen las uñas negras y que no son “gente bien” (lo tienen muy merecido por no ser tan civilizados).

Si los criminales de lesa humanidad tienen que comparecer ante la justicia, nos convertimos en Venezuela; también si se castiga a los corruptos; igual si se da educación universitaria gratuita; o si fomenta el agro y se cuidan los sistemas ecológicos. Qué peligro que los colombianos pobres tengan derecho a una buena atención en salud. Sí me gustaría que nos convirtiéramos en Venezuela: un pueblo digno de patriotas que resisten en defensa de su soberanía.

Estos temerosos votantes de clase media, nos dieron una lección de lo que es el egoísmo. Revestido de un lenguaje de patriotismo y de conciencia de salvación nacional. Nada representan las masacres; nada valen los millones de campesinos expulsados y desterrados; los falsos positivos son apenas un ingenioso invento que debe ser premiado. Tranquilos que si las corporaciones financieras no les quitan sus apartamentos, ya nadie les va a expropiar la deuda con el banco.

Uno de los argumentos es que los ricos son los que dan empleo y si se van se acaban los puestos de trabajo. Con la ocupación laboral se obtiene ingresos para poder acceder a los medios de subsistencia. ¿Pero qué se va a comer si los campesinos que producen los alimentos son perseguidos o sucumben ante las importaciones y quedan en bancarrota? ¿O si los peces se alimentan de mercurio y las vacas de pesticidas? ¿si las abejas se mueren?¿si desaparecen los insectos y se rompe la cadena alimenticia?¿qué sentido tiene moler una montaña para convertirla en dinero para el bolsillo de un magnate?

Hay una interesante conferencia en el portal TED en la cual un empresario multimillonario comenta que no son los ricos los que mueven la economía capitalista, sino los consumidores. Por ejemplo, si mil ricos colombianos toman un almuerzo de cien mil pesos, hay 40 millones de personas que lo compran en cinco mil. Multipliquen y verán. ¿Entonces hay que mejorar los ingresos de quién?

Junio 26 de 2018

De Productores a Consumidores… a Marginados

Gonzalo Salazar, junio 18 de 2018

“El ser humano es visto en su totalidad como un medio de producción.

Es a la vez capital, mercancía, trabajo y mercado. Vale sólo si funciona como capital.

Se gesta, de esta manera, un proyecto en donde es y se le trata como capital

y sólo si se reconoce como tal puede entrar en un proceso de valorización

que se toma creciente en la medida en que sea capaz de inscribirse

como necesario a un proyecto transnacional.”

Marco Raúl Mejía -Educación en las globalizaciones

La época del trabajo como principal función y obligación moral de los individuos ante la sociedad, como único medio de subsistencia de las clases empobrecidas y del proletariado, parece que ha llegado a su fin; por lo menos el trabajo como alquiler de mano de obra dependiente jurídicamente de una empresa o empleador, no está en la agenda de solución a la crisis estructural del capitalismo, al contrario, al generar puestos de trabajo estable se reducen los índices de acumulación, mientras la dinámica del desarrollo tecnológico acelera el crecimiento del desempleo estructural.

Con la biotecnología, la ingeniería genética, la robótica, la nanotecnología, la informática y la inteligencia artificial, integradas en complejos equipos industriales, en todas las áreas de la producción y de servicios, se suplanta la fuerza humana de trabajo, aunque con todo este desarrollo el capitalismo sigue necesitando de esta fuerza para existir. Razón por la cual los capitalistas orientan el desarrollo de sus negocios a reducir los costos de producción automatizando, reduciendo el valor y la cantidad de mano de obra, acumulando mercancías, promoviendo, globalizando y masificando el consumo, utilizando instrumentos ideológicos como el racismo y la xenofobia para regular la movilización y los salarios de los trabajadores.

En su etapa imperialista el capitalismo multiplicó por mil sus fuerzas productivas (conocimiento, infraestructura y tecnología) mediante la explotación de los trabajadores –fundamental fuerza productiva- como nunca lo hizo otra civilización, despojó de los medios de subsistencia a la mayoría de la humanidad, lanzándola de los campos y la periferia a las ciudades, a las fábricas, a las calles, como mano de obra semi-esclava, luego también los incluye como consumidores de la superproducción industrial y tecnológica. Este desarrollo tecnológico y científico amplía la esclavitud de las/los trabajadores; obliga a millones de pobres de los países “subdesarrollados” o dependientes, a emigrar a las metrópolis imperialistas para servir en la producción, en los servicios, en la investigación científica, en la creación de alta tecnología de los países ricos.

El desarrollo industrial de las metrópolis lo fue gracias a la mano de obra y al saqueo de materias primas y recursos naturales de las colonias y de los países dependientes. Sin embargo, hoy los países imperialistas no pueden absorber toda la avalancha de mano de obra migrante del sur, generada por la aplicación de sus modelos económicos extractivistas neoliberales o neocolonialistas, cuando no pueden garantizar el empleo calificado a sus naturales en medio de la actual crisis sistémica; los capitalistas del norte le echan la culpa de sus crisis a los trabajadores migrantes, -nunca al sistema bancario-financiero- promoviendo la tercerización, la “flexibilizaciónlaboral” y la pauperización del salario, junto al creciente desempleo estructural, dejando en la incertidumbre a las nuevas generaciones de trabajadores, quienes pasan a ser prescindibles en el mercado laboral e invisibles en las estadísticas como consumidores.

Después de haber elaborado toda una ética del trabajo, obligando a campesinos y artesanos a salir de sus espacios y ocupaciones para vender su fuerza de trabajo, creando alrededor de las fábricas un ejército de reserva laboral (obediente y disciplinado mediante el terror y el discurso moralista) disponible para ser explotado, con salarios que escasamente alcanzaban a cubrir las necesidades básicas de subsistencia, el capitalismo moderno promueve el consumismo como única forma de existir de la sociedad, en la cual la consigna es trabajar, trabajar y trabajar en las condiciones que sea necesario para adquirir el dinero y cumplir con la función de consumidor-a.  En el comienzo de la manufactura, el capitalismo instruye al obrero en la realización de una tarea; cualifica técnicamente esa mano de obra a través del estado “benefactor” en su etapa industrial, formando una élite tecnócrata, que con la automatización avanzada del años 40 del siglo pasado y la cibernética como forma operativa a distancia, (TICs) este sector técnico profesional empieza a ser desplazado, primero de sus sitios de trabajo en las plantas de producción y en las oficinas, y luego de sus empleos, echándolos al moderno sector de los excluidos o desechables del siglo XXI.

El problema central que enfrentaban los pioneros de la modernización, era la necesidad de obligar a la gente –acostumbrada a darle sentido a su trabajo a través de sus propias metas, mientras retenía el control de las tareas necesarias para hacerlo- a volcar su habilidad y su esfuerzo en el cumplimiento de tareas que otros le imponían y controlaban, que carecían de sentido para ella, la solución fue la puesta en marcha de una instrucción mecánica dirigida a habituar a los obreros a obedecer sin pensar, al tiempo que los privaba del orgullo del trabajo bien hecho, y se les obligaba a cumplir tareas cuyo sentido se les escapaba. Como comenta Werner Sombart, el nuevo régimen fabril necesitaba solo partes de seres humanos: pequeños engranajes sin alma integrados a un mecanismo más complejo. Se estaba librando una batalla contra las demás “partes humanas“, ya inútiles: intereses y ambiciones carentes de importancia para el esfuerzo productivo, que interferían innecesariamente con las que participaban de la producción. La imposición de la ética del trabajo implicaba la renuncia a la libertad.(Bauman).

El desarrollo tecnológico (diseño, automatización y producción de nuevas y más eficientes máquinas) concentró el proceso de producción en la fábrica, desplazando mano de obra del campo a la ciudad; este desarrollo es el que utiliza Frederick Taylor a finales del s. XIX para  aplicar su método mecanicista de producción para maximizar la productividad de los medios de producción (mano de obra e instrumentos de producción) industrial, dividiendo sistemáticamente las labores en una organización del trabajo, desarticulando el proceso de producción, llevándolo a tareas simples y especializadas, este método controla cronológica y cuantitativamente la producción. De esta forma el trabajador artesanal pierde el control y el conocimiento de todo el proceso de producción. Ante el rechazo de los trabajadores a este desarrollo industrial, los patronos ofrecen más pago y primas, promoviendo la formación de un sector consumista en la clase obrera.

A principios del s XX la producción industrial intensifica más la explotación profundizando y generalizando la división y especialización del trabajo, integrando el proceso de producción en cadenas de ensamble y la producción en serie en las fábricas de automóviles de Henry Ford, generando acumulación de mercancías con destino a un nuevo sector de consumidores, lo que vino a llamarse el modelo fordista de producción. Este modelo creó un nuevo trabajador especializado con una formación técnica diferente al proletario no calificado de la manufactura, que se fue perfilando como una aristocracia obrera con mejor capacidad de consumo y organizados en los modernos sindicatos de USA y Europa. Al mismo tiempo que se consolidaba el fordismo en el mundo capitalista, en la URSS se impulsaba el estajanovismo para multiplicar la producción mediante la súper-explotación “voluntaria” de los trabajadores por el capitalismo de Estado, un método que también ofrecía incentivos personales, que empezó en las minas, una forma de competencia en la productividad y en el desarrollo de las fuerzas productivas con el capitalismo.

El fordismo se fortaleció y se generalizó con la aplicación de la teoría económica keynesiana, que buscaba alternativas a la Gran Depresión de los años 30, comprometiendo al Estado como dinamizador de la economía, mediante el gasto público, y el estímulo a la productividad (modelo económico sobre el que se asentaría el Estado de Bienestar después de la segunda guerra mundial) que multiplicaría la demanda, y daría la posibilidad al pleno empleo y a la concertación de las empresas con los sindicatos. En los 50 vendría la automatización y nuevamente el rechazo de los trabajadores a esta innovación, que aceleró el proceso de producción y la dinámica de la sociedad en torno al consumo.

En los 70 del s. XX el fordismo-keynesianismo es superado por un modelo de explotación más sofisticado basado en la “cooperación de los trabajadores en alcanzar las metas de las empresas, en coherencia con el productivismo, en el que los obreros identifican sus intereses con los de la empresa, algo parecido al estajanovismo pero de compromiso colectivo con autocontrol; los obreros no solo aportan su capacidad laboral, sino también su creatividad y su multifuncionalidad para asumir cualquier tarea con tal de mejorar la calidad del producto o el servicio, en este sentido también similar al artesano que se esmera para que el producto sea de óptima calidad (trabajo en equipo, conciliación de clases); este modelo propuesto por el ingeniero Ohno y  desarrollado en la fábrica Toyota en Japón, permite la racionalización de los recursos porque no se produce para mantener existencias, sino principalmente para la demanda.

En los últimos 35 años el neoliberalismo desestructuró el proceso productivo, convirtiendo al mundo en una gran maquila, en el que la dirección es externa a las plantas de producción, que estas, individualmente solo hacen una parte del producto, o producen para transnacionales (marcas) que nada tienen que ver con los medios físicos de producción ni con el capital variable (salarios). Estas corporaciones subcontratan para cada parte de la producción y la distribución a pequeñas, medianas y grandes empresas que muchas veces operan clandestinamente, pagando salarios inferiores a los mínimos locales, utilizando mano de obra esclava, evadiendo impuestos y controles de calidad en los países donde se ubican por algún tiempo. Incluso utilizan barcos como plantas de producción, cargando materias primas y descargando mercancías terminadas en los puertos por donde pasan.

El fin último de todos los métodos de organización del trabajo en la producción capitalista es intensificar la explotación de los trabajadores, reduciendo el tiempo, los costos de producción y la mano de obra; concentrando, especializando y separando el conocimiento del proceso de producción en los ingenieros y tecnólogos en la era industrial; hoy con la cibernética, estos conocimientos se concentran en los discos duros y programas informáticos, siendo patentados y codificados cada uno de los conocimientos, procedimientos, materiales y modelos utilizados en la fabricación del producto o en la prestación del servicio.

En Colombia, como Neocolonia, se han aplicado estos métodos de explotación, predominando el fordismo por la formación económica, en la que los empresarios industriales no desarrollaron industria pesada ni tecnología de punta, (no hubo un desarrollo al estilo clásico europeo o norteamericano) sin embargo algunas grandes empresas multinacionales y una pocas “nacionales” intentaron aplicar el toyotismo sin incentivos o compensaciones a sus trabajadores, esta tendencia la llegaron a impulsar en los 80 y 90 algunos sindicalistas y ONG que se identificaban con el pensamiento socialdemócrata, los mismos que después apoyarían la flexibilización y la tercerización neoliberales.

Los trabajadores en su historia han buscado su organización y su unidad en la lucha contra la explotación y el capitalismo, han juntado sus fuerzas en la movilización, como han acogido con emoción y esperanza las experiencias, la filosofía emanada de su práctica social, de la solidaridad y la fraternidad, sintetizada en los movimientos socialista, comunista y anarquista mundial, han aprendido de sus derrotas, han alcanzado reivindicaciones para toda la humanidad. Desde la revolución francesa, pasando por la heroica Comuna de Paris, por la revolución socialista de octubre, por todas las revoluciones de los pueblos, los trabajadores y trabajadoras hasta hoy, han estado en la primera fila en el combate junto a todos los oprimidos y explotados. Aunque el movimiento obrero surge de la necesidad de la unidad y la solidaridad de los trabajadores a nivel internacional contra la explotación capitalista, siempre ha tenido influencias de las diversas corrientes políticas, tanto de la izquierda como de la derecha, (creada por la cultura Occidental eurocéntrica) que lo han llevado a su división y a defender diferentes modelos económicos y políticos.

Desde la comuna de Paris los trabajadores comprobaron que unidos a los campesinos y demás sectores populares podían enfrentar y derrotar al capitalismo, partiendo de su propia organización; formaron cajas mutuales, organizaron comités de ayuda y organizaciones que exigían mediante el paro y la movilización a los empresarios garantías laborales y derechos sociales; hasta conformar los sindicatos y TradeUnions con aportes y el compromiso de intelectuales revolucionarios como Carlos Marx, Federico Engels, defensores del Socialismo Científico, y Mijail Bakunin, representante del anarquismo, que contribuyeron a la formación política de los trabajadores y a la creación de la primera Asociación Internacional de los Trabajadores (Londres 1864-1876), con objetivos políticos en defensa de los proletarios y de los pueblos y de la lucha de estos por el socialismo; aunque estas dos tendencias diferían en la concepción y los objetivos de la lucha que llevaron a su división, (entre Marxistas y Bakuninistas en 1872)[1] esta organización fue muy activa en organizar a los trabajadores industriales de las metrópolis capitalistas, en practicar y defender el internacionalismo como herramienta en la unificación de las luchas de los trabajadores y de los pueblos del mundo.

Sin embargo dentro de esta organización se dieron luchas ideológicas y políticas que propiciaron la división por las contradicciones que se daban  en su interior, pasando de la primera a la Segunda Internacional (1889-1916), con gran influencia de la socialdemocracia, hasta la primera guerra mundial, cuando la lucha ideológica en torno a la defensa de la unidad y la solidaridad con los pueblos y los trabajadores del mundo la desarticuló, dividiendo al movimiento obrero mundial ante el compromiso de la socialdemocracia alemana de apoyar al Estado burgués imperialista, orientando a sus trabajadores a enfrentarse a los trabajadores de otros países, igualmente explotados por el capitalismo, en una guerra que destruiría a pueblos y países a favor del imperialismo que se consolidaba en Europa y Norteamérica con una nueva repartición del mundo.

En 1901 se crea la Federación Sindical Internacional, considerada opuesta a la Segunda Internacional (llamada Internacional de Ámsterdam) recogía inicialmente centrales sindicales de Dinamarca, Noruega, Suecia, Bélgica, Alemania y Gran Bretaña hasta 1945, cuando se crea la Federación Sindical Mundial (en plena Segunda Guerra Mundial); promueve la formación de la Organización Internacional del Trabajo (1919). Desde su fundación (como parte del Tratado de Versalles), la OIT se perfila como organismo rector de las relaciones laborales, definiendo derechos, normas, acuerdos, convenios –prácticamente la legislación laboral en el mundo se rige por las disposiciones y conceptos de la OIT-  pues está conformada por representantes de gobiernos, de empleadores y de los trabajadores, en la que estos son la cuarta parte en su dirección; “En 1946, la OIT se convirtió en una agencia especializada de la recién creada Organización de las Naciones Unidas”[2].

La FSM, de corte socialista, integra en su estructura ideológica y política el marxismo leninismo, la lucha contra el racismo, el apartheid, el colonialismo, el imperialismo norteamericano y el Estado sionista de Israel, sin embargo, mantiene representantes en la Organización Internacional del Trabajo, la FAO, la Unesco. Como contrapeso a la FSM, los defensores del capitalismo en el movimiento sindical crean en 1949 la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres Siols, con presencia en 148 países; conformó en su estructura organizativa, regionales para: América la ORIT (1951), Asia Pacífico APRO (1951), África (1957), Europa ERO (1950 – 1969), que han apoyado las políticas imperialistas de EUA y el proyecto neoliberal. La lucha gremial y política dentro del movimiento internacional de los trabajadores continúa, ya no por ser la vanguardia, sino, por sostener lo poco que queda de sus reivindicaciones y por enfrentar al Sistema Mundo Capitalista, junto a otros sectores populares, buscando alternativas anti sistémicas, incluyendo otras problemáticas como la ecología. Con la desaparición del Campo Socialista y la implantación de la llamada globalización neoliberal el movimiento sindical se ha visto reducido en todo el mundo, y la FSM fue perdiendo protagonismo, lo que propició la creación de la Confederación Sindical Mundial en 2006 en Viena (participaron 1700 delegados de 304 Centrales Nacionales que representaban a 168 millones de trabajadores) con la fusión de la CIOSL y la Confederación Mundial del Trabajo ((9 millones de afiliados)[3] mientras los trabajadores han perdido muchos de sus derechos y beneficios convencionales.

El movimiento de los trabajadores en el continente tuvo un gran referente de la lucha contra el capital, desde los sindicatos norteamericanos que conquistaron la jornada laboral de 8 horas, con el aporte de las mujeres obreras que también pusieron su cuota de sangre junto a los obreros de Chicago, Detroit y otras ciudades industriales, ellos enfrentaron al capitalismo oponiéndose a la cadena de producción y a la automatización de los años 50. América Latina y el Caribe tuvo sus expresiones durante el siglo XX, en las centrales de Cuba CTC, Argentina CGT, México, Brasil CUT, Chile CUT, Bolivia COB, que han sido activas en los cambios políticos de esos países, algunas con protagonismo en la movilización popular, en defensa de los intereses nacionales y en contra de las dictaduras militares y del imperialismo a partir de los años 50. Estas centrales influyeron en el resto de sindicatos del continente, especialmente en el sindicalismo colombiano, asumiéndolas la izquierda sindical como paradigma del movimiento obrero en el cambio social

El movimiento sindical en Colombia tiene en su historia varias etapas, con raíces en el movimiento de los artesanos y las Sociedades democráticas del siglo XIX y la CON (Confederación Obrera Nacional) fundada en la primera década del siglo XX, compuesta por artesanos y obreros, desde las luchas agrarias de los años 20 y 30 y el surgimiento de la clase obrera en las áreas productivas agroindustrial (bananera, azucarera algodonera cafetera), infraestructuras, obras públicas, de transportes ferroviario y fluvial,  la explotación minera y energética (petrolera) y la incipiente industria del siglo XX, que marcaron las luchas obreras por mejores condiciones de vida y de trabajo, con dos potentes instrumentos de combate: la unidad de los trabajadores y la huelga de solidaridad, enriquecidas y orientadas con el pensamiento socialista del siglo XIX y las experiencias del movimiento obrero norteamericano, europeo y especialmente de la revolución de octubre de 1917 en Rusia, (donde fueron determinantes el Partido Bolchevique y el proletariado como dirigente y vanguardia política y social) ideas divulgadas por un grupo revolucionario de la clase media intelectual, en el que participaban socialistas, anarquistas y comunistas, que integraban el Partido Socialista Revolucionario (1926). Dirigentes como Tomás Uribe Márquez, Ignacio Torres Giraldo, Raúl Eduardo Mahecha, María Cano, Vicente Adamo, recorrían el país acompañando y compartiendo con los trabajadores rurales y urbanos sus luchas, como la huelga de los petroleros en 1924, la de los bananeros en 1928 (que terminó en una gran masacre, como se repetiría después con la masacre de Cementos El Cairo), los portuarios, los conflictos de los braceros del río Magdalena, y los ferroviarios en los años 40 y 50, los corteros de caña, los cafeteros en los 50 y tantos más

El movimiento obrero enfrentó desde el principio al capital transnacional –al imperialismo norteamericano- presente en el país y la represión del Estado cipayo en defensa de esos intereses, sin embargo, los trabajadores con sus luchas alcanzaron muchas de las reivindicaciones que hoy les  quita el modelo neoliberal extractivista. En los años 30 y 40, durante los gobiernos del liberal Alfonso López Pumarejo con la presión ejercida por los trabajadores les fueron reconocidos derechos como la contratación colectiva a través de los sindicatos, el derecho a la huelga, las 8 horas de trabajo, algunas prestaciones sociales, derecho a la salud, a la educación; por esta misma época el Estado reconoció la central obrera Confederación de Trabajadores de Colombia CTC de filiación liberal, en la que también tenía influencia el Partido Comunista. La UTC, promovida y orientada por la Iglesia católica, reconocida por el gobierno conservador de la época como “oposición” a la liberal CTC, pero más por dividir y mantener en el redil del conformismo y la sumisión a los trabajadores. Ante la posición conciliadora patronal de estas Centrales, algunos de sus sindicatos, otros influenciados por el partido comunista y algunos independientes, deciden fundar la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia CSTC en 1964.

En los 60 los triunfos revolucionarios en Asia y África, los cambios políticos en Europa oriental y en la misma URSS y la división en el campo socialista (incluida China), y sobre todo la revolución cubana, influyeron  en la formación de nuevas corrientes políticas en el movimiento revolucionario internacional, por consiguiente en el sindical, llevando a la conformación de grupos y comités de estudio y trabajo sindical (CTS, CIS… trotskistas, marxistas leninistas, maoístas, castristas) en el país, dentro y por fuera de las Centrales, a la creación de  federaciones regionales y por ramas de industria y servicios, generalmente promovidas por organizaciones políticas de izquierda, que reunían sindicatos disidentes  de las Centrales oficiales, conformando un grupo “revolucionario” en lo que se llamó el sindicalismo “clasista”, “independiente” que confrontaba política e ideológicamente con la CSTC (influenciada por el Partido Comunista) catalogada por los otros como “revisionista”. Producto de esta discusión el sector socialdemócrata del sindicalismo se reúne en la Confederación General del Trabajador. Época de caloroso debate político entre los trabajadores, que, aunque divididos por tendencias políticas, confluían en las luchas por sus intereses comunes, la solidaridad y la unidad de acción de la clase obrera, con las centrales “patronales” CTC y UTC, cuyo máximo evento de unidad y acción fue el gran paro cívico de 1977. Esta gran movilización concitó a estudiantes y demás sectores populares de las ciudades, a indígenas y a los campesinos de la ANUC línea Sincelejo.

La necesidad de una central única de trabajadores, gran preocupación de la izquierda, en medio de la vorágine neoliberal, solo alcanzó para la unidad del sector independiente junto a la CSTC, acoger disidentes de la UTC, la CGT y la CTC, en la nueva Central Unitaria de Trabajadores CUT en 1986. Este sueño de la unidad total en una Central única que reúna a todos los trabajadores sindicalizados, se fue perdiendo en el tiempo, reduciéndose el sindicalismo en la actualidad a la expresión de tres pequeñas Centrales: CTC, CGT y CUT, que con todas sus taras, debilidades y limitaciones, con los vicios de burocratismo, gremialismo y corrupción de algunos de sus dirigentes, son la estructura que los trabajadores con verdadera conciencia política de clase, tienen que depurar, fortalecer, ampliar y transformar en una fuerza política y social junto a los demás sectores populares para construir una sociedad justa y solidaria.

La utópica teoría liberal de pleno empleo dejó de ser una posibilidad a partir de la automatización de las cadenas productivas de los años 50; hoy, con el desarrollo de la informática, la robótica y las telecomunicaciones, ha dejado de ser base del discurso de políticos y economistas neoliberales para ampliar la productividad, al contrario, el objetivo es la reducción del salario y del número de trabajadores en las empresas para ser exitosas y competitivas.

La “globalización” del capital y el  modelo neoliberal eliminaron el concepto de salario en las relaciones laborales a través de la flexibilización laboral, (imponiendo el “pago por prestación de servicios”) que en la práctica anula el contrato de trabajo, la estabilidad y las llamadas prestaciones sociales que formaban parte del salario. De la misma manera los trabajadores ven reducidas las posibilidades de pensionarse y de tener acceso a la seguridad social en la incertidumbre del mercado laboral. Hoy es la supuesta inversión extranjera en megaminería, commódities y las maquilas en los países de la periferia, las actividades de mayor crecimiento económico, que requieren un mínimo de fuerza de trabajo humana.

La mundialización del capital acabó con el concepto de trabajo o empleo clásico; la desarticulación del proceso de producción en la nueva distribución internacional del trabajo, distribuyendo temporalmente partes de éste en diferentes lugares del mundo (maquilas) donde la mano de obra, las materias primas y las obligaciones fiscales sean de ínfimo valor; esto descentralizó la producción industrial, intensificó la explotación de los trabajadores, la superautomatización y la administración y control de la producción a distancia mediante las telecomunicaciones y la informática; desarticulando las relaciones laborales (no las relaciones sociales de producción) reduciendo al mínimo la reglamentación laboral que garantizaba estabilidad, seguridad social y salario al trabajador-a, que tanto defendieron los sindicatos en el siglo pasado.

Este proceso en Colombia fue a la par con la reducción del Estado y la entrega de algunas de sus funciones al sector privado, entre ellas la prestación de servicios públicos domiciliarios, la administración de las pensiones y las cesantías, las telecomunicaciones y la paulatina privatización de la educación y la salud, limitándose a adecuar el ámbito jurídico -militar y represivo- para garantizar el ingreso de la inversión extranjera, para lo cual también entrega empresas altamente productivas como TELECOM, ECOPETROL y el sistema de generación y distribución de energía eléctrica ISAGEN al capital privado y transnacional (como las intenciones con ETB, EEB, EMCALI, EPM), sin embargo las empresas que aparecen a nombre del Estado ejercen sus funciones a través de terceros contratistas privados; lo que trae consigo aumento permanente de tarifas, la pauperización del empleo, la multiplicación del desempleo, la entrega de nuestros recursos naturales y energéticos a las corporaciones transnacionales y por consiguiente, más miseria.

Con las nuevas Tecnologías de la Informática y las Telecomunicaciones TIC, cualquier persona puede trabajar, (en el tiempo o la cantidad de trabajo que le exija la empresa o su jefe, al que no conoce) incluso operar equipos electromecánicos, desde su casa sin necesidad de conocer todo el proceso de producción ni a sus colegas, mientras viaja o mientras está sentado en el inodoro, trabajo en el que puede involucrar a toda su familia por la misma paga; la contratación, la supervisión de su trabajo y el pago de su salario lo hacen a través de su propio computador o su teléfono celular a sus cuentas; lo que llaman ahora teletrabajo. Igualmente, si el trabajador opera en la planta de producción, tampoco puede conocer a sus compañeros porque un día son unos y al otro día otros, que los traslada la bolsa de empleo o la CTA. A la vez que pone a competir a los trabajadores entre sí, los aísla de sus organizaciones de clase.

Los trabajadores desocupados ya no tienen posibilidad de un empleo “digno” -una falacia que justifica la esclavitud asalariada, que el gremialismo ayudó a mantener como un derecho, cuando es una imposición-. En el capitalismo ningún trabajo es digno, porque quien vende su fuerza de trabajo (física o mental) tiene que obedecer sin poder cuestionar las condiciones de su esclavitud. Entre más dinero gana el trabajador, es más explotado, entre más dinero adquiere, más esclavo se vuelve del consumismo y más individualista -si no se educa políticamente-. Ni la explotación ni el sometimiento hacen digno a nadie, al contrario, niegan la dignidad.

“Que, durante el esclavismo, la esclavitud no fuese considerada delito no implica que se acepte, mansamente, una campaña burguesa exculpadora de todo atropello contra el género humano.  Que el capitalismo no considere a la explotación como un delito, en los hechos punible, no implica que debamos entonces celebrarlo como un triunfo de la legalidad burguesa ni como un ejemplo de fortaleza moral jurídica.”[4]

La capacitación para el trabajo es otra máscara que encubre la ineptitud del sistema laboral capitalista para supuestamente ubicar al trabajador en el puesto y sueldo adecuados. Cada día surgen nuevas especialidades y carreras que no tienen utilidad para generar ingresos ni aplicación en el área laboral, solo sirven para alcanzar otro escalafón, para “actualizarse” en la materia o para complementar la carrera profesional, lo que hace que el trabajador permanezca estudiando toda la vida para ser más “competitivo” y alcanzar un nivel de vida “digno” que nunca llega –técnicos, tecnólogos, semi-profesionales, profesionales, posgrados, diplomados-. Estas capacitaciones no mejoran en ninguna medida su nivel cultural ni su conciencia social para luchar políticamente contra los causantes de su situación económica y social, al contrario, obliga al trabajador o trabajadora a someterse y aceptar esta forma miserable de vivir.

Los movimientos gremiales de los trabajadores colombianos -desde los 90-, dispersos por la disolución del pacto laboral, las políticas de flexibilización, la utilización de mecanismos no contractuales, perdieron visión y capacidad de lucha con la desaparición de la vinculación directa; entrando el neoliberalismo a administrar la fuerza de trabajo mediante la tercerización en todo tipo de empresas (CTA, Bolsas de Empleo, Contrato Sindical, Contratos de Prestación de Servicios). Más del 30% del empleo calculado por el DANE en realidad es desempleo disfrazado, cuando incluye al rebusque y el trabajo ocasional, generalmente de los y las jóvenes.

Para el trimestre móvil junio – agosto de 2013, la población de 14 a 28 años representó 32,5% de la población en edad de trabajar, su tasa global de participación fue 58,1%, la tasa de ocupación se ubicó en 48,5%, y la tasa de desempleo fue 16,4%.

 La tasa de desempleo de las mujeres jóvenes fue 21,6% y la de los hombres jóvenes 12,4%.

 El 41,9% de la población de 14 a 28 años correspondió a población económicamente inactiva.[5]

El mercado laboral es mediado por el desempleo (superior al 9% según DANE sept. 2013) y la tercerización de la economía; la mayoría de los trabajadores y trabajadoras participan en el sector terciario, mientras una minoría, en nuestro país, están vinculados al sector productivo.

En el 2002 para el caso de las mujeres el 81.3% están en el sector terciario, distribuidas en un 42.3% en servicios, 30.4% en comercio, 6.3% servicios financieros, 2% transporte y el 0.3% electricidad gas y agua. Y los hombres con un total del 69.1% en el sector terciario distribuidos en un 23.2% en servicios, 25.3% comercio, 11.6% transporte, 8.2% servicios financieros, 0.8% electricidad, gas y agua. “…el sector agropecuario y la industria manufacturera respectivamente generan 17.5 por ciento y 12.8 por ciento del total del empleo. El primero apenas creció 2.6 por ciento y el segundo decreció -0.7 por ciento.[6]

La tercerización laboral, la fragmentación del proceso productivo en la nueva distribución internacional del trabajo y la operación automática a distancia; sumado a la persecución sindical, a la despolitización de las dirigencias sindicales y a la penalización de la protesta popular, han llevado a la pérdida de operatividad, capacidad de convocatoria y de dirección, además porque los sindicatos no trascendieron la lucha económica local y por estabilidad en sus puestos de trabajo; separados del resto de trabajadores que no tienen garantías laborales ni salarios mínimos legales, ni sindicatos que los defienda; aislando así a sus trabajadores de las luchas sociales y políticas de los otros sectores populares y del movimiento internacional de los trabajadores. De defensores, organizadores y educadores, muchos dirigentes sindicales se convirtieron en negociantes de los derechos de los trabajadores, únicamente orientando sus luchas por mejoras salariales y “estabilidad” dentro de las empresas que los explotan, algunas veces aceptando el chantaje de la competencia en eficacia y productividad, algunos simplemente se conformaron con mantener el nombre del sindicato y una pequeña oficina alquilada, porque hasta la sede la vendieron. Reemplazaron las directivas débiles y entreguistas la acción directa de los trabajadores por pactos en los que fueron entregando algunas de sus reivindicaciones alcanzadas con muchos esfuerzos por todos los trabajadores; delegaron la solución de conflictos laborales en Tribunales de Arbitramento que los empresarios no respetan ni el Estado obliga cumplir. Los sindicatos se separaron del cooperativismo (les habría brindado mejores condiciones a los trabajadores en esta época neoliberal), prácticamente permitieron su extinción por el Estado;

Estas actitudes del sindicalismo nublaron la visión de su propia emancipación, olvidando la premisa de Marx: “los proletarios no tienen nada que perder, solo sus cadenas”, aunque en realidad perdieron muchos de sus derechos y aumentaron sus cadenas; pues la mayoría de los trabajadores no son sindicalizados, no trabajan en la producción industrial ni tienen derechos laborales. Los sindicatos representaron la vanguardia en las luchas populares en la época del fordismo-taylorismo dando status al trabajador industrial, después el sindicato pasó a ser una institución más dentro del Estado capitalista, con mucha semejanza con este, empezando por la representatividad, la estructura y las funciones que tiene para mantener un ambiente de beligerancia y conciliación con el Estado, quien avala como árbitro y protector, de todos los acuerdos logrados en las negociaciones que desarrolla la junta directiva, con la lucha de los trabajadores por sus reivindicaciones.

La lucha de los trabajadores alejada de los demás sectores populares, actuando exclusivamente dentro de los códigos laborales burgueses, amansa a los rebeldes; el capital los encierra con sus leyes represivas y los despoja de sus reivindicaciones; los somete política e ideológicamente,  los obliga a jugar con sus cartas, aceptando entregar sus reivindicaciones y sus puestos laborales a cambio de dinero (retiro voluntario individual y colectivo, jubilaciones anticipadas, promovidos por algunos dirigentes sindicales) como en los casos de los fueros sindicales de dirigentes consecuentes incómodos para los patronos, convirtiéndose en negocios jurídicos que permite sacar al trabajador consecuente de su puesto de trabajo y de la empresa.

En este proceso influyeron las políticas de mundialización del capital neoliberal (impulsadas por Reagan y la Tacher en los 90), aplicadas con mayor fuerza a partir del desprestigio y desintegración del llamado Socialismo Real, pues gran parte de los movimientos sociales que enfrentaban el capitalismo, lo tenían como punto de referencia y paradigma (a pesar de los errores y desviaciones). El amedrentamiento, el chantaje, la cooptación y la corrupción inducida que hace el capitalismo, de individuos e incluso sectores sociales  opositores beligerantes, termina con la desmovilización, claudicación y el desmonte de esos movimientos, en este caso el sindical.

Obtenían más reivindicaciones los trabajadores de los años 20 y 30 del siglo pasado -cuando no había tanta legislación laboral- con sus movilizaciones y paros de solidaridad, luchando contra las multinacionales y el Estado, que lo que han logrado los sindicatos en los últimos 30 años, quienes han perdido lo ganado con lágrimas, sudor y sangre por los trabajadores del mundo desde la heroica lucha por los tres ochos. Claro que hay una explicación de la tragedia que ha vivido el pueblo colombiano, especialmente los trabajadores del campo y la ciudad con los regímenes terroristas y fascistas que la oligarquía y el imperio han impuesto en los últimos 89 años mediante la violencia política y económica, desde la masacre de Las Bananeras; llegando a ser en los últimos 25 años el país que ejerce más violencia contra los trabajadores, en que se han asesinado, torturado y desaparecido a cientos de trabajadores sindicalizados por el solo hecho de defender sus organizaciones y sus derechos, pero esto no justifica la traición a los trabajadores por parte de algunos de sus dirigentes gremiales y políticos, que han cambiado sus puestos de trabajo en las empresas, por cargos burocráticos en los sindicatos y las centrales, adquiridos politiqueramente a perpetuidad (y en la administración del Estado, nombrados y electos), sirviendo de comodines al gobierno de turno, que supuestamente da participación a representantes de los trabajadores en las entidades del Estado, y que también le sirve para justificar sus políticas antipopulares, como en los casos de la imposición de la flexibilidad laboral, la aplicación de los TLC y en la “concertación” del salario mínimo anualmente.

 Violaciones del derecho a la vida, a la libertad personal y a la integridad física de las y los sindicalistas colombianos. 2011-2012

Tipo de Violación 2011 % 2012 % Variación
Amenazas 542 75,2 431 68,9 -20,5
Hostigamiento 61 8,5 49 7,8 -19,7
Desplazamiento forzado 51 7,1 90 14,4 76,5
Asesinatos 30 4,2 20 3,2 -33,3
Detención arbitraria 16 2,2 20 3,2 25,0
Atentado con o sin lesiones 12 1,7 7 1,1 -41,7
Desaparición 3 0,4 5 0,8 66,7
Secuestro 3 0,4 0 0,0 -100,0
Tortura 2 0,3 2 0,3 0,0
Allanamiento ilegal 1 0,1 2 0,3 100,0
Total 721 100,0 626 100,0 -13,2

Fuente: Escuela Nacional Sindical, Sistema de Información Sindical y Laboral (Sislab), subsistema Sinderh

La desaparición de muchos sindicatos de base o de empresa en la desindustrialización del país y la venta de las empresas del Estado, la desafiliación “voluntaria” y obligada, la no afiliación de nuevos trabajadores a los sindicatos, la no creación de mejores organizaciones gremiales por los propios trabajadores, la aceptación de los contratos sindicales, el reclutamiento por CTA y bolsas de empleo y la prestación de servicios individualmente fuera de las plantas de producción y de las oficinas, además de las causas arriba anotadas, han contribuido a que el movimiento de los trabajadores se haya reducido en su unidad, en su formación política, en movilización y en combatividad. La mayoría de los trabajadores sobreviven del rebusque y el subempleo –lo que llaman informalidad- sin ningún tipo de organización, generalmente indiferentes ante las movilizaciones de los trabajadores sindicalizados, situación que afecta mayormente a los y las jóvenes.

Por otro lado está el problema de los trabajadores pensionados y jubilados (que ganan menos de cuatro SMLV) que ven reducidas y hasta gravadas sus mesadas y aumentados los costos en salud, así mismo, los que reciben la pensión mínima -la mayoría- no puede cubrir sus necesidades básicas, pues muchos pensionados ahora tienen que sostener a sus hijos que no encuentran la forma de generar ingresos para el hogar; mientras los congresistas, magistrados y altos funcionarios del Estado multiplican a su gusto los salarios y pensiones cada vez que quieren. Las nuevas generaciones de trabajadores-as pierden paulatinamente las posibilidades de pensionarse, así aporten a fondos de pensiones. Esta situación tiene unos beneficiarios directos, los fondos de pensiones; después de ser capital social solidario de los trabajadores, fueron convertidos en fondos privados unidos al capital financiero transnacional, entrando a jugar en la ruleta de las pirámides Bursátiles, contribuyendo a financiar infraestructura en otros países y guerras, generalmente contra pueblos pobres y contra los mismos trabajadores, en este juego; los fondos de pensiones también son respaldo para deuda pública interna y externa que pueden utilizar los Fondos Buitre y los inversionistas.

“En la actualidad el 75 por ciento de las acciones de los fondos de pensiones en Estados Unidos financian empresas de guerra, es decir, por la vía de los fondos de pensiones los trabajadores pagan las guerras internacionales; vía fondos de pensiones los trabajadores adquieren deuda pública que luego van a justificar los planes de ajuste. Esta es la contradicción ideológica tan fuerte que ha logrado el neoliberalismo en el marco de su expansión; en Colombia el 50 por ciento de los títulos de deuda pública son títulos de los fondos de pensiones, y contra esto nos aplican sostenibilidad fiscal, recortes, reducción de derechos sociales.”[7]

 

La CUT, clasificada como de izquierda por la influencia que han ejercido las organizaciones y movimientos políticos de izquierda a su interior; por su combatividad frente al Estado y el sector privado, recoge a la mayoría de los trabajadores sindicalizados, entre los cuales más de la mitad corresponde a trabajadores al servicio del Estado, siendo de la FECODE (magisterio) la mayoría de integrantes de la CUT. La cantidad de trabajadores-as al servicio de la empresa privada es mínimo en las centrales de trabajadores-as colombianos, sobre todo cuando dentro de la misma central  -y federaciones-  se da la división por puestos burocráticos y de aspiraciones personales electoreras (Fecode) utilizando a los afiliados, a veces en una misma empresa existen varios sindicatos (en EMCALI hay mas de 10, algo similar ocurre en el sector aeronautico) estas prácticas son el mejor apoyo a los empresarios y al neoliberalismo. Esta situación de desprotección y dispersión de los trabajadores es consecuencia además del terror agenciado por el Estado oligárquico, utilizado por las empresas privadas en la desindustrialización y en la aplicación de las políticas neoliberales.

Número de sindicatos activos y afiliados, según clase de sindicato. A 2011

Clase de sindicato Sindicatos % afiliados % hombres % mujeres %
Sindicato de gremio 1.746 50,48 444.047 53,45 258.886 49,4 185.161 60,37
Sindicato de empresa 1.285 37,15 198.605 23,91 136.498 26,05 62.107 20,25
Sindicato de industria 414 11,97 185.703 22,35 127.119 24,26 58.584 19,10
Sindicato oficios varios 14 0,40 2.377 0,29 1.522 0,29 855 0,28
Total 3.459 100,00 830.732 100,00 524.025 100,00 306.707 100,00

Fuente: Sistema de información Sindical y Laboral (Sislab), subsistema Censo Sindical, alimentado con información suministrada por Ministerio de la Protección Social, CUT y Sindicatos.

El proletariado no ha desaparecido, al contrario, se ha multiplicado engrosando la fuerza laboral en el sector de los servicios en los últimos treinta años, se ha degradado recogiendo a gran parte de la población lanzada de sus puestos de trabajo por el neoliberalismo con sus políticas de despojo y exclusión, a las periferias de las grandes ciudades, creciendo permanentemente con los jóvenes que entran al mercado laboral, permaneciendo la mayoría en la informalidad, la indigencia y el desempleo, pasando muchos trabajadores al moderno sector de marginados y excluidos que ya no entran en las estadísticas del capital, (que no consumen, ni producen ni reproducen el modelo económico) que el establecimiento los trata como parias y lumpen prescindibles, y que a la vez le sirve a las mafias legales e ilegales de caldo de cultivo de violencia y botín politiquero  en los planes de dominación del gran capital nacional y transnacional, pues el número de ricos disminuye inversamente proporcional a como las clases medias se proletarizan. El Neoliberalismo convierte a técnicos, profesionales y mandos medios en simples trabajadores calificados en proceso de proletarización; elimina los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad; mientras la instrumentalización de la ciencia, la tecnología, y el chantaje de la supuesta superioridad de la “sociedad de libre mercado”, como medios para multiplicar las tasas de acumulación, han llevado a que el campesinado prácticamente haya desaparecido en los países “desarrollados” y que en la periferia los productores directos del agro estén en extinción mediante el extractivismo (minero y agroindustrial), la violencia y los TLC, como es el caso colombiano.

Si bien la clase obrera se ha reducido en la producción industrial, con la desindustrialización del país en los últimos 30 años, la mayoría de los trabajadores han pasado del sector primario y del secundario al sector de los servicios, en el que los jóvenes y las mujeres son la inmensa mayoría. Estos nuevos sujetos insurgen por mejores condiciones laborales y por oportunidades de empleo; la izquierda y los revolucionarios deberían multiplicar esfuerzos en su formación política, en su organización y movilización.

La organización gremial de los trabajadores es necesaria para autoeducarse y luchar contra sus explotadores, pero no los libera de la esclavitud; la lucha de los trabajadores sin visión política de clase, termina legitimando al capitalismo, renunciando a su emancipación. No debería haber exclusión en los sindicatos, de los trabajadores de la misma rama industrial que no laboran dentro de las empresas, ni trabajadores con profesión y oficios o de servicios por fuera de los respectivos sindicatos, tampoco los trabajadores pensionados, despedidos y cesantes deberían estar por fuera de sus organizaciones de clase; así como estas organizaciones también deberían incluir representantes de usuarios y o consumidores de los productos y servicios que realizan los correspondientes trabajadores. Frente a las condiciones de dominación en la “democracia” burguesa colombiana, los sindicatos deberían plantearse objetivos políticos no electoreros, más amplios y radicales junto a los demás sectores populares, recuperar el cooperativismo, promover y fortalecer la economía solidaria y comunitaria integrándose a estas con los demás sectores populares. Las luchas gremiales solo pueden ser por reivindicaciones particulares y se dan dentro del ámbito institucional del Estado, pues se trata de renegociar las condiciones de explotación y opresión cada 2 o 4 años, no de abolir la explotación; las luchas de los sectores populares y sus movimientos sociales pueden trascender el gremialismo y el economicismo si se unen y articulan sus luchas en movimientos político-sociales plurales e incluyentes o en Consejos Populares o comunales, planteándose estrategias ofensivas anticapitalistas, antisistémicas en sus resistencias, en sus territorios, realizando desde abajo un programa mínimo de transformación de la sociedad, consensuado entre todos los sectores populares

La lucha de los trabajadores no debe ser exclusivamente por el salario y la estabilidad laboral, es necesario la pelea por las 4 horas de trabajo, 4 horas de estudio, 4 horas de recreación e integración social, 8 horas de sueño y 4 de arte –creación-,  cultura y cuidado colectivo del medio ambiente, por el mismo salario, reducir el tiempo de trabajo para disfrutar de actividades intelectuales, sociales y placentero descanso, no para esclavizarse consiguiendo otros empleos para aumentar la explotación y el consumismo como lo impone el capital; ningún trabajador debería permanecer en un puesto de trabajo operando o desempeñando una misma función por más de cuatro años, su actividad laboral debería ser rotativa dentro de la misma empresa y en diversas ramas de la producción, conocer diferentes procesos productivos y o de servicios y, estudio permanente en su vida laboral. Incluso con su transformación los sindicatos podrían obligar al Estado, mediante la movilización popular, a concertar y estabilizar precios y salarios, la calidad de los productos y servicios en mejores condiciones económicas y políticas.

En esta época la lucha popular debería ser por la abolición del trabajo (capitalista) y del salario, junto a la solidaridad de clase en la lucha internacional por la redistribución equitativa de la riqueza, en la que la acción de los trabajadores es determinante para la destrucción del sistema de explotación capitalista y la construcción de una sociedad democrática, igualitaria y solidaria, en un proceso de transición fundada y sostenida principalmente fuera de la institucionalidad capitalista. Estas organizaciones en América Latina podrían movilizar a los trabajadores sindicalizados y sin organización y demás sectores populares para alcanzar algunas reivindicaciones económicas, pero enfocando sus luchas unificadas por su liberación del capitalismo, empezando porexigir al Estado actual y en un posible gobierno de transición en nuestro país hacia una democracia popular:

  • Expropiar sin ningún tipo de indemnización, entregando en propiedad colectiva a los trabajadores y a las comunidades locales, las empresas industriales, agroindustriales, mineras y de servicios de las transnacionales que hayan saqueado nuestros recursos naturales, que hayan destruido nuestra biodiversidad y nuestros ecosistemas,que hayan violado los derechos humanos mantenido a sus trabajadores explotados en la miseria y hayan financiado la guerra contra el pueblo en los últimos 60 años. De igual manera a las empresas de colombianos que hayan cometido los mismos crímenes.
  • Exigir resarcimiento social para las comunidades locales, regionales y nacional y, restauración del medio ambiente, a todas las empresas privadas y públicas, que con sus actividades productivas, comerciales y o financieras hayan afectado negativamente nuestros ecosistemas,  la salud física y mental de sus trabajadores, de la población local y la organización social de los sectores populares en los últimos 70 años,
  • establecer transitoriamente una Renta Básica familiar como existe en muchos países de Europa y América, equivalente a un salario mínimo, a los trabajadores que pierdan sus puestos de trabajo por el cierre de industrias o por el desempleo estructural generado por la innovación tecnológica, y a los que por incapacidad física no puedan trabajar, que cubra las necesidades básicas en condiciones dignas, con garantías en seguridad social, asignándoles a estas personas actividades culturales, ecológicas, educativas, comunitarias en que se puedan desempeñar, no como asistencialismo.
  • Hacer un frente común con los demás sectores populares para obligar al Estado (o al gobierno popular en transición) a apoyar, subsidiar y fortalecer las actividades en educación, salud, recreación, artísticas, en recuperación ambiental y social, generadas y desarrolladas por las comunidades en campos y ciudades, respetando su autonomía.
  • Exigir al Estado actual o al gobierno de transición promover y proteger el desarrollo de la industria necesaria no contaminante ni lesiva a los ecosistemas, especialmente asociativa, cooperativay comunitaria, apropiada al bienestar de todos los colombianos y colombianas.
  • Exigir la entrega del manejo de los fondos de pensiones y cesantías a los trabajadores y pensionados organizados en alianza con el sector solidario, comunitario, cooperativo, local y regionalmente;
  • De igual manera unir las organizaciones de los trabajadores urbanos con los productores directos del agro (campesinado y proletariado agrícola) en una lucha política por la revolución agraria y agroindustrial a partir de la ejecución de la ansiada Reforma Agraria con soberanía alimentaria

Las nuevas asociaciones integradas por trabajadores, usuarios y consumidores populares podrían plantearse una plataforma de lucha humanitaria por la desaparición de industrias y tecnologías innecesarias y peligrosas para la humanidad y el planeta, por ejemplo la explotación de minerales no necesarios para el buen vivir, empresas depredadoras y contaminadoras (minería a cielo abierto y de socavón, Industria química tóxica), la producción de autos consumidores de combustible fósil y agrocombustibles, la fabricación y utilización de armas de guerra, la producción y uso de agrotóxicos, la explotación petrolera y los bancos; lucha que debiera ser liderada por los mismos trabajadores de estas industrias y servicios; se podría exigir la utilización de robots para tareas peligrosas como la minería, la siderúrgica, la química y otras de alto riesgo. Claro que estas organizaciones ya no serían sindicatos, sino organizaciones populares por sectores de la producción y de los servicios, que podríamos llamar Asociación popular de Productores-Consumidores, Consejos Populares, o Societatos, similar a la propuesta del periódico desde abajo, que junto a los demás sectores populares sería laconstructora de una economía propia del pueblo.

Las organizaciones gremiales de los trabajadores, como sector, ya no como vanguardias individuales, sino como partes de un sujeto político colectivo, están llamadas a crear instrumentos políticos, económicos, sociales y culturales de poder popular para enfrentar al capitalismo e integrar una sociedad justa y democrática. La izquierda ha involucrado a los sindicatos en la lucha electoral como única forma de lucha política posible, apoyando sus partidos y alianzas, lo que ha llevado a algunos sindicatos a apoyar a representantes de la oligarquía. La lucha política de los trabajadores, como la de todos los sectores oprimidos y explotados debe ser por la emancipación, la libertad y la construcción de una sociedad justa y solidaria, no por el embellecimiento del capitalismo.

Esta nueva organización política-social revolucionaria, con elementos antisistémicos, (ecologista, antipatriarcal y antiautoritaria) lo más horizontal posible, que trascienda el gremialismo, requiere de la unidad con las demás clases y sectores populares, que es urgente integrar, en unidad con las organizaciones sociales, culturales, comunitarias y de autonomía como los Cabildos indígenas, las organizaciones Campesinas territoriales, los Consejos Comunitarios, las Coordinadoras Barriales y regionales, organizaciones de defensa del territorio contra megaminería y megaproyectos, asociaciones populares de productores del campo y de la ciudad, de profesionales, artistas, etc. que cumpla con las tareas de coordinación, articulación, planeación colectiva, en la construcción de la democracia popular para un mejor país, para nuestro bien vivir, para nuestro socialismo.

Gonzalo Salazar, junio 18 de 2018

[1] Algunas de las diferencias políticas e ideológicas al interior de la I AIT. Los anarquistas consideraban que la Internacional debía ser una coordinadora de movimientos revolucionarios autónomos, sin una dirección centralizada; que para los marxistas significaba una centralización unificadora, directora del movimiento obrero. Para los marxistas la historia era la historia de la lucha de clases, entre los explotados y los explotadores; mientras los anarquistas pensaban que los hombres en la lucha por la libertad, son capaces de vencer las fuerzas de la historia que se le opongan. Los marxistas veían necesario la toma del poder del Estado, bajo la dirección de un partido, instalando la dictadura del proletariado, en que era necesario el desarrollo de las fuerzas productivas para la extinción del Estado. Por otro lado, los anarquistas rechazaban todo tipo de Estado y de autoritarismo, así fuera a nombre del proletariado, sin asignar a éste el papel de vanguardia; lo que llevaría a la no participación en expresiones de la democracia burguesa como las elecciones.

[2]Página web de la OIT www.ilo.org octubre de 2014

[3]¿Hacia una nueva arquitectura sindical en América latina?AchimWachendorfer – publicado por Fundación Friedrich Ebert Stiftung en la revista Análisis y propuestas noviembre de 2007

[4]“Filosofía de la Justicia Socialista” – Fernando Buen Abad Domínguez – Rebelión/Universidad de la Filosofía – 2012

[5]DANE: Resumen ejecutivo – mercado laboral de la juventud trimestre junio-agosto 2013

[6]Escuela Nacional Sindical ENS – WWW.ens.org.co

[7]Los retos que nos plantea el capital para ser poder hoy”. Por  Daniel Libreros www.desdeabajo.infoEdición N°197 Jueves, 28 de Noviembre de 2013

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Construir un acuerdo social sobre lo fundamental

Por: Ricardo Robledo

Comentarios sin fundamento anunciaban que en el 2012 se acabaría el mundo. Por coincidencia, la fecha correspondía al fin de los ciclos del calendario maya, lo que significaba que debería ocurrir un cambio de civilización; pero lo magistral fue la interpretación que de tales hechos hizo el Subcomandante Marcos a su comunidad hablándoles entonces del tiempo del no y del tiempo del sí; es decir, ya estaba claro que lo se quería no se encontraba en la sociedad burguesa y era necesario pasar a dar vida a lo que se quiere construir; cambios en los procedimientos que el profesor Eugene Gogol ve como la dialéctica viviente en la lucha de los pueblos.

En el caso de la sociedad colombiana, la gran mayoría de la población tiene claro lo que no se quiere, lo que debe llamar a que los dirigentes, líderes y pensadores populares pasen ya de las denuncias a la difusión de la propuestas y del modelo que se quiere construir en el país. El momento histórico abre las oportunidades para aclarar qué sería un acuerdo sobre lo fundamental para que a la vez sea fundacional con la fuerza y la asimilación por el constituyente primario. Algunos puntos son:

  1. Aplicar los acuerdos los acuerdos de paz porque han evitado miles de muertos y la afectación de la población. A la vez abre las opciones a formas más civilizadas de hacer la política y de construir verdaderas instituciones republicanas basadas en el estado de derecho. Los responsables de los crímenes de lesa humanidad deben comparecer ante la justicia, como garantía de no repetición. Sólo los cobardes responsables de masacres temen dar la cara al pueblo colombiano, reconocer su compromiso con tales delitos, pedir perdón y ser investigados dentro de la ley.
  2. Combatir y dar fin a la corrupción que desangra el presupuesto nacional con maquinarias perversas que impiden la inversión social. Sólo lo corruptos pueden oponerse a que se implementen controles en este tema tan crucial para el desarrollo del país.
  3. Fomentar el agro, sector primario de la economía, base del valor agregado que permite construir riqueza y mejorar los ingresos de los campesinos. Sobre la agricultura se construye la soberanía alimenticia de un país y la calidad de vida de la población.
  4. La salud como derecho ciudadano y deber del estado y no como negocio que pone énfasis en las ganancias, abandona a la población y les pisotea el sagrado derecho a vida digna.
  5. Educación gratuita y de calidad con el fin de formar los técnicos y administradores que le permitan al país resolver sus problemas y construir su grandeza sobre la inversión tecnológica. A un pueblo pensante sólo se oponen los tiranos que tienen su fortaleza de fomentar la ignorancia.
  6. Democratizar la vida nacional y sus instituciones colocándolas al servicio de los ciudadanos. Entendiendo como tal la inversión social, puesto que la grandeza de un país se mide en la calidad de vida de sus habitantes. Para que a partir de la democracia, la población pueda ser protagónica en las grandes decisiones del país.
  7. Cuidado del ambiente como región privilegiada en la biodiversidad y recursos hídricos para bien de la humanidad.
  8. Planes de vivienda para que la población pueda solucionar esta necesidad tan sentida y significativa en la búsqueda de condiciones de vida digna.
  9. Respeto a la autodeterminación de las naciones.

Estos son unos marcos muy generales que tienen que ser detallados en el momento de aplicación pero que deben recoger unas reivindicaciones históricas, legítimas y necesarias de la población colombiana. También hay que precisar qué se quiere decir con la palabra fundamental; pues, la derecha también dice luchar por la libertad y de la democracia y ahí se llega al contenido de las palabras y de ahí a la interpretación, intereses y significado diferenciado.

Como se puede apreciar, las propuestas de la Colombia Humana, no corresponden a un programa socialista, no tanto para que no asusten al pueblo colombiano sino porque hay que considerar en qué momento del proceso estamos. Sólo el marco del egoísmo puede hacer ver estas propuestas como peligrosas para el país.

La sociedad debe enfocarse a que los ciudadanos puedan alcanzar la felicidad entendida como la posibilidad de implementar su proyecto de vida, en donde se respete su derecho a vivir y a disfrutar de los beneficios de la actividad económica social. Para esto un gobierno debe basarse la democratización, la inversión social y el desarrollo tecnológico, como factores que debe estar presentes en un modelo de construcción social. Sus bases deben ser el humanismo, la solidaridad, la democracia y el respeto como aplicaciones correspondientes a una propuesta filosófica, económica, política y cultural. Acciones que más que acuerdos organizativos deben ser construcciones con la sociedad colombiana en los que deben participar todos los sectores sociales para poder construir un país en armonía y que se convierta en ejemplo de civilización en el mundo.

Junio 3 de 2018