CR9: 12-2-1997

PRESENTACION

 Consignamos en este cuaderno un aporte nuevo en cuanto a su desarrollo e impresión, pero incorporado desde hace rato a nuestro compendio político.  Publicamos dos artículos, titulado el uno “EL HILO DE LA MODERNIDAD”, que tratando de la informativa en México profundiza aportes que nos va  aventurando y colocando a tono con la discusión mundial en torno a la segunda revolución industrial. El otro artículo es el titulado “LAS NUEVAS TECNOLOGIAS EN LAS RELACIONES LABORALES”, que teniendo como plataforma de desarrollo España, hace un análisis sobre el impacto de la tecnología en las relaciones laborales, e igual que en el “Hilo de la modernidad” hace aportes teóricos que nos ayudaran a comprender más el estado actual del movimiento social y sobre todo perfilar las acciones al futuro.

 Incluimos además un articulo de Estanislao Zuleta titulado “DEMOCRACIA Y PARTICIPACION EN COLOMBIA”, que consideramos magnifico, y lo catalogamos como esencialmente ideológico, profundamente racional.

 Otro articulo titulado “POR LA RECUPERACIÓN DE LA POLITICA EN LA IZQUIERDA”, escrito por uno de los miembros de la revista y enmarcado en la línea nuestra de buscar un perfil autocrítico y humanista que contribuya a que la izquierda sea una alternativa desde ópticas más espirituales.

 

POR LA RECUPERACION DE LA POLITICA EN LA IZQUIERDA

 En el país la Izquierda parece organizada al estilo de la sociedad colombiana. Es decir, existe una oligarquía autocrática y autoritaria, una clase media arribista y unos marginados humildes y sumisos. Realmente, crear cosas nuevas es muy difícil; el estilo político tradicional sirve de modelo de desarrollo y de aplicación hasta en los lugares menos esperados. Este proceder invade a la Nación como una epidemia.  Ha sido tal el atraso de los revolucionarios que se han visto impedidos para pensar nuevos procedimientos. Siempre se ha colocado el movimiento popular a la zaga de los partidos tradicionales. Se actúa para responder a las acciones de la oligarquía; no se ha levantado una propuesta alternativa seria que diferencie los propósitos y las formas de actuar; parece que hemos funcionado como un movimiento de reacción social. Dejamos de lado la creatividad, la claridad y el objetivo humanista, en fin, la propuesta.

 Esto es particularmente más grave si miramos los diversos grupos de izquierda y sus matices. Las consecuencias políticas de los estilos y de la diversidad de organizaciones son desastrosas para la búsqueda de un camino victorioso, que permita iniciar el comienzo del fin. En la revista Semana de junio 4 al 11 del 96, edición # 735, en la página 38, en un reportaje  a Alfonso Cano,  se dice que las Farc cobran impuestos a quienes posean una fortuna superior a los mil millones de pesos. En un noticiero televisado, se afirma que el ELN,  fijó el tope en 700 millones. Organizaciones menos poderosos tienen otros limites más inferiores. Y es tal la proliferación de grupos y milicias que llegamos  a los casos donde, a nombre de la Revolución y de los ideales más nobles, se cobra “vacuna” por tener carro, o un granero, o una  finca, o una tienda de barrio, o una venta de paletas en la casa. Tal parece que lo que interesa son los capitales y no las posiciones políticas. Se sigue actuando bajo la guía del frío pago al contado, es decir, a la zaga, a la reacción. Para ensombrecer más el panorama, algunas organizaciones en el país, se autoproclaman la auténtica vanguardia; tres o cuatro de ellas, participan, nunca en llave, en el Derby  ML de los pura sangre.

 La locura no es sólo nacional; tiene carácter global. Si en Cartagena un grupo decide quemar una buseta con pasajeros y todo, por que el dueño de la flota no quería pagar, en  España el movimiento separatista vasco, ETA, amenaza  al gobierno con poner bombas en los supermercados; un grupo islámico reclama la autoría del atentado a un edificio en Nueva York, donde, a nombre la lucha contra el imperialismo, mueren decenas de personas inocentes; en Medellín se han dado alertas por posibles atentados contra el Metro.

 Ahora comenzamos a entender lo que los clásicos nos han dicho acerca del Izquierdismo. A pesar de la palabrería  dogmática de que el Estado no es neutral, los hechos expuestos son utlizados para mostrarle a la población que la función del Estado es defender a los ciudadanos de los ataques terroristas de los “malvados” revolucionarios. Una acción vale más que mil palabras,  la mejor formación es la que se logra con los ejemplos. Realmente el mejor aliado de la Derecha está en el  Izquierdismo. ( Enfermedad Infantil todavía no estudiada), que coloca el movimiento vanguardia de la sociedad, a la zaga de la reacción. Así se oficializan gobiernos ante la población. De esta forma se le dá una calidad omnipotente a minorías desprestigiadas que ven como sus enemigos a la comunidad (a la gran mayoría, a la cual oprimen); que carecen de Filosofía, de propuestas de progreso; que no son coherentes; que usurpan la representatividad social; que se han apoderado de los intelectuales, de Neruda, de la cultura, de la Democracia, de la política de la tolerancia, hasta del Socialismo ( El partido Liberal está afiliado a la Internacional Socialista; el Conservador es Socialdemócrata). ¡ Cuánto nos han invadido!, ¡ Cuánto les hemos aportado y fortalecido!. Se les ha dejado toda su capacidad de maniobra, se les han cedido todos los terrenos -incluso la Constituyente del 91. Observemos que esto tiene su peso internacional y local.-. Y todo en virtud de acciones radicales que no avanzan.

 En virtud del máximo antagonismo se ha permitido que esta minoría represente a la sociedad y manipule su respaldo. Se les ha hecho el juego, en pocas palabras: se les acepta y oficializa el “cañazo”. A pesar de las definiciones, de la ubicación del imperialismo como el principal enemigo, este ha sido el menos golpeado. ( En otro artículo volveremos sobre este tema, para no apartarnos del la idea central).

 Estamos cansados, hastiados, de “comandantes Mochicas”, de soberanos, de señores feudales quienes manejan a su arbitrio las organizaciones, los ideales; que no se someten a ningún debate; que tienen su concepción privada, inmutable e infalible, de la Revolución, sus modelos y sus vías; que son incapaces de unidad; que tienen su propio y original análisis concreto de la situación concreta; que tienen predeterminada la realidad Nacional; que levantan las banderas del  partido único, de la ciencia única; que definen la Democracia (principalmente la interna) según su diccionario de bolsillo roto; que dicen, a nombre de la Revolución que es lo digno o lo indigno para Colombia -como si dignidad fuera tener a cualquier ser vivo en condiciones no aptas para la vida, independiente de su carácter ilustre o no, independiente de su fortuna- Los Revolucionarios  luchamos por la vida, la defendemos y la entregamos en cualquier parte del mundo.

 Una de las causas principales de toda esta confusión es el hecho de que en los movimientos de  Izquierda lo militar mande sobre lo político. Algunos de los mejores compañeros fueron mandados al campo militar como una muestra de alta y digna conciencia, como una muestra de compromiso y como oportunidad de formación. Esto es positivo, pero  si no se ponen a cumplir acciones de lo militar por la acción, si no nos olvidamos de las personas de las masas. Hemos abandonado (los contras no) la guía de que los revolucionarios se mueven como pez en el agua entre el pueblo; hemos menospreciado la formación política de la amplia población.   (No la población que rodea a cada organización en particular.  Porque parece que hasta se tiene la propia clasificación personal de quienes conforman al pueblo y quienes no).

 Entre todo este sectarismo no nos extraña que algunos de los más radicales determinen entregar la armas a los grupos más antipopulares y antidemocráticos del país, en un proceso donde colocan como victoriosa la teoría del “FUJIURIBE COLOMBIANO”. Como si pudieran entregarse los ideales empuñados por los luchadores populares fundadores de movimientos honestos. Como si fuera viable entregar columnas con nombres de revolucionarios heroicos. Más digno para la Historia hubiera sido cambiar el nombre por el de columna Augusto Pinochet y luego entregarse y CONVIVIR con los paramilitares. Como decía Albert Einstein : “Para ser militar sólo se necesita tener médula espinal”. Es decir, únicamente los instintos.

 No nos sorprendería que también otros grupos así de “radicales”, mañana estén dispuestos a masacrar a “las malditas masas atrasadas” que nunca los reconocieron como su auténtica, única, verdadera y exclusiva vanguardia.

 Mas que una Izquierda sectorizada por la claridad de las elaboraciones programáticas, vemos una Izquierda desencuadernada en las oscuridad de sus interpretaciones  y de sus acciones.

 DEMOCRACIA Y PARTICIPACION EN COLOMBIA

(ESTANISLAO ZULETA)

 La democracia es un camino bastante largo y propiamente indefinido.  Hay un mínimo de condiciones que se pueden denominar como “Derechos Humanos”. Pero el derecho no es más que un mínimo, porque de nada sirven los derechos sino tenemos posibilidades. Si sólo tenemos derechos es un mínimo porque el derecho también puede llegar a ser un algo muy restringido: Que todo el mundo tenga derecho a elegir y a ser elegido, ¿aunque ni siquiera sepa leer? La democracia consiste en algo más que eso, aunque los derechos son importantes.

 El derecho fundamental es el derecho a diferir, a ser diferente. Cuando uno no tiene más que el derecho a ser igual, todavía eso no es un derecho.

 Pero además del derecho, decía Carlos Marx, es necesaria la posibilidad.

 La democracia va en tres direcciones:

–              La una es la posibilidad

–              La otra es la igualdad

–              Y la otra es la racionalidad

 (…) La igualdad debe ser una búsqueda económica y cultural. ES CASI UNA BURLA PARA UNA POBLACIÓN, DECIR QUE TODOS LOS CIUDADANOS SON IGUALES ANTE LA LEY, SI NO LO SON ANTE LA VIDA. ¿Que dice la ley? Anatole France dijo en el siglo pasado: “Queda prohibido a ricos y a pobres dormir bajo los puentes”. Desde luego sólo les queda prohibido a los pobres, porque los ricos no se van a dormir bajo los puentes. Si no hay igualdad ante la vida, la igualdad ante la ley se convierte en una burla.

 Pero la igualdad ante la vida es algo que es necesario conquistar. Es una tarea, no es un decreto: “Todos son iguales”, no se puede decretar. Es una búsqueda.

 (…) La democracia no se decreta, se logra. Si un pueblo no la conquista por su propia lucha, por su propia actividad, no le va a llegar desde arriba. No hay reformas agrarias que no vengan de una lucha de los campesinos, de una organización campesina, de una lucha campesina.

 La conquista de la democracia supone la organización del pueblo en muchos niveles, se puede hacer en los barrios, en una junta de acción comunal, en las comunidades indígenas, etc. Y esta organización es esencial porque es la manera que tiene el pueblo de producir su propia cultura, no sólo de recibirla.

 Nosotros hablamos mucho de que vamos a dar más educación a implementar programas de educación a distancia, etc., pero no se trata solamente de eso. Se trata de la lucha por una reconquista de algo que se perdió hace mucho tiempo, digamos desde la edad media. Hace mucho tiempo que el pueblo dejó de crear cultura. Nosotros ya no tenemos un folclore. Lo hubo en la edad media cuando el pueblo creaba verdaderas maravillas culturales: El cancionero español, los cuentos de hadas, las catedrales góticas. Era creador de la cultura.

 Para que pueda ser el pueblo creador de la cultura es necesario que tenga una vida común. Cuando se dispersa, se atomiza, cuando cada uno vive su miseria en su propio rincón, sin colaboración, sin una empresa y sin un trabajo común, entonces pierde la posibilidad de crear cultura. Ahora puede que la reciba por medio del transistor, de la televisión o por cualquier otro medio, pero como consumidor, no como creador.

 Es necesario que el pueblo vuelva a crear cultura. Esto es esencial en una definición moderna de la democracia. Ahora ni crea ni recibe, y no estaría mal que por lo menos recibiera, pero no es suficiente.

 Tenemos que plantearnos metas altas. Una meta muy interesante es la de un pueblo creador. Esto no se mide por las estadísticas. Las estadísticas nos informan porcentajes acerca de la población que sabe leer y escribir, de la que ha terminado la escuela primaria o el bachillerato, pero eso no es todavía una cultura.

 La cultura hay que hacerla, más aún, las estadísticas nos engañan tanto, que es todavía más culto un campesino analfabeta que sepa narrar, contar una cacería, hacer una canoa, hacer una casa de habitación con un estilo propio. El es mucho más culto que uno de esos bachilleres que estamos fabricando, pero en las estadísticas aparecen como bachilleres. Es más culto un pueblo que produzca algo, que tenga un estilo, que tenga una manera de vivir, pero para eso tiene que organizarse.

 El pueblo disperso, las masas impotentes, cada cual -como he dicho- refugiados en el rincón de su propia miseria sin más relaciones de linderos, de celos, es un pueblo que no produce nada. Es necesario que el pueblo se organice en comunidades de barrios, de campesinos, es decir, comunidades de cualquier tipo, porque mientras esté disperso está perdido; esta perdido no solamente porque hay tanta miseria -eso también es muy grave- sino porque no tiene una cultura y creatividad propia.

 Marx decía -y discúlpeme que lo vuelva a citar, pero es muy interesante-, que en el proceso de desarrollo capitalista el trabajador había perdido la inteligencia del proceso, lo cual quiere decir que el hombre que trabaja, que vende una fuerza de trabajo durante ocho horas diarias por un salario, ni siquiera sabe lo que está haciendo. No sabe que es lo que hace, tampoco para que lo hace, ni porque lo hace. En otros términos, no dirige el proceso, ni siquiera lo entiende.

 Hubo una época en la que estaba muy cerca el artesano del arte, ni siquiera había una posibilidad de diferenciar bien.  No se distinguía bien un artesano, que hacía un par de zapatos, un violín, un cuadro y que sabía como hacerlo, como un artista. A ese período artesanal ya no podemos volver. El pueblo ya no puede apropiarse de la inteligencia del proceso individualmente, sino por medio de la colaboración, de la comunidad.

DEMOCRACIA Y RACIONALIDAD:

(…) La democracia surgió hace mucho en Grecia, pero no como dice el evangelio de San Lucas: “La verdad os hará libres”. Surgió al revés: ES LA LIBERTAD LA QUE VUELVE A LA GENTE VERDADERA PORQUE LA OBLIGA A DISCUTIR.

 Voy a definir muy brevemente el concepto de racionalidad, apoyándome en uno de los más grandes racionalistas que haya tenido la historia humana: Kant. El definió la racionalidad diciendo que consistía esencialmente en tres principios:

 1. PENSAR POR SI MISMO

2. PENSAR EN EL LUGAR DEL OTRO

3. SER CONSECUENTE

 – PENSAR POR SI MISMO no quiere decir -no nos equivoquemos en esto- ningún prurito de originalidad. Uno piensa por si mismo cuando lo que piensa, uno mismo lo puede argumentar, y si le va muy bien demostrar.

 Cuando yo digo que los tres ángulos de un triángulo suman dos rectos, y lo puedo demostrar en el tablero, yo pienso por mi mismo, aunque eso ya lo sabía Euclides desde hace 2.500 años. Pensar por si mismo quiere decir que el pensamiento no es delegable, no es delegable en un Papa ni en un partido, ni en un líder carismático, ni en un Comité Central, ni en una iglesia, ni en nadie. Lo que uno no piensa por si mismo, no lo piensa. Simplemente lo repite.

 Los griegos tuvieron una ventaja muy notable sobre otros pueblos de la antigüedad que fue la de no contar con un texto sagrado en relación con el cual uno pudiera resultar hereje. No tenían los perniciosos auxilios del espíritu santo, ni la biblia, ni el Corán, ni nada por el estilo, entonces podían pensar cualquier cosa, fuera Heráclito o Parménides o pensar lo contrario de Heráclito. Y eso los obligó a crear la lógica y a formular los términos de ella. Los obligó a ser racionalistas.

 El pensamiento racional se caracteriza porque tiene un rasgo democrático esencial, rasgo que nos va a ayudar a definir las dos cosas:

 . LA RACIONALIDAD POR LA DEMOCRACIA Y

. LA DEMOCRACIA POR LA RACIONALIDAD

 Porque cuando alguien habla como un lógico o como un científico, le habla a un igual, pero no habla nunca un científico de arriba a abajo. El discurso racional, es un discurso que nos pide a nosotros permiso: “Permítame una hipótesis”. El pensamiento racional es una clave de la democracia.

 El principio “Pensar por si mismo” tiene como su equivalente inmediato dejar que el otro piense también por si mismo; ni de arriba a abajo, ni de abajo a arriba. DE ABAJO A ARRIBA SE SUPLICA, SE SOLICITA, SE PIDE, A LO MEJOR SE OBEDECE, PERO NO SE DEMUESTRA. SE DEMUESTRA SOLO ENTRE IGUALES. Por eso también fundaron los Griegos una ética tan extraordinariamente fuerte, que es la ética que corresponde a la racionalidad; una ética horizontal, es decir, entre iguales. Los grandes valores eran la amista, la hospitalidad, la reciprocidad. No la caridad -de arriba a abajo- ni la abnegación -de abajo a arriba- ni la paciencia ni la humildad.

 Si nosotros vamos a luchar por un mundo democrático tenemos que aprender una ética democrática, que desde luego consta de valores horizontales entre iguales.

 – El segundo principio kantiano de la racionalidad es “PENSAR EN EL LUGAR DEL OTRO”. El movimiento que se dirige hacia allá, a pensar en el lugar del otro, a reconocer que el otro puede tener la razón, a hacer el esfuerzo de ver qué punto se puede aprender de él, es un movimiento que va contra toda discriminación. En primer lugar, contra todo racismo, contra toda discriminación se va a poner en el lugar del otro. Y si el otro está muy lejos de nosotros, si está en una tribu, por ejemplo, ¿qué hacemos para ponernos en su lugar? Tenemos que respetar su punto de vista, tenemos que saber que nuestro punto de vista no es el único, que hay otros puntos de vista en los cuales a lo mejor se pueden entender cosas que desde el nuestro no logramos entender. Pensar en el lugar del otro es dar ese paso, no creer que tenemos nosotros el centro de la razón y la totalidad de la verdad.

 Ese es el segundo movimiento de la racionalidad, y como todos ustedes ven, es también un movimiento en dirección de la democracia.

 – El tercero es muy difícil de llevar a cabo: SER CONSECUENTE. No se trata de ser terco. Quiere decir que si nosotros tenemos una tesis cualquiera, y las consecuencias necesarias de esa tesis resultan ser contradictorias o absurdas, debemos abandonarla, si queremos ser consecuentes con la lógica. Y esto es muy distinto de ser terco.

 Tener por tanto, en la vida una gran disponibilidad a cambiar; es la última exigencia de la racionalidad. A cambiar los puntos de vista si se demuestra que lo que estábamos sosteniendo eran disparates y nosotros mismos lo vemos. En una carta muy famosa que Platón mandó desde Sicilia a los amigos de Dión, decía entre otras cosas que: La ventaja de tener una posición filosófica es que en ésta ocurre algo muy distinto de lo que ocurre en el comercio, porque cuando uno hace una discusión, y la hace racionalmente, allí el que pierde gana, porque tenía un error y encontró una verdad: lo que no quiere decir que el que gana pierde porque simplemente él sostuvo la verdad.

 Esa actitud abierta a la racionalidad es necesaria para definir los términos del compromiso de la democracia. El camino de la democracia pasa por la racionalidad, se define en términos de racionalidad. Pero no sólo en esos términos, sino también en términos de la igualdad de posibilidades.

 Es necesario desarrollar una idea clara de la democracia. Es bueno decretarla pero no es suficiente. A los pueblos como a los individuos no se les puede juzgar por lo que digan de si mismos, sino por lo que hacen. Un individuo puede declarar que él es un genio incomprendido al que sin embargo todo el mundo toma por bobo; pero no se puede aceptar por el sólo hecho que lo declare, pues tendría que hacer cosas geniales. Lo mismo pasa con los países: No es lo que declaren en la Carta Constitucional sino las relaciones sociales, la manera como vive la gente; una sociedad vale tanto como las relaciones que tienen los hombres unos con otros y no tanto lo que diga algún decreto, algún papel, así sea la constitución.

PARTICIPACION Y DEMOCRACIA:

Que la gente pueda opinar no es suficiente, que pueda actuar es necesario, y que pueda actuar en aquello que le interesa, en su comunidad, en su barrio, en su municipio. Pero para poder actuar tiene que tener bases, instrumentos culturales y materiales.

 Cuando un gremio actúa en el barrio, por ejemplo en autoconstrucción, desde luego necesita elementos materiales, tiempo; entusiasmo, no tener miedo ni humildad (ésta es una virtud poco democrática), necesita tener esperanza (esa si es una virtud democrática).

 Ahora, cuando un pueblo actúa alcanza mayores éxitos que cualquier programador o racionalizador y es por eso que el pueblo puede hallar soluciones, en los niveles más elementales de la vida cotidiana, a sus propias necesidades. Cuando el pueblo no participa en la programación, se dan casos con las urbanizaciones populares que son un cajoncito de vivienda que no corresponden a sus necesidades de vida. A los programadores se les olvidó que había niños, que estos no pueden estar guardados en un cuartico, que necesitan espacios comunes para jugar, para manifestarse, que necesitan tiempo, porque una señora no puede estar con cuatro muchachitos pegados a la bata todo el día en una cocina. Entonces necesitan guarderías y el pueblo va encontrando sus necesidades y la forma de resolverlas. No debe esperar que todo le llegue de arriba pero si se requiere un gobierno que por lo menos permita que el pueblo exija, que se organice, que promueva instrumentos colectivos. Todo eso es lo que por ahora nosotros podemos definir como una democracia, una democracia restringida pero que busca la participación. ¿La participación en qué, con qué o con quién? ¿Con el gobierno? NO; la participación en la transformación de su vida. Y eso no va sin conflicto.

 Nosotros tenemos una democracia muy restringida también en el sentido económico, y debemos decirlo claramente. En nuestras ciudades hay una gran cantidad de tierra urbana acumulada por unas pocas familias en espera de valorización, mientras el pueblo no tiene en donde vivir y se instalan en invasiones de lagunas y laderas. Esto es lo menos democrático del mundo. Y ahí hay conflicto de intereses de clase. No se puede estar con la vivienda popular y al mismo tiempo respetar como si fuera sagrada una propiedad que se tiene sin hacer nada, solamente esperando que se valorice la tierra urbana. Para estar con la vivienda popular hay que entrar en conflicto, del mismo modo que para estar en la reforma agraria. En conflicto con quienes han monopolizado la tierra. Eso no se puede evitar ni es bueno callarlo como si no existiera.

 Quisiera poner un ejemplo para mostrar la diferencia de intereses. Había un amigo que se llamaba don Luis Ospina, un millonario antioqueño que por lo demás escribió un libro muy notable de economía. La señora de él llega un día del mercado y le dice: Cómo está de cara la carne!, así como vamos no sé a dónde vamos a llegar! Y le objeta don Luis: pero ¡Cómo se le ocurre preocuparse por eso, si por cada libra de carne que nosotros compramos, vendemos veintemil libras de carne!

 Esa es la inflación: pero es que él sabía de economía y la señora no.

 Nosotros no podemos evitar reconocer y asumir los conflictos. Esto implica básicamente una cosa: nosotros estamos del lado de los que tengan más necesidades y menos posibilidades. Solo así se puede ser demócrata. No es suficiente, aunque es bueno que la censura no vaya a decirle a nadie “usted no tiene derecho a hablar” o “usted si tiene derecho a hablar”, o a recortar los periódicos. Para ser demócrata hay que estar del lado de las necesidades, de los que tienen menos posibilidades concretas (…)

 Generalmente se dice -es una idea vieja y no es incorrecta desde luego- que democracia es libertad. Pero libertad es posibilidad. Uno no tiene las libertades porque están escritas en alguna parte, por hacer aquello que la ley no le prohíbe. Es todavía necesaria otra cosa: QUE NO SE LO PROHIBA LA VIDA. Puede que la ley no le prohíba a nadie entrar a la universidad, pero sí se lo prohíbe la vida, sí se lo prohíbe la economía, sí se lo prohíben los hechos; de todas maneras no tiene libertad de educarse. La libertad está en el orden de la posibilidad.

 ¿Que libertad tiene el campesino que perdió su parcela en una mala cosecha o en una buena -no se sabe qué es peor-, y le toca irse de tuguriano a buscar una ciudad donde vivir? ¡Tiene la libertad de ser tuguriano, pero no tiene ninguna otra! Y no es que la policía le prohíba, o el gobierno, pues él tiene la libertad de ser tuguriano.

 No asumamos nunca una definición negativa de la libertad: “ES TODO AQUELLO QUE NO NOS PROHIBAN”. Asumamos una definición positiva de la libertad: ES AQUELLO QUE LA VIDA NOS PERMITE HACER. Es en los barrios donde la gente tiene que aprender a hacer sus cooperativas, a hacer sus casas, a tener su organización, a dirigirse por si mismos. Es allí donde se amplía la democracia, si no la ampliamos en ninguna parte.

 

 EL HILO DE LA MODERNIDAD

-Felipe Bracho-

1.            LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: ¿CAMBIO O PROGRESO?

2.            LA INFORMÁTICA Y LOS OBJETIVOS NACIONALES

3.            LA INFORMÁTICA EN LAS INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR

4.            UNA POLÍTICA NACIONAL DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA. LA MÁQUINA DE CRISTAL

5.            LAS POLÍTICAS CIENTÍFICAS Y LA INFORMÁTICA

 1. LA NUEVA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: ¿CAMBIO OPROGRESO?

 Hasta finales del siglo XVII las diferencias, de país a país, en cuanto a los recursos materiales de que disponían para vivir las enormes mayorías, eran casi imperceptibles. Su nivel de vida era apenas superior al de mínima subsistencia en todas las sociedades. Con la primera revolución industrial esto cambió radicalmente. Surgieron las disparidades cada vez más ominosas, entre los países ricos y los países pobres. Esto se debió, en gran parte, a los avances científicos y a la capacidad de cada sociedad para aprovecharlos: a su desarrollo tecnológico.

 Llamaré informática a la tecnología que resulta de la convergencia  sustentada en la electrónica  de la computación, las comunicaciones, y las ciencias de la información. Es esta la tecnología fundamental de la nueva revolución industrial, y una de las fuerzas más importantes que intervienen en la competencia económica internacional.

 Mucho se ha escrito de la importancia de la informática para el desarrollo tecnológico de las sociedades modernas, de la revolución de la inteligencia, de la automatización de los servicios y de la producción. Tanto se advierte de transformaciones radicales, que puede fácilmente parecer una exageración para quien se acostumbra a ellas y pierde la perspectiva histórica, la capacidad de asombro y, con ello, el entusiasmo para participar y promover el cambio de mentalidad necesario para que nuestra sociedad pueda enfrentar adecuadamente un reto que podría determinar su papel en el mundo por venir.

 Ante la evidencia  que intentaré resumir más adelante  resulta ya ocioso discutir sobre si hay o no una nueva revolución tecnológica. La revolución está ya aquí. Se manifiesta en muchos aspectos de nuestra realidad. Por ejemplo: la computación y la electrónica han jugado el papel fundamental en la integración de las tecnologías de la comunicación y de la información. Estas a su vez, han permitido la globalización de la economía.

 Ese fenómeno es básico para entender las transformaciones políticas y sociales de los últimos años. La informática ha hecho posible un mercado mundial capaz de reaccionar prácticamente al instante a los cambios que se dan en cualquier parte de nuestro planeta y que permite transacciones de todo tipo de productos y servicios. Por este medio, la globalización ha podido poner en competencia inmediata a la infraestructura económica de las sociedades. Pero aún más importante: ha puesto en entredicho la validez de las superestructuras. Pues debido también, en parte, al alcance de las comunicaciones y la información, ha puesto en la balanza la capacidad de los sistemas políticos para competir por los satisfactores  nuevos y antiguos  que las sociedades demandan.

 Para percatarnos del por qué de las profundas consecuencias que trae consigo esta nueva revolución, es necesario entender, aunque sea superficialmente, algunos de sus aspectos fundamentales.

 La información es inherente a la naturaleza organizativa. Sin ella serían imposibles los sistemas que dan lugar a la vida misma, desde los virus y las células, hasta los seres humanos, las instituciones y las sociedades. La información estructura a la sociedad. Permite distribuir el trabajo, aprender, recordar, y actuar en forma coordinada para cumplir con los muy diversos objetivos de los individuos y de la comunidad.

 Pero además de fundamentar la organización, y con esto la existencia misma de los sistemas orgánicos, la información hace posible su interacción con el medio ambiente. A través de acciones seleccionadas con base en diferentes tipos de información, tanto las células como los hombres y las sociedades, responden a las diferentes situaciones en que se encuentran para el logro de sus metas. De las reacciones   o decisiones  adecuadas, que a su vez se determinan, en gran medida, por la información pertinente y por su manejo adecuado, depende su desarrollo y su sobrevivir.

 En el hombre, el manejo inteligente de la información genera y requiere conocimiento. Con él, las sociedades y los individuos son capaces de explicar y predecir causas y efectos de su actuar en el mundo. Son capaces de diseñar estrategias, de establecer sistemas y organizaciones, y de construir herramientas para el logro de sus objetivos.

 Las redes de computadoras aunadas a las de telefonía y televisión digital  de las que serán parte integral  están destinadas a ser la herramienta fundamental de un sistema eventualmente universal para el manejo inteligente de la información de los individuos y de las sociedades del futuro.

La estructuración lógica de la información para su explicación y uso, está en la base misma del conocimiento. La computadora es la primera herramienta creada por el hombre que le permite almacenar, estructurar y distribuir lógicamente cantidades enormes de información. De ahí que, gracias a la computadora, estas redes serán también una herramienta indispensable para la difusión, uso y generación del conocimiento.

 Pero además, los métodos de manejo de información determinan, en gran medida, las posibles estructuras organizativas de los sistemas. Los nuevos sistemas de distribución, análisis, almacenamiento y producción de información y conocimiento permitirán que las sociedades, instituciones e individuos, se organicen de maneras que serían impensables sin esta nueva herramienta. Surgirán nuevas formas de organización para las instituciones, las empresas y la sociedad en su conjunto. Sólo se beneficiarán aquellas que puedan acoplarse al nuevo medio ambiente. Aquellas que sepan reaccionar en forma oportuna y adecuada para aprovechar las oportunidades que brinda esta tecnología. Las que conozcan sus alcances y sus limitaciones. Las que sean capaces de utilizarla, inteligentemente, para el mejor logro de sus metas y objetivos.

 Las organizaciones y las sociedades cambiarán. El cambio es ineluctable. Aunque intenten permanecer estáticas, la transformación de su entorno alterará cualitativamente sus relaciones con el exterior. Estas conforman el porqué y el para qué de las organizaciones, cambian así su sentido y su razón de ser.

 Cabe aquí una apreciación de Bertrand Russell: “El cambio es un hecho científico. El progreso, ético”.

 La informática está cambiando y cambiará aún mucho más nuestra vida cotidiana, nuestra forma de ver el mundo y de relacionarnos con él. Pero para que estos cambios signifiquen progreso para nuestra sociedad necesitamos de conocimientos, medios y estrategias que nos permitan encauzarlos hacia el logro de nuestras metas y objetivos.

 2. LA INFORMÁTICA Y LOS OBJETIVOS NACIONALES

Informática ¿para qué?

Tomemos una meta actual. Como resultado natural de las tendencias económicas globales, una meta presente en nuestra sociedad es la modernización. No resulta de ninguna manera exagerado afirmar, por ejemplo, que el éxito o fracaso de los esfuerzos de modernización de las sociedades de hoy en día depende, en mucho, de su capacidad para la adaptación inteligente de la tecnología informática al logro de sus objetivos. Será imposible insertarse ventajosamente en un mercado global de bienes y servicios que depende de la informática para su organización y funcionamiento, sin los medios para lograr este tipo de transacciones al interior de nuestro país; o bien, sin los productos cuya competitividad en ese mercado depende, en términos de costo y calidad, también de esa tecnología.

 Por otra parte, la modernización implica, a nivel interno, procesos como la descentralización. En casi todos los sistemas medianamente complejos, la informática es ya indispensable para que la descentralización sea congruente con una buena coordinación en las acciones y con las necesidades de información para tomar a tiempo las decisiones pertinentes.

 Como tecnología estratégica para el desarrollo y la modernización, el curso que tome la informática en nuestro país no es ajeno a la búsqueda de los valores que sustentan a la democracia como la justicia y la libertad. Las computadoras en redes deben servir, por ejemplo, para proveer de servicios accesibles a comunidades lejanas y marginadas; sirven así a la justicia. Pero para esto, es necesario realizar esfuerzos para desarrollar los sistemas informáticos indispensables, las bases de datos distribuidas, las formas de interacción adecuadas para su fácil manejo, los sistemas expertos, etc. También es necesario extender las líneas telefónicas adecuadas para estos servicios.

 El buen uso de la libertad para el éxito de la democracia depende, en mucho, de la información a la que pueda tener acceso la población, para participar inteligentemente en los procesos democráticos. Esto depende a su vez de la educación, pero el sistema educativo podrá beneficiarse sólo si se desarrollan los programas y los sistemas adecuados para apoyarlo. Quizá no sobre mencionar un punto, que aunque humilde como ejemplo, resulta de mucha relevancia actual en nuestro país: de un buen uso de la informática depende la confianza en los sistemas electorales y de información estadística como los censos.

 Un gobierno moderno necesita aprovechar la informática para ser eficaz, al tener acceso oportuno y adecuado a la información indispensable para la toma de decisiones. Para ser eficiente, al facilitar su interacción con la sociedad, al agilizar y descentralizar trámites y servicios. Para ser justo, al mejorar sus sistemas de prestación de servicios de salud, de impartición de justicia, de recaudación fiscal, de control de presupuesto, etc. En suma: necesita de la informática para promover el progreso de la sociedad.

 Sin embargo, UN GOBIERNO CAPAZ, DEPENDE DE UNA SOCIEDAD CAPAZ. El gobierno no podrá beneficiarse como debiera de los adelantos en computación, sin los recursos humanos preparados para desarrollar e implantar los sistemas cada vez más complejos que se requieren. De ahí que capacitar a la sociedad para aprovechar la informática, redundará en un gobierno mejor posibilitado para promover el progreso general de la sociedad.

 Para obtener ventajas del proceso de globalización de la economía, nuestro país necesita ofrecer bienes y servicios que resulten competitivos en el mercado internacional. La automatización incide en todas las fases de los procesos productivos. Las computadoras son, hoy en día, herramientas fundamentales en el diseño de multitud de nuevos productos incluyendo, por supuesto, a las mismas computadoras. Con ellas pueden construirse prototipos virtuales de todo tipo de artefactos, dando lugar a un proceso que se centra en la creatividad y que ahorra una enorme cantidad de recursos de todo tipo.

 Además, los sistemas de diseño por computadora facilitan el uso de conocimiento técnico amplio y muy sofisticado incorporándolo en los programas de diseño y prueba. Puede incluso resultar innecesario que el usuario sea un experto en muchas técnicas derivadas de este saber. Así, por ejemplo, un programa de diseño arquitectónico puede: ayudar a proyectar una construcción, generar los planos para construir, representar una maqueta virtual para ver el edificio desde cualquier punto de vista interior o exterior, efectuar los cálculos de resistencia necesarios, indicar el tipo de materiales que se requieren, calcular costos, planear las etapas de construcción, y auxiliar en la administración del proyecto. Estos sistemas liberan a la creatividad de muchos aspectos técnicos que la frenan. No puedo evitar la tentación de citar a Leonardo Da Vinci: “el arte empieza donde la técnica termina”.

 En las manufacturas, este fenómeno se refleja en la calidad de los diseños; en el tiempo en que pueden diseñarse nuevos productos, y en la facilidad con que pueden incorporarse nuevos avances técnicos. En suma: en un aumento cualitativo en la capacidad de innovar y de adecuar los productos al mercado. El uso de los programas de diseño facilita tanto este proceso, que hace factible y costeable competir en diversidad de diseños, o en productos que satisfagan las necesidades particulares de uno o pocos clientes, sin necesidad de producir grandes volúmenes.

Cabe también mencionar una tendencia importante en el diseño de muchos productos sofisticados: la integración de las computadoras al producto final. Por ejemplo, este es ya el caso de aparatos médicos para tomografía, aviones, maquinaria industrial, sistemas de comunicaciones e, incluso, automóviles. Estas computadoras pueden hacer parte de las funciones esenciales del aparato como en el caso de la tomografía, los robots industriales, o la telefonía celular; pueden contribuir a su facilidad y seguridad de manejo al ejercer funciones de control inteligente, como en los aviones y maquinaria industrial; o bien, pueden auxiliar en el diagnóstico de su funcionamiento y en la prescripción de acciones para su mantenimiento.

 Para dar una idea del impacto estratégico que un adecuado uso de esta tecnología puede tener en todo tipo de industria, baste mencionar como ejemplo, el éxito comercial de los aviones europeos Airbus. El factor más importante que les permitió competir, con una industria multibillonaria de gran tradición y que controlaba prácticamente todo el mercado de la aviación comercial, se debió principalmente a la ventaja que tenían sobre los productos rivales norteamericanos en los programas de control del avión para la navegación y el ahorro de combustible.

 Otro aspecto importante es el de la automatización de los procesos de control de producción en todo tipo de plantas, desde productos químicos, hasta manufacturas electrónicas y automotrices. Esto se traduce en un control más seguro y eficiente de estos procesos, y hace factible una liga inteligente para la toma de decisiones que involucra, sistemáticamente, a todos los aspectos relacionados con la producción como el financiamiento, el diseño, las pruebas, el control de calidad, la adquisición de insumos, los inventarios, la planeación de la producción, la fabricación, la comercialización, las ventas, y la demanda de nuevos productos.

 La robótica, por otra parte, incrementa la productividad y competitividad cualitativa de las manufacturas. Sin embargo, favorece la sustitución de mucha mano de obra poco calificada por trabajo que requiere de más habilidades intelectuales y conocimiento. Nuestro país no puede depender de ofrecer mano de obra barata pues, en la medida en que los procesos de manufactura se automatizan, ésta pierde competitividad y pronto se ve desplazada por mano de obra mejor calificada en el manejo de los sistemas computarizados que sustentan la producción.

 Los sectores de servicios dependen también cada día más, para su mejor desempeño y modernización, de la informática. Un ejemplo paradigmático y familiar es el de los servicios bancarios y financieros actuales. Casi todas las prestaciones bancarias y financieras dependen del apoyo informático de estas instituciones. Prácticamente todos sus servicios, para poder efectuarse, involucran a uno o varios programas que manejan una infraestructura de cómputo cada vez más extensa y diversa. A ésta se enlazan, de diferentes maneras, todo tipo de clientes. Las terminales “punto de venta” en los comercios; las tarjetas magnéticas de crédito; las terminales en las cajas; los cajeros automáticos; la red de sucursales, y las redes financieras del mundo capitalista por entero, forman ya parte de un sistema computacional muy complejo que tiende a ser el “sistema nervioso” de los servicios financieros de todo el mundo.

 Una red informática adecuada es esencial para una distribución inteligente de los servicios de salud. Por una parte, los centros de atención se dividen naturalmente por sus diferentes niveles de especialización y capacidad de atención al público. Por otra, deben encontrarse adecuadamente distribuidos para acercarse a la población. De ahí que un sistema informático adecuado, se vuelve esencial para coordinar acciones y estrategias generales. Un buen sistema les permite entonces, por ejemplo, ser capaces de conocer a tiempo acerca de los diversos tipos de epidemias que se presentan en la población; llevar estadísticas sobre los efectos de los diferentes tratamientos; utilizar sistemas expertos como auxilio en el diagnóstico que manejen la información pertinente para elaborar y establecer estrategias; tener información inmediata y a la mano sobre camas disponibles en hospitales cercanos y sobre inventarios de medicamentos, equipo médico, ambulancias, etc..

 Sistemas de bases de datos y redes deben contribuir, cada vez más, a poner en contacto a quienes necesitan de un bien o servicio, con quienes pueden proporcionarlo. Así, bases de datos sobre productos e insumos disponibles  integrados a redes para hacer los pedidos, y a sistemas bancarios para el pago automático de facturas  servirán para agilizar el comercio, reducir sus costos y proporcionar información relevante para planear la producción.

 Sistemas informáticos para el manejo de imágenes de satélite y de aviones son ya esenciales para el manejo de todo tipo de información geográfica necesaria para la planeación y el aprovechamiento de nuestros recursos. Permiten, por ejemplo: predecir las cosechas y el estado del tiempo, localizar yacimientos minerales y fuentes geotérmicas, analizar el terreno para la construcción de vías de comunicación, ayudar en la planeación del crecimiento urbano, y en la generación de indicadores económicos y sociales para la toma de decisiones.

 La nueva revolución industrial no debe verse sólo en términos cuantitativos inmediatos, sino también en términos cualitativos a futuro. Muchos desarrollos y aplicaciones no se verán hasta que las redes y los millones de computadoras asociadas a ellas empiecen a desplegar sus capacidades de cambio. Al igual que los cambios que traen consigo los avances en la tecnología de las comunicaciones como los teléfonos, éstos no pueden medirse hasta que no exista la posibilidad real de comunicarse con todas las personas y organizaciones que pueden gozar de sus servicios. Una vez instaladas las redes, ya no nos preguntaremos, como ahora, ¿quién las necesita? o ¿para qué?. La pregunta será: ¿quién puede darse el lujo de no tenerlas?.

 Además de cambiar las formas de trabajo para mejorar los métodos de producción y los productos, y de permitir nuevos servicios, la tecnología informática permitirá y hará posibles cambios radicales en la organización misma de todo tipo de empresas e instituciones. La tecnología informática permite, por ejemplo, que diferentes unidades de trabajo efectúen sus labores coordinadamente, sin importar el sitio donde se encuentren. Este hecho ha tenido hasta ahora un mayor impacto en las organizaciones que en esencia trabajan con información, como los bancos y las agencias de viajes o de reservación de las aerolíneas. Sin embargo, en la medida en que las redes y los sistemas necesarios para coordinar el trabajo se generalicen y desarrollen, estas tecnologías podrán ser aprovechadas por todas las organizaciones que trabajan esencialmente con información como las oficinas.

 El cambio en los métodos de interacción entre los individuos en las empresas podría tener repercusiones sociales, políticas, económicas y ecológicas importantes. Toquemos el caso de los energéticos. Se han hecho estudios que demuestran, por ejemplo, que si en los Estados Unidos los trabajadores de oficina que pueden en principio trabajar desde su casa, lo hicieran, nuestros vecinos serían prácticamente autosuficientes en petróleo (Niles, 1976). Además de las consecuencias económicas, estos hechos nos llevan a tomar en cuenta que la informática y las telecomunicaciones pueden servir para reducir las necesidades de transporte y disminuir así el gasto de energéticos contaminantes.

 La informática no sólo permite un manejo más eficiente de la información, del conocimiento y del trabajo al interior de las organizaciones. Sus sistemas informáticos tienden a proyectarse y acoplarse con los de organizaciones externas para trabajar coordinadamente. Este fenómeno que, desde hace años, es una realidad en el mundo financiero o de comunicaciones, se está transfiriendo al de la producción y comercialización de bienes. Compañías fabricantes como la General Motors, o comercializadoras como Sears, requieren ya que todos sus proveedores estén conectados a su red de computadoras para eliminar casi todas las transacciones de papel como pedidos y facturas. Estos sistemas  unidos a los sistemas de control de producción, y de venta y distribución de productos  son capaces de manejar información para la toma de decisiones de las empresas que, de otra manera, consumirían semanas o meses en recabar.

 Las redes de computadoras añaden a los sistemas de comunicación tradicional como el teléfono, capacidad de manejo de datos, de análisis y de toma de decisiones. Añaden, además, la posibilidad de establecer subredes y sistemas lógicos enteros capaces de reestructurarse a conveniencia para coordinar la comunicación, las decisiones y la acción. Hay mucho de verdad cuando se afirma que las comunicaciones conforman el sistema nervioso de una sociedad. También la hay  con todas las salvedades del caso  al decir que al añadir computadoras a los sistemas de comunicación, añadimos funciones parecidas a las del cerebro en el sistema nervioso. Se complican así cualitativamente sus funciones, pero se hacen aún más útiles. Y en la medida en que prolifera su uso, se vuelven indispensables.

 La ubicuidad de la computadora, por sí misma, no nos hará más humanos, mejores, o más felices, pero cambiará lo que somos. Nos hará diferentes por el hecho de coexistir con ellas. Las computadoras deben servir para mejorar la calidad de nuestras vidas, no para enajenarla. Deben ayudar a enlazar mejor nuestro trabajo individual con el de la sociedad en su conjunto, para lograr un mejor entendimiento y control sobre lo que hacemos. Pero para conseguir estos objetivos como sociedad, es esencial contar con una capacidad propia para adaptar esta tecnología a nuestra cultura.

 La informática  a diferencia de otras tecnologías que requieren enormes cantidades de energía, materias primas y trabajo mecánico  es principalmente producto del trabajo intelectual y del conocimiento. Una excepción es la producción de componentes electrónicos que requiere de gran capital, pero estas pueden adquirirse fácilmente en el mercado. Nuestra capacidad para aprovechar esta tecnología depende pues, fundamentalmente, de la formación de recursos humanos. De ahí la importancia clave de las instituciones de educación superior para su desarrollo.

 3.         LA INFORMÁTICA EN LAS INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR

3.1          RETOS Y OPORTUNIDADES

Las instituciones de educación superior son, principalmente, organizaciones instituidas por la sociedad para la preservación, reproducción y enriquecimiento de la cultura y el saber. Son, hoy en día, una parte esencial del mecanismo de herencia de la civilización, del florecimiento de los valores y de la generación del conocimiento, que hacen deseables y posibles a las sociedades actuales.

 Para esas instituciones, la informática presenta retos y oportunidades formidables. Sólo para no olvidarlo, tocaremos primero un punto en la superficie. Como todas las organizaciones complejas, éstas requieren de sistemas informáticos cada vez más sofisticados para una administración que les permita realizar sus funciones sustantivas en forma más eficiente. Basta tomar en cuenta las múltiples actividades administrativas necesarias y el gasto que representan, para ver que estos sistemas son indispensables. Es éste, sin embargo, el aspecto menos relevante, pero aunado a los cambios en las actividades de docencia, investigación y difusión que traerá consigo la informática, ésta puede cambiar la organización misma de las instituciones de educación superior para hacerlas más eficientes y capaces de responder a la multiplicación de las demandas que provienen tanto de la sociedad como de su propia comunidad.

 La informática incide ya de tal manera en las funciones sustantivas de esas instituciones, que de su adecuado desarrollo dependerá, en gran medida, la calidad de su desempeño, es decir: el cumplimiento de su compromiso con la sociedad.

 La computadora establecerá nuevas relaciones entre el saber y la enseñanza, los datos y la información, la información y el conocimiento, el conocimiento y la investigación, la investigación y la tecnología, la ciencia y sus aplicaciones. Entre las instituciones educativas y su entorno. Veamos porqué.

 La informática incide en la docencia como una formidable herramienta auxiliar en el proceso de enseñanza aprendizaje de todo tipo de materias, en los diferentes niveles educativos, y para alumnos de todas clases incluyendo, por ejemplo, minusválidos. En las computadoras pueden incorporarse y probarse diferentes metodologías pedagógicas en formas que, aunque apenas estamos aprendiendo a explorar, anuncian ya una revolución educativa de grandes alcances y beneficios.

 A través de la computadora los alumnos tendrán acceso a enormes cantidades de información y a todo tipo de experiencias educativas  analíticas, visuales y auditivas  estructuradas de forma tal que faciliten la adquisición de habilidades y conocimientos. Los sistemas educativos que puedan disponer y aprovechar esta herramienta contarán con una ventaja cualitativa difícil de sobrestimar.

 Una versión más completa de este artículo apareció en el libro: POLÍTICA CIENTÍFICA E INNOVACIÓN TECNOLÓGICA EN MÉXICO (M.A. CAMPOS Y S.R. MEDINA EDS.) IIMAS UNAM 1992. Investigador del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 INEGI Dirección de Políticas y Normas en Informática:  DPNI@dpni.inegi.gob.mx

                LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

                EN LAS RELACIONES LABORALES

 (Del Empleo a la Participación en la Innovación)

J. Enrique Medina Castillo

 El impacto tecnológico ha causado una auténtica revolución en el ámbito de las relaciones de producción. El empleo, la salud laboral y las condiciones de trabajo y participación son los principales terrenos afectados.

I. NUEVAS TECNOLOGIAS, NUEVOS IMPACTOS

 Hablar de tecnología supone referirse al progreso técnico, ya que la tecnología está vinculada a la actividad de investigación y desarrollo dirigida a innovar las técnicas de producción, formando parte integrante del conjunto de las fuerzas productivas y constituyendo un aspecto esencial de los elementos materiales del proceso de producción.

 Si el impacto tecnológico ha sido grande en los sistemas ecológico y social, en el ámbito de las relaciones productivas ha causado una auténtica revolución, y es donde se expresa con toda su amplitud el triunfo del principio automático que se basa en el proceso mecanizado e ininterrumpido de producción (1).

 La tecnología constituye un elemento importante en la configuración de las condiciones de vida y de trabajo. Las transformaciones tecnológicas afectan de distintas formas a la actividad laboral. Determinan los contenidos materiales de la misma, influyen sobre el ambiente en que se desarrolla, posibilitan un mayor control de la actividad de los trabajadores, y, al crear nuevos productos, inciden directamente sobre la estructura de industria y ocupaciones(2).

 Cada formación social, cada modo de producción, se ha caracterizado por un determinado grado de desarrollo de las fuerzas productivas y sociales precedentes, que constituyen, al propio tiempo, la base material y técnica para su desarrollo y reproducción. Las relaciones que se establecen entre trabajadores y medios de producción constituyen el elemento que permite distinguir las diferentes épocas económicas por las que ha atravesado la humanidad, hasta el punto de que lo que distingue a una época económica de otra es menos lo que se produce, que los medios de trabajo con los cuales se produce.

 Por ello, a pesar de que toda innovación tecnológica produce cambios que afectan al diseño de las relaciones laborales, no todo cambio tecnológico produce los mismos efectos. Así, se puede diferenciar el impacto que produjo la tecnología industrial, respecto a la que producen las nuevas tecnologías postindustriales.

 Mientras aquellas se limitaban a la sustitución de la fuerza de trabajo manual, las nuevas tecnologías no sólo sustituyen los brazos y piernas de los trabajadores, sino que también captan parte de las atribuciones del cerebro humano y, en muchos casos, lo superan (3).

 Por otro lado, cabe resaltar dos notas respecto a las nuevas tecnologías. La primera de ellas, el fenómeno de centralización de la producción tecnológica en manos de los grupos de empresas y especialmente en las compañías transnacionales, lo que conlleva una centralización de las decisiones en la materia de una parte del capital. La segunda se refiere a la creciente intervención del Estado en la definición del modelo tecnológico por la centralidad que para una política de crecimiento económico representa la renovación tecnológica (4).

 La característica más sobresaliente de las nuevas tecnologías es su interdependencia, el hecho de que constituyan un sistema en el que los avances de cada campo facilitan el progreso en otras áreas de innovación tecnológica a causa, sobre todo, de la comunicabilidad de la información obtenida y a su traducción en el código específico de cada campo por medio de ordenadores telecomunicados entre sí.

 Como es sabido, los sectores tecnológicos que forman el núcleo básico de las denominadas nuevas tecnologías son: la microelectrónica, la informática, las telecomunicaciones, la automatización, la inteligencia artificial y el láser. Las opiniones sobre sus efectos sociales se distribuyen proporcionalmente entre el optimismo y el pesimismo.

 Haciendo abstracción de esa polémica, sin duda estamos en los albores de una auténtica revolución en la concepción de las relaciones laborales, ya que no existe prácticamente ningún tipo de trabajo que no pueda encomendarse en la actualidad a máquinas automáticas. Cualquier proceso de producción puede ser total o parcialmente automatizado, no sólo en las grandes empresas sino también en las pequeñas o muy pequeñas, gracias al progresivo bajo coste que supone para las empresas incorporar microprocesadores y aplicaciones informáticas.

 En todos los estudios (5) hay una coincidencia unánime respecto a que las características sociales básicas de nuestro sistema industrial y laboral, tales como la tendencia al pleno empleo, la defensa de las profesiones tradicionales y de los oficios industriales, la diferenciación entre obreros y empleados, la base sobre la que descansan los grados de cualificación, el aprendizaje basado en la práctica, la carrera como paso de un puesto de trabajo a otro, la jornada de trabajo etc., pueden ponerse en la actualidad en tela de juicio.

 Las aplicaciones de las nuevas tecnologías, a la par que han posibilitado un considerable incremento del progreso material, han producido grandes impactos en las relaciones laborales que se manifiestan en aspectos tan dispares como: el volumen y la sectorialización del empleo, las formas de contratación, los sistemas de control del trabajo, la flexibilidad de la prestación laboral, las cualificaciones profesionales y la salud.

 II. EMPLEO Y NUEVAS TECNOLOGIAS

Para que una tecnología tenga efectos económicos generalizados e implicaciones importantes sobre el empleo, es necesario que genere una gran variedad de nuevos productos y/o servicios, que su aplicación sea posible en muchos sectores de la economía, que reduzca los costes productivos y mejore el funcionamiento de los sistemas de producción existentes, y que genere fuertes intereses industriales basados en la rentabilidad y ventaja competitiva percibida con sus aplicaciones.

 El empleo ha sido el aspecto que siempre ha suscitado mayores discusiones y polémicas más agrias sobre la aplicación de nuevas tecnologías. Baste recordar la historia del movimiento obrero para comprobar la multitud de acontecimientos, a veces violentos, que han motivado las innovaciones productivas.

 No obstante, sostener, hoy en día como entonces, que las nuevas tecnologías presuponen un retroceso o paso atrás para los trabajadores no hace sino estimular el temor y el rechazo ante cualquier tipo de progreso técnico, desconociendo las posibilidades de mejora de las condiciones de vida y de progreso que pueden permitir las nuevas invenciones técnicas.

 Ello no quiere decir que la tecnología, las nuevas tecnologías, no convulsionen el mercado de trabajo y sean causa, entre otras, de la pérdida de empleos y el trasvase de trabajadores de unos sectores productivos a otros, extremo sobre el que voy a detenerme a continuación.

 Por tanto, partimos de una premisa: con relación al empleo, la incidencia de las aplicaciones de nuevas tecnologías en la actividad productiva se manifiesta en varios aspectos, primordialmente: sobre el volumen y sectorialidad del empleo, y en las formas de contratación.

 A) Incidencia de las Nuevas Tecnologías en el Volumen Y Sectorialidad del Empleo:

 La primera interrogante que se plantea sobre el tema es si, realmente, el progreso técnico disminuye el empleo, o lo que es igual, aumenta el desempleo. Polémica ya antigua, pero no por ello resuelta.

La hipótesis optimista, tecnófila, asumida por organismos internacionales como la OCDE, plantea que el progreso técnico es una de las principales fuerzas que impulsan el crecimiento de la productividad, del empleo y de los niveles de vida y de bienestar social, y que las pérdidas de empleos en unos sectores pueden resultar compensadas por la creación de nuevos empleos en otros sectores del sistema, aun cuando ese proceso de compensación no sea automático y, además, pueda resultar doloroso para la sociedad (6).

 A pesar de ese optimismo, una primera aproximación al tema nos permite sostener, como veremos, que las nuevas tecnologías producen, por un lado, una disminución del número de trabajadores empleados como consecuencia de la progresiva sustitución de mano de obra humana por máquinas sofisticadas que tienen como soporte fundamental la microelectrónica. Por otro, la tecnología desplaza la ocupación desde los sectores tradicionales que ocupaban mayor número de trabajadores (sector agrario e industrial) hacia el sector servicios; y dentro de este, que en un principio generó nuevos empleos, los procesos telemáticos sustituyen gradualmente puestos de trabajo por máquinas inteligentes que realizan operaciones directas con los usuarios.

 Proceso de informatización de puestos de trabajo que ya es ostensible en sectores como los servicios financieros, gasolineras, o grandes superficies comerciales, y ha supuesto una importante reducción del número de trabajadores en esos sectores.

 Otra de las características de estos impactos es que la pérdida de empleo tiende a concentrarse en los puestos de trabajo de baja y media cualificación, disminuyendo la tasa de ocupación de estos respecto a la de los trabajadores muy cualificados, produciendo una tendencia hacia la creciente polarización segmentación de la fuerza de trabajo. Esta situación se produce tanto en los procesos de robotización industrial, como entre los empleos administrativos.

 Las últimas tecnologías de la informática eliminan incluso puestos de trabajo en el mismo sector adelantado de la información, ya que las nuevas técnicas posibilitan realizar cosas que antes no podían ejecutar.

 Los sistemas expertos informáticos diagnostican enfermedades, proporcionan asesoramiento jurídico y financiero, facilitan el pago de impuestos, de transacciones comerciales, y hacen en definitiva cada vez más trabajos que antes eran confiados exclusivamente a las personas, de tal modo que se reduce el número de delineantes, arquitectos e ingenieros para realizar los proyectos y los administrativos que han de ejecutarlos, desplazando a gran cantidad de profesionales como abogados y médicos, cuyas actividades, como dijimos, parecían ser exclusivas de las personas e insustituibles por las máquinas. Fenómeno que ha sido calificado como paro tecnológico.

 B) Las Nuevas Tecnologías Hacen Posible el Crecimiento Económico Sin Crear Empleo:

El progreso tecnológico de la segunda mitad del siglo XX hace innecesario el número global de horas de trabajo humano que eran precisas con anterioridad para cubrir las necesidades vitales, aun manteniendo un nivel de consumo como el actual, pues la actividad productiva se ha incrementado por la aplicación masiva de tecnología en las empresas.

 Datos de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo avalan esta afirmación, al constatar que en el año 1950 se fabricaba sólo una séptima parte de los bienes que se producen en la actualidad (7), mientras el paro en los países del área de la OCDE durante el periodo comprendido entre el año 1950 al 1995 ha pasado del poco más de 10 millones en los años 50 y 60 para triplicarse en la década de los 70 a los 80, y a situarse en torno a los 35 millones en el año 1995, a pesar de la prolongada expansión económica de todo el periodo (8).

 El paro ha mantenido una curva ascendente, que tan sólo se vio alterada durante la intensiva expansión económica de los 80, en que, no obstante, el número de parados nunca descendió por debajo de los 25 millones. La conclusión a extraer es que, a pesar de producirse un evidente crecimiento de la economía mundial, es decir, de las rentas que se generan en la economía, sin duda producidas por la incorporación de nuevas tecnologías productivas, el paro crece.

 Si comparamos los datos relativos a la productividad con los del empleo, llegamos a esa misma conclusión. Valga como ejemplo que, mientras la media ponderada de la tasa de crecimiento anual de la productividad de todos los países de la OCDE durante el periodo comprendido entre 1960 a 1980 osciló entre el 4 por ciento al 0,8 por ciento, la media de crecimiento del empleo fue del 1 por ciento al 0,4 por ciento, es decir, el empleo creció entre un 75 por ciento a un 50 por ciento por debajo del crecimiento de la tasa de productividad (9).

Si atendemos a los datos sobre el crecimiento del PIB real en el área de la OCDE y los contrastamos, igualmente, con los datos sobre el crecimiento del empleo, tomando para ello el período comprendido entre 1983 a 1995, observaremos, una vez más, ese desequilibrio entre crecimiento económico y empleo. El PIB creció en una media de entre el 3,1 por ciento en 1983, al 2,6 por ciento en 1994, estimándose un crecimiento del 2,9 por ciento para el año 1995. Datos que, además, presentan una particularidad, en ninguno de los años transcurridos entre 1983 a 1995 el crecimiento del PIB ha sido negativo.

 Por el contrario, en igual periodo, el crecimiento de empleo osciló entre el 1,6 por ciento del año 1983 al 0,8 de 1994, previéndose un crecimiento del 1,1 por ciento para el año 1995, dejando un saldo

negativo de crecimiento durante los años 92 y 93 en que las medias oscilaron del  0,2 al  0,3 por ciento.

 En cuanto al paro, se ha pasado de un 7,4 por ciento de media en el año 1983 al 8,5 por ciento en 1994, y estando previsto que pase a ser de un 8,3 por ciento en el año 1995; sin que durante toda la década se haya bajado del 7,8 por ciento de desempleo (10).

 Y no sólo eso, sino que además, la participación de la remuneración del trabajo en la renta nacional ha ido cayendo progresivamente, estando en la actualidad a niveles inferiores a los de principio de los años 70 (11).

 Esta progresiva disminución de la participación de los salarios en la renta nacional fue señalada por Torres bajo la frase bienestar para todos, pero no a todos por igual (12), al constatar, utilizando datos del Centro de Investigación para el desarrollo del Banco Mundial, que en 1971 el 40 por ciento de la población con menores ingresos disponía tan sólo del 16 por ciento del ingreso total en los países desarrollados y del 12,5 por ciento en los subdesarrollados.

 La situación española no difiere sustancialmente de la descrita, excepción hecha de que la pérdida de empleo desde el año 1976 al 1985 fue mayor, y de que, en el año 1993 llegó a situarse 12 puntos por encima del promedio comunitario.

 Según las conclusiones elaboradas por el CES en su memoria sobre la situación socioeconómica y laboral española de 1993, si además atendemos a la menor proporción de activos sobre población en edad de trabajar, o tasa de actividad española, el paro que habría que contabilizar sería aún mayor. Valga el dato de que en España trabajan 54 de cada 100 personas entre los 20 y los 64 años y, en la media de los doce países de la Unión Europea, 65 de cada cien.

 Amén de ello, si la tasa de actividad de las mujeres en España se situara en el promedio europeo, la cifra de parados sería superior a la actual en más de dos millones de personas (13) .

 Respecto a la situación española, se da una circunstancia que explica, al menos en parte, el incremento del paro, esto es, que nuestro país es uno de los que menos recursos presupuestarios dedica para I+D dentro de la Unión Europea, sin que haya terminado de funcionar el esquema ciencia tecnología industria mercado, por lo que los efectos traumáticos de la pérdida de empleo en los sectores industrial y agrícola no se ven compensados, del modo que debieran, por la creación de empleos en sectores tecnológicamente avanzados (14).

 A pesar de ello, algunos autores como Hirschorn, Garmendía o Gizycki (15) sostienen que la tecnología puede considerarse como un factor generador de empleo, y, sin duda, así lo es. Pero al observar cómo en cada incorporación de nuevas tecnologías a la producción se ha apreciado una pérdida global de puestos de trabajo humano, parece necesario concluir, siguiendo la opinión de Kern, Schumann, Schotsman o Rada (16), que no es posible apostar por el viejo teorema optimista de la compensación que sostiene que la pérdida de empleo que ocasiona la incorporación de las nuevas tecnologías se compensa con los efectos contrarios que genera el progreso técnico.

 Valga como ejemplo que, sólo en Estados Unidos, las previsiones efectuadas acerca de los efectos que produciría la robotización de la industria en el empleo llevaban a la conclusión de que produciría un recorte de entre 20 y 30 millones de puestos de trabajo (17).

 Además, como manifiesta GORZ (18) , decir que las innovaciones tecnológicas van a crear empleo es una forma paradójica de negar la racionalidad económica, que por otra parte les sirve de justificación.

 Por tanto, la tecnología ha hecho que el trabajo hoy sea un recurso limitado, una mercancía en vías, si no de agotamiento, sí de una inexorable reducción.

Las alternativas que se proponen ante el desempleo se mueven en dos direcciones fundamentales: la del incremento de la producción como medio de incrementar el volumen de empleo, o la del reparto del empleo, idea esta última, sustentada en la búsqueda de un equilibrio entre ecología, crecimiento económico y empleo.

 La solución que se apoya en la idea de aumentar la producción como medio de crear empleo ignora dos cuestiones fundamentales. La primera, que el desarrollo tecnológico actual permite incrementar, como señalan los indicadores económicos internacionales, la producción de bienes de forma casi ilimitada sin que para ello sea preciso aumentar considerablemente el número de trabajadores ocupados.

 Baste para ello decir que, mientras las previsiones de crecimiento económico mundial hasta el año 2000 son evaluadas por los organismos internacionales en torno al 3,1 por ciento del PIB, del 2,7 por ciento en Europa o el 2,6 por ciento en los países de la OCDE, el empleo no tiene ninguna proyección positiva. La propia OCDE en su último informe sobre el empleo señala, por el contrario, que el desempleo en los países de la OCDE es muy superior a los 35 millones que se contabilizan oficialmente. Afirmando que la cifra real de desempleo oscila entre el 40 50 por ciento, si se toma en consideración que muchas personas en ciertos países de Europa ostentan puestos de trabajo a tiempo parcial, con horario reducido, lo que se ha denominado por la OCDE como paro parcial (19).

 La segunda, que la naturaleza no puede seguir soportando un ritmo de degradación como el que ha existido en los últimos cincuenta años acompañando al desmesurado crecimiento económico (20).

 En definitiva, aun partiendo de la hipótesis de la pérdida de empleo neto derivada de la incorporación de nuevas tecnologías productivas, ello no ha de verse necesariamente como un drama social, ya que, como manifiesta Glotz (21), aun cuando la civilización electrónica eliminará millones de puestos de trabajo, al mismo tiempo podría suponer un ahorro no sólo de trabajo sino también de materias primas, de energía y de capital, brindándonos la oportunidad de superar un sistema en el que se persigue la producción por la producción, de traspasar a las máquinas trabajos duros e indignos y de proporcionar a los hombres cada vez más tiempo disponible.

 C) Nuevas Tecnologías, Nuevas Formas de Trabajo Y de Empleo:

Las nuevas tecnologías han incidido igualmente sobre las formas de empleo, y sus efectos se manifiestan en la irrupción de nuevas formas y situaciones de trabajo, apoyados en las posibilidades que ofrece la telemática, de deslocalización de los puestos de trabajo, permitiendo la prestación de servicios sin necesidad de salir de la casa.

 Lo que se ha venido a denominar teletrabajo (22) , y que viene a sustituir la interacción física en la relación laboral en todos aquellos casos en que no es necesaria, afectando sobre todo a aquellas actividades laborales que no precisan de una continua supervisión, tanto porque la actividad sea de alta creatividad como en los de baja cualificación.

 La característica primordial de este proceso de transformación laboral que supone el teletrabajo es el traslado de las tareas de la oficina central, de la fábrica o de la clínica, a empleados que permanecen en sus hogares y en telecentros muchas veces a cientos de kilómetros de distancia, unidos con su empresa a través de un puente electrónico las denominadas autopistas de la información, que en realidad no es más que un ordenador conectado a la red de telefonía, lo que se conoce como RDSI.

 La RDSI, de técnica digital, utiliza para el transporte de las señales la fibra óptica y los satélites de comunicación, lo que permite una comunicación interactiva en la que se pueden recibir y trasladar por una sola línea, voz imágenes y datos.

 Este traspaso de información de unos puntos a otros, dentro de una red de teletrabajadores, configuran, igualmente, un nuevo modelo de empresa vitual, pues los teletrabajadores no pueden, ni tan siquiera, identificar su trabajo con el resto de la organización productiva. No conoce a sus jefes, ni compañeros, más que a través de órdenes y, a lo sumo, imágenes interactivas recibidas por el terminal de su ordenador, normalmente codificadas, que le hacen perder la concepción, tanto humana como colectiva, que tradicionalmente comporta la actividad laboral.

 No hay contacto físico entre los teletrabajadores, ni, en consecuencia, posibilidad de reivindicar mejoras de trabajo, ni posibilidades de participar en la toma de decisiones de la empresa, situada, como decimos, en muchos casos, a miles de kilómetros de su hogar.

La utilización masiva de este tipo de tecnología, además de que nos conduce por un camino desconocido de las relaciones laborales con evidentes repercusiones, entre otras, de tipo sindical, puede acelerar aún más el proceso de destrucción de empleo, ya que va a permitir a los consumidores la utilización de cualquier tipo de servicios, sin tener que desplazarse de su domicilio, lo que producirá, previsiblemente, una disminución del número de empleados en empresas del sector servicios, que hasta ahora venía atrayendo el empleo excedente de otros sectores productivos, en declive, como la agricultura y la industria.

 Es de reseñar el interés de esta nueva tipología de relaciones laborales para colectivos generalmente excluidos del mercado de trabajo como las mujeres con responsabilidades familiares y los impedidos físicos al permitirles compatibilizar una actividad laboral con las dificultades e impedimentos que les comporta su situación, siempre y cuando no se convierta, como acaeció y viene ocurriendo con el tradicional trabajo a domicilio, en una bolsa de subempleo, marginalidad y de economía sumergida, aun a pesar de que los procesos laborales se desarrollen con las mayores posibilidades y pulcritudes técnicas.

 Para concluir, sí considero de interés reseñar que este tipo de trabajo contribuye a amplificar un fenómeno del que más tarde hablaré, la desarticulación y pérdida de centralidad de la clase obrera, y la configuración de un nuevo modelo social, la metrópoli, que, en oposición a la sociedad fábrica tradicional, se caracteriza por la difusión de la producción y la construcción de una red de dominio, construida sobre el desarrollo informático y telemático, que posibilita un control masivo de la población.

 III. NUEVAS TECNOLOGIAS Y FLEXIBILIDAD DE LAS RELACIONES LABORALES

La flexibilidad, que constituye la tónica general de las nuevas tecnologías, se ha extendido a la organización social del trabajo a partir de la década de los ochenta.

 El razonamiento que ha justificado el contagio de flexibilidad a las relaciones laborales se apoya, entre otros argumentos, en que si las modernas máquinas son flexibles por su rápida capacidad de adaptación a situaciones nuevas y fluctuantes, también los trabajadores deben adaptarse a las nuevas condiciones de eficacia o racionalidad que supone la rotación regular de un puesto a otro, sin alterar fundamentalmente el sistema productivo.

 Los principales aspectos en que se manifiesta en la práctica la flexibilidad de las relaciones de trabajo son el coste del trabajo, un empleo más precario, el tiempo de trabajo, su organización, la formación, y la cualificación profesional (23).

 Existe una coincidencia en todos los estudios acerca de encuadrar todos los aspectos de la flexibilidad laboral bajo dos conceptos: flexibilidad numérica y flexibilidad funcional.

 La primera hace referencia a aquellos aspectos relacionados con la contratación y la extinción de las relaciones laborales. La segunda, con las posibilidades de distribución de los efectivos laborales dentro de la empresa. Una y otra han producido importantes efectos en el mercado de trabajo, como veremos a continuación.

 El punto de partida para el estudio de la flexibilidad numérica es que ha permitido, con apoyo precisamente en las innovaciones tecnológicas, el aumento del trabajo coyuntural y a tiempo parcial en detrimento del empleo estable y a tiempo completo que era la tónica general con anterioridad a la década de los ochenta.

 Es precisamente en el sector terciario, el que recoge los excedentes de mano de obra del agrícola e industrial, donde las nuevas tecnologías permiten fraccionar más fácilmente los puestos de trabajo, propiciando el surgimiento de variadas formas de contratación temporal que, bajo la calificación de atípicas , se caracterizan por estar basadas en la temporalidad y flexibilidad del tiempo de trabajo, siendo la causa de la inestabilidad del empleo, la disminución de los salarios y del consumo, y el aumento de los accidentes de trabajo.

 El empleo temporal que con anterioridad actuaba como un simple lubricante del mercado de trabajo en periodos de exceso de actividad, o como medio de sustituir a trabajadores fijos en sus periodos de inactividad reglamentadas, tiende a convertirse en una forma de empleo permanente para muchos trabajadores y una forma de empleo habitual en muchas empresas.

 Baste reseñar que en los países europeos, utilizando datos de la Comisión de las Comunidades Europeas de 1991 (24) , el trabajo a tiempo parcial superaba el 15 por ciento de todos los empleos existentes en los países europeos, y en alguno de ellos se acercaba al 30 por ciento. Sin duda, en la actualidad esa cifra es superior e irá progresivamente en aumento, como señala la tendencia que ha seguido este tipo de contratación en otros países de nuestra área económica, tan distantes entre sí, como Australia, Noruega, Japón, Suecia o EEUU, donde el empleo a tiempo parcial supone, el 42,3 por ciento, el 47,6 por ciento, el 35,2 por ciento, el 41,4 por ciento y el 25,3 por ciento respectivamente, del total de empleos (25).

 En nuestro país, a partir de 1984, fecha en que se produce la primera contrarreforma del Estatuto de los Trabajadores, la modalidad de contratación a tiempo parcial pasó de tener la consideración de medida para el fomento del empleo, a modalidad ordinaria de contrato de trabajo para realizar jornadas reducidas inferiores a la habitual (26).

 Otra de las características de esta nueva modalidad de contratación es que se concentra fundamentalmente en la ocupación femenina, hasta el punto de que, poniendo el ejemplo de nuestro país, las tres cuartas partes del total de asalariados a tiempo parcial son mujeres, llegando en algunos países, caso de Alemania y el Reino Unido, a constituir el 91 por ciento o el 85,2 por ciento, respectivamente, del total de este tipo de contratos (27).

 La flexibilidad numérica se aprecia igualmente en las prácticas empresariales, cada vez más extendidas en el sector servicios, de subcontratar determinados trabajos, necesarios y habituales en la empresa, a empresas ad hoc, que de ese modo les permite abaratar costos, al facilitarles los mismos trabajadores que venían con anterioridad prestando sus servicios habituales en ella, a un precio inferior; como resultado, obviamente, de que esos trabajadores perciben un salario sustancialmente más bajo que cuando eran trabajadores directamente contratados por la empresa principal, introduciendo un importante elemento de agravio comparativo, cuando no directamente de discriminación, entre los propios trabajadores.

 Esta perversa modalidad contractual fue denunciada por la OIT, ya en el año 1987, como “una gran generadora de empleo precario y eventual” (28), lo que no evitó que fuese decididamente impulsada en nuestro país mediante la irrupción de las denominadas empresas de trabajo temporal, reguladas en la ley 14/1994 de 1 de junio. Lo que ha permitido que tan sólo en seis meses de existencia legal, a finales de ese mismo año, ya hubieran contabilizadas más de veinte, habiendo intermediado en la subcontratación de más de 100.000 trabajadores.

 Aun a pesar de la importancia concedida por las empresas a la flexibilidad numérica, es en la flexibilidad funcional donde mejor se expresa el principio de flexibilidad de las relaciones laborales que permiten las nuevas tecnologías.

 La flexibilidad funcional permite una utilización variada y permanente de los trabajadores en el seno de la empresa, aumentando los ritmos de trabajo, al eliminar los tiempos muertos, alterando las cualificaciones profesionales y haciendo más difícil la promoción y el ascenso.

 La lucha por los mercados, en el marco de una economía global sin aparentes fronteras al comercio, provoca actuaciones empresariales dirigidas a reducir los costes unitarios de producción y, entre ellos, principalmente, el coste del factor trabajo. Reducción de costes que se logra fundamentalmente, como manifiestan Monereo y Moreno Vida, mediante dos vías: el incremento de la productividad y la descualificación general de la mano de obra (29).

 En ambas posibilidades está presente la innovación tecnológica, bien por la introducción de cambios técnico organizativos en la producción (talleres flexibles, robótica, descentralización productiva y el nuevo trabajo a domicilio) como por los sistemas de cualificaciones profesionales (grupos semiautónomos de trabajo) y la utilización de trabajadores poco cualificados (emigrantes, mujeres, economía sumergida…).

 La nueva organización productiva se articula en torno a la flexibilidad de los nuevos puestos de trabajo, que agrupan entre los cometidos de un mismo operario la realización de actividades de diversas profesiones (polivalencia), configurando dentro de una misma categoría profesional un cúmulo de actividades tan diversas, que en el sistema fordista tradicional hubieran requerido la división en distintas categorías profesionales.

Además, esta flexibilidad profesional se enmarca dentro de un sistema de organización del trabajo que fragmenta la actividad dentro de la fábrica, integrando a los trabajadores polivalentes en un pequeño grupo productivo autónomo, en el que se realza el valor del trabajo y la competencia interna, al modo de comandos en pugna por incrementar los rendimientos y la productividad del grupo frente a los demás (caso del denominado sistema toyotista) (30).

 El trabajo mediante ese sistema de comandos productivos, por su fragmentación, dificulta la posibilidad de formular reivindicaciones de cualificación individualizadas, tanto por la asunción de las tareas y objetivos por el grupo, como por la competitividad que se genera entre los trabajadores por lograr que su grupo obtenga mejores resultados, ya que los sistemas de retribución no van a depender tanto de la cualificación personal, individualizada, de sus componentes como del resultado final de la actividad conjunta.

 Por otro lado, la expansión generalizada de las nuevas tecnologías está produciendo un cierto cambio de las actitudes y los requerimientos de los nuevos puestos de trabajo, de las habilidades, de las cualificaciones, de los oficios y en definitiva de las profesiones, es decir, está reajustándose todo el bagaje cualitativo instrumental que era clásico en el mercado de trabajo.

 Hay que tener en cuenta que la sociedad neotecnológica obtiene su definición laboral a partir de una cierta crisis del sistema anterior, ya que gran parte de la pericia colectiva que éste ofrecía no sirve para las máquinas, que ahora necesitan mano de obra especializada que suele encontrarse en aquellos países exportadores de tecnología.

 La multitud de nuevas ocupaciones que se originan como resultado de esta frenética actividad renovadora posibilita la competitividad en los mercados, tanto externos como internos, de tal modo que la lucha de las empresas pivota sobre la incorporación de tecnologías avanzadas que les permitan mantener su nivel de competitividad. En esa competencia, como hemos visto, las profesiones son uno de los saldos más costosos de la transición de modelo productivo.

 Pérdida de las cualificaciones profesionales que obedece tanto a la necesidad de adaptarse a las nuevas habilidades y conocimientos que

precisan el manejo de las tecnologías avanzadas, como, sobre todo, por los requerimientos de los empresarios que, de ese modo, obtienen una mano de obra más flexible que les permite una amplia posibilidad de movilidad funcional, y que ha sido acogida favorablemente en las políticas gubernamentales, manifestándose en una progresiva desregulación legal de esas materias, excluyéndolas del contenido necesario del derecho del trabajo, para remitirlas a la negociación colectiva.

 Por último, la existencia de un gran número de personas, con poca o ninguna cualificación profesional, en busca de un empleo, aun cuando sea en el marco de la economía sumergida (emigrantes, mujeres, desempleados sin derecho a prestaciones, jóvenes en busca de primer empleo o incluso menores), amplía el problema. Los efectos perversos de esas prácticas se van a extender más allá de la descualificación, ahondando aún más la fragmentación del mercado y la dualidad social, propiciando la existencia de mercados internos de trabajo sustentados en la precariedad, y en los que se evidencian todo tipo de prácticas discriminatorias.

 IV. CONTROL DEL TRABAJO Y DE LOS TRABAJADORES. EL PANOPTICO LABORAL

El mayor éxito de la civilización industrial, apoyándose en la posibilidad de dar satisfacción a las necesidades vitales de una gran parte de la humanidad gracias al espectacular incremento productivo, fue el desarrollo de un nuevo mito, el de la racionalidad tecnológica y científica, que le ha permitido una expansión desconocida en la historia de la humanidad a cualquier otra formación social o modelo de producción.

 El tópico de la neutralidad científica ha permitido el desarrollo, la mayor parte de las veces incontrolado, de innovaciones técnicas de una gran capacidad destructiva, a la par que ha legitimado un sistema económico sustentado en la producción ingente de bienes de consumo y al que, sin embargo, no le ha preocupado la desigualdad de su reparto y el grave deterioro causado a la biosfera.

 La presunta racionalidad productiva del sistema se ha erigido en modelo de comportamiento social, que se manifiesta a través de una desaforada pasión consumista, y que ha logrado, como decía Marcusse (31), que una ausencia de libertad cómoda, suave, razonable y democrática, señal del progreso técnico, prevalezca en la sociedad industrial avanzada.

 Realidad que confirma lo manifestado por Torres (32) , que LA MEJOR ESTRATEGIA PARA IMPEDIR QUE LOS HOMBRES GOCEN DE LA LIBERTAD ES IMPEDIR QUE LA SIENTAN COMO NECESARIA.

Hoy más que nunca se hace realidad aquel famoso modelo de sociedad ortopédica que formulaba el Panóptico benthiano, representado como un edificio de forma circular en medio del cual había un patio con una torre en el centro, estando dividido el anillo en pequeñas celdas que daban al interior y al exterior y en cada una de ellas había, por ejemplo, un obrero trabajando. En la torre central había un vigilante y como cada celda daba al mismo tiempo al exterior y al interior, la mirada del vigilante podía atravesar toda la celda sin que quedara ningún lugar oculto y, por consiguiente, todo lo que el individuo hacía estaba expuesto a la mirada del vigilante, que, a su vez, veía sin ser observado.

 Las posibilidades técnicas actuales permiten esa función panóptica de un modo ampliado, al generar en la conciencia de los individuos la necesidad de autocontención, convencidos de la imposibilidad de escapar al omnipresente ojo del vigilante tecnológico que ni parpadea, ni se fatiga, ni descansa.

 En la esfera productiva el control se manifiesta en un doble aspecto, por un lado, en la producción y por otro en los productores.

 Las características de las nuevas tecnologías aplicadas a la industria permiten, en primer lugar, la sustitución del control periférico, discontinuo y parcial que anteriormente se confiaba a la actividad humana, caso de los controladores fabriles (agentes de métodos, encargados, capataces) que, cronómetro en mano, recorrían la planta tomando tiempos; para pasar a un sistema de control centralizado y objetivo realizado por las máquinas.

 Mientras el sistema de control tayloriano utilizaba al capataz como un agente represivo que apremiaba a los obreros, les presionaba para que aumentaran sus rendimientos, los nuevos sistemas de control tecnológico están incorporados a la misma maquinaria productiva. La utilización, por ejemplo, de lo que se ha denominado software in accounting (33) permite, previa identificación personal del operador, memorizar el número de operaciones efectuadas por el mismo, el número de errores cometidos, el tiempo empleado para cada operación, el tiempo total de trabajo y el número, la frecuencia y la duración de las interrupciones en la actividad.

 Además de ello, los sistemas de organización del trabajo que propician las nuevas tecnologías, permitiendo el trabajo en grupos autoorganizados, islas productivas, constituyen una expresión nueva del control, en este caso, autocontrol.

 Modalidad perfeccionada del panóptico laboral donde ya no es precisa la existencia de controles externos, humanos o tecnológicos; es el mismo grupo el que controla la actividad de cada uno de sus componentes. Autocontrol que es posible, entre otros medios, mediante la fijación de sistemas retributivos al grupo, en lugar de a cada trabajador, y haciendo de pender la cuantía de sus salarios de los rendimientos productivos alcanzados, al modo del conocido sistema de salario a destajo, tan usual, por ejemplo, en la construcción.

 Obviamente, este sistema presenta enormes ventajas para la empresa frente al tradicional sistema taylorista de producción en cadena, tanto porque supone un considerable aumento de la productividad del trabajo, evitando muchos periodos de tiempo muerto y una mejora de la calidad de los productos; como, lo que es más importante, porque esta forma de organización del trabajo permite que los trabajadores, señores trabajadores, hagan suyos, como manifiesta Gorz (34) , los valores de la utopía del trabajo, a saber: dominio sobre los medios de producción, pleno desarrollo en el trabajo de las capacidades individuales, valoración del oficio y de la ética tradicional; convirtiéndose en productores disciplinados que vinculan su destino personal al de la empresa, a la par que se distancian, tanto de los problemas de su clase de origen, como de sus organizaciones sindicales.

 Como manifiesta Cillario (35), la sociedad de la información no es sólo la sociedad de la tercera revolución industrial, de la producción flexible y automatizada de mercancías, sino, la que, por medio de la producción y puesta en circulación de mensajes y comunicaciones y de la elaboración de reglas que rigen la producción, hace irrumpir los principios del modo de producción capitalista en la esfera psíquica del hombre.

 Sutil forma de alienación que puede calificarse como “proceso de interiorización psíquica y cognoscitiva del modo de producción capitalista”, forma perfeccionada del panoptismo, en el que ya no es precisa la vigilancia permanente sobre los individuos, y que se apoya en la expansión e interiorización del mito de la racionalidad tecnológico productiva, representada como beneficio para todos los grupos e intereses sociales.

 Otra de las posibilidades que permiten las nuevas tecnologías es la de incrementar el control, no ya sobre la producción, sino directamente sobre el trabajador.

 Por un lado, los desarrollos en la tecnología genética, especialmente en el diagnóstico genético, que permiten determinar la propensión de los sujetos a contraer determinado tipo de enfermedades, pueden ser utilizadas en el mundo laboral para tomar decisiones acerca de la conveniencia, o no, de contratar a determinados trabajadores, para despedir a los ya contratados o para acordar su traslado, en atención al mapa genético que presenten.

 Igual cabe decir respecto a posibilidades tecnológicas hoy día muy corrientes y al alcance de cualquiera, por su bajo coste y simplicidad de utilización, que permiten detectar en los trabajadores determinados hábitos, aun privados, como por ejemplo, el consumo de drogas, y que puede ser utilizado de manera coactiva por el empresario como causa para no contratar o despedir a sus consumidores.

 Además, la memorización y posterior tratamiento informático de datos, obtenidos durante el periodo de la prestación del trabajo, relativos a la vida y costumbres de los propios trabajadores, representa un riesgo para su privacidad.

 Tema preocupante en todos los órdenes de la vida social y especialmente relevante en el ámbito de las relaciones laborales, por la especial sujeción a la que se ve sometido el trabajador en la relación laboral, a quien se le exige pasividad frente a actuaciones del empresario que nunca serían admisibles en el ámbito de cualquier otra relación jurídico privada.

 Así, el trabajador podrá ser vigilado y controlado por el empresario, respecto al cumplimiento de sus obligaciones y deberes laborales, mediante las medidas que este crea oportunas, sin que exista la posibilidad recíproca, predicable de cualquier otra relación contractual, de que los trabajadores puedan adoptar similares medidas para efectuar el control del cumplimiento por parte del empresario de sus correspondientes deberes y obligaciones laborales.

 El límite de actuación empresarial se sitúa en el respeto a la dignidad humana, derecho fundamental que consagra el artículo 10.1 de la Constitución como fundamento primero y básico del orden político y la paz social; posteriormente regulado por la ley de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen, norma igualmente de eficacia general y que ha de ser respetada por los empresarios en el ámbito de las relaciones laborales.

 En razón de ello, el empresario no podrá utilizar ningún medio de control, tecnológico o no, que suponga un atentado a tan importante derecho fundamental, por razón de que, como ha expresado el Tribunal Constitucional en multitud de sentencias, los derechos fundamentales son plenamente eficaces en las relaciones privadas (36) .

 No obstante, ello no significa que los trabajadores no estén expuestos a severos riesgos de intromisión en su privacidad, que se pongan en peligro sus derechos fundamentales.

 Riesgo que será mayor en un sistema autoritario de relaciones laborales, pero que no desaparece en un modelo democrático, pues, como manifiesta Valdés dal-Ré (37) , siendo la empresa una amenaza real para los derechos del trabajador, el efectivo respeto a sus derechos fundamentales dependerá, tanto de factores jurídicos (normas, doctrina y jurisprudencia), como de factores extrajurídicos, léase, entre otros, la situación del mercado de trabajo y la fuerza del movimiento sindical.

 V. SALUD LABORAL Y NUEVAS TECNOLOGIAS

La actividad laboral supone un riesgo añadido para la salud, que obliga al establecimiento de un marco de protección específica, que trate de paliar los efectos nocivos que el trabajo produce. Las actuaciones públicas van encaminadas en una doble perspectiva. En el aspecto preventivo, para evitar que se produzcan, o al menos minimizar el riesgo (Salud Laboral). En el aspecto prestacional, tratando de restituir la capacidad de ganancia que la pérdida de la salud, y la correspondiente incapacidad laboral, produzca en los trabajadores.

 El proceso de expansión tecnológico está produciendo una serie de consecuencias negativas para la salud humana, tanto en su aspecto físico (lesiones ocasionadas por los nuevos productos químicos y energías) como en el aspecto psíquico, que van desde la potenciación de la soledad y el aislamiento, a la monotonía en el trabajo, falta de tiempo y amenaza de desempleo, hasta la propia dependencia de los objetos tecnológicos; con lo cual, la supuesta contribución al estado del bienestar y libertad humana de la tecnología, se convierte paradójicamente en motivo de angustia y desconcierto.

 Estas graves repercusiones psíquicas pueden detectarse por el aumento alarmante de depresiones, neurosis, psicosis esquizomórficas, y cuadros de drogadicción.

 El mantenimiento del ritmo de trabajo que fija la máquina genera dos tipologías básicas de personalidad laboral: la del trabajador activo, que se convierte en un adicto al trabajo, transformando su vida en un objetivo constante de eficacia productiva; y la del pasivo que, tratando de huir de la alienación productiva, busca su evasión a través de la televisión y el ocio de consumo. En ambas está presente la tecnología como referencia de su aislamiento o de su adicción, y en cualquiera de ellas, la dependencia tecnológica es patente (38).

 El esfuerzo mantenido por adaptarse al cambiante y rápido desarrollo tecnológico produce en el psiquismo y en la biología de los trabajadores, lo que ha sido denominado estrés continuado. Esta enfermedad, característica de los países de economía más desarrollada, es causa de una variada patología que abarca desde las lesiones coronarias, a distintos tipos de dolencia psíquica, en razón a la predisposición biológica de los sujetos afectados.

 La OIT ha reseñado que el estrés se ha convertido en un riesgo ocupacional significativo de determinadas profesiones, ilustrando tal afirmación con datos relativos a la Enseñanza: en Suecia, el 25 por ciento de los educadores están sujetos a tensión psicológica grave. En el Reino Unido el 20 por ciento del personal docente padece problemas de ansiedad y depresión. En EEUU el 27 por ciento han padecido problemas crónicos de salud como consecuencia de su trabajo y el 40 por ciento reconoce tomar medicinas regularmente para paliarlo. En Alemania, uno de cada dos educadores está en grave riesgo de padecer un ataque cardíaco (39).

 Es, por tanto, en la salud donde se manifiestan de una forma evidente, por sus efectos, las interrelaciones entre tecnología, medio ambiente y trabajo. La velocidad de expansión y penetración de las tecnologías está provocando, además de alteraciones medioambientales, cambios en el psiquismo y biología del trabajador que trascienden del estricto ámbito laboral para incidir en la salud colectiva.

 Si el trabajo y las tecnologías son potenciales causantes, per se, de lesiones y enfermedades, un ambiente de trabajo expuesto además a la contaminación de productos tóxicos será generador de mayores riesgos en la posibilidad de contraer enfermedades.

 Como manifiesta Ann Misch (40) las nuevas sustancias químicas son las causantes del incremento de los cánceres de testículos, leucemia y cerebro (que han tenido un incremento espectacular tanto en Europa como EEUU en los últimos 50 años). Tan sólo en España hay unas 240.000 personas que trabajan en 5.000 empresas químicas expuestas a estos riesgos.

 Siguiendo los datos aportados por esta misma autora, se han identificado hasta un total de 60 agentes ambientales que pueden causar cáncer en los seres humanos. Entre ellas figuran sustancias químicas, grupos de sustancias químicas afines, mezclas de diferentes productos químicos, la radiación, medicamentos y procesos industriales. Además, esas sustancias no sólo constituyen génesis de las diversas modalidades cancerígenas, sino que lesionan el sistema nervioso, endocrino, reproductivo e inmunológico.

 Enfermedades que, por otro lado, no sólo afectarán a los trabajadores que participan directamente en el proceso productivo, sino a la comunidad, ya que el ambiente afectado, polucionado, no va a ser estrictamente el de la fábrica, sino también el medio físico que la rodea (41).

 VI. LA PARTICIPACION DE LOS TRABAJADORES EN LA RENOVACION TECNOLOGICA DE LA EMPRESA

La participación de los trabajadores en la empresa obtiene reconocimiento constitucional mediante dos preceptos. Expresada como derecho a la negociación colectiva en el art. 37.1, y como derecho genérico a la participación en el art. 129.2 (42).

 Ambos han tenido respaldo expreso por el Tribunal Constitucional, mediante sentencias (43) en las que se afirma que: “las manifestaciones de feudalismo industrial repugnan al Estado Social y Democrático de Derecho y a los valores superiores de libertad, justicia e igualdad a través de los cuales ese Estado toma forma y se realiza” (44).

 La participación obtiene cauce a través de dos vías, la denominada participación unitaria (delegados de personal y comités de empresa) y la sindical (delegados sindicales y secciones sindicales).

 Es precisamente la participación colectiva la que va a permitir imponer límites a los poderes del empresario, a la vez que lo reconoce y legitima, por cuanto la autonomía colectiva no va a transformar los caracteres de ajeneidad y dependencia característicos del contrato de trabajo. Pero sin duda, la situación de desigualdad que implica la relación contractual laboral es reducida a través de la entrada en el ámbito legal y negocial colectivo de ciertas materias tradicionalmente incluidas en el ámbito de decisión unilateral del empresario.

 El reconocimiento constitucional de ese poder de participación generó cierto optimismo respecto a la penetración de los valores democráticos en la empresa, de que la democracia traspasase el umbral de la fábrica. Expectativa que el desarrollo legislativo posterior defraudó, ya que las relaciones laborales continúan asentadas de manera casi exclusiva en el poder de dirección empresarial, desconociendo el papel de principio guía que se otorga a la participación para hacer valer los derechos de ciudadanía en la empresa.

 Si los derechos de participación de los trabajadores están formalmente reconocidos, (art. 61 del E.T.), su alcance resulta sumamente limitado. Es en el art. 64 del Texto Refundido del Estatuto de los Trabajadores donde se concretan las competencias de los órganos de representación de los trabajadores en la empresa. Competencias que se limitan, en términos generales, a los llamados derechos de información. Derechos que, utilizando la expresión de Monereo (45) , constituyen formas imperfectas de democracia industrial que no satisfacen el mandato dirigido a los poderes públicos por el art. 129. 2 de la CE de promover eficazmente la participación de los trabajadores en la empresa.

 No es posible encontrar ninguna referencia normativa que posibilite la participación de los trabajadores en la toma de decisiones empresariales respecto a la implantación de nuevas tecnologías en la empresa, haciendo realidad lo manifestado por Commoner (46) , de que, el cambio en la tecnología de producción, a pesar de que interacciona con el mercado y otros factores sociales relevantes, es iniciado por el productor y es gobernado por los intereses del productor.

 Tan sólo se reconoce a los representantes legales de los trabajadores una capacidad de intervención residual, que se concreta en el derecho a emitir informe con carácter previo a la ejecución por parte del empresario de las decisiones adoptadas por éste respecto a reestructuraciones de plantilla, ceses totales o parciales de la actividad, planes de formación profesional, implantación o revisión de sistemas de organización y control del trabajo, el estudio de tiempos y la valoración de puestos de trabajo.

 Estas exiguas competencias carecen de los requisitos propios de una participación real, ya que sólo les permite dar a conocer su opinión, sin que se les reconozca la más mínima capacidad vinculante. Reducir la participación de los representantes de los trabajadores a la mera emisión de un informe no vinculante, se convierte así en un mero formalismo que, como manifiestan Monereo y Moreno (47), no se adecúa a la línea de política del derecho recomendada por el Informe de la Sección de Asuntos Sociales del Comité Económico y Social de la CE que aconseja la participación de los trabajadores en los procesos de innovación tecnológica.

 Las primeras referencias a las nuevas tecnologías y el derecho de participación de los trabajadores en los procesos de renovación tecnológica figuran en la Directiva Europea 89/391 de 12 de junio de 1989 (48), y se expresa de dos modos distintos e igualmente imperfectos. El primero de ellos se concreta en el derecho de formación de los trabajadores respecto a las innovaciones tecnológicas que se produzcan en la empresa (art. 1.2. y 6.1.). El segundo, mediante el denominado derecho de consulta con los trabajadores, respecto de nuevas tecnologías que pretenda introducir el empresario en el proceso productivo (art. 6.3.c) en lo que se refiere, entre otras consecuencias, a aquellas que produjeran un impacto en el medio ambiente laboral.

 Ninguno de ambos preceptos constituyen auténticas expresiones del derecho de participación. Incluso la consulta no se configura en la Directiva Marco como un derecho de los trabajadores, sino como una recomendación a los empresarios, al utilizar la expresión procurar.

 En nuestro derecho interno, ni tan siquiera esas recomendaciones estaban previstas. Es en el Proyecto de ley de Prevención de Riesgos laborales en la que se introducen ambas. La primera, la formación de los trabajadores respecto a las nuevas tecnologías que se introduzcan en la empresa, está contenida en el art. 18.1. La segunda, la consulta con los trabajadores sobre la introducción de nuevas tecnologías, se configura como un auténtico deber empresarial, ampliando el contenido de la Directiva Europea, al sustituir la expresión procurar (que carecía de carácter obligacional), por deberá consultar a los trabajadores, con la debida antelación, la adopción de decisiones relativas a la introducción de nuevas tecnologías (art. 32.1.a).

 La doctrina venía reclamando desde hace años la necesidad de articular normativamente los derechos de información, consulta y control previo. Derechos que, además, debían hacerse extensivos al ámbito de los grupos de empresas transnacionales, en los que se centralizan las decisiones acerca de las nuevas y altas tecnologías actuales, ya que de lo contrario, el control devendría ineficaz, pues la participación control ejercitada en el ámbito exclusivo de la empresa nacional, y no en la matriz del grupo, rompería la correspondencia deseable entre el marco de la participación y los verdaderos centros de decisión, radicados en la unidad de dirección del grupo (49).

 El consenso de los trabajadores y sus representantes constituye un factor indispensable en la estrategia de introducir las mejoras tecnológicas en la producción y hacerlas viables en los efectos que persigue; mejora de la productividad y competitividad. No se puede afirmar que exista en la actualidad un marco legal que responda a esa necesidad participativa, pero no cabe duda, siguiendo la experiencia que aporta el estudio de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo, que resulta imprescindible asentar las bases del modelo de introducción de nuevas tecnologías en la empresa sobre la participación integral de todas las partes afectadas. De tal manera, que se hiciera eficaz el mandato de participación democrática de los trabajadores en la empresa a través de la valoración colectiva de las ventajas prácticas de introducir nuevas tecnologías, seleccionando las más eficaces y menos traumáticas para el empleo, las condiciones de trabajo y de vida.

 Ya no es suficiente el contrato social democrático autoritario que permite disfrutar de una parte de las ventajas materiales que ofrece la técnica a condición de aceptar incondicionalmente el sistema, renunciando a nuestra personalidad y al control democrático de las decisiones a adoptar sobre las aplicaciones científico técnicas, al modo de un nuevo Fausto que vende su alma al progreso, sin reparar en que los bienes materiales que le proporciona van en detrimento de su espíritu y de la pérdida de su capacidad humana para decidir sobre los usos y aplicaciones de las nuevas tecnologías.

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 NOTAS

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2. Vid. Albert Recio Andreu. Capitalismo y Formas de contratación   laboral.

    Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid. 1988. p. 376.

3. Sobre el alcance que ha llegado a tener la inteligencia artificial, la robótica, y las posibilidades de sustitución de la mente humana, asociadad a la ingeniería genética, resulta muy recomendable la lectura de: Roger Penrose, The Emperor’s New Mind . Oxford University Press, 1989. Traducción al castellano en Edit. Mondadori. La nueva mente del emperador. Madrid. 1991.

4. Vid. Monereo Pérez y Mª Nieves Moreno. op. cit. p. 213.

5. Como programas de investigación más importantes realizados sobre la repercusión de las nuevas tecnologías podemos señalar: El programa FAST ( Pronóstico y evaluación en ciencia y tecnología) adoptado a raíz de una Decisión del Consejo de Ministros de la CEE en julio de 1978. Y los estudios interdisciplinares sobre ciencia, tecnología y sociedad, conocidos como STS ( Science, Technology and Society) que surgieron a raíz de los grandes movimientos sociales de la década de los sesenta y principios de los setenta en EEUU.  Una referencia detallada de estos últimos en: Manuel Medina, José Sanmartín y otros: Ciencia, Tecnología y Sociedad. Edit. Anthropos. Barcelona 1990.

6. Vid. Informes OCDE: Las nuevas tecnologías en la década de los noventa. Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid 1990. p. 69.

7. Vid. Comisión mundial del medio ambiente y del desarrollo. Nuestro Futuro Común. Edit. Alianza. Madrid 1988. p. 250.

8. Vid. Estudio de la OCDE sobre el Empleo. Hechos. Análisis. Estrategias. OCDE 1994. p. 9. A estos 35 millones de parados según la OCDE habría que añadirle otros 15 millones, aproximadamente que han renunciado a buscar trabajo o bien han aceptado, contra su voluntad, un trabajo a tiempo parcial. p. 7.

9. Cfr. Informes OCDE: El desafío del paro. Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid 1983. ps. 213 y 221.

10. Cfr. Informes OCDE: Perspectivas del empleo 1994 Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid 1994. ps. 36 a 42.

11. Vid. Estudio de la OCDE sobre el Empleo. p.22.

12. Vid. Juan Torres López. Desigualdades y Crisis económicas. El reparto de la tarta. p.23.

13. Vid. Consejo Económico y Social.(C.E.S.). Economía Trabajo y Sociedad. Memoria sobre la situación socioeconómica y laboral de

       España 1993. Edit. C.E.S. Madrid 1994. p. 61.

14. Vid. C.E.S. Informe 1 del año 1.994. Situación y perspectivas de la industria española. 27 de julio de 1994. p. 35.

15. Larry Hirschorn. La superación de la mecanización. Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid 1987 ; J. Garmendía: “¿ Hacia donde va el empleo?”. Sistema nº 74. 1986 y R. Von Gizycki: The effects of microelectronics on employment and professional training. Conferencia pronunciada en la reunión trimestral de Electronic Observatory. Milán, 12 de diciembre de 1.980. Reseau, Dossier Observatorio, nº 3 / 1980.

16. H. Kern y M. Schumann. “Hacia una reprofesionalización del trabajo industrial”. RST, nº 2. 1987; G.J. Schotsman: Employment and microelectronics. En Microprocessing and Microprograming ( The Euromicro journal), vol 7, nº 5. Mayo de 1981. p. 291. y J. Rada: The impact of micro electronics. Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra 1980. p. 109.

17. Vid. Angelo Dina: Tecnología y Trabajo. Precedentes históricos y problemas actuales. dentro del texto: La automatización y el futuro

       del trabajo. Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid 1991. p. 86.

18. Vid. André Gorz: Metamorfosis del trabajo . Edit. Sistema. Madrid 1995. p. 14.

19. Fuente OCDE. Estudios sobre el Empleo. 1994 y CEPII OFCE.

20. Sobre la relación crecimiento económico ecología. Vid: Herman E. Daly ( compilador) Economía, ecología, ética. Ensayos sobre una economía en estado estacionario. Edit. F.C.E. México 1989. Barry Commoner. En paz con el Planeta. Edit. Crítica. Barcelona 1992, y Ervin Laszlo: La gran bifurcación. Edit. Gedisa. Barcelona 1990. entre otros.

21. Cfr. Peter Glotz: Manifest für eine neue europäische Linke . Manifiesto para una nueva izquierda europea. Citado por André Gorz en:

      Metamorfosis del Trabajo. op. cit. p. 130.

22. Respecto a las ventajas y desventajas del teletrabajo. Vid. Eduardo Crespo. Teodoro Hernández y José Luis Alvaro: El trabajo en la

       sociedad de la información, dentro del texto: Ocio, trabajo y nuevas tecnologías. Edit. Fundesco. Madrid. 1988. p. 125 y 126.

23. Un detallado estudio de todos estos aspectos, entre otros, en: Informes de la O.I.T.: La flexibilidad del mercado de trabajo. Una selección de criterios y experiencias. Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid 1987. La flexibilidad del mercado de trabajo. Antología comparada. Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid 1992 y el Informe de la OCDE: Flexibilidad y mercado de trabajo. El debate actual. Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid 1987.

24. Vid. Commission des Communautés européennnes: Économie européenne nº 47. Mars 1991. annexe 2, tableau 23.

25. Vid. Informes OCDE: “Perspectivas del Empleo” op. cit. p. 456.

26. Vid. Real Decreto 1991/1984, de 31 de octubre, por el que se regulan el contrato a tiempo a parcial, el contrato de relevo y la

       jubilación parcial.

27. Los datos referidos a nuestro país en: “Memoria CES año 1993”. Op, cit. p. 85. Respecto a los datos de otros países europeos o de la

       OCDE ver: Infomes OCDE: “Perspectivas del empleo 1994”. Op. cit. p. 457.

28. Vid. Informes OIT: La flexibilidad del mercado de trabajo. Una selección de criterios y experiencias . Op. cit. p.31.

29. Vid. Monereo Pérez y Mª Nives Moreno. Op. cit. p. 229.

30. Un análisis detallado del sistema, así como una abundante bibliografía se encuentra en J.Torres y A. Montero: “¿Del fordismo al toyotismo?”. Cuadernos de CC. Económicas y Empresariales nº 43.

Del mismo modo, en el Informe de la OCDE: Recursos Humanos y Flexibilidad . Edit. Mº de Trabajo y S.S. Madrid 1990, se realiza un análisis muy completo de las carácteristicas que presenta la flexibilidad funcional en las empresas japonesas, p. 243 a 289.

31. Hebert Marcusse: El hombre unidimensional. Edit. Seix Barral. Barcelona 1969. p. 31.

32. Vid. J. Torres López: Tecnologías de la información. op. cit. p. 80.

33. Vid. F. Pérez de los Cobos Orihuel: Nuevas tecnologías y relación de trabajo . Edit. Tirant lo Blanch. valencia 1990. p. 72.

34. Vid. André Gorz: Metamorfosis del trabajo . Editorial Sistema. Madrid 1995. p. 95.

35. Cfr. Lorenzo Cillario: El engaño de la flexibilidad . Dentro del texto: La automatización y el futuro del trabajo. op. cit. p. 196.

36. Valgan como reseña las siguientes: STC 33/1981 de 23 de noviembre. STC 88/1985, de 19 de julio y la STC 126/1990, de 5 de julio.

37. Cfr. F. Valdés Dal Ré: Poderes del empresario y derechos de la persona del trabajador. R.L. nº 8/1990. p. 8 10.

38. Vid. M.L.García Merita. Tecnología y naturaleza humana. Anthropos. nº 95/95. 1989. p. 110.

39. Fuente. O.I.T. El Trabajo en el Mundo 1993. Ginebra 1993.

40. Ann Misch. Riesgos ambientales para la Salud, dentro del Informe del Worldwatch Institute, de Washington, la Situación en el

      Mundo 1994, La Situación en el Mundo 1994. Edit. Emecé. Madrid. 1994.

41. Marc Schenker, Médico de la Universidad de California, en su artículo “Air Pollution and Mortality”, publicado en The New England Journal of Medicine. nº 9 de diciembre de 1.993. p. 1807 1808, recuerda cómo en el año 1952 en la ciudad de Londres se apreció un fuerte aumento de la temperatura, produciendo una gran acumulación de gases emitidos por la combustión de carburantes de origen sólido que ocasionó un considerable aumento de la tasa de mortalidad, resultando alrededor de unas 4.000 muertes más que en otros años, muertes que eran debidas a enfermedades respiratorias, siendo la contaminación atmosférica antes reseñada la causante de tal incremento. Partiendo de aquel hecho, llama la atención sobre igual resultado en los estudios realizados en diversas ciudades de EEUU, en los que se aprecia la relación existente entre el aire contaminado y las muertes producidas por enfermedades cardiopulmonares y cáncer de pulmón.

Esos estudios y conclusiones están corroborados por el estudio de Douglas W. Dockery y otros. “An association between air pollution and mortality in six U.S. cities”. Publicado en The New England Journal of Medicine. Vol. 329. nº 24. Diciembre de 1.993. En este estudio se destaca la mayor nocividad y toxicidad de las partículas contaminantes finas, ya que pueden ser respiradas más profundamente en los pulmones.

42. Art. 37.1 C.E.. La ley garantizará el derecho a la negociación colectiva laboral entre los representantes de los trabajadores y

      empresarios, así como la fuerza vinculante de los convenios.

 Art. 129.2. C.E. Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa….

43. S.T.C. 22/1981 de 27 de julio. 31/1984 de 7 de marzo y 88/1985 de 19 de julio, entre otras.

44. F.Jurídico segundo de la STC 88/1985 de 19 de julio.

45. Vid. José Luís Monereo Pérez. Los derechos de información de los representantes de los trabajadores. Edit. Civitas., S.A. Madrid

       1992. p. 77.

46. Vid. Barry Commoner. En paz con el planeta. Edit. Crítica s.a. Barcelona 1.992. p. 81.

47. Monereo Pérez. J.L. y Moreno Vida. Mª Nieves: Transformaciones tecnológicas y modificación de los sistemas de cualificación

       profesional. p. 241.

48. Directiva del Consejo de 12 de junio de 1989, relativa a la aplicación de medidas para promover la mejora de la seguridad y de la

       salud de los trabajadores en el trabajo. ( 89 / 391/CEE) (DOL 183).

49. Cfr. Monereo Pérez. J.L. y Moreno Vida. Mª N. Transformaciones tecnológicas y modificación…. p. 242.


FEBRERO 12 DE 1997

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