TUMACO Y EL CACARICA: DOS OPORTUNIDADES

TESTIMONIO

La Costa Pacifica Colombiana Un Bojayá Inmenso y Trágico

Nunca nadie escoge las condiciones de su existencia, nunca nadie escoge el lugar o la época de su nacimiento, la situación social de su nacimiento en términos de abundancia o de miseria, de protección o de abandono, ni siquiera puede escoger el carácter y la calidad de sus padres, casi todo nos llega marcado o preestablecido, y ese destino manifiesto decidirá la parte esencial de nuestra existencia, nuestro idioma, nuestra religión, nuestra cultura, nuestro pensamiento y en última instancia por lo que aceptamos vivir y decidimos morir. Con toda razón se ha afirmado que las condiciones de existencia determinan la conciencia y que dar el paso de transformar el mundo y no sólo contemplarlo, es una decisión que compromete la totalidad del ser que es el paso de la Política hacia la creación de la autonomía individual y colectiva, que hará posible una sociedad profundamente democrática dentro de la cual se acepta ser gobernado por los mejores escogidos por unos ciudadanos autónomos y libres.

TUMACO Y EL CACARICA: DOS OPORTUNIDADES

En el transcurso de una vida nadie realiza lo que quisiera, hacer lo que se debiera hacer para que las condiciones de existencia hagan posible aquel ser autónomo y libre es cuestión de sueños de muy pocos, romper ese círculo vicioso que reproduce la miseria y la degradación de la mayoría de los seres humanos ha sido el propósito de pocos a través de la filosofía, de la literatura, del arte, de la poesía, de la Política y por la constitución de organizaciones políticas que inspiradas en la gestación de un Hombre Nuevo que pueda surgir en el seno de una sociedad profundamente democrática, cuyos valores dejen de ser el dinero y las ganancias, que hoy son el motivo fundamental de la civilización occidental, para retomar los de la libertad, los de la dignidad, los de la solidaridad, los de la felicidad para todos.

Tener que vivir de una manera determinada, tener que someterse a un irreversible destino de miseria y de impotencia, es sin duda alguna la esencia de la tragedia humana, el origen de todas las alienaciones y para aquellos soñadores, portadores de una nueva conciencia social, el golpe fatal a una vida de frustraciones.

Sin embargo, en la vida de algunos seres humanos aparecen resquicios, coyunturas y ocasiones para participar con su acción en la construcción de lo que se ha soñado, son los momentos cruciales del desafío, son los instantes en que la vida nos dice, tienes la oportunidad de dar rienda suelta a tus impulsos creadores, para que te metas por esas rendijas y fracturas al interior de la institucionalidad que protege el desorden, descompuesto y podrido, para transformarlo y para ayudar a la creación de nuevas condiciones de vida.

La costa pacífica colombiana y particularmente el Chocó han sido para todos los colombianos lugares de nuestra geografía casi misteriosos, separados, marginados, segregados, por una cultura blanca y católica que se apoderó del estado, que desconoció el valor humano de las comunidades negras y que decidió que las riquezas naturales de toda esa región debían ser extraídas por el trabajo explotado de sus habitantes negros para ser entregadas a los potentados del capital internacional, Para sus habitantes la desprotección total, la vida a la intemperie, una vida sin vivienda, sin salud, sin educación, sin recreación, vidas que se desgastan en una supervivencia sin sentido.

EL DESPLAZAMIENTO FORZADO

La agudización del enfrentamiento armado en Colombia ha puesto de moda el concepto del desplazamiento forzado como consecuencia de la acción militar de las organizaciones armadas y tácitamente se acepta y se parte de que el desplazamiento de las comunidades negras, campesinas e indígenas es un fenómeno social de reciente ocurrencia entre nosotros como si la historia de Colombia no fuera una historia de desplazamientos.

¿No ha sido el desplazamiento masivo y forzado de la población rural la causa del crecimiento urbano desproporcionado y caótico de nuestras principales ciudades, un país que pasó de ser un país rural a un país urbanizado en los últimos 40 años del siglo XX ?

El manejo deliberado del olvido histórico para pontificar sobre el presente y proponer el futuro, conduce sin duda alguna al fracaso de la sociedad Colombiana, para limitar ese fracaso a lo nuestro.

Todo el mundo sigue fracasando por los mismos olvidos.

Se ha reconocido, con intenciones perversas, un origen distinto al desplazamiento de comunidades pobres por causa del enfrentamiento armado, con el desplazamiento causado por fenómenos naturales, terremotos, maremotos, grandes inundaciones, deslizamientos de tierras en zonas con alto riesgo de erosión que arrasan con las viviendas de urbanizaciones subnormales, con las viviendas de los pobres.

Como hemos separado al ser humano de la naturaleza, lo natural allá, lo humano acá, todo lo que hace el hombre parece desnaturalizado, como algo artificial, como algo antinatural, verdad es en parte, calificado como el mayor depredador, todo lo que hacemos va contra ella, la estamos destruyendo.

Por eso la Guerra, gestada y utilizada por los hombres, y siendo el ser humano parte de la naturaleza, la guerra es una catástrofe natural, tan natural como un terremoto, tan natural como las grandes inundaciones.

Para mucha gente es un misterio todavía el porque las catástrofes naturales siempre destruyen las viviendas de los pobres, arrasan los cultivos y los animales de los pobres, el porque la gran mayoría de los muertos por un terremoto, por un maremoto, por una inundación y por la guerra, son pobres, el porque todos los desplazados son pobres, el porque la guerra siempre mata pobres. Porque la guerra, fenómeno natural gestado por un círculo privilegiado de hombres que siempre en la historia han pretendido beneficiarse de todas las riquezas de la naturaleza, desplazan a la mayoría, todos pobres, de las mejores tierras y los obligan a vivir en zonas de alto riesgo, en viviendas precarias, construidas con materiales desechables a la orilla del mar, al borde peligroso de los ríos, en las laderas inestables de las grandes ciudades y aquellos fenómenos es allí en donde mas daños causan, los privilegiados viven en zonas mas seguras, en edificios y viviendas antisísmicas, en fortalezas protegidas contra la guerra que ellos mismos desatan.

TUMACO, LOS DESPLAZAMIENTOS DE UN MAREMOTO

En 1979 un maremoto arrasó con todo lo que encontró en los pueblos de los pobres, asentados al sur de la costa pacífica colombiana, cuyas viviendas palafíticas, creación urbanística de los pueblos pobres para vivir encima de las olas del mar, en las cuales tienen que vivir en permanente peligro de morir. Tumáco fue casi el epicentro del maremoto que demostró en medio de la tragedia que era una ciudad con alto riesgo de desaparecer, con unas playas habitadas por cordones de miseria, que son azotadas por grandes oleajes que las debilitan, un mar que sube y baja cada día varias veces cuatro metros.

Lo que sucedió hace 23 años ha sido olvidado, aunque la DIMAR, la Dirección Marítima de la Fuerza Naval en Tumáco, sabe que puede repetirse y Tumáco si que sigue olvidado, Ahora también azotado por la guerra.

Ante esas tragedias el presidente llega para proponer programas de salvación social, de reconstrucción, para ocuparse de la miseria de los desplazados. Preocuparse es ocuparse antes de que las tragedias sucedan y mas si son tragedias anunciadas, como lo puede prever el conocimiento del mar o como el saber que los barrios marginales de las grandes ciudades, Ciudad Bolívar, Aguablanca y Santo Domingo Sabio, están construidos en terrenos deleznables o como las advertencias hechas al gobierno y al ejército, un grupo armado avanza para tomarse un pueblo olvidado. Despreocupado el gobierno de la suerte y de la vida de los colombianos, cuando ya no se usa va solicito a los lugares de las tragedias a enterrar los muertos, a dar limosnas a los desplazados, a destinar escuelas e iglesias para los hacinamientos humanos.

En Tumáco sólo 14 años después la Comunidad Europea pudo llegar a un acuerdo con el gobierno colombiano para desarrollar un plan de vivienda para las familias en alto riesgo. Proyecto de Reubicación para 2400 familias, cuya inversión se estimó 20.000 millones de pesos, que se denominó Proyecto ALA 93/51.

Diez y siete años después, en 1996, el Proyecto pudo empezar a ejecutarse, bajo la dirección compartida de un europeo y de un colombiano.

A finales de 1997, el Codirector Europeo denunció ante la Comunidad Europea los síntomas de la corrupción de la parte colombiana, pues el Codirector Colombiano estaba encargado de la construcción de las viviendas, a través de un equipo de profesionales y trabajadores colombianos, bajo la responsabilidad de un Coordinador del Área Técnica.

Esta denuncia produjo una profunda crisis, deserción del equipo técnico en solidaridad con el Codirector Nacional y paralización de las obras.

A principios de 1998 llegué al proyecto escogido por el Codirector Europeo con la oposición del Codirector Nacional. Pude comprobar la corrupción existente que una firma de Auditoria Externa contratada por la Comunidad Europea pudo detallar y confirmar después de tres meses de investigación.

Gracias a las sabias decisiones de la diplomacia el gobierno colombiano y la Comunidad Europea, separaron del proyecto al Codirector Europeo, que denunció la corrupción, y al Codirector Nacional que manejaba los hilos de la corrupción, Y como había que barrer con todo lo que se opusiera a la corrupción, fui separado del proyecto a fines de 1998 por la nueva codirección del proyecto.

El Proyecto ALA 93/51, Plan de Reubicación de Familias en Alto Riesgo, un absoluto fracaso: Se alcanzaron a construir apenas 1000 viviendas, todos los derechos laborales de los trabajadores colombianos completamente desconocidos, todas las denuncias ante el Estado y la Comunidad Europea sin resultados.

De Tumáco y de esa zona del pacífico sur colombiano se volvió a hablar por la llegada de los grupos armados, pero no más de las familias en alto riesgo, que esperan la muerte en las playas de Tumáco.

EL PROYECTO DE RETORNO DE LAS FAMILIAS DESPLAZADAS DE LA CUENCA DEL CACARICA.

En los primeros meses de 1997, grupos armados desplazaron de la Cuenca del Río Cacarica a un sinnúmero de familias campesinas, digo sin número porque nunca pudo establecerse cuantas fueron, grupos humanos pertenecientes a las comunidades negras, indígenas , y a esa población que en la costa atlántica de denominan Chilapos, todos desplazados desde tiempos inmemoriales, por las mismas causas por las cuales continúan siendo desplazadas, huyendo del terror, sin tiempo de recoger sus escasas pertenencias, niños de brazos, ancianos que dan sus últimos pasos, hombres y mujeres jóvenes señalando caminos sin destino, todo fue una dispersión por grupos que llegaron a Panamá, a Bahía Cupica y a Turbo.

De esta acción armada el gobierno y el ejército también tuvieron, como siempre sucede en estos casos, información previa y suficiente con la cual hubieran podido evitar el ataque a una población civil indefensa, abandonada, desprotegida en medio de una selva inhóspita, en donde el vivir es aprender a soportar la inclemencia.

De las familias que se refugiaron en Panamá, se supo que el gobierno panameño las deportó y que pudieron haber llegado a Bahía Cupica o a Turbo, pero qué se sabe de ellas hoy en día? De los desplazados se vuelve a saber cuando son otra vez desplazados, nómadas en un desierto cuya naturaleza está cargada de recursos para la vida, que la guerra transforma en hambre en medio de la abundancia.

Las familias que llegaron a Turbo pudieron organizarse con el apoyo de la Diócesis de Apartadó y de la Organización Intercongregacional de Justicia y Paz.

Las familias fueron hacinadas en el Coliseo de Turbo y en los albergues construidos en madera sobre la marcha de los acontecimientos.

Estos organismos eclesiales impulsaron la denuncia internacional, el apoyo de los Médicos sin Fronteras, el acompañamiento de las Brigadas Internacionales de Paz, de la Defensoría del Pueblo y de la Fiscalía, con la denuncia ante el gobierno lograron la presencia de la Red de Solidaridad Social y del Banco Agrario para financiar un proyecto de vivienda para 418 familias que se propusieron retornar a la Cuenca del Río Cacarica.

Este proyecto de vivienda fue planeado y diseñado con la participación activa de la comunidad organizada en Turbo y con el ofrecimiento comprometido de aportar su fuerza de trabajo en la construcción de las viviendas. Enfrentaban así la guerra con la acción y con la decisión de una población civil desarmada, dispuesta a defender su derecho a la vida en medio de la guerra.

Fue de tal magnitud su propósito de regresar a sus tierras para enfrentar a los grupos armados, que el proyecto, por la fuerza de las circunstancias y de las palabras, terminó llamándose, El Retorno al Cacarica en medio de la Guerra.

Se planearon dos asentamientos sobre dos caños, cuyos nombres reflejan las razones y las esperanzas de esas comunidades: Esperanza en Dios y Nueva Vida.

Llegué a Turbo después, inmediatamente después de la experiencia de Tumáco, otra vez un resquicio de los pocos que la vida ofrece para poner al servicio de desprotegidos un conocimiento, una experiencia y una concepción, nada de lo mío exagero o excluyo, pongo todo lo que se y soy en lo mínimo que hago, para así tratar de alcanzar la altura de la Luna que pueda reflejarse en el mas pequeño ojo de agua.

Volvió a fracasarse. Ni la más decidida acción de la Comunidad, ni la devoción de las organizaciones de la iglesia, ni el apoyo internacional, pudieron sacar del marasmo a los organismos del Estado.

La Red de Solidaridad Social, llegó mal, llegó despacio, llegó a cuenta gotas, El Banco Agrario suscribió un Convenio con Justicia y Paz de 900 millones de pesos como contrapartida al aporte en trabajo de la comunidad, que dejó al garete, sin comprometerse a fondo en la ejecución de las viviendas, sin aportar su supuesta experiencia en los planes de vivienda de interés social con las comunidades rurales.

Después de cuatro años la comunidad establecida en Turbo Retornó al Cacarica y está allá en la misma desprotección que soportaban cuando fueron desalojados por los grupos armados.

Lo único que se cumplió fue la trágica premonición de la Comunidad y de los dirigentes de Justicia y Paz : Este es un Retorno en Medio de la Guerra y en medio de la guerra están. La disputa por el dominio de ese enclave geográfico que permite unir los dos mares con el Canal Atrato-Truandó, que reemplazará al obsoleto Canal de Panamá entregado por los Estados Unidos cuando servía para muy poco, el control del comercio internacional de armas y drogas, la explotación de las inmensas riquezas del Urabá Chocoano y Antioqueño, es el señuelo de la prolongación y la agudización de la guerra.

En íntima conversación con un Patriarca de la Comunidad, los sabios que la vida va formando, me dijo, nosotros sabemos que allí estorbamos y también sabemos que el gobierno y las clases dirigentes saben qué intereses se mueven a la sombra de esta guerra.

RAMÓN EDUARDO  AGUDELO M.

Año 2002

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