LA IMAGEN DEL REGIMEN COLOMBIANO

15-09-2002

Las riquezas y las miserias en sus extremos pervierten el corazón humano.

Es bien sabido que el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente. El poder de las riquezas desmedidas corrompe sin medida y el poder de la miseria inaguantable corrompe inevitablemente.

Viejas oraciones rogaban al señor , no nos de bienes ni riquezas que pervierten el corazón, danos el pan de cada ida y la gracia de la salvación, salvación aquí cuando el ser humano pueda realizarse plenamente, Noble imprecación que después de tantos años de haber sido escuchada repetida a diario en la niñez se cumple inexorablemente en esta sociedad mundial cuya estrella polar propugna por el consumo, por la ganancia, por la significación de lo humano por lo que se tiene y no por lo que se Es, paradigma que Colombia toma como ejemplo y del cual se deja guiar como si no fuera capaz de imaginarse el abismo a que nos conduce, la mas apabullante degradación del espíritu de los colombianos.

Esa imagen de seres encapuchados recibiendo fajos de billetes de manos un general que representa “la dignidad de la república “por ser colaboradores informantes de actos delincuenciales que perturban la paz del país y debilitan la autoridad del estado, esos lunes de las recompensas para premiar el patriotismo y el compromiso con la paz, son lunes de vergüenzas, de la impávida aceptación de que el dinero es lo que motiva a los colombianos para ayudar a construir un país.

Esas imágenes que estrechan manos que pagan por delatar y manos que reciben por traicionar, por desertar, por rencor, por necesidad, son imágenes que traen desde el fondo del pasado aquella sentencia, Quien peca mas, si el que paga por pecar o el que peca por la paga.

Esas imágenes de un ser sin rostro, la cara es el espejo del alma, es la imagen de un ser sin espíritu que se avergüenza de sus actos, compromiso y solidaridad con un estado y con unas instituciones en las cuales no cree y de las cuales sabe que proviene el Hambre que lo lleva a degradarse hasta un abismo insondable.

Esas imágenes de un militar que paga, que puede mostrar su cara porque cree que un régimen militarizado lo protege, es una cara que refleja carencias absolutas de afecto, de solidaridad humana, de un ser que desconoce las dulces conmociones de la Ternura.

Puede ser que ese militar no muera en una batalla a campo abierto, puede ser que su ejercito no sea derrotado, pero el y su ejercito están derrotados por la Vida, por la indignidad y por la degradación a que están conduciendo a Colombia.

Esas imágenes son la imagen de un régimen degradado que ha caído en los pantanos que se tragaran toda posibilidad de construir un país digno que sea habitado por seres verdaderamente humanizados, son la imagen de un país asolado por unos dirigentes que mantienen el poder por la fuerza, por la fuerza de las armas, por la fuerza de la corrupción para comprar conciencias, por la fuerza del cinismo inveterado de unos dirigentes que hacen política pequeña, un negocio para llenar sus arcas, sus alforjas, pero que se declaran los salvadores del pueblo, por la fuerza de las necesidades insatisfechas de los colombianos que tienen que venderle el alma al diablo para calmar las desgarradoras heridas del Hambre y de la desprotección.

No hace muchos años los campesinos de la tierra del pequeño Álvaro Uribe proclamaban, a barriga llena corazón contento, alimento que producían en sus parcelas y que además recogían de la naturaleza la calma de sus encantos y la libertad en sus montañas, campesinos que se comprometían con lo que respetaban, con las creencias que aceptaban haciendo gala de su independencia y haciendo uso de sus libertades.

Eso es lo que hay que rescatar, no por la vía de las armas que protegen los grandes intereses económicos, Por la vía de las posibilidades que ofrece un trabajo limpio, una casa acogedora, un estudio creador, para así si poblar este país con seres humanos pletóricos de alegría y de dignidad.

Un poeta colombiano le dijo un dia ya lejano a Pablo Neruda en circunstancias que desconozco, Esta es Colombia Pablo, a El yo le diría otra vez en las circunstancias de hoy, esta es colombia Pablo, la colombia en que impera un régimen igual al que te asesino a Ti en Chile por Cantarle a la Vida.

RAMÓN EDUARDO AGUDELO M.

Septiembre 15 de 2002

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